Guisantes, vino y ojos azules

curra-blue-eyesAyer Anniehall me recordó una conversación sobre las leyes de Mendel y los ojos azules. En una cena la semana pasada con amigos, después de que cayera la primera botella de vino y hablando de vaya vd. a saber qué, una amiga, que es como el Gotha poblachonero pero radiado y en rubio, nos desveló el envés de una historia veinte años más tarde. Y la historia era más o menos la siguiente: una mujer había tenido de soltera una aventura con un negro, y de aquella aventura le había nacido un niño del color del café de Colombia. Luego la mujer se casó con otro señor que era blanco como ella y la familia, para disimular, se inventó un antepasado africano del nuevo marido, que accedió a colaborar en la milonga. El antepasado, naturalmente no era ni negro ni africano, pero tenía la virtud de estar muerto del todo y de que nadie le hubiera conocido. Y así el niño vivió una infancia alejada de cuchicheos sociales pero rodeado de la inevitable curiosidad genética.

Así que veinte años después y una vez que se reveló la verdad, los guisantes se volvieron irrelevantes.

La historia del niño negro no la recordaba nadie, en parte por el tiempo que había pasado y en parte porque se había acabado el vino, pero de ahí pasamos a discutir por qué se heredan los ojos claros. Yo hice lo que hace cualquiera que no sabe nada de marketing: explicar el mundo a través de mi experiencia, opinión y caso personal, así es que declaré con seguridad que lo transmitía el padre. Podría haberme batido en duelo con aquel que quisiera llevarme la contraria y creo que incluso estuve a punto de convencer a todos los comensales de que mi cuñado tiene los ojos violáceos, para justificar que mis sobrinos los tienen azules, como mi hermana, aunque esto lo resolví como un asunto casual, menor y de efecto nulo.

Mi amiga Pepa, con sus grandes ojos azules, negaba con la cabeza y trataba de hacerse escuchar: No tienes razón, Carmen. Mis padres los tienen marrones y mi hermano y yo, azules – me contradecía alevosamente ¿Tu hermano también? – intentaba yo enredar con poco éxito. Hasta que mi querido Javi terció y empezó a hablar de guisantes amarillos, rojos y azules. Tirando de memoria, entre brumas de prudencia y vino y después de meterse el segundo licor de hierbas a la sangre, citó a Mendelsson. La primera se la pasamos, pero a la segunda lo relevamos sin piedad en las hipótesis, porque estuvimos de acuerdo en que sus explicaciones no aportarían la necesaria ciencia a la discusión.

Digo yo que a Freud le hubiera entusiasmado la historia del niño negro, los guisantes de colores reproduciéndose desaforados y el autor de la Marcha Nupcial como teórico de la genética para ilustrar los lapsus del inconsciente. O tal vez lo hubiera desechado: faltaba sexo y el vino era malo, aunque no para llegar a la muerte.

 

Mi semana

De los cinco días de la semana, dos no he comido, uno he comido a las 3 de la tarde, y otro he comido a toda velocidad un sandwich. Amigos, he llegado a la conclusión de que en esta vida, para comer sano, no sólo hay que organizarse: además, conviene ordenarse. El mejor orden es el secuencial, pero no siempre se puede imponer. A veces hay que tratar el orden por aspersión. La sensación tiene su aquel, no crean. Es como manejar ocho o nueve platillos a la vez girando en un palo y procurar que no se te caiga ninguno al suelo.

Pensaréis qué he comido el quinto día, que en realidad fue el segundo. Pues estuve comiendo con una buena amiga que se dedicó a contarme un nuevo proyecto sobre el que tiene dudas y ambiciones, miedos e ilusiones, y un montón de cosas que decir en voz alta. O sea, que necesitaba unas orejas. Y qué mejor que disfrutar de las mías, aunque a veces yo no soy el colmo de la condescendencia:

– Bueno ¿Y?

– Pues que… ¿Por qué pones esa cara, Carmen?

– No pongo cara de nada. Yo sólo te pregunto: ¿y?

– Ya… o sea, que il n’y a pas de sujet.

– Exacto. Pas de sujet.

– O sea, que me callo ya.

– No, no, no te calles. Simplemente, deja de pensar cosas raras, t’en fais pas.

Por el camino de la semana, me he topado también con tres horas de pre-coaching cañero, en el que he tenido que oir algunas apreciaciones que me dejaron sonada medio día, hasta que funcionó mi proverbial capacidad de resiliencia, que no es más que amor propio, un ego poco normal y ocho horas de sueño. Francamente, amigos míos, a todos nos gusta hablar de nosotros mismos, y yo diría que nuestra propia persona es el tema favorito de cualquier ser humano. Eso sí: con la condición de que elijamos los temas. Pero incluso eligiéndolos, todo tiene su cara y su cruz. Las personas directas pueden ser tachadas de insensibles, el rigor puede ser confundido con la intransigencia y la seguridad en uno mismo puede ser interpretado como arrogancia. Eso por no hablar de mi genio, algo que me viene de familia y que, por lo visto, se me sigue notando incluso en la represión consciente y la diplomacia entrenada. En fin, acepto que puedo entrenar más y que tengo todavía margen para reprimirme. Todo sea por los demás, que son quienes me sufren y a quienes en el fondo, me debo.

Así es que ha sido una semana de lo más interesante. Con decirles que por las tardes volvía a casa con Héroes del silencio a todo trapo en el coche para desahogarme, ya les digo todo. Y la semana que viene me esperan emociones fuertes y una fuerte emotividad (no, no es lo mismo y no lo repito más), porque iré a París a la soirée de despedida de mi más mejor jefe ever, que se jubila. Sé que se me escapará alguna lagrimita. Buenas son.

Ah, y luego cuatro días festivos. Eso es porque yo lo valgo, no hay duda.

 

Semana Santa descansada

Relax poblachónVolví ayer sábado de vacaciones, temiendo la caravana y, sobre todo, los vientos polares que ya amenazaban con aparecer en el poblachón. Y si sólo aparecieran vaya que te tira, pero lo peor es que te llevan volando.

No me ha costado volver, entre otras cosas porque llevaba allí desde el sábado pasado y ya se me estaba poniendo hasta el acento del lugar.

– ¿Y tú desde cuándo estás aquí?

– Máaa

El plan de la semana no era plan. Consistía en cruzar los dedos para que no lloviera y poder dedicarme a pasear a las perras por el pinar o por el robledal, que son los dos tipos de bosques que están a un lado y otro de la carretera que lleva a Avila. Es como una frontera y tú eliges el tipo de campo que prefieres: un bosque tupido y lleno de piñas, con muchas cacas de vaca por todas partes, o un pastizal con robles desperdigados lleno de palos y con muchas cacas de vaca por todas partes.

tupido pinarComo sin duda ya han advertido vds, el suelo contiene elementos comunes y elementos específicos, y esto tiene su importancia cuando paseas con perros, no crean que no. Yo prefiero tirarles piñas, me parece más romántico, aunque con los palos, en especial si son largos, consigo llegar más lejos. Aparte de que van volando en círculo y cuando salen del brazo hacen un ruido como de látigo que es muy sugerente. No he notado preferencias por parte de Curra ni de Wilma sobre ir a por una cosa u otra. Bueno, para decirlo todo, Wilma va y viene incluso aunque no le tires nada. En esto Curra es una perra mucho más moderada y cabal.

semana-santa-14-roblesEn cuanto a las cacas de vaca, es algo que me concierne a mí exclusivamente, que no relajo la atención para no pisarlas y también para que Curra no se me revuelque en alguna. Esta semana lo ha logrado sólo en una ocasión, así es que sólo he tenido que bañarla una vez. Ya hubo cierta Semana Santa que se metió en un estanque lleno de renacuajos y de lo que no eran renacuajos, todo porque una niña que yo me sé tiró una piedrecita por ver qué pasaba. Y lo que pasó es que Curra creyó que tenía que ir a por ella…

En el plano gastronómico, no he tomado torrijas, si exceptuamos una marranada que me sirvieron una noche que salí a cenar con amigos. Mi colesterol no ha sufrido en absoluto, más bien se diría que se ha beneficiado de la cocina poblachonera: los chuletones, morcillas, patatas revolconas de un lado y las pastitas y croissants por otro son una trampa que hacen del poblachón un lugar de lo más revolucionario, porque allí se pone fin a cualquier régimen establecido. En cuanto al aspecto deportivo, tal vez les parezcan poco dos caminatas al día por esos campos de Dios y de animalitos de granja. Sin embargo, quedé una tarde para jugar al padel y fue algo muy moderado, no hay que olvidar que la última vez que jugué me dejé un gemelo en la batalla. Y no me daba miedo rompérmelo, sino tener que ir al médico a escuchar su opinión sobre la edad real y la edad aparente. Y yo, de vacaciones, no estoy para escuchar opiniones de ningún médico.

Por lo demás, quería aprovechar para encargar una cocina nueva y para solucionar unos papeles en el ayuntamiento. Lo primero lo he logrado y lo segundo no: cazar abierto a ese ayuntamiento es complicado, pero ya encontrar a alguien con algo de criterio como para registrar una sencilla cuenta bancaria requiere unas habilidades fuera de mi alcance. A mí, en el poblachón, sólo me queda imaginación para tirar palos. Con silbido de látigo, que es muy sugerente.

 

 

 

 

 

La segunda mitad de abril

Hoy empieza la segunda mitad de abril.

No es un día cualquiera, desde luego.

Y no sé vds, pero yo estoy de un humor excelente.

¡Vamos a celebrarlo!

 

 

All my life is changing every day, in every possible way.

In all my dreams, it’s never quite as it seems, never quite as it seems…

 

Objetos no devueltos

Tengo yo una amiga que se encontró, hace muchos años, una cartera con un cheque al portador de 100.000 pesetas. Estoy hablando de los años 90, o sea, de más de 600 euros. Se lo pensó. Se lo pensó mucho. Y decidió devolverlo. En la cartera había, además del cheque, una carnet de identidad y una tarjetita con un número de teléfono. A partir de ese número, tirando del hilo y después de varias llamadas, dio con el dueño. Este, agradecido, fue a buscar la cartera y le dio, además de las gracias, un ramo de flores. A menudo esta amiga me decía que había sido gilipollas, y se reía divertida, recordando el ramo de flores de aquel hombre. Pero cuando se le pasaba la risa, decía que lo que había perdido en dinero, lo había ganado en buen sueño.

Erased unmundoparacurraHay gente decente, y esto no me lo quita nadie de la cabeza. Hay personas honradas y tengo para mí que son la mayoría. Lo que pasa es que no siempre tenemos suerte. Ya os conté que, por descuido, entre los periódicos del día tiré una ipad a la basura. Por supuesto, activé el borrado de datos en remoto. Este borrado lo que hace es eliminar el contenido en cuanto la ipad se active en una wifi. Lo activé el 6 de febrero. Hoy, 4 de abril, me llega un correo diciéndome que el borrado se ha iniciado hoy y realizado satisfactoriamente.

 

Durante dos meses, mi ipad ha estado con su contenido intacto. Sin conexión a wifi, alguien ha podido escuchar mi música, ver mis fotos, leer mis correos y mis notas, cotillear en mi agenda personal y de contactos, mirar qué libro tenía abierto, cuál es mi blog, cuál mi cuenta en Twitter o en Facebook, o en Linkedin. Las contraseñas no son visibles, y no tengo datos bancarios en ningún dispositivo móvil, pero sin conexión a wifi, alguien ha podido husmear en mi vida, manosear mis cosas personales, ver lo que ningún desconocido tiene derecho a ver sin mi permiso.

Bueno, tal vez sólo han usado la ipad para jugar al Candy crush… Ya. ¿Y de verdad tengo que creer que la misma persona a quien le han faltado escrúpulos para devolverme la ipad usando mi dirección de correo o mi agenda de contactos, sin embargo ha recuperado esos escrúpulos milagrosamente para no fisgonear en mis cosas? No me engaño: la moralidad y el sentido ético de la vida va todo junto, como en un pack, y no tengo dudas de que unos ojos poco nobles han estado observando un trozo de mi vida y haciéndose sabe Dios qué preguntas sobre mí.

No deseo a nadie vivir esta situación. Es muy, pero que muy incómoda. No estoy enfadada por perder ese cacharro, porque ya lo había dado por perdido. Pero es una sensación triste. Y a la vez muy inquietante.

En fin, como decía arriba, hay personas decentes y lo que pasa es que no siempre nos topamos con ellas. ¿Pero y tú? ¿Qué harías tú si te encontraras una ipad en la basura? Esta era de las buenas, no creas, 64 Gigas, conexión 3G, con su fundita, cuidada… Un chollo. Oye, que muchos dirán: «Anda, pues borrarla y quedármela, como haría cualquiera…»

No, cualquiera no haría eso. Hay mucha gente que elige dormir bien. En todo caso, espero que si tu pensamiento íntimo fuera no devolverla, este post te haga reflexionar y cambies de idea. Sólo con eso, me conformo.

Madres

Debe de ser muy chulo ser madre. Sufrido, sí, pero debe de ser muy chulo. Las madres ocupan un sitio de honor en el imaginario colectivo. Normalmente, las madres son representadas como mujeres jóvenes. Entre sus atributos, la paciencia, la dulzura, la practicidad, una inestimable capacidad para el diagnóstico y posterior sanación de enfermedades y una no menos interesante habilidad para el manejo de los conflictos. Luego, la realidad de estas madres jóvenes varía entre la proto-maruja que se ha descuidado sin piedad hasta la joven profesional y moderna de manicura impecable. Pero ésa es la realidad. En nuestra mente, una madre está representada por una joven guapa, sonriente y muy feliz.

imagen google madreYo he puesto «madre» en google, luego he pinchado en imágenes y me ha salido lo que ven a su izquierda. En las más de las ocasiones, decir madre y empezar a leer cursiladas es todo uno. Decir madre es absorber de golpe la idea de belleza, felicidad y bondad, además de un tenue rayo de sol que se refleja en una cuidada melena…

Las madres van asociadas siempre a los niños pequeños. Esos niños adorables, angelicales y de cabellera dorada, que sonríen con sus dientecitos de leche y hacen ingenuas preguntas con su lengua de trapo. Los padres, ella y él, contribuyen a esa imagen, y al final es la que eligen para el recuerdo. Normalmente, les hacen las fotos en los momentos entrañables y les graban en video aprovechando sus momentos divertidos. Esos momentos suelen ser los menos, pero cada uno elige sus recuerdos, y está comprobado que lo malo suele escapar por el sumidero del inconsciente.

Y un buen día, los niños crecen. Pierden esa letra redondeada con la que escribían «para mi mamá» en las tarjetas de felicitación del primer domingo de mayo. Y siguen creciendo, hasta que empiezan a hacerse la maleta solos, y ya no son niños, sino chicos. Y entonces las madres ya no son esas jóvenes idealizadas, sino unas señoras tirando a muy pesadas que se preocupan por cosas incomprensibles: ¿Pero qué me va a pasar de noche, mamá? Y esos chicos un buen día cogen la maleta y se convierten en hombres, o en mujeres, que a su vez se convierten en padres, o madres, y la madre originaria deja de ser madre, y se convierte en abuela, y entonces el imaginario cambia el tamizado rayo de sol en el pelo por unos ojos vidriosos y sabios.

Pero la madre sigue ahí. Sigue ahí para su hijo, ahora convertido en hombre. Sigue ahí para su hija, que ahora es una mujer madura. Y sigue teniendo entre sus atributos, ahora convertidos en realidades racionales y comprobadas, la paciencia, la dulzura, la practicidad, una inestimable capacidad para el diagnóstico y posterior sanación de enfermedades y una no menos interesante habilidad para el manejo de los conflictos.

Una madre.

 

Una ipad en la basura

Es lo que tiene una madre operada. Que tu casa se convierte en un barullo.

Y en ese barullo, muchos periódicos. Y entre esos periódicos, una ipad.

Y  se bajan los periódicos a la basura y te quedas sin la ipad.

Era «viejecita», del 2011. Cuando la compré, lo escribí aquí y todo. Aquí (click). Era negra. Después me compré otra, blanca y de la 2ª generación, cuando comprobé que para usar la negra había que hacer cola, muy especialmente en verano. Así es que aproveché una promoción muy buena que hicieron en mi oficina.

La ipad que se ha ido a la basura era una especie de ipad comunitaria.  Y desde que se perdió en aquel contenedor de papel, la nueva ipad comunitaria es la ipad blanca…

Así es que vuelta a empezar. Hoy me he comprado una nueva ipad. Negra. Mini. Le he puesto una funda amarilla, aunque me arrepiento un poco: una funda roja se confunde menos con un periódico.

En fin, es lo que tiene una madre operada. Que tu casa se convierte en un barullo.

Ipad mini unmundoparacurra

Esplender

Esplender, si se mira en el diccionario de Manuel Seco, aparece como resplandecer. Hay que tener cuidado, porque se refiere al significado, no a la conjugación. Es decir, no es esplendezco, esplendeces, esplendece. No hay que equivocarse con esto.

El verbo esplender (que no «esplendecer», que eso no existe) se conjuga así:

Esplendo

Esplendes

Esplende

Esplendemos

Esplendéis

Esplenden.

Y si vamos al pasado, empezaría la cosa por un «yo esplendí, tú esplendiste, él esplendió«, o también por «yo he esplendido, tú has esplendido, él ha esplendido«. El imperativo es «esplende«, o «esplended» y el gerundio es «esplendiendo»

Con este verbo hay que reprimir las ganas de poner una x en algún sitio y terminar diciendo «explendo», lo cual, además de un error, sería una pena, porque el verbo esplender es, de forma y de significado, un verbo amable, sereno y esplendoroso.

Creo que acabo de expeler una entrada.

Mi media hora de más

Despertador unmundoparacurraAntes, aunque no sabría precisar cuándo era antes, yo necesitaba una hora por las mañanas desde que me levantaba de la cama hasta que salía de casa. Si voy de viaje añado un escueto cuarto de hora para hacer la maleta, tal es mi destreza preparando equipajes. En realidad, la maleta la voy haciendo mentalmente mientras me ducho, porque siempre me he negado a dejar hecha la maleta la noche anterior o a dejar un mayor margen de tiempo para guardar las cosas para un viaje: considero que ése es el mejor camino para llenar de «por si acasos» y de chismes inútiles la maleta. La tensión entonces es un remedio eficacísimo.

Me releo. Nunca me he levantado de la cama. Más bien me arrastro penosamente entre las sábanas hasta dar con los pies en el suelo, y después de unos momentos de angustia atroz, tiro del resto de mi cuerpo con muy pocas ganas de vivir. Tras unos pocos segundos dedicados a considerar el sentido de la existencia, se activa mi instinto de homo sapiens, lo que permite que mis piernas me sujeten en una posición semierecta, algo que cualquier observador ajeno a la penuria de mi debilitada voluntad confundiría con una postura literalmente encogida. Cuando estimo que un poco de sangre me ha llegado al cerebro, entonces hago algo que nunca recuerdo pero que me permite llegar a la cocina de cuerpo presente y con el alma ausente, que diría Lorca. La catatonia me dura hasta que termino de desayunar, si bien eso sólo sucede los días mejores. Los peores llevo esta pena hasta las doce de la mañana…

La cuestión es que, sin hacer nada distinto que desayunar, asearme y vestirme, desde hace algún tiempo vengo observando que necesito unos veinte minutos más. Intolerable. Descarto que la razón sea que voy más despacio, porque lo considero imposible, y por otra parte, el resultado de la persona que sale de casa en estos últimos meses no ha mejorado de forma ostensible. Así es que emplear más tiempo para obtener el mismo resultado me convierte en una persona potencialmente improductiva, lo cual no sé si me dará derecho a una subvención pública, bien mirado y dicho sea de paso.

Así es que me he puesto a reflexionar, y, al no encontrar algo que justifique esos veinte minutos, he llegado a la conclusión de que debe de haber un montón de pequeños algos. Esto pasa mucho en la vida, no crean. En los proyectos, son los «nice to have» o los «ya que«, y en la vida son los «bah, total«. O sea, lo que viene siendo tomar holgura. Pequeños gestos, mínimas tareas nuevas, o un orden distinto al realizar las mismas acciones… el orden a la hora de hacer tareas recurrentes es mucho más importante de lo que parece, no crean.

En fin, el tiempo sólo se pierde si no se sabe en qué se emplea, porque de todos modos y hagas lo que hagas, el tiempo va a pasar. Lo expliqué aquí y lo enlazo para que no lo ande buscando mi lector filipino. Y sigo reflexionando y persiguiendo mis veinte minutos de holgura. Pero no hay que engañarse, que esto es como las cuentas de resultados a la baja: una vez justificada la pérdida, el contador se vuelve a poner a cero y, a partir de ahí, se dejan las pesquisas y se sigue con la vida.

Urgencias

A ver si lo comprendes. No todo puede ser urgente. Si todo es urgente, entonces nada es urgente. Pasa algo parecido con lo prioritario. Todo no puede ser prioritario, porque si todo es prioritario, entonces nada es prioritario. No es un juego de contrastes, sino que es una cuestión de gradación. Ya, ya supongo que no entiendes nada, no hace falta que me lo jures.

Y luego que deberías comprender que aunque una cosa sea urgente, eso no cambia el tiempo que hay que dedicar a su solución. Te voy a poner un ejemplo, así, facilito para que lo entiendas. Imagínate que te esperan en Moscú. Pues da lo mismo que sea urgente o que no lo sea: las cinco horas de avión no te las quita ni la paz ni la caridad.

¿Qué es la paz? el estado en el que estoy cuando no sé nada de ti. ¿Qué es la caridad? Llevar estos años, tan largos ya, soportando tu profunda estupidez.

Y por cierto, llamar cada cinco minutos no acelera las cosas, sino que las ralentiza. Te has librado muchas veces de que escupieran en tu plato de sopa antes de servírtelo. Te has librado porque todavía quedan profesionales. Y diques de contención. Pero no todo dura para siempre: la paciencia también tiene sus prioridades. Y sus urgencias.

Supongo que hubo una vez que fue importante que lo entendieras. Pero ya ha dejado de tener importancia. No es nada personal: solo son negocios…