Regalos sindicales y otros cuentos

Ya llevo tiempo mordiéndome la lengua con este asunto de los ERE´s y de los sindicatos de Andalucía. No creo que yo pueda aportar ya mucho, y además no quisiera indignarles más. Así es que me iré por los Cerros de Úbeda, a ver por dónde aterrizo.

La primera vez que yo crucé el charco fue en el año 92, para ir a México. Fue un viaje divertidísimo en el que recorrí, junto con otras dos amigas, la península del Yucatán y más, porque, fuera de cualquier previsión inicial, decidimos llegar hasta el Pacífico. Pensaríamos que si lo logró Nuñez de Balboa hace quinientos años, cómo no íbamos a conseguirlo nosotras con nuestro Tsuru II, que era un coche del que probablemente ustedes no habrán oído hablar, algo que me parece normal porque es un coche feísimo. Una parte del viaje la hicimos con una amiga que estaba trabajando en unos yacimientos arqueológicos para la Cooperación Española, y que llevaba allí el tiempo suficiente como para advertirnos de que debíamos tener muchísimo cuidado con la policía. No la creímos demasiado, pero después de dejarla, una noche en un hotel trabamos conversación con un señor mejicano muy agradable. Andando la conversación, nos dijo que el país entonces era seguro, salvo si nos topábamos con la policía: si te paraban con el coche, era más seguro salir corriendo y arriesgarnos a que nos balasearan. Yo recuerdo nuestro desconcierto: la policía está para librarnos de los malos: si ellos son los malos, eso es el colmo de la inseguridad. Pero claro, nos decía este señor, un coctel en donde se mezcla mala paga, armas e impunidad, es un mal coctel.

Un sindicato está, por definición, para defender a los trabajadores, darles asistencia legal, cuidar de que no se produzcan abusos por parte del empleador. Su razón de ser y su objetivo es mejorar la calidad y la cantidad del empleo, hacer que la vida laboral se desarrolle en un entorno más seguro. Esperen… Yo estaba hablando de la policía y ahora ¿hablo de los sindicatos? Ah, será porque la definición, vista así, se parece mucho. O quizá es que me ha venido a la cabeza eso de que un sindicato cobre un porcentaje de las indemnizaciones de los EREs que negocia…

En septiembre de 2009, el sindicato UGT de Andalucía celebró su IX congreso regional. Es normal que celebren congresos, y si tienen que asistir 700 personas, pues lo normal es que cueste un dinero. 563.000 euros fue el coste total. Hagan los cálculos que les parezcan oportunos, que a mí no me apetece. De esos 563.000 euros, 100.000 eran para regalos para los asistentes. Cien mil euros.  Hay una excusa que siempre ponen nuestros políticos y gobernantes, y es que antes, en los buenos tiempos, cuando había dinero, cuando todos vivíamos como ricos, pues se tendía a gastar más y, claro, ellos también. Bueno, esto es como si yo digo que si me pongo una chaqueta dos tallas más grandes entonces mis brazos tienden a crecer, pero en fin, sea. Veamos la talla de la chaqueta que se pusieron estos señores: En septiembre de 2009, el paro era del 17,93, y había tenido un crecimiento de casi 10 puntos desde 2007. Esto debería de dar que pensar a un sindicato, no sé. El PIB había pasado de crecer un 3,5 a crecer un 0,9 en 2008, y ese año decrecería un -3,8. En septiembre, esto lo sabe un sindicato, creo yo. O sea, que no parece que estuviera la Magdalena para muchos tafetanes…

Lo cierto es que yo no les puedo asegurar que la policía mejicana fuera peligrosa, porque no nos arriesgamos a comprobarlo. Sin embargo, sí les puedo decir que los sindicatos españoles son, ellos también, como para salir corriendo.

Violencia contra la mujer

IMG-20131124-WA000Hoy se celebra el día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. El asunto no va más allá de unas declaraciones oficiales, de unos actos de recordatorio más o menos compungidos y del venteo de unas estadísticas que, según como se lean, nos invitarán al horror o a la esperanza, pero que servirán para que, el mismo dato, sirva de crítica o de fanfarria política.

Aquí no hay política que valga. Ni tampoco hay nada que celebrar. En España, la violación es un delito que conlleva la miserable pena de cárcel entre 6 y 12 años. Con esto ya está todo dicho. Un hijo de puta se lleva por delante la vida de una mujer, la deja destrozada de por vida, y entre unas cositas y otras, está en la calle a los cinco años. Eso si no entra por una puerta y sale por la otra, porque tal vez tenga la suerte de toparse con algún juez muy progre que decida que hay que velar por la rehabilitación del cabrón, o un juez muy carca que determine que la chica consintió porque no se resistió demasiado. O sea, progre o carca, un juez que comprende al violador, y que probablemente tiene pensamientos húmedos durante la vista.

Se entiende bien que la violación sea considerada un arma de guerra: cualquier ejército viola a las mujeres del enemigo si además de vencer quiere humillar. Y este instinto de dominio, el considerar a la mujer como un botín de guerra, ese “vamos a divertirnos” que dicen los violadores antes de lo que para ellos es un festín  (y que deberían prohibirse a sí mismos los guionistas de películas), está pegado en la conciencia de nuestros hombres del poder, sea cual sea su educación y su ideología política. Porque la ideología aquí consiste en considerar a la mujer una cosa de la que se puede hacer uso o no considerarlo.

Y de todos modos ¿Para qué queremos leyes? Ayer leía que un hombre había matado a su pareja a palos, A PALOS, en Torrelaguna, un pueblo de Madrid. El bestia tenía doce antecedentes por maltrato ¡DOCE! además de la consabida orden de alejamiento, que supongo que la única que se lo toma en serio es la víctima. ¿Para qué tenemos leyes, para qué hace su trabajo la policía? Contra esto, nuestros gobernantes proponen teléfonos para dar consuelo a la víctima, para ayudarla a romper con el maltratador. Y todo eso está muy bien pero me parece a mí que ayudarían más si encerraran a estos animales hasta que se les pase el calentón. Porque señores, si después de 12 antecedentes la bestia está suelta, no hay teléfono que valga. Sí, ya sé que hay muchas mujeres que no piden ayuda, pero cuando la piden, al menos que les proporcionen algo eficaz, y no órdenes de alejamiento que sirven lo justito ¿no les parece? ¿Cuánta mujer no se atreverá a pedir ayuda después de ver estas cosas?

Para eliminar la violencia contra la mujer en mi opinión, no basta con bonitas palabras, ya saben, educación, marco de valores, comprensión, rehabilitación… No, que me dejen en paz ya con tantas palabritas huecas y tanta gilipollez. Ley dura, durísima. Ley de hierro, ley sin contemplaciones, sin compasión, sin resquicios, sin trampas posibles, sin perdón, sin posibilidad de redención, sin oportunidad de arrepentimiento, sin vuelta atrás. Ah, y sin protección en la cárcel, que algún efecto disuasorio tendrá para el violador saber que en prisión le van a dejar el culo como para que le quepa un buque en llamas.

Me dirán que debería opinar lo mismo de la violencia contra los hombres y no se lo discuto ni medio segundo: para ustedes la perra gorda. Donde yo quiero llegar es que ningún hombre con poder parece interesado en cambiar radicalmente las cosas. Ni ninguna mujer, que ahí están esas 124 diputadas, tan conformes con lo que sucede. O ese 35% en el Parlamento europeo. Pero en fin, es como pedirle peras al olmo…

Mi abuela decía que en España no faltaban cárceles, sino manicomios. Pero cuando pienso en estas cosas, lo que yo creo es que sobran parlamentos.

 

 

Antigua luz, de John Banville

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Ahora hablaba de la antigua luz de las galaxias que viaja durante un millón…, un billón…, ¡un trillón! de kilómetros para alcanzarnos.

– Incluso aquí – dijo -, en esta mesa, la luz que es la imagen de mis ojos tarda un tiempo, un tiempo ínfimo, infinitesimal, pero un tiempo, en llegar a los suyos, y por eso, allí donde miremos, por todas partes, estamos mirando el pasado.”

John Banville es un reputado escritor irlandés que escribe en este libro la historia de un actor que recuerda su iniciación amorosa a los 15 años con una mujer de 35, madre de su mejor amigo. El descubrimiento del cuerpo, del sexo, de la pasión, de la voluptuosidad y de la sensualidad con una mujer que le corresponde más allá de lo prudente y que le dejará la marca del recuerdo para toda la vida, como una antigua luz.

Los cisnes, con su belleza estrafalaria y sucia, siempre dan la impresión de mantener una fachada de indiferencia tras la cual realmente viven una tortura de timidez y duda”.

La antigua luz (the ancient light) es también un derecho que existe según el cual, “el cielo debe quedar visible en lo alto de una ventana vista desde la base de la pared opuesta”, y que en español se llama la servidumbre de luces, el derecho a disfrutar de la luz como bien común del que nadie tiene la propiedad. Una luz que nos deja ver el pasado como una servidumbre. Y así es recordado ese amor, como un amor incierto y urgente, un amor pasajero desde el principio, una relación condenada al escándalo y atenazada por el miedo, condenada a un final abrupto, condenada a un mal final pero a un extraordinario recuerdo.

Banville juega en primera persona con Madame Memoria, que no es nombrada como Señora, ni como Lady, o sea que tiene algo de puta y algo de pérfida. Y reconoce el recuerdo aunque no siempre lo distingue de la imaginación, pero es capaz de ver la realidad de lo que pasó entre los dos amantes, la luz que dejó en su vida. Y esa es la historia de Antigua luz, por más que Banville entrecruce otras dos historias que interesan menos (y que a veces incordian mucho y que resultan una pesadez) y que son la continuación de otros libros o que terminarán en otras novelas aún por escribir.

Un libro con una prosa esculpida que a veces sorprende y a veces desconcierta. Imágenes como “desvergonzados tomates”, “pasillos vermiformes”, “dedos gélidos e insidiosos del viento”, “escéptico césped”, “hechizo mefítico” o “incertidumbre leporina”. O ese beso del que no sabes qué pensar, porque ella “tenía los labios secos y los encontré quebradizos como el ala de un escarabajo”, o el pueblo que es imaginado como un panóptico…  Un libro para aprender vocabulario, suponiendo, claro, que el traductor no se haya venido arriba y se le haya ido la mano: fetor, aulagas, estadizo, efulgencia, icor, helor, sofistería, chaparrerías, giróvago, galochas, chacoloteo, falordia, motacila, ménade, amalfitano, obduración, calistenia…

A este autor probablemente le darán el Nobel. De momento, es duque en el reino de Redonda. Así es que habrá que leerse algo más de él.

Esos botones del ascensor

boton_ascensor unmundoparacurraCon lo fácil que es poner una gran “C” de cerrar, y una gran “A” de abrir.

Claro que hay cosas peores, como son los carteles para distinguir los servicio de señoras y caballeros en algunos restaurantes. Claro que en esos casos siempre uno puede distraerse con la creatividad. Y si te equivocas, lo más que te puede pasar es encontrarte con un señor en posición de firmes, y a estas alturas de la vida ni te vas a asustar tú ni se va a asustar él. O como me pasó a mí hace un par de días, que me encontré con un chico lavándose las manos en el baño de señoras y cuando se disculpó le dije que terminara, que lo que hacía era muy saludable, y que además yo tampoco tenía muy claro qué puerta me correspondía. Y cuando me dio las gracias por mi comprensión le quité importancia: en esa fase última de la operación de alivio, no tiene por qué darlas.

Pero en el caso de los ascensores, esos signos de cierre y apertura de puertas son imperdonables. Yo tengo que pensar siempre cuál debo apretar para que se cierren y cuál para que se abran. Nada, no hay manera, no logro aprendérmelo. El resultado es que ves a alguien correr hacia el ascensor, tratas de abrir la puerta, te confundes y ya sólo te queda decir ¡Perdoneeeee, lo sientoooo!, mientras el ascensor se aleja sin remedio por el hueco. Y tú entonces esperas dos cosas: que el que has dejado en tierra te oiga y que no tuviera prisa.

Claro que en vez de intentar acertar con el botón siempre puedes poner la mano entre las puertas, pero yo eso no lo hago, me da miedo. Sí, sí, ya sé lo que me van a decir: los ascensores están preparados. ¡Y una porra! Una tía mía tenía una perra, Tita, que se pilló el rabo con la puerta de un ascensor y se lo tuvieron que cortar. Yo no tengo rabo pero vivo fenomenal con dos manos como para andarme con tonterías. También hay quien mete el pie, y la pierna en contorsión karateka, pero vds ya me conocen un poco y les parecerá evidente que hacer eso no se me ha pasado nunca por la mente. Qué horror. Aparte de que lo civilizado es apretar el botón, es una cuestión de principios elementales. Eso sí, si además de civilizado vd quiere pasar por elegante, entonces deberá apretar el botón que corresponde sabiendo cuál es el botón que corresponde porque, si no, ese gesto de indecisión con ayayayayay incluido acaba con cualquier rasgo de elegancia que le quiera poner una a la civilización.

Con lo fácil que sería poner una gran “C” o una gran “A”.

Irrecuperable

Dice mi amiga MeripeinsP que hay tres cosas que no se pueden recuperar: La palabra dada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.

Hoy en día hay una cuarta: el mail enviado.

No sé yo si en términos de dificultad todos los casos son similares, y no sé tampoco si cada persona requiere el mismo esfuerzo para encontrarse delante de estos casos irrecuperables. Quiero decir que a mí me cuesta dar mi palabra, porque luego tiendo a cumplirla – ya se sabe que la credibilidad es como la virginidad, que se pierde sólo una vez – pero si me pusiera a lanzar una flecha, seguro que no saldría disparada, sino que más bien se caería con languidez al suelo, haciendo “pof”. O tal vez no haría “pof”, pero lo parecería. En cuanto a la oportunidad perdida, es cierto que éstas sólo se reconocen a posteriori, no como las anteriores, para las que existe una conciencia previa, una decisión. También es verdad que el imbécil pierde más oportunidades que el inteligente, y más el envidioso que el generoso. Pero lo normal es que tengas una oportunidad en la mano y o bien porque la dejes escapar, o porque pases de lado, sólo te darás cuenta cuando por fin reconoces la otra alternativa, ese pudo ser y no fue tan fastidioso.

¿Y la cuarta? Pues el mail enviado que ya no tiene remedio puede ser producto de un acto voluntario o de una equivocación. Resulta que tu mejor amigo se llama igual que tu cliente, o tal vez no te has dado cuenta de que ése al que llamas memo estaba en copia y tú clicaste en responder a todos, o quizá no reparas en que al final del mail encadenado hay uno con los precios que no querías mostrar.

De lo que estoy completamente segura es de la diferencia que hay en la frecuencia con la que se presenta lo irrecuperable en tu vida. No te pasas todo el día dando tu palabra, porque entonces ésta pierde su valor. La oportunidad perdida tampoco es muy frecuente, aunque sólo sea porque ni te das cuenta muchas veces de lo que pudo ser. Y sobre la flecha ya me dirán cuándo practican vds con el arco…

¿Pero el mail enviado? ¿¿EL MAIL ENVIADO?? Por Dios, qué pesadilla…

A MPP, por la inspiración

Vivérrido

Vivérrido es una palabra que he encontrado entre vivero y viveza.

Un poco más arriba de vivérrido, en el diccionario encontramos vivariense, que es la persona natural de Vivero, en Lugo. También está viveño, que es el natural de Ibahernando, en la provincia de Cáceres. Ya ven qué cosas. Para que se fíen de la etimología.

A la derecha de vivérrimo nos encontramos con vividura, que es el modo de vivir una colectividad dentro de un cierto horizonte de posibilidades e imposibilidades vitales. No hay que confundirlo con vividora, que es la palabra que precede a vividura y que se refiere a la persona que sabe disfrutar de la vida generalmente a expensas de los demás.

Por cierto, que un vivérrido es un mamífero de la familia de carnívoros al que pertenecen la mangosta y la gineta.

Y no me pidan más para un lunes, que con seguir siendo viviente ya llevo bastante.

De dobles y de complejos antiaging

Isabel PreyslerCuando Don Felipe de Borbón y Grecia, o sea, our prince, se casó y volvió de su jonimun con barba, yo imaginé una teoría de la conspiración muy interesante. Según mi teoría, our prince estaba tan enamorado que había decidido cambiar el reino por el amor, y ése que había vuelto de la luna de miel no era él, sino un doble disimulado detrás de la barba. Mi madre me dijo que la teoría era buena, pero me hizo notar que tendría mucho más sentido si Felipe se hubiera casado con Magdalena de Suecia, un suponer. Desde entonces busco un motivo para que ese señor que sale al lado de Leticia sea un doble, o, en su defecto, una explicación para  que el príncipe lleve barba.

A mí las historias con dobles me encantan. Probablemente porque estoy muy influenciada por El prisionero de Zenda, una preciosa novela que seguramente conocerán y que forma parte de mi más queridos recuerdos juveniles. Ahora leo una noticia que habla del método que utiliza Isabel Preysler para conservarse como se conserva a sus 62 años. Y yo pienso inmediatamente que esa señora que sale ahí se llama María de las Mercedes Rodríguez, tiene 42 años recién cumplidos y una naturaleza generosa con su cutis, y que la verdadera Isabel Preysler utiliza una 46, lleva faja y combate la sequedad de la piel con las cremas de Mercadona, que salen a cuenta por las cantidades que una se viene obligada a usar a ciertas edades.

Pero en contra de mi teoría, está el método de la Preysler, que ahora hace público. Este método consiste, básicamente, en montones de pastillas de vitaminas y en no comer carne si no está tratada. O sea, sustituir con astucia el chuletón por las albóndigas. Y pan integral, mucho pan integral. Ah. y un vaso de agua caliente en ayunas “…y mientras hace su efecto depurador, aprovecha para lavarse la cara y peinarse”. Humm… Ese “mientras” va a ser la clave. Quiero decir, que mi “mientras” es un minuto y medio, y a ver cuánto dura el “mientras” que hace falta hasta que se peine la Preysler. Así es que, señores,  yo lo del vaso de agua caliente me lo voy a saltar, no sea que me dé la hora de irme a la oficina y todavía esté, con el estómago estragado, a la espera de la depuración.

En lo que concierne a las pastillas, he decidido que aún estoy a tiempo de engancharme al método. He bajado al herbolario con una copia impresa del artículo y he pedido el mismo complejo vitamínico que ella.

– ¿En pastillas o en jarabe?

– Mire a ver si lo tiene en gel de ducha…

¡Y ahora, a esprintar!

Time in a bottle.

Si pudiera guardar el tiempo en una botella, la primera cosa que haría es guardar cada uno de los días hasta el fin de la eternidad para luego gastarlos contigo…”

O algo así.

Y todo así.

Es una preciosidad de canción.

Os dejo los lyrics por si queréis ensayar con la guitarra.

If I could save time in a bottle
The first thing that I’d like to do
Is to save every day
Till Eternity passes away
Just to spend them with you

If I could make days last forever
If words could make wishes come true
I’d save every day like a treasure and then,
Again, I would spend them with you

But there never seems to be enough time
To do the things you want to do
Once you find them
I’ve looked around enough to know
That you’re the one I want to go
Through time with

If I had a box just for wishes
And dreams that had never come true
The box would be empty
Except for the memory
Of how they were answered by you

But there never seems to be enough time
To do the things you want to do
Once you find them
I’ve looked around enough to know
That you’re the one I want to go
Through time with

Cucarachas robotizadas

Ayer leí un artículo que me ha dejado el corazón dividido entre mi amor por los animales y mi interés por el desarrollo de la ciencia, y también dividido entre la aprensión que me provocan las cucarachas y el espanto que me proporcionan los aprendices de brujo. Lo que ya no sé es si de resultas de esto tengo el corazón dividido entre cuatro, o se me divide una vez, se me regenera a lo Prometeo y se me vuelve a dividir, o sea, que no sé si las divisiones son simultáneas o sucesivas, pero poco importa. Yo les enlazo el artículo (CLIC) pero, a diferencia de otras veces, no les voy a recomendar que se lo lean, no sea que les pase lo mismo que a mí y se me convierta este blog en un poltergeist cardiaco y nos armemos todos luego un lío a la hora de recomponerlos y la tengamos. Ya saben: este trozo con amor es mío, este otro con odio es tuyo, esta arritmia con qué corazón iba, y a ver quién se ha dejado aquí una válvula tricúspide.

¿Por dónde iba?

roborach--644x362Ah, sí, el artículo. Pues resulta que unos mozos americanos, investigando sobre neurociencia o algo, han averiguado cómo controlar los movimientos de una cucaracha. Agarran la cucaracha, la ponen hasta arriba de cables, y la controlan a través de una aplicación durante veinte minutos, que es el tiempo que tarda la cucaracha en aprender cómo desobedecer el mando a distancia. Luego dejan que descanse y se le olvide, y, hala, otra vez a la carga, y así hasta que, al cabo de una semana la cucaracha aprende lo del mando, lo del descanso y lo del mentecato que hace su horripilante vida más horripilante todavía.

Estos chavales nos seducen hablándonos del gran avance de la ciencia y luego nos conmueven hablándonos de la educación de los niños, que así tiene una forma “facil” y barata para aprender a teledirigir una cucaracha, como si con el cochecito del scalextric no fuera suficiente. Finalmente, nos venden el invento por el módico precio de 18 euros la docena de cucarachas y 74 el kit para poner a la bestezuela como si fuera un samurai, con una especie de carcasa encima del lomo y las antenas pimpando de cables, después de literalmente operarla, lo que incluye cortarle alguna que otra pata. Una carnicería. Por cierto, que la operación corre por cuenta del cliente, con lo que yo me malicio que incluirán en el pack un bono descuento para la segunda docena de cucarachas, en el caso de malograr el experimento en los doce primeros intentos y las veinticuatro primeras arcadas.

Tal vez estas cosas permitan hacer avanzar la ciencia para después curar alguna enfermedad humana, aunque de momento, parece simplemente un negocio tirando a muy asqueroso. Sobre educar a los niños en ciencias, no sé si se logra eso o enseñarles la crueldad con los animales, algo que yo pienso que la mayoría de los niños ya trae de serie. Y sí, a mí también me dan mucho asco esos bichos, pero se empieza poniéndoles cables en las antenas a las cucarachas y se termina llenándole a mi pobre Curra las orejas de electrodos. Pobre animal.

¡Rubalcaba ha vuelto!

Pues sí, aquí vuelve todo el mundo. Los guerreros de terracota de Xian, en una enésima exposición en Madrid, el grupo ABBA, en una enésima amenaza discográfica, y Rubalcaba, en la enésima parodia de lo que debería ser un partido político. En realidad, no era esa la idea inicial del congreso de ideas que han organizado los socialistas, pero una vez que estaban allí, y dado que no supieron determinar muy bien a dónde iban, decidieron volver. Porque si uno está y se quiere mover al mismo sitio donde está, no le queda más remedio que volver. Así que han vuelto.

Era un congreso de ideas. Han tenido muchas, muchísimas. Algunas más rancias que las vicisitudes de la Pantoja, pero ya se sabe que en España todo lo resolvemos echando mano de la Iglesia, ya sea a favor o en contra. O sea, que o sacamos la peana o el espantajo, no hay término medio. Que viene la Iglesia ¡UH!, y ya se nos han pasado todos los males.

Una de las ideas más conmovedoras es la de eximir de pagar el IRPF a las rentas menores a 16.000 euros. Ya tienen ustedes la definición de rico, no se vayan más lejos. Rico es todo aquel que gana más de 16.000 euros, y debe pagar ¡faltaría más! impuestos. Por debajo de eso, exento. No se hable más. Oigan, es una idea. Y no hay que pedir que hagan números, que luego las ideas se estropean. Parece mentira los pocos números que hacen con todo lo que calculan…

Y digo yo que esto habrá que desarrollarlo en toda una política fiscal, porque si dejan el resto como está, nos encontraremos con que uno que gana 18.000 euros, después de impuestos, se queda con una renta disponible de 12.600, con lo cual el de 16.000 se convierte automáticamente en un nuevo rico. Y si a un rico hay que freirle a impuestos, a un nuevo rico hay que ponerle un IRPF que se cague la perra (con perdón). Yo me figuro que, para quitarse de líos, lo que hay detrás de esta propuesta es un IRPF verdaderamente progresivo, algo que elimine diferencias y que nos ponga a todos al mismo nivel. ¿Gana vd 30.000 euros? ¿No le da vergüenza pagar sólo el 30%? Nada, nada: hay que cobrarle a vd exactamente el 46,67% y así se queda vd en 16.000 exactos. De hecho, habría que eliminar ese farragoso mundo de los porcentajes hacer el cálculo de nuestros impuestos atendiendo a una sencilla resta:

Salario bruto – 16.000 = importe a pagar al gobierno

Finalmente, y por lo que dice los informes Pisa, los españoles, más allá de las cuatro reglas, tampoco estamos para muchas cosas.

Ideas, ideas, es lo que hace falta para animar el cotarro. Luego ya el gobierno es otra cosa. De momento ¡Ideas!

Qué país…