Emoticonos (reloaded)

Después de mi post del otro día sobre EL ODIO A LOS EMOTICONOS, reconozco que empiezo a encontrarle la gracia a esta tontería de los “moñecos”.

Vean si no lo majos que son mis amigos del Cub de Lectura.

Chat CL Emoticonos unmundoparacurra

 

También he de decir que hay algunos que sólo necesitan que les pongan la muleta delante…

chat pater

… y algunas que optan por irse al medio público a tirarme de la lengua…

Emoticonos Anijol tw

En fin, supongo que se les pasará. Pero yo vuelvo a mirar el estado en el que ha quedado el post, y sufro mucho.

De lo nimio

Tú figúrate que me viene Albert E. para preguntarme si he podido mirar el último informe, el del Emc2 no sé qué, porque no me ha dado tiempo a estudiarlo bien y en profundidad. El caso es que llega, se sienta y entonces va, y se pone, y me dice que ha pisado un charco por la mañana y se ha puesto perdido el pantalón. ¡Y se levanta y me enseña el bajo del pantalón! y yo, entremedias, no sabía qué cara poner porque ayer Max P. me había dicho que me llamaba hoy a las 9 justamente para hablar del Emc2 no sé qué, pero yo hoy a las 9 no podía estar al teléfono porque he tenido que ir antes de venir a recoger el coche que estaba en el taller, y yo había quedado con el tio del taller a las 8 para que me diera tiempo pero justo antes de salir de casa me he dado cuenta de que hoy me tocaba a mí sacar al perro, que ya sabes que mi marido en cuanto puede se escaquea.

Mira, qué morro tiene: la semana pasada lo saqué yo TODOS LOS DÍAS, porque se fue de caza toda la semana y cuando le digo que se lleve al perro, que para eso lo compramos de raza cazadora, me dice que no, que cómo va a dejar a los niños sin el perro, y claro, los niños encantados pero yo no, y ya la semana pasada me tocó TODOS LOS DÍAS y ahora ésta me dice que no, que él lo saca un día sí y otro no, y… total que yo no me acordaba, porque normalmente yo lo saco lunes, miércoles y viernes, y él martes, jueves y sábado, y luego los domingos los alternamos, pero como la semana pasada estuvo fuera, pues decidimos cambiarlo, y hoy, martes, yo pensaba que no lo tenía que sacar, pero no, porque el domingo el cubrió mi turno porque la semana pasada había estado fuera. Total, un rollo.

El caso es que he sacado al perro y me encuentro con un vecino que… bueno, un problema que tenemos con las bajantes. Me larga su rollo y yo le digo bueno, venga, que me voy que tengo prisa, total, que he llegado tarde al taller y claro, ya se me habían colado dos y he tenido que esperar.

Con lo cual desde el taller he llamado a Max P. para decirle que no llegaría a tiempo a las 9, pero él no había llegado, así es que he hablado con su secretaria y le he dicho que había tenido un problema familiar porque no iba a empezar a contarle todo este rollo a la secretaria, así es que cuando me ha preguntado le he dicho que era un tema mío sin importancia, porque no me apetece que empiecen a pensar que tengo problemas en casa, y no me apetece.

Así es que fijaté qué horror que he tenido que retrasar media hora la llamada telefónica de Max P. y cuando entra Albert E., le veo ahí de pie con el pantalón manchado de barro y yo no sabía cómo decirle oye lárgate que estoy esperando a que llame Max P. El caso es que le digo mira si no te importa, es que está a punto de llamarme Max P. y me mira, se mira el reloj y me dice bueno, pues vengo más tarde, dime a qué hora estás libre. ¿Tú te crees? Yo ya estoy harta de que me aborden de este modo y además ya tenía abierto el ordenador por la presentación que iba a repasar con Max P. y no me apetecía empezar a mirar el calendario, es que qué morro tiene la gente, que llega a tu sitio, empieza a contarte su vida y encima espera que le escuches y que cambies todo para responder a sus preguntas. Así es que le digo que lo hable con Marie C. y va, tuerce el gesto y me suelta que si no lo puedo mirar yo un momentito.

Y en ese momento suena el teléfono, que debía ser Max P., así es que descuelgo y, claro, era Max P., y le digo que espere. Se lo digo a Max P., porque el otro ahí estaba, de pie derecho, como un pánfilo. Y oigo al otro lado ¡Oye, oye!, y le digo ¿qué? y me dice que se va a tomar un café si estoy ocupada y me llama luego, y le digo que vale. Entonces cuelgo y le miro a Albert E. y ya no sabía cómo arreglarlo, aparte de que me había hecho gracia lo del charco, así es que le digo en broma: vaya manchurrón. Y coge y me suelta muy serio que eso ya me lo había dicho él. Y luego se ríe. Pero no sé si me lo ha dicho enfadado y luego ha querido disimular, porque ya te conté cómo reaccionó el otro día cuando le dije que hiciera el informe.

De todos modos, él no había dicho nada de manchurrón, sino que había hablado de salpicadura, pero mira, no he querido discutir, porque ya llevo un día…

El mundo debería girar a mi alrededor porque todo lo que me pasa es muy importante. Lo sé, lo veo, lo noto. Yo escucho mi voz y veo fluir mis palabras lentas ante miradas expectantes, relatos cuyo detalle nadie alcanza a entender porque el mundo es un saco de inconsistencia. Sólo yo tengo importancia. ¿El resto? El resto me sigue.

(De los Diarios imaginados, de C. Disbonjour)

Emoticonos

Los odio. Cada día que pasa los odio más. 👿

Y tal vez se pregunten ustedes por qué los odio. ¿Se lo preguntan? ❓ ¿Les sorprende? 😮

Yo no creo que sea imposible transmitir ironía, o coña marinera, o enfado en el medio escrito. No acabo de entender por qué los usamos a veces, cuando ya la frase en sí misma lleva el tono adecuado. Es posible que a veces tengamos que reforzar algo para evitar malos entendidos, pero incluso en ese caso se puede prescindir de ellos, me parece a mí (¡con lo bonitas que son algunas onomatopeyas!). Puedo entender bien que a veces se envíe el emoticono solo, aunque me vale con estos dos: 🙂 y 😉 ¿Pero el resto? El resto me sobra.

Diría más: El puñetero Emoji de los móviles es el mal. No estoy segura de si sirve para expresarse o para medir el grado de oligofrenia de algunos, francamente.

Los emoticonos me parecen la mitad de las veces inútiles, y la otra mitad redundantes. Por lo general son cursilísimos, y como medio de expresión, en un alto porcentaje tienen un aspecto bastante infatiloide. Pero en fin, forman parte de nuestra vida. No podemos dejar de lado que cada vez usamos más la mensajería, y que eso nos obliga a resumir las frases. Pero es que a base de resumir las frases, yo creo que algunos tienen resumido el cerebro.

¿Me pueden por favor explicar qué coño aportan a una frase estos emoticonos? o_O, 8-), ó =^-^=. Hay un emoticono que me pone especialmente de los nervios y es ese de la carita que da un besito, o el que tiene corazones en los ojos. Normalmente te los envían de cuatro en cuatro. No lo tengo, pero es algo así: ❤ ❤ ❤ ❤  ¿Cuál es el emoticono de “me pota”? ¿Este ➡ ? Y ya el de la bailaora no sé qué coño me quieren decir. Supongo que están contentos y que bailan de alegría. Pero pregunto: ¿No sería mejor escribir “olé, qué de alegrías me das, mi arma“. Me parece mucho más original, francamente. Bueno, en general, el mundo sin emoticonos ya me parece en sí mismo más original.

En fin, sólo encuentro tres posibles explicaciones para tanto emoticono (siempre son tres). La primera es que tienen un movil nuevo y han encontrado la manera de poner emoticonos y hala. La segunda es que les gusta, les parecen bonitos. Y la tercera me la callo, que esto lo lee gente que me escribe por wasap.

Bueno, venga. No se enfaden conmigo :roll:. Y ahora les espero en los comentarios. Será un festival, seguro que no me decepcionan. Si acaso, tomen, un regalito 🐻

 

(miro cómo ha quedado el post. Sufro mucho)

 

Aznavour, un señor mayor de toda la vida

Charles Aznavour nació en 1924 y un par de décadas después ya tenía 60 años. Yo creo que se pasó la juventud añorando una madurez que, al llegar, le impulsó a buscar con ansia la vejez, que es para lo que realmente había nacido. Y ahora ya no sé qué cantará este hombre, porque sigue con 90 años sin necesitar, por cierto, cambiar de repertorio. Ese cantar al amor verdadero, que no es otra cosa que l’amour, y a unas tormentosas relaciones de pareja que en su caso era un no parar de chercher la femme, le obligaron a unas canas prematuras y a unos textos de canciones que circulaban entre la saudade y el remord y que le dejaban siempre en una posición un poco loser.

Aznavour tiene unas canciones en las que siempre ves a un señor mayor, algo rijoso, y a una chica joven que o está a punto de ponerle los cuernos o ya se los ha puesto. Te imaginas a una chica monísima y cuando piensas en él ves a un tipo un poco amargado, que o bien está a punto de largarse para no sufrir la cruel frialdad de la chica, o algo peor: se dedica a pensar quién le reemplazará a él cuando se haya muerto, y besará sus labios, y se acostará con ella, y se recreará en sus gestos y le enterrará por segunda vez.

También, vaya pensamientos. Yo no sé si le dedicaría la canción a una chica real, pero yo me pongo en su lugar (en el de ella), y me pego un tiro. ¡Y a ver qué compones ahora, majo!

Puestos a encontrar una canción que defina a Charles Aznavour yo elegiría la de Hier encore (ayer todavía). Según la Wiki, es una canción que compuso en el año 64, o sea, que era un tipo con cuarenta años. Veamos qué nos cuenta (en una traducción muy libre):

Ayer todavía yo tenía 20 años y acariciaba el tiempo, y disfrutaba de la vida como se disfruta del amor, y vivía la noche sin contar los días que huían en el tiempo. He hecho tantos proyectos que se han quedado en el aire, he fundado tantas esperanzas que se han volatilizado, y estoy perdido sin saber dónde ir: los ojos buscando el cielo, pero el corazón en la tierra.

Ayer todavía tenía 20 años y derrochaba el tiempo. Creyendo pararlo y para retenerlo, incluso para adelantarlo, no he hecho más que correr y he perdido el aliento. Ignorando el pasado y conjugando en futuro, ponía el yo delante en cada conversación y daba mi opinión, que consideraba la buena, para criticar al mundo con desenvoltura.

Ayer todavía yo tenía 20 años y he perdido el tiempo en hacer tonterías que no me han dejado en el fondo nada realmente concreto, salvo algunas arrugas en la frente y el miedo al aburrimiento, porque mis amores murieron antes de existir, mis amigos se fueron y no volverán. Yo tengo la culpa de que en torno a mí exista un vacío. Y he malgastado mi vida y mis años jóvenes… De lo mejor y de lo peor, he tirado lo mejor, mi sonrisa se ha quedado fija y se me han helado las lágrimas. ¿Dónde están ahora? ¿Dónde están ahora mis veinte años?”

Yo no sé qué edad hay que tener para cantar esto, pero vamos, yo también he tenido 20 años y… ¡Y cuarenta! Y ni se me pasa por la mente cantar estas cosas.

¿Ven como Charles Aznavour es un señor mayor de toda la vida?

En fin, les enlazo la canción, que apesar de todo reconozco que es muy bonita. Y de bonus, para que no se me depriman, también les enlazo otro video que es una porquería de versión, pero que tiene su punto de ternura: fíjense a dónde van los ojillos de nuestro Charles.

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Los recuerdos, de David Foenkinos

Los recuerdos, de David FoenkinosResulta que perdí las anotaciones que hice de este libro, que leí a finales de julio, así es que tendré que tirar de mis recuerdos sobre Los recuerdos.

Son recuerdos recientes, en todo caso, y son y serán buenos recuerdos. Ya les hablé de otro libro de Foenkinos, La delicadeza, un libro que me encantó, y no sabría decir si éste de Los recuerdos me ha gustado más. Tiene este hombre una forma de contar historias muy sencilla, historias también sencillas pero llenas de encanto, que te mantienen con una sonrisa permanente, que no dejan que decaiga el interés y que te hacen pensar que el mundo no es tan horroroso como se puede pensar viendo el telediario.

En Los recuerdos, cuenta la historia de un joven que pierde a su abuelo y decide pasar el mayor tiempo posible con su abuela, a quien sus padres y sus tíos han llevado a una residencia de ancianos por su bien. Su abuela no está ni mucho menos inválida ni ha perdido la cabeza: simplemente no tiene, como en tantos casos de la vida actual, personas alrededor que acepten vivir con ella para que no esté sola.

Yo estaba protegido de la necesidad de tomar parte en esa decisión por la generación que me separaba de mi abuela. No me correspondía decidir a mí, sino a sus hijos, lo cual era un alivio. Digamos que el alivio es la versión suave de la cobardía. Mi abuela declaró enseguida que no quería ir”

La abuela termina marchándose de la residencia en busca de sus propios recuerdos, lo que da pie a que el protagonista empiece a construir su vida y le empiecen a pasar cosas, quizá no muchas, pero cosas que en todo caso le permitirán vivir una vida en la que irá sembrando lo que podrá recordar en el futuro.

Foenkinos acaba cada capítulo con un recuerdo. De su padre, de su abuelo, de su abuela, de escritores, actores, de otros protagonistas de la novela y hasta de Alois Alzheimer. Así es que es un libro de recuerdos. Esto unido a una cierta tendencia muy divertida del protagonista a la digresión, y a la sencillez de la historia, hacen que el libro sea realmente delicioso.

Léanlo, que pasarán un buen rato.

Petra sale de la conferencia

Tampoco voy a venir ahora a explicarles lo que es una conference call. Es lo que un académico llamaría una conferencia telefónica, o quizá le llamaría una multiconferencia, yo no lo sé porque no soy un académico. Pero es que los académicos son personas que tienen todo el tiempo del mundo para explicarse, y en el mundo laboral, uno anda siempre con prisas. Así es que le llamamos conference call, o conf call, para abreviar. Hay quien abrevia más todavía y dice simplemente call, o sea col, como las de Bruselas.

– Si acaso nos llamamos por col.

Y eso significa que te llamará por teléfono. A veces dicen “hacemos una col”, y esto me produce mucha ternura. Y cuando me dicen “organiza una col”, yo me veo picando coles y poniéndolas en un plato.

– Llámame Col. Conferens Col.

Y ahora les voy a contar una historieta, para que no se vayan de balde. Resulta que hay un sistema de multiconferencia que, una vez que marcas el número y después de teclear la clave, te pide que digas tu nombre. Esto no es un sistema de control, sino que se hace para que el resto de los que están conectados sepan quién entra en la conferencia y también quién sale. Pero esto no lo sabe todo el mundo. En concreto, una compañera mía no lo sabía. Así es que ayer, cuando el sistema me pidió el nombre…

– Pero qué más da el nombre, ¿para qué lo pide siempre si da igual?… ¡PETRAAAAA!

Y ya no puedes ir hacia atrás. Y lo peor es que, por razones que no vienen al caso, teníamos que salir de la conferencia un rato y luego volver a entrar. Todo con muchos clientes al otro lado.

– Ejem… ¿sí? ¿Hola? ¿buenas tardes?…

– ¿Petra? ¿Quién es Petra?

– Sí, hola, buenas tardes. Soy Carmen J. y estamos aquí en Madrid (otros nombres)…

Hay una funcionalidad muy práctica que se llama MUTE, y que sirve para decir “me cago en la leche, ahora vamos a tener que salir y van a oír que Petra abandona la conferencia, estás gilipollas”. También sirve para que, si te entra un ataque de risa, al quitar el MUTE puedas decir “perdón, no he entendido bien, ¿puedes repetirlo, por favor?”,  y tu voz suene risueña y muy, pero que muy simpática.

En fin, Petra abandonó la multiconferencia y luego volvió a entrar, ésta vez con mi nombre. Aunque después pensé que debería haber vuelto a decir PETRAAAA. Finalmente, todo el mundo asume que las máquinas pueden pensar por su cuenta, igual que los humanos…

Ponga un KPI en su vida

Tranquilos, que no he vuelto a coger el libro de aves de mi padre. Hoy voy a tratar de los KPI’s, o Key Performance Indicators que es como se llama en el mundo moderno y anglófilo (o anglofiliciado, o anglofilíaco, o angloflipante) a los indicadores clave de seguimiento. Estos indicadores están fenomenal y aún sin saberlo, los usamos permanentemente, casi sin darnos cuenta. Por ejemplo, cuando usted se pesa en la báscula los lunes, o cuando mira su esmirriada cuenta corriente, o cuando abre la nevera y comprueba que sólo le quedan tres huevos.

Porque un KPI no es ni más ni menos que una medida de seguimiento que le permite conocer una evolución. Y así, kilos, euros o huevos es una medida tan válida como cualquier otra, siempre y cuando sirva como referencia para lo que se quiera medir. Dicho de otro modo, de nada le sirve a usted contar los huevos que tiene si lo que desea es conocer si ha engordado en el fin de semana o si este mes le queda algo para ahorrar. Claro que puede ponerlo en relación, y dividir el coste de un huevo entre los kilos que ha engordado y multiplicarlo por los pelos del bigote del comercial que le atiende en el banco, pero no parece que sea la clave para saber que tiene que tomar más ensaladas, gastar menos o ir a la compra si quiere hacer tortillas para cenar. No sé si me siguen.

En una empresa se hace lo mismo que hace usted con su nevera o con su báscula, sólo que lo decimos en inglés para abreviar. No decimos “a ver, cuántos huevos te quedan”, sino que tenemos algo que se llama reporting (que es un reporte que termina en “ing”, ing de inglés, sin duda) en donde figuran los indicadores de seguimiento que se estimen oportunos. Y así uno sabe perfectamente cómo va en relación a cómo iba el mes o el año pasado. Ya ven qué práctico.

La clave de los KPI’s es la K, entre otra razones porque key es clave en inglés (no, aquí no hay que decir keying porque ya viene en inglés. Acabaría en ing si fuera en español, o sea, claveing, pero como ya se dice key no hace falta). Y así, uno podría pensar que KPI habrá pocos, porque clave, clave, no habrá muchas cosas que medir. Y no, esto no es exactamente así, porque el keypiar y el rascar, todo es empezar (que habría dicho mi abuela si hubiera sabido que los huevos eran un indicador clave). Sigo sin saber si me siguen. Y así te puedes encontrar con que hay departamentos que siguen 300 KPI´s repartidos entre 70 reportings. En fin, uno usa los KPI´s que le da la gana, que la libertad es un derecho constitucional, lo que ya no les puedo decir es qué pasa cuando deciden ir al detalle… Lo mismo les explota el ordenador, aunque lo corriente es que, además de KPI´s, acumulen dioptrías y lleven unas gafotas como las de Chus Lampreave.

Donde quiero yo llegar es que un KPI en muchos casos es pi ai pero no es key. Es un simple pi ai ennoblecido, eso sí, con una categoría que probablemente no le corresponde, pero la realidad es que es muy poco key. Entonces (atentos, que ahora viene lo mejor), para resumir y encontrar las verdaderas claves de seguimiento de un vistazo, lo que se dice in a glance si lo quieres decir in short, pues tienes que consultar un invento todavía más estupendo que los KPI’s que se llama dashboard, o cokpit, que es el resumen del reporting y que es donde están los KPI’s de verdad y no los del montón. O sea, tres ó cuatro numeritos y a correr. A correr porque si no te pilla el del reporting y ya tienes lío para toda la tarde.

La vida.

Un huevo en el cenicero

La esquinita doblada

esquinitaYo no cuido demasiado los libros, y tal vez por eso prefiero que no me los presten, por decirlo a lo Bartleby. Desde luego, si tienen camisa, o fajín, lo tiro. Y los marco. Y les pongo mi nombre, en boli, normalmente con la fecha de compra aunque si se me olvida hacerlo al llegar a casa, el libro puede llevar cualquier fecha (pues no, no tengo un ex-libris, no sabría qué poner). Y si me da por anotar algo en una página, o subrayarlo, y no tengo a mano un lápiz, a boli que va, o a rotulador, lo que tenga más a mano. Desde hace algún tiempo, además apunto en la página de guarda el número de la página en la que he subrayado o marcado algún texto. Y por si todo eso fuera poco, abro mucho el libro para dar de sí la goma, de manera que pueda quedarse abierto en una mesa. Con todo, los libros resisten, no se preocupen.

Me invitó un matrimonio amigo a su casa. Tienen una librería que se viene abajo de libros, lo que yo llamo una librería movida. Si alguna vez encargan una librería, tengan en cuenta que luego los libros le van a dar un aspecto de movimiento, de manera que piensen en ello antes de encargarla con las baldas asimétricas. Si van a poner muchos libros y tienen tendencia a ponerlos al aliguí, cuanto más simétrica sea la librería, mejor. Háganme caso, se lo digo por experiencia. Pero sigo, que esto no tiene nada que ver. La cuestión es que aquella librería era (es, supongo), una delicia de movimiento.

Así es que él me ofreció un libro. Te gustará, me dijo. Tardaré en leerlo, le dije. No importa, te lo llevas y así hace sitio a otros“, me contestó. Esto es como llevarme un libro en acogida. Eso no se lo dije, pero seguro que lo pensé. Y he tardado, pero ya le ha llegado su turno. El libro estaba impecable. Así que le quité el fajín, y lo guardé, y puse un post-it en el interior apuntando dónde lo he guardado. Y también he hecho tiras para ir marcando las páginas que me gustan, porque, como es lógico, no le voy a devolver el libro pintarrajeado, faltaría más.

En fin, la cosa es que ahora no sé cuándo vi la primera esquinita doblada. Sí que luego me fui encontrando otra, y otra, y otra, y conforme las encontraba, yo las iba desdoblando, porque pensaba yo que el libro habría debido de llevar algún mal viaje en la maleta y que lo mejor era plancharlo para que no se diera cuenta de que lo había estropeado. Y cuando ya había perdido la cuenta de la cantidad de esquinitas que había desdoblado, entonces… entonces leí en su blog un post y tuve una revelación, o se me hilaron los recuerdos, o se concatenaron dos ideas dispersas, o un quizá fue pálpito, o una deducción, o vaya usted a saber qué, la cuestión es que caí en la cuenta de que tal vez las esquinitas dobladas eran marcas que el dueño del libro había dejado aposta, para después recordar algo, algún pasaje.

Sé que no me regañará porque no me ha regañado. Pero creo que dedicaré algún rato del fin de semana a rastrear esquinitas ex-dobladas para volverlas a doblar. ¿Ven por qué prefiero que no me presten libros?

La hormiga laboriosa y el humano compasivo

Esta es la secuencia de los hechos:

Una hormiga encuentra un enorme trozo de comida y decide llevárselo a su hormiguero. Estamos en verano y, como todo el mundo sabe, ésta es la época en la que las hormigas aprovechan para aprovisionarse de víveres y así pasar el largo y duro invierno, que para cualquier hormiga previsora es igual de largo pero menos duro que para cualquier cigarra descuidada, tal y como nos enseñó La Fontaine.

Un humano que pasaba por ahí decide grabarlo y observa cómo la hormiga trata de encontrar un hueco por el que traspasar una barrera aparentemente infranqueable. El humano, movido por la compasión y con ganas de ayudar, decide echarle una mano a la hormiga. Sin embargo, el humano no contaba con ciertos condicionantes meteorológicos así como otros elementos de ambientación inoportunos , tales como un pelo. Sí, un pelo fosco, largo y duro, como de perro.

Y esto es lo que pasó (dentro vídeo).

 

El humano, ya fuera de cámara, y una vez que la hormiga había desaparecido de su campo de visión, descartó el  dramático (a la vez que descriptivo) “¡A tomar viento la hormiga!”. Tampoco quiso lamentarse con un melancólico (y también descriptivo) “¡No lo ha logrado por un pelo!”. En su lugar, realizó un comentario sin duda más flemático (y no menos menos descriptivo): “¡Yo no mandé mi brazo a luchar contra los elementos!”.

En fin, la hormiga nunca apareció. El trozo de comida fue barrido poco después y el humano decidió no volver a inmiscuirse en los asuntos de las hormigas. ¿Moraleja? Pues saquen vds sus propias conclusiones, que yo todavía ando con remordimientos.

Kivis

Lo que pasa es que nosotros usamos la grafía kiwi y pronunciamos quigüi, y eso lo hacemos porque queremos, pero no porque haya ninguna razón para hacerlo de otro modo. Deberíamos escribirlo así, kivi, y pronunciar quibi, y ya está. A ver por qué si la B es be y la S es ese, la uve doble va a ser güi. 

¿Y qué es un kivi? Pues un pájaro. Antes de devolver el libro de aves de mi padre a su estantería, he buscado el kivi para poderles hablar de él a vds., que sé que están interesadísimos. Así que leo:

KiviAl orden de los apterigiformes o kivis (fíjense en la disyuntiva que da importancia al kivi) pertenecen sólo tres especies que viven en Nueva Zelandia (escrito así, ya les dije el otro dia que el libro es muy antiguo) y tienen el tamaño de las gallinas (yo creo que la gallina es una unidad de medida perfectible). Se caracterizan por poseer fuertes patas provistas de cuatro dedos y un pico muy largo, en cuya punta desembocan las narinas (lo que vds. llamarían agujeros de la nariz). Su plumaje es sencillo y semeja a un pelo largo y espeso (o sea, pelazo). Ven mal, pero, a diferencia de otras aves, tienen el olfato muy desarrollado, siendo esto de gran utilidad para ellos ya que llevan vida nocturna (¿Y qué importará eso?). No pueden volar pues sus alas están atrofiadas. Generalmente ponen un solo huevo y a veces dos, de color blanco y relativamente grande, que pesa hasta 500 gr., casi la quinta parte del peso de la hembra (¿¿RELATIVAMENTE?? Por Dios bendito ¡medio kilo de huevo!). El macho empolla el huevo del que nace el polluelo a los 75 u 80 días (o sea, que de salir por la noche, nada, amigo).

El kivi común (Apteryx australis) abunda en Nueva Zelandia y en la Isla Estuardo (no sé dónde es eso). No puede volar ni escapar corriendo de sus enemigos como el avestruz (¡pero cómo va a correr con medio kilo de huevo dentro!); anteriormente no tenía que temer a enemigos naturales pero, actualmente, está expuesto a perros, gatos, comadrejas y furones traídos por los europeos a Nueva Zelandia (ya estamos). Los kivis viven en bosque espesos llenos de maleza, donde cazan vermes e insectos de la misma manera como las becadas, esto es, hurgando con el pico en la tierra blanda (qué horror), donde también construyen las cuevas dentro de las que se esconden o fabrican sus nidos (que serán nidos grandes, porque como la kivi ponga dos huevos, ahí ya no cabe nadie). Su plumaje es unicolor pardo o pardo-grisaceo. El macho pesa 1,5 kilos y es más pequeño que la hembra cuyo peso es de 2,5 kg (ya, pero es que ella tiene que llevar por la vida un huevo de medio kilo). En las regiones meridionales de Nueva Zelandia vive el Kivi de Owen (Apteryx oweni) (aquí yo sí pronunciaría ogüen), que se diferencia de los anteriores por un plumaje ligeramente rayado.

Al orden de los estrucioniformes o avestruces (Struthioniformes) pertenece la más grande de las aves conocidas: el avestruz africano…

No sigo, que ya está todo dicho de los kivis y esta entrada se llama “Kivis” y no “Avestruces”. Sin embargo, sí he seguido leyendo para encontrar una curiosidad: un huevo de avestruz pesa entre 1,2 y 1,6 kilos, para un bicho que pesa del orden de los 130 kilos y es más grande que una persona. Así es que si van un día al mercado y ven un huevo de avestruz piensen que, al menos en este caso, el tamaño importa menos que el mérito. Ah, los kivis…