La esquinita doblada

esquinitaYo no cuido demasiado los libros, y tal vez por eso prefiero que no me los presten, por decirlo a lo Bartleby. Desde luego, si tienen camisa, o fajín, lo tiro. Y los marco. Y les pongo mi nombre, en boli, normalmente con la fecha de compra aunque si se me olvida hacerlo al llegar a casa, el libro puede llevar cualquier fecha (pues no, no tengo un ex-libris, no sabría qué poner). Y si me da por anotar algo en una página, o subrayarlo, y no tengo a mano un lápiz, a boli que va, o a rotulador, lo que tenga más a mano. Desde hace algún tiempo, además apunto en la página de guarda el número de la página en la que he subrayado o marcado algún texto. Y por si todo eso fuera poco, abro mucho el libro para dar de sí la goma, de manera que pueda quedarse abierto en una mesa. Con todo, los libros resisten, no se preocupen.

Me invitó un matrimonio amigo a su casa. Tienen una librería que se viene abajo de libros, lo que yo llamo una librería movida. Si alguna vez encargan una librería, tengan en cuenta que luego los libros le van a dar un aspecto de movimiento, de manera que piensen en ello antes de encargarla con las baldas asimétricas. Si van a poner muchos libros y tienen tendencia a ponerlos al aliguí, cuanto más simétrica sea la librería, mejor. Háganme caso, se lo digo por experiencia. Pero sigo, que esto no tiene nada que ver. La cuestión es que aquella librería era (es, supongo), una delicia de movimiento.

Así es que él me ofreció un libro. Te gustará, me dijo. Tardaré en leerlo, le dije. No importa, te lo llevas y así hace sitio a otros“, me contestó. Esto es como llevarme un libro en acogida. Eso no se lo dije, pero seguro que lo pensé. Y he tardado, pero ya le ha llegado su turno. El libro estaba impecable. Así que le quité el fajín, y lo guardé, y puse un post-it en el interior apuntando dónde lo he guardado. Y también he hecho tiras para ir marcando las páginas que me gustan, porque, como es lógico, no le voy a devolver el libro pintarrajeado, faltaría más.

En fin, la cosa es que ahora no sé cuándo vi la primera esquinita doblada. Sí que luego me fui encontrando otra, y otra, y otra, y conforme las encontraba, yo las iba desdoblando, porque pensaba yo que el libro habría debido de llevar algún mal viaje en la maleta y que lo mejor era plancharlo para que no se diera cuenta de que lo había estropeado. Y cuando ya había perdido la cuenta de la cantidad de esquinitas que había desdoblado, entonces… entonces leí en su blog un post y tuve una revelación, o se me hilaron los recuerdos, o se concatenaron dos ideas dispersas, o un quizá fue pálpito, o una deducción, o vaya usted a saber qué, la cuestión es que caí en la cuenta de que tal vez las esquinitas dobladas eran marcas que el dueño del libro había dejado aposta, para después recordar algo, algún pasaje.

Sé que no me regañará porque no me ha regañado. Pero creo que dedicaré algún rato del fin de semana a rastrear esquinitas ex-dobladas para volverlas a doblar. ¿Ven por qué prefiero que no me presten libros?

16 pensamientos en “La esquinita doblada

  1. El texto es una preciosidad, Carmen, de verdad, eso en cuanto a la forma. En cuanto al fondo; yo tampoco cuido en exceso los libros -de ahí que adore la llegada de lo digital, donde nadie va a regañar,e por subrayar mis libros- así que me estresa un poco cuando leo uno que no es mío, porque entonces extremo el cuidado, pero es inevitable que lo abra para leerlo y siempreme da la sensación de que va más abierto de lo que vino…
    Si alguna veztelresto un libro yvesalgo doblado, no lo desdobles, cualquier esquina puede estar marcando algo 🙂
    (ahora toca cruzar los dedos para que esto no se coma el comentario)

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  2. jajajajajajaja pues sí que vas a tener trabajo con la lectura de este libro 🙂
    Todo lo que escribes se lo ahorra una ahora con los e books, aunque el placer de subrayar un libro es algo que la tecnología no aporta.
    Ea.¡ Suerte!
    Besos

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  3. Jaja, yo prefiero que no me los presten porque soy de las que dobla esquinas, pero no para recordar pasajes, sino a modo de marcalibros para saber por dónde voy. El problema es que estoy tan acostumbrada que cuando no es mío también lo hago, y dejo los libros prestados hechos un cristo, o hago como tú, ir desdoblando luego esquinitas

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  4. A mí, me dejan un libro y me dicen:

    “cuídalo como si fuera tuyo”

    Si el amigo no es muy de confianza, le contesto.

    No, “lo cuidaré como si fuera tuyo” (aunque debería decir “lo cuidaré como tuyo que es”) no me preguntes pero utilizo la primera frase.

    Si el amigo es de más confianza que el anterior o mucha más confianza.

    Le puedo decir.

    Mejor no me lo dejes.
    o incluso advertirle si está dispuesto a perderlo, sin perder la amistad.

    ¿Moraleja? Pues no sé Carmen …Es mejor tener un amigo con yate que tener tú el yate; Es decir, que prefiero un amigo carpintero. 🙂

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  5. Pingback: Bitacoras.com

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