Economía y política

Un gobierno agotado, desesperante por lo pasivo, aburrido por lo invisible, irritante por lo cobarde, sin imaginación ni ganas, sin fuerza ni ideas. Y al final le largan por un macguffin gigantesco que permite un cambio de gobierno por la puerta de atrás. Había mil razones para que Rajoy se fuera, bien echado está, pero no sé si es muy democrático que gobierne un desahuciado que sólo sacó 84 diputados de 350. Personalmente, hubiera preferido que me dejaran echar a Rajoy con mi voto. Desde luego hubiera estado encantada, a las 9 en punto en el colegio electoral, vaya.

De entre todas las razones por las que merecía que le largaran, me parece que la más importante es que no se ocupara de la economía. ¿Les sorprende que diga esto? Dejen que explique mi punto de vista. Para mí la economía no es eso de lo que se ha ocupado Montoro, ese pobre diablo. Esa es la parte del expolio que viene cuando, de verdad, no te ocupas de la economía. Economía es, por ejemplo, un plan nacional para el agua, porque la lluvia no sabe de desigualdades, ni los ríos tienen el cauce donde nos gustaría. Economía es ocuparse de la despoblación de una parte enorme del país, porque el abandono es una forma de desperdicio. Economía es ordenar la administración y eliminar el despilfarro de las autonomías, su inanidad y su estupidez. Economía es parar en seco los nacionalismos, no por lo que nos cabrean, sino por lo que nos cuestan. Economía es ocuparse de la educación con inteligencia, formando en lo que necesitaremos, no en lo que necesitamos, con mención especial a la Universidad, un pudridero anquilosado. Economía es ocuparse de la información veraz, porque un país no puede vivir rodeado de bulos y rumores. Economía es ocuparse de la justicia, porque una justicia lenta no es justicia, y además sale irremediablemente cara. ¿Sigo?

Rajoy saca pecho por su gestión económica, pero no creo que se haya ocupado de ella realmente. Un gobernante se debe ocupar de que en su país las personas vivan mejor y más seguras y este hombre, si tenía alguna idea, se ha ido sin que supiéramos cuál era. Y ahora llega Peter, un tipo líquido, un cursi y, desde luego, un individuo sin palabra. Aunque mirando la caterva de retrógrados que le han apoyado para alcanzar el gobierno es casi mejor que siga sin honrarla. Ideas tiene muchas, casi una diferente cada día, por lo que no hay que darle mucha importancia a lo que diga: ya he dicho que su palabra no es su fuerte. Su única experiencia laboral es su propio partido, en donde sí le votan los aborregados militantes. Pero sea. Diré hoy lo mismo que dije cuando cambió la alcaldía de Madrid: después de Anita Botella ¿qué más nos puede pasar a los madrileños? Lo cierto es que nos ha pasado, ya lo creo, entre otras razones porque esta “adorable abuelita” se ha rodeado de la gentuza que ha ido encontrando por los albañales podemitas. Algo que, de momento y en apariencia, no ha hecho Peter: él, fuera de la política, no tiene donde caerse muerto, pero se ha rodeado en su mayoría de gente que parece saber dónde irse a morir. Por algo se empieza.

No nos bajará los impuestos, de eso estoy segura, y si después de Rajoy cuesta imaginar dónde los puede subir más, seguro que él encuentra la manera. Nada nuevo bajo el sol.

 

 

Una letra para el himno

Yo creo que, antes de intentar ponernos de acuerdo sobre la letra del himno, deberíamos acordar para qué queremos la letra, porque así no vamos a llegar a ninguna parte. Si, desde Zapatero, el concepto de nación es discutible, no digamos el de patria. Hoy oía decir a uno de esos mendrugos demagogos que patriotismo es tener una sanidad de calidad, así que supongo que él y su grupete de tuiteros sólo aceptarían una letra que empezara más o menos así: Mi Estado/un sitio cojonudo/aunque enfermo estás/¡Viva la sanidad!, y estrofas de ese pelo.

Es imposible que los españoles nos pongamos de acuerdo en una letra para el himno. Y menos hoy en día: sería imposible con tanta corrección política. Por supuesto, nada de nombrar a Dios, nada de armas ni episodios militares, aunque hayan sido gloriosos, porque algún muerto habrá habido. Nada de sol, que en el norte se sentirán ninguneados. Nada de montañas, que en La Mancha se ofenderán. Nada de ríos, pues menudos son los murcianos cuando les nombran el agua. Nada del mar, porque tenemos que meter como sea Mediterráneo, Atlántico y Cantábrico, aparte de que la meseta es mucha meseta. Nada de amarillos y rojos, porque también hay verdes, azules y hasta morados. Ni mencionar las comidas, o cualquier costumbre, que lo típico va por barrios. Nada de Europa, que para qué. Nada de antepasados, que entonces hay que meter a las antepasadas. Nada de niños, no sea que los condicionemos. Y eso sin pensar que habría que tratar de que rimara en varias lenguas, y con el eusquera entre ellas no queda más que rendirse.

Por eso creo que lo mejor es decidir antes para qué queremos una letra. En realidad, podemos estar de acuerdo en que sólo la echamos de menos en los acontecimientos deportivos. Y para eso, valdría esta propuesta perfectamente:

Canto esto
que no se ofenda nadie
que esta letra es
sólo para animar

Canta fuerte
que si cantamos algo
el contrario va
y se acojona más.

Vamos, muchachos,
ganad esto ya.
Lo de la prima es
sólo un motivo más.

Piensa en la gente,
los niños, y tal.
Al rival que le den,
no le debemos .

Por supuesto, en vez de muchachos se puede decir muchachas, y si estamos en individuales, pues le damos el tratamiento de vuecencia al deportista, que llegar en solitario tiene mérito de sobra para eso y para más. Y si no es un partido, sino otro tipo de competición, pues lo cambiamos por carrera, o por prueba, y ya está. Creo que tiene todo para ser un éxito: un principio que explica, una continuación recia y con palabrota, una tercera parte muy convincente, y un final emotivo, con frase entre chuleta y cañí incorporada para que no se nos olvide de dónde venimos.

Ni a dónde vamos.

 

Multas cuquis

Me entero por el periódico de que el Ayuntamiento de Madrid ha cambiado el modelo de notificación de multas para que los madrileños (y las madrileñas) lo entendamos. Se ve que lo de “NOTIFICACION DE DENUNCIA E INCOACION DE EXPEDIENTE SANCIONADOR” se nos hace muy cuesta arriba. Hacen bien: eso de incoación no se sabe qué es, aparte de una palabra rarísima, como leguleya, y que da grimilla. Tú lees incoación y te sientes agredido (o agredida, que es mucho más grave). Y luego que el contexto de la frase tampoco ayuda a la comprensión: notificación, denuncia y sancionador, así todo junto en la misma frase, puede llevar a que te confundas y te creas que te están invitando a la fiesta de la Primavera del ayuntamiento, y no, no, no. Eso por no contar que son palabras larguísimas, que en la meseta nos sacas de las bisílabas (casa, perro, niño), y petamos.

modelos multa

 

Así es que aquí tienen el nuevo modelo, que además es en color. Y nada de mayúsculas, porque en el medio escrito indican grito.Ahora, con ese título nuevo no hay duda: Denuncia por infracción de circulación. Punto.
Multa.punto.

Me pregunto si usarán la Comic Sans…

 

Por supuesto, no faltan los pictogramas, porque hay que cubrir el caso de que alguien (o alguna) no comprendamos la palabra teléfono. Y luego lo del 50% de descuento en grandote es realmente una genialidad: no hay ninguna posibilidad de que confundamos la multa con un folleto de Carrefour.

Hacer las cosas agradables no cuesta tanto, en eso yo alabo el gusto al Ayuntamiento. No hay derecho a recibir una multa, abrir el sobre con ese cosquilleo tan inconfundible, esa intriga, esa casi ilusión, y, zas, encontrarte con ese ladrillo en blanco y negro lleno de cláusulas y de mayúsculas. Es que lo ves y te desfondas. Pero la nueva notificación, con los dibujitos y tal, mola. A ver, que no te quita de pagar, pero es super cuqui. Y con ese descuentazo, ya vas mega feliz a pagarla.

En fin, espero con ilusión la próxima multa para correr a leerla.

 

Je ne suis plus Charlie, je suis franquiste

Leía hace unos días a Santiago González citar a Paul Valéry: “La sintaxis es una cuestión moral”. Y tanto. Es una cuestión moral y por lo tanto también puede ser inmoral. Y viendo el panorama actual, el vocabulario se ha convertido en un burdel. Los políticos retuercen las palabras sin ton ni son, las manosean hasta vaciarlas de contenido y las utilizan como fetiches, igual que un santero usa un trozo de greña.

Democracia y libertad apenas significan nada. O significan lo que uno quiera que signifiquen. Hoy oímos mucho decir que democracia es votar, lo que convierte a Franco en un demócrata. Y se reclama la libertad de saltarse la ley cuando a uno no le gusta o conviene, porque para eso está la libertad. Y si se te ocurre decir que no, que eso no es así, entonces te conviertes en franquista, otra palabra fetiche que ya no significa que seas partidario de Franco, sino que le has llevado la contraria a otro que se llama a sí mismo demócrata. Así que, sin remedio, se nos está llenando el país de franquistas cuarenta años después, mira tú qué gracia. Porque hasta ahora lo normal es que a uno lo llamaran fascista, pero va decayendo. Se nos acaba la palabra, como se le rompió el amor a Rocío Jurado, de tanto usarla. Es lo que tiene que en España no seamos todos podemitas: que hay fascistas por doquier. Si los demócratas fueran mayoría se podría meter a los fascistas en la cárcel y aquí paz, o fusilarlos, y después gloria, pero es que con esta puta democracia… vamos, que aquí no se puede ser un demócrata en condiciones.

¿He dicho mayoría? Pues es que con la palabra mayoría también ando despistada. La verdad es que no sé ya muy bien lo que es una mayoría. Sin embargo, tengo muy claro lo que es una minoría: minoría son los que tienen derechos. La mayoría no los tiene, porque como es mayoría, con eso ya lleva bastante. Y luego están los ataques de metonimia demoscópica, o sea, la gente, que siempre lleva razón. O no, pero da igual porque la gente siempre es mayoría. O no, pero da igual porque si es minoría entonces tiene derechos. Y ya mucho más loco que lo de la gente (la hay donde quiera que va), está el pueblo catalán, aunque el pueblo catalán nos da igual que sea mayoría o minoría porque el pueblo catalán es una unidad de destino en lo universal. ¿De qué me suena a mí eso? da igual, luego lo miro.

En cuanto a los derechos, tenemos muchísimos y no hace falta conocerlos para saber que se tienen. Los derechos se nos van cayendo de los bolsillos. Por supuesto, el derecho no tiene nada que ver con las leyes, aunque también hay muchas, así es que será fácil encontrar alguna que nos convenga. Y si no, siempre podemos tirar de lo legítimo: “no es legal, pero es legítimo”, y con eso uno puede hasta romper un par de farolas, legítimamente y en libertad.

En fin, que así andamos en España, llamándonos demócratas o fascistas (o el reneologismo franquista), a bulto, cuando al final y si se fijan, a poco que retorzamos las ideas, podrían significar casi la misma cosa. Pero miren, hoy en día es terrorista hasta un conductor borracho. Y habla un político de los pirómanos y les llama terroristas incendiarios, como si los árboles se pudieran asustar o como si lo que pretendieran los pirómanos es causar terror en vez de quemar el bosque para vete a saber qué fin, si es que tienen alguno. Y también se habla del genocidio machista, que es otra banalización, y que no creo que le haga ningún bien a la causa. Banalizar las palabras y las ideas que portan nunca trae cuenta. No desde luego para la sociedad, que ya no se sabe muy bien lo qué es y que se cita cada vez menos. Probablemente porque ya no nos importa.

 

 

It

– ¿Pero y ese quién es?
– No sé, ni idea.

Y entonces lo investigué. En el origen había una folclórica. La cantante tuvo una hija que con el pasar de los años se echó un novio. Lo dejaron poco tiempo después y él, ya con un par de portadas de revistas amarillas en su haber, se fue con otra que al principio era una completa desconocida, aunque ya menos por la relación con el ex-novio de la hija de la folclórica. La completa desconocida resulta que tiene un hermano que la acompaña desde que se separó sentimentalmente del ex-novio de la hija de la folclórica. Pues bien, el hermano de la ex-novia del ex-novio de la hija de la folclórica es gay y tiene una relación con un chico que al ver que salía por la tele con la ex-novia del ex-novio, saltó a la palestra para reivindicar su amor homosexual (y lo homosexual en general). Pero resulta que anteriormente no había sido muy homosexual, y un ex-compañero suyo del colegio salió a explicarlo con todo lujo de detalles y pruebas, entre las cuales el testimonio de su prima (también sabemos que él es hijo único), que tuvo un lío con el novio ex-gay del hermano gay de la ex-novia del ex-novio de la hija de la folclórica cuando tenían dieciséis años y toda la pandilla del cole se fue de juerga a las fiestas patronales de Navalacruz, momento en el que, además de amarse afanosamente debajo de un camión de cerveza, visualizaron (ella empleó ese verbo, no es idea mía) a Casillas, que estaba con sus amigos. Sin duda ésa y no otra es la razón por la cual, en el reportaje que le estaban haciendo a ese chico, salía de vez en cuando un bucle de imágenes de Casillas y Sara Carbonero a la salida del sanatorio donde tuvieron a Martín, su primer hijo. Sigo aquí, no se me pierdan, que queda un último paso todavía para encontrar a ese chico. La prima ahora, además de instagramer y modelo eventual, es pareja de un empresario del sector de los alicatados (al que hemos podido ver en algún photocall), pero su primer marido, con el que tuvo un niño, es un empresario del sector del reciclaje que el primer día que vio a su hijo pixelado en la tele decidió interponerle a la madre una furiosa demanda. Y en ese momento, más o menos, estábamos.

– ¿Pero y ese quién es?
– Ese es el primer marido de la prima del antiguo compañero de colegio del novio ex-gay del hermano de la ex-novia del ex-novio de la hija de una folclórica. Un reportero audaz le localizó a la salida de los juzgados una fría mañana de enero. Y aunque estamos en octubre, el asunto ha salido a la luz ahora y por eso es de rabiosa actualidad, aunque el tipo aparezca en la tele con bufanda.

Si me quedara algo de memoria les pondría un emoticono, no vayan ustedes a creer que no vivo en el mundo que me toca vivir.

Guardiola, esa víctima

Este fin de semana Pep Guardiola se ha llegado a Barcelona para jugar un partido de viejas glorias del Barça. Y de paso ha ido a un mitin de independentistas para redondear el plan de fin de semana viejuno y melancólico al que se había apuntado.

En el mitin cogió un papelito que le había escrito algún demente subvencionado y dijo cosas como que España es un estado autoritario, que les quitábamos la sanidad y los puertos, y no se cuántas bobadas más. O sea, que somos super malos y que ellos, por su parte, se saltarán la ley porque es lo más super democrático que hay. Todo dicho con su carita de bueno y su aura de líder: aquí una personalitat catalana. Silencio todos que habla el Pep, lo más intelectual que tenemos en este país pequeñito y oprimido.

Yo creo que ya se ha dicho y comentado todo lo que había que decir de este memo respecto al chorreo de imbecilidades que soltó, desde su paso por la Selección Española, mano en escudo y motivación a tope, hasta sus relaciones con Qatar, el reino verdadero de la libertad, la igualdad y la democracia. La hipocresía de este pobre diablo es casi mayor que su cursilería, que ya es decir, y cuando se juntan las dos cosas el ridículo es imparable.

Pobre Pep. Pensará que su  estudiada pose de mesurado, de intelectual, de tipo inteligente y con carisma va a superar esta farsa. Un clavo saca a otro clavo, pues la farsa sobre la farsa, pensará. No sé, pero tengo para mí que le será difícil, después de subirse a una tarima y soltar las mismas gilipolleces que los políticos catalanes. En vez de decir algo original, como se espera de leyendas como él, va y dice las  chorradas que le escribe una panda de inútiles que no tiene en donde caerse muerta. El entrenador de mérito, el adalid del fúpbol de toque sutil, va y se pone a hacer de Macario con unos ventrílocuos perturbados, probablemente los políticos más desprestigiados de toda Europa. Y para colmo ¡con lo mal que visten y la poca class que tienen! El Pep tan fino y ellos tan vulgares, qué despropósito todo.

Qué cagada, tú, ganar un Sexteto y hablar idiomas para acabar con esta gent.

 

El pescuezo de Alonso

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El titular dice “Cuellos de toro en la F1” con el antetítulo: “La mayor velocidad de los coches en 2017 obliga a los pilotos a incrementar el perímetro muscular de sus pescuezos”

¿Pescuezo? Uf, no sé yo.

Pescuezo suena a taberna de barrios bajos con olor a vino agrio y a sudor de borrachos con navaja en la cintura. Pescuezo suena a cadalso rodeado de tricoteuses que abren sus bocas desdentadas para gritar “mátalo”. Pescuezo suena a pescadería, aunque yo creo que es por adherencia fonética, porque pescuezo es lo que se les corta a las gallinas. De pescuezo viene pescozón, que es lo que le da un padre a su hijo cuando llega tarde a casa o cuando dice una mala palabra con el pan en la mesa. Tú dices pescuezo y ves la rebanada que han cortado, o ves al reo en el garrote, o ves al pollo descabezado.

Pescuezo y Fórmula 1 no casan. Vamos, no llegan ni a novios. Pero supongan el apuro del redactor al encabezar el artículo. Ya ha decidido el título. ¿Qué hacer con el antetítulo para no repetir? Terrible problema. Le imagino consultando el diccionario de sinónimos en línea, y también imagino su desolación al encontrar, además de pescuezo, garganta, gollete y cogote. Y sí, son sinónimos, pero no, no me valen, se dirá, y entonces elige la más coloquial, la más brutal, la que describe más y ofende menos, la que pedirá seguir leyendo.

Y sigues leyendo. Y entonces te enteras de que Fernando Alonso tiene un cuello con cuarenta y cinco (45) centímetros de perímetro. ¿Y eso es mucho o es poco? Pues, a ver, el perolo que tengo yo en casa para el cocido le cabe –suponiendo que le pasara de la cabeza, que lo mismo es mucho suponer. Ahora, ya les digo yo que una camisa ajustada de confección no encuentra.

Vuelvo al redactor y me pregunto qué remedio podría encontrar para no repetir la dichosa palabra. Mal asunto. Quizá podría desvelar parte del artículo, diciendo “La mayor velocidad de los coches en 2017 obliga a los pilotos a incrementar la musculatura que sujeta la cabeza para no perderla en una curva”.

Uf, casi mejor pescuezo.

Día de San Valentín

Pues tenemos lo cursi, lo muy cursi, y luego ya San Valentín. Todo lleno de corazones palpitando, de miradas arrobadas, y todo lleno de rosa y de plástico. ¿Que es bonito? Huy sí, precioso. ¡Y tan natural, tan improvisado, tan tan discreto!

– ¿Es que nunca has estado enamorada?
– ¿Y qué tiene que ver el amor con la cursilería?

En general me aburren mucho las celebraciones programadas, no digamos si además van acompañadas de deseos obligatorios. En ese capítulo meto la Nochebuena y el fin de año, aunque las dejo pasar casi casi por solidaridad familiar. Y porque guardan un cierto sabor a infancia, un tono de nostalgia que tiene su aquel. Y aunque a veces se pone la cosa muy cursi en la tele, luego programan Qué bello es vivir y se nos pasan todos los males. Sin embargo es oir San Valentín y la única película que se me viene a la cabeza es la de El día de los enamorados y, junto con el soniquete de la canción, ya sólo veo a Conchita Velasco y a Antonio Casal discutiendo en la puerta de una zapatería.

Esto de San Valentín no es nuevo, ni siquiera como alibí comercial. Y sin embargo, vivimos en una época de “oversharing” (eso que mi querida MG le llama a la indiscreción) que, mezclado con las redes sociales, o tal vez como consecuencia de ellas, hacen que te encuentres en tu teléfono una promesa de amor al mismo nivel que la foto de unas patatas con costillas. Muchos corazones y un “P. ¡¡¡¡FELICIDADES, TE QUIEROOOOOO!!!” y muchos emoticonos de corazones que te dejan, como mínimo, pensativa. ¿Y quién será P.?, te preguntas. ¿Puri? ¿Palo? ¿Pili? ¿Pamela? ¿¿Paladia?? Yo pienso que un tuit de este tipo quiere ir dirigido a una tal Perpetua, una vez que hemos descartado que se llame Prudencia y con la seguridad de que debería llamarse Piedad. Buf.

Claro que no tiene nada de malo un día como hoy, salvo el tono rosa, los corazoncitos everywhere y la gente pelma, aunque éstos son igual de insufribles el día de Santo Toribio. Pero precisamente porque los enamorados hacen muchas tonterías (y eso es muy divertido cuando se vive y cuando se aprecia), programar esta celebración, fijarla en un día preciso, y provocar tanto exhibicionismo impostado me resulta innecesario. Y bastante aburrido.

San Valentín también se llama a la matanza que ordenó Al Capone en Chicago en los años 30. Vaya día que eligió para demostrar cariño. Si se llega a esperar unas horas se habría llamado La matanza de San Claudio, y no hubiera emborronado un día tan romántico, tan bonito, tan evocador, tan natural, tan improvisado, tan original, tan discreto…

 

Trump a trumpicones

trump-firmandoTodo eran risas hasta que Trump ganó las elecciones. Ahora todo son sobresaltos (¿trumpicones?) y me parece que algo de histerismo también, aunque creo que buena parte de ese histerismo lo pone él solo, con su mise en scene un poco rollo pistolero del Oeste. Claro que, en vez de sacarte un Colt 45 o una Winchester, el tipo agarra un boli y, zas, firma una orden. Raca, raca, raca, estampa esa firma llena de picos, que parece un sismógrafo al pie del Krakatoa, y cuando termina te enseña el papel. Ahí queda eso. Sólo le falta hacernos un corte de mangas.

En fin, esa firma también podría ser un peine, por la cara que pone de que nos vamos a enterar de lo que vale uno. Sí, ya sé, ya sé que no hay que tomarse a broma a estos tipos, aunque todo este teatro mueve un poco a la risa y a ratos a la compasión. Yo creo que da un poco igual lo que firme: aunque disponga la cosa más sensata del mundo -todo es posible en esta vida, amigos-, el pollo se lo van a montar igual. Porque Trump sin gorileo no tiene interés, y a las televisiones se les acabaría el tema del día y tendrían que seguir hablando del frío diez minutos más en cada telediario. Quiten a Trump ese aspecto de marciano albino y esas maneras de borracho de bar de pueblo, hagan abstracción y díganme: ¿hará realmente algo que no haya intentado o hecho ya otros presidentes de Estados Unidos? Lo dudo.

Sí, las formas lo son todo en política y este hombre no parece confiar en ellas. O sí, aunque igual no ha comprendido que no se usan las mismas en el mundo del que viene que en el mundo en el que está. Alguien debería decirle que para ponerse fino hace falta algo más que hacer el gesto con la mano como si estuviera cogiendo una tacita de porcelana, mimimimí. Porque luego va, abre la boca, y bonjour le déluge. Que una cosa es combatir la langue de bois y la hipercorrección política, y otra que nos cuente sus ideas a trompicones y sin que medie un poco de anestesia.

A mí lo que realmente me preocupa de este hombre es que crea que el mundo se arregla en un par de minutos con una firma. Aunque sea una firma tan enérgica, una firma de rompe y rasga, una firma desaforada, una firma de toma geroma pastillas de goma. Una firma como a trompicones. Eso desde luego es mucho creer. Mucho. Menos mal que América es un gran país.

Las aguas volverán a su cauce. In God we trust.

 

Montoro, el guerrero anti gorduras

Ahora les ha tocado el turno a los gordos. Usted está gordo porque quiere, sin más. Esos michelines son inaceptables y pueden provocarle cualquier síncope. ¿Ha pensado usted en su salud? Claro que no. Pero no se preocupe, que aquí estoy yo, el Estado protector sabedor de todas las cosas. Le voy a poner una tasa a las bebidas azucaradas que se va a cagar la perra, a ver si con eso deja ya de meterle mano a las cocacolas, que además de engordar le provocan unos gases que parece usted un zepellin.

¿Y para cuándo un impuesto serio y contundente a las galletas María? Las galletas María son el mal, y si le da una a su hijo, su hijo morirá. Lo mismo tarda 90 años, pero morirá.

Me parece a mí que con esto de las bebidas azucaradas el gobierno ha abierto un filón. Me imagino a Montoro, ese psicópata, frotándose las manos y enviando sicarios a los supermercados a mirar las etiquetas de todos los productos. Se viene una cascada de impuestos contra la gordura en bollerías, patatas fritas y hasta las latas de fabada. El Litoral tiembla y la Gallina blanca está a punto de ser desplumada. Cuando terminen con los productos manufacturados, entonces seguirán con los mercados: ese tocino que luego echa al cocido, o esa plátano que se va usted a comer de postre, madre mía, lo que engordan.

Y también hay que poner coto a las empresas, y ahí Montoro no ha estado fino. ¿Qué es eso de dar una cesta de Navidad llena de chorizos, almendritas, botellas de vino y turrones al empleado? El Estado que dice cuidarnos ¿no va a imponer una tasa de, no sé, 500 euros por cada cesta repartida? Es inaceptable. Estos empresarios irresponsables que primero nos matan a trabajar y luego nos dan una cesta que nos engorda para que muramos poco a poco de gordura, cuánta indignidad.

Por no hablar de otras costumbres fatales para nuestra salud y que sin duda engordan una barbaridad. Los ayuntamientos deberían poner un lector de tarjetas de crédito en los bancos públicos, para que no nos sentáramos, que ya se sabe que estar sentado engorda. Una tasa especial para edredones, colchones y almohadas sería muy de desear. En cuanto a evitar que nos echemos una buena siesta, pienso que una alarma que sonara en las ciudades entre las 3 y las 5 de la tarde los fines de semana sería lo más eficaz, aunque el gobierno también puede gravar los sillones con un 40% de ISP, el nuevo Impuesto de la Siesta Probable.

Yo creo que este gobierno se ha quedado corto. Comprendo que no pueden estar en todo, pero hay riesgos inaceptables. Vivir es uno de ellos, seguido del riesgo de que te mueras. Sí, sí, morirse es un riesgo, no una certeza. Morirse es, si atendemos a la presión fiscal, una mala gestión del riesgo de vivir y una consecuencia de que no te cobren suficientes impuestos para evitarlo. ¿Que no?