La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco

la-tierra-que-pisamosJesús Carrasco nos habla, como lo hacía en su primera novela, Intemperie, de la hostilidad de la tierra, de su dureza, de su crueldad. Pero si en Intemperie era la tierra misma, era el campo reseco y estéril el que tomaba el protagonismo, en esta nueva novela nos habla de una tierra paciente e inanimada que acoge la violencia elaborada por los hombres y que conserva las raíces a pesar de que un invasor se afane por aplastarlas.

La tierra que pisamos es una fabulación, una historia inventada, una novela de ficción histórica, un qué hubiera pasado si, una ucronía. En la novela, un imperio tiránico que se parece mucho a Alemania — aunque no se cita el país — , ha invadido España y la ha anexionado como parte del imperio. Las tierras sometidas son sistemáticamente expoliadas en beneficio de una raza, una patria, una nación superior que no duda en construir su hegemonía sobre la sangre y el dolor de los otros, de los conquistados.

Eva Holman es una mujer de la clase dirigente del imperio que vive su retiro en un pueblo de Extremadura junto a su marido, un militar de alta graduación entrado en la vejez y la demencia. Un buen día encuentra en su jardín a un hombre extraño, un mendigo, un indígena que no habla, ni pide, ni mira ni atiende. Y Eva nos cuenta cómo ese hombre, convertido en un guiñapo, le hará cambiar su percepción de sí misma, del imperio al que pertenece, y le hará comprender el horror de sus propias certezas. Porque esas certezas no incluían las penalidades y el trato cruel e inhumano de los campos de trabajo, no incluía la bestialidad del exterminio de pueblos enteros.

«Jamás pensé entonces que tendría que vivir un momento como este. Asistir a la voladura de mis propias certezas, que no eran muchas, pero sí firmes […] Y la patria, aquel sustento, con sus mitos y sus heroicos próceres. Pura morfina para separarnos de los otros, que también son hombres, cuyo sometimiento me resquebraja. Me dejo caer cuando entiendo que solo el dolor nos hermana. El peso de mi conciencia, mi humanidad, me invitan a retorcerme junto a ellos sobre la fresca yerba».

No hay nada en la fabulación de Jesús Carrasco que no hayamos leído ya referido a los campos nazis o soviéticos. Sabemos que lo que cuenta está imaginado porque España no ha sido invadida en el siglo XX, pero entendemos la verosimilitud del relato porque sabemos que eso sí ha pasado, aunque en la piel de otros que no eran españoles sino húngaros, checos, polacos, o simplemente judíos o gitanos sin importar la nacionalidad. La descripción de las crueldades, los pasajes horribles por los que Carrasco nos hace transitar son conocidos y, precisamente porque sabemos que no son una invención, no dejan de estremecer. Sin embargo, creo que lo que hace especial a esta novela es la perplejidad de Eva, primero hacia el hombre que tiene en su jardín y luego hacia su propia vida y su propia sociedad y cultura. El punto de vista del que está en el bando de los verdugos no es el más fácil de narrar, pero, sin duda, es muy interesante.

«…el misterio que creía ver en él, con el que trataba de justificar ante mí mi propio comportamiento, era otro engaño. No había más misterio que la culpa: la de saber que había levantado mi casa sobre la sangre de los suyos. La de haberme envuelto en la bandera de la tradición, el Imperio y la religión para participar en este expolio».

Si Intemperie me dejó fascinada, esta segunda novela no me ha defraudado. Creo que estamos delante de un magnífico escritor, un autor que escribe pulcro, preciso y sonoro y que no se olvida de narrar; que sabe usar las imágenes y te deja ver los sentidos; que respeta al lector y le deja pensar; que fabrica personajes y pone en su boca bonitas palabras sin que parezcan afectados. En el debe, tal vez la mala edición nos priva de algunos acentos, y un buen corrector nos hubiera podido ahorrar algunos leísmos. Pero bueno, Delibes también era leísta, y la propia Academia permite olvidarse de ciertas tildes, aunque a mí me resulte muy irritante.

Si les gusta la buena literatura, lean a este autor. Es una orden.

Este post ha sido publicado anteriormente en El Buscalibros (www.buscalibros.com)

Schiaparelli en Marte

crater-schiaparelliPasado mañana llega a Marte la primera misión europea, lo que permite al ABC el campanudo titular de “Europa desembarca en Marte”. Ya era hora de ir para allá, hombre, porque al parecer ya ha habido más de 40 misiones a ese planeta, además de otros proyectos entre los que se cuenta el famoso programa holandés Mars One, que proponía una misión de ida sin vuelta del que les hablé a ustedes allá por 2013 (aquí).

La misión tiene dos objetivos: el primero es averiguar cuánto y por qué hay tanto metano en la atmósfera marciana y el segundo es comprobar, sin ningún género de dudas, si hay vida allí. Esto último me parece prudente y hasta higiénico, porque ya está en marcha la misión de 2020 que consiste en enviar un artefacto que recogerá muestras y se las traerá de vuelta a la Tierra. Y marcianos con piernas no se han avistado, pero nadie hoy puede garantizar que no haya algún bicho microscópico por ahí escondido que se cuele en la misión de 2020 y venga a colonizarnos inesperadamente. Que se traigan un alien sin querer, vaya. Y no sé si han visto la película de Ridley Scott: miren, yo sí, y no me apetece nada que nos hagamos un Teniente Ripley colectivo.

Como toda misión europea, cada país ha puesto algo de su parte. España, por lo que leo, ha aportado una estructura deformable que sirve para amortiguar el previsible castañazo que se va a pegar el módulo que va a aterrizar allí. No sé yo, no me parece que los españoles seamos muy buenos en esto de evitar castañazos, pero, en todo caso, creo que es una aportación muy útil. Eso sí, lucida no es, porque el éxito consiste en que no pase nada, y normalmente las flores se las lleva aquel que consigue que pase algo, aunque sea después de que no pase nada. No sé si me siguen. La cuestión es que la nave en cuyas posaderas se asienta la ingeniería española se llama Schiaparelli. Así que no pregunten quién ha puesto el módulo. O sí, pregúntenselo y, si lo averiguan, me lo dicen. De momento los italianos han puesto el nombre, lo que demuestra su enorme capacidad para avistar el reconocimiento. En este caso, el de la superficie marciana. Claro, que se podría esperar que los europeos hubieran elegido el nombre de algún francés, aunque sólo fuera por que dejaran de dar la lata -que seguro que la habrán dado- pero entiendo que no hay por qué preocuparse: la Grandeur se habrá reservado el nombre del artefacto que volverá de allí en 2020. En cuanto a los alemanes, seguramente no se han postulado para bautizar nada, si bien me malicio que el resto de la peña les reserva ese honor en caso de que aparezca el temido microbio marciano. Europa, o sea.

¿Y quién era Schiaparelli? Pues como yo no lo sabía (perdónenme esto y no haber leído a Bob Dylan), me he ido a la Wiki y he encontrado dos entradas que hacen referencia a dos personas: Giovanni y Elsa. El primero era un astrónomo y la segunda era una diseñadora de moda, sobrina del anterior.

Ecco!

PS: Schiaparelli da tambien nombre a un hemisferio en Marte y al cráter que ilustra esta entrada. De nada.

 

Things have changed

Y tanto que las cosas han cambiado. Y más que deberían cambiar. Sin ir más lejos, este año el Nobel de Literatura debería haberse llamado el Nobel de las letras.

Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016, a falta de otro que nos dé la paliza con la escritura.

En el entretanto, disfruten con su música.

 

Día del Pilar en casa

Hoy es 12 de octubre, día del Pilar, de la Hispanidad, la Fiesta nacional en la que conmemoramos el descubrimiento de América y, sobre todo, sobre todo, día de comer tarta en no pocas casas. Pues sí, porque Pilar es un nombre bastante común -y bonito, para mi gusto-, y también muy celebrado en muchas familias. El santo de las pilares es, como el de las cármenes y las inmaculadas, una festividad de la que te avisan en el telediario. Y eso mola, se lo digo yo que lo vivo cada 16 de julio.

En mi casa tenemos una Pilar, mi tía Pilar. ¿Quién no tiene una tía Pilar, a ver? Seguro que muchos de ustedes tienen una, pero ninguno tendrá una como la mía. Mi tía Pili es estupenda y no es pasión de sobrina. Es un hecho objetivo, factual, comprobado e irrefutable. Y además, es algo que no digo yo sola (y el resto de sus sobrinos), no: esto es algo que dice todo el mundo. Así es que además de un dato empírico, es democrático. Mi tía Pilar es un amor.

Siempre de buen humor, siempre mirando optimista a su alrededor, siempre poniendole al mal tiempo buena cara. Incluso en esos momentos muy duros que la vida le ha obligado a vivir, como nos obliga a todos. Su diferencia es que deja que esos momentos sean momentos que pasan. Lo que los modernos llaman resiliencia, eso es. Y cuando vuelve a su estado natural entonces te hará reir, porque otra cosa no tendrá, pero reirte con ella te ríes un rato. En eso ha sacado la gracia que tenía mi abuelo y que consiste en soltar paridas sobre las cosas más solemnes y en tener un radar especial para detectar situaciones falsamente dramáticas, y tomárselas a cachondeo.

Además de esto, tiene una memoria prodigiosa, lo que le permite disponer de una buena cultura y una mejor capacidad para saber dónde coño vive aquel vecino, además de llevar una especie de enciclopedia en la cabeza. Hace unos días estuvimos en Sevilla y contratamos a una guía para los Alcázares y la Catedral. La mujer seguía la técnica de hacer preguntas antes de contarnos algún detalle de historia o de arte, hasta que desistió porque mi tía le chafaba cualquier intento de intriga. Cualquier asunto cotidiano puede convertirse en un juego, y ella siempre, siempre, acepta jugar.

Posee lo que llama un buen carácter, y es una de esas personas con las que uno convive sin dificultad a pesar de su desorden y de esa tendencia suya a seguir el vuelo de una mosca, una leve inconstancia que le hace llegar tarde a casi todas partes (menos a la ópera), pero que uno perdona porque cuando por fin aparece, trae la alegría para repartirla. Y eso, amigos, merece la pena dejarse esperar.

tia-pilar-unmundoparacurraDejo para el final su físico. Sí, muy guapa. También ahora, a sus respetables 72, que lleva como una estupenda sesentona. Y que conste que eso también es un hecho objetivo.

Feliz día del Pilar. Y no me tengan mucha envidia, porque no les servirá de nada. Quiero decir que a mi tía Pilar y a mí nos dará exactamente lo mismo.

Ea.