Rufo

IMG_0781Hace casi dieciocho años, una mañana que bajaba mi tía a la playa, vio un cachorro de gato abandonado en un alcorque. Supongo que no sería la primera persona que pasó por allí aquella mañana, pero sí fue la primera persona a la que se le rompió el corazón al verlo. El pobre gatillo estaba sucio, desnutrido, con sed y hambre, tan pequeño que las dos cosas se calmarían con un poquito de leche. Lo envolvió con cuidado en una toalla, se lo llevó a casa y dejó la playa para otro momento.

Un día después lo llevaron al veterinario. El pobre gato tenía una infección en los ojitos, y además respiraba con mucha dificultad. Por entonces imaginaban que, antes de acabar el verano, el gato se marcharía a vivir su vida, libremente y por su cuenta (por esos alrededores hay más gatos que vecinos), pero mientras anduviera por la casa, el gato debía estar cuidado, limpio y sano. Así que el gatito, después de la prescripción veterinaria y a base de cuencos de leche y comida rica, se fue curando poco a poco. Y de paso, mientras volvía a la vida, le servía de distracción a mi abuelo, que ya no bajaba a la playa y que se sentaba las horas muertas en el jardín a jugar con él y a esconderle el bastón, y a hablarle de lo divino y de lo humano, casi 90 años de vida que contarle a un gato con las orejas limpias y relucientes, porque así se las dejaba todos los días mi abuela.

Mediado agosto, mi madre se fue con mi tía Pilar hacia Murcia, porque las noticias que llegaban sobre el estado de salud de mi abuelo eran preocupantes. Nos llamó al llegar y mis hermanas y yo salimos hacia allá al día siguiente. Aquella misma noche mi abuelo falleció.

Se organizó con rapidez el traslado del cuerpo de mi abuelo en un furgón a Madrid. Mi abuela, mis tías y mi madre cogieron un avión de vuelta, y mis hermanas y yo nos quedamos a cerrar la casa detenidamente, como se cierran las casas que no sabes cuándo se volverán a abrir. Y por allí apareció el gatillo, que venía de darse un garbeo tal vez buscando a aquel señor del bastón. ¿Qué hacemos con el gato?, preguntó mi hermana mediana. Llevárnoslo, dijo mi hermana mayor, este gato no se queda aquí porque hizo feliz al abuelo en sus últimos días. No hubo discusión, esa es la verdad y a Madrid que nos trajimos al gato, en los brazos de mi hermana, envuelto en una toalla y sin saber muy bien quién de la familia se quedaría con él. Y se lo quedó mi abuela, naturalmente.

El murcianico, lo llamaba mi tía Maruja, su salvadora. Pero necesitaba un nombre, y mi abuela le pidió prestado a mi hermana mayor el nombre de Rufo, que así se había llamado un siamés suyo precioso y cariñosísimo. Rufo pues, aunque también era el gato, sin más y por ser gato único; Mici a veces, cuando a nadie le salía el nombre, el gatuchi cuando preguntábamos por él, y Garfield en su buena época de gato orondo.

Ha vivido feliz y ha vivido mucho, casi18 años sin apenas enfermedades. Se llevaba bien con todos, y era un gato amable y cariñoso. También con el mundo animal de la familia, aunque con mi gato Benito, que aún vivía cuando él llegó, intentó llevarse bien con unos resultados malísimos que no quisimos volver a repetir. En cuanto a Curra, primero preferían no encontrarse, y luego aprendieron con el tiempo a ignorarse, hasta el punto de cruzarse por el pasillo y parecer invisibles el uno para el otro.

Sin duda era un superviviente. Sólo así se explican los 18 años de vida resistiendo los fregotes que le pegaba mi abuela cada día y las carreras que, unos años después, le daba la loca de Wilma, con la que nunca tuvo un mal gesto ni un mal arañazo, y a la que dejaba pacientemente que le llevara del cuello o de una oreja por el pasillo sin emitir un maullido. Para qué, diría, mejor que piense que ya estoy muerto.

Bromeábamos con su edad y con su capacidad de resistencia. Le subíamos al poblachón y allí revivía, para mí que era por el oxígeno. Se tumbaba en la terraza al sol, y era inexplicable que no echara humo, y sólo se levantaba para ir a incordiar a alguna lagartija. A veces, si estaba profundamente dormido, alguien decía “tocad a ese gato, que igual ha muerto”. Mi sobrino decía con mucho humor negro que olía a tierra, y yo le decía a mi tía que cualquier día se lo encontraría boca arriba al llegar a casa. Bromas que incluían la previsión de que nos enterraría a todos, porque la realidad es que nos habíamos creído que Rufo era inmortal.

Como todos los animales, y más los gatos, él decidió cuándo quería cerrar la persiana. Cada vez fue comiendo menos y se fue convirtiendo en una pasita, un pellejo que recubría los huesos. Hasta que el fin de semana pasado decidió no comer más. Tuvo el privilegio de una vida feliz y regalada de 18 años. A ese privilegio se le ha añadido el que se reserva a los animales que son bien amados: dejarles que mueran mientras están dormidos.

Ha llegado el 2018

Desde 2010 llevo dando la tabarra en este blog. Así es que hoy entro en el octavo año de tabarra. Una tabarra cada vez menos rigurosa: en este último año sólo he escrito 50 post. Parecía que en 2016 hubiera tocado fondo, con 68 entradas escritas, pero se ve que siempre se puede escarbar.

¿Pasará lo mismo en 2018? ¿Seguirán menguando las actualizaciones o conseguiré perseverar en los buenos propósitos de escribir más a menudo? Quién sabe.

Tal vez si existiera el futuro, concreta e individualmente, como algo que un cerebro superior pudiera discernir, el pasado no sería tan seductor: sus exigencias estarían equilibradas por las del futuro. Entonces las personas podrían sentarse a horcajadas en el centro del balancín cuando examinaran este o aquel objeto. A lo mejor sería divertido.

Pero el futuro carece de semejante realidad (como la poseen el pasado que nos representamos mentalmente o el presente que percibimos); el futuro no es más que una figura retórica, un espectro del pensamiento.

Nabokov, Cosas transparentes

Que tengan ustedes un feliz 2018.

 

Por qué escribo

Lo hago por ti.

Si no fuera por ti me bastaría la intimidad de mis pensamientos, que me devuelven imágenes y convocan palabras.

Si no fuera por ti me conformaría con dejar que el suceso tallara la frase y la dejara después imprimirse en la memoria, igual que se graba una huella en la arena que luego el mar borra enseguida.

Si no fuera por ti dejaría que la imaginación seleccionara qué guardar para evocar más tarde, y que su capricho decidiera qué vivencias se volverían reales y qué otras se esconderían entre las telarañas del olvido.

Yo escribo por ti, aunque no sé quién eres. Y cuando lees lo que escribo, yo sólo quiero que sigas leyendo, que llegues al final y que rías como río yo, que veas lo que yo veo y que imagines lo que yo he imaginado.

Te parecerá que escribir es un acto de generosidad, pero no da para tanto. El lector es imprescindible para calmar la pulsión de vanidad que habita en el que escribe. Tú eres como una fortaleza que hay que conquistar con armas tan pacíficas como la palabra y el ingenio, y tu rendición me libera de la pereza de empezar, del trabajo de seguir y del tormento de encontrar el punto final.

Escribo para ti porque eso es lo que me hace sobreponerme a la hoja en blanco y me redime de su tortura. La angustia de no encontrar la palabra, de no hilar la frase, de no saber ordenar las ideas son un naufragio de textos malogrados que invocan la desilusión y el desengaño, el fracaso del barco que no he sido capaz de escribir. Pero todo eso pasa y queda la diversión de la escritura, el recreo de las palabras que juegan al escondite con la imaginación.

Cuando se ama la escritura, cuando uno para distraerse se pasa la tarde volando la pluma, es porque imagina un lector, aunque sólo exista en su delirio. Porque si escribir es un placer, que te lean es una fiesta.

 

Unas flores para Ana

No sé si lo sabes, pero yo no soy buena recordando fechas. No recuerdo casi ninguna, que es lo mismo que decir que se me olvidan casi todas. Pero yo sí lo sé y por eso me digo que debería inventarme trucos para recordar. Y luego no me invento el truco porque me digo que, si me importa, seré capaz de acordarme. Y vuelta a empezar: no sé si lo sabes, pero yo no soy buena recordando fechas.

Y anoche muy de noche me recordaron que la fecha era hoy. Ay, hoy. Y aquí me tienes, nominándome para ser la última porque estoy segura de no ser la primera. Aquí me tienes, en este rito de paso. Tarde, pero me tienes, que hoy todavía es hoy.

Tal vez debería dedicar un párrafo a las palabras bonitas, a las frases de halago, a las alabanzas que ya me han pisado los que han madrugado, los que han recordado, los que han llegado a tiempo. O tal vez debería contar alguna anécdota divertida, o recordar cómo nos conocimos, o lo primero que pensé al oirte. Y me digo que la verdad es sencilla y el respeto palpable, y que recitar una sucesión de cualidades no las harían más visibles aunque yo fuera capaz de escribirlas sin echar más azúcar de la necesaria.

Tal vez debería mencionar la mesura, la calma, la discreción; esa apariencia de frialdad que no es otra cosa que sensatez y prudencia. Tal vez debería recordar ahora que nunca dices una palabra de más, pero tampoco de menos, porque lo cortés no quita lo valiente. Y releo, y tacho, y vuelvo a escribir sobre el afecto y sobre el cariño. Y borro definitivamente: si hay moderación, hay moderación.

Qué sé yo lo que podría escribir detrás de otro tal vez. ¿Tal vez que ninguna de las dos somos muy buenas demostrando en público ciertas emociones?

Felicidades, pues, y lo dejo aquí. O no, espera: ¡Estás estupenda!

Flores para Ana

 

No sé ni cómo me aguantan

Les enseñaré el ombligo. Aunque sólo sea por aquellos lectores que siguen entrando en este blog a leer algo nuevo y que tal vez se molestan por ver que no actualizo, pero no lo dicen. Gracias, gracias. No sé cómo me aguantan.

Pero es que resulta que he recuperado una afición un poco abandonada que me lleva mucho tiempo. Esa otra afición es la fotografía, algo que me divierte mucho, casi tanto como escribir, y para lo que tengo el mismo talento, o sea, poco. Pero lo bueno de tener poco talento es que se puede aprender y mejorar, y eso, cuando lo haces practicando cosas que te gusta hacer, es muy divertido.

P10100451Mi primera cámara digamos seria fue una Minolta que me regaló mi cuñado, allá por el año 94 ó 95, todavía en uso y que conservo como oro en paño. Una reflex que me acompañó muchos años, cuando las fotos se hacían con carrete. El carrete, qué tiempos. Una angustia pensar que se acababan las fotos y no tenías otro de recambio, que te lo habías dejado en el hotel, y había que buscar una tienda para comprar uno, y en las tiendas de turistas que te encontrabas perdidas por esos mundos de Dios, a lo mejor en medio de un pueblecito en Guatemala, tú sospechabas que aquello debía de estar pasado y que a saber cómo salía aquello, pero qué le ibas a hacer.

En mis viajes hacía un máximo de tres carretes de 36, no me permitía más. Entonces las fotos se revelaban y era caro. Bueno, era caro como ahora pero ahora no se sabe porque no se gasta en eso. Y descubrir las fotos cuando ya no se podía repetir… En fin, era otro mundo, no tengo dudas. Pero para mí lo bonito de hacer fotos es hacerlas y no tanto verlas luego, igual que lo bonito de la escritura es escribir, no leerse después. Mirar, ver, encuadrar y disparar, eso es lo chulo, y eso sigue siendo igual. Y es verdad que la fotografía digital le ha hecho perder cierto encanto, pero a cambio se puede retocar la foto, y lo poco que se revela es mejor.

El caso, y vuelvo al principio del post, es que yo había empezado el año muy rumbosa, y sin llegar a los 20 post de media que escribía antes, sí estaba actualizando el blog un poco más. Pero el año pasado, por mi cumpleaños, unas amigas me hicieron un regalo fabuloso: un curso de fotografía en un centro especializado estupendo que hay en Madrid “para que retomara la afición y le dedicara tiempo, es una orden“, si bien en la dedicatoria me escribieron otro encargo mucho más bonito (pero eso son intimidades que no vienen al caso).

Y en esto he estado estas últimas semanas, tratando de comprender la luz, además de viajando un poco y trabajando un mucho, y sin tiempo de leer, ya no digamos de escribir. Ya se me había olvidado que la fotografía es una afición que consume mucho tiempo. Y hoy entraba yo aquí en realidad para hablar de otra cosa que tenía en la cabeza, pero al ver sus visitas he pensado que les debía algo. Ey voilà este post tan incoherente.

Mañana más.

PD: Mis disculpas para los lectores que reciben los post por correo o lo leen a través de los feeds, porque he publicado el post por error antes de terminarlo.

 

Buscadores decepcionados IV

Hace más de un año que no hago una entrada sobre los buscadores decepcionados, ya saben, esas personas que van buscando algo en internet y que por culpa de los misterios insondables que esconden los algoritmos de Google acaban en este humilde blog, aunque a veces ni siquiera los algoritmos pueden explicar lo inexplicable.

Para encontrar cosas raras normalmente conviene ir a los términos de búsqueda que sólo aparecen una vez. La mayoría de la gente que llega lo hace buscando directamente un mundo para curra o variaciones. Y sin embargo, es curioso que el peinado de Callejón (el futbolista), aparece en 158 ocasiones. Y si sumamos todas sus variantes, puede llegar fácilmente a las 600 búsquedas. A ver: lo que me parece chocante no es que lleguen aquí, sino que tanta gente lo busque, con lo horroroso que es ese peinado.

El fútbol y los nombres de los futbolistas aparecen en muchas ocasiones, incluso acompañados de algún que otro insulto, aunque la palma se la lleva el que llegó aquí buscando carem benzema autor francés y su arquitecturaen platillos. Para mí que era el abogado del Real Madrid antes de una rueda de prensa de Florentino. Así vamos los madridistas, que no ganamos para sustos.

Hay muchos buscadores que esperan encontrar en este blog una especie de oráculo del Whatsapp. Incluso principiantes, como por ejemplo el que llegó buscando el whapatt de un hombre fiel. La cosa está como para poner una escuela, porque no faltarían  profesores muy avanzados, por ejemplo el que andaba buscando imagenes de cadenas para whatsapp de que parte de la ropa me quitarias. Supongo que buscaba alumnos el que llegó a través de dummie de los Whatsapp, así es que lo mejor es dejarlo en un curso básico: Lección 1,  La cosa empieza por like y te lo digo por chat; lección 2, like & te digo que me gusta de ti ;p y Lección 3 y última: like y te publico – tonteras.

No puede faltar el capítulo de animales, y estoy pensando muy seriamente poner en la barra lateral el enlace al National Geografic. Sobre buhos hay muchas, y alguien se pregunta por un buho que curra, sin que se me ocurra qué profesión debo atribuir al búho, aunque aprovecho para aclarar que Curra es un PERRO, y que aquí no hay ninguna oveja curra, gallina curra, curra cabra o saltamontes curra (?!), ni sé cuál puede ser el nombre científico de las hormigas curras. También hay quien busca cocodrilo manco y luego precisa: cocodrilo manco porvenir. Yo no tengo respuesta pero desde luego no me haría muchas ilusiones con el porvenir del pobre bicho. También está el que venía buscando diferencias entre mono y mona, al que pondré un enlace especial a la página de Barrio Sésamo.

Estos buscadores en el fondo me dan algo de penina, porque hay veces que tienes la certeza de que nunca encontrarán lo que buscan, ni aquí ni en ningún sitio. De este tipo son Porunhep, o kom ombo, o loloew enbragsd (para mí que busca bragas de Loewe, pero mira, que lo escriba como Dios manda) y aogeo porigeo, que me hace pensar en la que se me viene encima después de la entrada sobre orbitar que hice el otro día.

De libros hay una barbaridad de búsquedas, y por regla general bien escritas y respetando la ortografía, no como el de Loewe. Uno ha llegado con milam kundera la despedida despertador y deduzco que le aburrió el libro; otro escribe no entiendo el libro de Joyland, y no me explico qué es lo que no ha entendido; y luego los que creen que esto es un consultorio, tipo novelas cortas para que mi hijo haga un librito en la escuela, a quien supongo que habré decepcionado mucho.

En el capítulo de miscelánea, están magenes de todo aquel q habla de manzana se la kiere comer, que no sé lo que le pasa; fots de tren de hersshey, que no sé dónde quiere llegar; dor de dedo gordo del pie dedecho de la bada, que debe de tener un catarro de campeonato; quiero poner un moño negro en facebook, que no sé a qué espera; umagenes de cuando vas en un avin, que debe de ser primo hermano del de hersshey y senoras haciendo pis empinadas, que definitivamente no comprendo cómo ha podido llegar a este blog.

Curioso también que han llegado tecleando yo soy Charlie, y poniendo yo no soy Charlie. ¿Alguien duda de qué lado estoy?

Terminaré con una búsqueda que me ha encantado: el amor es como la wifi. Pues sí, amigos. Y por eso estoy yo aquí.

Sigan buscando.

900 post

curra-portada-postEl martes pasado publiqué el post número 900. O sea, que el que están leyendo ahora hace el número 901. Iba a escribir sobre otra cosa, pero al entrar en el escritorio y pulsar para nueva entrada he visto el número redondo. Redondo y extraordinario.

Madre mía, 900 entradas. Cuando hice 500, allá en diciembre de 2012, lo celebré haciendo una selección de post cortitos y terminaba diciendo que “a por los mil”. Y luego se te olvida, porque alcanzar esa cifra no es un reto, ni un objetivo. Llegas, te sientas y empiezas a escribir, sin más y sin pensar si llevas mucho o poco. ¿Cuánto es mucho o poco? Por ahí tengo escrito que este blog no tiene objetivos, porque entonces deja de ser lo que es: un descanso, una escapatoria, una afición, una forma de olvidarme del día. O de crear, o de divertirme, o sólo de distraerme.

– ¿Tienes un blog? ¿Y de qué es?

Y siempre respondo lo mismo: de lo primero que se me ocurre. Podría decir que de tonterías, pero yo me cuido mucho de calificar lo que hago de tonterías, porque, como nos enseñó la madre de Forrest Gump, tonto es el que hace tonterías. Y tener un blog no es ninguna tontería, o no me lo parece a mí. Tener un blog es algo al alcance de muy pocos, aunque esté al alcance de todo el mundo. Y todos ustedes seguro que me entienden, tanto si tienen un blog como si no.

Hay épocas. Temporadas en las que se te ocurren millones de cosas que contar, aunque luego no las cuentes, y otros momentos en los que te sientas aquí delante con la mente en blanco, a juego con la pantalla, y te cuesta la vida actualizar el blog con algo medio decente. Es verdad que se pierde frescura y se gana técnica y no sé yo si eso es una buena noticia. Me temo que no.

Se pierde algo de magia. Alguna vez he pensado en abrir otro blog y empezar de nuevo, con otra identidad. Pero no estoy segura que recuperara las sensaciones de los primeros 200 post, ni creo que repitiera las mismas historias. No sé quién me comentaba (o tal vez lo he leído en otro blog) que tal vez había que repetir historias, porque el que llega nuevo a tu blog raramente se lo recorre entero, empieza desde el principio y se lo lee todo. Yo desde luego no lo hago, pero a veces te encuentras con un lector que va entrando en post antiguos. Seguramente ha llegado aquí por la reseña de Algo va mal, de Tony Judt, o por el post de la casa de la calle Franklin, que son dos de los post más leídos de todos los tiempos (pelotazos de actualidad o de fútbol aparte), y luego sigue, como una hormiguita, dejando el rastro en las “vistas”. Si usted abre un blog y quiere una lluvia fina de lectores, le aconsejo estos dos títulos, sin duda.

También le aconsejo que se agencie un lector filipino. Le hará dudar del motor de estadísticas pero su fidelidad no tiene precio, y eso proporciona muchísima alegría en los días de bajón. LLega usted triste, entra al mapa y ahí está él, puntual a la cita.

En fin, llegaré a las 1.000 entradas en el blog, tarde o temprano. De eso era de lo que les quería hablar hoy, de la expresión “tarde o temprano”. Pero lo voy a dejar para cubrir la entrada 902. Pero eso ya será otro día.

Post tonto de lunes

Que sepan ustedes que les iba a poner una cancioncilla, para cubrir el lunes. Bueno, y también para volver a coger la mano al blog, que me está quedando un mes de abril como con eco, con cuatro solitarias entradas en el mes. Voy batiendo mis propios records.

Dudaba si poner a Frank Sinatra, con el Fly me to the moon o largarles algún trozo de ópera, pero he decidido que no. Mejor busquen ustedes entre su música preferida y sírvanse, que para eso son libres y además tienen su propio gusto.

No vayan a pensar que me faltan asuntos por comentar. Se me ocurren cinco o seis a lo largo del día, pero luego los voy olvidando. Son temas cotidianos, del tipo “qué mala suerte vivir con una verruga en medio de la frente”, o “los idiomas son una frontera infranqueable” (con la derivada de “los franceses tienen enormes dificultades para entender que haya personas en el mundo que hablen otras lenguas, incluso si se lo dices en francés”), o “las mechas californianas son una mala idea”, o “la semiótica del seguimiento de un proyecto puede llegar a ser un tremendo foco de conflictos”. Y es que llevo cerca de tres semanas que no leo un periódico, ni apenas oigo la radio o veo la tele. Mejor para mí: vivo más tranquila; y peor para mí: estoy fuerísima de todo.

Voy a ver si en mayo me reconduzco y escribo un poco más. Escribir es una gimnasia estupenda. Y anotar lo que se te va ocurriendo es una idea buenísima. Y acordarte de dónde lo has apuntado ya es como jugar al poker y ganar… A ver si me reconduzco. A ver, a ver.

¿Ven como al final no ha hecho falta que ponga una cancioncilla?

 

 

Visitantes

Sé que estás ahí. A esta frase, tan rotunda, siempre le sigue algún complemento para adornar la comprensión. Por ejemplo, sé que estás ahí, malandrín. O sé que estás ahí, no te escondas. O sé que estás ahí, lo sé.

¿Y dónde es ahí? Pues no desde luego detrás de unas cortinas. Ahí es al otro lado de la pantalla. Yo aquí y tú ahí. Lo sé, malandrín, no te escondas. Estás ahí tan pancho, leyendo las tonterías que escribo desde tu cómodo sillón. O en la oficina, en el descanso de la comida. O por el móvil, mientras vuelves en el autobús. Eso no lo puedo saber, pero sé que estás ahí leyendo.

¿Que por qué lo sé? Anda, por las estadísticas. No creas que las estadísticas de WordPress son ninguna maravilla. Son muy resumidas, y a veces dicen cosas realmente incomprensibles. Nunca me he puesto a cuadrarlas, tengo mejores cosas que hacer, pero es probable que no sumen correctamente. Los números que distraen nunca suman correctamente. Mucho cuadro de barras, mucho mapamundi, mucho colorín, pero realmente poca información. Sin embargo, sí me dicen si no vuelves, porque distingue entre visitantes y visitas. Bueno, a ver, tendría que calcular: suma de los visitantes diarios menos los visitantes semanales y ya sé cuántos no han repetido en esa semana. El resto es oscuridad. Señores de WordPress ¿Por qué no hacen una estadística de fidelidad? Por ejemplo, sería muy interesante saber cuántos entran todos los días, o sólo una vez a la semana. Y cuantos entraron una vez y ya no han vuelto nunca jamás (y en este caso, prefiero no saber por qué).

Claro que tampoco sé el tiempo que pasan en el blog. Sólo sé que tienen que estar unos minutillos para salir retratados. O sea, que si llegas por error, no te cuenta. Bueno, no te cuenta siempre y cuando repares en tu error rapidamente, claro.

También me dice desde qué país me lees, aunque no de dónde eres, claro. Si estás en España entonces eres del grupo muy mayoritario de los lectores. O tal vez formas parte de ese 8% que se conecta desde los EEUU, o ese 5% que entra desde Francia, o Alemania, o Colombia, o México. Debo reconocer que los lectores que me leen desde otros países me emocionan. Me hacen muy feliz, y no sé por qué. En cuanto a ti, lector filipino, no sabes la alegría que me da verte cada vez que miro. Ahí estás tú, solitario, al lado de tu banderita, pero fiel fiel como Curra, o como los 5 japoneses o los 4 que entran desde Rusia, aunque ésos me da a mí que no son siempre los mismos cuatro o los mismos cinco. Que supongo que serán españoles, porque si no, no sé yo qué leerán, que aquí no tengo teclados adaptados, ni de lo cirílico ni del japonés. Esperen, que se lo voy a explicar, por si acaso.

ESTE ES UN MENSAJE PARA LOS LECTORES JAPONESES Y RUSOS: 

¡Kon’nichiwa! ¿Ogenkidesuka? Gomen’nasai. Watashi wa nihongo ga nyüryoku dekinai.

¡Zdravstvui! , ¿Kak dela? Mne zhal’, no u menya net net kirillitsy na klaviature.

 

En cuanto al lector filipino, después de los ditirambos anteriores, considero que debo compensarle. Hombre, mira, cualquier día de estos le voy a componer un soneto. Empezaría más o menos así: Mi querido amigo, qué es de tu vida/ allá en las Filipinas, filipino/ (Si no encuentro pronto cómo lo rimo/ no me leerás por más que te lo pida). Bien, estoy de acuerdo: debo trabajarlo un poco más.

Tampoco sé cómo sabes que actualizo. Ni si discriminas la lectura en función del título, o de la foto (cuando me acuerdo de poner alguna). O te lo lees sin más, da igual qué ponga o deje de poner. Tampoco sé por qué no comentas, pero créeme si te digo que no te lo reprocho. Yo leo muchísimos blogs al cabo del día y comento en muy pocas ocasiones, así es que te entiendo. Yo también soy lectora silenciosa, pero en cada blog desarrollo una pauta. Así es que supongo que tú (sí, tú) reaccionas de manera diferente a ti (sí, ti). De todo modos, esto sí que no lo dice ninguna estadística, nada que reprochar a WordPress.

Bueno, y ya, mis queridos visitantes, que la traducción al ruso me ha dejado exhausta. Son ustedes pocos, pero muy amables. Quiero que sepan que yo esto de escribir en realidad no sé por qué lo hago. Espero que ustedes tampoco sepan muy bien por qué me leen. Y así, todos en paz, que para algunas cosas de la vida, nada mejor que declararse inconsciente.

Ustedes ahí, y yo aquí.

 

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