Por qué escribo

Lo hago por ti.

Si no fuera por ti me bastaría la intimidad de mis pensamientos, que me devuelven imágenes y convocan palabras.

Si no fuera por ti me conformaría con dejar que el suceso tallara la frase y la dejara después imprimirse en la memoria, igual que se graba una huella en la arena que luego el mar borra enseguida.

Si no fuera por ti dejaría que la imaginación seleccionara qué guardar para evocar más tarde, y que su capricho decidiera qué vivencias se volverían reales y qué otras se esconderían entre las telarañas del olvido.

Yo escribo por ti, aunque no sé quién eres. Y cuando lees lo que escribo, yo sólo quiero que sigas leyendo, que llegues al final y que rías como río yo, que veas lo que yo veo y que imagines lo que yo he imaginado.

Te parecerá que escribir es un acto de generosidad, pero no da para tanto. El lector es imprescindible para calmar la pulsión de vanidad que habita en el que escribe. Tú eres como una fortaleza que hay que conquistar con armas tan pacíficas como la palabra y el ingenio y tu rendición me libera de la pereza de empezar, del trabajo de seguir y del tormento de encontrar el punto final.

Escribo para ti porque eso es lo que me hace sobreponerme a la hoja en blanco y me redime de su tortura. La angustia de no encontrar la palabra, de no hilar la frase, de no saber ordenar las ideas son un naufragio de textos malogrados que invocan la desilusión y el desengaño, el fracaso del barco que no he sido capaz de escribir. Pero todo eso pasa y queda la diversión de la escritura, el recreo de las palabras que juegan al escondite con la imaginación.

Cuando se ama la escritura, cuando uno para distraerse se pasa la tarde volando la pluma, es porque imagina un lector, aunque sólo exista en su delirio. Porque si escribir es un placer, que te lean es una fiesta.

 

Unas flores para Ana

No sé si lo sabes, pero yo no soy buena recordando fechas. No recuerdo casi ninguna, que es lo mismo que decir que se me olvidan casi todas. Pero yo sí lo sé y por eso me digo que debería inventarme trucos para recordar. Y luego no me invento el truco porque me digo que, si me importa, seré capaz de acordarme. Y vuelta a empezar: no sé si lo sabes, pero yo no soy buena recordando fechas.

Y anoche muy de noche me recordaron que la fecha era hoy. Ay, hoy. Y aquí me tienes, nominándome para ser la última porque estoy segura de no ser la primera. Aquí me tienes, en este rito de paso. Tarde, pero me tienes, que hoy todavía es hoy.

Tal vez debería dedicar un párrafo a las palabras bonitas, a las frases de halago, a las alabanzas que ya me han pisado los que han madrugado, los que han recordado, los que han llegado a tiempo. O tal vez debería contar alguna anécdota divertida, o recordar cómo nos conocimos, o lo primero que pensé al oirte. Y me digo que la verdad es sencilla y el respeto palpable, y que recitar una sucesión de cualidades no las harían más visibles aunque yo fuera capaz de escribirlas sin echar más azúcar de la necesaria.

Tal vez debería mencionar la mesura, la calma, la discreción; esa apariencia de frialdad que no es otra cosa que sensatez y prudencia. Tal vez debería recordar ahora que nunca dices una palabra de más, pero tampoco de menos, porque lo cortés no quita lo valiente. Y releo, y tacho, y vuelvo a escribir sobre el afecto y sobre el cariño. Y borro definitivamente: si hay moderación, hay moderación.

Qué sé yo lo que podría escribir detrás de otro tal vez. ¿Tal vez que ninguna de las dos somos muy buenas demostrando en público ciertas emociones?

Felicidades, pues, y lo dejo aquí. O no, espera: ¡Estás estupenda!

Flores para Ana

 

No sé ni cómo me aguantan

Les enseñaré el ombligo. Aunque sólo sea por aquellos lectores que siguen entrando en este blog a leer algo nuevo y que tal vez se molestan por ver que no actualizo, pero no lo dicen. Gracias, gracias. No sé cómo me aguantan.

Pero es que resulta que he recuperado una afición un poco abandonada que me lleva mucho tiempo. Esa otra afición es la fotografía, algo que me divierte mucho, casi tanto como escribir, y para lo que tengo el mismo talento, o sea, poco. Pero lo bueno de tener poco talento es que se puede aprender y mejorar, y eso, cuando lo haces practicando cosas que te gusta hacer, es muy divertido.

P10100451Mi primera cámara digamos seria fue una Minolta que me regaló mi cuñado, allá por el año 94 ó 95, todavía en uso y que conservo como oro en paño. Una reflex que me acompañó muchos años, cuando las fotos se hacían con carrete. El carrete, qué tiempos. Una angustia pensar que se acababan las fotos y no tenías otro de recambio, que te lo habías dejado en el hotel, y había que buscar una tienda para comprar uno, y en las tiendas de turistas que te encontrabas perdidas por esos mundos de Dios, a lo mejor en medio de un pueblecito en Guatemala, tú sospechabas que aquello debía de estar pasado y que a saber cómo salía aquello, pero qué le ibas a hacer.

En mis viajes hacía un máximo de tres carretes de 36, no me permitía más. Entonces las fotos se revelaban y era caro. Bueno, era caro como ahora pero ahora no se sabe porque no se gasta en eso. Y descubrir las fotos cuando ya no se podía repetir… En fin, era otro mundo, no tengo dudas. Pero para mí lo bonito de hacer fotos es hacerlas y no tanto verlas luego, igual que lo bonito de la escritura es escribir, no leerse después. Mirar, ver, encuadrar y disparar, eso es lo chulo, y eso sigue siendo igual. Y es verdad que la fotografía digital le ha hecho perder cierto encanto, pero a cambio se puede retocar la foto, y lo poco que se revela es mejor.

El caso, y vuelvo al principio del post, es que yo había empezado el año muy rumbosa, y sin llegar a los 20 post de media que escribía antes, sí estaba actualizando el blog un poco más. Pero el año pasado, por mi cumpleaños, unas amigas me hicieron un regalo fabuloso: un curso de fotografía en un centro especializado estupendo que hay en Madrid “para que retomara la afición y le dedicara tiempo, es una orden“, si bien en la dedicatoria me escribieron otro encargo mucho más bonito (pero eso son intimidades que no vienen al caso).

Y en esto he estado estas últimas semanas, tratando de comprender la luz, además de viajando un poco y trabajando un mucho, y sin tiempo de leer, ya no digamos de escribir. Ya se me había olvidado que la fotografía es una afición que consume mucho tiempo. Y hoy entraba yo aquí en realidad para hablar de otra cosa que tenía en la cabeza, pero al ver sus visitas he pensado que les debía algo. Ey voilà este post tan incoherente.

Mañana más.

PD: Mis disculpas para los lectores que reciben los post por correo o lo leen a través de los feeds, porque he publicado el post por error antes de terminarlo.

 

Buscadores decepcionados IV

Hace más de un año que no hago una entrada sobre los buscadores decepcionados, ya saben, esas personas que van buscando algo en internet y que por culpa de los misterios insondables que esconden los algoritmos de Google acaban en este humilde blog, aunque a veces ni siquiera los algoritmos pueden explicar lo inexplicable.

Para encontrar cosas raras normalmente conviene ir a los términos de búsqueda que sólo aparecen una vez. La mayoría de la gente que llega lo hace buscando directamente un mundo para curra o variaciones. Y sin embargo, es curioso que el peinado de Callejón (el futbolista), aparece en 158 ocasiones. Y si sumamos todas sus variantes, puede llegar fácilmente a las 600 búsquedas. A ver: lo que me parece chocante no es que lleguen aquí, sino que tanta gente lo busque, con lo horroroso que es ese peinado.

El fútbol y los nombres de los futbolistas aparecen en muchas ocasiones, incluso acompañados de algún que otro insulto, aunque la palma se la lleva el que llegó aquí buscando carem benzema autor francés y su arquitecturaen platillos. Para mí que era el abogado del Real Madrid antes de una rueda de prensa de Florentino. Así vamos los madridistas, que no ganamos para sustos.

Hay muchos buscadores que esperan encontrar en este blog una especie de oráculo del Whatsapp. Incluso principiantes, como por ejemplo el que llegó buscando el whapatt de un hombre fiel. La cosa está como para poner una escuela, porque no faltarían  profesores muy avanzados, por ejemplo el que andaba buscando imagenes de cadenas para whatsapp de que parte de la ropa me quitarias. Supongo que buscaba alumnos el que llegó a través de dummie de los Whatsapp, así es que lo mejor es dejarlo en un curso básico: Lección 1,  La cosa empieza por like y te lo digo por chat; lección 2, like & te digo que me gusta de ti ;p y Lección 3 y última: like y te publico – tonteras.

No puede faltar el capítulo de animales, y estoy pensando muy seriamente poner en la barra lateral el enlace al National Geografic. Sobre buhos hay muchas, y alguien se pregunta por un buho que curra, sin que se me ocurra qué profesión debo atribuir al búho, aunque aprovecho para aclarar que Curra es un PERRO, y que aquí no hay ninguna oveja curra, gallina curra, curra cabra o saltamontes curra (?!), ni sé cuál puede ser el nombre científico de las hormigas curras. También hay quien busca cocodrilo manco y luego precisa: cocodrilo manco porvenir. Yo no tengo respuesta pero desde luego no me haría muchas ilusiones con el porvenir del pobre bicho. También está el que venía buscando diferencias entre mono y mona, al que pondré un enlace especial a la página de Barrio Sésamo.

Estos buscadores en el fondo me dan algo de penina, porque hay veces que tienes la certeza de que nunca encontrarán lo que buscan, ni aquí ni en ningún sitio. De este tipo son Porunhep, o kom ombo, o loloew enbragsd (para mí que busca bragas de Loewe, pero mira, que lo escriba como Dios manda) y aogeo porigeo, que me hace pensar en la que se me viene encima después de la entrada sobre orbitar que hice el otro día.

De libros hay una barbaridad de búsquedas, y por regla general bien escritas y respetando la ortografía, no como el de Loewe. Uno ha llegado con milam kundera la despedida despertador y deduzco que le aburrió el libro; otro escribe no entiendo el libro de Joyland, y no me explico qué es lo que no ha entendido; y luego los que creen que esto es un consultorio, tipo novelas cortas para que mi hijo haga un librito en la escuela, a quien supongo que habré decepcionado mucho.

En el capítulo de miscelánea, están magenes de todo aquel q habla de manzana se la kiere comer, que no sé lo que le pasa; fots de tren de hersshey, que no sé dónde quiere llegar; dor de dedo gordo del pie dedecho de la bada, que debe de tener un catarro de campeonato; quiero poner un moño negro en facebook, que no sé a qué espera; umagenes de cuando vas en un avin, que debe de ser primo hermano del de hersshey y senoras haciendo pis empinadas, que definitivamente no comprendo cómo ha podido llegar a este blog.

Curioso también que han llegado tecleando yo soy Charlie, y poniendo yo no soy Charlie. ¿Alguien duda de qué lado estoy?

Terminaré con una búsqueda que me ha encantado: el amor es como la wifi. Pues sí, amigos. Y por eso estoy yo aquí.

Sigan buscando.

900 post

curra-portada-postEl martes pasado publiqué el post número 900. O sea, que el que están leyendo ahora hace el número 901. Iba a escribir sobre otra cosa, pero al entrar en el escritorio y pulsar para nueva entrada he visto el número redondo. Redondo y extraordinario.

Madre mía, 900 entradas. Cuando hice 500, allá en diciembre de 2012, lo celebré haciendo una selección de post cortitos y terminaba diciendo que “a por los mil”. Y luego se te olvida, porque alcanzar esa cifra no es un reto, ni un objetivo. Llegas, te sientas y empiezas a escribir, sin más y sin pensar si llevas mucho o poco. ¿Cuánto es mucho o poco? Por ahí tengo escrito que este blog no tiene objetivos, porque entonces deja de ser lo que es: un descanso, una escapatoria, una afición, una forma de olvidarme del día. O de crear, o de divertirme, o sólo de distraerme.

– ¿Tienes un blog? ¿Y de qué es?

Y siempre respondo lo mismo: de lo primero que se me ocurre. Podría decir que de tonterías, pero yo me cuido mucho de calificar lo que hago de tonterías, porque, como nos enseñó la madre de Forrest Gump, tonto es el que hace tonterías. Y tener un blog no es ninguna tontería, o no me lo parece a mí. Tener un blog es algo al alcance de muy pocos, aunque esté al alcance de todo el mundo. Y todos ustedes seguro que me entienden, tanto si tienen un blog como si no.

Hay épocas. Temporadas en las que se te ocurren millones de cosas que contar, aunque luego no las cuentes, y otros momentos en los que te sientas aquí delante con la mente en blanco, a juego con la pantalla, y te cuesta la vida actualizar el blog con algo medio decente. Es verdad que se pierde frescura y se gana técnica y no sé yo si eso es una buena noticia. Me temo que no.

Se pierde algo de magia. Alguna vez he pensado en abrir otro blog y empezar de nuevo, con otra identidad. Pero no estoy segura que recuperara las sensaciones de los primeros 200 post, ni creo que repitiera las mismas historias. No sé quién me comentaba (o tal vez lo he leído en otro blog) que tal vez había que repetir historias, porque el que llega nuevo a tu blog raramente se lo recorre entero, empieza desde el principio y se lo lee todo. Yo desde luego no lo hago, pero a veces te encuentras con un lector que va entrando en post antiguos. Seguramente ha llegado aquí por la reseña de Algo va mal, de Tony Judt, o por el post de la casa de la calle Franklin, que son dos de los post más leídos de todos los tiempos (pelotazos de actualidad o de fútbol aparte), y luego sigue, como una hormiguita, dejando el rastro en las “vistas”. Si usted abre un blog y quiere una lluvia fina de lectores, le aconsejo estos dos títulos, sin duda.

También le aconsejo que se agencie un lector filipino. Le hará dudar del motor de estadísticas pero su fidelidad no tiene precio, y eso proporciona muchísima alegría en los días de bajón. LLega usted triste, entra al mapa y ahí está él, puntual a la cita.

En fin, llegaré a las 1.000 entradas en el blog, tarde o temprano. De eso era de lo que les quería hablar hoy, de la expresión “tarde o temprano”. Pero lo voy a dejar para cubrir la entrada 902. Pero eso ya será otro día.

Post tonto de lunes

Que sepan ustedes que les iba a poner una cancioncilla, para cubrir el lunes. Bueno, y también para volver a coger la mano al blog, que me está quedando un mes de abril como con eco, con cuatro solitarias entradas en el mes. Voy batiendo mis propios records.

Dudaba si poner a Frank Sinatra, con el Fly me to the moon o largarles algún trozo de ópera, pero he decidido que no. Mejor busquen ustedes entre su música preferida y sírvanse, que para eso son libres y además tienen su propio gusto.

No vayan a pensar que me faltan asuntos por comentar. Se me ocurren cinco o seis a lo largo del día, pero luego los voy olvidando. Son temas cotidianos, del tipo “qué mala suerte vivir con una verruga en medio de la frente”, o “los idiomas son una frontera infranqueable” (con la derivada de “los franceses tienen enormes dificultades para entender que haya personas en el mundo que hablen otras lenguas, incluso si se lo dices en francés”), o “las mechas californianas son una mala idea”, o “la semiótica del seguimiento de un proyecto puede llegar a ser un tremendo foco de conflictos”. Y es que llevo cerca de tres semanas que no leo un periódico, ni apenas oigo la radio o veo la tele. Mejor para mí: vivo más tranquila; y peor para mí: estoy fuerísima de todo.

Voy a ver si en mayo me reconduzco y escribo un poco más. Escribir es una gimnasia estupenda. Y anotar lo que se te va ocurriendo es una idea buenísima. Y acordarte de dónde lo has apuntado ya es como jugar al poker y ganar… A ver si me reconduzco. A ver, a ver.

¿Ven como al final no ha hecho falta que ponga una cancioncilla?

 

 

Visitantes

Sé que estás ahí. A esta frase, tan rotunda, siempre le sigue algún complemento para adornar la comprensión. Por ejemplo, sé que estás ahí, malandrín. O sé que estás ahí, no te escondas. O sé que estás ahí, lo sé.

¿Y dónde es ahí? Pues no desde luego detrás de unas cortinas. Ahí es al otro lado de la pantalla. Yo aquí y tú ahí. Lo sé, malandrín, no te escondas. Estás ahí tan pancho, leyendo las tonterías que escribo desde tu cómodo sillón. O en la oficina, en el descanso de la comida. O por el móvil, mientras vuelves en el autobús. Eso no lo puedo saber, pero sé que estás ahí leyendo.

¿Que por qué lo sé? Anda, por las estadísticas. No creas que las estadísticas de WordPress son ninguna maravilla. Son muy resumidas, y a veces dicen cosas realmente incomprensibles. Nunca me he puesto a cuadrarlas, tengo mejores cosas que hacer, pero es probable que no sumen correctamente. Los números que distraen nunca suman correctamente. Mucho cuadro de barras, mucho mapamundi, mucho colorín, pero realmente poca información. Sin embargo, sí me dicen si no vuelves, porque distingue entre visitantes y visitas. Bueno, a ver, tendría que calcular: suma de los visitantes diarios menos los visitantes semanales y ya sé cuántos no han repetido en esa semana. El resto es oscuridad. Señores de WordPress ¿Por qué no hacen una estadística de fidelidad? Por ejemplo, sería muy interesante saber cuántos entran todos los días, o sólo una vez a la semana. Y cuantos entraron una vez y ya no han vuelto nunca jamás (y en este caso, prefiero no saber por qué).

Claro que tampoco sé el tiempo que pasan en el blog. Sólo sé que tienen que estar unos minutillos para salir retratados. O sea, que si llegas por error, no te cuenta. Bueno, no te cuenta siempre y cuando repares en tu error rapidamente, claro.

También me dice desde qué país me lees, aunque no de dónde eres, claro. Si estás en España entonces eres del grupo muy mayoritario de los lectores. O tal vez formas parte de ese 8% que se conecta desde los EEUU, o ese 5% que entra desde Francia, o Alemania, o Colombia, o México. Debo reconocer que los lectores que me leen desde otros países me emocionan. Me hacen muy feliz, y no sé por qué. En cuanto a ti, lector filipino, no sabes la alegría que me da verte cada vez que miro. Ahí estás tú, solitario, al lado de tu banderita, pero fiel fiel como Curra, o como los 5 japoneses o los 4 que entran desde Rusia, aunque ésos me da a mí que no son siempre los mismos cuatro o los mismos cinco. Que supongo que serán españoles, porque si no, no sé yo qué leerán, que aquí no tengo teclados adaptados, ni de lo cirílico ni del japonés. Esperen, que se lo voy a explicar, por si acaso.

ESTE ES UN MENSAJE PARA LOS LECTORES JAPONESES Y RUSOS: 

¡Kon’nichiwa! ¿Ogenkidesuka? Gomen’nasai. Watashi wa nihongo ga nyüryoku dekinai.

¡Zdravstvui! , ¿Kak dela? Mne zhal’, no u menya net net kirillitsy na klaviature.

 

En cuanto al lector filipino, después de los ditirambos anteriores, considero que debo compensarle. Hombre, mira, cualquier día de estos le voy a componer un soneto. Empezaría más o menos así: Mi querido amigo, qué es de tu vida/ allá en las Filipinas, filipino/ (Si no encuentro pronto cómo lo rimo/ no me leerás por más que te lo pida). Bien, estoy de acuerdo: debo trabajarlo un poco más.

Tampoco sé cómo sabes que actualizo. Ni si discriminas la lectura en función del título, o de la foto (cuando me acuerdo de poner alguna). O te lo lees sin más, da igual qué ponga o deje de poner. Tampoco sé por qué no comentas, pero créeme si te digo que no te lo reprocho. Yo leo muchísimos blogs al cabo del día y comento en muy pocas ocasiones, así es que te entiendo. Yo también soy lectora silenciosa, pero en cada blog desarrollo una pauta. Así es que supongo que tú (sí, tú) reaccionas de manera diferente a ti (sí, ti). De todo modos, esto sí que no lo dice ninguna estadística, nada que reprochar a WordPress.

Bueno, y ya, mis queridos visitantes, que la traducción al ruso me ha dejado exhausta. Son ustedes pocos, pero muy amables. Quiero que sepan que yo esto de escribir en realidad no sé por qué lo hago. Espero que ustedes tampoco sepan muy bien por qué me leen. Y así, todos en paz, que para algunas cosas de la vida, nada mejor que declararse inconsciente.

Ustedes ahí, y yo aquí.

 

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¿Y a quién felicito yo hoy?

Pues verán, resulta que en el año 1975 nacieron en España 669.378 personas. No tengo ni idea de cuántos habrán fallecido desde entonces, pero la vida en estos tiempos es muy amable con la vida, así que supongo que habrá bastante más de medio millón de españolitos que en 2015 cumplen los 40. Por cierto, que lo de cumplir 40 es algo bastante corriente que le ha pasado ya a todo aquel que haya nacido antes del año 75. Figúrense, desde los neanderthales, la de gente que se habrá tomado una tarta con velitas. Yo, que ya lo he pasado, les puedo asegurar que es una fecha como cualquier otra: no hay un antes y un después, aunque nos empeñemos en darle a ese número de años un significado casi metalúrgico. Digo taumatúrgico. En qué estaría yo pensando…

Pero sigo. De todos los nacidos en 1975, 50.347 personas lo hicieron en el mes de febrero, que fue por cierto el mes en el que menos nacimientos hubo ese año. Y es que hace frío y viento y como que no apetece nada ponerse a nacer. No, si yo lo entiendo, no crean. Con todo, 50.347 personas es una cifra considerable con la que no se podría llenar el Bernabéu, lo admito, pero sí el Vicente Calderón, que es un estadio más de chichinabo y para gente a la que se le ocurre de pronto ser de algún equipo.

Lo que ya no puedo decirles es cuánta gente nació hoy, concretamente hoy, día 4 de febrero de 1975. El INE no sé si llega a tanto, y aunque ellos lleguen, yo no. Sin embargo, con un sencillo cálculo se puede uno imaginar que la cosa andará entre 1.500 y 2.000 personas que hoy cumplen los 40. Francamente, no creo que sean muchos más, ni tampoco muchos menos.

Pero la cuestión hasta ahora no tiene la menor importancia. La cuestión en realidad es que si yo hoy me propusiera felicitar a alguien por su 40 cumpleaños tendría muchísimo donde elegir. Eso suponiendo que los conociera a todos, a los 1.500 y, ahora que lo pienso, no sé si he conocido a 1.500 personas a lo largo de toda mi vida, ése es un cálculo que nunca se me ha ocurrido hacer, la verdad. También tengo que suponer que quisiera felicitarlos a todos. Y ya puestos, debería suponer más cosas, por ejemplo, que me acordara, porque yo para las fechas soy una verdadera calamidad.

Pero sí, sí que me acuerdo. Claro que me acuerdo. Sería imposible pasarlo por alto. ¡Cómo no acordarme, después de la lata que ha estado dando con el tema de su cumpleaños últimamente! Con todo, y a cambio, y de paso, yo he solucionado la cuestión que me traía aquí a estas horas: ahora ya sé a quién felicitar por sus nuevos 40.

Felicidades, amiga.

Que cumplas muchos más. ¡Y yo que lo vea!

Libros 2014: se acabó.

gafas abuelitapaz unmundoparacurraHace un año por estas fechas, me propuse (en público y por escrito) escribir una reseña de cada libro en 2014, tal y como hace ND en su Mesa cero del Blasco. Desde luego, estoy contenta por haberlo conseguido, pero no renovaré la promesa para 2015 porque me parece que tiene alguna desventaja, como es básicamente la obligatoriedad que imponen todos los compromisos. Pero hay más cosas.

De las 160 entradas que he escrito este año, 53 han estado dedicadas a libros. Calculadora en mano, las de este año son un tercio de 2014 y casi la mitad de todas las entradas dedicadas a libros desde que abrí el blog. Y qué quieren que les diga, me parece una proporción que desequilibra por completo el sentido y el interés del blog, sobre todo si se tiene en cuenta que anteriormente el porcentaje de entradas dedicadas a hablar de libros no superaba el 10%. ¡Este no es mi blog, que me lo han cambiado!

Conste que he estado a punto de abandonar el reto de “un libro, un post” varias veces a lo largo del año, y de hecho me he tenido que internar en 2015 para poder completarlo. Muy limpio no ha sido, lo admito. Y también debo decir, para ser honrada, que he hecho una pequeña trampa y me he saltado el post de un librito de unas 80 páginas (La fable des abeilles, de Bernard de Mandeville) que he considerado como extensión de La gran degeneración, de Niall Ferguson, puesto que lo cita en varias ocasiones y tuve curiosidad por leerlo. Eso que nos hemos ahorrado.

Con todo, deben saber que se han librado ustedes de una reseña de La Ley, de Frederic Bastiat, porque no he encontrado el momento de tener la cabeza suficientemente despejada para seguirle la prosa, aparte de que casi me rompo el cuello de una cabezada; de El caudal de las noches vacías, de Mercedes Salisachs porque hacia la mitad del libro me dije que si seguía leyendo sobre aquel cura tendrían que darme a mí la extremaunción antes de acabarlo; de Las batallas del desierto, de José Emilio Pacheco, porque me daba vergüenza ajena tener entre manos durante más tiempo una edición tan paupérrima y tan mierdosa que convertían la lectura en un acto infamante; y de Esta vez es distinto, de Carmen Reinhart, que abandoné porque no entendía nada y me exigía demasiado para mi cerebro, muy castigado este año. Excepto el del tal Pacheco, como digo una edición horripilante, no descarto retomar algún invierno los otros. Ya dije un día que los libros no son abandonados, sino vencidos por otros libros que, en libre competencia, son más seductores.

En resumen, he escrito 53 post de libros pero no he leído 53 libros este año, porque dos libros tienen dos post, y dos post son relecturas. Así que la cosa se queda en 48 (más el de Mandeville), y les pongo el enlace abajo por si acaso se han perdido alguno y quieren echarle una ojeada al post antes de echarle una hojeada al libro.

Y una vez dicho esto, y como les decía más arriba, les anuncio que ya no seguiré con este experimento. No me ha divertido en absoluto, salvo por lo que tiene de voluntarioso y de resistencia a la comodidad. Y puestos a emplear mi poca capacidad de constancia en algo, prefiero dedicarla a producir impuestos. El blog, como la lectura, son dos aficiones que tengo: encadenarlas, aunque sea entre ellas, no las hace ni mejores ni más divertidas.

Ahí va la lista (el orden que sigo es más o menos el de lectura, no el de publicación del post).

– Las solidaridades misteriosas, de Pascal Quignard. Papel. Un libro sorprendente y muy recomendable.

– El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. Papel. Un gran libro.

– L’affaire Dreyfus. Analyse et decryptage, de Arnauld Cappeau.  Digital. Un despropósito.

– Les choses, de Georges Perec. Papel. Una maravilla.

– Noche salvaje, de Jim Thompson. Digital. Una trama interesante con un final incoherente.

– Una habitación propia, de Virginia Wolf. Digital. Un libro interesante, aunque algo rollete.

– Una mujer difícil, de John Irving. Papel. Una buena novela, pero un poco americanada.

– La casa de la alegría, de Edith Wharton. Digital. Un horror y una cursilada.

– El profesor chiflado y Mr. Wert, de Tomás García Yebra. Papel. Una novela muy divertida.

–  Cuadernos azules, de Nuria Marugán. Digital. Un libro interesante, pero muy duro.

– Huy, de John Lanchester. Digital. Una sarta de pamplinas escritas por un listo.

– La forja de un rebelde, de Arturo Barea. Papel. Un gran libro.

– 14, de Jean Echenoz. Papel. Una pequeña gran novela.

– Joyland, de Stephen King. Digital. Un buen libro, aunque un poco inquietante.

– Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. Papel. Una gran novela.

– El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas. Papel. Una buena novela.

– La maquinaria de la libertad, de David Friedman. Digital. Un libro divertido, aunque algo largo.

– La delicadeza, de David Foenkinos. Digital. Maravilloso.

– 10 días de julio, de Esteban Navarro. Digital. Un libro mal escrito.

– El héroe discreto, de Mario Vargas Llosa. Papel. Una telenovela muy divertida.

– Retorno al patrón oro, de Juan Manuel López Zafra. Digital. Un libro muy interesante

– Catedral, de Raymond Carver. Papel. Libro de relatos cortos. Pelín petardo.

– ¡Noticia bomba!, de Evelyn Waugh. Papel. Una novela muy divertida.

– Alex, de Pierre Lemaitre. Papel. Una novela trepidante.

– El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Papel. Un grandísimo libro.

– La gran degeneración, de Niall Ferguson. Digital. Un libro interesante.

– El libro de la señorita Buncle, de D. E. Stevenson.Digital. Una libro facilito que está bien.

– El hereje, de Miguel Delibes. Papel. Es Delibes y ya. Gran libro.

– ¿Hay derecho?, de Sanson Carrasco. Digital. Un libro que tiene interés, con zonas algo pesadas.

– Los recuerdos, de David Foenkinos. Papel. Una novela maravillosa.

– 22/11/63, de Stephen King. Digital. Una novela interesante, aunque un poco larga de más.

– Nos vemos alla arriba, de Pierre Lemaitre. Papel. Una buena novela.

– El tiempo mientras tanto, de Carmen Amoraga. Digital. Un libro triste, pero bonito.

– Lugares donde se calma el dolor, de César Antonio Molina. Digital. El 80% que me leí, un petardo.

– En la orilla, de Rafael Chirbes. Papel. Una novela magnífica.

– Salman Rushdie, de Joseph Anton (Salman Rushdie). Papel. El mejor libro que he leído este año.

– La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. Digital. Una novela aburrida.

– Historia de las hormigas, de Pierre Huber. Digital. Un libro fascinante.

– Las abejas, de Mª Angeles Julivert. Digital. Un libro infantil.

– El sentido de un final, de Julian Barnes. Digital. Un libro soso, muy muy soso.

– Malala, mi historia, de Malala Yousafzai y Patricia McCormick. Papel. Un libro con interés.

– El regreso de Reginald Perrin, de David Nobbs. Papel. Una novela muy divertida.

– Correr, de Jean Echenoz. Digital. Una crónica que está bien.

– La larga marcha, de Rafael Chirbes. Una gran novela.

– Las tribus liberales, de María Blanco. Digital. Un libro muy interesante.

El libro de los vicios, de Adam Soboczynski. Digital. Una imbecilidad de libro.

1290 almas, de Jim Thompson. Papel. Una novela policiaca que se deja leer.

El hombre que fue Jueves, de G.K Chesterton. Papel. Una novela maravillosa.

Y… La fable des abeilles es un rollete que sólo tiene interés por lo que tiene de fábula. Así que mi consejo es que calmen su curiosidad informándose de otro modo que no sea acudiendo a la fuente.

Chin pun.