Querido almirante @cchurruca

cchurrucaQuerido almirante, ¿cómo empezar este post? Podría empezar diciendo que ha muerto Javier Pérez-Cepeda, @Churruca, un hombre brillante, fino, lúcido, educado, siempre amable, siempre cordial. Un caballero. E inmediatamente saltaría la mención y vendrías a replicarme y a decirme que no es para tanto. Y yo te imaginaría con una media sonrisa socarrona, o tal vez arqueando las cejas, o encogiendo los hombros. Todo es imaginarte aunque eso nunca fue fácil, porque a ti no se te podía imaginar, tú eras.

Es curioso que siendo tan gallego yo nunca te encontraba en mitad de la escalera sino que siempre venías de vuelta, con tu inacabable ingenio, con el que resolvías cualquier conversación o resumías cualquier acontecimiento. Te diré que me parecía inexplicable que pudieras seguir tantas conversaciones a la vez sin equivocarte de hilo. También me parecía inaudito que nunca te equivocaras de nombre, que no te confundieras alguna vez entre el marasmo de nicks con los que intercambiabas vidas, anécdotas y peripecias. Con eso, Javier, demostrabas inteligencia, sí, y memoria también; pero sobre todo demostrabas la cortesía que llevabas siempre pegada a cada tuit, a cada comentario, a cada respuesta. Esa corrección de buena cuna que te salía sola, porque la clase y las maneras no se pueden esconder aunque se quiera. Y tú no querías, ¡no faltaba más!

Tenías miles de seguidores que te querían. También te puedo decir, para que te vuelvas a reir, que tenías miles de queridores que te seguían. Todos ellos, todos amigos, que hoy escriben conmovidos por la pena, la mayoría incrédulos, tratando de asimilar el socavón que de pronto tienen en su TL. Un socavón, así lo ha definido Marcela, mi querida Maralinho, a quien he tenido que leer tres veces para comprender que sí, que era verdad, y que era una catástrofe. Y no, Javier, esta vez no exagero.

De los conocidos que mueren queda para siempre la imagen quieta de la última foto, en una edad que ya nunca envejece. De ti nos queda tu cuenta, que se convertira en un TL de culto a  donde iremos a rescatar tuits para volver a disfrutarlos de nuevo, y para seguir aprendiendo cómo saber estar en una red que usa poco la piedad. Yo pienso que al verte pasar de nuevo no sentiremos un escalofrío, sino que volveremos a recordar la calidez con la que nos saludabas y la generosidad con la que nos atendías y nos hablabas siempre. Y tu inolvidable ironía, tu extraordinaria lucidez y tu humor brillante. Y te echaremos de menos. Mucho, Javier, te echaremos mucho de menos.

“Yo te encontré primero” me dijiste una vez. Ahora me temo que tendré que ir a encontrarte yo a ti el día que me muera. Ya te vale haberte ido tan lejos y encima sin despedirte. Imperdonable, me dirás; pues sí, imperdonable, te diré, menudo panorama. Y nos reiremos un rato, todo lo que hoy no puedo reír, y todo lo que en tuiter ya no reiré más. Pero te encontraré, almirante, cuenta con ello.

Descansa en paz, Javier. Un abrazo.

 

Un pensamiento en “Querido almirante @cchurruca

  1. Cerré los comentarios al post porque hay veces en la vida que, después de escribir algo, una querría romper la pluma. Sin embargo, quiero transcribir aquí este cariñoso mensaje dejado en “Comentar”, que me honra y que honra también a Javier:

    Lucia Guillen Pérez-cepeda: Muchísimas gracias Carmen en nombre de toda la familia por el precioso homenaje que le has hecho a mi tío Curro y por el cariño que le has demostrado. Tu artículo nos ha emocionado a todos, y nos quedará como un recuerdo precioso. Hemos visto perfectamente reflejado al tío Curro en el. De verdad muchísimas gracias.

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