Publicidad

Me decía un amigo, creativo de publicidad, medio en broma: “Cuando no se me ocurre nada, pongo un par de tetas bonitas y listo”. Muchas tetas no se ven en los anuncios, pero después de ver eso de “yo no soy tonto”  creo que es porque los creativos han encontrado otro filón: la vulgaridad. Y tal vez no seducen al público objetivo del producto pero  al menos convencen a sus clientes (los del creativo).

Pero sigue habiendo buenos creativos que saben a mixta, y también grandes artistas. Y para muestra un botón:

www.johnniewalker.es/thewalk.aspx

Son 6 minutos bellamente invertidos. Eso debió pensar el cliente del creativo.

PS: Quizá te pida que registres tu fecha de nacimiento. Ponla y keep walking! Vale la pena

Si no es bello, no quiero verlo.

Leía yo en TIME un artículo muy interesante sobre la prohibición del burka en Francia y Bélgica y tras imaginar el significado de scapegoats me distraigo con la lectura de los comentarios en línea. Navego con apacible interés entre educadas opiniones sobre la falta de vitamina D en las víctimas del burka, o el peligro para los niños de ir en un bus school conducido por una ninja del desierto que no ve una shit. Y de pronto, me topo con esto:

AS SOON AS THEY SEE HOW UGLY THE MUSLIM WOMEN ARE, THEY WILL DO A COMPLETE TURN AROUND AND MAKE IT A LAW THAT THEY CAN’T GO OUT WITHOUT ONE!

Bien. He aquí un amante de lo bello por encima de cualquier otra consideración. Eso sí, podría haberlo expresado con un poco menos de brutalidad. o dar alternativas, como un buen maquillaje, por ejemplo.

Hay que ver cómo está el patio…

Cosas que pasan en Venecia

En una película de James Bond, un tipo sale de un ataúd que hay en una góndola y entonces 007, desde la góndola de al lado, le tira un cuchillo, acierta y le mata.

Y el tipo cae en el ataúd, muerto. Y se cierra la tapa. Pok.

¿Pero que fumarán los guionistas de estas películas?

El centro de la Meseta

Ese entrenador beatífico y angelical que pone a Coldplay para excitar a sus muchachos, fue preguntado el domingo por los árbitros. Y el noi de Santpedor es dóna un garbeo pels camins de la ironía i diu: “yo no sé de árbitros, de eso saben mucho en la Meseta Central”. ¡Por San Cucufate, sabe també de accidents orogràfics, el nen! Claro que no nos aclaró si se refería a la Península Ibérica, a la siberiana o al Plateau de Millevaches.

Hombre pues sí, para qué vamos a negarlo. En la Meseta Central sabemos que dobles es cogerla con las manos después de botarla (cou cou, Henry). Y también sabemos comer el cochinillo, faltaría mès. Por eso lo servimos en un plato, no en un campo de fútbol.

Pañuelitos

Si lo hace por estilismo, nada que alegar. Si es que viene el sol, nada que decir. Si es que te queda bien porque “tú, con cualquier cosita que te pongas”, me callo. Incluso si es que tiene el pelo sucio, bueno. Pero si te obliga un padre fanático, un hermano ignorante o un marido embrutecido, entonces no. Y si ella lo hace a voluntad porque lo dice su profeta, hay que requisarles el mp3 para que entiendan lo que es vivir en otro siglo. Llamarle a eso “identidad cultural” es como quejarse porque no las anestesian antes de lapidarlas.

Cuánto imbécil hay que no comprende que se empieza con un velo a lo Doña Rogelia y se acaba bajo un burka con el clítoris rebanado. Esclavas, sumisas. Ban them all!

Szar kàrtya

Me contó Peter Arvai (un colega húngaro) que en el primer lugar de la antología del “n’importe quoi” de las tarjetas de crédito habría que poner a ese cliente que se empeñó en firmar su Visa no en el panel de firma, sino ¡en la banda magnética!. Y que, como el boli se le escurría, entonces agarró unas tijeras y raspó la banda magnética hasta que lo consiguió. ¿Que cómo se enteró él? Pues porque el cliente llamó al Call Center en Budapest para quejarse de que no podía sacar dinero del cajero…

Y dijo entonces la famosa frase: Szar kàrtya, o sea “mierda de tarjeta” en húngaro.

La pulserita

Pensarías que además de la pulserita llevarían un mono azul de mecánico, una bata blanca de mozo de almacén o un delantal verde de pescadera. Pero no. Visten un bonito “tailleur”, o una linda corbata de topos, y adviertes que por el puño de su camisa asoma la pulserita. Se trata de una pulserita con un holograma cargado de iones que les permite ser más flexibles, más equilibrados y más energéticos.  Por solo 30 euros consiguen tocarse los dedos de los pies con los dedos de las manos. Ahí está la clave: un chollo así solo lo puede entender un hombre de negocios o alguien bien informado.

Y es que un mecánico solo entiende de carburadores…

Un mundo para Curra

Curra

Título que recuerda – nada vagamente – el libro de Bryce Echenique, Un mundo para Julius.

Y viendo cómo vive Curra, uno puede imaginarla en el Country Club tomando un té inglés con la clase alta limeña y departiendo entre jugosos emparedados. Sobre todo entre jugosos emparedados, darling.