Mi vuelta de semifinales

avatar championEsta entrada de hoy en realidad hablará en todo caso de cómo no vi el partido de vuelta de la semifinal de Copa de Europa en el que el Madrid le metió 4 al Bayern en su casa. De este partido he visto los goles por youtube (gracias a Hombre Revenido), he leído las crónicas de los periódicos (incluyendo l’Equipe) y los veinte primeros minutos en diferido.

Como les había dicho, yo ayer estaba en París, invitada a una fiesta de despedida seguida de una cena. Así es que sabía que no vería el partido. Un atasco fabuloso en París me cambió los planes, y sólo tuve tiempo para dejar la maleta en el hotel y salir corriendo, sin poder cargar el movil. Una penuria moderna que merece un tratado. Y como había que economizar, no me conecté hasta bien entradas las 9, con el partido empezado. Mi móvil murió con el 0-2, pero el caballero que cenaba a mi lado debía de tener la batería al 100%, porque me tuvo en un sinvivir buena parte de la cena, diciéndome que el Bayern estaba remontando… Tengo la sensación de que me he perdido un partido de los que hacen historia. Pero qué buen despertar, a pesar del despertador a las 6 de la mañana, qué buena mañana y qué buen día estoy pasando. Y eso que no lo vi.

Bueno, pues ya estamos en la final, paso imprescindible para ganarla. Ya será momento de calentar motores y de ponerme en plan prepotente, como dice ese comentarista equivocado que tengo. Me llamaron tarada por preferir al Bayern, pero al final, ha sido tan épico como estaba previsto, si no mucho más. Si se quiere ser grande, hay que estar dispuesto a perder con los grandes mientras se prepara uno para ganarlos. Algo como lo de “si vis pacem para bellum”, que se me viene a la cabeza, aunque hoy estoy tan cansada que creo que no sabría explicar por qué digo esto.

Hoy queda la otra semifinal. Sigo prefiriendo al Atleti, por lo que dije hace unos post sobre una final con dos equipos madrileños. Es un rival que este año, desde luego está a la altura del evento. Pero veremos, que Mou es mucho Mou.

En todo caso y en el fondo, a mí me da igual. No se puede ganar la Décima, el Grial madridista, como le llaman, sin llegar a la final. Y esto está conseguido. ¿El otro finalista? A mí plin.

 

 

Guisantes, vino y ojos azules

curra-blue-eyesAyer Anniehall me recordó una conversación sobre las leyes de Mendel y los ojos azules. En una cena la semana pasada con amigos, después de que cayera la primera botella de vino y hablando de vaya vd. a saber qué, una amiga, que es como el Gotha poblachonero pero radiado y en rubio, nos desveló el envés de una historia veinte años más tarde. Y la historia era más o menos la siguiente: una mujer había tenido de soltera una aventura con un negro, y de aquella aventura le había nacido un niño del color del café de Colombia. Luego la mujer se casó con otro señor que era blanco como ella y la familia, para disimular, se inventó un antepasado africano del nuevo marido, que accedió a colaborar en la milonga. El antepasado, naturalmente no era ni negro ni africano, pero tenía la virtud de estar muerto del todo y de que nadie le hubiera conocido. Y así el niño vivió una infancia alejada de cuchicheos sociales pero rodeado de la inevitable curiosidad genética.

Así que veinte años después y una vez que se reveló la verdad, los guisantes se volvieron irrelevantes.

La historia del niño negro no la recordaba nadie, en parte por el tiempo que había pasado y en parte porque se había acabado el vino, pero de ahí pasamos a discutir por qué se heredan los ojos claros. Yo hice lo que hace cualquiera que no sabe nada de marketing: explicar el mundo a través de mi experiencia, opinión y caso personal, así es que declaré con seguridad que lo transmitía el padre. Podría haberme batido en duelo con aquel que quisiera llevarme la contraria y creo que incluso estuve a punto de convencer a todos los comensales de que mi cuñado tiene los ojos violáceos, para justificar que mis sobrinos los tienen azules, como mi hermana, aunque esto lo resolví como un asunto casual, menor y de efecto nulo.

Mi amiga Pepa, con sus grandes ojos azules, negaba con la cabeza y trataba de hacerse escuchar: No tienes razón, Carmen. Mis padres los tienen marrones y mi hermano y yo, azules – me contradecía alevosamente ¿Tu hermano también? – intentaba yo enredar con poco éxito. Hasta que mi querido Javi terció y empezó a hablar de guisantes amarillos, rojos y azules. Tirando de memoria, entre brumas de prudencia y vino y después de meterse el segundo licor de hierbas a la sangre, citó a Mendelsson. La primera se la pasamos, pero a la segunda lo relevamos sin piedad en las hipótesis, porque estuvimos de acuerdo en que sus explicaciones no aportarían la necesaria ciencia a la discusión.

Digo yo que a Freud le hubiera entusiasmado la historia del niño negro, los guisantes de colores reproduciéndose desaforados y el autor de la Marcha Nupcial como teórico de la genética para ilustrar los lapsus del inconsciente. O tal vez lo hubiera desechado: faltaba sexo y el vino era malo, aunque no para llegar a la muerte.

 

Mi semana

De los cinco días de la semana, dos no he comido, uno he comido a las 3 de la tarde, y otro he comido a toda velocidad un sandwich. Amigos, he llegado a la conclusión de que en esta vida, para comer sano, no sólo hay que organizarse: además, conviene ordenarse. El mejor orden es el secuencial, pero no siempre se puede imponer. A veces hay que tratar el orden por aspersión. La sensación tiene su aquel, no crean. Es como manejar ocho o nueve platillos a la vez girando en un palo y procurar que no se te caiga ninguno al suelo.

Pensaréis qué he comido el quinto día, que en realidad fue el segundo. Pues estuve comiendo con una buena amiga que se dedicó a contarme un nuevo proyecto sobre el que tiene dudas y ambiciones, miedos e ilusiones, y un montón de cosas que decir en voz alta. O sea, que necesitaba unas orejas. Y qué mejor que disfrutar de las mías, aunque a veces yo no soy el colmo de la condescendencia:

– Bueno ¿Y?

– Pues que… ¿Por qué pones esa cara, Carmen?

– No pongo cara de nada. Yo sólo te pregunto: ¿y?

– Ya… o sea, que il n’y a pas de sujet.

– Exacto. Pas de sujet.

– O sea, que me callo ya.

– No, no, no te calles. Simplemente, deja de pensar cosas raras, t’en fais pas.

Por el camino de la semana, me he topado también con tres horas de pre-coaching cañero, en el que he tenido que oir algunas apreciaciones que me dejaron sonada medio día, hasta que funcionó mi proverbial capacidad de resiliencia, que no es más que amor propio, un ego poco normal y ocho horas de sueño. Francamente, amigos míos, a todos nos gusta hablar de nosotros mismos, y yo diría que nuestra propia persona es el tema favorito de cualquier ser humano. Eso sí: con la condición de que elijamos los temas. Pero incluso eligiéndolos, todo tiene su cara y su cruz. Las personas directas pueden ser tachadas de insensibles, el rigor puede ser confundido con la intransigencia y la seguridad en uno mismo puede ser interpretado como arrogancia. Eso por no hablar de mi genio, algo que me viene de familia y que, por lo visto, se me sigue notando incluso en la represión consciente y la diplomacia entrenada. En fin, acepto que puedo entrenar más y que tengo todavía margen para reprimirme. Todo sea por los demás, que son quienes me sufren y a quienes en el fondo, me debo.

Así es que ha sido una semana de lo más interesante. Con decirles que por las tardes volvía a casa con Héroes del silencio a todo trapo en el coche para desahogarme, ya les digo todo. Y la semana que viene me esperan emociones fuertes y una fuerte emotividad (no, no es lo mismo y no lo repito más), porque iré a París a la soirée de despedida de mi más mejor jefe ever, que se jubila. Sé que se me escapará alguna lagrimita. Buenas son.

Ah, y luego cuatro días festivos. Eso es porque yo lo valgo, no hay duda.

 

Tuiterland y la tensión competitiva

@MeryValver: Tensión competitiva OFF (foto de Neobrufén 600 mg)

@RocíoGlezMtez: Dame. Dos. O diez.

@MeryValver: ¡Y un Orfidal, que necesitamos dormir!

@RocíoGlezMtez:  yo me voy a hacer un cóctel… de lo que haya.

@MeryValver: Con un chorrico vodka.

@RocíoGlezMtez: Te lo cambio por bourbon que no tengo vodka, pero lo necesito así… ¡Qué nervios todo el día, qué dolor de cabeza!

@MeryValver: ¿Te das cuenta de la mala vida que llevamos por culpa del Madrid?

@RocíoGlezMtez: Nos tenía que becar el club o algo. Si esto no es amor…

@MeryValver: Endeluego que sí.

@RocíoGlezMtez: La semana que viene empezamos tres días antes con Diazepam…

@C_Jimenez10. ME DESLOLO.

@MeryValver: No te rías.

@RocíoGlezMtez: Pero si no hacemos más que DESUFRÍ hasta que ganamos una final. ¡Y sufrimos resaca al día siguiente!

@MeryValver: Eso es verdad: que llevo una semana sin dormir desde la final!! Hoy ya he ido a trompicones! Y tanoche me veo igual.

@RocíoGlezMtez: Somos un Pulp fiction madridista…

 

Tuiterland, tras la batalla… Y eso que sólo ganamos 1-0.

Noche de fútbol en el Bernabéu

avatar championDecía Hidalgo Bayal en su Paradoja del interventor: «Cuídate, interventor, que la vida es cruda, el mundo cruel y el sacrificio cruento». Si miramos el diccionario vendríamos de los cruces, que son en nuestro caso los de semifinales de la Copa de Europa. Unos cruces crudos, crueles y cruentos, porque no habrá sangre, pero aquí vamos a tener más que palabras.

No es una guerra. No habrá metralletas, ni ametralladoras, aunque si por fin juega Cristiano, espero algún metrallazo. Eso que llamaban la folha seca, que no es más que un patadón brutal al balón que, por no reventarse, se cuela por la escuadra sin remedio. Tampoco silbarán las balas, ni veremos dispararse los misiles, ni tronarán aviones a reacción, aunque nos lo parezca viendo a Bale. Podemos esperar que Benzemá nos deje algún gol sutil (ah, la subtilité), como de florete, o tal vez un passepartout  si no tiene el día empanado. Aunque el passepartout es la especialidad Modric… Bueno, de Modric yo me espero desde una vainica hasta un passé composé. Y si el resto acompaña y los marines de la defensa evitan pensar (en Ramos y Pepe pensar es el preludio de la catástrofe), ya pueden irse al cuerno los bárbaros ésos del Bayern.

No es una guerra pero habrá vencedores y vencidos. En un lado, los que jugaron mal, aquellos a los que les falló la ambición, les derrotó el miedo y se les paralizó la habilidad. En el otro, aquellos que supieron competir, luchar, sufrir, guerrear, disputar. Aquellos que defendieron una idea y lo hicieron con emoción. ¿Y cuál es la idea? La idea es que el Real Madrid no sale a ver qué pasa, a soñar, a intentarlo. No. El Madrid sale a ganar una copa que es suya. A defender lo que le es propio. Porque cada equipo que ha ganado una copa de Europa, en el fondo se la ha ganado al Real Madrid, aunque el finalista fuera algún otro matao, que eso nos da lo mismo. Esta Copa es nuestra. Y de nadie más.

Aquí, con los alemanes (como con media Europa, por otra parte) tenemos una cuentita pendiente. Una o varias, qué más da. Con este Bayern de jugadores feísimos y de entrenador cuneiforme y falto de arrebol también, por supuesto. A ese Bayern de historial bravucón y macarra hay que ganarle por mucho y como sea. ¿La posesión? ¿el buen juego? ¿la cantera? ¿el señorío? Al cuerno todo eso. Dejaos de pipas y al turrón, que aquí no estamos para secundariedades. Hay que ganar por mucho y como sea, ganar hasta deprimirles. Ganar y que lloren, que se avergüencen, que los reciba un estadio Allianz vacío a la vuelta, que su propia afición se abone a la indiferencia, que se quieran ir a jugar a Milwaukee, en donde no les conoce nadie.

Lo tengo dicho: las emociones mueven el mundo y la razón sólo lo ordena. No hay que esperar racionalidad, no hay razón. Espero un Bernabéu irracional. Un Bernabéu imponente. Un Bernabéu que deberá gritar, rugir, acongojar, amedrentar, estremecer, paralizar. Un Bernabéu que provoque un acojone antológico y ontológico (lo de ontológico es para que me entienda el Pep). Esta noche juega el Madrid su último partido en el Bernabéu para alcanzar la final de su Décima Copa de Europa. Ningún club en el mundo puede aspirar a eso.

Me calmo. «En un lugar como éste, o se es trapense o se es trapero», seguía Hidalgo Bayal. Prefiero trapense, pero en el Bernabéu, mientras se gane, se puede ser casi cualquier cosa. Nos vamos a divertir. Hala Madrid.

 

 

La delicadeza, de David Foenkinos

La delicadeza un mundoparacurraHace unos días iba a hablarles de este libro y se me cruzaron los insectos por medio y al final no les conté casi nada de La delicadeza. Hoy aprovecho que el Madrid está en capilla para escribir el post sobre La delicadeza, un libro que me ha encantado. Cuenta la historia de una mujer, Nathalie, que pierde a su marido en un accidente, y cómo recompone su vida. La historia está, naturalmente, en la recomposición, porque Nathalie se topa con la sencillez, la delicadeza y la ternura de un subordinado suyo de la oficina, un muchacho sueco casi invisible (“la infancia en Suecia se parece a la vejez en Suiza”) y desconcertante, que no le devolverá su vida anterior, pero le permitirá vivir con sus recuerdos sin tener que abandonarlos.

Me ha gustado mucho cómo está escrito, con una prosa sencilla, con una ironía fina y muy elegantona, muy francesa, que a mí me gusta mucho. Te hace comprensible una historia en algún momento disparatada, con unos personajes creíbles y muy bien dibujados, a los que terminas por querer mucho.

Les dejo con un par de párrafos en los que el autor hace referencia a grandes autores franceses con mucha gracia para distraerles, aunque quizá no son lo más representativo del libro, y sí lo sería la sensibilidad y la delicadeza con la que está escrito. Un título muy apropiado, desde luego. Leeré más de este hombre, esto es seguro.

Quería un texto que pudiera leer a salto de mata según le apeteciera, pues sabía que no podría concentrarse. Por ese motivo se decidió por silogismos de la amargura, de Cioran.

…Quizá lo mejor fuera anular la cita. Todavía estaba a tiempo. Podía decir que le había surgido un problema de fuerza mayor. Sí, lo siento, Nathalie. Me habría gustado tanto, bien lo sabe usted, pero bueno, es que hoy mamá ha muerto. No, no, eso no, demasiado violento. Y demasiado Camus, y Camus, para anular una cena, como que no. Mucho mejor Sartre. Esta noche no puedo, tiene que entenderlo, el infierno son los demás. un tonito existencialista en la voz y colaría… 

Y mañana hablaré de fútbol. No lo duden.

 

Semana Santa descansada

Relax poblachónVolví ayer sábado de vacaciones, temiendo la caravana y, sobre todo, los vientos polares que ya amenazaban con aparecer en el poblachón. Y si sólo aparecieran vaya que te tira, pero lo peor es que te llevan volando.

No me ha costado volver, entre otras cosas porque llevaba allí desde el sábado pasado y ya se me estaba poniendo hasta el acento del lugar.

– ¿Y tú desde cuándo estás aquí?

– Máaa

El plan de la semana no era plan. Consistía en cruzar los dedos para que no lloviera y poder dedicarme a pasear a las perras por el pinar o por el robledal, que son los dos tipos de bosques que están a un lado y otro de la carretera que lleva a Avila. Es como una frontera y tú eliges el tipo de campo que prefieres: un bosque tupido y lleno de piñas, con muchas cacas de vaca por todas partes, o un pastizal con robles desperdigados lleno de palos y con muchas cacas de vaca por todas partes.

tupido pinarComo sin duda ya han advertido vds, el suelo contiene elementos comunes y elementos específicos, y esto tiene su importancia cuando paseas con perros, no crean que no. Yo prefiero tirarles piñas, me parece más romántico, aunque con los palos, en especial si son largos, consigo llegar más lejos. Aparte de que van volando en círculo y cuando salen del brazo hacen un ruido como de látigo que es muy sugerente. No he notado preferencias por parte de Curra ni de Wilma sobre ir a por una cosa u otra. Bueno, para decirlo todo, Wilma va y viene incluso aunque no le tires nada. En esto Curra es una perra mucho más moderada y cabal.

semana-santa-14-roblesEn cuanto a las cacas de vaca, es algo que me concierne a mí exclusivamente, que no relajo la atención para no pisarlas y también para que Curra no se me revuelque en alguna. Esta semana lo ha logrado sólo en una ocasión, así es que sólo he tenido que bañarla una vez. Ya hubo cierta Semana Santa que se metió en un estanque lleno de renacuajos y de lo que no eran renacuajos, todo porque una niña que yo me sé tiró una piedrecita por ver qué pasaba. Y lo que pasó es que Curra creyó que tenía que ir a por ella…

En el plano gastronómico, no he tomado torrijas, si exceptuamos una marranada que me sirvieron una noche que salí a cenar con amigos. Mi colesterol no ha sufrido en absoluto, más bien se diría que se ha beneficiado de la cocina poblachonera: los chuletones, morcillas, patatas revolconas de un lado y las pastitas y croissants por otro son una trampa que hacen del poblachón un lugar de lo más revolucionario, porque allí se pone fin a cualquier régimen establecido. En cuanto al aspecto deportivo, tal vez les parezcan poco dos caminatas al día por esos campos de Dios y de animalitos de granja. Sin embargo, quedé una tarde para jugar al padel y fue algo muy moderado, no hay que olvidar que la última vez que jugué me dejé un gemelo en la batalla. Y no me daba miedo rompérmelo, sino tener que ir al médico a escuchar su opinión sobre la edad real y la edad aparente. Y yo, de vacaciones, no estoy para escuchar opiniones de ningún médico.

Por lo demás, quería aprovechar para encargar una cocina nueva y para solucionar unos papeles en el ayuntamiento. Lo primero lo he logrado y lo segundo no: cazar abierto a ese ayuntamiento es complicado, pero ya encontrar a alguien con algo de criterio como para registrar una sencilla cuenta bancaria requiere unas habilidades fuera de mi alcance. A mí, en el poblachón, sólo me queda imaginación para tirar palos. Con silbido de látigo, que es muy sugerente.

 

 

 

 

 

Diez días de Julio, de Esteban Navarro

diez dias de julioSi van navegando por internet y por azar entran en Amazón, y van y se topan con este libro por menos de un euro, no lo duden ni  medio segundo: no lo compren.  O si deciden no hacerme caso y al final lo compran, entonces mi consejo es que lo reserven para el verano: en vez de hacer crucigramas a la hora de la siesta, pueden dedicarse a encontrar las faltas de ortografía, los errores de concordancia, las descripciones repetidas o incluso coleccionar las comas que sobran.

Tengo un enorme respeto por los escritores y por todos aquellos que logran escribir una novela. Tener la imaginación para inventarla, la paciencia para componerla y el esfuerzo de escribirla me parece algo titánico, o al menos, algo que no está al alcance de cualquiera, no desde luego a mi alcance.  Yo comprendo que no todos los que escriben novelas pueden ser grandes escritores, y que de esos hay en realidad muy pocos. Yo lo comparo con el tenis: quien más y quien menos juega, puede estar federado e incluso jugar en campeonatos. Pero Nadal sólo hay uno. Pues esto de las novelas es similar: no se puede pedir que todos los que publican sean García Marquez (DEP, por cierto), pero en el caso de este autor, la falta de oficio o probablemente de un buen consejo profesional (el libro está autoeditado en Kindle) es palmario.

En esta novela sucede un extraño asesinato y un inspector de policía bastante torpe queda encargado por el comisario para resolver el crimen. La historia no está mal, y tiene su intriga, aunque se hace pesadísimo porque racapitula aproximadamente cada dos páginas. De hecho, si no es por la curiosidad, hubiera abandonado el libro en el segundo o tercer capítulo, pero me he quedado hasta el final para ver quién era el asesino, aunque la trama se va enrevesando hasta hacerse algo ridícula. Y mientras, he sufrido, he sufrido.

Aparte de que que el autor se repite como el ajo, el libro está escrito de forma muy descuidada. Es como si en las galeradas el autor se hubiera dedicado a dormir la siesta. Bueno, no creo que haya revisado el libro, ahora que lo pienso. Pero hay cositas que no son sólo descuidos de una escritura atropellada (por no decir algo más serio). Leer que “cualquier abogado de tres al cuarto desmantelaría esa acusación y la derrumbaría como un castillo de naipes azuzado por una tormenta tropical” es para tirar el Kindle por la ventana. O leer “Anda, Simón, ves a tu casa a dormir” o “tengo la grabación – le digo – te gravé cuando hablaste conmigo…” es para pensar seriamente en cortarse las venas.

Los personajes no están cuidados y además, el autor se empeña en transcribir diálogos irrelevantes entre ellos, conversaciones que son relleno de paja y que no aportan nada al texto, ni a la trama, ni al espíritu. La novela está escrita en presente de indicativo, y no estoy segura de que el autor haya querido dotar al libro de un efecto de estilo original para ir leyendo la mente del inspector, sino que para componer un relato en pasado, este hombre escribe como habla: mal.

En fin, una mierda de libro. Luego no me digan que no les avisé.

La delicadeza

En uno de sus post de lecturas del mes (algo muy práctico, todo hay que decirlo), leí a Modestino recomendar a un autor francés, David Foenkinos, como un autor revelación de los últimos tiempos. Recomendaba Los recuerdos como un libro intimista, él lo llamaba literatura “descomplicada”. En fin, sin saber muy bien yo qué es eso de la literatura descomplicada, me interesó la reseña y me fui de cabeza a leerlo, total, algo hay que leer en esta vida. Y resulta que en vez de bajarme Los recuerdos, por razones que no vienen al caso (razones de lo más tontas, que ya me gustaría contarles algo interesante), me bajé de Amazon La delicadeza, un libro anterior del autor.

La delicadeza, pues. Una novela deliciosa. Me lo leí en un día y medio y me he enamorado. Me he enamorado del autor, de la historia, de los protagonistas y hasta del Kindle, y eso que es un cacharro de lo más ordinario. Les voy a decir una cosa muy en serio: si yo escribiera una novela, me gustaría escribir una novela así, y no esos churros que se leen hoy en día, que entre la autoedición y los editores ágrafos, se lee cada mierda, con perdón (ya, ya les contaré, ya). Y por eso descarto escribir una novela: a lo máximo que puedo llegar es a escribir estos post y a tener unos pocos lectores que me soportan, la mayor parte de ellos yo creo que por pura curiosidad. Pues sí: he llegado a la conclusión que a mí me leen por curiosidad. Me leen como el entomólogo que mira a un insectillo hacer cosas incomprensibles por el suelo, por las paredes, por el techo.

A lo que iba, que me pierdo. Que me leen vds por leerme. Y luego que me encontraré un comentario del tipo “pues me lo leeré”, cuando sólo he escrito una línea sobre el libro. No me quieren vds nada. Me releo y creo que he escrito lo más profundo que se puede escribir sobre los insectillos: que son bichos incomprensibles. En cuanto al libro, lo dejaré para otro momento en el que mi mente esté algo menos confusa.

No obstante, esto no puede quedar así. Veamos, ¿Para qué están los insectos en el mundo? Porque una jirafa se comprende perfectamente. Va la mujer (o el macho, hay machos jirafas, me consta) por la selva con su largo cuello y comen ramas de los árboles altos, que para eso las jirafas tienen un cuello larguísimo y los árboles unas copas elevadas. Son tal para cual, las jirafas y los árboles altos. ¿Pero y los insectos? Los insectos van por ahí reptando, volando atontadamente o dando saltitos de lo más ridículo ¿para qué en concreto? Pues para nada, porque todo el trabajo en este mundo lo hacen las abejas. Y como son la mar de productivas, las abejas, están desapareciendo. Es lo que hay: si no pueden cobrarte impuestos, estás condenado a la desaparición, ostracismo mediante.

Mañana les hablaré de La delicadeza, que hoy me he dispersado y se me ha ido de la cabeza el post que había pensado. La vida.

La segunda mitad de abril

Hoy empieza la segunda mitad de abril.

No es un día cualquiera, desde luego.

Y no sé vds, pero yo estoy de un humor excelente.

¡Vamos a celebrarlo!

 

 

All my life is changing every day, in every possible way.

In all my dreams, it’s never quite as it seems, never quite as it seems…