El último post del año

Me invitaron a escribir en este blog (CLICK) sobre las cosas bonitas que me habían pasado este año, y se me ocurrió este post, a lo Perec, que con ligerísimas variaciones, comparto con vosotros. También incluyo un vídeo muy chorra que cambiaré en cuanto llegue el año nuevo, porque ése es el tiempo para el que me han dado permiso.

Feliz 2014 a todos.

Este año 2013 lo recordaré como el año…

  1. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que me fui de viaje con mi hermana G. a los EEUU. Y el año que viene lo recordaré probablemente como el año en el que, por fin, terminé de ordenar las fotos y pude regalarles el álbum a ella y a la otra amiga con la que me fui.
  2. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que el Madrid no ganó la Décima y con ello, nos ha permitido seguir soñando un año más. El deseo solo es deseo cuando no se cumple, y eso, además de la sala de trofeos, es lo que renueva mi devoción por ese gran club: ¡Hala Madrid!
  3. Este año 2013 lo recordaré como el año que empecé a contar los libros que me voy leyendo, ante la imposibilidad técnica y metafísica de no poder contar los libros que no puedo leerme.
  4. Este año 2013 lo recordaré como el año que instalé un buho de plástico en mi terraza para espantar a las palomas, por recomendación de mi hermana MJ. El dilema “¿Susto o muerte?” se resuelve en favor de la vida animal con una estética dudosa, pero con una eficacia notable.
  5. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que me fui a pasar un fin de semana a un camping. Morirme sin hacer eso y sin comer coliflor estaba entre los grandes objetivos de mi vida, y ya no los podré cumplir. Lo que me lleva a pensar que, si me esfuerzo, tal vez también podré incumplir la parte del morirme, y eso me llena de esperanza.
  6. Este año 2013 lo recordaré como el año que cambié a Curra de peluquería. Y su pelo ahora es esponjoso, pero ya no huele a fresitas, lo que hace a mi perra mucho más humana, porque olerla, lo que se dice olerla, es un asunto reservado en prioridad a sus colegas perrunos.
  7. Este año 2013 lo recordaré como el año que Molinos publicó su primer libro y me lo firmó. Guardar la cola en aquella librería entusiasta, y ese “¿Y tú quién eres?” que me hizo mucha gracia, casi tanta como leer su libro.
  8. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que tres amigos celebraron la cincuentena, fiesta sorpresa mediante. Y de camino, me pusieron en la lista de espera, cosa que no sé si es de agradecer, porque todavía queda muchiiiisimo y yo tiendo a la impaciencia. En fin, distraeré la espera acudiendo a todas las fiestas sorpresa que me quedan, que también serán muchísimas.
  9. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que me encontré una mañana, de pronto, con @hermanoelectron. Resulta que trabaja en un edificio al lado del mío. Encontrarme con él fue un suceso tan extraordinario que no se ha vuelto a producir.
  10. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que mis hermanas descubrieron el whasap. Mi vida en el 2.0, ya tan poblada, ahora incluye a los que me faltaban: ¡La familia!
  11. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que Alice Munro ganó el Nobel y por el camino perdió a cuatro lectores. Y también el año en el que Poniatowska ganó el Cervantes y, por el camino, perdió un club de lectura que, a su vez, ganó un grito de guerra contra el aburrimiento y la intensidad: ¡Poniatowska!
  12. Este año 2013 lo recordaré como el año del baile del Staying Alive en el poblachón, antes de una cena, alrededor de una mesa, mientras unos niños menores de 10 años descubrían el significado de la frase “hacer el tonto”. Ah, la importancia de la educación.
  13. Este año 2013 lo recordaré como el año en el que me invitaron a escribir en un blog sobre las cosas bonitas y divertidas del año y, después de hacer una lista, me di cuenta de que me había dejado muchas en el tintero.

El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo (en 10 lecciones)

cub el arte de pagar-2ed.epsHe estado leyendo este librito de Balzac en estos días. Lo vi por casualidad, era uno de esos libros que te ponen al lado de la caja en las librerías, igual que en los supermercados te ponen las chuches. Y, como los caramelos, es un libro delicioso con el que me he reído mucho.

Tal y como ponen en la introducción, este libro se ha atribuido sólo recientemente a Balzac, puesto que lo escribió a medias con Émile Marco de Saint-Hilaire, quien sigue siendo considerado como el único autor. Balzac, a lo largo de su vida, tuvo muchos problemas con las deudas, porque se metió en muchos negocios fallidos, así es que se podría pensar que sabía de lo que hablaba. Y sin embargo, lo escribió con 28 años, es decir, antes de cualquier reconocimiento como escritor, aunque seguramente ya había dejado algunos pufos por ahí. Ese libro, por otra parte, no se había vuelto a publicar desde su primera y única edición en 1827, y quedó casi olvidado en la Maison de Balzac, de donde  se ha rescatado y se ha traducido hace un par de años, aunque como es habitual, con algún que otro gazapo tanto de traducción como de edición.

El libro es delicioso. Empieza contando la historia de un tío imaginario del autor, que es un especialista en vivir del cuento desde su juventud. La historia del tío tiene momentos gloriosos, como cuando, ya al final de sus días cae enfermo y acude al hospital y reclama ser tratado como un privilegiado, puesto que la octava parte de lo que perdía en el juego y la quinta parte de las entradas a espectáculos iban destinadas a sostener hospitales, “de manera que en los últimos cuarenta años ya había pagado su puesto en el hospital por adelantado y que sólo se le estaba devolviendo lo que en cierta manera él había prestado.” ¡Y lo mejor de todo es que lo consigue!

Después ya entra en materia, y divide las 10 lecciones en 10 capítulos, en los que se ocupa de clasificar las deudas, los deudores, los acreedores, en donde nos habla de los alguaciles, del modo de vivir de un deudor, de cómo huir del acreedor, y hasta de la cárcel. Es el manual del perfecto caradura, pero contado con mucha gracia y mucho desparpajo. Nos cuenta cómo el acreedor está muy interesado en la buena salud del deudor, porque si muere, no cobrará la deuda. Y al revés, pues “mientras menos acreedores se tienen, menos recursos están disponibles“.

También nos habla de las características que debe tener un buen deudor, entre las que encontramos 18 físicas (talla, peso, envergadura, o ¡grosor de las patillas!) y 8 morales, aunque éstas bien se pueden resumir en tener aplomo: “Pues ¿qué es presencia de espíritu? Aplomo de los pensamientos. ¿Qué es memoria? Aplomo de los recuerdos. ¿Qué es sangre fría? Aplomo ante el peligro. ¿Qué es coraje? Aplomo en las acciones. ¿Qué es paciencia? Aplomo en los deseos. ¿Qué es agilidad? Nuevamente una especie de aplomo, a saber, del porte y los movimientos. Sólo la octava característica moral no puede ser sustituida con aplomo, es decir, el hambre. En efecto: con el estómago vacío no se pueden lograr ninguna de las grandes cosas del mundo, ni siquiera planearlas…”

Sólo al final se deshace la farsa de lo que ha sido presentado como un “Código de comercio”, y se nos dice que lo de no pagar está feo, pero mientras tanto, el libro te permite disfrutar al ver el mundo al revés. Y algunas veces, no tan al revés…  Les dejo con algo que resume bien el tono del libro, aunque si lo encuentran en el mostrador de una librería, cójanlo, no lo duden. Pasarán un buen rato.

La población de un imperio o de un reino también consiste en dos clases de gentes: los productores y los consumidores. Los productores no son otra cosa que los acreedores. Los consumidores que gastan dinero son los deudores. Es decir: si no existiera gente que gasta dinero, entonces también la gente que produce, que crea valores, sería superflua. O sea, que son aquellos que gastan los que permiten vivir a aquellos que producen, los que crean valores. Por consiguiente, resulta que una persona que crea valores, un productor, es decir, un acreedor, le debe algo a los deudores o consumidores: el no tener que pagarle lo que se le debe. Pues si no le debieran nada, lógicamente se moriría de hambre”

A mi manera…

Lo habréis visto, seguramente, y si no ya os lo pongo yo ahí abajo. El de hazte extranjero y el del Curriculum de todos. Supongo que hay que tomárselo con humor, ese humor tan nuestro. Y con simpatía, esa simpatía tan nuestra…

Hay que sentirse orgullosos, hombre. ¿Qué sería de los españoles sin los abrazos, sin ese hablar a gritos, sin aquello tan característico que es invitar a tós sin tener de ná? Ese ser tan nuestro, tan mío, tan tuyo. Sin las paellas, las torrijas, sin el silbo gomero.

¡El bable, que se te olvida el bable!”

Somos valientes y generosos. Tanto que exportamos la generación más preparada de la historia al mismo tiempo que somos los últimos en educación. Olé, olé y olé. En realidad, somos los últimos en todo, pero qué le vamos a hacer. No, en serio, realmente ¿Qué podemos hacer? Y mola ser extranjero, pero mola más que nos echen de un bar para seguir la fiesta en la calle.  Es esa manera de ser y de sentir a la que no puedes renunciar porque va contigo siempre. A nuestra manera. Porque como se vive aquí, incluso cerca de Canaletas, no se vive en ningún lado… Claro que sí. Que inventen ellos. Y que aprendan. No somos los mejores, pero ¿Quién quiere ser mejor, siendo el más simpático? Como dice Fofito, tienes que mirar lo que has conseguido ¡Porque ya lo hiciste! ¿Quién dijo futuro?

¡Somos más listos de lo que creemos, más fuertes de lo que pensamos, y hasta más guapos!”

No falta nadie. Ahí está Chiquito de la Calzada. Y las Hurtado. Y el cameo de lo que debe de ser la comunidad intelectual, que sólo falta Almodovar. Y el currículum de todos (supongo que el mío también) lo hace un payaso olvidado, el último de una vieja saga inolvidable. Un anuncio muy de actualidad, vaya, no hay más que ver el casting. Me ha faltado el pobre Manolo Escobar, que no ha llegado por muy poquito al anuncio. Como la recientemente recordada Lolita Sevilla, ay, si al menos hubieran tarareado aquello tan famoso…

¡Americanos, aquí venimos con alegría, olé mi madre, olé mi padre y olé mi tía…!”

Pero no. De fondo, los Gispsy Kings. Y Suspiros de España.

Un pueblo capaz de parodiarse a sí mismo al mismo tiempo que se enorgullece con fatalismo para no cambiar aquello que parodia es un pueblo que no merece extinguirse. Al menos mientras tenga chorizos para dar y exportar.

En fin, esto es lo que hay: un par de anuncios de embutidos. Y llegados a este punto, no se si quiero irme, pero a mí me gustaría deshacerme de española.

#LOLPD

#LOLPD-unmundoparacurra

He estado leyéndome en estos días un trabajo muy divertido sobre los disparates que se hacen y dicen en nombre de la Ley Orgánica de Protección de Datos. Se trata de un trabajo al que le faltan unas cuantas horas para maquetarlo con un poco de arte y sobre todo, para corregir, pulir y eliminar todos los gazapos que se han colado en una escritura que, me consta, ha sido muy rápida. Y me consta porque conozco bien a uno de los autores, que tiene escrito un libro mucho más serio y sesudo sobre la dichosa ley de protección de datos. Este trabajo se llama “#LOLPD, aventuras, desventuras y patadas a la LOPD”. LOLPD es un juego de palabras con LOL (lots of laughs, algo así como “me parto”) y LOPD, y que, compuesto como un hastag, permite rastrear las perlas que van publicando en Twitter un grupo de abogados especializados en el tema. Incluso tienen los “premios LOLPD”, y deben de estar muy reñidos, porque los disparates dan de sí para varios concursos…

Yo ni soy abogada, ni conozco la LOPD más allá de las cuatro o cinco cuestiones básicas, entre otras razones porque cuando me he topado con ella, que ha sido más de una vez (y más de dos) en la vida, he llamado al co-autor del que les hablo para que me resolviera el asunto que se tratara. Sin embargo, y sin saber de leyes, las anécdotas que recogen en este trabajo son de traca y están al alcance de cualquiera. Hay para todos y de todos los pelajes, desde luego empezando por particulares y empresas privadas. Por ejemplo, el caso de una constructora que se declara “Miembro de la LOPD” (¿Qué será eso de ser miembro de una ley?) o ese particular que se negaba a dar la matrícula del coche que le estaba comprando otro particular amparándose en la ley de protección de datos (¡LOL!).

Pero cuando la cosa se pone realmente divertida (todo sea no indignarse), es cuando empiezan a mostrarnos a los periodistas y políticos en todo el esplendor de su ignorancia. Los unos porque no comprueban los disparates que dicen los otros, y los otros porque no conocen ni la ley, ni para lo que sirve, ni, sobre todo, para lo que no sirve. Y así nos encontramos con un gobierno que se niega a dar cuenta de las deudas de los clubes de fútbol o un ministro que no da la lista de los integrantes de una Comisión Oficial porque “se lo impide la ley de protección de datos”. O aquel que confunde el nombre de la Ley y le llama en el Parlamento Ley Oficial de Protección de datos o ya, en el colmo, cuando pretenden ampararse en el artículo 95 de una ley que sólo tiene 49…

En fin, es muy de agradecer el trabajo de recopilación, porque si no se recogieran estos disparates, pasarían las más de las veces, por no decir todas, completamente inadvertidos. Y por otra parte, no me hubiera imaginado yo que me iba a reír leyendo 70 páginas dedicadas a una ley. Pero es que en realidad, este trabajo no trata de una ley, sino de lo que hace con nosotros la ignorancia, esa señora tan osada.

PS: Si les interesa, se lo pueden descargar gratis AQUÍ (CLIC)

Felices Pascuas

Este año no he fabricado una felicitación, ni me he empleado muy a fondo, lo reconozco. Aquí estoy, con la mente en blanco, sin saber muy bien qué poner. Y mirad, estas cosas o se hacen con frescura y convencimiento, o mejor dejarlas para otro momento. Así es que dejaré para otro momento lo que vendrá, ello solo, en otro momento.

Para mí estos días son unos días en los que hay que dejar que hable el corazón y no es perentorio andarse con muchos miramientos, porque en esta época se permiten todas las ñoñerías y todos los lugares comunes del mundo. Yo creo que la abundancia es lo que nos hace inmunes a la cursilería ambiente, y se perdona casi todo.

Bueno, casi todo menos la falta de brevedad.

Felices Pascuas a todos.

cropped-cropped-curra-tras-el-seto-noel.jpg

Más sobre premios

cabrones loteriaMe envía mi amigo Alfredo esta foto que ven a su derecha, sin duda para enfadarme. Lejos de ello, me ha provocado una enorme curiosidad, porque no puedo imaginar dónde la sacó y, sobre todo, cómo consiguió captar a Mariano haciendo algo de relevancia. Amigos míos, sujetar un cartel supone un esfuerzo del que sólo esperan remuneración los sindicalistas abonados al langostino, que por cierto, algo pillarán de ese 20% que tan contento le pone a Montoro, el responsable de la caja, de la llave y del reparto de la mamandurria.

Ya les digo que mi amigo no me enfada con esta foto, más allá de ver a Montoro contento, claro. Desde luego, que nadie espere que me moleste que graven con un 20% los premios de la lotería. A mí lo que me enfada mucho es que confisquen un 24,75% del salario a un tio que curra y que gana 17.000 euros al año. Y también me subleva que estos chorizos graven con un 21% la ropa y el calzado, y lo que te rondaré morena. Pero vamos, que graven el estar sentado y que te caiga un pastizal sólo porque un bombo se ha parado en una bola con el número que llevas, me es indiferente. Es más, si me apuran mucho y tengo que elegir, me parece correcto. El 21 te levantas de la cama sin un floro y el 22 te acuestas con una pasta gansa sin haberla doblado. Así es que me parece bien que aporten algo a la caja común, que hay muchos políticos que alimentar.

Eso sí, a mi Wilma que ni me la toquen. Y es que un 22 de diciembre de hace 2 añitos nos tocó la lotería en casa en forma de perra loca. Y capaz es este ministro vampiro de reclamarme una pata de la perra como Impuesto al Ladrido Añadido. Bueno, de reclamármela y hasta de comérsela cruda, con pelos y todo, que este hombre está pero que muy perturbado. En fin, ya sabremos defenderla del gobierno. De momento, a los perros no les permitimos ver el telediario en casa, a ver si se nos van a grillar, se piensan que todos somos iguales  y nos acaban mordiendo un tobillo. En fin, aquí tienen a Wilma, guapetona y entera, dejándose fotografiar para todos vds en el día de su cumpleaños. Y con la peluquería recién hecha, oigan. Gravada, por supuesto, al 21%.

IMG-20131222-00303

Lotería de Navidad

Tendría que decir hoy lo que siempre decía mi abuelo, y que yo recuerdo en el blog cada 22 de diciembre: no me ha tocado la lotería de Navidad por un número. Efectivamente, el gordo ha caído en el 62.246 y yo llevaba otro número.

Los amigos del poblachón solíamos jugar a la lotería de Navidad juntos, aunque lo dejamos de hacer hace un par de años. Mi amigo José Luis se ocupaba de comprar los décimos para todos, hasta que un buen año se cansó y nadie quiso darle el relevo, porque el encargo la verdad es que era un engorro. Nunca ganamos nada, salvo 15.000 pesetas de pedrea que nos tocó un año y que nos gastamos en una noche de farra. Aunque lo más divertido nos pasó en 2009, que quedamos unos cuantos a cenar unos días después del 22 de diciembre. Estábamos en mitad de la cena cuando mi amiga Merche sacó un décimo y dijo: ‘mirad, me ha tocado el gordo’. Naturalmente no la creímos, pero, previsora, sacó del bolso el periódico del día 22 y ahí estaba el número, que coincidía con el décimo que tenía en las manos: el 78.294 ¡El gordo de Navidad!

Gordo Navidad unmundoparacurraY ahora os podéis imaginar el alborozo. Y el alucine, claro. Y los comentarios. Y el nerviosismo de todos. Y es verdad que nos extrañaba un poco la serenidad y el aplomo que demostraba Merche mientras el resto nos pasábamos el décimo y el periódico de mano en mano (“A ver, a ver, qué suerte, jolín qué suerte“), pero es verdad que mi amiga Merche conserva siempre la contención de la gente bien educada, que es una contención muy displicente para esto de ganar un saco de dinero de pronto.

Y así estuvo un rato, mirando cómo nos íbamos pasando el décimo de mano en mano. Y cuando consideró que ya todos habíamos dicho suficientes tonterías, soltó la bomba:

En realidad, si os fijais, pero hay que fijarse mucho, este décimo es del año pasado. Y por cierto que este número es el que jugamos todos los del Poblachón… Así es que podemos decir que nos  ha tocado la lotería con un año de retraso.

Luego Merche nos contó que el año anterior había decidido guardar un décimo cualquiera como recuerdo, por si acaso cambiaban los billetes de lotería (mi amiga Merche es así, no hagan muchas preguntas), y que por casualidad había guardado ése precisamente, y que casi le da un ataque al corazón cuando lo sacó confundido con los décimos de ese año para comprobar la lista del sorteo. Y claro que le pareció chocante que nadie la hubiera llamado para decirle que nos había tocado el gordo, pero por un momento se sintió como Merchitas, la heroína descubridora y portadora de las buenas noticias…

Desde luego, las casualidades existen, y el Gordo de Navidad es una de ellas. En fin, si mi abuelo decía que no le había tocado el gordo por un número, su nieta puede decir con mucha verdad que no le tocó el gordo por un año. Anda, que manda narices…

Les tringles des sistres tintaient…

Lunes.

Lunes.

Lunes…

Pero cambiemos de tema.

Si llegan al minuto 3, notarán que la cosa se pone realmente animada.

… Cela montait, montait, montait… Montait! tralala larala…”

Tanto, tan animada, que se llenarán de fuerza y entusiasmo y les parecerá fácil, y hasta corto, llegar hasta el viernes…

Sous le rhythme de la chanson, ardentes, folles, enfiévrées, elles se laissaient, enivrées, emporter par le tourbillon!

Tralala larala…”

Libros en el año

Literarsis---6Ya no sé cuándo era antes, pero antes yo leía al mismo tiempo dos o tres libros a la vez. Esto de tener las cosas al retortero es algo muy mío, cuando no median obligaciones. Y leer no es una de ellas. Y así, según el estado de ánimo con el que me acostara, escogía uno u otro de la mesilla.

Sin quererlo, al final yo misma ponía los libros a competir, y siempre había uno que salía perdiendo. El libro no era abandonado por mí, sino derrotado por otros libros, y volvía a la librería sin lograr la etiqueta verde pero sin tampoco haber merecido la roja, con una señal en ámbar que decía “me topé con grandes competidores, pero tal vez vuelva a tener mi oportunidad”. No me digan que no queda lírico todo esto.

Nunca se me había ocurrido contar los libros que me he leído. Y mucho menos llevar una relación de lecturas, más allá de mirar mi librería un poco como el que mira lo que lleva acumulado en su plan de pensiones. Tú sabes que las lecturas se van posando, quedan ahí y salen luego, inesperadamente, cuando vuelven a tu conciencia las historias, las frases, los personajes, las ideas de vida que contienen los buenos libros, ya sea novela, ensayo o qué sé yo. Yo sigo el principio de que, para que sea útil, no debe haber una razón utilitarista para la lectura, del mismo modo que uno no se obliga a tener aficiones porque entonces dejan de ser aficiones y se convierten en otra cosa menos divertida.

En la mesa cero del Blasco, ND hace una reseña de cada libro que lee y luego, en Noviembre, consolida: nuestro amigo está en el entorno de 50- 60 libros al año. Modestino hacía la reseña de sus 7 libros de Noviembre como si tal cosa y Molinos no baja de los 5 en sus libros encadenados mensuales.  La referencia que me gustaría que siguierais es la de las cifras, no ahora la de los lectores, que son muy diferentes y cuyas reseñas leo con atención aunque luego no sigo con fervor. Unas cifras que apabullan, y que me habían hecho preguntarme alguna vez por cuántos libros leería yo en un año. Un cálculo hasta ahora tan intuitivo como si me preguntan cuánto gasto en peluquería.  Ni idea, pero bastante porque yo suelo ir mal peinada pero bien de color y con buen corte.

Como algunos sabréis, aparte del Club de lectura, yo participo en una tertulia sobre psicoanálisis y literatura que me “obliga” a leer un título al mes para después poder seguir la charla que tenemos sobre los personajes del libro. En diciembre del año pasado tuve que hacer una pequeña planificación de lecturas por tener coincidencias de fechas. Yo tengo cuidado con el tiempo porque soy muy proclive a perderlo, y hace años, un susto por planificarlo mal me costó un herpes que casi me deja sin cara. Esto y encapricharme de un “book journal” que compré cuando renové mi agenda anual me llevó a empezar a registrar desde diciembre del 2012 los libros que me iba leyendo. Y hasta hoy.

Así es que ahora que se va acabando el año, me dispongo a consolidar y cerrar. La sorpresa ha venido de varios sitios. Lo primero, la cifra, sin duda muy superior a la que yo habría imaginado, porque resulta que se llega a 40 sin hacer grandes esfuerzos y sin marcarse retos. Eso son más de tres libros al mes. Me parece razonable, pero yo nunca hubiera pensado que iría más allá de los 30, y esto me hace sospechar que tal vez gasto en peluquería un dinero cercano al derroche. Lo siguiente que me ha sorprendido es lo poco que abandono. Yo pensaba que abandonaba mucho, pero sólo han sido cuatro libros, aunque uno de ellos está más bien en el bando de los derrotados. ¿Será que el sentimiento de culpa engrandecía el número de libros abandonados en mi mente o es que la disciplina que proviene de saberme vigilada por mi propio control hace que abandone menos? Nunca lo sabré, aunque sospecho que es esto último porque… ahora leo los libros de uno en uno. Y por último, la lista de libros. Cuando repaso la lista de los que no he leído por “compromiso” me digo que tal vez debería haber escrito algún post más este año… Y que abandono adecuadamente.

Toda esta historia de llevar la cuenta en realidad se lo debo a la buena influencia de ND, o eso me parece a mí, y es algo que le debo agradecer. Y ya que la experiencia me ha resultado positiva, en 2014 me propongo copiarle todavía más y voy a hacer un post sobre cada libro que me lea. Y también sobre los que abandone, que seguramente serán los post más divertidos. Y también como él, y teniendo en cuenta que ya llevo más de tres años de blog, supongo que quedaré a salvo de cualquier sospecha de postureo.

Y a ver qué sale. Ea.

Llega la Navidad

¿Y cuándo hay que empezar a quererse mucho?

Lo digo porque los síntomas de la Navidad ya están por todas partes, aunque ya nos están rondando desde la semana pasada. Tampoco son demasiados síntomas, aunque eso sí, todos son espeluznantes. Empezando por una iluminación a medio camino entre la sopa Juliana y el chisgarabís, y terminando por esos reportajes televisivos en los que podríamos poner el mute a la tele y recitar en voz alta la frase exacta que están diciendo en ese momento, como en un karaoke alienado. Pasando, claro está, por las insufribles comidas y las cenas de empresa obligatorias, o por esa especie de spam moñas tan molesto en el que viajan unos abominables christmas electrónicos.

Pero sin duda lo peor es ese ambiente tan conmovedor en el que todos nos empezamos a querer muchísimo. Amor a raudales. Solidaridad súbita. Deseos desenfrenados de felicidad. Te deseo mucha felicidad, decimos mecánicamente,  como un máquina de vending, su tabaco, gracias, en la versión temblorosa: que seas feliz, mientras con el gesto decimos solemnemente te amo.

Qué pesadez.

Yo les voy a decir lo que es realmente diciembre: un mes larguísimo en el que las vacaciones liberan poco, teniendo en cuenta ese estado de deambulación catatónica que convierte a los paseantes y conductores de la ciudad en auténticos estorbos.

En fin, para que el post no se les haga demasiado ácido en un mes en el que tendemos a que se nos caigan los dientes con tanta azúcar, les dejo un vídeo para que se distraigan un rato…