Real Madrid-Barcelona (2)

Esto se está saliendo de madre. El uno no deja de ser un payaso, y el otro es un niñato. Veamos cómo quitar dramatismo al duelo entre José Mourinho y Pep Guardiola:

Eran dos chicos requetefinos, eran dos chicos medio chiflaos

Eran dos chicos casi divinos, eran dos chicos… ¡desbarataos!

Si se encontraban en una esquina, o se encontraban en el café

Siempre se oía con voz muy fina, el saludito de Don José

– Hola, Don Pepito 

– Hola, Don José

– ¿Pasó usted ya por casa? (¿ Quiere que le recuerde un miserable empate que supo a gloria?)

– Por su casa yo pasé (prefiero olvidarlo y estoy disimulando desde hace 10 días)

– ¿ Y vio usted a mi abuela? (aunque lo dudo, porque no tengo)

– A su abuela yo la ví (es mentira, pero me acordé mucho de su padre)

– ¡Adios Don Pepito! (que te den)

– ¡Adios Don José! (que te den a tí)

Y aquí les dejo esto para que lo canten. Que gane el… que meta más goles.

La torrija contraataca

La culpa es de los franceses.

He vivido en Francia tres veces en mi vida. Con 21 años, con 31 y con 41. Y en las tres ocasiones he vuelto con unos kilitos de más. Pero lo que a los 20 es una carita más redonda, a los 40 son unos mofletones de toma pan y moja. Bueno, no, mejor decir unos mofletones de no te menees, que es igual de nefasto para la línea pero es mucho menos cansado. Y esa tripita que a los 30 te quitas en un pis-pas, a los 40 es una lorza fieramente incrustada de agárrate, Catalina, que vamos a galopar. Bueno, no, mejor decir una lorza de mírame y no me toques, que evoca consecuencias y situaciones bastante más realistas, en según qué circunstancias. Se queda ahí pegada, y nada, no hay manera de quitársela.

Y es que la boulangerie de la France tiene estas cosas. Entre el pain au chocolat (mmm), el pain aux rasins (mmmm) y el brioche (mmmmmmmm), vuelves como Bibendum, el muñeco de Michelín – pronúnciese michlán -, pero con el pelo más largo. Por no mencionar las malvadas baguettes, que con la vil merguez convierten un inocente bocadillo en una perversa cena, aunque deliciosa (ya se sabe que lo que no mata…¡ENGORDA!). Y si a los 30 vuelves redonda, a los cuarenta vuelves rodando…

Hace un par de años, viendo que el asunto pintaba mal, comencé mi operación bikini en el mes de mayo. En julio seguía pintando mal, y de bikini nada. El año pasado decidí empezar la operación pareos fuera en el mes de marzo. Y en agosto… en agosto me hicieron una foto que me pareció inexplicable, porque literalmente tenía una hermana siamesa muy gorda que me brotaba de mí misma y me rodeaba todo el cuerpo. Este cuerpo, mi cuerpo, ¡el cuerpazo que parió mi madre y que luego creció proporcionado y bello!. Y es que, lejos de llevar pareo me había puesto una camisetilla ajustada de color berenjena que me quedaba muy mona cuando me miré antes de salir. Claro que yo me veo en el espejo de pie, y en aquella foto  yo estaba sentada. Para mi desgracia, berenjena ya no era sólo el color, sino también la forma, ¡oh, dios mío, sólo me faltaba el rabito verde en la cabeza!.  Así que me dije: ya no me pilla más el toro. Y empecé la operación camiseta berenjena en octubre. Sí: en octubre. A mí ya no me pilla más el toro, ya dije que me dije, esto tiene arreglo, ¡debe tener arreglo!. Allez, ma belle, ¡tú puedes! 

Con ímprobos esfuerzos, empecé con la lechuga y las acelgas. Pensé: bah, sólo me sobran dos kilos. Pero cuando los perdí, pensé un poco más y comprendí que o me sobraban cuatro o debía comprarme otra báscula. Y me compré otra báscula sin dejar de cenar lechuga, navidades y fines de semana de descanso, hasta plantarme en el mes de abril con un tipín estupendo. La lorza sigue ahí, pero muy desmejorada. Y es que la lorza nunca se despega del todo. Pero si se ha de cocer, que se vaya remojando ¿no te parece? Pues eso, je, je, vamos bien, vamos bien, me dije, llegará al mes de junio y podré también abordar la camiseta naranja. Sobre todo, ya controlo: ¡Vade retro, lorza dañina, te venceré, ja, ja, ja!

Entonces llegó la Semana Santa en el poblachón. Ay, no contaba yo con el Imperio de la Torrija. O sea, mi madre con su niña de vacaciones. ¿De la torrija dije? ¡Ah, si sólo fueran las torrijas! Croissants, palmeras de chocolate, ensaimadas, empanadas, sobrasadita (mmm), tarta de San Marcos, pastelitos, pinchitos, cervecita, patatas (revolconas, ali-oli, asadas, fritas, bravas…). Resultado de la semana en el poblachón: pues neteado, te lo dejo en un kilo doscientos. De más, of course. Esta mañana, lunes, lo he visto. ¡Lo he visto! Con estos ojazos verdes que me dio mi padre, lo he visto. Ahí estaba la cifra, casi me desmayo cuando ha dejado de parpadear la báscula.  Y, francamente queridos

NO LO COMPRENDO

No comprendo cómo merendar un poquito de más en una semanita de nada tiene como consecuencia perder lo ganado en 6 meses. Quiero decir, ganar lo perdido. Bueno, tú ya me entiendes. ¡Y ya estamos en Mayo, mi gozo en un pozo! Obi wan kenobi de mis entretelas, amo de la lechuga, rescátame de parecerme a Chewbacca, y de verdad que ya no me rendiré más al imperio de la torrija, así que me traiga la princesa Lea unas yemitas de Santa Teresa de la Flor de Castilla (mmmmmmmmmm)

Y como no lo comprendo, he decidido que la culpa sigue siendo de los franceses. 

Semana Santa, santa semana

Me he tomado la semana de vacaciones. El plan es relajarme, pensar lo justo, y abandonarme a la lectura y a la degustación de torrijas.

La casa donde me encuentro es la casa que mis padres tienen en un pueblo de Avila. Podría haber puesto pueblecito, pero para no decir la verdad, o sea, que esto es un poblachón más parecido a una miniatura de Parla, con sus rotondas y sus corruptos, prefiero dejarlo en pueblo. En estos momentos, mi madre y mi tía están con Curra intentando encontrar una panadería abierta, un domingo de Ramos, mientras suena la BSO de Misión Imposible.

Esta casa permanece cerrada casi todo el invierno, y me puedo ahorrar lo de casi. Para que los fríos polares no se lleven por delante todas las cañerías, y hasta la taza del váter, el guarda, un mozo encantador, nos deja la casa “preparada”. “Preparada” significa que, cuando llegas en Semana Santa, no tienes ni idea de qué es lo que debes hacer para que funcione algo. Y como mi madre prefiere no molestarle, pasamos un rato que sería encantador si nos gustara la intriga y la aventura, pero que realmente es una hora llena de incertidumbre y de peligros. Siempre acabo magullada. O me pillo un dedo al mover el lavavajillas, o me doy un meneo en la rodilla cuando hay que separar la nevera para enchufarla, o me lleno de agujetas de subir y bajar al garaje a dar y quitar el agua (el telefonillo pasa un invierno más largo, siempre), o mi mejor jersey acaba bendecido por las pelusas que corretean desbocadas por el pasillo y que se guarecen debajo de la cama donde tienes que reptar para purgar algún radiador. El final es previsible: llamamos al guarda para que nos socorra y le pedimos, de paso, que envíe a su hermana al día siguiente para que “le dé una vuelta a la casa” y acabe con el ejército de pelusas que nos invaden por tierra, mar y aire.

En el cuarto de baño de esta casa, por alguna misteriosa razón, hay 14 latiguillos. La mayoría no sirven para nada, han quedado inútiles con la instalación de nuevos latiguillos de reemplazo, pero ahí están: puestos, con su malvada ruedecita que abre y cierra el latiguillo. No hay ninguna razón que tenga que ver con la moda del vintage redivivo que nos invade, no: se han dejado ahí para no tener que hacer más obra que la indispensable después de alguna catástrofe invernal y porque, total, no estorban. Y sí, sí estorban, queridos amigos. Especialmente cuando no sabes exactamente cuál es el latiguillo que tienes que abrir pero, sobre todo, cuál es el que tienes que cerrar para que cese el ruido de inundación que hay por toda la casa y que amenaza con hacer de la urbanización las afueras de Riaño (BSO de Titanic). El resultado del ejercicio de apertura y cerrado de latiguillos, ya con un cuaderno en mano para no perdernos, es que el lavabo no tiene agua caliente. Los calambrazos de las encías al lavarte los dientes son de órdago a la grande. Y así hasta mañana (hija, ¿cómo vamos a molestar otra vez al guarda?).

Por en medio de la operación apertura de Semana Santa, Curra con su larga lengua rosada, jadeando y pidiendo agua, histérica por salir porque ¡Ya estamos en el campo!. Incapaz de beber de su bebedero azul, no para quieta por el cuarto de baño, en medio de la operación latiguillos (sigue, de fondo, la BSO de misión imposible), para que le demos agua del bidé. ¿Cuál era el latiguillo que hay que abrir para que salga el agua fría de aquí? Qué pesadilla.

Aquí me tienen, en la cocina, terminando este post. Mi madre y mi tía me han echado del salón: están combatiendo a las pelusas armadas de escoba y fregona. Hija, cómo vamos a hacer venir a la hermana del guarda un domingo de Ramos.

¡Mamá! Te dije que vendríamos hace dos semanas. Y sabes que lo que digo, lo cumplo…

12 y media. Me voy a duchar. He quedado con una amiga para comer en El Escorial y ya llevo el tiempo justo. Hay agua caliente y fría, está comprobado.

Real Madrid – Barcelona

Bueno, pues ya está. Tenemos por delante 4 partidos entre el Real Madrid y el Barcelona en poco menos de tres semanas. En el Barça están muy crecidos y con razón, porque hoy son un magnífico equipo (y temible). ¿He dicho crecidos? Perdón, quería decir creídos. O peor: desde el 5-0, insoportables.

El portero del Barça se pregunta, sin poner más cara de mono de la que ya lleva de serie, si las victorias del Madrid  son en Blanco y negro o en color. Hombre, pues las 3 últimas Copas de Europa, yo diría que el Madrid las ha ganado en color (1998, 2000 y 2002). Cuando la tele era en Blanco y Negro, el Barcelona ya jugaba al fútbol, aunque bastante mal, todo hay que decirlo, porque ni con Luis Suarez ni con Kubala se comieron un rosco y tuvieron que esperar hasta el 92 con el chupinazo de aquel colmo de la brutalidad que era Ronald Koeman, para ganar una Copa de Europa. Y luego han ganado las otras dos que tienen en la misma década que el Madrid ha ganado la 8ª y la 9ª. Si esperamos a que lleguen ellos a una novena, la veremos en 3D o en holograma, allá por 2045… Mientras tanto, el Madrid no habla de Copa de Europa, sino que utiliza los ordinales, para no confundir los trapos con las toallas.

Si vamos a la liga, en la última década cada uno ha ganado 4. Así es que, si es en este siglo, no entiendo de qué presumen. Ahora bien, el siglo pasado es mejor que no lo miren porque era en blanco (27) y blaugrana (16).

Sobre la Copa del Rey, el Barça dice que tiene 25. Pero hay que especificar de qué Rey hablamos, porque del actual sólo tienen 8. Hay otras 8 que son de Alfonso XIII, y si se descuidan casi son Copas de la Regente  María Cristina. Y las 11 restantes son copas del Generalísimo (Franco). Así que, en propiedad, el 70% de su palmarés copero es de antes de JC. Me refiero a Juan Carlos, no a Jesucristo, no me vayan a interpretar mal. Pero bien, lo admito: a copas locales nos ganan (4 de Juanqui, 6 de Franco y 7 Copas alfonsinas para el Madrid).

Donde están imbatibles es en la copa de Catalunya. Tienen 23 campeonatos, el último de los cuales ganaron en 1938. Se ve que luego se cansaron de ganarlo. Esto les va a pasar cualquier día con la Copa de Juanqui….

Ay, qué paciencia hay que tener con estos equipos de provincias…

Nueva visita al oculista (comentario)

Mi buen amigo inspirador me hace el siguiente comentario por mail al post del oculista de la semana pasada: lo siento, pero no tengo la versión femenina. No lo he podido cargar en tu blog.

Aquí lo dejo, es muy divertido. Título: Mi oculista es un hijo de perra.

El water and golden affaire

En la bahía de San Francisco, no pude por menos que observar, inquieta:

– El Goldengate no es golden, es red...

A lo que me contestó mi amiga Susana, que es una marisabidillas:

– Es que golden es la gate, no el bridge

Respondí, algo decepcionada:

– No hay golden, no hay gate. Sólo hay un bridge y es red.

He recordado esto a propósito del escándalo de los EREs falsos en Andalucía. Algunos periódicos llaman a este escándalo el EREGATE.  Supongo que toman como referencia el escándalo Watergate. Supongo también que saben que aquello tenía que ver con la escucha ilegal a un partido político, y que Watergate es el nombre de un barrio de Washington en donde estaba la sede del Partido Demócrata.

También supongo que saben que gate no significa escándalo. Pero lo mismo supongo muchas cosas, y tampoco quiero decir nada por no parecer una marisabidillas.

Visita al oculista

– De lejos ves bien, no necesitas gafas.

– ¿Seguro?

– Sí, seguro. Mira, lees el cartel 1,2 que es el cartel que debes ver.

– Pues yo vengo observando que algunas noches, los semáforos me bailan

– ¿Sobre qué hora te pasa eso?

– No sabría decirle, a partir de ciertas horas ya no miro el reloj y me dejo llevar. Bueno, a ver, tampoco me pasa siempre-siempre. Pero ver bien de lejos me preocupa porque me interesan mucho los paisajes. Formo parte de ellos ¿sabe? ¿Y de cerca, qué tal estoy?

– De cerca estás estupenda. No has tenido variación desde la última vez que viniste, hace ahora… dos años.

– Pues yo vengo observando que no veo bien, creo que he empeorado. Quiero decir, que ahora cojo un papel y me lo tengo que alejar para leer lo que pone.

– ¿Con las gafas?

– No, sin las gafas.

– Claro, pero es que tienes que ponerte las gafas.

– Ya, pero en un restaurante, por ejemplo, ya no veo bien la carta. El otro día tiré el vaso de agua porque no lo vi.

– ¿Llevabas las gafas?

– No.

– ¿No veías el vaso sin gafas?

– No, no lo veía.

– ¿ Y a qué distancia estaba el vaso?

– No tengo ni idea. Me lo tapaba la carta.

Mi visita al oculista se ha resuelto divinamente. De cerca estoy estupenda y además, muy simpático, me ha dicho que no aparento la edad que tengo. Y eso que venía de la oficina, que eso siempre te echa años.

Inspiración, expiración y duelo

Me envía un buen amigo un mensaje con el siguiente título: Inspiración para tu blog... No voy a describiros las intimidades de mi correo (c’est à dire, le corp du message), pero a lo que vamos: pegado en el mail, un enlace. Pinchas y ves un mapa de la corrupción política:

Así que, una vez inspirada, expiro. Y una vez expirada, paso por las cuatro etapas del duelo:

NEGACIÓN: “No puede ser. Ahí debajo no está España

IRA: “¿Pero será posible semejante amogollonamiento de sinvergüenzas?”

DEPRESIÓN: “No tengo ganas de votar a nadie…

ACEPTACIÓN: “Bueno, a ver, que no puede dar para tanto (clic)”

Y he vuelto a pasar por las cuatro etapas del duelo…

ACEPTACIÓN: “Anda, pues sí: ahí debajo está España”

DEPRESIÓN: No tengo ganas de votar a nadie…

IRA: “¿Pero será posible semejante amogollonamiento de sinvergüenzas?”

NEGACIÓN: En efecto, no nos da para tanto.

Merci pour l’inspiration. Pero, querido amigo, no hay que darle más vueltas.

Os dejo el enlace aqui