La torrija contraataca

La culpa es de los franceses.

He vivido en Francia tres veces en mi vida. Con 21 años, con 31 y con 41. Y en las tres ocasiones he vuelto con unos kilitos de más. Pero lo que a los 20 es una carita más redonda, a los 40 son unos mofletones de toma pan y moja. Bueno, no, mejor decir unos mofletones de no te menees, que es igual de nefasto para la línea pero es mucho menos cansado. Y esa tripita que a los 30 te quitas en un pis-pas, a los 40 es una lorza fieramente incrustada de agárrate, Catalina, que vamos a galopar. Bueno, no, mejor decir una lorza de mírame y no me toques, que evoca consecuencias y situaciones bastante más realistas, en según qué circunstancias. Se queda ahí pegada, y nada, no hay manera de quitársela.

Y es que la boulangerie de la France tiene estas cosas. Entre el pain au chocolat (mmm), el pain aux rasins (mmmm) y el brioche (mmmmmmmm), vuelves como Bibendum, el muñeco de Michelín – pronúnciese michlán -, pero con el pelo más largo. Por no mencionar las malvadas baguettes, que con la vil merguez convierten un inocente bocadillo en una perversa cena, aunque deliciosa (ya se sabe que lo que no mata…¡ENGORDA!). Y si a los 30 vuelves redonda, a los cuarenta vuelves rodando…

Hace un par de años, viendo que el asunto pintaba mal, comencé mi operación bikini en el mes de mayo. En julio seguía pintando mal, y de bikini nada. El año pasado decidí empezar la operación pareos fuera en el mes de marzo. Y en agosto… en agosto me hicieron una foto que me pareció inexplicable, porque literalmente tenía una hermana siamesa muy gorda que me brotaba de mí misma y me rodeaba todo el cuerpo. Este cuerpo, mi cuerpo, ¡el cuerpazo que parió mi madre y que luego creció proporcionado y bello!. Y es que, lejos de llevar pareo me había puesto una camisetilla ajustada de color berenjena que me quedaba muy mona cuando me miré antes de salir. Claro que yo me veo en el espejo de pie, y en aquella foto  yo estaba sentada. Para mi desgracia, berenjena ya no era sólo el color, sino también la forma, ¡oh, dios mío, sólo me faltaba el rabito verde en la cabeza!.  Así que me dije: ya no me pilla más el toro. Y empecé la operación camiseta berenjena en octubre. Sí: en octubre. A mí ya no me pilla más el toro, ya dije que me dije, esto tiene arreglo, ¡debe tener arreglo!. Allez, ma belle, ¡tú puedes! 

Con ímprobos esfuerzos, empecé con la lechuga y las acelgas. Pensé: bah, sólo me sobran dos kilos. Pero cuando los perdí, pensé un poco más y comprendí que o me sobraban cuatro o debía comprarme otra báscula. Y me compré otra báscula sin dejar de cenar lechuga, navidades y fines de semana de descanso, hasta plantarme en el mes de abril con un tipín estupendo. La lorza sigue ahí, pero muy desmejorada. Y es que la lorza nunca se despega del todo. Pero si se ha de cocer, que se vaya remojando ¿no te parece? Pues eso, je, je, vamos bien, vamos bien, me dije, llegará al mes de junio y podré también abordar la camiseta naranja. Sobre todo, ya controlo: ¡Vade retro, lorza dañina, te venceré, ja, ja, ja!

Entonces llegó la Semana Santa en el poblachón. Ay, no contaba yo con el Imperio de la Torrija. O sea, mi madre con su niña de vacaciones. ¿De la torrija dije? ¡Ah, si sólo fueran las torrijas! Croissants, palmeras de chocolate, ensaimadas, empanadas, sobrasadita (mmm), tarta de San Marcos, pastelitos, pinchitos, cervecita, patatas (revolconas, ali-oli, asadas, fritas, bravas…). Resultado de la semana en el poblachón: pues neteado, te lo dejo en un kilo doscientos. De más, of course. Esta mañana, lunes, lo he visto. ¡Lo he visto! Con estos ojazos verdes que me dio mi padre, lo he visto. Ahí estaba la cifra, casi me desmayo cuando ha dejado de parpadear la báscula.  Y, francamente queridos

NO LO COMPRENDO

No comprendo cómo merendar un poquito de más en una semanita de nada tiene como consecuencia perder lo ganado en 6 meses. Quiero decir, ganar lo perdido. Bueno, tú ya me entiendes. ¡Y ya estamos en Mayo, mi gozo en un pozo! Obi wan kenobi de mis entretelas, amo de la lechuga, rescátame de parecerme a Chewbacca, y de verdad que ya no me rendiré más al imperio de la torrija, así que me traiga la princesa Lea unas yemitas de Santa Teresa de la Flor de Castilla (mmmmmmmmmm)

Y como no lo comprendo, he decidido que la culpa sigue siendo de los franceses. 

5 pensamientos en “La torrija contraataca

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