Noticias enlatadas

– La semana pasada estuve comiendo con Alphonse.

– ¿Está en Madrid?

– Sí, claro. ¿Dónde quieres que esté?

– Pues en Pekin, ¿no?

– No, volvió hace un año o así.

– ¿Un año ya? ¿Y cómo está, qué tal le va?

– Bien, muy bien. Muy contento con su niña.

– ¿Su niña? ¿Pero no era un niño?

– El primero era un niño. Ahora ha tenido una niña, hace una semana.

– ¡Anda, no sabía! ¿Y ya se queda en Madrid entonces?

– No, en un par de meses se va destinado a Tokio. 

– Pero qué barbaridad. Con tanta noticia voy a necesitar un bloc de notas…

 

 

 

Final en Lisboa: traed la Décima

escudo-futbol-madridEsta noche es el gran partido. Una final preciosa, con el otro equipo de la capital, del que son tantísimos amigos. Ellos también tiene ilusión, pero no es la misma ilusión de los madridistas. No puede ser.

El Real Madrid es el único club del mundo que puede ganar una décima Copa de Europa. Ser del Madrid es esto, es estar acostumbrado a ganar aunque se pierda un título, es que empiece la temporada y quererlo todo. Por eso soy del Madrid, no por tradición familiar.

Soy del Madrid porque es un equipo campeón, por su grandeza, por su autoridad, por su primacía, porque es blanco, porque es poderoso, porque es el mejor, siempre.

Soy del Madrid porque es un club mítico y legendario. Y su mito y su leyenda son inalcanzables, porque se alimentan cada año sin importar lo que suceda en la competición.

Por eso, ganar al Madrid es como matar al padre. Esos equipos que vienen al Bernabéu y se dejan la piel, e incluso ganan el partido, pero luego descienden a segunda. Y tú te dices que si jugaran siempre como contra el Madrid, no deberían ocupar el puesto que ocupan. Pero ganar al Madrid es ser un poco más grande, es robar un poco de su grandeza, quitarle un poco de su primacía, de su ciencia, de su sabiduría, de su autoridad. Matar al padre.

Los que ya tenemos unos años, recordamos la inigualable emoción de la Septima. Y París. Y el inolvidable gol de Zidane. Ganar una décima Copa de Europa sólo está al alcance de los madridistas. Por eso esta noche jugamos. Y que gane el Madrid. Y entonces, será: habrá ganado el mejor.

Traed esa copa. Hala Madrid.

 

Un día como hoy hace 10 años

Fue ese día cuando Zaida llegó la primera porque creía que iba la última.

Fue ese día cuando Zaida hubiera llegado acompañada, de haber comprendido que iba la primera. 

Fue ese día cuando, al llegar a desayunar, Merche me preguntó por qué yo no iba de uniforme, y, ante mi cara de perplejidad, me señaló a Rosana, Zaida y Helena, en la barra del hotel: las tres iban con los mismos pantalones. Me levanté y, con mi probada diplomacia y humor mañanero, les dije a las tres que sus pantalones eran, los tres, casi idénticos y feos. Entonces Rosana se excusó diciendo que a ella se los habían regalado, advirtiendo de paso que los suyos eran más caros y mejores. Ya, pero de feos, todos iguales.

Fue ese día cuando se retransmitió la boda del milenio, y todas con esos pelos. Y algunas, con aquellos pantalones…

Fue ese día cuando mi forma de vestir le hizo decir a Rosana que iba perfecta para darme un paseo por el Retiro. Poco después, Merche me haría esconder la cámara porque parecía demasiado turista.

Fue ese día cuando pensé que ni en vacaciones me dejarían vestirme como yo quisiera, pero que el paso de los días, teniendo en cuenta el rato largo que se pasaba la ropa dentro de la maleta, simplificaría mucho las cosas.

Fue ese día cuando Merche y yo paramos en el Alto de San Xil una hora después de haber empezado a caminar, prometiéndonos hacer esta paradita cada día para no cansarnos ni rompernos demasiado las piernas…

Fue ese día cuando inopinadamente nos encontramos a Rosana y Helena en el único bar del Camino: llevaban una hora viendo la boda del milenio con los paisanos. Nosotras estuvimos otra hora viendo el enésimo resumen de la boda del milenio. Qué horrorosa iba Ana Botella.

Fue ese día cuando Rosana empezó a negar que había sido ella la que había cambiado todo el itinerario y seguirá negándolo así que pasen cinco Jubileos.

Fue ese día cuando tomamos la única queimada del viaje, invitadas amablemente por el paisano del bar. No sabemos si la hizo para invitarnos o nos invitó porque la hizo. Y la queimada producía tantos escalofríoscomo el traje de Ana Botella.

Fue ese día cuando descubrí la verdadera ventaja de haber salido de Triacastela: que las demás pudieran iniciar una conversación conmigo a base de preguntarme cómo se llamaba aquel pueblo del que salimos. Luego la conversación discurría generalmente por otros derroteros.

Fue ese día cuando nos dimos una vuelta por el Monasterio de Samos, que tiene dos claustros y al padre Feijóo en uno de ellos y a muchas señoras con las tetas al aire en otro de los claustros, y nosotras nos reíamos y cuchicheábamos como monjitas a punto de escandalizarnos cuando reparamos en ello (en las tetas, no en el Padre Feijóo, pobre).

Fue ese día cuando salimos a las 12 de la mañana para encontrarnos con la cuesta más grande y más desmoralizadora que hemos tenido que cubrir nunca. Después de coronar, una comprendió la alegría de Miguel Indurain en Alpe d’Huez. Salvando las distancias, mucho más duro lo nuestro.

Fue ese día cuando al llegar a aquel Alto de San Xil ya habíamos formado 4 grupos, siendo siete personas. Ninguna sabía de las otras y cada una hizo un recorrido distinto, así es que fue una etapa insolidaria que nos haría organizarnos para el futuro.

Fue ese día cuando yo le dije a Zaida que nunca hubiera apostado por que ella llegara la primera. Zaida no se enfadó demasiado, pero sé que no lo olvidará y por eso lo apunto.

Fue ese día cuando la señora que nos enseñaba el Monasterio de Samos me dijo con voz queda: “yu creu que vusotras nu vais a andar muchu”, a lo que yo le respondí que el Camino tenía muchas motivaciones: las deportivas, las espirituales, las turísticas… Me guardé para futuros Jubileos que también se podía tener como motivación no llegar, o llegar en taxi.

Fue ese día cuando comprendí qué quería decir mi madre cuando me dice eso de que “esto es un jubileo”, para significar que “esto” es un ir y venir cada uno a su bola.

Fue ese día cuando no tengo ni idea de por dónde fuimos.

Fue ese día cuando Merche y yo nos quedamos rezagadas en la primera cuesta y yo escribí en mi diario “llegaremos las últimas a Sarria”. Llegamos las últimas a Sarriá y a todas partes…

Fue ese día cuando Zaida, después de un rato sola y con el desconcierto de no saber muy bien si iba o venía en la etapa, se topó con un francés que estaba deseoso de dar carrete a alguien: venía desde Besançon, llevaba de Camino dos meses y parecía Tom Hanks en Naúfrago. Así es que el pobre buscaba desesperadamente un balón de rugby a quien contarle sus penalidades y en vez de eso, se topó con una calabaza antipática (moi) y con Zaida que iba desorientada, perdida y sola. Y por no perderse ya más, pues le siguió el ritmo y llegó antes de las lentejas.

Fue ese día cuando Mar y Sonia empezaron a comprenderse la una a la otra y a distinguir el sonido de su voz entre las carcajadas de la compañera de Camino. Treinta y nueve tacos son mucha vida para contarla en seis dias…

Fue ese día cuando Helena terminó de renunciar a su condición de monárquica, y Rosana y Mar tenían la conciencia regular por alegrarse de toda la lluvia que caía en la boda del milenio. 

Fue ese día cuando, al llegar al destino, yo estuve a punto de besar el hall del hotel, al recepcionista y a una señora que pasaba por allí en aquel momento.

Fue ese día cuando hicimos la subida por carretera, después nos metimos por un senderito del bosque, después tuvimos que preguntar dónde estábamos, después de nuevo carretera, pero con senderito al lado entre las obras, y finalmente, alrededores de Sarria, donde me cambié las botas por las zapatillas. La etapa que hicieron las otras no puedo describirla.

Fue ese día cuando supe lo que realmente era un dolor de pies, y pensé que había que incluirlo entre los de primera categoría, al lado de uno de ovarios y de una depilación de ingles a la cera caliente.

Fue ese día cuando volvimos a Samos para oír el órgano del Monasterio de la misa de las siete y media y llegamos a las ocho menos cuarto, tarde de todos modos porque la misa era a las siete. Comprendimos que el problema no era el paso del tiempo, sino el cálculo del mismo.

Fue ese día cuando nos tomamos unas primeras cervecitas en una esquina de la carretera que atraviesa Samos, entre peregrinos circunspectos a punto de encajarse en las espartanas literas del refugio del pueblo. Aquel refugio nos terminó de convencer de que un verdadero peregrino nace, no se hace.

Fue ese día cuando a Merche y a mí no nos dio tiempo para ducharnos y yo me fui a cenar vestida igual que a lo largo del día, o sea: según yo, para andar por el campo; según Rosana, para pasear por el Retiro; y según las circunstancias, para estar por el pueblo.

Fue ese día cuando tomamos churrasco, ensalada y chorizos caseros con vino tinto siete personas por 60 euros, mientras cotorreábamos acaloradamente de la boda del milenio a voz en grito. Despellejábamos incluso a las que no fueron a la boda, mientras los paisanos trataban de averiguar qué les habrían puesto en el vino para que no entendieran lo que sucedía en la tele. 

Fue ese día cuando Zaida encontró un palo verde con el que se sujetaría el cansancio sus cuatro días de Camino.

 

Del Diario del Camino, Primera etapa: De Triacastela a Sarria – 2004

Retorno al patrón oro, de J.M. López Zafra

Retorno al patrón oroHe leído hace unas semanas este libro de Juan Manuel López Zafra, profesor en CUNEF y colaborador del periódico El Confidencial. En él se hace un repaso por la historia del oro, como moneda de intercambio y luego como valor de respaldo, como reserva. Repasa el oro como poder y como pesadilla, como excusa y como solución. Lo hace de una manera muy pedagógica y nada pesada, y el libro se hace muy interesante y muy instructivo.

Hasta el siglo XVIII, el oro servía como moneda, debidamente acuñado y a veces aleado con la plata, y servía como medio de intercambio económico. Es a partir de este siglo cuando se inician los experimentos para sustituir el oro como respaldo de los billetes emitidos, empezando por los assignats en Francia, y siguiendo, ya en el siglo XIX por los greenbacks, con los que Lincoln ganó la guerra de secesión, o ya en el siglo XX, el marco de la Alemania de Weimar. En situaciones de emergencia nacional, o de guerra, el oro se desvinculaba de la moneda para que los gobiernos pudieran emitir moneda a su antojo y pagar los gastos militares. Lo primero es lo primero, se debían decir. Claro que en situaciones de guerra, también se suspenden los derechos civiles…

Después de los acuerdos de Bretton Woods, en 1944, se pasó de un sistema de patrón oro a un sistema de “patrón de cambio”, según el cual, era el dólar el que tenía un respaldo en oro, y las demás monedas se referenciaban al dólar. La paridad y el anclaje fueron eliminados en 1971 por Nixon, y hasta hoy, fecha en la que ni se sabe la cantidad de reservas de oro que hay, porque, total, para qué van a contarlo. Al no tener las monedas actuales un anclaje (o casi), una necesidad de estar respaldadas con algo que tenga valor real (y suficiente liquidez), los gobiernos ponen en marcha sus maquinitas de hacer billetes sobre la nada, con la consiguiente pérdida de valor y la aparición de la inflación y sobre todo, de deuda – una inflación pequeñita, nos dicen, pero que se va acumulando, y una deuda colosal, que globalmente ha pasado de 57 a 109 billones de dólares entre 2000 y 2010 -. No es sólo esto, naturalmente, pero sí hay una relación entre los dos asuntos.

También se ocupa el autor del coeficiente de caja, que es la obligación de respaldar los depósitos por parte de los bancos (centrales o no). En 1968 se suspendió la obligación de que hubiera ningún respaldo – actualmente, el coeficiente de caja en España se sitúa en el 2%, con lo cual, mecánicamente se expande el crédito sin que haya nada que lo respalde, o sea, que se presta lo que no se tiene, con el consiguiente riesgo de burbuja crediticia y, sobre todo, de riesgo moral.

El autor aboga por un regreso paulatino al oro como referencia, algo sin duda dificilísimo. Porque a ver quién le quita el juguete a nuestros gobernantes, que pueden vivir la alegre vida del que sabe que no tiene que esforzarse para ajustarse a un presupuesto ni pagar sus deudas que, como la mancha de mora, con mora se quita. La historia tiene ejemplos de que esto no es sano, ni trae nada bueno, pero ahí están, el FMI & Co., garantizando que lo etéreo, la nada, el soma en forma de billetes, siga gobernando nuestras vidas.

Yo tengo la sensación de que vivimos en un mundo de mentirijilla. Un mundo en el que hay una ficción, como la moneda, la política, lo que vemos en la tele, que es una capa distinta de la realidad. Un poco como Matrix, pero sin que nos tengan en posición fetal anclados a un tubo de alimentación. Lo que es seguro es que al oro, ese arma de control de los gobiernos, no estamos anclados.

Se ocupa poco de España (lo que se agradece mucho), pero da un dato muy divertido, que yo les dejo, para que no me digan que me lo guardo todo para mí.

En España, el valor nominal del PIB se ha doblado desde 1995; la deuda de las familias y de las empresas se ha multiplicado por seis en el mismo periodo, y la deuda de las administraciones públicas se ha multiplicado casi por tres, para un agregado de casi cinco veces. En mayo de 2013, en medio de la fase de «austeridad», el Gobierno de España había añadido 152.000 millones de euros en forma de deuda en sólo doce meses, cuando, en pleno fervor de estímulo a la demanda agregada, durante el año 2009 (recordemos el famoso Plan E), España acumuló 105.000 millones; al final del primer trimestre de 2013 la deuda de España (en relación con el PIB) era la tercera que más crecía en la zona euro, sólo superada por la de los países también sometidos a la austeridad de la troika, Irlanda y Grecia. En Estados Unidos, el PIB nominal se ha multiplicado en 2,1 veces desde 1995, el crédito al consumo lo ha hecho en 2,5 veces, y la deuda, en 6 veces.”

Esperando la Décima

Estoy como en capilla. En un estado de espera latente, en un estado de letargo, como de silencio cauto, por temer que si digo algo lo mismo rompo un embrujo.

Hasta el sábado quedaba por saber quién ganaba la liga. El Madrid dejó de luchar, displicente, por estar a la espera de esa finalísima que lleva esperando tantos años. Tantos que prefiero no contarlos. Apenas sí ha habido algún reproche, que bastante tenemos con contener la respiración de aquí al 24 de mayo. En Lisboa.

Sea.

Felicité el sábado al Atleti. Y a mis amigos indios. Y me alegré por ellos. Y también me alegré por mí, qué coño. Me duró un par de horas. Y ya. Ayer ya había dejado de ser un equipo amigo. Hoy es El Rival.

No tengo la menor duda de que el sábado van a salir como lobos a por la Copa. Disfrazados de corderos, de equipo humilde que se conforma con la liga, que ya ha hecho su temporada. Pamplinas. No van a conformarse. Para ellos es una oportunidad que llevan esperando muchos, muchos años. Tantos que no voy a contarlos.

Es un rival digno. Puede que un rival extranjero tuviera más glamour, pero ¿ a quién le importa el glamour ahora?

Hoy he visto este maravilloso vídeo de @luiscalles9 que me ha pasado @Elisa________ (ocho guiones bajos detrás del nombre). Se llama Real Madrid – Atlético de Madrid, UCL Final Promo 2014: El retorno del rey. Tres minutos que te ponen los pelos de punta.

Estoy como en capilla. En un estado de espera latente, en un estado de letargo, como de silencio cauto, por temer que si digo algo, lo mismo rompo un embrujo.

Véanlo, que yo no tengo nada más que decir.

 

 

 

 

Buscadores decepcionados III

Me digo que, como hoy es domingo, voy a hacer una entrada sobre los resultados de buscadores, que siempre son muy apañadas. Iba a escribir sobre el ángel exterminador, pero creo que antes echaré un vistazo al Apocalipsis y ya de paso les resumo lo que les espera como sigan ustedes por ese mal camino que llevan.

Como la mitad de las búsquedas no las entiendo – lo que no deja de ser una buena noticia, créanme – voy a dedicar esta entrada a tratar de resolver las dudas de aquellos que cayeron aquí buscando respuestas y que, me temo, se marcharon decepcionados. A mí me pasa, no crean. Escribo en Google “cómo pagar menos impuestos” y el buscador me devuelve risas enlatadas.

Allá voy. Si no les importa, voy a corregir las faltas de ortografía en algunos casos, porque cada cual es dueño de su ignorancia, pero yo soy la dueña del blog.

– Un pueblo sin memoria es como una sirena bienintencionada. No sé de dónde saca vd, querido amigo, que una sirena es bienintencionada. Yo desde luego, desconfiaría de alguien que se disfraza de pez a medias y que me canta con languidez desmedida. Lo que son bienintencionados son los manatíes, a quienes los antiguos marinos confundían con las sirenas. ¿Era eso lo que venía vd buscando?

– Qué significa curra f. Feliz. Significa Curra feliz.

– A donde va ese barquito que cruza la mar serenaaa. ¿El barquito viene de Cadiz? Pues si es ese barquito, unos dicen que a Almería y otros que pa Cartagena, y otros que pa Cartagena.

– Por qué si te vas a Marte no puedes volver. Mayormente porque la nave espacial se escacharra en el aterrizaje. Pero vamos, en realidad eso es una incógnita, porque no se sabe de nadie que haya ido, y por lo tanto, tampoco se sabe si podría haber vuelto.

– Por qué sólo yo huelo como a lejía. Pues usted sabrá, querido amigo, pero yo en su lugar trataría de recordar con qué ha rellenado vd. el bote de colonia.

– por qué son así los gorrones. ¿Así? ¿Como que así? Si no concreta…

– Qué hacer con un gorrón. Quiero suponer que no encontró respuesta a su anterior pregunta. En fin, yo esperaría a que se fuese al baño y luego saldría corriendo del bar para que se haga cargo de la factura. También puede hablar con él, que es menos indigno, pero no le garantizo los resultados.

– Tengo un faralaes facial. ¿Es vd el de la lejía?

– Cómo esperar en el aeropuerto? Mire, si afronta así los viajes en avión, lo mejor es que se quede vd en su casa y así se evita esperas indeseables.

– Qué tal es lo de dormir por ahí en el campo en tienda de campaña. No tengo ni idea. Busque vd en otros blogs más de gente hippie.

– Se le marcan las pantaletas en facebook. No sé a quién se refiere, pero yo entro poco en Facebook. Aunque si las pantaletas son lo que me imagino, casi es peor que se marquen en la falda. Pero insisto: no sé a quién se refiere.

–  Como realizar el trabajo a donde van las hormigas y para que lleban hojitas. No ha entendido vd nada de la vida de las hormigas. Precisamente, lleban hojitas a donde van y es así como realizan el trabajo.

– Una canción que canta una mujer que dice lalala y luego tiene voz de pito. Puede ser perfectamente el ministro Montoro imitando a Massiel, pero lo de ser una mujer me despista un poco.

– porfavor me poseis decir como podia yo quitar chicle pegado en el pantalon gracias. Hum. Le noto apresurado. Cálmese, métalo en la lavadora y espere a ver qué pasa. No conozco otro remedio, si descartamos tirar el pantalón a la basura.

– Qué color de pintura le queda a una casa cuando los adornos son gindos. Le quedará muy probablemente del color de los gindos, en especial si son abundantes. Por cierto ¿qué son los gindos?

– Qué pasa cuando te hace glu el oido. No me parece algo como para inquietarse. Yo creo que saliendo del agua se mejora mucho.

– Cómo hacer capirotes chinos. Pues se coge un avión, se aterriza en Pekin y allí se compra tela y un cono. Se forra el cono con la tela y se vuelve uno de Pekin. Ya tiene vd un capirote chino.

– Nombres para perros del Atlético de Madrid. Thibaut, no lo dude. Tiene a su favor que es corto, se escribe raruno, y tiene clase como nombre. Pero si no le va mucho lo belga, también puede pensar en Turán, Tiago, Koke o Godin. Descarte Alderweireld y Aranzubía, que son demasiado largos.

– Cómo se dice que guapo no me canso de decirlo. Pues así mismo, tal y como lo escribe, no va usted mal encaminado.

Dejo para el final dos entradas que me han sobresaltado. Una dice “club de lectura socialdemócrata“, y la otra “crear un club de lectura en un hospital“. ¿Ven como debo repasar el Apocalipsis y resumirlo? Supongo que en justa compensación, alguien llegó buscando “los pies más bonitos del mundo“. Ahí queda eso.

 

La cuisine

La-cuisineEn estos tiempos de Masterchef, de estrellas Michelin un peu partout y de amor no sólo por los olores y sabores sino también por los colores, si dices “cocina” uno piensa automáticamente en una toque blanche y en eso tan velasqueño de “mamá, yo quiero ser artista”. En mi caso, y desde hace un par de semanas, yo pienso únicamente en eso que ven a su izquierda, que también es una cocina y cuya única cualidad de “haute” es que la he pedido de 90 cm para evitar jorobas futuras, o lo que es lo mismo, eventuales dolores de espalda. Les presento mi nueva cocina del Poblachón, mientras les mando un saludo ante los previsibles aplausos.

Esos cajoncitos que ven a la izquierda no fueron idea mía sino de mi hermana, que consideró, con buen criterio, que siempre hay mucho trapo que guardar. En el proyecto inicial, debajo de la vitro había dos cajones, dos gavetas y una puerta, pero hay que dejarse aconsejar aunque con ciertos límites. Ya saben ustedes que cuando una se mete en reformas, lo peor que se puede hacer es preguntar, porque todo el mundo tiene ideas pero nadie pone dinero. Por eso aquí sólo opinó una de mis hermanas, que siempre ha sido muy cuidadosa con la economía familiar, y ya.

Por lo demás, la encimera será de color lima, decisión propia y bastante arriesgada, porque los azulejos no son ni mucho menos blancos. Datan de 1976 y tienen un dibujo de redondeles indescriptibles que combinan el amarillo limón y el verde manzana. Algunos lo llamarían vintage, pero yo les digo la verdad: tú pones unos vasos de duralex, metes ahí a Ana Duato y viene la familia Alcántara en fila india a pedirte el desayuno. En fin, a las malas me tocará pintar pero hasta que mi economía se recomponga, me conformaré con apretar las mandíbulas cuando recoja los platos.

Yo ahora les debería hablar de Concha Piquer, cuando decía aquello de “dime que me quieres, dímelo por Dios, aunque no lo sientas, aunque sea mentira”, pero no sé si no será una digresión excesiva. Y es que lo que vale para el amor no vale para los proyectos de cocina, y estoy segura que Doña Concha estaría de acuerdo. Si me dices que estará instalada en San Isidro, yo te quiero. Y también te querré si me dices que no estará para San Isidro. ¿Por qué? Pues porque esto no es amor, y además no tengo prisa. Eso sí, amor mío, piensa en mí, aunque no me quieras, y, sobre todo ¡NO ME DESINSTALES LA COCINA VIEJA ANTES DE UN PUENTE SI VES QUE NO TE VAN A SERVIR LOS MUEBLES DE LA COCINA NUEVA A TIEMPO, COJONA!

Je respire. Je respire et je pense à la toque blanche… Je respire… En fin, tras el hervor vuelvo a mi calma habitual para comunicarles que el jefe de proyecto (también conocido como el artista) ha tenido un pequeño desfase inesperado y me ha dejado la casa inhabitable. Lejos de enfadarme, he anulado las vacaciones previstas y he recompuesto la agenda, con gran alegría de mi corazón. Así es que este puente de San Isidro ejerceré de buena madrileña y me quedaré en los Madriles. Y comeré rosquillas de limón, chin-pon.

La maquinaria de la libertad, de David Friedman

La maquinaria de la libertadLlegué a este libro por medio de otro que no me he leído, porque sólo lo encontré en ingles y el inglés es un idioma que me provoca fatiga y algo de dolor de cabeza. Y yo creo que ese otro libro ya no me lo leeré, pero por si les interesa, se llamaba The problem of political authority. Si son tan amables de leerlo y de hacerme un buen resumen, se lo agradecería infinitamente. Será eso o esperar a que se me pase la pereza de sus casi 400 páginas y el ataque de ratez, porque el libraco costaba 19 eurazos y me dije mira no, casi que lo dejo para otro momento. Así es que este de David Friedman me pareció igual de atractivo, costaba menos de 10 euros y pesaba unas 250 páginas. Y oye…

Les sonará el nombre de David Friedman pero yo creo que será por su padre (el de David, no el suyo, querido lector), don Milton, premio nobel de economía y liberal de la escuela de Chicago. El hijo ha salido anarcocapitalista y yo me figuro que, de tener nietos, éstos estarán apuntados a una escuela de astronautas para escapar de la Tierra a la menor oportunidad. Y es que este planeta camina sin remedio hacia modelos y políticas de estados grandes, cotillas, mandones y metomentodo. La hiperregulación, por mucho que oigan ustedes mucho griterío “¡Que vienen los neoliberales, que vienen los liberales!”, bah, no hagan caso: los estados cada vez intervienen más en la economía, en el mundo occidental y en el que no es occidental, con los resultados que a la vista están. Más desigualdad, más pobreza, más deuda, más déficit, más inflación y menos libertad.

Entonces, nuestro amigo David Friedman propone un mundo sin estado de ningún tipo, en el que sólo se debe respetar la propiedad privada. Lean bien: no hay estado. Todos los bienes y servicios estarían provistos por entidades privadas. No piensen en cuatro ricos forrándose, ni en los oligopolios, porque precisamente nada les fastidia más que la libertad de comercio y la garantía de la propiedad privada. La libertad real (no esta pantomima en la que vivimos) siempre permitiría que un pequeño encontrara una diferencia que le proporcionara un beneficio marginal con el que vivir y de paso, acabar con el oligopolio. En cuanto al monopolio… supongo que están pensando, como yo, que hoy los monopolios están en manos de los estados. Piensen en alguno que no, y ya me cuentan.

O sea, ni justicia, ni policía, ni carreteras públicas. Nada es público, todo es privado. La verdad es que le sale un lio de mundo, pero no deja de tener su atractivo. La base de la teoría es que el poder es peor cuando está más concentrado, y esto incluye el poder de los políticos y de los estados. Cuando se sale del shock inicial al imaginarse un mundo sin ministerio de justicia, uno se da cuenta de que el arbitraje privado ya existe (y que cada país tiene sus leyes, y en nuestro caso, cada autonomía), que las policías privadas ya existen y que las carreteras privadas ya existen. Bueno, pues es eso, pero a lo grande y en todos los órdenes de la sociedad. El autor extiende la idea de libertad incluso al consumo de drogas, puesto que argumenta, no sin razón, que cada uno puede matarse como le venga en gana, y que la represión (y el puritanismo obligatorio) es lo que cuesta dinero y provoca delincuencia, no el consumo. Lo mismo puede decirse de los cinturones de seguridad y de tantas cosas.

¿Y los pobres? ¿Qué hacemos con los pobres si no hay Estado? se preguntarán ustedes con lógica alarma. Veamos: ¿Qué les hace pensar que los pobres están mejor tratados con tanta regulación y tanto impuesto y que los estados realmente están redistribuyendo la riqueza? ¿A quién suelen beneficiar las reformas de mercados estratégicos? ¿A los pobres? No, a ver, no vale reirse. ¿Qué más da que el poder esté en manos de cuatro ricachones o en manos de cuatro dictadorzuelos o de un puñado de partidos sin control? Les recuerdo que el que hace la ley hace la trampa (y en nuestro caso español, el que hace la trampa, hace luego la ley).

El libro es provocador, pero está escrito con alegría y aporta datos y argumentos de una lógica que, si no es aplastante, al menos da que pensar. Yo no estoy de acuerdo con todo, me parece algo extremo, y hay cositas que son una muy mala idea en mi opinión, pero a veces hay que irse a un extremo para ver algo, alejarse radicalmente de este mainstream socialdemócrata en el que vivimos tan cómodos. Tan cómodos y tan aborregados. Tan acostumbrados a que Papá Estado nos lo tenga que dar todo hecho. Como parafrasea el autor del libro “no preguntes lo que el estado puede hacer por ti, sino lo que ya está haciendo por ti (en tu lugar)”.

Desgraciaíto también ha escrito una reseña del libro, que yo les aconsejo que lean para hacerse una idea algo más cabal del libro (CLICK). Como a él, me ha parecido que empieza muy animoso, con unos primeros capítulos muy divertidos, pero luego pierde algo de fuelle, tal vez porque ha sufrido una ampliación con nuevos artículos que son algo repetitivos. Y sin embargo, me ha parecido muy interesante y muy recomendable. Si no lo quieren comprar, búsquenlo en una de tantas bibliotecas públicas que pagan con sus impuestos. Tal vez lo tengan…

La crisálida

crisálidaA un blog hay que darle de comer, que si no se vuelve flaquito, amarillea y muere. Y no es una muerte romántica. Sólo las muertes abruptas lo son, y no siempre. Y así un blog que se cierra, se borra o se termina de forma radical, se pasea por la web como un zombi, como un walking dead (esta idea última, la del zombi, no es mía, pero ahora no consigo recordar de quién es para agradecerle la inspiración).

Pero sea como sea, el blog no se acaba nunca. Mientras un libro se gesta con el propósito de acabarse, y es entonces cuando empieza a vivir, el blog sólo vive si no se acaba nunca. El blog es un formato de escritura en permanente gestación. O sea, mal comparado, el blog es como un gusano y el libro, como una mariposa. La crisálida, que tiene toda la pinta de ser un acto íntimo y que te lleva a la estantería del librero, sólo se produce para devenir en mariposa. Y hay algunas mariposas que sobreviven eternamente, porque se cazan y se conservan entre los coleccionistas, o se fotografían, o se reseñan, o se comentan, o se guardan en la retina de tal forma que nunca se escapan de la memoria. Pero un gusano ¿Quién va a querer recordar a un gusano?

Así es que el blog es un arte menor, un recurso de los que encuentran que la escritura es un hobby, o un descargadero emocional, o creativo, o una simple gamberrada con la que divertirse, o distraerse, o divagar. El talento no es imprescindible. Tampoco la ambición. Este blog lleva 760 entradas publicadas y  eso son un montón de palabras, de frases, de asuntos tratados. Pero ni es un libro ni puede serlo: es un gusanito que va por ahí reptando, pin, pin, y que no llegará muy lejos. Sin vocación de crisálida, ya me contarán.

Desde luego, hay quien lo edita, lo encuaderna – no sé si éste es el buen orden – y saca un libro con las entradas de un blog, pero eso son carambolas creativas, o hallazgos rebosantes de practicidad: el gusanito ha sufrido una metamorfosis inesperada y ahora, convertido en mariposa, vuela por su cuenta. Fuera de estos casos, no tan corrientes como parecen, no hay metamorfosis posible. Blog y libro son dos ejercicios muy distintos, porque no es igual nacer de una crisálida que estar abocado a ella.

Por cierto, que gusano y oruga son palabras feas, y sin embargo crisálida es una bellísima palabra, esplendorosa, emocionante, brillante, aunque el objeto que describe es tirando a feísimo. Puede ser debido a su esdrujulez, y ya se sabe que las palabras esdrújulas son la casta noble del diccionario. Oruga rima con lechuga, y con madruga, y con verruga y con Beluga. Crisálida no rima con nada, que para eso es noble. Pero divago, que diría mi querida Di desde Londinium.

Hay blogs potentes, lozanos, gorditos y rollizos, frescos, que se actualizan con el ritmo justo. Notas su vitalidad, notas el músculo del bloguero, su alegría, su ilusión, su juventud incluso cuando el blog ya está maduro, que la madurez de un blog le llega a los dos o tres años. Esto es porque el blog está bien alimentado: dieta variada, equilibrada y sana de mente y espíritu. Otras veces el blog vive del esfuerzo, lo mantiene la rutina, es como una carga, una piedra que se va arrastrando, y percibes el cansancio del bloguero y el blog tiene grasa, está bajo de forma, tiene aspecto lorcero, tez ceniza y falta de aseo. Pero ahí están, vivos. Eso es porque les dan de comer. Mal o bien, pero comen. Y tu esperas que el bloguero se dé una ducha, y duerma un poco y recobre la frescura. La frescura de la lechuga, o de la hoja de morera, alimento preferido de los gusanitos de seda que quizá no salgan nunca de su crisálida, aunque lleguen a ella.

Si no me siguen, vuelvan a leer a ver si tienen suerte, que yo doy el post por acabado. Eso sí: eviten darme la tabarra con las aclaraciones de biología correspondiente. Este post no tiene la menor importancia y sería mucho arroz para tan poco pollo.