El libro de los vicios, de Adam Soboczynski

El libro de los viciosHoy, día 30 de diciembre, adelantamos el post del Club de lectura para liberar el día 1 por si acaso alguno de nosotros quiere felicitar el año. La propuesta fue rápidamente aceptada porque este libro lleva ya quince días leído por parte de todos, y además porque yo creo que estamos todos deseando quitarnos este muerto de encima y dar por acabado el año.

El libro de los vicios es un libro que elegí yo y que es un bluf. ¿Y por qué lo elegí? hombre, desde luego no porque fuera un bluf, y en mi descargo diré que no lo sabía. Me encantaría tener una historia interesante y divertida sobre las razones que me llevaron a proponer este petardo a mis co-bloggers del club, pero no tengo ninguna. Sí, es un autor polaco y yo estuve en Polonia este verano, pero esta casualidad no tiene nada que ver en la mala elección. Así es que no puedo explicar cabalmente por qué lo elegí, pero me dispongo a explicar por qué creo que es un bluf.

Si se encuentran por ahí algún artículo que hable del libro, leerán algo como que es una diatriba contra la sociedad actual, tan sana, tan impoluta, tan correcta. Que antes (sin saber muy bien cuándo sucedió ese antes) se tenían más vicios, y que es una pena que se pierdan esas costumbres. Les enlazo la reseña de la editorial aquí en la que lo ponen estupendamente, lo cual es lógico porque buscan compradores del truño. Pero además de compradores lo que encuentran son periodistas que probablemente NO han leído el libro, pero escriben que es «un alegato en favor de la desmesura», que «se ríe de la férrea disciplina actual» o que está escrito «con humor, es ameno y lleno de ironía». Y no, el libro no es nada de eso.

El libro parte de una buena idea, como es que cada vez tenemos menos libertades y que vivimos tiempos en los que la masa y la propaganda guía nuestras costumbres, aparentemente sanas e inocuas, pero en realidad muy alienantes. También echa la vista atrás y nos hace ver cómo los viajes han perdido parte del glamour, las despedidas ya no son tales, los centros comerciales son el averno (en esto coincido), el vivir permanentemente conectados no nos permite escapar de la realidad, de las noticias y del mundo y la obsesión por la salud es una dictadura (además, en la mayoría de los casos, un atentado contra la estética). Y entonces va y lo mezcla todo, tira con el argumento, se pasa de frenada y ya resulta que comerse un filete es poco menos que un vicio, o alternativamente una antigua virtud que las malvadas ensaladas han echado a perder. Y todo ello con un tonillo pretendidamente gracioso e intelectualoide, con el que intenta oponerse a lo políticamente correcto cayendo él mismo en el precipicio de la superficialidad, la banalidad y los lugares comunes.

El libro tiene de incorrecto lo que yo de guardia de tráfico, no les digo más. La crítica es pobre, no contiene ninguna acidez, ni ironía, ni nada que te permita soltar alguna carcajada. El libro es soso, las ideas están desarrolladas a trompicones y la crítica es como de pellizco de monja y no se compensa con alguna frase ingeniosa o brillante, porque el conjunto decepciona. Por otra parte, el nombre de los capítulos no tiene nada que ver con lo que luego nos cuenta en cada uno de ellos. Y luego, ya para terminar de fastidiar, con la idea (supongo) de dar alguna continuidad al texto (cosa que no le haría falta si se hubiera concentrado en lo que pretendía), nos presenta unos personajes de dan muchísima dentera cada vez que aparecen, y a los que nombra con frases del tipo «la mujer que me conoce bien», «un amigo que trabaja con éxito en algo relacionado con la cultura» o un escritor imaginario, Hannes Maria Wetzler, que ni existe ni falta que nos hace, salvo para evitar caer en la tentación de tirar el libro por la ventana y olvidarse de leer en la próxima década.

En resumen: un libro que parte de una buena idea pero que le queda un poco grande al autor y que se lo acaba cargando, probablemente por cursi, aunque me temo que la impericia ha tenido también algo que ver. Este autor tiene por ahí otro libro que se llama El arte de no decir la verdad al que no pienso dar ninguna oportunidad. Lo que sí le concedo es la capacidad de poner títulos seductores a los libros. Eso, y ya.

Como cada mes, tenéis otras críticas al mismo libro en La mesa cero del Blasco, La originalidad perdida, Delenda est Carthago y en el blog de Bichejo. También grabaremos en unos días el podcast dedicado al libro, así es que si pinchas a tu derecha, o estás atento al blog del club, podrás escucharlo. y ya. A ver si el año que viene nos trae mejores libros que este año que termina, al menos en cuanto al club se refiere.

1280 almas, de Jim Thompson

1280 almasIba yo buscando un libro para regalar en un amigo invisible, y como siempre que entro en una librería, salí cargada de elementos con los que alimentar la balda, un concepto que he copiado yo a Bicheo y que explica, más o menos, ese lugar de la librería en el que, como en un receptorio impenitente, se apilan los libros que esperan el turno de ser leídos. Ahí lleva Durrell unos ocho meses, por ejemplo, ahí acaba de llegar Chandler, ahí está Marías con su nuevo pelotazo, ahí está… ¿comprenden el concepto?

Las librerías son lugares en los que me quedaría a vivir, aunque no dejan de ser sitios algo frustrantes, como una tienda de chuches o una papelería: te lo llevarías todo si pudieras. ¿Ven? eso en una pescadería no pasa. La cuestión es que vi este libro y decidí comprarlo por varias razones que se pueden resumir en una. Jim Thompson es un autor muy recomendado por ND, y dentro de los libros de este autor, quizá éste es el que más a menudo recomienda. Por otra parte, este año hemos leído en el Club de lectura Noche salvaje, que no me gustó mucho pero me dejó con la idea de volverlo a intentar con este escritor. Esta es la historia de una compra, ahora voy con el libro.

1280 almas cuenta la peripecia de Nick Corey, el sherif de un pequeño pueblo americano, Potts County, y que bajo la apariencia de un perfecto imbécil esconde a un canalla, un embustero, un intrigante y una mala persona. Un corrupto sin escrúpulos que va a lo suyo, que dice no hacer “nunca daño a nadie, salvo que fuera por el bien ajeno o el propio”. La disyuntiva sobra, porque el tipo se mueve por su propio interés y poco más. Su objetivo en la vida es seguir siendo sheriff , una profesión para la que no se requiere en su caso mucho esfuerzo: le basta con no meterse en muchos lios y detener de vez en cuando a algún choricillo de poca monta. Todo, como digo, manteniendo una apariencia de alelado que funciona como un disfraz perfecto para sus propios fines.

La sociedad que dibuja es una sociedad deprimida, cruel, ignorante y muy poco ejemplar, el caldo ideal para que florezcan este tipo de canallas y otros parecidos. Un ambiente de novela más que negra, marrón oscura, en donde hay diálogos brutales y situaciones sórdidas, muy a tono con la mentalidad de la época, primera mitad del siglo XX en el sur de EEUU. La novela me ha gustado hasta las cinco páginas finales. Un final blandito, no sabría decir si abierto o precisamente, por lo abierto, un final cerrado.

Lo que me parece que ya está cerrada es mi relación con este autor, al menos de momento. Igual, en verano, me vuelvo a animar, porque sí es verdad que se lee con interés y te pilla con las historias. Pero no sé, hay algo que no me acaba de decir. Será quizás que los finales de las dos novelas que he leído son un poco ¿eclécticos? ¿elípticos? En todo caso, con los dos se me ha quedado sensación de no haberme enterado de nada y una acepta enseñanzas de vida en la literatura, pero con este tipo de novelas…

Las tribus liberales, de María Blanco

C_Las tribus liberales.inddMaría Blanco es doctora en Ciencias Económicas y profesora de Historia del Pensamiento económico en la universidad CEU San Pablo. Es una mujer a la que sigo en Twitter y en su blog (que actualiza poco), y en sus artículos de prensa. También es miembro del Instituto Juan de Mariana. Así es que ninguna sorpresa sobre la identidad e ideología de esta mujer, con quien me he cruzado algún domingo soleado cuando ella iba a desayunar y yo a bajar a Curra. Y dicho esto, vamos con su libro.

Las tribus liberales es un libro en el que no se habla tanto de economía como de la idea liberal de organización de la sociedad. Como dice el título, se trata de una deconstrucción de la mitología liberal. Las tribus liberales, como dice Blanco, son muchas, y pierden un tiempo muy valioso en arrogarse la marca, el label de liberal, cuando al final todos, en mayor o menor medida, defienden al individuo y su libertad como base ética sobre la que fundar la organización de la sociedad. Nos recuerda, casi desde el principio, que la libertad individual lleva aparejada la responsabilidad individual. Hablamos de libertad y de responsabilidad, en contraposición al intervencionismo “de derechas y de izquierdas” que tiene adormecida a la sociedad y que nos deja en manos de señores que pastorean la colectividad, ese magma que nos convierte en niños y en el que otros deciden cómo tenemos que ser felices.

El libro está organizado en 4 partes: el liberalismo en el templo de Atenea, es decir, en la Universidad y en el mundo académico; el liberalismo en el templo de Eris, en el que nos habla de liberalismo y política; el liberalismo más allá del Olimpo, esto es, en la calle, entre ciudadanos que son masa confusa y que se somete a la propaganda rampante; y finalmente, el liberalismo en el Hades, tal vez el capítulo más interesante en el que aborda los principales mitos demoníacos del liberalismo, prejuicios que casi imposibilitan cualquier diálogo (ya se sabe, el liberalismo es prostitución infantil, bla, bla, bla…). Y a través de estos capítulos vamos descubriendo las diferentes corrientes liberales en las que no hay tantas diferencias, aunque se esfuercen mucho en revelarlas.

El libro está muy bien, es ágil y se lee con mucho interés. Blanco nos explica sus ideas y las razona, a veces partiendo del ser humano en su estado natural, el hombre cazador-recolector o los mecanismos naturales de nuestra mente, a veces trayéndose del bracete algún pensador de fuste, a veces poniéndonos delante la vida tal y como la conocemos, estos estados intervencionistas en los que el “crony-capitalism”, ese capitalismo de amiguetes al que estamos sometidos, vive rampante de nuestro esfuerzo.

En fin, que uno espera encontrar una relación de nombres y una disección de corrientes de pensamiento, y se encuentra con un libro muy lúcido y escrito de forma muy amena. No estoy de acuerdo con todo lo que nos dice, ni le compro algunas de sus ideas, pero se agradece la honestidad del análisis y, sobre todo, el esfuerzo de divulgación. Léanlo, especialmente si creen que el intervencionismo y la socialdemocracia (de derechas o de izquierdas) acabará con los pobres y con el hambre en el mundo y que la ausencia de coacción implica vivir poco menos que en la selva. Seguramente este libro no les cambie su manera de pensar pero al menos dejarán de decir algunas tonterías.

El regreso de Reginald Perrin, de David Nobbs

Todas las mañanas, Reggie daba un paseo por la calle principal de Climthorpe, donde había siete sociedades de préstamo pero ni un sólo cine: Sic transit Gloria Swanson»

Reginald PerrinLe pedí a mi librera favorita que me diera algún libro que no me hiciera pensar mucho y con el que me pudiera reír un rato, miró la estantería y cogió este libro. “Lee esto, me dijo, te hará reír”. Y sí, El regreso de Reginald Perrin es un libro para sonreír y para reír, a veces con una carcajada, a través del absurdo y de situaciones descabelladas en un entorno de personajes completamente disparatados.

 Este libro es la continuación de Caída y auge de Reginald Perrin. Perrin es un hombre aburrido de su vida y de su trabajo, en una fábrica de postres, que decide simular su suicidio y volver a su anterior vida bajo una identidad distinta. En El regreso…, Reginald se harta de hacer todo lo contrario de lo que quiere y lo que le gusta, y decide volver a su ser, o a su primera identidad. Y como consecuencia de ello, le echan de la fábrica de postres y tiene que emprender una vida nueva.

Esa vida nueva pasa por un breve trabajo en una granja de cerdos, hasta que decide crear su propia empresa, Basura, al principio una simple tienda en la que vende todos los objetos inservibles y desechables que va encontrando a su alrededor y, con el paso del tiempo, una exitosa cadena en la que fabrican expresamente artículos absurdos y que no sirven de nada. Y no crean, que cuando le flojean las ventas aplica una solución infalible: sube los precios, y las ventas vuelven a su ser.

El libro está lleno de diálogos descacharrantes y de personajes estrafalarios, y sus trescientas y pico páginas se leen sin querer, pasando desde luego un muy buen rato.

Por lo visto hubo una serie de televisión hace muchos años basada en estos libros y en este personaje. Yo no conocía la serie, o tal vez no la recordaba, y supongo que ahora nos parecería, como todas las series de los años 70 u 80, un poco anticuada (he visto algún trailer en YouTube y da un poco de pereza, la verdad). Sin embargo, el libro vale la pena. Léanlo si se lo topan.

Este post fue también publicado en El Buscalibros el 3 de diciembre.

¿Hay derecho?, de Sanson Carrasco

«…El hilo conductor es siempre la defensa del Estado de derecho. Pensamos que su debilidad en España es la clave de muchos de los despropósitos que están ocurriendo en los últimos tiempos, como el olvido – deliberado – del principio fundamental de que el derecho ha de regir los procedimientos y las actuaciones no sólo del ciudadano normal sino también de los poderosos, y, sobre todo, del poder por antonomasia, que es el del Estado (o el miniestado autonómico). La degradación del Estado de derecho conduce a la injusticia y a la desigualdad, y con el tiempo llegará, si no es que ha llegado ya, la pobreza y la desprotección de los más débiles.»

hay-derecho?Bajo el seudónimo de Sanson Carrasco, cinco juristas (a quienes también se puede encontrar en el blog ¿Hay derecho?) se proponen con este libro explicarnos la degradación de la justicia en España. Un libro interesante, e interesante también el esfuerzo de los autores por hacernos comprender dónde estamos y hacia dónde nos encaminamos, que no por conocido (y sobre todo imaginado), deja de ser algo que haya que conocer algo mejor.

Un país en el que se nos dice que existe igualdad ante la ley y en el que florecen los indultos (unos 600 al año en un alto porcentaje a prevaricadores, delitos contra el medioambiente y malversación de fondos públicos), aforamientos (unos 10.000 privilegiados), amnistías fiscales (una vergüenza, sin más). Un país cuya selva normativa, agravada por el giliestado de las autonomías, hace que se apilen más de 100.000 normas, diez veces más que en Alemania, un país con el doble de población. Un país en el que el poder judicial y los organismos reguladores no son más que tentáculos de los partidos políticos (y cementerios de elefantes en donde colocar a incompetentes y gentuza sin ninguna formación, experiencia ni habilidad), que convierten en ineficaz al que debería controlarlos. Un país en el que, a pesar de todas esas normas, no se cumple la ley. O se modifica para que la irregularidad sea legal.

Al fondo, una hiperregulación y una intervención insoportables que trae esta plaga, pero una intervención con la que la población vive tan feliz (incluso quiere más, ahí están las encuestas para corroborarlo), en donde falta cultura, educación y responsabilidad civil, en la que nos encanta que nos prohiban cosas y que el Estado se meta hasta en la cama de cada uno a regular cuántos botones debe tener el pijama de cada cual.

También analizan el funcionamiento de la justicia, de los jueces, su organización y procedimientos. La foto no es bonita, desde luego. Y tienen un capítulo muy interesante dedicado a la mediación y el arbitraje que serían un buen remedio para desatascar la justicia, y también para resolver conflictos en los que la justicia digamos “normal” no es la mejor de las soluciones (casos de divorcios, herencias, o conflictos entre empresas).

Hay una parte dedicada al capitalismo de amiguetes y las corruptelas, subvenciones a sindicatos y ONG´s opacas o recien inventadas para pillar la pasta, despilfarros diversos en cursos de formación u otras partidas, que se hace algo pesado por conocido. Sin embargo, el último capítulo está dedicado a contar la peripecia de la Caja de Segovia y esto quizá no es un episodio tan conocido. Acabas con un rebote poco normal, y con la sensación de dinero tirado, de injusticia manifiesta, y de asco infinito.

Al final, todo esto tiene un coste económico para usted y para mí, no lo duden. Creemos que la hiperregulación nos traerá seguridad frente a libertad y al final ni tenemos seguridad ni libertad, y además, nos han robado el dinero por el camino. Léanlo, aprenderán cosas.

 

La gran degeneración, de Niall Ferguson

C922744.jpgNiall Ferguson se propone en este libro explicarnos por qué lo que conocemos como Occidente se encuentra en lo que Adam Smith consideraba un estado estacionario, es decir, el estado en el que un país se estanca o decrece. Y sigue a Smith en el arranque del libro cuando éste culpaba a las deficientes leyes y encontraba la buena receta en el libre comercio, en el estímulo a la pequeña empresa, en menor buracracia y capitalismo clientelar. Ferguson nos explica por qué nos encontramos frente a la gran degeneración de las instituciones.

Para ello, abre cuatro cajas negras, que deberían permanecer selladas, que son la democracia, el capitalismo, el imperio de la ley y la sociedad civil, y en las que existe un complejo entramado institucional que nos permite vivir en nuestra civilización y en las que está basado nuestro Estado del bienestar, y cómo todas éstas vienen degenerando por efecto del descuido, de la falta de liderazgo, de un manoseo elástico que nos conduce a la decadencia.

Ferguson nos explica con lucidez lo que ha ido mal en occidente desde los años 70 hasta ahora. El Estado extractivo y no inclusivo, que expulsa a tantos de la propiedad legal y los lleva a la economía sumergida; la mala regulación (reformas que por ejemplo pretenden actuar contra el blanqueo de capitales pero que incluyen entre sus miles de artículos cuestiones relativas a la igualdad de género, o al respeto por la biodiversidad), leyes que tratan de controlar riesgos hechas por tipos que no saben nada de riesgos; la irresponsabilidad frente a las finanzas públicas; la opacidad de las cuentas de los Estados; la inexistente lucha contra el déficit público, que no es más que el triunfo de la desigualdad intergeneracional (esta idea me encanta); el impacto del poder discrecional frente al respeto a la norma; la preferencia de la igualdad frente a la libertad.

No son solo los políticos. La sociedad civil participa en esta gran degeneración, debilitada frente a un poder central fuerte e invasivo y alienada y uniformizada en unas redes sociales que no fomentan el intercambio, sino que únicamente reúne a los iguales para… nada. Y que vive tan tranquila, y el que venga detrás, que arree.

No es optimista Ferguson, como no lo es nadie que mire hoy el mundo desde una óptica liberal, aunque lo haga con lucidez y de manera inteligible. Curiosamente, la degeneración del entramado institucional es lo que hace que se desmoronen las instituciones. Ferguson trata de entender y luego de explicar. Y lo explica bien.

El libro no es largo (208 páginas) y se lee con mucho interés. Su publicación, en 2013, permite que su mirada explique también la crisis actual, sus consecuencias de fondo y la crisis institucional que tenemos frente a nosotros. Un buen libro.

La larga marcha, de Rafael Chirbes

ImprimirHoy, como día 1 que es, toca reseña del Club de Lectura. La última reseña del año, aunque no el último libro, como es lógico. En esta ocasión, se trata de una novela de Rafael Chirbes, La larga marcha, una novela en mi opinión magnífica que me ha encantado y con la que he descubierto a un Chirbes con una prosa mucho menos brutal, menos contundente, menos seca que la que emplea en los otros libros suyos que he leído, tal vez porque Chirbes no está indignado en este libro y simplemente se dedica a narrar. A narrar una derrota, y después la larga marcha de dos generaciones durante los cuarenta años que van desde la Postguerra hasta los estertores del franquismo.

El libro arranca en el final de los años 40, y nos va contando la historia de seis personajes y de sus familias. Personajes derrotados de los dos bandos, que vivieron el miedo y la tragedia de una guerra que todos perdimos y que sobreviven como pueden en pueblos y ciudades, tratando de salir adelante con profesiones que no tenían y que han debido improvisar. Cada personaje vive en su mundo, desconectados los unos de los otros y son sus hijos, a la vuelta de una generación, los que se encuentran y relacionan en el Madrid de los años 60, procedentes cada uno de una punta del país. Les une la ideología; una ideología que no nace de las referencias que la penuria impuso a sus padres, sino del ambiente intelectual de la época que maman en la universidad.

En la primera parte, Chirbes construye la novela a través de episodios muy cortos, que en sí mismos son una historia independiente y en los que va alternando la peripecia de los seis personajes y de sus familias. Y tú, lector, te preguntas qué tendrán todos esos personajes en común, aparte de un país devastado por la guerra, la penuria y el miedo. Es en la segunda parte cuando Chirbes, sin abandonar la estructura de pequeños capítulos, va acercando a los personajes y relacionándolos y compone la historia. Es decir, que primero presenta la historia descompuesta en historias independientes, hasta que se enlazan en un tronco común.

En realidad, la historia de los padres no explica el devenir de los hijos. La primera parte yo la entiendo como el dibujo de una sociedad que pare a otra, pero que no la explica (o no al menos como yo creo que quiere Chirbes que la explique). Sin embargo, sí me parece brillante el recurso a la hora de contar el origen de los personajes que son los verdaderos protagonistas de la novela y que son al final el tronco de la historia. Curiosamente, las historias secundarias cuentan el origen de los personajes, el tronco del que salen las ramas, pero son al mismo tiempo ramales de la historia.

Todo ello sin un punto y aparte, y sin un diálogo, que esto es muy del autor.  Una novela extraordinaria, aunque creo que mis amigos del club de lectura tienen otras opiniones, algunas muy diferentes. Los podéis leer, como cada mes, en La mesa cero del Blasco, Delenda est Carthago, La originalidad perdida y en el blog de Bichejo. Y a lo largo del mes, en el blog del club o escuchando nuestra tertulia en nuestro podcast (que tenéis señalado en un apartado en la columna derecha de este blog).

Correr, de Jean Echenoz

Correr, de Jean EchenozHe terminado este libro hace unos días. No me tocaba leerlo, sino el que estaba en cola era el libro del club de Lectores, así que la semana pasada pensaba empezarlo aprovechando un viaje a París que tenía que hacer. Sorpresa: no lo había cargado en el Kindle, con lo que me encontré en la tesitura de tener que elegir: o me compraba una revista, o empezaba con otro libro. Y me decidí por este, que sabía que era muy cortito.

Correr cuenta la historia de Emil Zátopek, el gran corredor checo de los años 50. Cómo es un hombre al que no le gusta el deporte, pero a cambio ama el dolor. Un hombre que corre raro, sin usar o usando mal los brazos, cabeceando, y con una técnica como mínimo confusa. Que se entrena a su aire, según el método que él considera adecuado. Que no busca en la vida nada en concreto, mucho menos la fama y el reconocimiento que van a conllevar sus proezas en la pista, sino que, alma sencilla, prefiere que lo dejen en paz.

Las hazañas de Zátopek se pueden leer en cualquier revista, en internet; su forma de correr se puede ver en Youtube y Echenoz no cuenta nada que no se sepa. Su hazaña al ganar en las olimpiadas de Helsinki el oro en los 5.000, 10.000 y Maraton, o tener 9 records mundiales de distancias de fondo no ha sido superada todavía. Hablamos de un extraterrestre, o casi, aunque en su vida fuera de las pistas fuera una persona normal y corriente. Sobre todo corriente (qué broma más mala, por dios).

Echenoz es un autor preciso, eficaz, y elegante. Te quedas con la extraordinaria capacidad de un corredor fuera de serie, en absoluto habitual, con un modo de correr insólito y un comportamiento deportivo más insólito todavía. No nos habla de su vida personal, ni de los problemas políticos que tuvo en la Primavera de Praga, que sólo aborda de forma sucinta al final del libro. No se detiene demasiado en su declive, que suele ser la parte más literaria y psicológicamente más atractiva de la vida de estos personajes.Va al grano y lo consigue, y tal vez por eso, a la mitad del libro empiezan a pesarte un poco tanta carrera y tanta sucesión de medallas y de proezas.

Con todo es un libro corto, muy distraído y que contiene un homenaje a un gran corredor. Si se lo topan, léanlo.

Malala. Mi historia, de Malala Yousafzai y Patricia McCormick

malalaMalala Yousafzai es la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2014 (junto con Kaliash Satyarthi), premio que le han concedido por defender el derecho a la educación de las niñas en Pakistán, y por extensión el derecho de todos los niños en el mundo. Hija del dueño de un colegio en el norte de Pakistán, sufre la llegada de los talibanes a la región, aunque antes ya vive en un ambiente en el que la mayoría de las mujeres, incluida su madre, no saben leer ni escribir y viven dedicadas al cuidado del hombre, que en el caso de estos retrógrados viene a ser como cuidar a cualquier animal de granja.

Malala cuenta con que su padre es un hombre de progreso que está a favor de la educación de los jóvenes, y eso le permite empezar a rebelarse desde muy pequeña. Cuando los talibanes llegan al valle de Swat, Malala tiene poco menos de 10 años, pero ya se da cuenta de que hay que alzar la voz contra esas bestias que primero aconsejaban cerrar las escuelas y luego ya, directamente, las dinamitaban.

«Habían puesto la bomba de noche… un lugar en el que las niñas sólo querían aprender a leer y escribir y a sumar. ¿Por qué?, me preguntaba. ¿Por qué representa un colegio semejante amenaza para los talibanes»

Naturalmente, la pregunta es retórica y ni se molesta en contestarla. Sólo en 2008 los talibanes volaron 200 escuelas. Y esta niña empieza a salir en periódicos y en medios, y crea movimientos civiles para tratar de detener la locura. Llega la guerra, es desplazada… Con 12 años es invitada por la BBC a escribir un diario sobre lo que estaba pasando en Pakistán, y bajo seudónimo describe el totalitarismo y lo denuncia en primera persona.

En 2012, cuando volvía de la escuela con otras compañeras, los talibanes le pegaron un tiro en la cabeza. Se salvó de puro milagro. Los talibanes quisieron callarla y no sólo no lo consiguieron: su historia ha dado la vuelta al mundo y hasta le han dado el premio Nobel, por si acaso alguien no se había enterado todavía de cómo están las cosas por Pakistán. Casi un final feliz.

Y digo casi porque este libro es un testimonio sobre la barbarie y el totalitarismo religioso. Sobre los que se llaman a sí mismos buenos musulmanes y no son más que un Pol Pot con turbante, un Goebbels con barbas, un virus de la peste con piernas y brazos. Porque Malala no deja de mencionar a Alá, no renuncia a su fe en ningún momento. No llama al odio, ni a la venganza: simplemente defiende la educación como método para el progreso de las personas, como un derecho de todos los niños en el mundo. Simplemente nos hace ver que creer en Dios no tiene nada que ver con firmar con el dedo, y también que la protesta pacífica puede ser más útil que la geopolítica de chichinabo.

 El libro tiene como coautora a una tal Patricia McCormick que simplemente transcribe la historia, supongo, aunque le da al libro un tono algo infantiloide y un poco empalagoso, cuando la historia es de poner los pelos de punta. También es verdad que lo que cuenta es la increíble historia de una niña que resiste, lucha y vence.

Dice la editorial: La poderosa historia de Malala nos abre los ojos a otro mundo y nos impulsa a creer en la esperanza, la verdad, los milagros y la posibilidad de que una persona -una persona muy joven- puede inspirar el cambio en su comunidad y más allá. Y aunque sólo sea por eso, por su valor testimonial, vale la pena leerlo.

 

También publiqué esta entrada el pasado día 5 de noviembre en el blog El Buscalibros http://www.el-buscalibros.com

Una habitación propia, de Virginia Woolf

Una habitación propiaMe leí este libro en febrero y voy a hacer un post un poco extraño de él. Más que nada porque he perdido las notas que tomé y por alguna razón no tengo ni un sólo marcador en el kindle. Y por otra parte, creía que ya había hecho una entrada sobre el libro, pero no. Y ya vamos para diciembre y hay que ir recogiendo…

Una habitación propia es un libro feminista pero menos. Se trata de la recopilación de unas conferencias realizadas por Virginia Woolf en las que se pregunta por las mujeres y la novela, por la creación de obras literarias y la condición de la mujer. Hablamos de un libro publicado en 1929, pero que leído hoy es perfectamente moderno.

Woolf parte de la premisa de que, para escribir, se necesita un espacio propio, un lugar en el que se pueda ejercer la creación en soledad. Una especie de refugio. Pero también se necesita independencia económica. Y libertad social para decir lo que una quiera, y autonomía para omitir lo que le parezca. Y esto es relativamente reciente. Pone muchos ejemplos, pero también entre los hombres de forma más general, entre los que la pobreza es un impedimiento mayor para la creatividad literaria.

El libro está lleno de referencias a escritores, como es lógico, y hace un repaso por las escritoras inglesas, preguntándose qué podrían haber escrito de haber contado con una pequeña renta, la suficiente independencia social y la misma educación que los hombres. Y es optimista, porque comprende la evolución que ve a su alrededor y augura, tal y como ha sucedido, un gran avance en la condición de la mujer (en las sociedades europeas, por supuesto). Virginia woolf se hace preguntas y busca las respuestas en la historia de la literatura, pero también en la evolución de la sociedad.

No es un libro largo y está bien escrito, aunque el estilo es un poco denso en especial al principio. Y desde luego contiene pensamientos  y pasajes de mucha enjundia a través de las respuestas que va encontrando. Está bien, léanlo si se lo topan.