Templar gaitas

Usar de contemplaciones para desenojar a alguno, o para aplacar y satisfacer a unos y a otros. Según Seijas Patiño, en su Comentario al «Cuento de cuentos», de Quevedo, proviene «del modo como en los instrumentos de cuerda y viento se tocan todas las llaves y registros para armonizar los tonos. Es frase familiar de graciosa y exacta formación».

Esto es lo que pone en la página 293 de El porqué de los dichos de José María Irribarren. El Correas es más escueto. Dice así en la página 648 de su Vocabulario de refranes y frases proverbiales:

Templar gaitas – por llevar mal la condición de alguno, siendo molesta.

Y digo yo, en mi paciente contar hasta mil de una jornada de miércoles:

Templar gaitas. Dedicación agotadora y no suficientemente remunerada de la que se obtiene poco beneficio para los nervios. Al gaitero se le ha visto en un bar, acodado en la barra y beodo perdido, gritando «me quiero morir» a pulmones llenos. El bar se encontraba en un municipio de las Islas Feroe.

Democracia con denominación de origen

La semana pasada, los mandatarios europeos (repito, europeos) se reunieron por enésima vez para tomar medidas al muerto, al que ya no le queda más tela para remiendos. Son los sastres más patosos que conozco, aunque cabe pensar que no tienen nada que hacer durante el weekend, y mientras el resto de los mortales se va al cine los sábados, ellos se van de cumbre. Por lo demás, el mundo gira y el tiempo pasa. Ellos dicen trabajar para los ciudadanos europeos, aunque no pierden de vista a los pueblerinos que les votan. Y es que el rey está desnudo, pero se le ven las guerras comerciales asomar por detrás de las corvas cada vez que se pone de pie para posar en la foto, con todas las vergüenzas al aire.

Así es que parecía que todos estaban, por fin, de acuerdo. Tú no le pagas a este de aquí, y el otro de allá que se jorobe para que no coja ventaja y ya veremos cómo toreamos mañana al de enfrente si los chinos nos dicen que tururú. Euforia. Besos, ternura, un derroche de amor, una locura. Y de pronto, va el Sr. Papandreu y se descuelga diciendo que bueno, que casi mejor que se lo va a preguntar a los griegos, que a ver qué piensan ellos.

WHAT DID YOU SAY???

Y nuestro Papandreu contesta que sí, que va a aprovechar que tiene a muchos griegos en la plaza Sintagma para hacerles un par de preguntillas. Bueno, o tres, que ya que estamos igual aprovechamos para preguntar si quieren cambiarle el nombre a la plaza. Y llamarle «Logaritmo».

Con la democracia hemos topado, griegos tenían que ser. Y la Bruni otro fin de semana en casa, con el crío… 

Una gracia de miedo

Una de las cosas que me pasan con las películas de miedo es que me dan miedo. No es una obviedad esto que les estoy diciendo, porque las películas de amor no me dan amor, las de aventuras no me convierten en Indiana Jones ni las policíacas en Phillip Marlowe, y con las de vaqueros no me pongo a mascar tabaco. Eso sí, de los musicales suelo salir muy cantarina, pero esa es otra excepción.

A mí me dan miedo los muertos, los cementerios y las conversaciones sobre la otra vida. No soporto la estética macabra, ni todos esos personajes de terror que  circulan por la literatura, los comics, las películas, o los diversos espectáculos, como el Conde Drácula o Frankenstein. No digamos el tal Freddy, la Momia o desechos similares. Les diré que no pude leer El perro de los Baskerville y que recuerdo con auténtico pavor El fantasma de Canterville. Todo esto se lo cuento para que se hagan una pequeña composición de lugar.

¿Ya se la han hecho? Continúo pues.

Se pueden figurar vds cómo las paso en estos días de buñuelos y huesos de santo. He bajado a Curra y me he cruzado por la calle con un señor que llevaba a su lado un chaval de unos 14 años lleno de sangre, vísceras y un moco verde por el pelo. En el parque, una pandilla de zombis caminaba deprisa y muy alborotadora hacia algún lugar oscuro. El infierno, sin duda. He dejado a Curra ladrar, no fuera que se acercaran y tuviera yo que ahuyentarlos con un par de palos en forma de crucifijo. Y luego, de regreso a casa, me he encontrado con la familia Adams al completo, Morticia a la cabeza, que salía en ese momento del ascensor.

He tenido que dar a Curra un tranquilizante. Y creo que yo me voy a tomar otro.

No apuesten en vano

Los derivados son instrumentos financieros que están basados en el valor que otro activo tendrá en un futuro. Este otro activo se llama activo subyacente, y puede ser a su vez un activo financiero (por ejemplo, una divisa, un bono, un tipo de interés) u otro tipo de valor (el oro, el petróleo, los cereales…). Ese otro valor puede ser una commodity o cualquier cosa rara. En realidad, ese otro valor puede ser lo que vds deseen, pero entonces no esperen que su derivado cotice en un sitio decente.

Así que tenemos un activo que subyace y otro que deriva. Y no pasa nada porque el uno derive mientras el otro subyazca. No subyace porque esté oculto, sino porque el derivado está superpuesto. ¿Me siguen vds? O sea, que son dos valores, uno el de la transacción, y otro el de la apuesta. Y no necesariamente se apuesta para especular, porque a veces la apuesta se realiza para asegurarse. Es lo que tiene el futuro, amigos, que nos obliga a esperar un poco a ver qué pasa.

En realidad, los derivados son muy fáciles de comprender, y lo explicó Muñoz Seca estupendamente hace casi un siglo: es un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil ves, febril, que o te pasas o no llegas.

Les dejo con la explicación para no obligarles a seguir leyendo. Está a partir del minuto 1:20, pero vale la pena verlo todo.

 

En honor al Sevilla F.C., que le empató al Barça el otro día

La mitad de la semana

Pues que aquí me tienen, un jueves, y con la cabeza del revés a ver qué les cuento. El lunes tenía la cabeza del revés por otras razones y me la enderezó Melody Gardot, y luego he ido transitando martes y miércoles con el único aliciente de sus amabilísmos comentarios. No crean que no me han sucedido cosas, pero ciertos temas de los que podría hablar con conocimiento de causa, y que podrían ilustrarles en la vida y servirles de guía y consejo, me los tengo prohibidísimos. A cambio, peno con el riesgo de aburrirles. Un riesgo que, por cierto, es sólo suyo: yo ya sé lo que he escrito antes de releerme.

Podría contarles que me han subido la Contribución hasta dejarme sin respiración. O que me he quedado sin batería en el coche, y he tenido que dejarlo en la oficina. O que el libro que me estoy leyendo me tiene, a partes iguales, intrigada y decepcionada. O que mi profesor de inglés me ha hecho repetir cantando «how long does it take to» durante media hora. O que no hago más que mandarle mensajes a la Sra Christine Lagarde (presidenta del FMI) en Twitter y no me contesta. Y es que me tiene preocupadísima, la Lagarde, porque no publica un tuit desde el 26 de septiembre. O que no sé cuándo ni dónde he perdido un cristal de las gafas, porque me he dado cuenta de ello tres horas después de llevarlas puestas. O que he descubierto que el olor profundo de la transpiración añeja puede alcanzar un radio de tres metros, con mesa de por medio. O que quizá ambos hechos, estar concentrada en no respirar y perder un cristal de las gafas, pueden tener alguna relación. 

Les dejo, que tengo una llamada telefónica. A ver si mañana me animo y les cuento algo de interés.

Entrada sin título

Hoy es lunes

Y me apetece oir esto.

Vds se lo pueden saltar si lo ven mañana.

 

 

 

De Picnic en El Escorial

Un Mundo para CurraAyer estuve de Picnic. He de decir que no es mi plan favorito para ir comer pero mis amigos son muy campestres y muy tolerantes con las hormigas. Tampoco es mi plan favorito para ir al campo, pero mis amigos son muy apañados y les gusta optimizar actividades. Y señores, a mí me falta voluntad para negarme y personalidad para que me sigan en un plan alternativo. Así es que ayer estuve de pic-nic en El Escorial.

Lo peor de los picnics es que nunca sé ni qué ponerme ni qué llevar. Ese nunca tal vez les lleve a pensar que voy de picnic todos los días, pero no es así: el último al que me llevaron fue en el mes de marzo pasado, en El Pardo. Y claro, dos picnics en el mismo año necesitan un momentillo de reflexión, aunque sea mundana.

Yo les he traído una foto para que vean el nivel en el que me muevo. No es Pipa Middleton, sino mi amiga Begoña. Si amplían la foto verán a su izquierda un paquete de All Bran, pero no se lo tengan en cuenta. Espero que ahora comprendan el porqué de mis desvelos. ¿Cómo competir con este campestre chic? ¿un vintage desenfadado? ¿un sport cool? ¿un british concienzudo? ¿un casual falsamente despreocupado? ¡ Yo los sábados tengo la capacidad de decisión bajo mínimos, bastante con que acerté a llevar unos calcetines a juego con los zapatos!.

Sobre el menú, qué decirles: empanadas, tortillas, ensaladas, queso, lomo… todo un despliegue de medios. En cuanto a mí… Verán: no me dio tiempo de pasarme por Mallorca para comprar algo, así que paré en una gasolinera y llevé cuatro cervezas. No piensen nada que ya lo digo yo:  quedó muy escueto por mi parte.

Y encima se vino Curra, así es que cogí un tupper para que pudiera beber agua. ¿Y saben de lo que me enteré en el Picnic? Pues que hay unas botellas especiales con bebedero incorporado para mascotas. Anda. Ya lo he encargado por internet: 2,99 €, una cosa que se llama trixie wasserspender. Yo no estoy dispuesta a ir al próximo picnic con un simple perro pudiendo llevar una mascota. ¡ Acabáramos!.

Para BdlH

No a la impunidad

La Eta ha comunicado que cesa su actividad armada. Casi todos entendemos que deja de matar, aunque en realidad sólo dicen lo que dicen. Yo de esta gentuza me creo lo justo. Si les conviene, volverán a matar (tienen armas, dinero y palmeros, muchos palmeros), como lo hicieron las dos veces anteriores (Miguel Angel Blanco, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate). Encontrarán la manera de justificarlo, verborrea nunca les ha faltado y la tergiversación no falta en ningún totalitarismo. Y encontrarán interesadillos que les sigan el argumento para pescar en río revuelto, incluso para recoger alguna nuez, esto tampoco les ha faltado nunca…

Han emitido un comunicado que se puede encontrar en cualquier periódico. Si no lo han hecho aún, les aconsejo que lo lean, es muy instructivo. Yo, desde luego, no lo voy a poner aquí, ni me molesto (es un chorreo de afrentas, de iniquidades y de estupideces). Por supuesto que me alegro de que nos «concedan» cambiar la palabra «permanente» por la palabra «definitiva» en su delirante lenguaje de ejército de liberación nazional. Cómo no me voy a alegrar, claro que sí. Pero me alegro también lo justo: hubiera preferido que la razón por la cual cesan en su actividad armada fuera que no la hubieran empezado… Cuidado con los juegos de espejos.

Y ahora ¿Qué hacemos? ¿Les damos las gracias? ¿Les felicitamos por «entrar en razón»? ¿Les hacemos buenísimos y muy demócratas porque ya no nos matan? Pues no, señores, demasiado tarde para la edad que tengo y lo que llevo vivido. Yo me voy a seguir acordando de su puta madre (u otra cosa que es fácil de imaginar) y llamándoles todas las cosas malas que se me vayan ocurriendo – y les aseguro que imaginación no me falta. No puede haber perdón, ni olvido. Siguen siendo los mismos canallas, y este comunicado no cambia nada de lo que han hecho y el porqué de lo que han hecho. Me da igual el asunto de la independencia, de la territorialidad y de sus reivindicaciones. Lo dije hace unos días: Me da igual lo que exijan, me importa quién lo exige. Han matado, han secuestrado, han extorsionado, y eso no se puede consentir. No puede haber impunidad frente a la vileza de quien quiere imponerse a tiro limpio.

Pero me puede el pesimismo: ya estoy esperando a ver quién es el primero que habla de que el Estado deberá ser generoso… Nos puede la bondad, lobos y corderos…

Les dejo con un comunicado que yo sí quiero copiar. Es de la Fundación Victimas del Terrorismo y se llama Decálogo No a la Impunidad. Lo suscribo.

DECALOGO NO IMPUNIDAD

Esas maravillosas apps

Me van a perdonar vds., pero hoy no tengo mucho tiempo para introducciones, así es que voy a ir directamente al grano.

Las aplicaciones en el teléfono y en la i-pad son realmente geniales y sirven para muchísimas cosas. Por ejemplo, tengo una fantástica que me dice dónde estoy. Bueno, en realidad me dice dónde está la Blackberry, pero como yo no puedo ver dónde está ella si no la tengo en la mano, he llegado a la conclusión de que la app quiere realmente decirme dónde estoy yo diciéndome dónde está la Blackberry, porque realmente no sabe muy bien dónde estoy yo. Sí, ya sé que suena muy complicado, pero el mundo tecnológico es así, señores, lo toman o lo dejan. Lo que es realmente genial es que yo le puedo decir a cualquiera las coordenadas GPS en las que me encuentro en cada momento:

– Mamá, estoy aquí, en 40º28’12» Norte, 3º40’20» Oeste

– ¿Todavía en la ducha, hija? Pero te van a salir aletas…

Tengo otra también muy genial que me avisa si llueve en Capri y en Santorini a la vez. Y otra en donde sale el calendario lunar en swajili. Una muy, pero que muy interesante me indica y describe el entorno IT en el que me encuentro. En español, aclaro, no en swajili, aunque he llegado al convencimiento de que el idioma es casi lo de menos. Otra app formidable me cambia el color de la pantalla cada veinte segundos mientras suena un beep. Y hay otra que me flipa, que es un seguidor de asteroides. Esta app viene sin alarma (lástima). Pero utilidad, utilidad, una que, cuando suena el teléfono, se abre una nota para que escribas el resúmen de la llamada. Yo creo que esta es la prueba irrefutable de que las ondas telefónicas nos van a dejar el cerebro como un queso gruyère, así es que nos ponen esta app gratuita para que nos vayamos acostumbrando al desastre. 

En la i-pad también hay cosas muy curiosas. Tengo una aplicación en donde se describen los árboles de la tundra siberiana. Apasionante. Y estuve a punto de bajarme la App «Termomix recetas», pero al final decidí no hacerlo por dos razones. Primero, porque leí en una crítica que hacia la mitad de cada receta, la i-pad empezaba a estar demasiado pringada por los dedos como para ver algo. Y  segundo, porque yo no tengo Termomix. Debió de ser esta historia de la Termomix la que me hizo tener un sueño. Yes, I have a dream.

Soñé que la i-pad 17.0 venía con función de cocina vitrocerámica: en medio del campo, siempre que tuvieras un buen Plan de Datos, te podías freir unas chuletas sobre la i-pad. Ya la 18.0, por unos eurillos más, venía con la vitro de inducción. Y valía la pena, oye, porque navegar por internet justo después de hacer la comida… eso sí que dejaba los dedos pegados en la pantalla.

Va a ser verdad que todos necesitamos un poco de sur para poder ver el norte

Raquetas naturales y contundientes

Este verano, la novedad del poblachón han sido las pistas de pádel, además de las clases de iniciación y mejora del juego. A esto último sólo se apuntaron unos cuantos que luego nos iban diciendo a los demás las cosas que debíamos hacer y que, naturalmente, no hacemos. Con naturalmente quiero decir de manera natural, no que no queramos hacerlas.

Estas pistas han hecho las delicias de los naturales y de los forasteros. Se nota quién es quién porque ellos van en chándal y nosotros con pantalones de piscina; ellos con una camiseta nueva de la selección o del Barça, y nosotros con cualquier camiseta vieja que encontremos por casa. Si les explico el Dress code es para que comprendan vds. que al pádel, en el poblachón, se va muy de trapillo. Por lo demás, sudar, sudamos lo mismo, y correr, corremos parecido. En cuanto a las habilidades en el juego, depende de si la clase es de iniciación, de mejora, o interpretada y retransmitida por uno de iniciación o por uno de mejora. 

Las pistas están construidas allí donde antes había Nada, entre las pistas de tenis y la de frontón.  Ah, las pistas de tenis, qué tiempos. Nosotros estuvimos unas cuantas temporadas imaginando que jugábamos al tenis. Así pasábamos un par de horas cada tarde, raqueta en mano correteando en pos de la pelota. A veces conseguíamos darla, y la golpeábamos de drive naturalmente como si cerráramos una puerta. O como si usáramos un matamoscas para los smash, una sartén para el globo o un bate de béisbol para el revés a dos manos. Y a veces la bola entraba, otras no. A veces se iba a la red y otras más allá de la Nada, o sea, a los matojos. Era todo muy aleatorio, la verdad. Perdimos muchas bolas en los matojos, porque no sé si saben vds que hay matojos que pinchan. Y más allá de Nada, mejor no internarse en los matojos, especialmente si no se tiene la prevención de jugar al tenis con  leotardos, de manera natural.

Mi amiga Merche se rompió en una ocasión un diente con la raqueta, uno de los incisivos superiores. No sé muy bien lo que hizo – y mucho menos lo que quería hacer -, pero el caso es que dijo «ay» y cuando se dio la vuelta y se quitó la mano de la cara ya tenía un diente menos. Tratamos de tranquilizarla diciéndole que no se le notaba mucho, pero optamos enseguida por acompañarla a un dentista de urgencia, porque, francamente, si en vez de un polo rosa llevara puesto una bata negra hubiera parecido la bruja Averías. Y también porque al día siguiente nos íbamos a Sicilia y temimos que se tirara de cabeza al cráter del Etna, a poco que se viera la sonrisa en cualquier escaparate de Catania. Fue espeluznante sólo pensarlo: el volcán activo, humeante, azufrado, y la pobre Merchitas ceceando a causa del diente incisivo, entre aullidos pavorosos a causa de la lava ardiente, en un aquelarre a causa del drive inoportuno.

Se preguntarán vds cómo hemos llegado hasta aquí con estas tonterías. Me sería muy difícil de explicar si no fuera porque  hoy me he pegado un raquetazo de mucho cuidado en la nariz, no sé cómo. Y es que una raqueta, sea de pádel o de tenis, no deja de ser un objeto contundente que hay que usar con mucha prevención y muy naturalmente.