Salvad el puente y la corona

Había que salvar el puente a toda costa. Quitarlo y volver a hacerlo era la segunda opción. La base de uno de los pilares notaba el transcurrir del tiempo, quince años tal vez, y además estaba encajonado muy atrás, en un terreno muy delicado. Así es que había que intentar perforar el revestimiento de metal y cemento, reparar el interior, acondicionar la base y salvar el puente a toda costa.

Dos horas y media me he pasado en el endodoncista. Ha tenido que perforar la corona de la muela del juicio, hacer un agujerito, quitar la pulpa de la muela y cerrar de nuevo con un empaste provisional, a la espera del arreglo definitivo que deberá terminar el dentista. Durante la perforación, me han puesto unas gafas porque lo que salta es polvo de plata, que si te cae en un ojo te puede enviar al oftalmólogo sin cita previa. Cada veinte minutos el doctor paraba para que yo pudiera cerrar la boca un rato, porque no había prisa y prefería ahorrarme la incomodidad. Y, por supuesto, a la menor sensación, yo tenía derecho a levantar la mano: la anestesia es barata.

¡GRACIAS, DIOS MÍO, POR ENVIARME A PENAR POR ESTE MUNDO EN EL SIGLO XXI!

El dentista. Caravaggio

Los Goya 2012

Ni siquiera la vulgaridad fue original.

Cuánto tiempo perdido

Cuánto dinero perdido

Y qué viejuno todo.

Amante de las antigüedades

Me siento a leer la prensa del domingo.

Y me topo con esto que veis a vuestra izquierda.

Y me digo que no puede ser, que qué mala idea titular así.

Y luego, cuando voy a «la noticia», ya me lo explican: es que ha montado una tienda de antigüedades.

Ah, bueno.

Pero que qué mala idea titular así.

Una preciosidad

Para ser sábado, os propongo que nos relajemos un poco. Os voy a poner este enlace que he robado en Twitter a mi amigo Alfonso N. De paso le agradezco que tenga tan buen gusto al encontrar estas pequeñas grandes maravillas y que las comparta.


(If you thought a city is defined by its people, by its skyline, by its architecture, by its love for sport or its heritage, or its food, or even its Nobel laureats and its festivals, you’re right. Let Calcutta surprise you)

Juegos olímpicos

Y ya van tres. Y las que nos quedan. Qué pesadez esto de los juegos. Por supuesto, nadie puede oponerse a las bondades que nos traerán los Juegos. Y es que a nadie le amarga un dulce… salvo cuando no te lo comes. Esto que acabo de escribir es  factual y objetivo. Decir que me parece un tema de lo más pelmazo ya forma parte de mi opinión personal y subjetiva que vds pueden no compartir, faltaría más.

La buena era esta, la de 2012. Imaginen. La candidatura se decidió en 2005 y tal vez no tendríamos la crisis que tenemos ahora. O sí, pero hoy nos hubiera venido como agua de mayo los montones de turistas, la promoción del país y la ilusión. La primera es la que vale y no pudo ser. Y entonces deberíamos habernos retirado y no hacer el indio en la siguiente convocatoria, la de 2016, con Gallardón en el papel estelar de mula Francis gastando lo que ni teníamos ni iba a rentar, y comportándose como un perfecto pardillo al creerse que lo de la rotación de continentes era una leyenda urbana. Rogge le debió de decir «Mais non, Monsieur Gallagdon, la rotation des continents est une legende urbaine«, y, venga ¡La mano bien abierta!. No, si el francés lo entiende, lo que le cuesta es el empirismo…

Ahora otra vez, un proyecto que por lo visto ya está terminado en un 80%, pero sobre el que habrá todavía que invertir casi 1.400 millones de euros. Según Anita Botella, el retorno será incalculable. Y tanto que será incalculable. Para empezar no sabemos si hay que calcularlo sobre los 1.400 millones de ahora o sobre el total ya invertido, o sea, ese 80% que ya está construido. En todo caso, y a lo que parece, nadie lo va a calcular: es un asunto de gran visión estratégica sobre el que no vamos a andarnos con menudencias.

De momento tenemos asegurado el que se nos haga la boca agua. Esperemos que en esta ocasión el Príncipe Alberto use su boquita de piñón para besar como loco a eso con lo que se ha casado y no para preguntar bobadas, y que al griego de turno no le sirvan mucho Bourbon antes de que empiece la votación. Y lo mismo hasta lo conseguimos ya, de una puñetera vez…

El monus interruptus

¿Quién no ha estado nunca en una reunión y ha salido con los nervios destrozados? Yo les tengo que confesar que con los años y la experiencia me he moderado bastante, lo que tiene como inconveniente el que cada vez me destrozo más los nervios. Antes era una persona mucho más impulsiva, impaciente, y descuidada en mis desahogos, hasta extremos que prefiero no recordar porque ya se encargan otros de hacerlo por mí. Tampoco me importa mucho, no crean vds: protagonizar una leyenda, aunque sea urbana, tiene mucho mérito.

Montar una reunión productiva no es difícil. Si te falla el sentido común, hay montones de libritos llenos de lugares comunes y de tonterías en inglés que te ayudan a creer que sabes algo de management. Dirigir la reunión ya es otra cosa y según a quien le corresponda hacerlo, la reunión puede ser muy productiva o ser un auténtico petardo. Petardo en el sentido de petar. Pero hay un caso en el que da igual quién la dirija, y es cuando está el mono, al que llamaremos monus interruptus en genérico. Dejo para su imaginación o conocimiento las diferentes técnicas con las que impiden que la reunión sea fecunda. Variedades de monus interruptus hay muchas. En común su mala educación y su deleite al imaginarse macho alfa. En su diversidad, los diferentes grados de poder real. Elijan vds entre irascibles gorilas, temibles orangutanes, chimpancés pelotas, mandriles insoportables y macacos de mierda. Ah, y el simpático mono ardilla, que está constantemente enredando con los detallitos irrelevantes. Toda la variedad que permita el organigrama y en número proporcional al tamaño de la empresa.

El mandril es reconocible porque es muy vistoso y suele tener una bonita y modulada voz, algo gutural pero en todo caso grave y muy sonora. Si será bonita y modulada que a su dueño le encanta escuchar su propio arrullo. La técnica del mandril es también envolvente y engolada, como su voz. Cuando parece que la reunión avanza, el mandril interrumpe para explicar durante veinte minutos más o menos esto:

Verán señores, hay que repasar las cosas bien y por orden porque si no nunca lograremos nuestro objetivo, que es lanzar un cohete al espacio, no lo olvidemos. En el principio fue el Verbo, y luego hubo que esperar a que a Adán le quitaran una costilla para que Eva pudiera ofrecerle una manzana y fue entonces ¡Entonces! cuando expulsaron a ambos del Jardín del Edén. Todo ello debemos comprenderlo para volver a inventar la rueda, aunque esto no sea imprescindible puesto que él (el mandril) construyó las pirámides y ahí están, cinco mil años de historia nos contemplan. La propuesta es seguir los siguientes pasos:

1.- Reflexionar sobre el verdadero principio, porque si no fue el Verbo, entonces nos encontramos con un problema que puede calificarse como estructurante.

2.- Averiguar exactamente cuál fue la costilla que le quitaron a Adán y documentarlo. Para ello será imprescindible tener varias reuniones con Adán y contrastarlo después con Eva, siempre y cuando hayamos comprado varias manzanas para establecer sus características nutrientes, encargo que pueden cumplir sin dificultad varios equipos de trabajo. Eso sí: no hay que pelar las manzanas bajo ningún concepto. ¡Bajo-ningún-concepto!

3.- Situar en el mapa de manera precisa el jardín y el Edén o ambos si son lo mismo (cuestión que habrá que dirimir), y establecer las alternativas para llegar. Hay que ser muy preciso en este punto, porque no cuesta lo mismo ir andando que en un barco a vapor, por no hablar del tiempo que se tarda.

Justo en ese momento, el mono ardilla menciona a la serpiente y es entonces cuando la reunión peta.

En mi humilde opinión, puestos en orden de escala, entre el gorilón y el macaco de mierda prefiero mil veces al gorila, porque al menos sabes lo que tienes que hacer cuando se arranca por bulerías: agachar la cabeza por si te la vuela de un soplamocos. El macaco sin embargo me resulta insufrible porque nunca sabes dónde va a orinar. En cuanto al mandril… en fin, siempre hay que pensar que al segundo día se hizo la Luz y entonces las cosas se ven de otra forma.

Gracias, SM y MSC. por la idea. Escribirlo es lo fácil…

¿Fue él?

No voy a descubrir yo ahora a Stefan Zweig, un escritor que me encanta y que me tiene seducida desde hace muchos años. En casa teníamos las obras completas, editadas por Aguilar, con sus tapas de cuero verde y las hojas finas de papel de biblia, y sus marca páginas. Con uno de aquellos tomos de biografías me recorrí yo Ecuador en el año 92, creo recordar. Desde el Tungurahua a las Islas Galápagos, en un viaje memorable en busetas, gua-guas, aviones y barcos, por allí anduve con María Antonieta, María Estuardo, Magallanes, Américo Vespuccio y Casanova. Entiéndanme bien. Si digo que anduve con esos personajes lo digo en modo figurado, que mis compañeros de viaje tenían otros nombres y estaban vivos todos. Al menos hablaban…

Los momentos estelares de la Humanidad me han acompañado en algún que otro vuelo. La composición de la Marsellesa, la toma de Contastinopla, la derrota de Napoleón… Hace un par de veranos leí El mundo de ayer, maravilloso retrato histórico del periodo de entre guerras en Europa y hace unos meses repasé la biografía de Fouché, libro que debería leerse obligatoriamente al empezar a trabajar en cualquier multinacional…

Hace unos días, antes de irme de viaje, compraba yo un libro para mi madre en una de mis dos librerías favoritas. Según estaba pagando, tenían en el expositor un librito de una pequeña novela de Zweig, «¿Fue él?». Lo compré porque estaba a medias con otro, y pensé que no me ocuparía en la maleta. Desde luego, el autor me ofrecía todas las garantías, pero reconozco que lo que me intrigó fue el perro que aparecía en la portada. Se lee en una hora, más o menos. Habla de los celos, de unos celos extremados que vienen provocados por un excesivo amor, y que conducen al dolor, también excesivo, del abandono irremediable, de la destrucción y la muerte. No les cuento más porque se lo chafaría. Si se lo encuentran en un expositor, no lo duden: por 10 euros se les pondrá la piel de gallina.

Tú, labora

Se me cruzó ayer una actualidad muy fea que no quise dejar pasar. Una ha tenido veinticinco años para bailar con las canciones de Whitney Houston, y veinticinco años para ponerse a trabajar, al principio en lo que pude, y después en lo que me gustaba. Empecé como todos, con un contrato en prácticas y ganando considerablemente menos de lo que gano ahora. Y entonces, como ahora, el paro era aterrador. Y entonces, como ahora, la legislación laboral era prácticamente la misma.

En España, cualquier cosa que pasa genera de inmediato un montón de manos levantadas al grito de «¡Me opongo!», ya se hable de una sentencia de 1.500 folios o de la pesca del calamar. Naturalmente, la Reforma Laboral, que es un asunto que nos afecta a todos, no podía quedarse sin sus opositores de nómina, que protestarían aunque el gobierno hubiera legislado 70 días de indemnización. Son los auto denominados «agentes sociales» que piden tiempo para llegar a un acuerdo y para negociar, cuando desde 2010 se les ha dado numerosas oportunidades para aportar algo. ¡Si hasta marearon a Zapatero! Pero para quien lleva diciendo las mismas melonadas desde el siglo XIX, el tiempo es una dimensión inexistente. ¿Qué aportan vds, señores de los sindicatos? Yo les diré qué aportan: unas enormes barrigas, inmovilismo y una pose chusca, como de género chico. Una pose verbenera y viejuna, que no se sabe si parecen Don Hilarión y la Tía Antonia o Maricarmen y sus muñecos cuando se les ve por la tele agarrados a la pancarta, y que provoca una profunda desolación cuando se te pasa el cabreo. Dicen que tienden la mano. Yo diría que más bien la ponen cuando pueden y la meten cuando no les miran. Nunca les han importado los parados, ni los trabajadores de la pequeña empresa, ni los autónomos que generan empleo, nunca han luchado por ellos. Les importan sus millones de euros en formación, sus liberados, y el mamoneo de vivir de la teta del estado sin necesidad de tener afiliados. Así es que yo, de entrada, me opongo a todo lo que digan este par de mamarrachos porque, para mí, viven de salir en la tele como cualquier friki de Gran Hermano.

Y una vez medio desahogada, veré si puedo desahogarme del todo. Hombre, 45 días por año trabajado ya había y hemos llegado a cinco millones y medio de parados, así es que no parece que el coste del despido sea el «driver» principal (que diría Don Luis de Guindos) para atacar el problema. El despido libre ya existe, por cierto. Se llama contrato temporal y lo puso en marcha Felipe González. El ERE de 20 días por causas organizativas ya existe, y si no funciona como previsto es porque la Administración no funciona (ni como previsto ni como no previsto), así es que en vez de mejorar el arbitraje de la administración, se quitan de enmedio. ¡Señor! Sí parece buena cosa las ayudas a la contratación, aunque no alcanzo bien a comprender por qué a un joven que ha encontrado un trabajo tenemos que seguir pagándole el 25% del subsidio, o por qué no se rebajan las cotizaciones drásticamente… En todo caso, lo que tenemos hoy no funciona y ojalá que esta reforma sirva para generar riqueza y empleo, pero me parece que se han quedado cortos en algunas cosas y poco imaginativos en otras. En fin, por algo hay que empezar, y tendremos que comernos esto, las clases medias que aun tenemos trabajo, como nos hemos tenido que comer la subida de impuestos, sin que se vislumbre todavía una reforma «pretty agressive» de las administraciones públicas (que gastan el oro del moro y generan una mora de la pera), y sin que se meta mano a ese funcionariado parásito y absentista que destroza la competitividad del país.

Leía ayer que Isidro Fainé, presidente de La Caixa, sacó a relucir hace poco un informe de Funcas según el cual cuatro de cada cinco personas inscritas en el INEM perciben algún otro tipo de renta al margen del seguro del desempleo. ¿Cómo evitas que yo prefiera pagar una factura sin IVA al fontanero? ¿Cómo haces para que a mí me sea más rentable trabajar que percibir el paro? ¿Cómo consigues que a un empresario le traiga cuenta blanquear a sus trabajadores? ¿Arde Atenas? ¿Quién es más pecador, la que peca por la paga o el que paga por pecar? Pues eso.

Y como diría Aznar, «vaya coñazo que he soltado«.

Whitney

Cuarenta y ocho años. Una preciosidad de mujer.

Una voz llena de caudal, estruendosa en su potencia, que podía con todo.

Una preciosidad de mujer. Cuarenta y ocho años.

Una semana sin ti

Ya estoy de nuevo por aquí, después de unos días de vacaciones. Días en los que me he dedicado a no hacer nada, tal y como estaba previsto, aunque nada, nada, lo que se dice nada, pues tampoco. He leído la prensa, he escuchado música, me he distraído con un par de libros y he tomado el sol, actividad para la que no se requiere mucha concentración, todo hay que decirlo.

Y aquí me tienen, un poco desganada, sin que se me acaben de cocer en la cabeza un par de asuntos que me rondan y que quizás podrían distraerles. Esta falta de creatividad ya me sucedió cuando volví de veraneo, por lo que me temo que mis vacaciones le sientan fatal a este blog. No me apetece mucho hablarles de los acontecimientos que se han sucedido en estos días, como lo del «positivo milagroso» de Contador (que ya traté en su día), la sentencia de condena a Garzón (qué pereza me dan estos jueces endiosados), el aniversario de la reina de Inglaterra, o lo de los Guiñoles del Canal Plus (pronúnciese Plis), asunto este último que hubiera merecido algún post gracioso -superar esa gracia no parece difícil – pero que ya está pasado de rosca. Tal vez lo retome cuando algún francés gane algo en algún deporte, aunque me temo que yo tendré que esperar mucho para poder escribirlo y vds para poder leerlo, aunque sea en un suelto menor de un periódico de La Provence.

Bueno, pues les dejo otra foto más de resumen, para decorar un poco este erial. Quizá mañana me anime y les hable de la Reforma Laboral, si consigo hacerme una opinión de ello.

(MJM: aquí tienes la actualización. ¡Cómo me estresas!)