Me he divertido en la sobremesa del domingo haciendo esto. Espero que les distraiga y que, al menos, les saque una sonrisa.
Cuello alto
Hay que ver lo bien que me sientan los jerseys de cuello alto. Y lo digo sin ningún tipo de modestia, que conste. Les hablaré de mi cuello.
Verán. Hace años, yo jugaba con mis amigas del poblachón un partido de fútbol cada verano. Algún día les contaré esto. El caso es que uno de aquellos veranos, me pegaron un patadón que me sacó del campo. Dejé de cojear en una semana pero la rodilla me seguía doliendo, así es que fui al médico. Llegué y le expliqué lo que me sucedía. El médico me sentó en una camilla y se arrodilló para examinarme la pierna. Y según estaba agachado, levantó la cabeza para preguntarme si me dolía. En vez de eso, se me quedó mirando con mucha atención y me dijo:
– Oye ¿Tú no tienes el cuello muy gordo?
La verdad es que me faltaron reflejos para contestarle lo que opinaba yo de su narizota, que era lo que tenía a la vista en aquellos momentos. Sin dejar de mirarme al cuello, como abducido, se levantó y lo rodeó con las dos manos, como si quisiera estrangularme. Con un hilillo de voz traté de explicarle que no, que lo que me dolía era la rodilla, pero me mandó callar mientras me pellizcaba el cuello por los lados. El cuello parecía seguir en su sitio mientras los ojos se me empezaban a salir de las órbitas. Mi madre asistía asustada a la escena. O tal vez no estaba asustada, sino simplemente atónita…
El doctor me mandó al endocrino, porque mis tiroides no tenían un tamaño normal. Después de unos años tomando unas pastillitas, se me curó el hipertiroidismo, no se preocupen. Y ahora mi cuello luce excelente, incluso con jerseys de cuello alto.
¿La rodilla? Bueno, sobre eso no hizo diagnóstico pero sí que me dio receta: me dijo que dejara de jugar al fútbol con aquellas chicas tan borricas.
Toulouse y los pelos en la sopa
En Toulouse, un tipo montado en una moto con casco se pasa una mañana por una escuela judía y se lía a tiros. Como resultado, cuatro personas muertas, 3 niños y un adulto. Todos judios, y el adulto mucho, porque era un rabino.
El primer reflejo, cuando pasa el estupor inicial, es pensar en la ultraderecha francesa, el Lepenismo, un nacionalismo vulgar y corriente, o sea contrario a todo aquello que sea diferente a lo propio (religión, nacionalidad, raza, lengua, gafas, césped…). Todo el mundo, casi sin excepción, clama ante la barbarie y está de acuerdo en que se trata de un asesinato inaceptable. Todos excepto los lepenistas, claro, que pueden comprender que la gente esté hasta la coronilla de extranjeros en su país y un día a uno se le vaya la cabeza…
En poco más de un día, nos enteramos de que debajo del casco de ese mal nacido no iba un cabeza rapada, sino un barbudo de Al Qaeda o de cualquier otra excrecencia islámica. Bueno, era una posibilidad porque, tratándose de judíos, hay que decir que la única diferencia notable entre que el asesino fuera un nazi de cabeza rapada o un barbudo seducido por la Edad Media es la distribución, abundancia y formato capilar. Porque, amigos, las motivaciones y argumentos de estos asesinos no se sitúan en el exterior de la cabeza, sino en el interior, y ahí la diferencia de batido ideológico entre un candidato a miembro de un einsatzgruppen o un muyahidín es indistinguible.
Sin embargo, hay peluqueros exquisitos entre nuestra extrema izquierda (y entre alguna izquierda no tan extrema), que consideran que los barbudos en el fondo tienen su puntito de razón. Y esa razón la encuentran en el pueblo palestino, y más concretamente en los niños palestinos muertos por los israelíes. Esa izquierda retrógrada, con su hipocresía habitual, se alegra cuando un fanático pone unos cuantos niños muertos en la balanza, por aquello de compensar. Y tanto tanto compensan, que terminan por defender lo mismo que los lepenistas…
Hoy he llegado a leer en Twitter que «Si en Francia no hubiesen (sic) colegios judíos, el asesinato no se hubiese producido«. Esto da tanto asco como encontrarse un pelo en la sopa. Y encontrarse un pelo en la sopa es repugnante, lo mismo da si es un pelo corto de la cabeza o uno largo de la barba.
Una publicidad nada sencilla
Les supongo hartos de mí y de mis post tan largos. Vamos a desengrasar con algo que me envía un buen amigo que siempre me inspira algo positivo. Una publicidad útil, inteligente y emocionante. Y en apariencia sencilla, que es, siempre, lo menos sencillo de crear.
Gracias, G.
El terrible resultado de 1512
Supongamos que es verdad. Supongamos que la historia es tal y como la cuenta la izquierda abertzale, y que los pobrecitos vascos y navarros no tienen estado porque se lo quitaron hace 500 años España y Francia. Supongamos que es verdad que los castellano-aragoneses entramos a sangre y fuego en Navarra, y desde hace 500 años les hemos oprimido terriblemente. Supongamos que es verdad que, hace 500 años, los vascos no integraban las tropas castellano-aragonesas lealmente. Supongamos que es verdad lo que pone aquí.
Bueno. ¿Y?
Con conquista feroz y todo, hoy, el País Vasco es la región con mayor renta per cápita de España, (un 91% más que Extremadura) y Navarra es la 3ª. El País Vasco es la región con menor índice de paro, y Navarra la 2ª. En Esperanza de vida, Navarra ocupa el 2º puesto y el País Vasco el 6º. La región con menor tasa de pobreza en España es el País Vasco. ¿Saben cuál es la segunda? Navarra. En cuanto a índice de Bienestar, la 1ª es el País Vasco y la 2ª, Navarra. Y no sigo mirando cositas. Por supuesto que las estadísticas de Eurostat y del INE pueden mentir, pero tampoco nos extrañemos: dos de las mejores universidades españolas están en Bilbao y Navarra y 3 de las 35 empresas del Ibex (que yo sepa) tienen su sede social en el País Vasco, lo que no deja de ser casi un 10% para una región con el 4% de la población española. Si tuvieran su propia bolsa (Vascoex 35), serían el 100% de las empresas, esto también es verdad. Cuánto expolio.
Naturalmente, su gran desarrollo es debido a la probidad, esfuerzo, inteligencia y hasta galanura de vascos y vascas, esa raza oprimida. Pero resulta que el apellido más corriente por allí arriba es García (25%), luego Fernández (19%), luego González (18%) y luego Rodríguez (14%). Eso es por la conquista, no hay duda. Los navarros, sin embargo, han sido colonizados, además de por Garcías, por Martínez y Pérez. Si es que no se les puede tener tan conquistados, cuánta opresión…
Si no fuera por todos los muertos que no llevan en su conciencia, estas sandeces de infames Goebbels con trasquilones serían muy divertidas. Me da a mí, aunque esto es sólo una interpretación, que como este año celebramos el aniversario de la Constitución de Cádiz, la izquierda abertzale se ha cogido un ataque de cuernos sólo de pensar que, por un día, no iban a ser los protas. Y se han encontrado con el año 1512. Hasta para eso tienen suerte, estos cabrones…
Inside Spain
Después de la aclamada Inside Jobs, en donde se cuenta la maldad de los mercados en el proceso de empobrecimiento de los países acomodados, habría que hacer un Inside Spain. Los telediarios de estas dos últimas semanas se prestan a realizar un buen documental de 90 minutos. Podría competir en los Oscars 2013, y optar también a los mejores efectos especiales, en la categoría de thriller.
Inside Spain sería un documental que podría tomar como hilo conductor las deudas de las Administraciones públicas con empresas privadas, por ejemplo. Unas administraciones que en época de vacas gordas no bajan los impuestos y en época de vacas flacas los suben, y que después, cuando la única vaca posible es la vaca que ríe, eligen como mantra para sindicatos, izquierda atocinada y derecha incauta que hemos (nótese la persona verbal elegida) vivido por encima de nuestras posibilidades. Nada más falso: Inside Spain mostraría cómo las Administraciones han vivido exactamente conforme a sus posibilidades: falta de rigor, de responsabilidad y de respeto, las 3 erres que se deben garantizar, bajo pena de destierro, cuando se trata con el dinero de los contribuyentes (no del Estado, matiz que suelen olvidar).
En el papel estelar de oso moroso y sin madroño, Don Gallardón, Ministro de Justicia y Notario Mayor del Reino, que podrá explicarnos con gentil verbo cómo la posibilidad de gastarse el dinero que no tenía le permitió llevarse el ayuntamiento al Palacio de Cibeles o cambiar la estatua de Colón de sitio, ejemplos de servicio público básico que cualquier alcalde debe atender aunque deje a deber a unos cuantos. El señor notario dará fe de cómo se endosan esas facturas sin pagar a un pool de bancos, que concede al Estado un generoso crédito a diez años, con dos de carencia. Condiciones que antes han negado al pardillo que realizó la entrega y que cerró la empresa esperando cobrar por su trabajo. La buena noticia es que el pardillo se librará de volver a pagar, vía impuestos de sociedades, la quita, el interés y la carencia del crédito. ¡Y que no se queje tanto, hombre! que ahora tiene wifi en las paradas del autobús y puede entrar en el internete a mirar ofertas de empleo mientras espera el 127, que le lleva derechito a la Oficina del INEM.
El entramado de empresas públicas sin ninguna utilidad no debe ocupar demasiado tiempo en el documental. Con decir 4.000, ya uno se hace cargo del número de paniaguados que tienen un cargo de director general con firma y tarjeta de crédito sin control. En modo flash y adornado con música de sevillanas, los ERES y la cleptocracia generalizada de Andalucía, amparada en una deuda histórica prometida y nunca cobrada (o sea, lo normal) con el folclore añadido de facturas en prostíbulos y gastos en farlopa. Imprescindible también la sucesión de alcaldes y presidentes de la nada clamando por la herencia que nunca les llegó en forma de transferencias de un Estado Central tan inerme como voraz, plagado de buitres repartiéndose a dentelladas el dinero de una Administración Pública que por no tener, ya no tiene ni vergüenza.
El españolito, al fondo, entretenido con televisiones autonómicas anegadas en deuda y partidos de fútbol de clubes con un gasto desquiciado, votando por lo que cree y no por lo que constata, y que no se rebela nunca ante la confiscación permanente de sus bienes. El españolito que añora aquellos tiempos de vacas gordas en los que el Estado, en vez de bajar impuestos, se endeudó para vivir conforme a sus posibilidades de incuria. El españolito que viene al mundo y que pide a gritos que le guarde Dios, porque una de las dos Españas (la pública) ha de helarle el corazón…
La guarra de la paloma
Esta mañana, al salir de casa, me he encontrado con que una paloma ha sufrido un proceso diarréico severo mientras dormitaba, entre retortijones, en lo alto del arbol bajo el cual estaba aparcado mi coche. Mi coche, en vez de azul metalizado, era de un marrón veteado con una gama que transitaba entre el amarillento y el verdoso. He tenido que sacar un clinex para poder asir el tirador y abrir la puerta, porque la porquería chorreaba desde la ventanilla. De camino al trabajo, he parado en un túnel de lavado para que lo limpiaran. Además del ascazo, era la vergüenza de ir metida en ese coche provocando la repugnancia a otras personas. Siete euros, y probablemente multa por correr en la M-30 para llegar a tiempo a una reunión a las 9 y media.
He venido a casa a comer y casualmente, he encontrado sitio en el mismo lugar donde lo dejé aparcado anoche. He pensado que la ley de la probabilidad me favorecía: no iba a estar aquella paloma podrida otra vez en el árbol, sobre todo porque después de haber echado todo aquello de su cuerpo lo normal es que se hubiera desintegrado. Al salir hacia el trabajo, me he encontrado con que la cerda esa todavía tenía rastros de inmundicia en su cuerpo. Mi coche estaba otra vez con cuatro o cinco porquerías en el capó delantero y en el parabrisas.
Y hasta aquí los hechos.
Haciendo uso de mi derecho a mi legítima defensa y aunque no hay segunda enmienda en la constitución que me ampare, he vuelto a subir a casa, he cogido una pistola, he bajado de nuevo, y me he liado a tiros con todas las palomas que he sido capaz de ver por los árboles. El resultado ha sido catorce palomas reventadas, y siete gravemente heridas, que he recogido con mucho asco y he tirado en el cubo de la basura. He dejado los casquillos cuidadosamente repartidos por la acera, como señal inequívoca de mis intenciones en caso de nueva injuria.
Y ahora, a partir de aquí, los hechos.
Me he montado en el coche y, de vuelta al trabajo, he parado en una gasolinera en donde hay un lavado a presión. Y ahí me tenían vds, con mi traje de chaqueta, mi levita de entretiempo, mis gafas de sol de marca y mis zapatos de tacón, con la pistola de agua a presión en mano, disparando a la porquería que la puta paloma me ha dejado en el capó delantero y en el parabrisas. Yo creo que al cuadro le sobraba excentricidad como para ser cómico. Le sobraba excentricidad, y una buena dosis de odio asesino pintado en mi cara.
Siento las palabras gruesas que he usado para describir a la guarra de la paloma.
Loewe
Vaya un lio que se ha organizado con el nuevo anuncio de Loewe. Yo todavía me pregunto por qué. Para que tengan una idea precisa del anuncio, y por si aun no lo han visto, les enlazo el vídeo para que puedan verlo.
El anuncio ha sido Trending Topic durante todo el día en Twitter, y esto significa que habrá millones de tuits y de comentarios de 140 caracteres sobre el tema. Por lo que he podido ver, las críticas se centraban en dos aspectos: A) Los actores dicen imbecilidades y no representan a la juventud actual, con la derivada de que si los de Loewe creen que representan a la juventud actual, los imbéciles son los de Loewe; y B) Cómo es posible que, con la crisis que hay, una empresa anuncie bolsos de 600 euros. ¡Me encantan estas cosas!
Loewe es una marca de lujo, efectivamente, y venden bolsos que cuestan 600 euros. Cuidado con su corazón porque les voy a dar un disgusto: también tienen bolsos de 1.500 €, venden recambios de agenda por 150 euros, y pañuelos de 300 euros. Es cierto, hacen eso. ¿Y? ¿Cuál es el problema, exactamente? ¿Que no se lo pueden permitir? Claro, amigos, por eso es una marca de lujo. Si todos nos lo pudiéramos permitir, entonces no sería Loewe, sino Pieles Mariloli, Sedas López, y Bolsos Maricarmen. Ah, ¿ que el problema es que hay ricos podridos que lo compran? Bueno, pues matémoslos por ricos podridos y a la hoguera con Loewe. Pero piénsenlo un momentito antes de dictar sentencia, porque si acabamos con Loewe ¿Qué van a comprar vds en los mercadillos de bragas? O peor ¿A qué van a dedicar la mañana que han dejado libre para pasear por Chinatown en Nueva York? Incluso ¿Cómo decirle al vecino, que se fue de vacaciones a Bangkok, que ya no quieren la maleta de imitación que le encargaron? En fin, si les molesta mucho la publicidad de Loewe, siempre pueden llevar una imitación de Hermès o de Louis Vuitton, que no están nada vistas y son muy originales. Ahora que lo pienso, es una pena que no haya mercadillos de coches en donde se puedan comprar Cayennes de imitación. Negros.
Vayamos a la publicidad. Ciertamente, no representan a la juventud. Desde luego, la juventud está mucho mejor representada en cualquier anuncio de la tele, en donde sale gente de lo más normal. Yo no sé vds, pero en mi oficina veo modelos cada día, y tengo que ponerme gafas de sol para no cegarme con el brillo y la blancura de los dientes de todos los pibones que me rodean. Yo misma, cuando me levanto por las mañanas, me miro en el espejo y me encuentro con un aspecto fresquísimo, y no sólo porque llevo un salto de cama perfectamente planchado, y porque un rayo de tibio sol entra por la ventana. Cojo el coche y, además de limpio reluciente, suena una musica genial, yo voy feliz conduciendo sola siempre por carreteras con unos paisajes que ríete tú de Nueva Zelanda. En mi oficina hacemos cada día asambleas con los clientes y en el supermercado, las cajeras tienen un aire a Cindy Crawford que lo flipas. Luego hay cosas que no debería contar, pero en mi cuarto de baño hay tal cantidad de roña que tengo que echar Cillit Bang a cubos, por no hablarles de mis hemorroides, que sufro en silencio, aunque podría salir en Prime Time a contárselo al mundo…
No llamen tontos a los creativos, por favor. La publicidad sirve para fijar la vista en una marca, crear notoriedad y transmitir valores, en este caso, el lujo, la sofisticación y, por qué no, la superficialidad y algo de tontería. Yo encuentro que Tamara Preysler se verá perfectamente representada. Puede que en el mundo 2.0 hayan dictado sentencia, pero en el mundo 1.0, habrá quien pague 80 euros por una imitación de un monederito en un mercadillo de bragas. ¡Arriba pestañas!
Silencio, se rueda
Cada dos por tres hay un rodaje en mi calle. Y es un rollo, porque no te dejan aparcar. Y si aparcas a pesar de todo, como tienen permiso municipal, llaman a la grúa. Y la grúa viene, doy fe. La grúa nunca viene cuando los «aparcas» de los restaurantes ponen hasta una tercera fila de coches. Y es que los vecinos no tenemos permiso municipal: la tarjetita de residente es sólo un comprobante de pago. Digo yo.
También en la calle de detrás de mi oficina vienen muy a menudo a rodar. En este caso, series de televisión. Yo, como no veo series, pues no veo mi oficina en la tele. Una lástima, porque la perspectiva que me puede ofrecer ver a los policías del CSI acordonar la zona para que los médicos de House puedan sacar a los heridos del Ala Oeste de la Casa Blanca, mientras Mujeres Desesperadas intercambian trucos domésticos con las chicas de Sexo en Nueva York es todo un ejercicio de ensoñación. Y digo ensoñación porque lo que realmente podría llegar a ver es a los Hombres de Paco acordonar la zona para que los residentes de Hospital Central verifiquen que no hay heridos por una pelotera entre los vecinos de Aquí no hay quien Viva, mientras los de Cuéntame comparten vivencias extra temporales con los Serrano.
Pensarán que me paso el día entre cámaras de televisión y que corro algún riesgo de saltar a la fama. Realmente,el único salto previsible es el que conviene hacer cuando ves un cable, más que nada para no esmoñarse. Por lo demás, ningún peligro.
No querer recordar
No quiero recordar, pero debo hacerlo. Impresiona cómo recordamos de manera precisa algunos acontecimientos de nuestra vida. Más allá del suceso, revivimos con toda nitidez lo que vimos, lo que escuchamos, lo que dijimos. Cuáles nuestras sensaciones, cuáles nuestros sentimientos, cuáles nuestras emociones.
Ya estaba guardando mis cosas en el bolso para salir de casa cuando sonó el teléfono. Parece que son muchos, oí decir a aquella voz. Cuántos son muchos, pregunté, y grité al escuchar aquel primer número brutal. Llamé desde el coche a la oficina para dar señal de mí. Me dijeron que el recuento había empezado. Al llegar al trabajo el silencio, el desconcierto, la gravedad, el miedo. Estábamos todos. Cruces de llamadas con amigos, en un nuevo recuento más temible si cabe. Madrid extrañamente vacío de coches, el silencio en la oficina, el tiempo estaba quieto y sin embargo seguía pasando. ¿Cuántos son muchos? Un golpe en el alma.
La página de Internet se había parado en un número desolador. Cuando el contador se despertó de pronto, el primer salto fue atroz. Y después, cada vez que se refrescaba, cada cinco minutos, un nuevo estremecimiento, un nuevo desgarro, un nuevo límite en el dolor. Silencio, miedo, pesar de lágrimas. No nos mirábamos, no queríamos enfrentarnos a nuestra pena ni al dolor horrorizado de los que nos rodean. El contador sigue subiendo como un puñal aterrador que se hunde en la herida sin poder encontrar el límite. Duele tanto… ¿Cuántos son muchos? Aunque sólo sea uno, el alma se rompe.
Yo recuerdo con nitidez aquella oficina y aquel comedor silencioso. Y también recuerdo perfectamente las miradas extraviadas por la tristeza de los conductores en sus coches. Yo recuerdo con nitidez aquel abrazo sentido al llegar a casa. Y la profunda pena, el profundo dolor, el llanto desconsolado. Nadie en aquel primer recuento, pero alguien en aquel segundo, en aquel tercer recuento. Y el cuánto se convierte en quién: el hermano de aquella vecina, el suegro de aquel compañero, el sobrino de ese conocido. Son las vidas que fueron, son las almas rotas: el marido de aquella mujer, el hijo de aquella madre, la hija de aquel padre, el padre de aquel hijo. Son ellos. Y son nuestros.
Y esto es todo lo que no quiero recordar hoy, pero debo.
