Un e-mail de lo más atractivo

He recibido este e-mail en la dirección de correo del blog:
Good day!
I am Mr. Adams Wayne director auditing and accounting department» Islamic Credit Agricole Bank (ICAB) Ouagadougou, Burkina Faso .I discovered the sum of ten million, five hundred thousand dollars (usd10.5) belonging to a deceased customer of this bank the fund has been lying in a suspense account without anybody coming to put claim over the money since the account owner late, Mr Salla khat from Lebanese who was involved in the December 28th 2006 Benin car crash.
 
it is therefore, upon this discovery that i decided to take this ultimatum and make this business proposal to you as the fund will be release to you as the next of kin or relation to the deceased for safety and subsequent disbursement since nobody is coming for it and i don’t want this money to go into the bank treasury as unclaimed bill the banking rules here stipulates that if such money remained unclaimed after five years, the money will be transferred into the bank treasury as unclaimed fund. The request of foreigner as next of kin in this business is occasioned by the fact that the deceased customer was a foreigner and a Burkinabe cannot stand as next of kin to a foreigner.
 
Therefore, I am soliciting for your assistance to come forward as the next of kin. I have agreed that 50% of this money will be for you as the beneficiary respect of the provision of your account and service rendered, 40% will be for me. Then 10% of the money will go to charity» people in the street and helping the orphanage. Then immediately the money transferred to your account from this bank, I will proceed to your country for the sharing of the fund.
 
This is my email address for more details that you need: (Mr.Adams_Wayne150@yahoo.com)
Yours faithful,
Mr. Adams Wayne

¿Qué hago? ¿Acepto?

Como ven, confío plenamente en vds y estoy segura de que no me pisarán el negocio y no escribirán a este amable señor para aprovecharse de este chollazo.

Entonces, ¿Qué hago? ¿Acepto?

 

Tres Goncourt y una guerra

Me recomendaron Calle de las tiendas oscuras, de Patrick Modiano, premio Goncourt. Me dijeron que era una historia en donde vería reflejada la servidumbre a través de un relato situado durante la ocupación alemana de Francia, en la segunda guerra mundial. Se trata de una novela que intriga, y que se sigue leyendo por ver en qué acaba la amnesia del protagonista, un hombre que busca su identidad en un pasado extraño y brumoso. Me decepcionó un poco y lo sentí tanto que quise insistir con este autor. Y fui a sus primeros libros. Acabo de terminar la Trilogía de la Ocupación (El lugar de la estrella, La ronda nocturna, Los paseos de circunvalación). Son tres libros, pero hacen los tres el mismo retrato: el de la parte más sórdida de la sociedad, la que contiene el lumpen, los bajos fondos y el mercado negro. Una cloaca repleta de gánsteres, putas y delincuentes que en época de guerra se convierten en chivatos, delatores, colaboracionistas y traidores. Criminales que convienen en mutar su crimen en una atmósfera doblemente viciada. Tres libros densos llenos de personajes desquiciados que actúan como en una pesadilla, condenados sin remedio primero por la sociedad y ahora por la Historia de una Ocupación desmitificada, esa drôle de guèrre que no fue tan drôle, y de la que es mejor no saber. Creo que ya no leeré más a este autor.

Una de las críticas que le hicieron a Modiano por su Trilogía de la Ocupación fue que él no había vivido en aquella época y por lo tanto no podía escribir sobre ella. Esa misma crítica tonta se la hicieron a Jonathan Littel por Les bienveillants (Las benévolas), otro Goncourt. Yo me malicio que el pobre Litell pena la osadía de, teniendo un origen judío, la doble nacionalidad franco-americana y viviendo en Barcelona, escribir en un buen francés. Eso, o el realismo feroz y la crueldad despiadada con los que compone el libro, en el que nos ofrece el punto de vista del verdugo, un oficial de la SS que, como Eichmann, sólo obedecía órdenes. El protagonista se pregunta, en algún momento, si el revisor que cambia las agujas cuando pasa un tren cargado de judíos hacia Auschwitz es responsable del Holocausto. Pues él es igual, un administrativo de la muerte, un funcionario del asesinato en masa, que habla del crimen con un cinismo tan descarado que pone los pelos de punta. Un hombre culto que razona e intelectualiza su participación, un hombre práctico que considera el Holocausto un error del Nazismo por lo que supuso en términos de pérdida de mano de obra y no por la insania del crimen… Es el verdugo, un canalla, pero un hombre: uno de tantos hombres que ejecutaron las ideas que unos locos, solos, no hubieran podido nunca convertir en genocidio. Alguien que cree tener conciencia porque es un hombre cultivado, pero que refleja un fondo bestial en su cobardía y en su conformismo,  y que no reconoce que termina convertido en un superviviente de su propia barbarie. He de decirles que tarde más de tres meses en leerlo, porque tenía que parar a respirar. De manera que sopesen antes de abordar las casi mil páginas del libro si les va a merecer la pena terminar con un sabor de boca no amargo, sino realmente agrio.

El tercer Goncourt cuya historia se sitúa en la segunda Guerra Mundial es HHhH, de Laurent Binet, un escritor muy joven que ha escrito un primer libro sencillamente magnífico sobre el atentado contra Heydrych en Praga en 1942. ¿He dicho sobre el atentado de Heydrych? Quizá no es tan simple. Realmente, el autor nos cuenta su propia aventura como escritor, su servidumbre hacia un relato y un personaje que le obsesiona, y gracias a esa obsesión nos ofrece un emocionante homenaje a aquellos checos que ejecutaron el atentado, un cuadro realista y vivo de aquellos años en los que Himmler tenía una cabeza que se llamaba Heydrych. Les enlazo el post de un blog amigo en donde encontrarán una muy buena referencia, mucho más completa y concienzuda que la mía. Si no lo han leído aun, hagan como yo: fíense de lo que dice este post.

Tres Goncourt y la misma, horrible, guerra.

Aviones

No hace tanto que viajaba muchísimo por motivos de trabajo. Durante tres años prácticamente viví en los aeropuertos y algún mes hubo que cogí hasta 18 vuelos, algunos de ellos transcontinentales. Se pueden figurar vds que me ha pasado casi de todo.

Nunca me ha dado miedo volar, la verdad. El racional me dice que es el medio de transporte más seguro que existe. Sin embargo, durante mucho tiempo pedía el asiento de pasillo porque mi racional me decía también que, en caso de emergencia, sería más fácil salir corriendo. Pero ya desde hace mucho cojo ventanilla. Se duerme mejor, los paisajes son mucho más distraídos y, sobre todo, no corres el riesgo de que te rebanen un tobillo con el carrito de las bebidas. Sí, luego te piden perdón, pero para entonces ya llevas una carrera en la media y te han echado a perder un zapato, por no hablar de la cojera que arrastras hasta la vuelta a casa, cuando ya te puedes poner una venda y darte un poco de mercromina.

Coger asiento de ventanilla te permite ver la cantidad de aviones que circulan por los cielos. Te pones a mirar y sólo tienes que esperar un par de minutos hasta que ves un avión que cruza, o que te adelanta, a mayor o menor distancia. Sin embargo, es un asiento peor situado para atender las explicaciones de seguridad de la azafata. Sí, atiendo a la azafata, porque mi racional me dice que nunca está de más escuchar a quien sabe más que tú y que además tiene  la bondad de explicarte amablemente qué hacer en caso de apuro. Y también porque nunca he comprendido del todo la parte en la que te dicen que, en caso de despresurización de la cabina, te pongas la mascarilla de oxígeno y respires con normalidad.  Es la parte de la normalidad lo que no acabo de entender… Así es que sí, soy una de las cuatro personas que atienden. Los otros tres son un sesentón aterrado, un cuarentón medio borracho muerto de risa y un quinceañero loco de amor por la azafata. Yo por mi parte, trato de poner cara de niña aplicada y espero a que la azafata me mire para darle ánimos y solidarizarme con ella, qué vaya papelón que hacen, las pobres.

Cuando viajas por trabajo muy raramente facturas el equipaje. Esa es otra de las cosas que siempre me ha llamado la atención: la cinta de recogida de equipajes. ¿Se han fijado vds que la primera maleta que sale nunca la coge nadie? Suele ser esa maleta solitaria que sigue dando vueltas y vueltas cuando ya todos los pasajeros se han marchado. Yo creo que es una maleta de mentirijilla, como las liebres de los canódromos.

Y por hoy, esto es todo, amigos.

Los habitantes de semáforos

No sé cuántos semáforos hay en Madrid. Todo lo que he encontrado en internet como estadística es que hay 2.700 semáforos por habitante, lo cual es una estadística idiota que no significa absolutamente nada. Tampoco hay ninguna estadística que nos diga cuántos semáforos “con” habitante hay en Madrid, y perdonen por la broma.

Hace ya mucho que no compro pañuelos de papel en una tienda. Sí, voy alternando la compra entre los tres vendedores que me encuentro diariamente al ir y volver de la oficina. Siempre me he preguntado si nos reconocen a los conductores que diariamente pasamos por allí, pero he llegado a la conclusión de que no reconocen a nadie, que miran pero no ven. Y ese es todo el gasto que hago en los semáforos, salvo ocasiones muy sangrantes que prefiero no relatar.

Sobre otros habitantes de los semáforos, ¿Qué decir? Les puedo hablar de esos saltimbanquis que me hacían gracia hasta que un día una malabarista argentina de la Plaza de Cuzco me empezó a gritar porque, según pasaba su sombrero, le hice distraída un signo negativo con la cabeza. Lo mejor de todo es que no me abroncaba por negarle una moneda, sino porque consideró que no estaba valorando sus dotes artísticas: «¡ sho no ehtoy acá porque quiera su plaata, guárdese su plata en la poompa, solo bahtaría con un aplauso!. Como lo leen. Cuándo ya me gritaba que qué te has creído vos que sos, el semáforo se puso felizmente en verde y pude escapar de aquella loca. Una loca que me sigo encontrando prácticamente cada mediodía. Se pueden figurar que ahora sonrío mucho…

Dejo para el final a esos delincuentes que, armados de una gamuza mugrienta sujeta a un palo y una botella de un líquido sospechosamente marrón, vienen de dos en dos a enguarrarte el parabrisas. Yo ya he aprendido a no ser amable ni a decir por favor que no con una sonrisa. Cuando lo era (amable), acababa pasando por el impuesto revolucionario de esos chulos de semáforo. O pagaba las consecuencias, claro, y no en dinero. En una ocasión, un chavalín me engañó con el truco de “perder”la moneda y tuve que pasar por caja dos veces sin obtener ningún servicio. Otra vez, un cerdo me pegó un moco en el parabrisas y ahí lo tuve que llevar un rato largo, sin lograr evitar las arcadas, con el consiguiente peligro para la circulación. Sí, ríanse, ríanse, pero en otra ocasión, después de decir que no quería y tras poner en funcionamiento el limpiaparabrisas, uno de estos macarras me lo retorció, enfadado, y me lo dejó hecho un gusanillo, y tuve que poner limpias nuevos. Así es que ahora bajo un poquito la ventanilla para que puedan oírme y, con cara de una ferocidad difícil de creer, y el dedo índice bien estirado, les digo que NO de manera tan explícita como agresiva.  Las frases dependen del humor, pero suelen ser secas, cortas y suficientemente soeces para resultar creíble. Y alguna vez me he oído decir “Como toques el coche me bajo y te fostio” o “Llamo a la madera y se te acaba el semáforo, cabrón”. Yo creo que esos disparates no me aportan seguridad, pero provocan el suficiente desconcierto para que me dejen en paz.

Y después de contar esto, solo me queda apelar a mis lectores conocidos para que digan, a los que no me conocen, que yo soy muy pacífica. Por favor.

Y ese Madrid

Después de los dos últimos empates en liga, con el Málaga y el Villareal, empates de último minuto y de falta desgraciada, el Madrid jugó ayer con el Osasuna y ganó por 1-5. El partido del Osasuna era el primero de un campo de minas liguero que le espera al Madrid en las próximas semanas. Pues ahí van cinco goles, veinte minutos para los sobreros, y a esperar al siguiente.

El Osasuna es un equipo de medio pelo, a menudo luchando por la permanencia, que si es duro de roer es porque juega en un patatal donde suele hacer un frío que pela, tiene una afición no muy friendly, y pegan patadas hasta en el cielo de la boca. Y, sobre todo, que se motiva especialmente cuando viene el Madrid.

Pero ¿Cuándo no es fiesta, si viene el Madrid? Tengo por ahí escrito que si eres del Real Madrid ves los mejores partidos de la liga no sólo por cómo juega el Madrid, sino sobre todo por el partidazo que suele hacer el equipo contrario, siempre motivado por ganar a una leyenda, siempre detrás de vencer al mito, siempre queriendo matar al padre. Viendo esos partidos, nunca te explicas que haya tres equipos que bajen a segunda y que sólo cuatro jueguen la Champions…

Así es que yo soy madridista por puro sentido lúdico y también por un cierto regusto por la productividad. Cuando Mourinho acusó a ese petimetre que entrenaba al Sporting de Gijón de haber tirado el partido contra el Barça no iba desencaminado. Pero la respuesta encampanada del aludido fue equivocada. Debió decir » No hay que ser duro con el humilde, que está feo«. Ya sabemos que al Barça hay que darle la pelota para luego poder pedir las sales, por favor, y que se me pase el desmayo. Con el Madrid, sin embargo, cinta al pelo, puñal en la boca, y dientes rechinando. Al final de la película, que sigan preocupados por el descenso y que lo intente el siguiente.

Así es que así seguimos, a 6 puntos, aunque la humildad de los más humildes deje la diferencia en 3 por anticipado. Esos humildes que se extasían en un Milán-Barça, que, aunque Champions, es un partido que no vería yo aunque el único libro que tuviera en casa fuese de Vila-Matas. Esos humildes que, este año, vuelven a jugar con la desventaja de quien no tiene un buen sparring. Y a mí, plin.

Carta al Sr. Ministro de Justicia

Sr. Ministro de Justicia.

Le escribo para hacerle dos preguntas sobre algo que ha sucedido en mi familia, aquí en Madrid. Es una bobada, algo muy cotidiano, de muy poca monta, cosas que nos pasan a las personas normales y corrientes sin grandes pretensiones. No diré que se trata de un asunto vulgar porque estoy hablando de mi familia, pero tal vez un Excelentísimo sí tenga la tentación de calificarlo así. En fin, que le escribo a Vd. porque mis preguntas no son para dirigirlas al Ayuntamiento de Madrid sino a Vd, que es un hombre cultivado, con demostrada sensibilidad e intelectualmente muy riguroso, y que además dirige un Departamento que lleva la palabra Justicia, que es palabra mayor e importante.

Verá, a una sobrina mía le han puesto una multa. Es una chica de 20 años que estudia dos carreras con muy buenas notas y que los fines de semana trabaja para tratar de no costarle dinero a sus padres (esto es irrelevante, pero es una frase ideal para excitar su solidaridad). Gracias a dios, en casa no nos falta de nada, pero la crisis es crisis para todos. Qué le voy a contar yo a vd, que es un hombre que conoce perfectamente el valor del dinero… Esto también es irrelevante, pero permítame el sarcasmo, que para eso tengo una deuda enorme por ser madrileña. La cuestión es que hoy le ha llegado una multa de 200 € (doscientos euros) por parar en doble fila unos minutos (dos, tres, cinco, qué sé yo), sin bajarse del coche y en un lugar en donde no interrumpía el tráfico, mientras esperaba a una amiga a quien tenía que recoger para ir a la Universidad.

Está clarísimo que mi sobrina ha cometido una infracción y debe penar por (y aprender de) ello, yo eso no lo discuto. Sin embargo, en la puerta de su casa (y de la mía, puesto que vivo dos números más arriba), todos los días, es decir, TODOS-LOS-DÍAS, entre las 14:00 y las 16:30 y entre las 21:00 y las 23:30, los coches están aparcados incluso en triple fila con absoluta impunidad a la puerta de un par de restaurantes. Y por otra parte, si vamos a la pena, por circular a 150 en una autovía, la sanción es de 100 € (cien euros), que es la sanción para una infracción leve. Las de 200 € son las infracciones graves, que son estas (CLICK).

Y ahora, Sr. Ministro de Justicia, la primera pregunta es: ¿Esto que le cuento tiene alguna lógica para Vd?. Y la segunda pregunta es: Después de esto ¿ Cree Vd. que mi sobrina, cuando tenga 30 años, será una ciudadana más o menos ejemplar – libremente ejemplar, para entendernos?

Afectuosamente,

Señorío, humildad y habla castellana

El Madrid tiene señorío y el Barça tiene humildad. Y en Valladolid se habla un perfecto castellano sin que sea necesario ser instruido. Por no tener, no tienes ni que bañarte en el Pisuerga, ese río tan conveniente. Tú naces y ya hablas con absoluta perfección. Por supuesto, confundir óbice con óbito o que se te escape algún “de que” después de pensar algo no tiene la menor importancia: tú hablas un perfecto castellano, que para eso eres de Valladolid. Es lo que tiene el orgullo de pertenencia.

De mismo modo, si eres madridista, se te supone el señorío. Esos gañanes con chándal y pelos cortados a mala idea que circulan por mi barrio algún domingo de camino a Chamartín en realidad son señores que van al fútbol cómodos y que llevan el pelo de actualidad. Que alguno se sorba los mocos, fabrique un gargajo y lo escupa en la acera es un pequeño desahogo varonil sin apenas importancia. Gente con señorío, que para eso somos del Madrid. No hay más que fijarse en la bufanda que llevamos al cuello para comprenderlo.

El culé sin embargo es humilde. Esta es una virtud reciente. Más o menos desde que se lo inventó Guardiola, para ir concretando. La humildad, según el DRAE, consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento. Así es que la humildad es una virtud voluntaria, salvo por esas pequeñas limitaciones y debilidades. Quiero decir que cualquiera, aunque sea un mierda, puede ser humilde, basta con que se lo proponga. Esas dosis de introspección previa y reconocimiento posterior enternecen. Enternecen casi tanto como las debilidades y las limitaciones, por fijar una referencia. En el relato de Guardiola prospera un halo de generosidad y de grandeza a cuenta de la humildad que no conviene pasar por alto. Cualquiera diría que es señorío (gargajos aparte).

Humildat no venía en el diccionario y por eso, humildemente, pongo humildad. Son debilidades y limitaciones del Drae, que debe ser de Valladolid. Las conozco porque busqué la palabra. Osea, porque me humildé por cuenta ajena.

 

En respuesta a @hyperfluo, a quien le dije que el señorío era como la humildat, pero sin melindres

Huelga del blog

Señores, mañana haré huelga de blog. Estoy aquí sin contrato, no cobro un euro y encima tengo que escribir sin corrector ortográfico. Así es que, me auto huelgo yo misma de mí en mi blog.

En otro orden de cosas, mañana iré a mi querida oficina a producir impuestos. No están los tiempos como para reducir los ingresos del Estado, que tiene ahora muchos gastos. Entre otros pagar las subvenciones a los Sindicatos.

Elecciones

Sobre las elecciones del domingo, les supongo con los informativos vistos, los datos analizados y todas las opiniones leídas. Suerte que tienen. Yo llevo fuera dos días y salvo algún comentario en la radio y algún titular leído a trasmano en la recepción de un hotel, tengo poca opinión. Diré que, de las elecciones andaluzas, sorprende la incapacidad pasmosa de las empresas de encuestas para dar alguna previsión que aporte sentido al uso de esa palabra. De creerles, ahora Arenas tendría no una mayoría absoluta, sino dos o tres. Si he comprendido bien, la mayoría se situaba en 55 escaños, y el PP se ha quedado en 50. O sea, que el balón ni ha rozado el poste, y la estirada del portero se ha quedado en una palomita de adorno. Estos arúspices, antes especializados en contarnos tendencias y ahora en no dar ni una, otorgan con su torpeza victorias morales y derrotas dulces, y provocan de paso un terremoto emocional muy alejado de la aritmética y del sosiego que necesitamos.

Entre medias, a los andaluces se les ha puesto a caer de un burro. Por lo visto, la categoría de infraespaña es patrimonio de Andalucía, una magnífica tierra que tiene de todo, desde potencia demográfica hasta una Alhambra que quita la respiración. Nadie, o muy pocos, repara en que el pueblo también se pone muy desagradable cuando vota a etarras para la alcaldía de San Sebastian, a histriones bajo sospecha en Valencia o a ineptos consolidados en Canarias, por no hablar de esa cosa tan viejuna y apolillada como es el nacionalismo, con toda su espectral estupidez, que exhibe su estulticia en ese oasis de irracionalidad que es la Generalitat catalana. Lo que es chocante es que les llamemos ignorantes ahora y sólo se lo llamemos a ellos. Si se fijan, lo de Juan Guerra fue a finales de los 80, y ahí seguirá el Psebre, trincando, pero no por los andaluces que lo han rechazado claramente en las urnas, sino por una IU que tal vez debería tener algo menos de remilgos ideológicos y algo más de gusto por la higiene y el buen olor.

Y es que en todas partes cuecen habas. O fabes, que hay que decir algo de Asturias. Verán, un fulano con más ego que diplomacia tiene un ataque de cuernos, provoca un sainete muy costoso, en dinero y sobre todo en tiempo, destroza dos partidos y se pega un tiro en el pie. Todo en menos de un año. El colega aduce que no podía gobernar, como si necesitara dar explicaciones después de esta sucesión de despropósitos. Pero lo más divertido es comprobar cómo los mismos que piden que gobierne el partido que más escaños ha sacado en Andalucía, consideran normal, lógico y deseable que la derecha se junte en un pacto entre minoritarios para gobernar en Asturias (después de haberse sacudido hasta en la dosis de sidrina). Y viceversa, viceversa, no se me vayan a encampanar.

En el colmo de nuestras desdichas, como si tener elecciones cada tres meses no fuera demasiado castigo, aparecen desde detrás de una pancarta los inefables Tocho y Pocho arrogándose la victoria de unas elecciones en las que no figuraban en ninguna papeleta. Como buenos sindicalistas, hacen con las urnas como con el trabajo: no se presentan, pero estorban.

Identidades

Es muy curioso el mundo de Internet, en el que casi nadie pone su verdadero nombre ni muestra su identidad. Me pregunto si es modestia, vergüenza, o miedo. Sí, las tres cosas tienen su sentido. Modestia, si acaso eres un Adonis o un bellezón, o en otro orden de cosas, un tipo encaramado a un cargo de relumbrón. Puede ser vergüenza de que se vea lo feucho que sales en las fotos, aunque tengas una cara de lo más simpática y seas una persona encantadora. Y claro, ponte luego a dar explicaciones: «yo no soy así de feo, es que cuando sonrío se me salen los dientes y no habían quitado el autofocus de la cámara...».

También está el miedo, y es comprensible. ¿Miedo? Pues sí, el miedo es libre y puede ser a muchas cosas. Miedo a que te pare por la calle alguno de tus followers y te pida un autógrafo cuando estás a punto de besar a tu novio, por ejemplo, que menuda gracia. O miedo a que se te complique tu vida privada. Por ejemplo «I’m at Hotel Les amants in Paris, France. 4sq.com for Twitter», y tú le has dicho a tu marido que te ibas de viaje de trabajo a Almería.

En la mayoría de las ocasiones, lo que se busca detrás de un apodo es el poder escribir con más libertad. Se puede decir lo que quieras de quien quieras, y sólo unos pocos iniciados saben quién eres. Así, poder hablar de tu empresa y tu trabajo, de tus amigos y enemigos, de tu familia, de los vecinos, de todo, en los términos que te apetezca. Antes de abrir el blog, yo lo pensé mucho, no crean. Dudé si llamarlo El blog de Octavia de Cádiz… Al final opté por no esconderme, si bien es cierto que disfruto de un nombre y primer apellido bastante corrientes. Así es que aquí no me permito muchas cosas que envidio de otros blogs, como el poder desquitarme de mucha cotidianidad que merece la pena ser contada. Pero me conozco, y sé que no sería tan amable como lo son la mayoría de blogueros que frecuento. Por eso, mi identidad a medias desvelada me para los pies, y el hecho de no ocultar a nadie que tengo un blog en el fondo me protege.

Ya lo siento por vds, que se pierden cosas realmente jugosas. En cuanto a mí, lo escribo en un ficherito y ya con eso me desahogo, aunque reconozco que si no te lo comentan la cosa pierde parte de su gracia. Lo mismo inauguro una nueva sección que se llame «Desde el anonimato«, o «No he sido yo quien ha escrito esto«, o simplemente «Mr. Hyde»  y empiezo a desempolvar ficheros. Al tiempo…