Huy, de John Lanchester

Huy de LanchesterNo tenía ningunas ganas de leer este libro, la verdad. Y con seguridad, si no me hubiera comprometido a leerlo, ya no lo hubiera hecho nunca, porque leer en 2014 un libro que trata de la crisis iniciada en 2007 con la perspectiva y visión británica de 2009 me parece una fabulosa pérdida de tiempo. Y sin embargo me ha distraído y me ha parecido a ratos interesante, porque aunque es un poco para dummies, está escrito en una prosa fácil y con cierto sarcasmo.

El libro tiene algunas cositas muy de brochazo, lo que parece normal en un ensayo escrito por alguien que no es un especialista. También algunas ideas de fondo que, si no vas avisado, te llevan directo al pensamiento único según el cual el libre mercado es el causante incluso de la muerte de Manolete, aunque luego parece que al autor le da la risa hasta defenderlo. El autor mezcla un bariburrillo de conceptos hasta llegar a eso que llama el «capitalismo salvaje», que es una cosa tan horrenda y difusa que yo creo que sólo existe en Somalia. La verdadera mano invisible, o sea los Estados, no parece que hayan tenido ninguna culpa en este cacao, y la existencia de las deudas soberanas directamente ni se mencionan.

También, como buen periodista, nos permite leer algunas imbecilidades, como que el comunismo enseñaba a los niños los principios y las prácticas del sistema  en el que vivían para que nadie, nadie, pudiera mentirles ni engañarles (suenan los violines de fondo mientras un coro de angelitos sonrosados se disponen a tocar la lira), así como que esos sistemas comunistas servían como contrapeso del capitalismo: una vez derribado el muro, los trabajadores (y la famélica legión) pudieron ser ya felizmente explotados por los ricos riquísimos, que son los únicos con posibilidad de pecar de codicia y que, para más INRI, quieren acabar con nuestro bienestar y nuestras libertades. Pero en fin, son imbecilidades que también se pueden escuchar en una de esas tertulias a las que invitan a Paco Marhuenda, de manera que no hay que darles la menor importancia.

Básicamente, el autor nos cuenta cómo el sistema de evaluación de riesgos no funcionó, en gran medida debido a la sustitución del oficio, la experiencia y el sentido común por fórmulas y cálculos matemáticos carentes de rigor que nadie comprendía. En palabras de Warren Bufet, «el riesgo deriva de no saber lo que se está haciendo». Y esto pasó con el florecimiento de un ejército de «quants» (lo que yo llamo «gafotas»), esos técnicos sin infancia que, encerrados en sus hojas de cálculo, establecían probabilidades para todo, menos para lo inesperado. Cuando se confunde el riesgo con la incertidumbre, tu problema no es el control, sino la prudencia.

Además de lo anterior, la puesta en circulación de instrumentos financieros que tampoco nadie entendía muy bien y que garantizaban las pérdidas de las inversiones. Esto permitía endosar deudas con alta probabilidad (por no decir con total seguridad) de impago, y era lo que permitía dar créditos a personas que no los podían pagar, porque esos créditos se vendían después. Y al fondo se ve a unos gobiernos negligentes que empujaron a ello, porque, a ver ¿cómo es posible que un negro sin ingresos no pueda ser también propietario de una vivienda? El autor pasa de puntillas sobre el hecho de que Freddy Mac y Fannie Mae eran entidades públicas, o que los tipos de interés estaban por los suelos…

Pero en fin, al final, es toda una borrachera colectiva en la que los pichones, es decir, los prestatarios de créditos, también cayeron encantados y corrieron a comprarse el BMW. El follón que conocemos, vaya, y que al final pagamos todos. Y es que la dormidera del tener, y no del ser, nos tiene la mar de entretenidos aunque luego, y esto pasa en todas partes, protestemos cuando las pérdidas se reparten convenientemente, gobierne quien gobierne, en aquello que Judt llamaba el albur moral y que mencioné por ahí en otro post.

¿Y Spain? Pues Spain (con S de PIGS) es mencionada en un par de ocasiones, una de ellas con un candor que hizo que se me saltara alguna lagrimilla. Lanchester habla con admiración de la fortaleza de nuestro sistema bancario, gracias a las provisiones contracíclicas y a la férrea vigilancia que empleaba el prudente y nunca suficientemente admirado regulador, aunque olvida (o tal vez ignora, lo que es sin duda menos grave) que ese mismo regulador dejaba campar a sus anchas a las Cajas de ahorros, infestadas por políticos que querían ganar elecciones. O sea, lo que viene a ser echar la soga tras el caldero, aunque eso no lo dice él sino yo, que para eso estoy aquí y me he leído el libro.

Ya les digo, un libro coyuntural leído fuera de coyuntura, que tiene ratos interesantes, como es cuando habla del negocio bancario como de una ciencia espacial (con mucha coña) y de cómo los cálculos de probabilidad del riesgo pasaban por alto lo inesperado (la incertidumbre). Por cierto ¿sabían vds que la primera causa de muerte por accidente son las escaleras?

Vayan con cuidado…

Cuadernos azules, de Nuria Marugán

Cuadernos azules de Nuria MarugánHe tardado unos días en ponerme a escribir la reseña de este libro de Nuria Marugán. No es el suyo un libro para leer con prisas, ni para solventarlo en una tarde, a pesar de ser un libro corto, de poco más de cien páginas.  Una prosa cuidada, sencilla, emocionante, fabricada con pequeños detalles, con briznas de vida. De la hoja de un árbol, de un breve pasar de un pájaro, de una gota de lluvia, de un instante de sol que a todos nos pasaría inadvertido, saca todo un mundo de sentidos y sentimientos.

Cuadernos azules es el segundo libro que publica, aunque no estoy segura de que sea el segundo que escribe. Esta autora de Valladolid tiene otro libro publicado, Carta a Hedda, que reseñé aquí en su momento (CLICK) y que me encantó. Los cuadernos azules son un diario que va desde finales del 2009 hasta septiembre de 2012, resumido en pequeñas notas independientes y tituladas con palabras escogidas. Y como tal diario, necesariamente íntimo, nos va desvelando sus temores, sus tristezas, sus esperanzas y alegrías, sus sentimientos y sensaciones a lo largo de ese tiempo que va muy despacio, porque la autora se toma la molestia de mirarlo. Y lo hace con una escritura de muy alta escuela.

No es un libro divertido. Se atisba, detrás de la capacidad sensitiva de la autora, la tristeza, a veces el tormento, muchas veces la desolación de una vida en la que la autora advierte la crueldad, la fealdad, la frivolidad de los otros. Nos habla de su casa desvencijada y solitaria, en la que no deja que se marchiten las flores porque le trasladan a un ambiente decrépito y decandente; nos cuenta sus encontronazos con personas crueles, sus cruces con «hombres desnatados»; nos va relatando sus problemas de salud, su dolor físico; nos habla de las sombras de ayer, en las que se adivina un episodio de acoso (o algo peor)… Pero mientras nos cuenta todo esto, sabe encontrar la belleza de fondo (probablemente belleza es la palabra que más se repite en el libro), la emoción, la luz, la sencillez de las cosas. Las flores marchitas de pronto se han convertido en un precioso ramo renovado y fresco.

Nuria te hace sentir frío y consigue que creamos que, en algún cajón, tenemos guardado un cepillo de dientes mágico que nos devolverá alguna sonrisa perdida.

Le deseo mucha suerte en su carrera como escritora y espero, paciente, su nuevo libro (que por el ritmo que lleva, será dentro de un año).

PS: Os adjunto el enlace a la página web de Nuria Marugán. CLICK

La casa de la alegría, de Edith Wharton

La casa de la alegríaDía 1, y por lo tanto, post dedicado al libro del mes del Club de Lectura. Un libro que a ratos me ha parecido de una pesadez insoportable, y a ratos una historia interesante. Pero que en ningún momento, en ninguna de las páginas del libro, me ha hecho sentir la menor empatía por la protagonista. Leía su absurda peripecia y no dejaba de pensar en aquello que decía mi padre: Seis hijos y el sueldo de un albañil, y se te iba a quitar toda la tontería que tienes. Les pondré en antecedentes por si no conocen el libro.

Clase alta de principios de siglo en Nueva York.  La señorita Lily Bart, nacida y educada para ser florero, tiene  la mala suerte de que su padre primero se arruine y luego se muera. Ni qué decir tiene que lo primero le parece mucho más grave que lo segundo, y no sólo porque su padre fuera ese señor bajito que servía para producir dinero, sino también y sobre todo, porque la condena a tener que buscarse un marido para poderse pagar los vestidos y seguir pintando la mona en sociedad.

Pero nuestra amiga Lily Bart lo quiere todo: quiere que su príncipe azul sea guapo, simpático, culto, inteligente y que esté forrado. «Las preferencias de Lily se inclinaban por un noble inglés con ambiciones políticas y muchas tierras o, en su defecto, por un príncipe italiano con un castillo en los Apeninos y un cargo hereditario en el Vaticano«. Total nada. Y dos huevos duros, que diría el otro. Así que entre que lo busca y  no lo encuentra, y que lo encuentra pero no se decide, y que se decide pero ya se le ha ido con otra, pierde todos los trenes hasta que se le pasa el arroz. Un drama.

El libro es una crítica ferocísima a esa sociedad cerrada, hipócrita y frívola, en la que las buenas relaciones están alimentadas de dinero, pero no al revés. Pero no creo que la autora pretenda revelarnos ninguna enseñanza con la historia de la protagonista, una mujer para quien la belleza es la materia prima de la conquista, olvidando que la falta de inteligencia es lo que provoca los errores de cálculo. Nuestra Lily es tan hipocritilla e interesada como sus amigos, pero en esa sociedad, un pobre no puede permitirse la soberbia. Su orgullo y su pose altiva no le impiden mentir, manipular y gorronear a discreción, y al final, por tratar de evitar la humillación, se humilla y es humillada.  Como dice uno de los personajes en el libro «Sé que hay algo vulgar en el dinero y es tener que preocuparse por él«. Lily cae en el descrédito social, pero previamente ha pasado por una profunda vulgaridad moral.

En fin, es una novela en donde todo es social. Naturalmente, está la vida social, pero también la ambición, los hábitos, las relaciones, las corrientes, las normas y la existencia. Pero igual que encuentras la existencia social, también puedes encontrar la inexistencia social, esa que produce salir del escenario social, pasando por un suburbio social e incluso llegando al estercolero social. No he leído que haya frío social, pero eso les debe de sobrevenir sólo cuando se mueren.

En fin, empiecen a leerlo que igual les gusta. Creo que hay una película por ahí basada en el libro, pero yo casi que me la voy a saltar. He terminado un poco harta de esta pandilla de tontainas.

Tenéis, como cada primero de mes, otras reseñas de este libro en La mesa cero del Blasco, en La originalidad perdida, en Delenda est Carthago. Y a lo largo del mes seguiremos hablando de él en el blog del  Club de lectura.

Una mujer dificícil, de John Irving

Una mujer difícil unmundoparacurraTerminé el otro día de leer este libro de John Irving, una estupenda novela de 750 páginas que me ha gustado mucho. Sí, se trata del mismo John Irving que escribió La última noche en Twisted River y que mereció una crítica feroz por mi parte (click). Esta crítica provocó que mi hermana mayor me regañara mucho y muy seriamente: yo había ido a dar con uno de sus libros basura, pero Irving es magistral y para comprobarlo, me recomendaba leer otros de sus libros. Como sería la cosa que me comprometí a leerme el libro de Irving que quisiera regalarme: así que, muy en un tono «si no quieres caldo, toma dos tazas», en Nochebuena me regaló Una mujer dificil y en Reyes Las normas de la casa de la sidra. Y aquí estoy con este post.

Es verdad, es otro Irving. Para empezar, la novela se desarrolla en un ambiente mucho más culto, elegante y civilizado que La última noche…, así es que, de momento, ya no he tenido que penar con ese lenguaje traducido tan de película americana de serie B. Cuenta la historia de Ruth Cole, una mujer cuya vida empieza antes de nacer, cuando sus dos hermanos mueren en una accidente de tráfico. Este accidente provoca no sólo su nacimiento, sino también la búsqueda de sus padres por solventar su ausencia. Ruth Cole se convierte en escritora de éxito y sólo empieza a encontrarse a sí misma con casi cuarenta años, cuando su padre muere y ella inicia una nueva vida y una nueva etapa como escritora.

La novela está llena de giros inesperados, de historias dentro de la historia principal. Los personajes están cuidados, están llenos de coherencia a pesar de tener personalidades extrañas, a veces extremas. La historia parte de un hecho trágico y de la vida llena de desasosiego de la madre, y pasa por muchos momentos de tensión y hasta de suspense, pero dentro de todo es una novela optimista y que se sigue con mucho interés.

Así es que he cambiado mi opinión sobre Irving, amigos. Pero no sobre La última noche en Twisted river, que sigue siendo, en mi opinión, un horror digno de salir volando por una ventana. Este, sin embargo, es un magnífico libro que me ha encantado y que yo les recomiendo si quieren leer algo de este señor. Y agradezco mucho a mi hermana que me regañara, que insistiera y que me lo regalara, porque casi con seguridad nunca lo habría leído.

Dejo para dentro de unos meses Las normas de la casa de la sidra. Si es dentro de este año, tendrá también su post, no lo duden.

Noche salvaje, de Jim Thompson

Lo malo de matar es que resulta muy fácil. Te encuentras con que casi lo has hecho y no lo has pensado. En vez de pensar, matas».

Noche Salvaje Jim ThompsonEsta es una frase entresacada del libro de Jim Thompson, Noche salvaje, que es el primer libro que hemos leído en 2014 en el Club de lectura. Me parece una frase magnífica, y he querido empezar con ella para que luego no me digan que me pongo negativa.

Un asesino a sueldo es contratado para acabar con un corredor de apuestas que anda pendiente de juicio, se supone que para que no diga ni pío. La parte contratante es un llamado Jefe al que sólo le falta aparecer acariciando un gato blanco con un ojo de cada color, y del que no se conocen los motivos ni las intenciones. En cuanto al asesino, se trata, ni más ni menos de…

El más sanguinario y escurridizo asesino de la historia del crimen»

De fondo suena una música inquietante, y cuando está a punto de sonar el ¡tachán!, aparece nuestro asesino, que es un tipo de metro y medio, 45 kilos, con dentadura postiza, lentillas de culo de vaso y un cuerpo jota de mucho cuidado, porque le pega al frasco y a la cajetilla de Winston que es un primor. Y así le pasa, que entre los esputos, el que se tiene que poner los dientes  y luego que le dan retortijones cada dos por tres, se pasa en el cuarto de baño aproximadamente la mitad del libro. La otra mitad se la pasa suelto, pero contenido, disimulando mucho para que no le pillen las malas intenciones ni el sherif ni el morituri, y con un ojo en cada esquina por si acaso a alguien se le ocurre venir a matarle a él, que ya se sabe que donde las dan, las toman.

Bien, no contaré nada más de la novela, porque se trata de una novela negra y sobre todo de suspense. Tal vez porque se trataba de una novela de suspense, el autor ha colocado puntos suspensivos en dos de cada tres frases, en un estilo balbuceante que enerva mucho y que parece como si se hubiera puesto a un tartamudo a transcribir una conversación.

– N-no…Quiero decir que está bien así, Carl. Creo…, creo que debo…

La novela mantiene la intriga hasta el final e incluso más allá del final, porque es difícil enterarse de cómo termina. Y en algunos pasajes también es difícil enterarse de nada, porque aparte de los diálogos llenos de puntos suspensivos, la traducción (quiero pensar que es eso), es como para ponerse a comprobar si, efectivamente, lo de matar es fácil. Claro, que el autor tampoco ayuda mucho, porque los personajes hacen cosas incomprensibles, a veces completamente absurdas y a veces completamente idiotas, por no hablar de la aparición de un rebaño de cabras en medio del desenlace cuya explicación sólo está al alcance del doctor Jiménez del Oso, siempre que tuviera a bien volver del más allá a contárnoslo.

Por lo demás, cabe decir que en el prólogo se puede leer que «es la mejor novela de Jim Thompson», cosa que yo no voy a poner en duda, si bien me reservo la pregunta de cómo será la peor. Y mira que me extraña porque el autor venía pero que muy bien recomendado. Y aunque sólo sea por eso, creo que le daré otra oportunidad cualquier día de éstos, porque a mí la novela negra, aunque no la frecuento, me gusta.

Tenéis, como cada primero de mes, otras reseñas de este libro en La mesa cero del Blasco, en La originalidad perdida, en Delenda est Carthago . Y a lo largo del mes seguiremos hablando de él en el blog del  Club de lectura.

Os dejo para terminar con un par de descripciones que me han gustado, para que no se diga:

Con mirarla a los ojos bastaba para saber que era capaz de llamarte más palabras obscenas de las que encontrarías en un millar de retretes.»

Le acompañaba una dama, con cara de cuchillo, que lucía un rígido vestido de satén negro y un sombrero semejante a la pantalla de una lámpara. Me quité el sombrero y dirigí hacia ella una sonrisa, preguntándome por qué no habrían echado mano de ella para que les agriara la nata.»

Les choses, de Georges Perec

Les choses unmundoparacurraDespués de leer Un hombre que duerme, que me pareció una maravilla de libro, me recomendaron en este blog La vida modo de empleo. Por aquellas fechas tuve que ir a París y me encontré con una espera inesperada que acabó en deambulación por una librería. Miré y ahí lo tenían, junto con Les choses.  Me dije que dar con una buena traducción de Perec no sería fácil, así es que me animé y compré los dos. Le ha tocado a Les choses primero por una simple cuestión de volumen.

El libro me ha encantado, aunque el francés literario de alta escuela me cuesta un poco y sé de antemano que pierdo matices. Ni se me pasa por la mente estar con un diccionario al lado, así es que cuando no conozco una palabra disfruto con el sonido, con la poesía de este hombre al escribir. Tiene un estilo muy característico, lleno de comas con las que va separando adjetivos, nombres, frases cortas, que tienen como fin ir cercando la idea, matizarla, enriquecer la descripción hasta convertirla en minuciosa, pero también consigue dar mucho ritmo al texto.

Cuenta la historia de una pareja, años 60, que viven la vida despreocupadamente mientras son jóvenes. Tienen un trabajo poco exigente que les da para vivir, y van tirando aunque «la inmensidad de sus deseos les paraliza». Es el deseo de «tener» para «disfrutar», y esto es inalcanzable sin dinero. El dinero no sólo cuesta esfuerzo, sino tiempo, y ellos también necesitan el tiempo para disfrutar. Una vida burguesa, con un trabajo que les permitiera tener lo que desean significa llegar a una edad adulta que ellos ven muy lejana, sin comprender que es una edad que se acerca sin remedio.

Con esta historia te puede salir un drama o una comedia. Perec sin embargo nos cuenta un devenir calmado, pausado, en donde todo es comprensible. Va describiendo la peripecia de esta pareja, y con ello, su evolución. No hay risa, no hay llanto, no hay miedo, no hay desesperación, no hay tragedia ni sobresalto. La historia va pasando por tus ojos como les pasa la vida a los protagonistas, casi sin querer. Y vas viendo cómo los deseos los devoran, cómo dejan la vida pasar sin preocuparse por un tiempo que será irrecuperable, y en donde su Carpe Diem se convierte en intenciones y sueños de fortuna, pequeñas satisfacciones con las que viven siempre insatisfechos, porque no tienen y no les llega con lo que son.

Un buen libro.

El affaire Dreyfus y un libro caro

j'accuseResulta que un compromiso es un compromiso y yo les dije que este año haría un post de cada libro que me leyera. Y aquí estoy, que no sé qué contarles, porque este librito ha sido como jugar al Candy Crush: una pérdida de tiempo.

El caso es que compré este libro en Amazón. Iba buscando Germinal y me topé con esto que se llama pomposamente «J’accuse… Décryptage et analyse (les grands textes politiques français décryptés)». Ni más ni menos. Esperen un momentito, que me cambie de postura.

Veamos ¿Qué hago yo comprando eso? Pues a ver, tenía un rato y quise leerme el famoso artículo de Zola en francés, y por el título me imaginé que además ofrecerían un pequeño análisis del affaire Dreyfus, que no deja de ser un caso muy famoso e interesante (1). Pensé que me contarían los entresijos, el contexto, el paisaje político, la sociedad de la época, en fin, esas cosillas que le dar sabor y color a la vida. Además, sólo costaba 2,68… En fin, una vez leído, creo que ha sido uno de los libros más caros que he comprado en mi vida…

Como les decía, la parte del «décryptage» es la que más me llamó la atención, porque si se leen vds el artículo de Zola sin más, entenderán lo justo: J’Accuse no deja de ser una carta al Presidente de la República para llamarle de todo menos bonito por el asunto Dreyfus, y sin conocer el contexto y los entresijos del caso te quedas un poco tal cual cuando la lees. Pero hay poca desencriptación en este librito. En realidad, son 16 páginas con algunos comentarios a la famosa carta de Zola (que por cierto, está transcrita de manera incompleta, por lo que tuve que bajarme – esto ya gratis – la carta en español), el famoso bordereau que sirvió para acusar al Capitán Dreyfus y un texto breve de recuerdos de Léon Blum que me salté con mucho cuidado, que no era momento de quedarme dormida.

Total, que este post es para decirles que he comprado absurdamente un libro absurdo, que me lo he leído no sé muy bien por qué y que afortunadamente era corto. Pero en fin, de algo ha servido: ahora que escribo este post, me doy cuenta de que tendré que seleccionar cuidadosamente lo que leo si no quiero quedarme sin lectores en el blog. O traicionar mi compromiso, que como siga en este plan, será lo que terminaré haciendo.

(1) Doy por conocido el caso Dreyffus, y si no, acudan a la wiki o a algún libro viejo de bachillerato, háganme el favor. Yo estoy exhausta.

El sueño del celta

El sueño del celta unmundoparacurraMario Vargas Llosa cuenta en El sueño del celta la historia de un personaje real, Roger Casement, un británico de finales del s. XIX y principios del XX que se pasa una buena parte de su vida combatiendo la explotación brutal de los indígenas del Congo y de la Amazonía peruana. Esta explotación tiene como coartada la extracción de caucho y como telón de fondo la crueldad humana provocada por la codicia, en un mundo lejano y sin ley ni Estado. Los informes que redacta Casement, que actúa bajo escudo diplomático y por mandato especial de la Corona inglesa, lograron sacudir en su momento la conciencia de la buena sociedad británica y europea. En ellos describía el infierno que padecían los nativos, explotados sin compasión por quien, en apariencia, venía a traerles el progreso a través de la civilización, el comercio y el cristianismo. Después de estas dos misiones, Casement vuelve a Inglaterra y, convertido al nacionalismo irlandés, participa en el movimiento independentista de forma activa, aunque no le dará tiempo a ver una Irlanda independiente.

La novela se divide en tres grandes partes que dividen también las tres grandes partes de la peripecia vital de este hombre, el Congo, Amazonia e Irlanda, aunque Vargas Llosa nos va llevando por estos tres escenarios mientras Casement ya está en la cárcel, acusado de traición a Inglaterra, condenado a muerte a la espera de un indulto y desprestigiado por sus tendencias homosexuales. Vargas Llosa nos retrata al personaje pero también al hombre que lucha por sus propias ideas, sin dejarse llevar por la sociedad que le rodea. Y esto incluso cuando, al final de su vida, no sabe leer los indicios que le avisan de que está tomando decisiones equivocadas para su propia causa.

Casement es un personaje al que Vargas Llosa rinde tributo sin dejar que el héroe tape al ser humano, porque Casement es muchos hombres, lo que quiere decir que ángeles y demonios se mezclan en su personalidad de manera inextricable.

Tal vez la primera parte es la más interesante. En ella, un joven Casement va a combatir el primitivismo y la crueldad de las tribus de Africa, que viven en el fondo de los siglos, y se encuentra con que el mal viene encarnado con la civilización que él representa; la parte de Perú es la que me ha parecido menos interesante, porque allí viene a encontrarse con la mismas salvajadas, los mismos castigos, la misma falta de compasión, la misma codicia que en el Congo; y ya en la última parte nos cuenta su incursión en el nacionalismo irlandés, que en aquel tiempo deriva como es lógico en independentismo, y es la parte del libro en donde nos encontramos con un mundo, una Historia y una geografía que nos resulta mucho más cercana y más comprensible, aunque hay pasajes algo repetitivos, porque vuelve a contar algunas cosas que ya ha contado con anterioridad, de manera fugaz, pero comprensible.

Para mi gusto, se hace un poco largo, pero en todo caso es una novela muy interesante que además tiene a su favor la escritura de Vargas Llosa, que da gusto leerla y que permite mantener el interés en todo momento. Llevaba este libro, que además era prestado, encima de mi mesilla cerca de un año, resistiéndose a vivir en una balda como el resto. Bueno, pues ya está. No saben vds lo que estorbaba…

El partido como bien superior

Hace unos años, tuve que comentar en una tertulia el libro Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Antes, les había envié un archivo que contenía 4 ó 5 fotos: la sede del FMI, la página web de una conocida tienda de deportes, la foto de una residencia de ancianos, una noticia sobre la eutanasia, otra de la oveja dolly, una foto del Sálvame… Empecé por ahí, y a través de la identificación de ciertos pasajes del libro con cada una de las fotos, conseguí horrorizar a todos. No estábamos tan lejos, no convenía reirse de lo ridículos que parecían aquellos personajes tan sumisos…

(CLICK si quieres seguir leyendo lo que he escrito en el Club de Lectura)

(CLICK si quieres leer también otro post de Un mundo para Curra en donde comentaba el libro de Aldous Huxley)

Las solidaridades misteriosas, de Pascal Quignard

La goule aux feesEste es un libro que habla del regreso, de la vuelta a las raíces y a la tierra, al primer amor, que no se sabe bien si es amor o simplemente la fidelidad al descubrimiento de lo que no se conoce, del regreso a uno mismo. Es la vuelta al pasado que se ha quedado en el alma y no quiere salir porque no es bienvenido, porque el alma tiene  tantos recovecos como las piedras escarpadas de los acantilados, rotos por la fuerza del mar y de la vida; tantos secretos como la landa que los circunda, donde no hay nada en apariencia, sólo la tierra que esconde aquello que hay que saber observar, mirar, sentir, y guardar de nuevo en el alma derrotada.

Claire Methuen abandona su vida de traductora para refugiarse en Bretaña, donde pasó su infancia. Busca el aislamiento, la soledad, y huye de una angustia con la que se obliga a vivir y contra la que no quiere luchar, una angustia que acepta, como una derrota. Su refugio es la tierra, el mar, el paisaje que hace suyo y que acoge en su interior, en su silencio. En un silencio que comparte con Paul, con quien le une la misteriosa solidaridad de los hermanos, el vínculo del origen y de la infancia, en su caso deslavazada y rota, una solidaridad en la que se aceptan todo, incluso lo que no comprenden.

En este libro pasan cosas, pasan historias, se desvelan secretos y se termina queriendo a los protagonistas, con los que se establece también una solidaridad misteriosa y a los que se termina por comprender y, en cierto modo, envidiar. El autor juega con los puntos de vista, y a mí estas cosas me encantan, me parece maravilloso cuando un autor es capaz de narrar y al mismo tiempo meterse en uno de los personajes para completar la historia y para buscar tu empatía. Y es ahí, cuando narran los protagonistas, cuando te encuentras los pasajes más literarios, con una prosa que da gusto leer (en una traducción muy meritoria, desde luego).

Es un libro que empieza en el pasado reciente y termina en el futuro, igual que El mapa y el territorio. Es como si al autor recogiera una historia y al ver que se le acaba el tiempo, decide proyectarlo en tu imaginación. En el caso de Quignard no hay una visión de la sociedad, tan solo de los personajes y de su peripecia, y por eso convierte el futuro de la historia en una certeza. Y debo decir que también dan muchas ganas de darse una vuelta por la costa de Esmeralda, en la Bretaña francesa, en el estuario del río Rancé que separa Dinard de Saint-Malo. Aunque después de leerse el libro, desde luego que te puedes ahorrar el viaje, porque está descrito con tanta precisión como lirismo. Léanlo, que vale la pena.