La irracionalidad que cuelga

Hoy me he levantado con el pie izquierdo. O tal vez con el pie derecho, que para lo que me ocupa me da bastante igual lo que se pueda aventurar sobre mis caídas de la cama. Voy a hablar de colgantes.

Y es que se nos olvida que La Rioja es Logroño. Tal vez por eso nos parece muy normal que una provincia con poco más de 300.000 habitantes, o sea el 0,68% de la población española, tenga su parlamentito y su banderita. Y además, sus consejerías, sus direcciones generales y todo lo que cuelga. ¿Qué cuelga? Pues desde un BOE hasta una agencia para el conocimiento y la tecnología, pasando por un defensor de los 300.000 riojanos y  un dialecto para que se comuniquen entre ellos. El dialecto ocupará por lo menos a media docena de personas para promocionarlo y los que se ocupan de BOE (BOR, que es de Rioja, no del Estado) pues vaya vd a saber cuántos serán.

Pero en el fondo, esto no tiene nada que ver con Logroño, ni con el coste en concreto de La Rioja. Verán: de las 17 comunidades autónomas, 13 de ellas tienen menos del 6% de la población española para administrar. Y 8 de ellas ni siquiera alcanzan el 4%. Esto es así. Toda esta dispersión da trabajo y sueldo a 1.268 diputaditos autonómicos. Más lo que cuelga.

Imaginen ahora una empresa española con 17 centros de trabajo. ¿De verdad creen que se organizarían en direcciones regionales por comunidades autónomas o piensan que seguirían un criterio digamos racional? Cuando digo racional estoy pensando en número de trabajadores, en volumen de ventas, en mercado objetivo, en ingresos. ¿Vds creen que una empresa de distribución, por ejemplo, con 160 tiendas, dedicaría una dirección regional únicamente para llevar la tienda de Logroño? Esto por el lado de la organización, aunque luego viene lo que cuelga. ¿Creen vds que pondrían en cada centro de trabajo a un director de personal, un director de Logística, un planificador, un jurista, un contable, un jefe de comunicación, un par de informáticos y un tipo de compliance?  Si creen esto, sin duda alguna trabajan (poco) en una Comunidad autónoma o viven en la Luna. Y en ese caso, lo mejor es que dejen de leer porque es posible que se me escape alguna palabrota.

Somos un país irracional, construido con las tripas y con una mirada que, cuando se vuelve hacia nuestro pasado, nos convierte en estatua de sal. Nuestra administración tiene la misma estructura para algo con 8 millones de habitantes que para algo con 300.000. Y se organiza sobre la base de cosas que no tienen nada que ver con dar un buen servicio y administrar correctamente el dinero de los administrados, como derechos históricos, acentos, gastronomía, montañas, valles, dehesas o patrias queridas. A esta memez le llamamos progreso, buen servicio y cercanía al usuario. Y, por supuesto, después de aplicar lo mejor de nuestra creatividad a la invención de banderas y diferencias, nos declaramos europeos con nuestra mano en el corazón y tarareando, vena en cuello, la Novena Sinfonía de Beethoven. Solbes hablaba del Sudoku autonómico pero no, esto no es un sudoku. Esto es, sencillamente, un despropósito. Por no decir una gilipollez.

Pero paguen. Paguen y callen, que hay que dar satisfacción a todo lo que cuelga, aunque nos cueste un huevo.

Un tal Iñaki

En esta España mostrenca en la que vivimos, ser republicano significa tener que defender una bandera inventada y hortera, cantar la internacional puño en alto y retrotraernos a una época de nuestra historia en la que una fanática vestida de luto se podía levantar en un Parlamento para decir “ese ya no habla más”, no sabemos todavía si expresando un deseo, aventurando una profecía o dando una orden.  La idea de República en mi país supera una convicción sobre la forma y legitimidad de la organización del Estado, y se convierte en una ideología arcaica y pedestre que como mínimo da pereza y como máximo, miedo. Toda esta declaración previa es para advertir que si dices que eres republicano en España hay que tentarse la ropa. Así es que diré que yo soy republicana y luego me tentaré la ropa. 

Decir Monarquía moderna es un oxímoron. La Monarquía consiste en que en la cabeza del Estado se sitúa a una persona cuyo único aval es nacer, algo al alcance no de cualquier ser humano, sino de todos. Esto trae como consecuencia que esa cabeza pueda ser la de un retrasado mental, como la de Felipe IV, o que sólo sirva para embestir, como la de Fernando VII. Calamidades como Carlos IV o Alfonso XIII ocupan con el mismo derecho el Panteón de los Reyes de El Escorial que el gran Carlos I o Carlos III, aunque los hay que ocuparán este panteón sin ser ni rey ni madre de rey, como el padre del actual o su augusta abuela, en una decisión que dice mucho de la idea chiclosa de tradición sagrada y respeto por las formas que gasta aquel que debería ser el primero en presentar ese respeto. No es serio este cementerio, aunque se llame Cripta Real. En la España del siglo XXI el varón de nuestra monarquía tiene preeminencia sobre la mujer, con gran alboroto de feministas y modernillos que miran el dedo y no la luna, sin caer en la cuenta de que cualquier otro sistema de elección del heredero a una corona es igualmente discrecional. La simple primogenitura lo es también, como lo sería nombrar rey al más alto o al que naciera en invierno. Son procesos de selección que están muy alejados de cualquier idea de mérito, trayectoria o aptitudes. Porque la Monarquía es eso: derecho a llegar sin tener que demostrar, al revés de cualquier otro puesto de trabajo.

Pero sea. Tenemos un rey, el Rey Juan Carlos, que está porque quieren los españoles. Sí, los españoles. Me parece a mí que 36 años después se puede decir esto con cierta holgura de razón. Si se le quiere quitar legitimidad creo innecesario acordarse de Franco, puesto que basta con decir que Juan Carlos es rey por ser hijo de Don Juan y nieto de Alfonso XIII para dejar las cosas en su justo punto de partida.  Esa es su causa original, y Franco, lejos de pertenecer a una dinastía eterna, pasaba por allí. También de paso conviene decir que si ahora no es un biznieto de Franco el rey de España es debido a un matrimonio morganático más que a una inoportuna sordera. Tradiciones eternas que se respetaban hace tan sólo diez o doce lustros y que apartaban automáticamente de la sucesión al trono de España se trastocan en conveniente adaptación a los tiempos modernos cuando la Duquesa de Alba se arrodilla ante la nieta de un taxista de Alicante, en un gesto muy celebrado por toda la progresía imbécil que olvida que sólo lo inalterable puede alcanzar la categoría de secular.

Yo siempre digo que en la España actual a la monarquía no se la llevará por delante ninguna opción política sino que bastará con un par escándalos.  Me parece a mí que el rey cree que la política es lo único que le puede poner en la puerta y esto nos habla de una mirada del propio destino que se ancla en el pasado de su abuelo y no en el hecho de que un par de abucheos, hoy, te colocan en la frontera al día siguiente.  Es ahora, en esta sociedad y en este siglo desprovisto de referencias, donde el rey de España no ha sabido educar a su familia en lo que debe ser, y eso ha permitido que no sepan ya ni lo que quieren ser, ni dónde están.  El pueblo español, que aceptó su legitimidad por ser nieto de rey, puede dejar de tolerarle por ser el suegro de un tal Jaime, un tal Iñaki y una tal Letizia. Es lo que tiene llevar a la familia en el bagaje curricular. La historia pesa mucho, pero no tanto como para hacer invisible un embudo según el cual los motivos para evitar el pago de la hipoteca de un palacio se olvidan para poder compartirlo con una divorciada. El privilegio de ser normal, que es privilegio de súbdito, no puede ambicionarse si se quiere defender el privilegio de la casta, entre otras razones porque el pueblo, aun en su limitado entendimiento, puede llegar a pensar que igual que manda a su casa a un idiota con autoridad, tiene la potestad para mandar al exilio a una familia de desvergonzados cuando se comportan como cualquier ciudadano desahogado y arribista. El cortafuegos tenía que haber sido mucho antes y allí donde había humo: niño eso no se toca, niño eso no se dice, niño eso no se hace. No es tan difícil, ni siquiera para un Borbón, siempre que entienda que todo lo que tiene, él y su familia, es prestado, primero por los soberanos que hubo en nuestra historia y ahora por el único soberano que legalmente puede conceder el préstamo.

Hoy hablamos de un caradura que, efectivamente, no ha sido ejemplar. Ya veremos si le imputan, le juzgan, le condenan y le llevan preso: no me imagino yo a una Infanta de España yendo a visitar a su marido a la cárcel con una tartera y un chándal nuevo para el patio, aunque después de lo visto y leído, puedo hasta esperar que lleve una lima escondida entre las enaguas. Pero de momento sólo podemos estar seguros de que, en efecto, ha faltado ejemplaridad. Es en esta expresión, “no ejemplar”, en donde se condensa toda una trayectoria protomodernilla y panderetera de un rey que no ha sabido serlo cuando se quita el uniforme y se pone en zapatillas.

Y ya puestos a dar ejemplos, les daré el que se utiliza para distinguir en inglés entre to be involved y to be concerned. En el caso de los huevos con beicon, the chicken is involved y the pig is concerned. Dejo para su inteligencia el reparto de papeles de un plato que alguien deberá pagar, porque se ha roto.

Lexatín a cubos

Han conseguido hartarme, yo que llevaba unos días de muy buen humor. España ha subastado unos bonos a 10 años por valor de 3.500 millones de euros (o sea, nada que no podamos pagar) y la prima de riesgo ha sido muy alta – no se ahora cómo ha cerrado. A la hora de comer, en la radio del coche, alarma en los mercados. En el telediario, estamos al borde del abismo. En el periódico, situación de rescate. De vuelta a la oficina, situación de no retorno. O lo perdemos todo, o nos quitan todo, incluso las dos cosas, y además  moriremos sin remedio. Palabras como «incendio», «sangría», «desastre», «quiebra», mucho griterío y muchas lágrimas.

Hombre, ya está bien. 

Que la situación es muy grave y delicada, estamos todos de acuerdo y yo no quiero quitarle importancia. Pero los grandes titulares en rojo tomate, el griterío angustiado, y las frases apocalípticas no creo que conduzcan a nada. Hemos pasado del optimismo antropológico a una carrera para ver quién lo pone más negro y dice más sandeces. Y, ya digo, lo que necesitamos es un poco de sosiego y no entrar en este pánico generalizado en el que estamos.

Yo no creo que haya que acabar con el Estado del Bienestar, aquí hay mucha manifestación preventiva y muchas ganas de confundir las cosas. No hay que despilfarrar el dinero público y no hay que pagar imbecilidades, y poco más. Cambiar la estatua de Colón de sitio, o tener un aeropuerto en Reus no tiene nada que ver con el Estado del Bienestar y sí mucho con el despilfarro y con la imbecilidad. Y no confundir los derechos con lo que no son derechos: Por decirlo de manera gráfica, si vd necesita quitarse la vesícula, vale, pero si quiere una habitación de 30 metros cuadrados con baño individual, págueselo vd. Si un joven de 30 años se quiere independizar de sus padres, que se lo pague él o se lo paguen sus padres, pero que no exija una subvención del Estado. Nosotros tenemos que gastar menos y devolver el dinero que nos han prestado, y salir del ensueño de que esto es jauja, de que papá-Estado tiene que darnos todo, porque el dinero llueve del cielo y además «no es de nadie». Definir el Estado del Bienestar, y sí, acotarlo, porque se pagan muchas cosas que el Estado (o sea, mis impuestos) no tiene por qué pagar. Pero sin ponerse dramático, por favor, que bastante drama hay ya en la cola del paro, recogiendo los productos caducados que desechan los supermercados y en los comedores de Cáritas.

Y solo un apunte más. Quienes se han endeudado hasta las cejas son los Estados y las Administraciones públicas, y detrás todos los españoles poniendo la mano. Los «mercados», de momento, lo único que han hecho ha sido poner la pasta.

Si no está conforme con lo que digo, tómese un Lexatín y mire el telediario en su canal autonómico, que seguro que tiene uno. Después le pondrán «paisanos por el mundo», no se preocupe por la droga.

No a la impunidad

La Eta ha comunicado que cesa su actividad armada. Casi todos entendemos que deja de matar, aunque en realidad sólo dicen lo que dicen. Yo de esta gentuza me creo lo justo. Si les conviene, volverán a matar (tienen armas, dinero y palmeros, muchos palmeros), como lo hicieron las dos veces anteriores (Miguel Angel Blanco, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate). Encontrarán la manera de justificarlo, verborrea nunca les ha faltado y la tergiversación no falta en ningún totalitarismo. Y encontrarán interesadillos que les sigan el argumento para pescar en río revuelto, incluso para recoger alguna nuez, esto tampoco les ha faltado nunca…

Han emitido un comunicado que se puede encontrar en cualquier periódico. Si no lo han hecho aún, les aconsejo que lo lean, es muy instructivo. Yo, desde luego, no lo voy a poner aquí, ni me molesto (es un chorreo de afrentas, de iniquidades y de estupideces). Por supuesto que me alegro de que nos «concedan» cambiar la palabra «permanente» por la palabra «definitiva» en su delirante lenguaje de ejército de liberación nazional. Cómo no me voy a alegrar, claro que sí. Pero me alegro también lo justo: hubiera preferido que la razón por la cual cesan en su actividad armada fuera que no la hubieran empezado… Cuidado con los juegos de espejos.

Y ahora ¿Qué hacemos? ¿Les damos las gracias? ¿Les felicitamos por «entrar en razón»? ¿Les hacemos buenísimos y muy demócratas porque ya no nos matan? Pues no, señores, demasiado tarde para la edad que tengo y lo que llevo vivido. Yo me voy a seguir acordando de su puta madre (u otra cosa que es fácil de imaginar) y llamándoles todas las cosas malas que se me vayan ocurriendo – y les aseguro que imaginación no me falta. No puede haber perdón, ni olvido. Siguen siendo los mismos canallas, y este comunicado no cambia nada de lo que han hecho y el porqué de lo que han hecho. Me da igual el asunto de la independencia, de la territorialidad y de sus reivindicaciones. Lo dije hace unos días: Me da igual lo que exijan, me importa quién lo exige. Han matado, han secuestrado, han extorsionado, y eso no se puede consentir. No puede haber impunidad frente a la vileza de quien quiere imponerse a tiro limpio.

Pero me puede el pesimismo: ya estoy esperando a ver quién es el primero que habla de que el Estado deberá ser generoso… Nos puede la bondad, lobos y corderos…

Les dejo con un comunicado que yo sí quiero copiar. Es de la Fundación Victimas del Terrorismo y se llama Decálogo No a la Impunidad. Lo suscribo.

DECALOGO NO IMPUNIDAD

El recorte de la vergüenza

No lo llaman recorte, aunque lo es y muy serio. Lo llaman necesidad de pasar página, de iniciar un nuevo ciclo político, de apuesta por una nueva etapa, borrando de un plumazo toda la infamia anterior. Hablan de razón de Estado, de oportunidad histórica, de plan de convivencia democrática, de superación de obstáculos ideológicos, en una cháchara inicua que lo mismo les vale para esto que para envolver una sardina. Los más descarados siguen hablando de proceso de paz. Y los más vomitivos, en especial aquel que diría cosas que nos helarían la sangre, nos propone una orientación flexible, que no es ni más ni menos que su propia desorientación moral.

Pero esto es un recorte. Un recorte de la dignidad de los muertos y de sus familias. Un recorte de la dignidad de un Estado al que están rindiendo ante una banda de terroristas (ETA o Bildu o la madre que los parió). Un recorte de mi dignidad, porque este es mi país y esos que murieron son también mis muertos. 

Esos gobernantes y políticos calculadores que un día se parapetaron detrás de esos muertos que hoy desprecian, detrás de unas lágrimas tan falsas como su decencia, ahora se parapetan detrás de palabras como libertad, justicia, paz y perdón para recortar con tanto cinismo como impostura esos mismos conceptos que dicen defender.

Recortan la dignidad. Recortan la Justicia. Recortan la vergüenza.

 

 

El Estado de Confort

Leo en Cinco Días que la deuda pública acumulada en el mundo es de 44 billones de dólares, lo que supone casi el 60% del PIB mundial. Por si acaso no les apetece leer el artículo, les diré que desde 2007 se ha incrementado en un 50%, y que en el año 2000 era «tan sólo» de 18 billones de dólares. Esto significa que los Estados se endeudan con y sin crisis. Pólvora de rey. Los 20 países más ricos (da igual la ideología más o menos atontada del gobierno de turno) tenían una deuda en 1980 del 40% y dentro de 3 años se calcula que llegarán al 100%. Esto pone los pelos de punta.

Como es natural, tal y como puede leerse, esto tiene tres efectos (todos devastadores) sobre la economía: 1º, que el dinero que el sector público absorbe no se destina, en forma de créditos, a la actividad productiva; porque el destino de toda esa deuda (2º) no tiene un retorno productivo, aunque se califique como inversión; y 3º, que esa deuda la pagamos vd y yo en forma de subidas de impuestos. Esto hace bajar los pelos, pero por el peso de las canas.

Veo en el telediario del mediodía que el gobierno regional de Madrid ha cambiado los coches del metro de la línea 9 por otros más nuevos y modernos. Los antiguos no van al desguace, sino que se revenden a los argentinos, para su metro en Buenos Aires. O sea, que estos vagones tienen todavía vida útil. Pero se ve que el culo de los madrileños soporta peor la falta de confort que el culo de los bonaerenses. Mientras los argentinos aspiran al Estado del Bienestar, los españoles disfrutamos del Estado de Confort. 

Es solo una muestra, pero hay cientos como esta, cosas que pasan bien entre la población y en las que casi nadie repara, porque en todas partes cuecen habas. No son sólo esos aeropuertos fantasma, o esas radiales vacías de coches, o esas subvenciones inanes, o esa estatua que se cambia de sitio porque sí, o las televisiones autonómicas, aunque también. Es la falta de distinción entre lo imprescindible y lo accesorio, la falta de criterio de los que tienen que administrar el dinero público (o sea, el dinero de vd. y el mío). 

Por supuesto, la culpa es de los «mercados», que hay que atarlos en corto… Cualquier día de estos, me indigno.

Noruega

Pena, impotencia, indignación.

Silencio y grito

Los otros

Leí el librito de Hessel cuando salió en Francia. Se tarda una horita y puede combinarse con una película con anuncios. Quiero decir que no requiere una concentración enorme, ni mucho tiempo libre, ni un bloc de notas al lado. Pero lo leí porque había tenido éxito en Francia, un país en el que la Constitución europea se debate en reuniones vecinales y en el que son capaces de reflexionar colectivamente sobre la identidad de su nación. O sea, políticamente un Ferrari si lo comparamos con España, más parecida a un Logan. Me sorprendió porque lo encontré un  texto tonto, muy de los tiempos que corren: propaganda superficial, ideología de supermercado, soluciones de brocha gorda. Le iba a dedicar un post pero me dio pereza, la verdad…

Ahora tenemos indignados en España, de pronto. Justo antes de unas elecciones, y justo después de unas elecciones. Y zarandean a los políticos, que son culpables hasta de la muerte de Manolete. Y sí, no les está mal lo que les pasa. Pero, en mi opinión, ellos son sólo la consecuencia. 

La gente. Las víctimas de los mercados. Los que hacemos cálculos sobre si es mejor cobrar el paro o aceptar un trabajo. Los que no queremos trabajar de cajera en un súper, pero luego nos quejamos de que haya una sudaca quitándonos el puesto de trabajo. Los que estábamos encantados de que nuestro alcalde nos firmara un PER falso. Los que nos desgravamos las cenas de los sábados con los amigos. Los que hemos consentido que nuestros hijos dejen de formarse para ganar 2.000 euros a pie de obra con un contrato eventual. Los que hemos especulado con nuestra vivienda. Los que hemos firmado un crédito sin evaluar nuestro propio futuro y mintiéndonos a nosotros mismos. 

El pueblo. Que votamos al alcalde que firma el PER falso. Que nos tragamos telediarios infames. Que aceptamos que se negocie con asesinos, porque los muertos fueron antes y fueron otros. Que mantenemos a un gobernante 20 años, sabiendo que roba y que nosotros nos empobrecemos. Que votamos a un partido pase lo que pase, y que merecemos, desde luego, un gobierno que nos mienta.  Que aplaudimos y damos vivas al hijo del Rey, que sólo será rey por ser hijo, sin compararlo a nuestros méritos. Que no nos inmutamos cuando la enseñanza es aldeana, y lo sabemos. Que protestamos por el bipartidismo y no porque las bisagras sean nazionalistas. Con z.  

Seamos serios: si a vd le ponen delante una lista abierta ¿Cuántos nombres conoce? Siendo generosa, se lo dejo en tres, y uno de ellos sólo le suena un poco. ¿Que solo nos preguntan cada cuatro años? ¡Pero si nos quejamos de que gobiernan a golpe de encuesta! Lo que pasa es que opinamos una cosa y votamos otra.  El pueblo, indignado o no, votará al mismo partido con y sin listas abiertas, porque son de los suyos. Y luego decimos que los sectarios son los otros. 

Un día el pueblo se ha dado cuenta que con saber a quién se folla el hijo de la Pantoja no se llena la nevera. Y protesta, claro. Porque la culpa es, a partes iguales, de la Pantoja y de la nevera.

¿Que no nos representan? Yo creo que los políticos nos representan muy bien.  Y ese es, precisamente, el problema.

Dos sanas noticias

Los 5 concejales de UPyD han renunciado a sus coches oficiales en el Ayuntamiento de Madrid. La noticia.

Y, por el camino, le han dejado al señor alcalde Ruiz Galladón con la pompa al aire y agarrado a un botijo. A él y a los de IU y el PSOE, que habían ido al reparto del botín como cada cuatro años, con las orejas y las manos bien desplegadas para sujetar firmemente el plato. Llevaban un montón de años tan panchos, repantingados en el Audi, y se les ha quitado la cara de desahogo de golpe.

Pero el efecto más maravilloso ha sido que  todos los madrileños (y de paso el resto de españoles) nos hemos enterado de que nuestro querido ayuntamiento pone coche oficial (con chófer incluído) a todos los ediles. Es sencillamente escandaloso. Esto no es el chocolate del loro, señores, sino la banderita en la punta del iceberg.

Para esto puede servir el voto. Los de la Puerta del Sol siguen tumbados, pidiendo que suban los impuestos. ¿Para qué? ¿Para poner más coches oficiales? Yo doy un gran bravo a los de UPyD. Así tal vez lleguemos a alguna parte.

Así y con una reciente sentencia del TSJ de Andalucía, que ha confirmado que el alcalde de Castilleja de Guzmán deberá responder con sus bienes personales las deudas contraídas por su Ayuntamiento. La noticia.

Hay días que da gusto leer la prensa.

Preguntas a un señor de Murcia (y del PP)

El presidente del gobierno autónomo de Murcia viene a Madrid, a la Casa de ABC. Y declara: «Los ciudadanos deben pagar parte de los servicios básicos«. ¿ A qué parte se refiere vd., Sr. Valcárcel del PP? ¿Cuál es la parte que NO pagamos? Lo pregunto porque los-ciudadanos-ya-pagamos-la-totalidad-de-los-servicios-básicos ¿De dónde cree vd., Sr Valcárcel del PP, que sale el dinero que vd. y  cantamañanas como vd. despilfarran?

Después, el Sr. Valcárcel del PP «rechazó que el debate del modelo de Estado deba traducirse en una reversión de competencias al Estado«.

¿Y por qué, Sr. Varcárcel del PP? ¿Por qué tengo yo que mantener a incompetentes como vd., que llevan ¿15 años? en una comunidad que no es ningún ejemplo en cuanto a tasa de paro, temporalidad en el empleo, déficit (la 2ª región con mayor), y deuda (7,7% del mini PIB que aportan)? ¿Por qué vd. no quiere discutir sobre tener 13 consejerías y 45 diputados autonómicos para una región con una sola provincia, 1,4 millones de habitantes y el 3% del territorio español? Yo creo que hay que hablar de eso, Sr. Valcárcel del PP, y no de aumentar unos recursos que vd. y golfos como vd. dilapidan sin remedio.

¿La culpa es sólo de Zapatero, Sr. Varcárcel del PP? ¿La culpa es sólo de Cataluña, Sr. Valcárcel del PP? ¿Es vd el único inútil y desahogado al que los-ciudadanos-pagamos-la totalidad-de-su-sueldo? ¿Qué debo considerar inevitable, Sr. Valcárcel del PP: el céntimo sanitario o que sigan gastándose MI dinero en banderitas y en tontadas? ¿Sabe vd. que su sueldo son casi 7 millones de céntimos sanitarios? ¿Sabría vd. decirme cuántos céntimos sanitarios son su sueldo y el de las comadrejas que le rodean en su parlamentillo de monipodio? ¿Su problema es el agua o la cara dura que gasta?

Tanta desfachatez me saca de mis casillas. ¡Y precisamente, viniendo de Murcia!