La calidad de la sanidad

CURRA-SERIA-2En Madrid la sanidad está revolucionada. Para los que me leeis desde las Filipinas, os contaré que la Comunidad Autónoma, con el objetivo de ahorrar dinero, se propone privatizar la gestión de seis o siete hospitales. Pero, vamos, que los «batas blancas» andan revueltos un poco por toda España reivindicando una sanidad de calidad y otras cuantas cosas más, aunque esta es la más llamativa. Y por ello se han puesto en huelga, que es la forma más contundente de que nos enteremos todos (y todas) de lo que es vivir sin una sanidad pública, de calidad o no.

¿Puede alguien decirme qué es exactamente una sanidad de calidad? Si vd. va a un hospital en donde en la admisión le tratan de pena, hay desconchones en las paredes, el médico es un borde y la enfermera una chunga, y además ha tenido que esperar cinco meses a que le den cita y dos horas en una salita llena de heridos y enfermos lastimosos, uno de cuyos acompañantes le ha robado el monedero, todo para que le miren un juanete y le hagan mogollón de daño, vd. dirá que eso es una sanidad de NO calidad. Igual le curan, sí, pero en el viaje vd ha pasado las de Cain. Y eso puede ser perfectamente un hospital público. ¿Una sanidad de calidad es la garantía de que van a curarte? Nadie puede garantizar eso. La no curación existe, el error médico existe, el diagnóstico tardío existe… y existirá siempre. Si se tienen más medios hay más posibilidades de curación sólo en el caso de que las pruebas sean las adecuadas y quien las lee, acierte. Pero desde luego no será porque el médico o la enfermera sean funcionarios.

Dicen que en un hospital público te hacen más pruebas. No sé, pero para que me quiten la vesícula no creo yo que necesite tener a mi disposición los medios de la NASA. Aparte de que yo no quiero que me hagan más pruebas. Yo lo que quiero es que me hagan las pruebas necesarias, y que no me hagan perrerías a mí y tiren el dinero con los otros (uno siempre cree que sólo se tira el dinero cuando se trata de los demás). Y para eso lo que se necesita son médicos decentes y protocolos públicos que lo garanticen. ¿Pero la gestión? Me dicen que un hospital privado irá a por la pasta. Sí, seguro. Pero una fábrica de galletas también, y no por eso hace galletas de mala calidad. La eficiencia no está reñida con la calidad, es justo lo contrario. Yo creo que una gestión privada evitaría las prácticas funcionariales que todos conocemos, la buena gestión de centros en los que no todo es gasto sanitario, y también que la enfermera espabilada de turno deje de sacar los potitos, vitaminas, aspirinas, vendas y hasta toallas, para ella, su familia y parte del vecindario (conozco el caso). Si en un hospital sobran (digo sobran) empleados, eso no tiene que ver con la calidad de la medicina, sino con la eficiencia. Ah, por cierto: en todo momento hemos estado hablando de MI dinero, que eso es lo público: el dinero de mis impuestos.

Equiparar servicio público de calidad a medios ilimitados en donde se perdona la ineficiencia no es de recibo. ¿Me quieren hacer creer que los médicos que trabajan en los seguros privados no hacen las pruebas necesarias para dar un diagnóstico correcto? ¿Me quieren hacer creer que los Adeslas, Sanitas, Asisas y compañía son un matadero? Y yo pregunto ¿Es que un médico de la pública no me diagnostica igual de bien cuando acudo a su consulta privada?

Yo creo que es un buen objetivo pedir racionalidad en el gasto, incluso en el sanitario.  Y no podemos olvidar el escándalo de fondo: que las administraciones admiten que no saben gestionar el dinero público de manera eficiente. Eso sí que merecería una huelga de… los contribuyentes.

A mí me tapan, a ti te humillan

Hola, chico ¿Qué tal? ¿Ha ido bien tu día? Mucho trabajo, me figuro. Hoy quiero hablar contigo. ¿De qué? Pues te quiero hablar de las burkas. Y de las lapidaciones. Y de la ablación de clítoris. Y de la trata de mujeres para el matrimonio. Y de esas sociedades en las que a la mujer no se le deja conducir, ni entrar en los bares sola, ni salir con unas amigas, ni puede votar, ni estudiar, ni trabajar. De esos sitios en los que una mujer es un animal de segunda clase. Claro que hay grados, claro que no es lo mismo Marruecos que Irán, pero la línea de base viene a ser la misma, y entre una hiyab y una burka la diferencia es sólo de eso, de grado. Y hay que andar con cuidado porque cuando uno cree que avanza, en realidad retrocede.

Sé que eres solidario con nosotras, y que te indigna cómo nos tratan. Sé que por supuesto no lo apruebas, y que le das la importancia que merece. Pero lo que yo quiero es que te sientas ofendido, porque tal vez no te hayas dado cuenta del lugar en que os dejan a vosotros en estas comunidades de barbudos hijosdeputa. Sí, sí, a vosotros, a los chicos. Porque a nosotras nos hacen ir tapadas para que no se vea ni un sólo centímetro de nuestro cuerpo, ni siquiera con 40 grados a la sombra. En nosotras la cosificación es muy evidente. Pero ¿y vosotros? ¿crees que estáis mejor considerados? ¿eres consciente de lo que eres para ellos?

Verás, para esos barbudos, tú eres un tio que no puedes ver el tobillo de una mujer sin tener una erección. Tu cabeza para ellos está tan alienada, es tan básica, que sólo puedes tener reacciones primarias, de pre-hombre. Tú eres como esos perros que hacen movimientos pélvicos y se frotan contra unas piernas, un cojín, lo que pillen. Vas jadeando buscando la hembra en celo. Eso eres tú: un salido, y por eso no puedes ver ni un asomo de carne de mujer, porque te excitarías y no podrías contenerte. Yo me tengo que tapar porque tú no te puedes contener, esa es la idea. ¿Te parece repugnante? Pues hay más cosas.

Mira, para esos talibanes, tú eres incapaz de seducir a una mujer, de enamorarla. Por eso te dan derecho a que la compres. Luego, ya casado, se considera que daras a tu esposa tanto asco que tendrás que violarla. Sí, consideras normal darle asco a las mujeres, te parece natural. Pero las autoridades te lo permiten. Te permiten que violes a la mujer. Y que la pegues, o que le eches ácido en la cara. Esos ayatolás te consideran un cobarde y no cuentan contigo. Por eso te permiten que te ensañes con un ser más débil físicamente, y que sueltes ahí tus instintos de poder. Porque te consideran un mierda y ya que vas a querer pegar a las mujeres, prefieren permitírtelo y que se lo agradezcas. Y porque  piensan que necesitas la violencia, la sangre, la bestialidad, y tienes que desahogarla.

El Estado piensa que eres incapaz de tener una relación de amistad con una mujer. No porque ellas no puedan mantener una conversación «a tu altura», ni porque no puedas estar a su lado sin querer follártela, sino porque ellos quieren que tu mundo sea muy reducido. Porque te desprecian, y consideran que tú no necesitas tratar con algo que suponga variedad, puntos de vista diferentes, otros modos de ver la vida.  Y por eso no las verás en un bar solas, por eso no puedes quedar con ellas si no van con sus hermanos, o sus maridos. No te lo permiten porque así te controlan mejor, así os controlan mejor a todos, en vuestros mundos reducidos con los que estáis conformes.

¿Sabes? Las autoridades de esos países piensan que tú, como hombre, serás incapaz de dar una buena educación a tus hijas. Te consideran tan inútil, tan burro, que te creen incapaz de inculcarles algo tan sencillo como lo que en otro país se resolvería con un «aquí, mientras vivas en mi casa, manda tu padre». Y por eso creen que consentirás que les rebanen el clítoris.  Ah, también se han encargado de que no quieras saber lo que es el clítoris.

Esos barbudos consideran que eres incapaz de convencer a nadie, de amar y de ser amado por nadie, de razonar. La autoridad de esos países considera que tú no tienes compasión. Vives como cualquier ser de la naturaleza, eso sí te lo conceden: naces, creces, te reproduces y te mueres. Comes, cagas, meas, bebes, follas, cazas, peleas, como cualquier animal, eso te lo permiten. Pero no piensas, ni amas, ni sientes. Bueno, odiar sí te dejan. Tú eres un objeto, igual que nosotras, sólo que tú tienes el poder doméstico. Y tampoco creas que tienes algún poder político: quizá lo único que nos diferencia es que mientras nosotras lloramos a gritos delante de la cámara, a ti te mandan con el cadáver de tu hijo en los brazos a buscar a un reportero de la CNN. Tú no eres nada, pero te hacen creer que eres algo porque nos ponen tapadas a tu lado. Eso es lo que las autoridades de esos países piensan de los hombres. Eso es lo que piensan de ti, esto no va sólo contra nosotras.

Amigo, no quiero que te solidarices con esas mujeres a las que lapidan por tener un amante. ¡Oféndete, que cuando a mí me tapan, cuando no me dejan salir sola, cuando me prohiben conducir, a ti te humillan! Esas sociedades nos ofenden a todos, no solo a las mujeres. Piensa, chico, y ya te dejo, que vosotros sois para ellos animales. De primera, pero animales. Y luego, todo es una cuestión de grado.

PS: Hay ciertas cosas con las que me niego a dar ni un sólo paso atrás.

Mis sobrinas estuvieron en el Arena

Mis dos sobrinas, de 20 años, estuvieron en el Arena la madrugada del jueves pasado junto con otras seis amigas. Justo antes de que se formara la avalancha, decidieron marcharse porque aquello ya pasaba de lo insoportable. Se preguntaron ¿Derecha o izquierda? y la fortuna quiso que eligieran el pasillo que no fue. Una vez en el hall, notaron cómo cada vez había más gente: el túnel que ellas habían eludido estaba taponado, ya todos sabemos cómo. Decidieron largarse cuanto antes de aquella trampa, aunque tuvieron tiempo para ver la montonera y lo que estaba pasando. Subieron por las escaleras para salir rodeadas por un tumulto, hasta una grada desde donde se veía lo que estaba sucediendo. El sentido común y el ataque de nervios de una de sus amigas las llevó a intentar atajar por una puerta en donde ponía EMERGENCIA bien grande. Uno de la «seguridad», que llevaba pinganillo, se negó a abrirles la puerta. Le gritaron, le dijeron que había gente muriendo abajo, que aquello era una ratonera, pero aquel tipo sólo atendía órdenes de alguien a quien habían dado permiso para forrarse en una noche. Por fin alcanzaron la salida. La policía no estaba en el recinto, sino fuera. Lo mismo que las ambulancias. Y todavía seguía entrando gente. Un puertas le dijo a una de mis sobrinas ¿Pero por qué os vais ahora? y le respondieron: Porque hay gente muriendo ahí dentro. Pero él siguió cortando tickets. Cuando llegaron todas a los coches, aún necesitaron tiempo para llorar, para soltar los nervios, para respirar y calmarse después de lo que habían visto.

De camino a casa, vieron pasar ambulancias hacia el Arena. Se acostaron temiendo la cifra de muertos. Pensando en todos los amigos que estaban allí dentro, alguno de los cuales se salvó después de estar bajo la montonera, como supieron al día siguiente. Porque ellas vieron, sin saber hacer cálculos, cómo aquello tenía muchísimas más personas de las permitidas, cómo no había vigilancia, ni seguridad, ni servicios de orden, cómo las puertas de emergencia estaban cerradas, cómo sacaban a aquella chiquilla muerta, y cómo, tanto la policía municipal, la nacional, los SAMUR, todos los profesionales que están para protegernos y que saben cómo actuar, llegaron después.

Ahora nos toca asistir al desfile de periodistas del hígado sirviéndonos titulares tendenciosos, lágrimas y truculencia, y al espectáculo de políticos peleándose por asomar en la noticia o para pegarle al contrario con ella. También nos distraerán con asuntos menores, y hasta oiremos que lo que hay que hacer es prohibir las fiestas, la diversión y hasta la juventud si les dejan. Se escribirán sesudas reflexiones a cuenta de los valores, las salidas nocturnas, la responsabilidad de los padres y la música diabólica mezclada con alcohol, drogas y hedonismo, como si todo eso fuera de hoy, y no de cualquier generación que aún tenga memoria para recordar que hacía lo mismo ayer. Y pedirán que se hagan nuevas leyes, reglamentos, ordenanzas y regulaciones, cuando ni siquiera son capaces de cumplir y hacer cumplir las que ya existen. Y discutiremos sobre si la bengala fue antes o después, cuando en aquel pasillo, cualquier desmayo, cualquier tropezón podía provocar la catástrofe.

Esto no ha sido una fatalidad, una cornisa que se desprende por un golpe de viento. Y yo me digo que pago demasiados impuestos como para que el control y la seguridad de estas concentraciones masivas se deje en manos de tipos que sólo van a llevarse la pasta rápida. Diez mil personas son muchas personas para perderle la pista a según qué decisiones y para alquilar según qué responsabilidades. Me digo que pago a demasiados cargos públicos para que, de entre todos ellos, ni uno sólo tenga un poco de sentido común y haga, aunque sólo sea por una vez, su trabajo.

Aquí no hay quien viva (ni quien done)

La Fundación Amancio Ortega firmó ayer un convenio de colaboración con Cáritas por el que este señor aportará 20 millones de euros para programas de atención básica hasta finales de 2013. Como es habitual en un país que cada vez se va pareciendo más a una vesícula, ha habido algunos memos que han despreciado e incluso criticado la acción, con esos argumentos de payaso amargado que no se sabe si buscan una extraña piedra filosofal que devuelve con el eco un rebuzno. Estos progres de la memez, que son envidiosos por parte de padre y odiadores por parte de madre, no terminan de enfadarme porque también serían capaces de conmoverme: ellos podrían acabar, como todos, en la cola de un comedor social.

Ayer tuve que leer el siguiente razonamiento matemático: “Que Amancio Ortega done 20 millones de euros es como si yo dono 1 euro”. Por supuesto, querido memo, pero dado que te gusta tanto echar cuentas, convendrás conmigo en que para alcanzar 20 millones de euros se necesitan 20 millones de roñosos que dejen una mierda de donación como la tuya. Y que me perdonen los de Cáritas, que seguro que no le hacen ascos ni a la donación del miserable euro de este mono con 3G, pero también les advierto: cuidado con estos gilipollas, porque igual que demonizan a Ortega, les criticarán por no distribuir democrática e igualitariamente la comida: si un chaval de 40 kilos come un plato de sopa, yo que peso 80 me merezco dos platos, razonará el muy tontainas. Introduzco la palabra “merecer” porque últimamente se usa mucho, especialmente para exigir la wifi en las paradas de autobús.

Otro top es la de los listísimos que se ponen a decirle a Amancio Ortega lo que tiene que hacer con su dinero, e incluso a echar cuentas de a cuánto tocaríamos si lo diera to’ pal pueblo. Y una muy buena es la de los que le critican por tener fábricas y centros de logística fuera de esta patera mal avenida en la que vivimos. Si Lucía Echevarría, por poner el ejemplo de un escritor cualquiera, escribiera directamente en mandarín (es un suponer), su editorial no tendría que andar por todo el Planeta buscando un chino deslocalizado o un pobre inmigrante para traducirla (traducir, no copiar, no tengamos prejuicios con los chinos). No sé si me siguen… O sea, que por lo visto  la globalización es una plaga, y cabe hacer una durísima crítica al negocio editorial, por ejemplo, puesto que promueve la internacionalización de los mercados, algo horrendo que al parecer sólo trae el mal. Un mal perverso que hace que Inditex  dé trabajo a más de 100.000 personas (la mitad en España) y que haya logrado ganar casi 2.000 millones de euros en 2011… después de impuestos con los que, por cierto, se pagan jubilaciones, prestaciones de desempleo y hasta el sueldo de diputado de ese alcalde (¿serán dos sueldos?) que hoy asalta un Mercadona y mañana hará lo mismo con un Zara para, desde la justicia social, regalarle una pashmina a su señora o a cualquier colegui de algarada.

Yo soy donante de Cáritas, y a mucha honra. Creo que, al igual que muchas otras organizaciones, realizan un trabajo muy bueno, y más en un momento tan duro como en el que estamos. Creo, de corazón, que el gesto de Amancio Ortega suma, y suma un montón: 20 millones de euros… en fin, no sé vds, pero yo hay meses que no los gano. Muchas otras empresas, otros empresarios, otros ricos, otros famosos, dedican parte de sus beneficios a donaciones, y tienen programas sociales. De verdad que no consigo entender qué se puede criticar. Se me dirá que tienen exenciones fiscales y es cierto, pero alternativamente también le darían ese dinero al Estado, y prefiero pagar platos de sopa que embajaditas y coches oficiales.  Me dirán que son actos publicitarios y es cierto, pero también se promociona la acción de solidaridad y la organización social receptora, que obtienen notoriedad y un efecto de emulación que también hará aumentar las donaciones. Y por último, miren, cada uno hace con su dinero lo que quiere. O mejor dicho, lo que le deje el Estado…

 Quizá Amancio Ortega no debería haberlo hecho: este país de mierda en el que vivimos no se lo merece. Pero para ser coherente no debo juzgarle, puesto que acabo de criticar que otros lo hagan. Así es que dejaré que opinen los más de 6 millones de personas atendidas por Cáritas el año pasado, que seguramente saben mucho mejor que yo de qué coño estoy hablando.

Tomás Gómez y otros animales

Tomás Gómez Franco, más conocido como Tomás Gómez, es un individuo que nació en el año 1968. Así es que cuando murió Franco (el General, no su abuelo materno, también qué mala coincidencia para un tío tan progresista), él debía tener 8 añitos, lo cual no le impide recordar perfectamente aquellos años de opresión y considerarse un activo luchador contra la dictadura. Yo supongo que él, a esa edad, jugaría con pistolas, pero se lo vamos a perdonar: yo jugaba con muñecas, así es que estamos empatados en cuanto a educación sexista y maniquea…

Así es que este tal Tomás, político de claro recorrido uniprovincial, que siempre va muy preparado, dijo ayer en la Asamblea de Madrid de pronto, y mientras se discutía sobre recortes, que los abuelos de los actuales diputados del PP «robaron la infancia» a millones de españoles a los que hoy, ya pensionistas, además les «roban su jubilación». Luego dejó a todo el mundo con la palabra en la boca y se fue a la campaña de las elecciones gallegas. Para mí que se confundió de discurso, porque ese disparate es más propio de un mitin (en donde ya se sabe que sólo van los borregos y no a escuchar, sino a aplaudir), que de un parlamento, aunque sea giliautonómico. No es, sin embargo, un buen argumento para la barra de un bar, porque siempre se puede cruzar la frasecita con algún ruso, polaco o rumano que te saque del bar a bofetones…

En la radio, esta mañana, se distraían sacando a pasear a los abuelos y padres de destacados socialistas, reputados franquistas por no buscar otras cositas peores y más cercanas en el tiempo. Pero yo no creo que haya que hacer eso: de lo que haya sido o hecho el abuelo o el padre de cada uno habrá que hacer responsable en todo caso al abuelo o al padre de cada uno. Por ejemplo, el padre de Maru Menéndez, número 2 de Tomás Gómez, ya cumplió unos años en prisión por el 23F: ya ha pagado por ello, y sería muy injusto estigmatizar a su hija (este era uno de los ejemplos que se ponían).  Y no sólo eso, es que me parece a mí que haber sido un alto funcionario en los 50 ó 60, o un juez, o un capitán de navío, qué se yo, no le hace culpable a nadie de nada.

Lo único que cabe decir es que Tomás Gómez es que está loco, porque ¿a quién le sirve lo que dice, en el fondo y en la forma, y para qué? Sólo con que se hiciera esa pregunta seriamente, no lo volvería a decir más. Desde luego, si es así como quiere saltar a la política nacional, a base de acusar a bulto a los abuelos de los demás y fingiendo un rencor impostado (no es posible que se crea esas imbecilidades que dice), lo mejor que podría hacer este gobierno es darle un trabajo de cónsul honorario en Camberra, para que se distraiga con los ancestros de los australianos, que no parecen moco de pavo.

Y además, total, por uno más que pongan a dedo por ahí tampoco va a pasar nada…

Barça-Madrid, qué horror

Por lo visto quieren convertir el Barça-Real Madrid en un acontecimiento político. No es la primera vez, desde luego.

Me parece una imprudencia.Ya hay demasiado chalado en el fútbol como para poner más burra a la gente.

Me parece una estrategia muy imbécil por parte del Barça. Su imagen de club con valores bondadosos y tan beatífico, amigo de los niños y de los animales, ay, la Unicef, se va a resentir. Allá ellos, pero son más tontos de lo que creía.

Me parece un subterfugio para que los catalanes se sigan olvidando de adónde les han llevado los nacionalistas (los que estaban con Montilla y estos tontos del bote). Y para seguir encabronándonos al resto. Y seguir tensando la cuerda, como si ellos no estuvieran al otro lado. Cuánta estupidez.

Me parece que sitúa al nacionalismo exactamente en el lugar que le corresponde: el folclore. No hay racionalidad en la ideología nacionalista. Todo está basado en las tripas, en las vísceras, en la tribu, todo es muy rancio y cavernícola.

Pero sobre todo, me fastidia mucho porque a mí me gusta el fútbol.

Esto es todo lo que puede ofrecer el cretino de Mas, esa esfinge y el nacionalismo, esa ideología para indigentes mentales: joder un clásico del fútbol. Qué gentuza, por dios, qué gentuza.

 

11 de septiembre

El 11 de septiembre, en Cataluña celebran su fiesta autonómica. Han elegido como fecha el recuerdo de una derrota, que no deja de ser un síntoma. Por mí, como si celebran el cumpleaños de Mortadelo. A estas alturas de la película ya nos conocemos todos y lo de los nacionalistas catalanes es como lo de los futbolistas, que dicen que ya no son felices y lo único que buscan es que les suban un poco la ficha.

Yo no sé vds, pero yo estoy harta de estos plastas. Estoy cansada de esa melancolía, de ese lloriqueo, de esa queja permanente, de lo pesados que son. Me aburren. Me aburre su hipocresía y esa cantinela mentirosa de que ellos pagan todo, como si por allí no hubiera pobres. Agotan, y si agotarme era su estrategia, yo me rindo.

Yo pienso que desde los romanos, ya ha llovido. Los países han nacido y se han deshecho por guerras, por acuerdos y hasta por matrimonios. ¿Y qué pasa por separarse?  ¿Y qué si se van? No está escrito en ningún sitio que tengamos que seguir unidos para siempre jamás. Más se perdió en Cuba… No entiendo la resistencia de los sucesivos gobiernos a hacer un referéndum sobre la independencia en Cataluña. No se por qué es mejor seguir discutiendo por encuestas y medir las cosas por el espacio que ocupan en la calle cuatro mataos. O cuatrocientos. O cuatro mil, me da igual. ¿Qué problema hay en hacer un referéndum y salimos todos de dudas? Si sale SI, se hace un calendario de separación y ya está, tan amigos, que tampoco es un drama. Mira, si en el fondo nos interesa: así el resto de españoles tendríamos 42.000 millones menos de deuda. En cuanto al NO, tendría que llevar una condición: que si sale, los nazionalistas se callen de una vez y dejen de dar el coñazo (esta es una oferta imbatible para que los no nacionalistas se animen a votar, creo yo).

Decía Felipe González que en caso de referéndum por la independencia de Cataluña, el riesgo era que saliera que sí en el resto de España. Pues que no nos pregunten, y eliminamos riesgos. Aunque sin quitarle la razón, yo creo que en cuanto anunciaran el referendum, todos esos “patriotas de aldea” se volverían muy españoles de pronto, por no perder el chollo de la queja. Y sobre todo, el chollo de ser españoles de primera, y no unos catalanes más, normales y corrientes.

Si así lo quieren, que se queden con su país, con sus lamentos y con su dinero. Y también que se queden con su derrota, que a al resto no nos sirve para nada.

Medidas impopulares

Rajoy nos anuncia medidas impopulares y luego dice que no tiene más remedio. Pobre, la mala cara que se le está poniendo y lo que sufre. Pero yo he llegado a la conclusión de que este hombre preside un gobierno de psicópatas masoquistas, porque si no, no se explica.

Rajoy puede tomar mañana mismo medidas muy populares si quiere. A ver, si Aznar ahora está cobrando 74.580 euros como expresidente, desde mañana mismo se le pone 0 euros, que para eso ya está en la privada. A Aznar y a los tropocientos mil aznares que tenemos en España, porque ex ya vamos teniendo muchos. Si hoy hay 72 televisiones públicas mañana hay 4. Si hoy se les ha reducido la subvención a los partidos y a los sindicatos un 20%, mañana se les deja con un 10% para que puedan pagar al conserje, que es el único que me da algo de pena. Dado que hay que esperar a las elecciones para eliminar diputados y concejales, se les pone el sueldo a 0 a los que sobren (le propongo un 60%), y que el resto se reparta lo que queda. Y al que no le convenga, que se vaya a su casa y así deja de inventarse leyes idiotas. El 80% del parque movil de coches ni se moleste a sacarlos a subasta: los deja en una campa con las llaves y los papeles y que lo coja quien quiera para lo que quiera. Los traductores del senado, que nos cuestan 170 millones, los quita y el que quiera chapurrear en otro idioma que se entienda por señas. Las 166 embajaditas de las giliautonomías mañana mismo se quedan en 0 (cero), y el personal, si quiere volver, que se pague su billete.  ¿Sigo?

Me dirá que no puede cambiar la ley. ¿Cómo que no? ¿Y por qué sí puede usar el BOE para, por ejemplo, extender a los familiares del lendakari y sus consejeros una pensión, con efecto inmediato (click a su izquierda)? Tiene el BOE, pues que haga cositas populares. Que yo sepa, no se tiene que poner de acuerdo con nadie, porque para eso tiene mayoría absoluta. Y si es un poco inconstitucional tampoco pasa nada porque ya ven, este año incumpliremos la constitución en algo más del 6% si todo va bien. Y es que como me dijo un día @bich75, en España la única ley que de verdad se cumple es la del embudo…

Me dirá que es el chocolate del loro. Es posible. Pero es que 450.000 loros son muchos loros.

Lo que creo que de verdad es impopular para Rajoy es acabar con esa clac política que hoy supone algo peor que una plaga de langostas. Todo porque cree que esa casta le puede poner en la acera. Sin embargo, aún está a tiempo de decidir si le pone ahí su partido o le ponemos los españoles, porque hoy está muerto políticamente. Ah, y también puede todavía decidir si, por el camino, en vez de que le sustituya un tecnócrata a lo Monti, se arriesga a que el sustituto sea uno verdaderamente muy popular con un sable en la mano. Un sable de esos que se usan para desplumar loros. Así, de un tajo.

La Eurocopa 2012

Dos días llevo pensando cómo titular este post de forma original y nada, no se me ocurre nada. La Eurocopa empezó ayer, España debuta mañana, y yo todavía sin titular. Así es que quédense con este título soso y vamos allá, que a este paso llegamos a la final y no he escrito nada sobre esto. Lo más probable es que no tengan que soportarlo hasta el 1 de julio, porque lo normal es que España sea eliminada antes de la final. Así ha sido siempre, aunque en el último lustro nos hayan «malacostumbrado».

Yo noto un cierto ambiente de desapego este año, demasiada tranquilidad informativa por el momento. No sé si es efecto de esta crisis tan cansina, que nos tiene a todos entre deprimidos y enfadados, o es que en el fútbol todavía circulamos por la Tierra con ese aire de nuevo rico con ínfulas que nos dan los éxitos de estos últimos años. Pero para mí que falta ilusión, que se nos ha perdido entre tanto ajuste, tanto rescate, tanta intervención y tanto mangoneo.

La primera vez que fui a Marruecos por motivos de trabajo, mi acompañante, un francés tristemente fallecido, me hizo un comentario que me dejó pensativa: este país depende de que llueva, me dijo, ésa es la clave de la prosperidad de la mayoría. Es decir, la economía de las familias dependía del cielo, en el más estricto sentido del término. Cuando España era un país agrícola y no un país de servicios, como ahora, nosotros también dependíamos del cielo. Rajoy les dijo el otro día a los futbolistas que el triunfo en la Eurocopa sería un subidón para los españoles. Es triste decirlo, pero es así. Necesitamos un golpe de alegría, un poco de euforia que nos desembarace de este ambiente enfurruñado y melancólico que nos ha traído no tanto el fondo de la situación como esa política de comunicación tristona y abandonada que no llama a nuestro heroísmo sino a nuestra resignación, que es lo que más les conviene por otra parte. No se trata de abandonarse al nuevo opio, porque las dificultades individuales van a seguir estando ahí cada mañana. Pero como poco podremos evitar que nos aterren y nos amarguen el día dos agencias de calificación, tres políticos verborreicos y cuatro tertulianos ignorantes. Eso es muchísimo. Treinta y tantos años de democracia y aquí andamos, dependiendo poco más que del cielo…

En fin, vamos a divertirnos, que al menos el objetivo de estos chicos por ganar el campeonato coincide con el del resto de españoles. No esperen análisis sesudos sobre el juego ni nada parecido, que ya me conocen. Y menos una crítica a Don Vicente del Bosque, faltaría más. Y si me sirve para que me deje de costar un mundo escribir cuatro párrafos mañana, yo, por lo menos, ya habré ganado algo.

El banco y la pastelería

Un banco no es una pastelería. Yo lo sé seguro porque mi abuelo tenía una, y en las épocas de mucho público en las que bajaba toda la familia a echar una mano, a mi padre, que trabajaba en el Banco Hispano, le ponía mi abuelo a despachar bocaditos de nata, que es lo más sencillo de hacer porque se venden por unidades y son inconfundibles.  Aunque un banco tiene también épocas de mucho trabajo, nunca se dio el caso en que mi abuelo tuviera que ir a ayudar a mi padre, pero yo supongo que éste le hubiera encargado, como mucho, vigilar la trituradora de papel.

Yo siempre he pensado que una Caja de Ahorros es como un banco, pero me temo que sus dirigentes las han confundido con una pastelería. Y si ya es difícil montar la nata, hilar el huevo o subir el hojaldre, figúrense vds lo que debe ser administrar depósitos y conceder créditos. Pero ahí los tienen, casi 200 políticos sin ningún tipo de experiencia bancaria, sentados en los consejos de administración de las Cajas de Ahorros como si estuvieran sentados en un tendido de la plaza de toros de su pueblo, con el puro, el whisky y el traje de rayas de los domingos. El pañuelo blanco en el bolsillo superior de la chaqueta que no falte, por si toca pedir la oreja, que viene a ser como conceder el creditón-cerdito con el que construir alguna promoción inmobiliaria.

Alcaldes que se tienen que desenroscar la boina y limpiarse los zapatos llenos de bosta de vaca; eurodiputados que acaban de bajarse del avión que les trae de Bruselas después de discutir sobre cualquier tontería de las que se discute en Bruselas; concejales de capital de provincia, incluida Madrid, que solo saben subir impuestos y reparar aceras; sindicalistas que cambian la chaqueta de pana por otra de alpaca de primera calidad; dirigentes de partidos con el único mérito de la verborrea; todos sin ningún oficio ni experiencia bancaria, dilucidan qué hacer con un dinero que, a falta de accionistas, no es de nadie. Y el verdadero problema no es lo que cobran, sino lo que estorban y lo que rompen. Si les hubieran pagado por quedarse en su casa, esa hubiera sido la mejor inversión que habrían hecho, créanme.

Rato es el invitado estelar de los fuegos artificiales en los se ha convertido un sistema completamente desquiciado por Comunidades Autónomas y entes locales.  El agujero en el que nos han metido políticos profesionales jugando a banqueros aficionados es de cuidado. Mucho mayor del que podía provocar mi padre en la pastelería de mi abuelo, que no dejaba que nadie sin oficio se acercara, en aquel obrador, ni siquiera al agujero del roscón. Aunque sólo fuera para decorarlo.