Ovulos congelados

Debo decir que al principio no entendí la noticia. Es lo que tienen los titulares, que son demasiado cortos. Luego ya, cuando me detuve a leer me costó volver a ponerme en marcha porque me quedé perpleja. Y es que resulta que Apple y Facebook han decidido costear la congelación de ovulos a las mujeres que trabajen en sus empresas para que lo de tener niños no incordie su carrera profesional.

Qué modernos. De verdad, qué modernos. Si fueran una empresa de Albacete le darían a las empleadas una caja de condones, pero en Silicon Valey, un sitio tan comprometido con la tecnología y con lo virtual, gente creativa donde la haya, han debido de pensar que lo moderno es esto, y no paridas como la conciliación, la naturalidad, el ejemplo, o la sencilla valoración del mérito sin más.

Pero no malinterpreten el asunto, por favor, que hablamos de empresas punteras y modernas. No es “¿Quieres tener un niño, bonita? Pues mira, o te esperas unos diez años o te va a ascender tu puta madre”. No, no. Ellos han ideado la forma de compendiar, unificar, integrar el futuro profesional y familiar de las mujeres. Y así, en vez de que la muchacha tenga que esperar a ser abuela para llegar a directora, lo que tendrá que hacer es esperar a ser directora para llegar a ser madre, lo cual tiene pinta de ser un salto generacional virtual con freno y marcha atrás.

Lo que más mola de todo es la forma de presentar las cosas, no sé si los de Facebook y Apple o los periódicos. Podrían haber titulado “O niños o ascenso“, pero no: pagan la congelación de óvulos para retener el talento. Hombre, yo lo que creo es que lo que pretenden es retener al niño, mayormente por la vía de retener las ganas de tenerlos. Ya puestos, me figuro que además de congelar ovarios les costearán también el psicólogo, a ver si se van a quedar embarazadas virtualmente y tenemos un lío. Y por otra parte, también supongo que habrán previsto cubrir otras eventualidades, por ejemplo, el caso de un empleado con potencial que se quede viudo con un par de hijos a su cargo. En este caso, me malicio que la solución pasará por descongelar a la abuela…

En fin, amigos, si yo trabajara en una de esas empresas saldría de allí corriendo y no pararía hasta llegar a Alaska. Allí sólo correría riesgo de congelarme la nariz: al menos los óvulos estarían a buen resguardo, con su temperatura al natural ambiente.

Emoticonos (reloaded)

Después de mi post del otro día sobre EL ODIO A LOS EMOTICONOS, reconozco que empiezo a encontrarle la gracia a esta tontería de los “moñecos”.

Vean si no lo majos que son mis amigos del Cub de Lectura.

Chat CL Emoticonos unmundoparacurra

 

También he de decir que hay algunos que sólo necesitan que les pongan la muleta delante…

chat pater

… y algunas que optan por irse al medio público a tirarme de la lengua…

Emoticonos Anijol tw

En fin, supongo que se les pasará. Pero yo vuelvo a mirar el estado en el que ha quedado el post, y sufro mucho.

Emoticonos

Los odio. Cada día que pasa los odio más. 👿

Y tal vez se pregunten ustedes por qué los odio. ¿Se lo preguntan? ❓ ¿Les sorprende? 😮

Yo no creo que sea imposible transmitir ironía, o coña marinera, o enfado en el medio escrito. No acabo de entender por qué los usamos a veces, cuando ya la frase en sí misma lleva el tono adecuado. Es posible que a veces tengamos que reforzar algo para evitar malos entendidos, pero incluso en ese caso se puede prescindir de ellos, me parece a mí (¡con lo bonitas que son algunas onomatopeyas!). Puedo entender bien que a veces se envíe el emoticono solo, aunque me vale con estos dos: 🙂 y 😉 ¿Pero el resto? El resto me sobra.

Diría más: El puñetero Emoji de los móviles es el mal. No estoy segura de si sirve para expresarse o para medir el grado de oligofrenia de algunos, francamente.

Los emoticonos me parecen la mitad de las veces inútiles, y la otra mitad redundantes. Por lo general son cursilísimos, y como medio de expresión, en un alto porcentaje tienen un aspecto bastante infatiloide. Pero en fin, forman parte de nuestra vida. No podemos dejar de lado que cada vez usamos más la mensajería, y que eso nos obliga a resumir las frases. Pero es que a base de resumir las frases, yo creo que algunos tienen resumido el cerebro.

¿Me pueden por favor explicar qué coño aportan a una frase estos emoticonos? o_O, 8-), ó =^-^=. Hay un emoticono que me pone especialmente de los nervios y es ese de la carita que da un besito, o el que tiene corazones en los ojos. Normalmente te los envían de cuatro en cuatro. No lo tengo, pero es algo así: ❤ ❤ ❤ ❤  ¿Cuál es el emoticono de “me pota”? ¿Este ➡ ? Y ya el de la bailaora no sé qué coño me quieren decir. Supongo que están contentos y que bailan de alegría. Pero pregunto: ¿No sería mejor escribir “olé, qué de alegrías me das, mi arma“. Me parece mucho más original, francamente. Bueno, en general, el mundo sin emoticonos ya me parece en sí mismo más original.

En fin, sólo encuentro tres posibles explicaciones para tanto emoticono (siempre son tres). La primera es que tienen un movil nuevo y han encontrado la manera de poner emoticonos y hala. La segunda es que les gusta, les parecen bonitos. Y la tercera me la callo, que esto lo lee gente que me escribe por wasap.

Bueno, venga. No se enfaden conmigo :roll:. Y ahora les espero en los comentarios. Será un festival, seguro que no me decepcionan. Si acaso, tomen, un regalito 🐻

 

(miro cómo ha quedado el post. Sufro mucho)

 

Cada mochuelo a su olivo

mochuelo-europeo_1227634321Eso es más o menos lo que nos viene a pasar cuando llega septiembre: que cada mochuelo vuelve a su olivo. Se terminan las vacaciones y la diáspora en la que se ha convertido tu vida social durante el mes de agosto se disipa, se contrae y se reconcentra, hasta que volvemos cada uno a nuestra casa y ya podemos volver a marcar los números fijos de teléfono.

Cada mochuelo a su olivo. Me encanta la expresión. Mi madre lo dice mucho, y lo acompaña de un chasquido de lengua que lo mismo le podría servir para animar a una burra a trotar. ¡Hala, cada mochuelo a su olivo, tchlac!, y se acabó la fiesta, cada uno a su casa. ¡Arrea, Francisca, tchlac!, y la burra Francisca se pone al trote. Muy poético, ya digo. Salvo que mi madre nunca ha tenido una burra que se llamara Francisca. Bueno, mi madre, hasta dónde yo sé, nunca ha tenido una burra, ni que se llamara Francisca ni ningún otro nombre de contundencia similar o de diferente grado.

Yo no sé de dónde vendrá la expresión de los mochuelos. He consultado un libro de aves que era de mi padre para ver si venía algo sobre su placentera vida en las ramas de los olivos, pero no he encontrado nada sobre el hábitat de los mochuelos, más allá de que viven un poco en todas partes. Yo esperaba encontrar algo como:

Mochuelo común: Ave rapaz nocturna parecida a la lechuza que habita preferentemente en las ramas de los olivos, en los que anidan desarrollando un tremendo instinto territorial hasta el punto de que cada uno tiene el suyo y vive en él desde su nacimiento hasta su muerte. Una vez el óbito del mochuelo propietario es efectivo y tras consulta testamentaria con el mochuelo notario, el olivo es legado al  polluelo primogénito si lo hubiere y si no al que hubiere, quien puede a su vez vender, alquilar o pignorar el susodicho olivo, suceso que ocurre con relativa poca frecuencia debido a que el polluelo de mochuelo, una vez alcanzada la edad adulta, se va a vivir a su propio olivo.

mochuelo pescadorY no. Lo máximo que he encontrado es que comen ratones, cangrejos y hasta ranas, y que la variedad de mochuelo pescador tiene cejas y cara de fuerte instinto territorial, de olivo o de lo que se tercie. En realidad era de esperar, porque el libro es más un libro de fotos con pequeñas reseñas de aves. Y por otra parte, tiene ya tantos años que a buen seguro que todos los pájaros fotografiados están ya en el reino de los cielos… pero, bueno, esto último es irrelevante, porque aunque el libro sea antiguo, supongo que ni los mochuelos ni las cacatúas habrán evolucionado mucho en los últimos cincuenta años, que es más o menos la edad que debe tener el libro en cuestión.  

Ahora que lo pienso, las cacatúas sí se han actualizado… Ah, no, espera, que eso es para otro post.

En fin, que cada mochuelo a su olivo se podría convertir en cada mochuelo a su pino, o a su alcornoque, o a su abeto, o a su algarrobo, o a su ___________________ (espacio para rellenar con el árbol de su preferencia). ¿Por qué olivo? He mirado en el Correas y en otro librito que tengo por casa y no he encontrado una explicación, así es que supongo que simplemente se dice lo del olivo porque cumple la función poética del lenguaje. Acepto otras explicaciones, desde luego, pero para ser éste el primer post de después de las vacaciones, les pido misericordia por anticipado.

Otra expresión con mochuelos de protagonistas es la de “caerte el mochuelo“. Digamos que va todo junto: la vuelta al trabajo tiene estas cosas. Pero en fin, no se estresen si leen esto y siguen de vacaciones todavía. En realidad, que llegue septiembre carece de importancia: de aquí a nada estamos en Navidad. 

 

 

El BOE de la risa

Quizá lo hayan visto o leído ya. Se trata de este anuncio del BOE que ven abajo. Lean, lean.

Disparate BOE Defensa

Esquema boeEste disparate (que es real) ha circulado por la red estos días. Leyéndolo, uno puede pensar dos cosas. La primera es que han hecho un copia pega pero con varios pegas. Y la segunda, que el anuncio tiene todo el sentido del mundo, simplemente hay que invertir algo de tiempo en averiguarlo.

Y yo lo he invertido. Eso sí: he tenido que hacerme un pequeño esquema como el que ven a su derecha que no les aconsejo que miren mucho porque es un follón y está muy sucio.

Ha sido muy entretenido. Mucho mejor que hacer un crucigrama, dónde va a parar. Me he sentido un poco como Miss Marple, aunque la imagen de ir buscando el BOE anterior se parece más al cuento de Pulgarcito y sus miguitas de pan, con el señor secretario de la Junta de contratación en el papel de ogro.

Pero en fin, ya que me he tomado la molestia de leerme cinco Boletines Oficiales para entender algo, les voy a confiar mis averiguaciones. Resulta que la junta de contratación del ministerio de Defensa hace una licitación para el acuerdo marco del servicio de operador logístico en noviembre de 2013 (CLICK). Luego hay una modificación el 16 de diciembre de este  primer anuncio (CLICK). Hasta ahí, todo normal. Luego, el 7 de enero, se modifican tanto el anuncio original como la modificación (CLICK) y ya empieza el trabalenguas. Después, el 22 de enero se modifica la última modificación (CLICK) y ya para entonces el asunto es incomprensible. Y finalmente, el 18 de Junio, se vuelve a modificar la modificación anterior (CLICK) y ya tenemos a Groucho Marx en estado puro. Y de momento, no hay más modificaciones, pero oigan, vale la pena seguirle la pista a esta licitación, porque es divertidísima.

Lo que es seguro es que la licitación no se ha concedido todavía. Y lo que es probable es que, con esta forma de redactar los anuncios, no se conceda nunca…

 

 

Tuiterland y la tensión competitiva

@MeryValver: Tensión competitiva OFF (foto de Neobrufén 600 mg)

@RocíoGlezMtez: Dame. Dos. O diez.

@MeryValver: ¡Y un Orfidal, que necesitamos dormir!

@RocíoGlezMtez:  yo me voy a hacer un cóctel… de lo que haya.

@MeryValver: Con un chorrico vodka.

@RocíoGlezMtez: Te lo cambio por bourbon que no tengo vodka, pero lo necesito así… ¡Qué nervios todo el día, qué dolor de cabeza!

@MeryValver: ¿Te das cuenta de la mala vida que llevamos por culpa del Madrid?

@RocíoGlezMtez: Nos tenía que becar el club o algo. Si esto no es amor…

@MeryValver: Endeluego que sí.

@RocíoGlezMtez: La semana que viene empezamos tres días antes con Diazepam…

@C_Jimenez10. ME DESLOLO.

@MeryValver: No te rías.

@RocíoGlezMtez: Pero si no hacemos más que DESUFRÍ hasta que ganamos una final. ¡Y sufrimos resaca al día siguiente!

@MeryValver: Eso es verdad: que llevo una semana sin dormir desde la final!! Hoy ya he ido a trompicones! Y tanoche me veo igual.

@RocíoGlezMtez: Somos un Pulp fiction madridista…

 

Tuiterland, tras la batalla… Y eso que sólo ganamos 1-0.

El pasajero mágico

M-30, tres y media de la tarde. Sobre la M-30, y en deferencia a mi lector filipino, aclaro que se trata de la carretera de circunvalación de Madrid. También se llama Calle 30, pero ése es un nombre que sólo utiliza la señorita de la radio que está en las dependencias de tráfico para informar sobre los atascos de la mañana, que casi siempre son los mismos. Los atascos en Madrid no son redundantes, sino reiterativos. Excepto cuando hay una manifestación, o un accidente, o una avería, que en ese caso es un atasco inesperado. Inesperado y con costes de adaptación, como todo lo inesperado.

Pero a lo que iba: M-30, tres y media de la tarde. Lo de las tres y media lo pongo para que se hagan a la idea de que estábamos a plena luz del día. Voy con mi coche tan tranquila hacia la oficina y, de pronto, miro por el retrovisor y me encuentro con un tipo con barba sentado en el asiento trasero. Un susto.

– ¡Ah!

He descartado, como es natural, a la chica de la curva porque los testimonios que hablan de ella, que son tantos como amigos con familiares tenemos, dicen que es mujer, joven, está haciendo autoestop y se sube al coche después de que tú pares voluntariamente a recogerla. Y yo a ese tipo no lo he subido al coche, al menos no conscientemente.

Por supuesto, he pensado en un secuestro. O un rapto. Un rapto de locura del hombre, quiero decir, que yo no estoy ya para tonterías. Porque hay que estar loco para subirse a un coche no ya sin avisar, sino sobre todo sin saber a dónde voy. ¿Y si no le viene bien mi destino? Ah, el destino, qué nos deparará el destino, especialmente cuando nos montamos en el coche de una desconocida.

Intrigada, he preguntado: “Oiga, ¿Quién es vd, qué hace en mi coche y qué quiere de mí?“. Le he hecho tres preguntas en una por si acaso las preguntas tienen alguna tasa, que yo no estoy al corriente de todos los elementos fiscales de la vida, que son muchos y muy variados. Pero el hombre no ha respondido. Me miraba fijamente a través del retrovisor, mudo, concentrado, y muy serio. Por el rabillo del ojo le veía mover los labios pero yo no podía oirle, así es que he aceptado seguir viviendo sin saber qué decía.

Entonces se  ha despejado ligeramente la carretera y he aprovechado para echar un rápido vistazo al asiento trasero. Allí no había nadie. Y sin embargo, según mi retrovisor, ese hombre con barba venía conmigo en el coche. Pero… había algo raro en la imagen. Se veía algo rojo en la parte inferior del retrovisor… Considerando algún extraño efecto óptico, he acelerado. Y entonces se ha abierto el cuadro. La cara del hombre se ha alejado y ha aparecido, rodeando su cuerpo, un Citroën. He levantado el pie del acelerador y el hombre ha vuelto a instalarse en el coche.

¡Magia! ¡El retrovisor de mi coche es mágico!

Me ha parecido tan divertido que he decidido llevarle conmigo los dos kilómetros que me quedaban de camino. E incluso hemos hecho dos cambios de carril juntos, aunque durante el cambio ha querido venirse al asiento del copiloto, algo que me ha parecido una insolencia, y que naturalmente, no he querido consentir.  Era poco gentil el tipo, no crean, porque pretendía hacer el cambio antes que yo. Y no: las damas, primero, que cualquier otra cosa es de muy mal tono.

Ya al final, también he podido verle las manos, con las que gesticulaba un poco, aunque más bien daba la impresión de que tenía una mosca delante de su cara y quería alejarla…

 

 

Cómo destrozar una canción

Desde aquello de Barceloooona, de Montserrat Caballé y Freddy Mercury, no había visto yo un despropósito parecido. Igual que con Florence Foster Jenkins, te puedes llegar a echar unas risas.

La chanson des vieux amants, de Jacques Brel, es una de las canciones de amor más bonitas que conozco. Un hombre le declara su amor a su mujer, después de veinte años juntos, y repasa su vida. En la voz de Brel es una maravilla, y he escuchado alguna que otra adaptación, más o menos afortunada. Pero esto con lo que me topé el otro día es un despropósito.

Primero el original, para el que no conozca la canción:

Y ahora, el crimen. Aparte de que la mezcla de voces y estilos es como echarle ketchup a unas cocochas, el posicionamiento Pimpinella de los artistas no procede en absoluto. Es realmente espeluznante.

Llega la Navidad

¿Y cuándo hay que empezar a quererse mucho?

Lo digo porque los síntomas de la Navidad ya están por todas partes, aunque ya nos están rondando desde la semana pasada. Tampoco son demasiados síntomas, aunque eso sí, todos son espeluznantes. Empezando por una iluminación a medio camino entre la sopa Juliana y el chisgarabís, y terminando por esos reportajes televisivos en los que podríamos poner el mute a la tele y recitar en voz alta la frase exacta que están diciendo en ese momento, como en un karaoke alienado. Pasando, claro está, por las insufribles comidas y las cenas de empresa obligatorias, o por esa especie de spam moñas tan molesto en el que viajan unos abominables christmas electrónicos.

Pero sin duda lo peor es ese ambiente tan conmovedor en el que todos nos empezamos a querer muchísimo. Amor a raudales. Solidaridad súbita. Deseos desenfrenados de felicidad. Te deseo mucha felicidad, decimos mecánicamente,  como un máquina de vending, su tabaco, gracias, en la versión temblorosa: que seas feliz, mientras con el gesto decimos solemnemente te amo.

Qué pesadez.

Yo les voy a decir lo que es realmente diciembre: un mes larguísimo en el que las vacaciones liberan poco, teniendo en cuenta ese estado de deambulación catatónica que convierte a los paseantes y conductores de la ciudad en auténticos estorbos.

En fin, para que el post no se les haga demasiado ácido en un mes en el que tendemos a que se nos caigan los dientes con tanta azúcar, les dejo un vídeo para que se distraigan un rato…

Y esa luz cegadora…

– ¿La salida de la crisis, por favor?

– Sí, a ver. Siga de frente y la encontrará vd al salir del túnel.

– Ah, sí, ya veo. Debe de ser ahí, ¿no?, donde está esa lucecita.

– No, esa lucecita es la calva del Sr. Montoro, que está en una curva agachado con un candil, buscando no sé qué y enredando.

– Bueno, pero me puede servir de referencia, quizá.

– No lo creo, porque el señor Montoro ya viene de vuelta y además se ha dejado el mapa en el coche oficial. Vd hágame caso y siga por el túnel. Vaya despacito, no sea que se vaya a tropezar o escurrir, porque hay tramos muy oscuros, y el suelo está lleno de pegamento y de inmundicias que van dejado los administradores del túnel. Ah, y una cosa: cuando se cruce con Montoro, aproveche que él tiene un candil y acelere, no sea que le quite a vd. los zapatos o algo.

– Muy bien, pues le haré caso. ¿Y sabe si está muy lejos la salida del túnel?

– Pues no sabría decirle, porque por aquí no ha vuelto nadie a decirme nada. Yo diría que tiene para un rato largo, aunque también dependerá de lo rápido que pueda vd ir, o sea, de su propio estado de forma y del peso que lleve a cuestas. Un primo mío alemán me contó que según se va acercando a la salida, se respira mejor. Pero vamos, yo en realidad no lo sé, tampoco le quiero engañar.

– Ya, comprendo. Bueno pues muchas gracias. Fíjese lo que son las cosas, que yo me hubiera fiado de la luz…

– Huy, no se fíe vd de que va a ver una luz siempre a la salida de un túnel. Piense que puede ser de noche. Vd notará que ha salido del túnel por cómo respira, por la amplitud del horizonte, por la alegría de la gente y porque habrá menos pegamento en el suelo. No se fíe de la luz, hágame caso. Tenga vd además en cuenta que vamos para el invierno, y las noches son más largas. Y por otra parte, nada le garantiza que las farolas de la salida estén encendidas. A veces las apagan los dioses por si se confunde algún idiota y se queda parado en medio de la salida, estorbando…