Recuérdame que te enamore

Un hombre “Recuérdame que te enamore” es un tipo de hombre que, más allá de ser o no atractivo, se cree atractivo entre las mujeres. Lo que viene siendo un galán pero con plena afectación del afectado, lo que podría parecer una redundancia pero que no lo es después de todo.

No sabría decir si se lo inventó mi hermana o ya estaba inventado cuando me lo soltó un día, después de contarme un diálogo desternillante entre Caperucita y el lobo que se podría trasponer perfectamente a un tipo “recuérdame que te enamore”. Este diálogo debe leerse impostando mucho la voz, engolándola en el caso del lobo e infantilizándola en el caso de Caperucita:

– Muñeca, ¿Te vienes conmigo detrás de los matorrales?

– ¡A mi mamá no le gustaría!

– A tu mamá le encantó…»

Pues bien ¿Cuál es el arquetipo de un Recuérdame que te enamore? Pues un George Clooney, por ejemplo, y aunque le pegue más la frase “No te importe desmayarte que alguien te recogerá del suelo”, la mirada y la forma de actuar cuando no está rodando hacen de él el perfecto Recuérdame que te enamore. Y en el caso de George Clooney esto se entiende pero en otros no tanto.

Porque la característica principal de un Recuérdame que te enamore no es que el tipo sea guapo, sino que se crea arrebatador. Se le distingue muy fácilmente. Un Recuérdame que te enamore no te da dos besos, sino uno sólo dejando que sus finos labios se posen en el medio justo de tu mejilla. Sus besos valen oro, y por eso no los desperdicia en el aire sino que se asegura de que le lleguen a la destinataria. Recuérdame que te enamore te agarra de la cintura – bien agarrada – para darte su beso en la mejilla y una vez depositado ese beso de oro, baja un poco la cabeza para poderte enseñar el blanco de sus ojos, mientras deja una ceja ligeramente más alta que la otra para susurrar, a un palmo de tu cara, “¿Dónde quieres que te lleve a comer, guapísima?”. Luego pagaremos a medias, pero Recuérdame que te enamore te lleva. Y vamos andando, pero él te lleva.

Recuérdame que te enamore es ese que al abrirse el ascensor a las nueve de la mañana te larga una sonrisa profidén incongruente a esas horas y en ese sitio. Un día me va a pillar espabilada y le voy a decir “oye, que me enamores”. Y a ver qué pasa.

Y también ganaron esta Eurocopa

Supongo que muchos de vds conocerán actitudes parecidas a la de mi sobrino de 16 años. Cuando empezó esta Eurocopa 2012, aún no se había jugado el primer partido del torneo contra Italia y ya especulaba con el rival que nos podría tocar en semifinales. O sea que daba por hecho que llegaríamos a esa ronda y que habría que pasarla. Mi sobrino se ha perdido el partido de ayer porque se ha ido a estudiar a los Estados Unidos, pero antes de marcharse le aconsejé que se aficionara al béisbol. En ese deporte los españoles no somos nadie y no está de más que, aparte del inglés, añada la superación de la decepción continua a su currículum formativo.

Después de esta Eurocopa, y tras el partido que vimos ayer, no sólo la generación de mi sobrino sino todos los españoles podemos dar el pasaporte a esa desconfianza programada por la experiencia de tantas decepciones. Ganar una final de Eurocopa por cuatro a cero a Italia, jugando con alegría y yendo desde el principio a meter más goles; pasar todo el segundo tiempo sin sobresaltos; quedarte sin reproches por hacer – salvo llamar «pesao infinito» a alguno -; todo eso te hace sentir que definitivamente se ha producido un cambio de piñón, y que a partir de ahora la decepción será consecuencia de una alta exigencia y de una ambición racional, y no de esa ilusión furiosa en la que la falta de competitividad se agazapaba detrás de la mala suerte, los pésimos arbitrajes y las injustas tandas de penaltis.

No es la edad de mi sobrino, sino esa emoción de la Eurocopa del 2008, aquella euforia después del mundial o la alegría satisfecha del título merecido ayer de forma casi mecánica lo que ha acabado definitivamente con la referencia de ese pasado temeroso y pasmado en el que el único que ganaba algo de interés era el Real Madrid. No es que nos hagamos mayores, es que la selección española se ha hecho grande. Tan grande que luego, al lado, se nos queda el país muy pequeñito.

Un gran bravo al equipo de Monsieur le Marquis de Dubois, incluido el Sr. Del Bosque. Sólo espero por el bien de todos que después de ennoblecerle y agasajarle no le propongan para ministro de algo y le conviertan, a él también, en un ser muy pequeñito.

 

Un gesto mal entendido

Les contaré lo que me ha pasado esta mañana cuando salía de casa para ir a la oficina. El gesto automático consiste en llevar el bolso, las llaves del coche y el móvil en la mano izquierda y las llaves de casa en la derecha, y luego cambiarme de mano el móvil y las llaves de casa para echar un vistazo a los mensajes mientras bajo en el ascensor. Pero hoy al salir, se ha cruzado en mi rutina un par de paquetes de Clinex dentro de mi bolso, uno de ellos destinado a quedarse en casa, y eso me ha descabalado todos los movimientos. Más o menos como cuando a Bush se le ocurrió comerse una galleta mientras daba un paseo.

Mis gestos de rutina a esas horas son muy importantes. Si no fuera por ellos, podría llegar a la oficina con la falda o la blusa desabrochada, un zapato de cada color, dejarme las llaves puestas en la puerta u olvidarme el móvil en la cocina y llevarme el cargador. Digamos que es poner un piloto automático cuando el día es rutinario. Ahora bien, si tengo que viajar, la maleta me la hago por la mañana antes de irme porque, curiosamente, el reptiliano me funciona estupendamente a esas horas. Tal vez es lo único despierto.

La cuestión es que en un momento dado me faltaba una mano, y me he guardado el móvil en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón. Durante el trayecto en el ascensor, he estado comprobando si llevaba otro paquete de clinex en el bolso. Una vez en la planta cero, con la mano derecha libre y mientras caminaba, iba sacándome el móvil del bolsillo…

Y ahora levántate y haz la prueba. Mientras vas caminando a buen paso, con tu mano derecha saca una Blackberry con su funda, aprisionadas, del bolsillo izquierdo de un pantalón pitillo ajustado. Venga, hazlo.

Cuando ya estaba diciéndome algo así como «jolín, qué postura más difícil. Desisto, ya lo sacaré al llegar al coche«, he reparado en el portero. «Buenos días, Juan«, y al cruzarme con él he creído detectar una cierta sonrisilla sardónica. Y, como en el chiste, me han dado ganas de decir: «Vale, sí, me iba colocando las braulias; si te cuento la verdad no te la vas a creer…«

Agenda Colacao

Yo tengo últimamente una agenda Colacao. Y vds se preguntarán qué es una agenda Colacao. ¿Color chocolate? ¿Una agenda de publicidad de la marca? ¿Una agenda que sabe a cacao? Pues no. Se trata de una agenda con grumos. Voy a ver si consigo explicarme.

Una agenda sirve para ordenar las cosas que hay que hacer en el tiempo. Imaginen tres días completamente vacíos dentro de dos semanas. Y de pronto, surgen 2 solicitudes de reunión con mucha gente implicada, ambas para un espacio de tres horas, superponiéndose al comienzo y al final y con viaje de por medio.  Tienes el día anterior y posterior sin agenda, incluso la tarde liberada, pero las citas se quieren colocar a la vez. A esto le llamo tener un grumo. Y como últimamente se me hacen muchos grumos, mi agenda me recuerda a un Colacao con leche fría.

Hoy se lo he comentado a mi querida E., que es la dueña de mi tiempo, y me ha reprochado el símil porque ella se siente como una cucharilla para eliminar los grumos y no le parece agradable estar venga a remover y remover. He estado tentada de decirle que también se pueden aplastar los grumos contra la pared del vaso, pero ante el riesgo de que me dijera que me apañara yo con mis grumos, he preferido callar y dejar que siguiera removiendo. Entonces ha intervenido S., que tiene buena parte de culpa en la creación de los grumos para decir que el asunto se resolvería si yo utilizara leche caliente o si comprara Nesquik, a lo que le he tenido que contestar que si ella no echara tanto Colacao de golpe en el vaso, E. tendría menos problemas para deshacer los grumos.

Y en esas estábamos cuando ha llegado el gran grumete de mi agenda Colacao. Soy una víctima de los mercados.

Cambiar un recuerdo

El Real Madrid no pudo llegar a la final de la Champions League este año porque perdió el partido de vuelta de semifinales en el Bernabéu contra el Bayern. Aquel partido se perdió en la tanda de penaltis, que no es en absoluto una lotería sino un castigo para la tensión arterial de cualquier aficionado, aparte de un buen jarabe de palo para el equipo que pierde y que luego se lamenta de no haber sido capaz de meter el golito de la clasificación durante 120 minutos. Pero yo supongo, y sólo lo supongo, que para los jugadores no debe ser tampoco un plato de gusto…

Sergio Ramos, un jugador de quien la mayoría guarda una primera impresión llegando como el Tony Manero de Camas a la capital para firmar su contrato, mandó en aquella semifinal su disparo a la luna y se convirtió entonces en el pimpampum de todas las bromas y de todos los chascarrillos no ya en Madrid, sino en toda España. Poco importaba que Cristiano y Kaká, uno delantero y otro mediapunta, ambos Balón de oro y ambos FIFA World Player, hubieran fallado en su turno. Ramos, un jugador magnífico a quien todos los graciosos de España ya recordaban por la imagen de una copa del rey descacharrándose a cámara lenta desde un autobús de celebración, ahora iba a ser recordado por aquel penalty que apeaba al Real Madrid de la Décima. La gran mayoría de los jugadores no podrá fallar nunca un penalti como ése por la misma razón que la Reina de España no se podrá romper nunca una uña fregando platos. Una bendita cruz de la que aquí se reía todo el mundo, y algunos hasta babeaban un poco de hiel.

Y ayer Sergio Ramos, con una final de Eurocopa sobre el tapete, se volvió a presentar voluntario para la lista de los penaltis. Y no sólo hizo gol sino que además cambió para siempre el recuerdo que, a partir de ahora, tendrán los españoles de él. Bien hecho, Sergio Ramos, bien hecho.

La caló

Hace calor. En la tele no se ve el calor, pero te lo cuentan. Te lo cuenta una voz en off mientras salen imágenes de termómetros callejeros en donde se ve 42ºC mientras te dicen que Sevilla está en alerta naranja. Es la misma alerta que ponen en Teruel cuando en el mes de enero se sitúan a 15º bajo cero, de lo que yo deduzco que la alerta naranja la ponen cuando pasan cosas normales. También te explican el calor que hacía a las 3 de la madrugada, porque lógicamente a esas horas tú estabas durmiendo y no te has enterado. Para que no desconfíes sacan el mismo termómetro callejero a 31ºC justo cuando cambia los minutos, de 3:00 a 3:01. Y con eso queda todo explicado.

Después de plantear el asunto, y una vez que te tranquilizas pensando que un 26 de Junio no tendrás que volver a sacar el abrigo del armario ni sortear osos polares por la calle, empiezan los testimonios ofrecidos por personas que van con un botellín de agua y que te confirman no el calor que hace, sino el calor que tienen, que para eso ya te han enseñado el termómetro. Es la chica que está sentada en un trozo de césped a pleno sol, el obrero que está cavando una zanja en medio de una acera sin sombras o el chico que va haciendo footing por el Retiro con una luz que te hace pensar que debe ser la una de la tarde. También el chavalín que te dice que entre la tienda (allí), y el entrevistador (aquí) se le ha quedado calentorra la botella y la señora mayor que se queja porque no para de sudar, mientras se restriega la frente y te enseña la mano, mira, mira. Esto en TVE, porque de ser Tele 5 a la señora no le hubieran enfocado la cara, sino el canalillo.

El reportaje termina con los consejos. Que te hidrates (no es lo mismo que beber), que vayas a la piscina (entre reunión y reunión de trabajo, claro), que camines por la sombra, que te pongas una gorra y ropa de algodón ligera y fresquita, y que evites las horas de más calor. Y sobre todo, que no dejes a niños ni a ancianos en el coche a pleno sol. Más que nada, para que no les dé por morirse, que menudo disgusto con estos calorines. Llegados a este punto, yo echo de menos que no aconsejen volver a ver Barrio Sésamo, aunque en ese caso terminarían antes el reportaje y total, no está pasando nada de importancia por el mundo.

Atención Alerta Roja: julio empieza el domingo.

 

España-Francia

Luego el señor del Bosque nos regaña, y un sector de la prensa nos dice que somos nuevos ricos y que estamos malcriados. Que ya no nos acordamos de los tiempos de penurias, cuando España caía en la primera eliminatoria, eso contando con que pasara la liguilla previa. Que nunca estamos contentos con nada y que así no hay manera.

Pues ¿Qué quieren que les diga? Pues que lo de ser nueva rica me parece un aburrimiento. A ver si Portugal, esos pobres, nos anima un poco y nos da un par de tortas, para que tengamos que pegarles nosotros tres. Y así habrá algo de emoción.

O sea, casi que prefiero lo de «¡qué manera de perder…!», que cantaba Sabina del Atleti. Les dejo con la canción por si la quieren escuchar, que hay que reconocer que tiene su gracia. Y una sonrisa nunca está de más.

Perdidas

Yo soy muy de perderme. De inmediato les aclaro que no me refiero a la moral y las buenas costumbres, que yo soy una buena chica, muy formal y eso. Estoy hablando de mi sentido de la orientación, que es muy deficitario por no decir inexistente. Aunque si me comparo con mis hermanas, podría optar a un diploma en GPS mental. Mi madre me dice que yo me oriento muy bien, aunque yo creo que es porque ella se orienta peor todavía. Así que podría parecer que este defectillo viene de familia y algo de eso hay, porque aunque yo recuerdo a mi padre como un señor que siempre sabía por dónde se andaba, como el resto de la familia no tenía ni puñetera idea ni de dónde estábamos ni de por dónde se iba, lo más probable es que diéramos muchas vueltas para llegar y ni nos enterábamos.

No sé si he contado ya en este blog una anécdota mítica de la boda de mis queridos Paco y María. Hice pasar a toda la comitiva de coches por un peaje para ir de Vigo a Bayona, y con esto, para el que conozca la zona, ya digo todo. Una vez pasado el peaje tuvimos que dar la vuelta y volver a pasarlo todos los coches en el sentido inverso… En fin, yo me puedo perder yendo al poblachón desde Madrid. Esto, que sin duda le puede pasar a cualquiera, cuando menos es chocante si consideramos que llevo treinta años pasando allí veranos, fines de semana y todo tipo de pascuas. Y si tenemos en cuenta que no puedo soportar un atasco, el asunto se agrava. Bueno, se agrava o se explica, porque yo suelo atreverme…

Hoy he ido al centro sola y me he pegado una perdida estupenda. He dejado el coche en la Plaza de Benavente y tenía que llegar a la calle Toledo. A la ida vaya que te tira, pero a la vuelta… De verdad que no puedo comprender por qué la Plaza Mayor de Madrid aparece cuando menos te la esperas, por qué tiene tantas salidas y, sobre todo, por qué no se queda quieta…

¡Por mis blasones!

Ya se habrán enterado vds de que la selección española de fútbol ha ganado una Eurocopa y un Campeonato del mundo luciendo en sus camisetas un escudo que no es el español, sino otro que se le parece mucho (shhh, que no se enteren los franceses, a ver si se van a venir arriba en cuartos). Yo no creo que sea una falta de respeto a los símbolos del Estado, sino más bien una mezcla de incompetencia y dejadez. Falta de cuidado más que falta de respeto, vaya.

Y aunque la Federación no ha dado ninguna explicación, está clarísimo lo que ha sucedido.

– Oyes, Pepe, que cojas el ejcudo ese que sale en la bandera y que se lo pongan los chicos del furbol en las camisetas pa que luzca el señorío.

– ¿Y de dónde saco yo un ejcudo? ¿Llamo a la Zarzuela?

– No, hombre no, vas a andar molestando, no seas incurto. Mira en el internés ese, que pa eso está.

Así es que Pepe se metió en el internés, puso «EJCUDO DE ESPAÑA» y se topó con la Wikipedia. Lo siguiente fue llamar al taller del chino que trabaja para Adidas y decirle que se lo mandaba por fas. Y envió esto:

El escudo de España es cuartelado y entado en punta. En el primer cuartel, de gules o rojo, un castillo de oro, almenado, aclarado de azur o azul y mazonado de sable o negro. En el segundo, de plata, un león rampante, de púrpura, linguado, uñado, armado de gules y coronado de oro. En el tercero, de oro, cuatro palos, de gules o rojo. En el cuarto, de gules o rojo, una cadena de oro, puesta en cruz, aspa y orla, cargada en el centro de una esmeralda de su color. Entado de plata, una granada al natural, rajada de gules o rojo, tallada y hojada de dos hojas de sinople o verde. Acompañado de dos columnas de plata, con la base y capitel de oro, sobre ondas de azur o azul y plata, superada la corona imperial la diestra, y de una corona real la siniestra, ambas de oro, y rodeando las columnas una cinta de gules o rojo, cargada de letras de oro, en la diestra «Plus» y en la siniestra «Ultra», (del latín Plus Ultra). Al timbre, Corona Real cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesta de ocho florones de hojas de acanto, visible cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en el mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador en oro, sumado de cruz de oro. La corona forrada de gules o rojo. El escudo de España, lleva escusón de azur o azul, tres lises de oro puestas dos y una, la bordura lisa de gules o rojo, propio de la dinastía reinante (Borbón-Anjou).

No crean que es tan fácil hacer bien este encargo. Porque Pepe, aun creyendo que se lo estaba mandando al chino en su propio idioma (en el del chino), todavía tuvo una pizca de sentido común para hacer repetir la primera partida de camisetas, que llevaban esto que ven abajo (1)

espacio

 

(1) Entiendan esto como una broma. Les ruego que me disculpen por esta EVIDENTE falta de respeto hacia los símbolos del Estado. No he podido evitarlo…

La basura, ese lujo madrileño

Los que no sean de Madrid tal vez no sepan que los madrileños tenemos una tasa especial para la recogida de basuras desde el año 2009. Hace tres años, el anterior alcalde, hoy Ministro de Justicia y Notario Mayor del Reino, descubrió un lunes por la mañana que no nos cobraba lo suficiente por generar desperdicios. Lo que ya no soy capaz de recordar es cuál fue la excusa para pegarnos el palo, pero en su mentalidad paternalista prevalecerían, sin duda, un par de reconvenciones muy de gobernante, a saber, que no es menos guarro quien más limpia sino quien menos ensucia y que la cáscara de la sandía también se come.

Pero no piensen vds que nos cobraba más por lo mismo. No, no. Además de la tasa, nos impuso dividir la basura en bolsitas de colores con el aviso de que como se encontrara una cáscara de plátano en una bolsa azul multaría a todos los habitantes del inmueble, no tanto por entender que la culpabilidad es solidaria como por multiplicar cabalmente el importe de la multa por el número de vecinos. Que luego se mezclen los colorines en el punto de destino es lo de menos, que tampoco hay que meter la nariz donde no nos llaman, mucho menos en un basurero.

Ahora, tres años después, Anita Botella, Alcaldesa de Madrid por una gracia de Rajoy, ha echado números y ha llegado a la conclusión de que le falta pasta, a pesar del atraco. Pero no va a subir más la tasa, así que ya podemos respirar tranquilos. Ahora bien, una cosa es respirar tranquilos y otra poder respirar todos los días, porque a continuación ha anunciado que no se recogerá la basura a diario. Luego sale un tal Pedro Calvo, esbirro de competencias ampliadas y capacidades disminuidas, y suelta esta perla: «Esto es peor, pero no malo«, a lo que yo le respondo que si no es mejor, será que no es bueno y que si quiere seguir con jueguecitos de palabras que oposite para un parvulario. Y luego, por si acaso no ha quedado claro que no necesitamos ni un delegado de empleo ni a ningún calvo, nos dice que no nos preocupemos, porque «la calidad del servicio seguirá intacta«. Entonces: que haga oposiciones para un parvulario, sí, pero de alumno.

También he tenido que leer que somos la única capital europea que recoge sus basuras cada día, así es que despídanse del sol madrileño porque tendremos que alinearnos con la lluvia de otras capitales. Y estoy esperando el argumento monguis de la semana, que consistirá en decirnos que lo que pasa es que no reciclamos lo suficiente, y que esta es una medida buena para los madrileños porque nos ayudará a comprender el coste de los servicios públicos. Tócate las narices. O mejor, tápatelas.

Ya esta mañana he oído en la radio cómo un tertuliano afín al PP decía que podía entender la medida, puesto que con la crisis se generaba menos basura. O sea, que con la cáscara de sandía los madrileños estamos haciendo croquetas. Eso, o que ya nos comemos hasta las ruedas de un molino…