La elección de libros del Club de lectura 2.0 (parte 1)

En el post de Doña Perfecta del día 1 de Noviembre, un/a amable comentarista me pregunta, desde Estrasburgo, cómo elegimos los libros en el club. Pensaba escribir sobre ello, pero da para mucho, así es que he escrito solamente una parte sobre cómo los elegimos el año pasado para este 2013, además de un resumen del año. No me ha quedado ánimo para contar la peripecia de la elección de libros para 2014, que ha sido un poco caótica, así es que eso lo contaré en una segunda entrada. Les dejo con el principio del post y ya, si quieren, siguen en el blog del Club.

Supongo que los lectores de este blog, que no son menos heroicos que nosotros, los cinco blogueros que destripamos los libros cual terroncillo de azúcar, están ya perfectamente al corriente de nuestro sistema de elección de lecturas para el año. 

– ¿Y a ti cómo te gustaría morirte? 

– Pues mira, leyendo un libro de 824 páginas estaría bien. A ser posible, en la 823, más que nada para conservar el interés hasta el fin de mis días. 

Os contaré que el año pasado, ND propuso como libro La máquina de la muerte y a todos nos pareció de lo más adecuado para celebrar el ecuador del año, si bien en el último momento…

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¡A por setas!

Lactarius_deliciosusYo me pregunto si alguien, en este fin de semana largo de noviembre, habrá escapado al embrujo de ir al campo a coger setas. Aparte de una servidora, claro. Tú vas por la carretera en esta época del año y no dejas de ver coches en los arcenes y en los claros del bosque, y atisbas cómo familias enteras, pertrechadas de un palo, una cestita y una navaja van en busca de setas. La cestita, justo es decirlo, a veces se cambia por una simple bolsa del súper, que es más facil de disimular y metérsela en un bolsillo en el muy probable caso de que no se coja ni una seta. O se coja una sólo, en cuyo caso se puede llevar en la mano hasta el próximo contenedor de basura.

También los ves mientras paseas por el campo. Se han adentrado en el bosque, pensando con perspicacia que en el borde de la carretera tal vez ya no habría muchos níscalos que meter en el zurrón. Y ahí están, tirando de la sillita del niño, con la abuela que porta la navaja y el intrépido padre de familia, el palo con el que remover la tierra. Tampoco se alejan mucho de los caminos, así es que la perspicacia les dura lo mismo que tarda en desaparecer el asfalto. El éxito les dura más, yo diría que tanto como tarda en aparecer. Y sin embargo… sin embargo sí ves gente que sale de entre los matorrales con bolsas llenas de setas. Pero van vestidos de otro modo, y tienen otra cara. Cara de irse a poner morados de setas, se diría.

Yo reconozco que lo de coger en directo los frutos de la tierra no es lo mío. Ni setas, ni margaritas. Hace unos fines de semana fui con unos amigos a coger moras. Las moreras estaban al lado de un riachuelo, como siempre están las moreras por otra parte, pero éste era particularmente pobretón. El riachuelo, me refiero, que moras había muchísimas. Por fortuna, mi amiga Merche, que suele ir al poblachón muy vestida de Madrid, me salvó de mancharme las manos con una invitación al aperitivo, al que acudí encantada. Cuando apareció el resto de la pandilla, llevaban unas manos como de terminar un examen de Primero de infantil. La mancha de mora con mora se quita, aunque yo aconsejé el jabón, que tampoco era cosa de que se volvieran a marchar al riachuelo ése tan misérrimo.

Volviendo a las setas, no crean que me gustan. Si son a la plancha, muy hechas, o si están muy disimuladas, vaya que te tira. Y en todo caso, ni se me pasa por la cabeza comerme una que haya cogido yo. Lo único que he cogido del campo cuando era pequeña son piñas para encender la chimenea, y eso porque se distinguen estupendamente. Mi padre nos llevaba a mis hermanas y a mí con un saco y, hala, a proveernos para el invierno, que lo de las pastillitas no es que fuera de mal tono, pero sí de personas poco sabias en el encendido de la chimenea. Gente como de poco campo. Y eso de ser de poco campo para mi padre era como tener poco mundo. O sea, algo de mal tono, vaya.

¿Y vds han cogido setas ya o lo dejan para el próximo finde?

Doña Perfecta, de Galdós

Ya lo avisaba ayer, que hoy tocaba libro. El del Club de lectura. Y ya le pueden ir dando las gracias a la existencia de este club, que si no fuera porque a él me debo y pertenezco, no iban vds. a leer de mí más reseñas que las mieles. Con el club, también leen las hieles. Ya ven. Una, que lee de todo. Y luego voy y lo cuento, claro, que en eso consiste lo del Club. Cuando alguien me dice “Huy el club, qué divertido”, yo contesto siempre “huy, no veas”. Y no ve. En fin, gajes del oficio y de una afición que me tiene a mal traer, porque mira, entre tú y yo y ahora que no nos oye nadie, yo la mitad de los libros que leemos en ese club los hubiera dejado en la página 50, me hubiera cogido un Asterix, me hubiera comido un bocadillo de sobrasada y con eso ya se me habría pasado el remordimiento. Pero en este club no hay lugar para el remordimiento. Ni para la penitencia. Aquí se hace todo al mismo tiempo que el pecado. Y claro, en esta tesitura, tampoco cabe ni la esperanza ni la resignación: ambas se superan como las bañeras cuando esquías, echándole huevos que para eso hay que bajar. ¿Pero por qué os hacéis esto?, nos preguntó una chiquita muy agradable que quiso unirse al club. Y para cuando quisimos contestar, la chica había salido corriendo y no ha parado de correr hasta Edimburgo. Nos duró un mes. En fin, y después de esta introducción voy a hacer la reseña, que se me está yendo el post de las manos.

do_a_perfectaEste mes hemos leído Doña Perfecta, que es el libro que tenéis en la foto. Y tengo que decir que la portada refleja perfectamente lo que es la novela: la España más negra y depresiva, la más ignorante, cazurra, inculta, hipócrita y pueblerina. La España que no tiene remedio, como parece pensar Galdós en la ilustración. Esa España orgullosa de su retraso y de la producción de ajos (¡los mejores del mundo!), es el caldo de cultivo en el que Galdós hace medrar a Doña Perfecta, que podría llamarse también Doña Pérfida.

Os voy a contar de qué va, que hoy estoy espléndida. Se trata de dos hermanos, Doña Perfecta y Juan Rey, que deciden casar a sus hijos. Así es que Pepe Rey, sobrino de Doña Perfecta, va al pueblo donde vive ella con su hija, Rosario, para pedirla en matrimonio. Pepe Rey es un ingeniero, un hombre de progreso, con estudios y viajado, y se encuentra en el pueblo con la desconfianza y la envidia, y casi sin comerlo ni beberlo se pone a todo el pueblo en contra. ¿Todo el pueblo? En realidad, no. Se le pone en contra Don Inocencio, el párroco, el paradigma de cura cerrado, rancio y obtuso que tanto daño ha hecho a la religión, a la vida de las personas, a la Iglesia y a todo lo que se les ponga por delante. Resulta que el párroco quiere casar a la niña con el hijo de su sobrina, y contrapone su verdad (que no es más que ignorancia, fanatismo y superstición) a las ideas de Pepe Rey, que en realidad pasaba por allí y no había llegado al poblachón para discutir con nadie, sino para casarse con una buena moza. Una moza de la que por cierto se enamora perdidamente, así sin más, sólo con verla. Y eso que ella es tan poco agraciada como bastante gazmoña, aparte de desmayarse mucho (más que las sales lo que se merece es un par de tortas). Doña Perfecta, que es perfecta, se va poniendo del lado del cura y, acostumbrada a mandar y a salirse con la suya… hasta aquí puedo leer, pero ya pueden ir mascando la tragedia.

A Doña Perfecta, Galdós la describe, que no la descubre, en las páginas finales como lo que es: una mujer dura, soberbia, intrigante, que acumula prestigio en su pequeño reino de palurdos, un reino retrógrado, envidioso, ladrón y maledicente, que adora la peana y reniega del progreso, que desconfía de todo lo que viene de fuera y que se enorgullece de su olor a naftalina. Doña Perfecta no es más que la reina en un avispero del casi todos saldrán muy mal parados.

«Para que la mojigatería sea inofensiva, es preciso que exista en corazones muy puros. Verdad es que aun en este caso, es infecunda para el bien«, nos dice Galdós. Doña Perfecta es una mujer que vive hoy y vivirá siempre, un caracter que te encuentras por el mundo a poco que te fijes. El resto de los caracteres están bien dibujados, incluso el de la tontainas de la niña, y todos son muy reconocibles también hoy en día. Por lo demás, empiecen a leer la novela. ¡Que es GALDÓS! A mí me ha aburrido, aunque cuenta con algunos pasajes divertidos, llenos de humor. ¡ES GALDOS! ®Liviadru

Como cada mes, tenéis otras reseñas sobre el libro en La mesa cero del Blasco, en La originalidad perdida, en Delenda est Carthago . Y a lo largo del mes, en vuestro blog preferido de libros Club de lectura..

Mañana libro y hoy música

Como mañana toca libro, hoy les dejo con música.

Todo muy lógico.

Esta canción me encanta. Se llama Back home y la canta Emily Maguire.

Les dejo también los lyrics por si quieren hacer los coros.

Y ya.

I’m one drop in a sunlit sky where seagulls fly, they rise and fall
I can’t stop now a cloud is flying, the sky is crying and the seagulls call
And now I go with the river, I go where the river goes
I flow with the river, I know what the river knows

I sit still in the sound of silence and feel the fire in my eyes and ears
And I know there’s no point in violence cos fear and fighting only ends in tears
So I go with the river, I go where the river goes
And I flow with the river, I know what the river knows

That I will rise up with the sun and I will fall down with the rain
And I will flow like a river goes back from where I came
Back home, back home

Time moves me on, I keep moving on
Life moves me on

High tide and the moon is rising and clouds are dancing for the dying day
In a blue sky where the birds are flying, the clouds are crying, I can hear them say
Go with the river, go where the river goes
Flow with the river and know what the river knows

Cos you will rise up with the sun and you will fall down with the rain
And you will flow like a river goes back from where you came
Back home, back home

Time moves me on, I keep moving on
Life moves me on

And I will rise up with the sun and I will fall down with the rain
And I will flow like a river goes back from where I came
Back home, back home

Un tuit desparramao

Resulta que me acerco a casa al mediodía y después de comer me siento a tomarme un té, mientras hojeo el periódico y oigo el informativo. Y estoy distraída, cuando de pronto levanto la cabeza y veo esto:

Tontada TVE unmundoparacurra

No me pregunten de qué estaban hablando, pero el titular me ha parecido la versión televisiva del «manzanas traigo». Así es que se me ha ocurrido poner este tuit:

 

 

Sí, ya sé: no era eso exactamente, pero qué quieren, yo estaba estupefacta. La cuestión es que ha empezado a bailar la Blackberry con retuiteos por doquier. Oigan, qué éxito. No les digo más que  he tenido que silenciar los mensajes y notificaciones cuando he vuelto a la oficina, con lo que me gusta a mí oir el doble cling del mail, y el clap del whatsapp, y el tutú-tutú del SMS. A mí no me parece tan gracioso el tuit, si les digo la verdad.  Me parecía más imaginativo este que he puesto a continuación:

 

 

 

Para mí esto es nuevo. En primer lugar, no soy capaz de ver ahora quién me contesta a algo cuando miro las menciones, porque hay una fila larguísima con los retuits. Y luego que prefiero no mirar el mail del blog, porque es donde van a parar las notificaciones de RT´s y favoritos, que no sé cómo hacer para que no lleguen. Habrá más de 350 mensajes, y los tendré que limpiar pacientemente. Así es que no me escriban hoy, por favor, que andaré muy ocupada.

¿Cómo se las apañan los tuitstars? Humm…

Con la AVT

lazo_negro¿Qué te hace pensar que has ganado?

Has estado en la cárcel 26 años, y no 26 años cualquiera. Entre los 29 años y los 55, ni más ni menos. Los años de tu fertilidad, de tu juventud, los mejores años tu vida, los has pasado de la celda al patio y del patio a la celda. Sin estudios que te acompañen, sin un trabajo que dé utilidad y sentido a tu vida, te has agusanado en una prisión. Mientras los demás veíamos crecer a nuestros hijos, mientras otros con tu misma edad amortiguaban la vejez de sus padres y les aliviaban con su compañía, tú estabas mirando una pared que imagino blanca, con unos ojos de odio que sólo saben interpretar una vida oscura, llena de experiencias del color que tiene la mugre cuando se pega al alma.

¿Una luchadora? No hay honor en lo que hiciste, no ha habido honor en agitar el árbol. Has sido una marioneta de carne y has servido para que el que recoge las nueces se forre, y viva de puta madre con vuestro discurso delirante. Y ahora se reparte el botín con otros de su misma calaña, aunque de otra escuela. La escuela de Neguri, la del parlamento de Vitoria, la de las sotanas cobardes e infames, la que reparte poder y dinero, y prebendas. Hoy cuatro paletos con boina calada detrás de una bandera, te adulan y te animan y tú te lo crees, pobre imbécil. Banderas inventadas para consumir la vida de los demás, entre otras, la tuya. Y tú te lo crees, porque sigues siendo una marioneta de carne, aunque ya sin hilos, sucia, abandonada, inútil, avejentada, con la vida desechada. En este último acto, te han entregado como parte de la transacción. Ya no movías ningún árbol, y te han usado como una nuez que se ha caído al suelo por la fuerza del tiempo, una nuez putrefacta. Eso eres. Y unos te harán pasar por luchadora y otros por asesina, cuando en realidad, deberías estar en la Wikipedia por imbécil.

Unos tipos que comen en mesas con mantel de lino te han ahorrado cuatro añitos de carcel, y eso significa que te has comido el 87% del marrón. Si en mi mano estuviera, el resto de tus días habrías estado de la celda al patio y del patio a la celda, hasta sacarte con los pies por delante. El único derecho que te habría acordado es el derecho al olvido de los demás. Porque eres un error de la vida, y hay que sacarte de la sociedad y de nuestras mentes por higiene. Fue un error que tus padres se conocieran, fue un error que te engendraran y fue un error que nacieras y vivieras. Te veo como se mira a las cucarachas, repugnantes bichos que provocan el asco de verlas y el asco de aplastarlas. Un trozo de carne sin alma y sin motivo, eso eres. Una marioneta absurda, un error del tiempo y del espacio, un aborto de humanidad.

Y ayudaste a poner muertos en el tablero, peones como tú, que interesaban a los que viven de puta madre con guerras y banderas inventadas. Esos muertos dieron su vida por una causa justa y noble. No por una bandera, no, eso lo hacen los ignorantes como tú. Detrás de esa bandera que defiendes están los gulags, los campos de exterminio, la preponderancia de una raza y de un origen, la abyección más absoluta. Por eso luchabas, por eso te has pasado 26 años a la sombra. No has conseguido nada más que tu propia putrefacción en vida, una putrefacción justificada por un trozo de trapo. No hay honor en tu vida, solo un vómito de ideología totalitaria.

Esos que mataste defendían una vida en paz y en libertad. Defendían mi manera de vivir, no mi bandera. Y yo hoy voy a honrar a mis muertos, a los únicos de los que tengo la absoluta seguridad que me han defendido de bichos como tú. Los únicos que han tenido honor, los únicos que pueden llevar la cabeza bien alta, aunque estén muertos, y que están representados por sus familiares, por sus amigos y por su memoria.

No es sólo que seamos muchos más. Es que somos muy superiores.

 

 

Y es que no se trata de leer cualquier cosa

Si algo me ha gustado del libro de Pennac es su calma al escribir, su dulzura, la forma en que deposita sus ideas sin agredir. Incluso aquello con lo que no está de acuerdo y aquello que rechaza lo expone con cariño, con un punto de comprensión, compasivamente pero sin condescendencia, sin altivez. Yo creo que Pennac, acostumbrado a tratar con niños y adolescentes, se empeña en sus ensayos a enseñarnos el camino sin obligarnos a tomarlo, porque recorre con nosotros los caminos alternativos para irnos diciendo cada cosa que no debemos aprender. Porque también se aprende de lo que no se debe aprender…. Click para continuar leyendo

Y esa luz cegadora…

– ¿La salida de la crisis, por favor?

– Sí, a ver. Siga de frente y la encontrará vd al salir del túnel.

– Ah, sí, ya veo. Debe de ser ahí, ¿no?, donde está esa lucecita.

– No, esa lucecita es la calva del Sr. Montoro, que está en una curva agachado con un candil, buscando no sé qué y enredando.

– Bueno, pero me puede servir de referencia, quizá.

– No lo creo, porque el señor Montoro ya viene de vuelta y además se ha dejado el mapa en el coche oficial. Vd hágame caso y siga por el túnel. Vaya despacito, no sea que se vaya a tropezar o escurrir, porque hay tramos muy oscuros, y el suelo está lleno de pegamento y de inmundicias que van dejado los administradores del túnel. Ah, y una cosa: cuando se cruce con Montoro, aproveche que él tiene un candil y acelere, no sea que le quite a vd. los zapatos o algo.

– Muy bien, pues le haré caso. ¿Y sabe si está muy lejos la salida del túnel?

– Pues no sabría decirle, porque por aquí no ha vuelto nadie a decirme nada. Yo diría que tiene para un rato largo, aunque también dependerá de lo rápido que pueda vd ir, o sea, de su propio estado de forma y del peso que lleve a cuestas. Un primo mío alemán me contó que según se va acercando a la salida, se respira mejor. Pero vamos, yo en realidad no lo sé, tampoco le quiero engañar.

– Ya, comprendo. Bueno pues muchas gracias. Fíjese lo que son las cosas, que yo me hubiera fiado de la luz…

– Huy, no se fíe vd de que va a ver una luz siempre a la salida de un túnel. Piense que puede ser de noche. Vd notará que ha salido del túnel por cómo respira, por la amplitud del horizonte, por la alegría de la gente y porque habrá menos pegamento en el suelo. No se fíe de la luz, hágame caso. Tenga vd además en cuenta que vamos para el invierno, y las noches son más largas. Y por otra parte, nada le garantiza que las farolas de la salida estén encendidas. A veces las apagan los dioses por si se confunde algún idiota y se queda parado en medio de la salida, estorbando…

El gesto y las gafas

Ya les hablé en otro post de mis tribulaciones con las gafas, un elemento decorativo de mi personalidad con el que llevo conviviendo desde los 18 años, aunque he de decir que está pasando de ser una herramienta de descanso a una de supervivencia a pasos agigantados.  El señor oculista tenía razón (CLICK), aunque tal vez demasiada, y ahora ya estoy del todo convencida de que con ellas veo mucho mejor además de evitar tener que comprarme un gadgeto-brazo cualquier día de estos. La cuestión es que esta mañana me he topado con un artículo en la prensa que se titulaba «El lenguaje de las gafas» y me lo he leído, por supuesto. Hasta he tomado notas, no crean, que últimamente no tengo yo mi memoria para otra cosa que no sean números.

Así que he anotado que cada gesto que se hace con las gafas dice algo de nuestra autoestima y de nuestra actitud en una conversación. Si jugueteas con las gafas significa que estás eliminando el estrés y la ansiedad, y ya me figuro yo que si tienes mucho estrés, las gafas pueden salir volando en cualquier momento. Morder una patilla indica seguridad, es un acto de autoafirmación. Nunca hubiera pensado que el estado lamentable de la patilla derecha de mis gafas tuviera nada que ver con mi legendaria seguridad en mí misma. Limpiar las gafas es una forma de ganar tiempo, igual que quitártelas, de manera que si ves a alguien hacer eso, mejor cállate. Luego, cuando te las vuelves a poner, es cuando quieres escuchar, volver a «ver» de nuevo las cosas, así que si hace eso tu interlocutor, aprovecha y lárgale el rollo. Y mirar por encima de las gafas es percibido como un juicio y aunque reconocen que, como yo, muchas personas usan gafas para ver de cerca y se ponen las gafas en la punta de la nariz cuando revisan un documento, recomiendan vivamente no hacerlo si no estás juzgando y no quieres incomodar a tu interlocutor.

Y ahora estamos en el restaurante. ¿Han elegido ya los señores? Quítate las gafas y ponte a limpiarlas. ¿Puedo recomendarles el fuera de carta? Ponte las gafas. ¿Les tomo nota? Quítate las gafas. ¿Qué vino tomarán? Muerde las gafas. ¿Van a tomar algo más? Las gafas en la punta de la nariz.

Y ahora estamos con el jefe en la entrevista de evaluación anual. ¿Cuáles son tus logros del año? Quítate las gafas y ponte a limpiarlas. ¿Revisamos el cumplimiento de objetivos? Ponte las gafas. ¿Cuál es tu balance anual? Quítate las gafas. ¿Qué objetivos esperas al año que viene? Muerde las gafas. ¿Miramos tu bonus? ¡Gafas a la nariz!

Ay, qué tonteridas, que dirían en el Blasco.

PS: No puedo enlazaros el artículo porque hoy ya he llegado al máximo de difusión en el Orbyt y no lo encuentro en la página web del periódico. Sin embargo os enlazo este otro que dice las mismas cosas (yo diría incluso que en el Expansión lo han fusilado, porque algunos párrafos son idénticos). Por si tenéis interés (CLICK).

La relación luz y tiempo: otro punto de vista

¿Pero cómo no te va a saltar la luz, si esa casa tiene la misma instalación desde hace 38 años?  ¿Y cómo no te van a faltar enchufes? Que no es sólo que ahora tengas que encontrar uno para el móvil y otro para la tableta, eso es lo de menos. Que sólo piensas en esas cosas, pero no es eso, no es sólo eso. Hace 38 años no es que no hubiera DVD, es que ni siquiera se había inventado el vídeo. Sí, eso en lo que se ponía una cinta, eso mismo. Y la leche la calentabas en el cazo, no en el microondas, hacías café en una cafetera italiana, no en una melita y tostabas el pan en la sartén. Y el fuego de la cocina iba a gas, que «eléctrico» era para un por si acaso y de la vitrocerámica no se tenían noticias. Y las neveras eran mucho más pequeñas, como más recogidas, sin ese despipote de congelador. Y nada de lavavajillas, que entonces era un lujo.  Y acuérdate de que no podías poner el horno y la lavadora a la vez porque lo siguiente era ir con una vela a apagar uno de los dos. Y no tenías un ordenador, porque entonces no había ordenadores personales. Ya de la impresora ni hablamos. Y ponías un tocadiscos, eso si no te conformabas con oír la radio, que iba a pilas. Y nada de tener dos o tres bases para el inalámbrico por toda la casa. Y el despertador no era radio alarma, sino que le dabas cuerda hasta que compraste aquel de pilas. Sí, aquel que te ponía de los nervios porque sonaba tictac mucho y muy alto. Y las teles aquellas triponas, que cuando las apagabas se apagaban, nada de quedarse en esa mariconada del stand-by, que dicen que no gasta, pero gasta…

Qué resistencia, ni qué contratación, ni qué relatividad, ni qué zarandajas, hombre…