Portada de ABC: «El Banco de España duda de los presupuestos y pide un Plan B».
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¿Teníamos un Plan A?
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¿Y dónde han puesto los carteles?
Portada de ABC: «El Banco de España duda de los presupuestos y pide un Plan B».
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¿Teníamos un Plan A?
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¿Y dónde han puesto los carteles?
No estoy de acuerdo con la pena de muerte. No matar es no matar. Es verdad que hay crímenes tremebundos que cuando te deshielan la sangre solo te dejan alma para clamar venganza. Y ojo por ojo. Y diente por diente. Pero se encierra al bicho, ya que no puede vivir en sociedad, y no se le deja salir nunca más. Y así clamen abogados, y psicólogos, y pánfilos diversos: se tira la llave no por venganza, sino por prevención. Y las más de las veces, también por higiene.
Y una vez dicho esto para que quede bien claro el punto de partida, voy al de llegada. Teresa Lewis ha sido ejecutada en EEUU tras un juicio estadounidense por ordenar matar a su marido y a su hijastro para cobrar el dinero de un seguro. La pena de muerte ha consistido en una inyección. Sakineh Ashtiani está condenada a muerte después de un juicio iraní y creo que no habría que decir ya nada más, pero diré algo más. Inicialmente, su crimen era mantener relaciones extra matrimoniales, y el castigo, la muerte a pedradas. Ahora, después de las presiones internacionales – o más probablemente en presencia de algún contrato con el capital occidental -, sólo la quieren colgar de una grúa en la plaza pública, alegando que ha matado a su marido. Evidentemente, en Irán, igual que en EEUU o en España, no es igual de grave tener un amante que matar a un marido. Y aquí se terminan las comparaciones porque ya llego.
Sólo un imbécil, un manipulador o un adoctrinado con majaderías puede comparar estos dos casos aunque en ambos haya una pena de muerte. Ni el crimen, ni el juicio, ni las leyes, ni la condena son comparables. Tampoco es comparable el grado de civilización. Ni el de bestialidad. En el caso de estos bichos barbudos también es un problema de orden: si una mujer es condenada a la lapidación por tener un amante, entonces no es que se salten el Quinto, es que se han saltado el Primero y (sobre todo) el Segundo, que por algo van antes. Hombres de fe piadosos, se llaman a sí mismos estos bichos…
El telediario de mediodía de Antena 3 abre con las primarias del PSOE en Madrid. Llega Tomás Gómez a votar. Saluda a los miembros de la mesa, muac, muac, mira a los fotógrafos, sonríe y, ups, se le ha olvidado coger la papeleta. Trinidad Jiménez llega después a su agrupación en loor de multitudes, y nada más franquear la puerta se tiene que dar la vuelta porque ¡ Ay, qué cabeza la mía, ja, ja!, se le ha olvidado el DNI.
La explicación en clave subliminal que doy yo a esta tontería es que Tommy piensa que su voto no va a cambiar nada y que Trini considera que es suficientemente conocida por todos.
Sin embargo – siempre hay un sin embargo – lo que también podemos resaltar de esta tontería es que ambos iban preparados con el 50% de los (dos únicos) requisitos necesarios para votar y, de paso, para justificar la foto que cubrirá mañana tantos periódicos.
Viendo la preparación, se comprende la exigencia. Y viceversa.
Ay, qué pereza me da empezar a hacer cuentas otra vez, qué fatiga. Veamos la tontería. A Contador le han encontrado 0,000000000005 gramos de clembuterol por mililitro de sangre un día de Julio, si he entendido bien.
Si ese fuera el peso de una hormiga (pongamos medio gramo), y queremos ahogarla echándole una cantidad de agua equivalente a un ml respecto a su peso, necesitaríamos que cada habitante de la provincia de Zaragoza acarreara una hermosa regadera con capacidad de 10 litros y se pusiera a regar encima de la hormiga sin que se le escapara ni una gota. Si lo hicieran todos rápidamente, pongamos 1 minuto por regante zaragozano, la agonía de la hormiga duraría 1,9 años. O sea, que la hormiga moriría seguro, pero de aburrimiento…
Sin embargo, asombra cómo una cantidad tan pequeñita de sustancia puede provocar una mancha tan enorme…
En fin, el asunto es tan fácil que no se entiende tanto lío: mayor de cero es, y cero no es. Ya está, resuelto, señores juristas. Ahora queda por saber qué es, o sea, si esa birria de cantidad mejora o no el rendimiento. Señores científicos: dejen por favor de trasegar orines y muestras sanguinolentas – qué asco, hombre – y publiquen una tablita, que eso se puede hacer incluso teniendo un cerebro de hormiga. Señores periodistas, no nos mareen y vayan al grano: Contador podía ir un poco pedo el día que ganó el Tour, hay pruebas gráficas.
Finalmente, señor ciclista pinteño: Tú cásate en Junio y vete con tu chica de luna de miel. Y el año que viene que corra el Tour el ectoplasma de Fignon, Hinault en pantuflas y Virenque con un gotero. Hala, ya tienen el podio hecho, le jour de gloire est arrivé.
Ah, la vache…
Me encanta la estética, aunque no estoy segura de que venda seguridad.
Estas traducciones…
Mi amigo Stephane (libros cortos) viene a verme para tomar un café. Parece que ha encontrado un hallazgo y quiere contármelo. Se trata de la novela “Un mundo feliz”, de A. Huxley, escrita en 1932. No me cuenta el final, así es que, picada por la curiosidad, no puedo evitar comprar el libro y zampármelo en cuatro días.
Para quien no lo haya leído, se trata de una crónica del futuro, en donde los humanos somos literalmente fabricados en unos frascos y después adoctrinados y condicionados de manera implacable. Los procesos de ingeniería científica y económica, bien planificados, evitan el conflicto social creando castas de humanos con mayor o menor inteligencia según las tareas a realizar (alfas, betas, gammas…). En cuanto a los sentimientos, se amortiguan con el lavado de cerebro, la droga, la promiscuidad y el consumo. No hay ni enfermedades, ni fealdad, ni vejez, la muerte está planificada y desprovista de dramatismo. Es un mundo feliz y despreocupado, sin disgustos ni malos rollos. Lo que al principio parece un relato estrafalario, se transforma después en un relato agobiante.
Stephane me dice que no queda mucho para que ese mundo llegue, y me va mostrando, uno por uno, los primeros síntomas a nuestro alrededor. Como tiene un cerebro privilegiado, me deja pensativa… Es verdad que tenemos un gobierno que parece salido de un frasco, una oposición atiborrada de tranquilizantes y unos sindicatos poblados de “hombres-epsilon”, pero por lo demás, la gente en general es todavía bastante infeliz. Lo mismo Stephane se refería a otra cosa, le tengo que volver a preguntar.
Mouriño, ese entrenador ensoberbecido y en permanente estado de retortijón, ha dicho que Pedro León no es ni Zidane ni Maradona ni Di Stéfano. Gran verdad: ninguno de los tres jugó nunca en la posición de Pedro León. Y si jugaron por ahí, lo hicieron porque les daría la gana, que para eso eran quienes eran. Ese macaco arrogante que come chicles de bola en el banquillo del Real Madrid, ha ridiculizado a un jugador de su propio equipo que, por lo visto, no le parece suficientemente peleón. Mouriño, ese tuercebotas tan maleducado, sabrá cómo lograr medio titular, pero no sabe leer.
Pedro León no es Maradona, ni Zidane, ni Di Stéfano, cierto. Tan cierto como que Mouriño no es ni Vicente Del Bosque, ni Luis Molowny, ni Miguel Muñoz. Sin duda por eso, no ha entendido que el Real Madrid no es un arrabal, ni un burdel, ni un mercadillo de bragas. No sirvas a quien sirvió, que decía mi abuela. También decía aquello de que a este paso, ni se muere padre ni cenamos.
Hala Madrid, (malgré Florentino).
En los Presupuestos Generales del Estado presentados para 2011, figura que España dispondrá de unos ingresos no financieros de 106.000 millones de euros. Me parece una cifra incomprensible. Voy a intentar descifrarla.
Veamos. Si los millones de euros fueran kilómetros, con los ingresos de 2011 el Gobierno podría dar 2,6 vueltas a la Tierra: una, dos y, ¡pum!, se quedarían en las antípodas. Considerando dónde creen que viven, no creo que extrañaran el barrio, la verdad. Pero hablamos de millones de euros como si tal cosa, así es que cambiemos la escala: si cada euro fuera un metro, entonces el Presupuesto daría para ir y volver de la Luna 138 veces. Sin embargo, con su salario medio anual un españolito llegaría a la estratosfera y gracias, corriendo además el riesgo de que le atropellara un reactor, porque no podría bajar.
Probemos con otra cosa. Si los millones de euros fueran horas, entonces los ingresos durarían más de 12 años, mientras que el salario medio anual del españolito duraría un minuto y medio. Pero es que si convertimos cada euro en una hora, entonces solo se me ocurre explicarlo del siguiente modo: con ese tiempo cubriríamos la esperanza de vida de todos los habitantes de la provincia de Teruel: 150.000 almas viviendo cada una 80 años. Con el salario del españolito medio, sólo tendría tiempo para vivir 2 años un turolense. O una turolense, aunque da igual porque a esas edades es del género tonto pensar en el sexo. El resto de los habitantes de la provincia se quedaría en el limbo, para que luego digan que Teruel existe…
Como sigo sin comprender bien, voy a intentarlo con una magnitud de masa. Si convirtiéramos los euros en kilogramos, con lo que prevé ingresar el Estado cada españolito dispondría de dos kilos y medio de pólvora del rey para ir tirando. Ahora sí que me parece fácil entender el presupuesto.
PS: Puede parecer un idiota, y actuar como un idiota, pero no se dejen engañar: es realmente un idiota. Groucho Marx.
El príncipe y su mujer van a Lardero (La Rioja) a inaugurar una escuela. En la segunda edición del telediario una niña es entrevistada y dice estar muy contenta con la visita, porque “casi nunca vienen aquí” (sic). Me encanta lo de “casi”, es realmente genial.
En el siguiente plano, el príncipe está leyendo un discurso, con casi aparente convicción. Luego, la voz en off y el plano de un niño, casi atento. Con lo que le oigo decir, el Príncipe casi podía estar en Lardero inaugurando una escuela o en Cangas de Morrazo visitando una mejillonera de última generación. Perfectamente. El que le escribe los discursos casi acierta con el tema y con el auditorio. Esto es lo que pasa cuando alternas los geriátricos con las fábricas de empanadas.
Casi me olvido de comentarlo, porque sucedió hace un par de días…
Viajo a París para un asunto de trabajo, llego una mañana y vuelvo al mediodía siguiente. Para ir y volver del aeropuerto suelo coger una moto-taxi. En París es una opción muy práctica, a la vista del caos del tráfico y de las distancias a recorrer. Es verdad que es algo más caro, pero tienes la seguridad de que llegarás a la reunión a la hora prevista y no estarás desesperado en un atasco de duración incierta, con un taxista chino miope mareándote con sus ininteligibles conversaciones por el móvil. Bueno, realmente no eliminas del todo la incertidumbre, pero al menos es binario: o llegas a la reunión, o llegas al hospital.
Desde que empecé en 2007, siempre viene a buscarme el mismo motorista, no hay que fiarse de cualquier motero. Choukri se llama mi “motard”, y es un tunecino muy agradable. Lleva la foto de su preciosa hija en el GPS, y eso me garantiza que no le apetecerá mucho salir volando de la moto. Y no, no se pasa frio, porque lleva calefacción en el asiento y en los guantes, te pone un “blouson” y un casco, y una manta que cubre perfectamente los tobillos poco abrigados de una dama como yo. Y sí, puedes llevar una maleta, un maletín y un bolsazo, la moto de Choukri tiene sitio para todo. En cuanto al miedo, eso es algo más íntimo, aunque hay veces que casi prefiero pasar por un hospital que llegar a según qué reuniones…