Tipografías

Ver un documento escrito con tipografía Comic Sans y ponerme mala es todo uno. Es una tipografía que no puedo soportar, ya conoces mis manías. Otro día te hablaré de los fondos de mail, o de algunas firmas automáticas que son como puñetazos. Pero hoy le ha tocado a las «tipos», tú sabes por qué.

Cuando llegué a este puesto me encontré con que esa era la simpática y original tipografía que se usaba. Para el exterior, no te lo pierdas. En interno se usaba cualquiera que saliera del ordenador. Cuando comprendí que lo hacían aposta tuve que combatir un previsible desmayo, y tardé un par de días en salir de la estupefacción. La tercera de mis instrucciones fue que no volvieran a utilizar esa tipografía en ningún documento. Y mucho menos en un acta, por no hablar de un presupuesto o de una presentación. Entre los documentos se incluían, naturalmente, los e-mails. No hizo falta repetirlo: mi cara, mi tono, y mi dedo índice extendido fueron suficientemente jupiterinos como para que se comprendiera al instante que el asunto me importaba y que hablaba muy en serio. Sin embargo, rearmé la sonrisa y el sentido de la persuasión para contestar a la pregunta de por qué.

Igual me pasé un poco en el juicio, lo admito, pero había que ser muy contundente: un momento de duda y tendría que corregir esa puñetera tipografía cada mañana. Por supuesto que después de esto, la siguiente pregunta que tuve que responder fue ¿Y cuál ponemos? 

No me preguntes cuál usamos ahora, porque no me acuerdo. Será, probablemente, la clásica Times o la insípida Arial. La verdad, querido, es que eso es algo que ya ha dejado de preocuparme.

Les cheveux en bataille

Siempre que mi jefe me saca de quicio – da igual el jefe, un jefe – acabo en la peluquería (o paseando la Visa). Pero no siempre que acabo en la peluquería es porque he tenido pelotera con el jefe. Ayer, por ejemplo, una reunión sobre control analítico de ingresos unitarios por centro de costes consolidados en cada sociedad participada me dejó sumida en el fondo de un oscuro complejo de inferioridad que me catapultó directa a la peluquería. En realidad, este tipo de cosas consiste simplemente en sumar, restar, partir la pera en dos y repartirla, pero las hojas de cálculo son de tal magnitud y los números tan chiquitines, que yo termino mareada y con el ánimo parecido al del gusanito de la pera. Decía mi tía Eulalia que lo malo no es encontrarte un gusano en una pera, sino encontrarte medio gusano, así es que os podeis imaginar lo que me cuesta recuperar el aliento después de reuniones así. Bueno, la cosa es que ayer estuve chez Vanessa, una morena racial y extrovertida que trata estupendamente mi pobre cabecita desdichada y llena de cheveux.

He llevado el pelo de muchas maneras a lo largo de mi vida. En una época lo llevé rapado casi al uno, hasta que un día, al volver de la peluquería, mi padre me abrió la puerta y, mirándome con estupor, me dijo:

–       Hija, a ver si dejas de hacer tonterías.

Conociéndome, lo normal es que hubiera vuelto al día siguiente y me hubiera afeitado la cabeza del todo, pero supongo que no se me ocurrió. En otra ocasión me hice la permanente y, Antonio, el jurista de la empresa, vino corriendo desde la otra punta de la oficina sólo para verme y sentenciar: «Tía, cógete la baja«. También he llevado durante mucho tiempo media melena, de niña formal, seria y fiable, si bien entonces me decían que tenía “les cheveaux en bataille”, se comprende que me veían el plumero por debajo de la melena. Y el pelo a lo garçon, o capeado, desfilado, con flequillo, sin flequillo, raya a un lado, en medio. La peluquería me relaja, pero el diálogo con la peluquera no, de manera que a la pregunta de “cómo quieres que te corte”, por lo general respondo  en modo jefe-enrrollao-que-delega, dando libertad y confianza pero dirigiendo y marcando objetivos y pautas. Respuestas tipo “como veas mejor, pero poco”, o “descárgalo simplemente, sin marcar el corte”, cosas así. Si la visita va precedida de cabreo con el jefe, entonces las instrucciones son más precisas: “quítame esas chibarras, por dios” o “capea, capea, capea hasta que te salga sangre de los dedos”, e incluso “corta a lo loco, que necesito olvidar”. Recuerdo una vez que dije “haz lo que te dé la gana, que para eso tienes tú las tijeras, no estoy yo para decisiones”, y salí estupenda. Pero reconozco que desde hace algún tiempo estoy más sosa, y de forma casi invariable, digo “me da igual, tú quítame años”.

En cuanto al color, tardé en darme unos primeros reflejos. Apenas tengo canas, mientras que una de mis hermanas tenía a los treinta años la cabeza llena. Eso sí: las dos canas rebeldes siempre asoman en el ascensor, y me enervo. Y claro, una cosa lleva a la otra: me veo la cana, se me cruza el jefe, me pregunta por el presupuesto, me enerva más y acabo en la peluquería. Ya ves qué bobada…

Los reflejos se convirtieron en mechas rubias en Fuerteventura en el verano de 2004. Fui una semana con unas amigas y no había coches en alquiler, así que dedicábamos las tardes a recorrer un paseo marítimo hasta la hora de la cena. A la tercera tarde de “tontódromo”, les propuse que nos fuéramos a la peluquería a hacernos un cambio radical. Y es que debajo del pelo me sobra la imaginación, queridos. Tras los consabidos a que no te atreves, vaya que no, tú no me conoces, pues menuda soy yo, venga ya, eso quiero verlo, y machorradas parecidas impropias de mujeres mundanas de la capital, entramos en una droguería y preguntamos por una peluquería que no fuera demasiado paleta ni muy macarra. O sea, nada de salones de belleza. Cualquier prevención era poca, no imagináis la fauna que circulaba por aquel tontódromo, amigos. Yo colaboré en la aproximación cognitiva de la dependienta diciendo que no me importaba que fuera carísima, porque ya para entonces tenía la certeza de que la única que pasaría por el lavadero sería yo y, ante el riesgo de salir hecha un adefesio, al menos podría distraer al público asombrándole con el importe de la factura. O sea, que puestos a perder mi extraestima, prefería pasar por excéntrica que por majadera. Mis amigas se conformaron con comprar una laca de uñas y un rimel en agradecimiento a los consejos de la amable dependienta, pero la que tuvo que arriesgar la cabeza en una peluquería canaria seleccionada por una post-adolescente con piercing en el labio, espinillas en el mentón, uñas azules y peinado a lo jarrai fui yo. No fue valentía, es que siempre he tenido fe en la Virgen. Y esta es la historia de cómo cambié mi castaño oscuro natural y veteado por un rubio poco radical aunque indudable.

 Cuando volví a la oficina, después del verano, un jefazo se topó conmigo en el ascensor y, mirándome con curiosidad me dijo:

–       Has cambiado el moreno trigueño por el rubio. ¿Te has vuelto tonta?

Cuatro años tardé en recuperar (más o menos) mi color original. Y como ayer no había que cortar, porque estuve hace menos de tres semanas, dediqué tres horas en ajustar el color al necesario potencial de inteligencia que se me exige en la vida. Y, como siempre, salí estupenda.

Prensa del día

Aparte de la prensa que me leo en casa – actividad privada y no remunerada -, recibo artículos de la prensa internacional especializada que me cuentan cosas muy variadas, como por ejemplo, que Abercrombie & Fitch nunca ha ocultado que su ropa está fabricada al menor coste posible en Camboya y en otros países del sudeste asiático, al borde de una explotación perfectamente imaginable, pero que eso no les impide que sus tiendas se posicionen como class, elegantes, desenfadadas y sobre todo muy optimistas. Es así cómo ven el mundo, en Abercrombie (& Fitch). También he leído que para formar a «nuestros equipos de consejeros en moda» (vulgo, para seleccionar dependientes), reciben una media de 4.000 solicitudes de cuerpazos distinguidos y distinguibles por lo torneados, todo gente class, elegante, desenfadada y, sobre todo, muy optimista. O sea, que su ropa es una porquería a la última moda. Y aunque yo ya lo sabía (debo confesar que hice cola en la tienda de la 5ª Avenida con mis sobrinaaaaas), debo leer estas cosas porque el criterio de selección de noticias asignado a mi puesto – que no termino de entender – dice que conviene que yo lea eso. Y dios me libre de llevarle la contraria a un motor informático oficinil. Si repaso lo escrito, creo que debo aclarar que lo que no entiendo es el criterio de asignación de noticias, no mi puesto. Sigo. Así que voy amontonando los artículos y dos veces al mes despacho los de los últimos 15 días. No creo que Abercrombie (& Fitch) vaya a cambiar de pronto de proveedores, de manera que el método que tengo para leer estas cosas es estupendo (de todos modos, no tengo otro).

También tenemos, como muchas empresas, un dossier de prensa diario colgado de la intranet, en donde vienen los recortes de interés del día. Naturalmente, en relación con el curro, no crean vds que ponen algo sobre William y Kate. Y hoy, en la sección de macroeconomía, venían dos artículos seguidos en el siguiente orden:

1º: Titular: Funcas alerta de una fuerte caída de la renta familiar. Subtítulo: los hogares asisten a un proceso de empobrecimiento castigados por las subidas de impuestos, el paro, la inflación y la falta de ahorro (Expansión).

2º: Titular: Las CCAA mantienen 179 ‘embajadas’ en el exterior y se gastan 400 millones. Subtítulo: Cataluña, Valencia y Andalucía lideran el ‘ranking’ con 38, 23 y 22 delegaciones, respectivamente (El economista).

Y he vuelto mi pensamiento hacia Abercrombie & Fitch y su ropa mala vendida como class, elegante, desenfadada y sobre todo, muy optimista. Más o menos como las delegaciones de las CCAA.

A los españolitos, mientras tanto, nos toca hacer el papel de camboyanos… 

Y este frío…

En Marzo entra la primavera. Esa horterada. Y sin embargo hace un frío que pela.

Hace unos años, era un mes de Marzo soleado y tratábamos en una reunión el lanzamiento de una novedad comercial en un país que requería un desarrollo informático bastante complejo – como casi todos los desarrollos informáticos, by the way… -. Pedíamos un compromiso de fechas, por infinitas razones entre las que no se encontraba la curiosidad.

El gran jefe informático nos quiso tranquilizar: esto estará en otoño, escribió.

Aahhh. Y respiramos todos más tranquilos. La imagen de referencia era una simple gabardina, algunas hojas que caen de los árboles, un poquito de viento que se levanta, quizá un chaleco de ante, la chaqueta de tweed…

Mi jefe de entonces, un tipo bastante precavido, muy transaccional y poco amigo del pensamiento imaginario, advirtió: El otoño termina el 21 de diciembre.

Humm. Y nuestro pensamiento recolocó la referencia. Nieve, vientos huracanados, carreteras cortadas, lana, abrigos, guantes, gorros, botas, la nariz como un pimiento (y el pañuelo para la vela), la bufanda y we wish you a merry christmas…

Lo que son las referencias mentales. Y no llevar siempre la misma ropa…

 

De vuelta (y vuelta)

… Y a pesar de lo que das a entender, sé muy bien que un seto puede resultar muy aburrido, cuando es lo único que tienes delante de los ojos. Pero estoy convencido de que si lo miras atentamente, tratando de captar cada hoja por separado y no como una más entre otras tantas, lo encontrarás más variado de lo que habías pensado y lo suficientemente interesante como para ayudarte a pasar las tardes con amenidad. Siempre me ha parecido que la gente que se aburre es porque no se fija en los detalles…

Sam Savage, «El lamento del perezoso»

Problemas de organización

¿ Dónde trabajo yo, que no me acuerdo?

Horóscopo fallido

Acabo de leer mi horóscopo de hoy. Dice: «El astro-rey Sol le manda una mayor autoconfianza, levantando su tono vital. Y… Saturno, Marte y Plutón le desafiarán». No entiendo bien los puntos suspensivos, pero ahí estaban…

Si lo hubiera leído a las 9 de la mañana en vez de a las 9 de la noche, tal vez podría haber echado mano de una autoconfianza que por lo visto puede ser aun mayor de la que generalmente me adorna. Porque hoy me he encontrado, en efecto, a Saturno, a Marte y a Plutón que, por ese orden, no solo me han desafiado sino que además me han sacado de quicio.

Voy a ver si ahora, después de la cena, me aplico esa reserva de autoconfianza que según el horóscopo tengo para hoy, y elevo mi tono vital. Todo será que el Astro-rey Sol no quiera hacer horas extras. Pero ya me pongo yo cerca de una lámpara, que no es cosa de andarle molestando, al astro-rey.

Será por autoconfianza…

 

Burocracia

Hoy he comido con un buen amigo y me ha dicho algo que me hace reflexionar: la burocracia se produce cuando mucha gente no tiene nada que hacer, así de sencillo. Yo siempre había pensado que la burocracia nacía de la mente de personas simples que creen simplemente que un proceso simple es un simple proceso.

A la vuelta de la comida, me he encontrado con un documento que le ha llegado a mi pobre jefe, que él no va a rellenar – entre otras cosas porque no debe – y que me manda a mí para que yo a mi vez lo reenvíe a mis colaboradores – porque yo no lo puedo rellenar -, quienes a su vez harán lo mismo, «and so on»  hasta que llegue a quien de verdad va dirigido. El emisor del documento ha escrito solo a 5 ó 6 destinatarios para iniciar un proceso que termina cuando por fin llega a las 100 personas que pueden rellenar cabalmente el documento, cada uno su parte debidamente troceada. A estos procesos yo los llamo de «tipo butifarra», o «modelo culebra», y que son aquellos que usan la jerarquía para lo único que no sirve. Para colmo el documento es «for your eyes only», y tiene una clave secreta para abrirlo que hay que mandar aparte no tanto por prudencia como por norma. En estos momentos esa clave ya la conoce hasta el guarda jurado de la puerta. O sea, una butifarra de wikileaks.

Y yo ahora tengo una tercera teoría: la burocracia la crean personas con poquitas ideas, pero muy puñeteras.

Las decisiones absurdas

No sé si abrir otro blog para hablar de asuntos cotidianos o recomendar un libro de Christian Morel que se llama “Les décisions absurdes, sociologie des erreurs radicales et persistantes”, que he visto hoy traducido al español. A través de casos reales, nos habla de las decisiones absurdas, es decir, de cómo actuar en un sentido exactamente contrario al objetivo buscado.

Recuerdo uno de los casos que analiza. Se trata de un avión que en la maniobra de aproximación a un aeropuerto detecta un problema en el tren de aterrizaje. Empieza a dar vueltas para poder hacer las comprobaciones pertinentes y estar seguros de que el tren está en perfectas condiciones. Como no acaban de estar seguros, siguen dando vueltas. Al final, el avión se estrella por falta de combustible.

El libro, como dice la contraportada, es un “análisis sociológico que se sostiene en múltiples facetas que van desde la interpretación cognitiva que muestra la potencia de los errores elementales de razonamiento, a la explicación colectiva que permite identificar modelos de encadenamiento hacia al absurdo, pasando por el análisis teleológico que examina cómo los individuos gobiernan sus intenciones…”

No merece la pena abrir otro blog, mejor os recomiendo el libro. Stephane (libros cortos) ya está en ello…

 

El pensamiento ppt

El colmo de la sapiencia ya no es el Petete sino en el Pepete. El powerpoint es un papel secante que nos invade y ya no se hace un razonamiento si no se ayuda de un ppt, no se emite un juicio si no se acompaña de un ppt y, por supuesto, no se toma ninguna decisión si no media un ppt. De aquí a poco, iremos al lavabo también con un ppt bajo el brazo ante el temor de sentirnos desarmados frente al pobre papel higiénico:  ppt contra pph

En vez de comunicar una idea, construimos un gráfico. Nuestras reflexiones han sido sustituidas por un lenguaje sincopado de verbos encerrados en cuadraditos de colores, y para ilustrar el concepto  “cambio”, ponemos la foto de un barrio despanzurrado por un terremoto. Y allá las conclusiones de cada uno con el canutazo telegráfico.

El tiempo es oro, así es que se impone el “resumen detallado”: se quitan los verbos, los adjetivos, las preposiciones, los adverbios, los artículos y se ponen los sustantivos de dos en dos. Con lo cual, el oxímoron se convierte en bodrio y el análisis del jefe en gel de baño.

La frase “el porcentaje de clientes satisfechos con nuestra rapidez de respuesta ha aumentado dos décimas desde el mes pasado” se sustituye por % OK RAPIDEZ = +0,2. El resto de la slide la dedicaremos a los “bullet points” (tipografía widdings) con las palabras: IMPACTO, ESTACIONALIDAD, TENDENCIA CONSUMO, CONTRACCIÓN MERCADO y AUMENTO COMPETENCIA, con flechitas que suben o bajan, según, y en verde o rojo, también según.

Teniendo que leer las cosas de este modo, no me extraña que aumenten la depresiones y el estrés (flechitas hacia arriba en rojo). Bueno, y también la idiocia entre los cuadros directivos (nubecita negra con rayo amarillo).

PS: después de escribir este post, me he topado con un artículo reciente de El País sobre el asunto. De haberlo visto antes, tal vez os habría ahorrado la tontería… En fin, os copio el enlace: http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/PowerPoint/nos/hace/estupidos/elpepirtv/20101020elpepirtv_2/Tes