El dedito de Jordi Alba

alba3--146x110Jordi Alba es un jugador del FCB que quiso celebrar el gol de Messi el pasado sábado con la grada del Bernabéu. Y para ello, sacó su dedito a pasear, tal y como ven en la foto de la izquierda. Como buen meritorio de los valores de la Masia y de su inmaculada beatitud, ha tenido que aclarar qué quería decir, como si no pudiéramos entenderle en Madrid, tierra de chulapos. Y como excusa, nos dice que su dedo no era el corazón, sino el índice, y que lo que quería decir es que Messi es el número 1. Y no sé yo qué es más insultante para la grada del Bernabéu, la verdad, si que le hagan la peseta devaluada o que le señalen a lo tonto (léanme bien, que he dicho a lo tonto, no al tonto).

Ay, el hipocritilla meritorio. Querido Jordi, lo que importa no es el dedo que se use, sino lo que se diga con el dedo. Y con un dedo, aunque sea el índice, se pueden querer decir muchas cosas. A ver, te lo voy a explicar, tú atento:

Esto es decir «tú»:

tu

Esto es decir «te lo advierto»:

Aviso

Esto es decir «Me llamo Bond»:

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Esto es decir «Uno»:

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Y esto es un «doigt d’honneur», te pongas como te pongas:

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Ay, el hipocritilla meritorio.

Y el Barça pasó

El Barça pasó por el Bernabéu. Y se marchó con una derrota que es como un pellizco de monja en la Liga. (Por cierto, diré de paso que el martes pasado el Real Madrid había estado zarandeando al Barça en su casa sin contemplaciones, que un título es un título, y bromitas las justas).

Ya sé, que ayer había que reservarse porque lo importante es el partido del próximo martes en Old Trafford…

Ya sé, que hay que dejar descansar a los jugadores…

Ya sé, que el Madrid tiró la liga en octubre…

Sí, sí, ya sé, ya sé…

Pero al Barça se le gana en el Bernabéu. Y ya está.

Tuit cj madrid-barca

 

¡Cómo no te voy a querer!

Hala Madrid.

Messi y el esmoquin de faralaes

Le han dado el Balon de Oro a Messi, por cuarto año consecutivo. Habría que discutir en serio si “eso” es un premio o un concurso, teniendo en cuenta que el voto del capitán de Nueva Caledonia vale lo mismo que el de Casillas. Eso sí, sorteo no parece: en todo caso, tómbola de feria, que en los pueblos siempre hay un alcalde a mano para amañarlo a conveniencia: qué alegría, qué alboroto, ¡le ha tocado el perrito piloto!

Messi es como la Schiffer de principios de los 90, que parecía que no había otra top model sobre la faz de la Tierra. Daba igual que por las pasarelas anduvieran, con igual o mejor estilo, belleza, clase y finura una Cindy Crawford, una Elle Macpherson o una Naomi Campbell. En el mundo sólo existía Claudia Schiffer, que a su cabecita de Barbie de los Alpes se le atribuía también inteligencia, sagacidad, sentido del humor, simpatía y mucho amor por los animales, tal vez confundiéndola con Brigitte Bardot, con la que tiene un aire. Con Messi pasa algo parecido. ¿Será el amor por los animales?

Para el Balón de Oro 2012 se supone que computan los méritos de 2012. O sea, que en los pies de Messi, ganar la Copa del Rey es como ganar la mundial, que diría mi hermana. Si yo fuera su manager le aconsejaría apuntarse al Tour de Francia este verano, que seguro que no lo gana pero tendría mucho mérito para el Balón de Oro 2013, ya me dirán ustedes. En cuanto a talento, nadie duda de que lo tenga. Lo que está por demostrarse es que lo mantenga cuando le peguen las patadas que le dan a otros, o le rompan alguna ceja en el campo. Pero me parece bien: hay que exigir no ya juego limpio, sino juego impoluto, juego de Mr Proper. Y al que mire a Messi, siquiera para asombrarse, se le pita falta intencionada (por la intención) y tarjeta amarilla. A un ser celestial no se le puede incordiar cuando trota por el césped con el único fin de encandilar a esos seres inocentes que son los niños. La belleza es la belleza y la juventud, divino tesoro.

Pero lo que sin duda ha hecho de Messi un ganador de Balones de Oro es su personalidad y carisma, de eso tiene tanto que le sobra. Es como Ballotelli, pero en hobbit. Yo pensaba que el esmoquin de Georgi Dann que me llevaba el año pasado era insuperable, pero no. Para esta temporada hemos elegido un esmoquin de faralaes por el que habría que concederle la nacionalidad. La catalana por lo menos, aunque se merece la andaluza, aunque sea de propina. En fin, chicos: se dice que cuando pierdes, lo malo es la cara de tonto que se te queda. La originalidad de Messi consiste en tenerla también cuando gana. Aunque sea una sencilla Copa del Rey.

Messi, ese hortera

De la cantera y otras paridas

Esto de los canteranos me recuerda a eso de que viene la sobrina del presidente para hacer un training. Pues vale. Pues que venga. Siempre hay fotocopias por hacer, papeles para encuadernar, y stock para inventariar. Ah, no, que tiene que soltarse y aprender las cosas del negocio, así es que te la lleves a ver a un cliente… Vaya. A rezar por que vaya bien vestida, con el pelo cuidado, los zapatos limpios y se quede calladita. Sobre todo, calladita. Antes, durante y después de la reunión. Bref: que no estorbe. Claro, que esto de que te lleves a la niña a ver a un cliente sólo se lo dicen a los mindundis, que son los que se juegan los cuartos con clientes de medio pelo. Eso, y que no le pueden contestar al presidente que se la lleve él al Consejo de administración, si quiere, ya que vale tanto y se merece esa oportunidad. La niña.

Ser canterano no garantiza nada, salvo poder lucir el carnet en el que pego el chaval aquella foto con granos. Este babeo con los canteranos del Real Madrid es de una imbecilidad que sonroja. Si los seleccionaran por los genes, el argumento tendría un pase, pero una cantera no es una ganadería y lo normal cuando un futbolista se retira es poner una tienda de artículos deportivos o hacer carrera en la Federación, pero no meterse a semental, aunque la publicidad de Xabi Alonso pretenda hacernos imaginar lo contrario. Les pongo una foto, para que los lectores desinteresados con el fútbol sigan leyendo.

Con esto de la cantera se tiende mucho a generalizar, que si aman los colores y que si son unos chavales entregados y baratos. No sé yo si Casillas sigue siendo el portero con la mejor relación calidad/precio del mercado, la verdad. Y en cuanto al amor por los colores, bah, eso es como el primer novio, que se te olvida en cuanto firmas la hipoteca del adosado. Pero sea, generalicemos: yo lo que quiero es que el Madrid gane todos los torneos, así, en general y que gane a todos los equipos, así, en general. Y si además juega bien, en general, y mete muchos goles, en general, pues mejor en general. Y para eso, debemos tener a los mejores jugadores en cada sitio, por lo que la procedencia de los jugadores, en general, me trae sin cuidado. Y ahora particularizo para decir que si en razón de la puñetera cantera tengo que tragarme a esa especie de Grace Jones en chandal que es Callejón, me vuelvo a mis generalizaciones, que duermo más tranquila.

Si yo quisiera ver a los jugadores de la cantera, me iría los domingos por la mañana a Valdebebas en vez de contratar el Canal Plus. Se ve que el público del Bernabéu no hace ni una cosa ni otra, y por eso aplaude a rabiar cuando un canterano se pone a correr la banda en el calentamiento, aunque sea de la cantera del equipo contrario, que es lo que pasó ayer por la tarde sin ir más lejos. Sí, queridos, sí: Ayer en el Bernabéu se ovacionó ¡al delantero del equipo contrario! Por lo visto, los goles de un delantero, si es de la selección española, hay que aplaudirlos siempre, aunque con ese gol el equipo por el que has pagado 70 eurazos de la entrada, pierda. El público del Bernabéu, con tanto complejín mal curado, se ha vuelto definitivamente loco. Yo me imagino a estos tontainas sujetando su cerveza sin alcohol en vaso de plástico y estirando luego el dedo meñique, para beber con señorío…

Dos nombres: Di Stéfano y Etoo. Y déjenme de líos, que con tanta bobada me voy a tener que hacer del Atleti.

La afición funcionaria

Pues el sábado estuve en el fútbol, en el Santiago Bernabéu. Me regalaron una entrada de abono unos compañeros de la oficina, y lo que me ahorre con ese bello gesto me lo gasté después en comprar otra entrada para poder llevarme a mi sobrino. Ir al fútbol es un lujo asiático: los precios son astronómicos. Es verdad que los ingresos que obtiene el Real Madrid por la venta de entradas son sólo el 10% del total, así es que se puede entender que les traiga sin cuidado no ya que el campo se llene (que se llena), sino cómo se llena. Ahora bien , si el partido no tiene algo de tensión, o los jugadores no hacen virguerías, no vale la pena el dineral: el público está como pasmado, no hay ninguna animación. Y no lo acabo de entender, porque una cosa es que ganar le parezca una rutina a un madridista y otra convertir una tarde de fútbol en una pesada obligación, que es lo que parecía. Esto por no hablar de los ocho puntos de distancia con el primero, que viendo la desidia parecían veinte…

Parte de culpa creo que la tiene tanta música de ópera al comienzo del partido. Si es que les pinchan el Nessun Dorma y luego el himno de Plácido, y claro, el público se cree que tiene que ponerse trascendente para lo que viene después. Y que, oye, tampoco es plan de empezar a cantar lo del «al alba vinceró ¡Vincerooooo! ¡Vii-in-ceeeee-rooooo!» cuando uno no dispone ni de la voz ni de la oreja de Pavarotti (aparte de no tener muy claro qué pelotas están cantando). Después de una música tan elegantona hay que reconocer que silbar, aplaudir, animar y cantar eso de «cómo no te voy a querer» dando palmas es como de poco señorío. Que poner el Turandot en un campo de fútbol sea una cursilada de tomo y lomo no importa: el Madrid es un club venerable, de manera que el que quiera oír algo medio moderno que se espere al bicentenario.

En fin, que el Bernabéu era un congelador, y no lo digo por la temperatura sino por el ambiente de velatorio que se respiraba. Donde yo estaba (una entrada estupenda, por cierto), y a pesar de tener debajo a los del Fondo Sur, que son los únicos que cantan y que animan, el ambiente era frío y sin emoción. Es verdad que el partido fue un petardo, pero ¿cómo no va a serlo? La gente llega, se sienta, se enciende su puro o abre su bolsa de cacahuetes, se repanchinga y a mirar. Les faltaba el periódico, y ahí no se levantó nadie ni cuando metieron los dos goles. Ni un «venga«, ni un «vamos«, ni un «huy«, ni siquiera un «me cago en la madre que te parió«, que a pesar de lo ordinario puede llegar a tener su encanto. Con la excepción de una chica que estaba detrás de mí y que soltó un par de «pero mira que eres malo» y algún «vete a cagar, hombre«, el resto tenía la misma tensión arterial que les produciría estar viendo «Desayuno con diamantes». Se pueden imaginar que con ese panorama, a mí no se me ocurrió decir ni mu, ya no digamos Hala Madrid. Me tomé mi cocacola y mis patatas fritas y me dediqué a envidiar lo bien que se lo estaban pasando los del Celta, bien arracimaditos en una esquina.

Cuando el partido terminó, el campo ya estaba medio vacío. Y es que aguardar a que se acabe y tener entonces que transitar por un enojoso pasillo abarrotado de gente y esperar de manera impenitente a que el viejecito de delante baje la grada es insoportable para cualquiera, tenga o no afición. Que aunque te ponen el viejo himno pensando, supongo, que así la gente correrá para no tener que escuchar algo tan poco class, lo cierto es que se tarda un poco en salir y, mira, esto es el Madrid y penurias, las justas. Supongo que un marciano pensaría que se cobra la entrada al final del espectáculo y que la gente se marcha como en un “simpa” masivo pero para mí el asunto tiene una explicación muy razonable: como el partido se jugó prontito y además era sábado, querrían pasarse por El Corte Inglés antes de que cerraran para comprarse una camiseta del Madrid. Y así poder ir disfrazado de madridista para, en el próximo partido, fichar a la hora en punto.

Barça-Madrid, qué horror

Por lo visto quieren convertir el Barça-Real Madrid en un acontecimiento político. No es la primera vez, desde luego.

Me parece una imprudencia.Ya hay demasiado chalado en el fútbol como para poner más burra a la gente.

Me parece una estrategia muy imbécil por parte del Barça. Su imagen de club con valores bondadosos y tan beatífico, amigo de los niños y de los animales, ay, la Unicef, se va a resentir. Allá ellos, pero son más tontos de lo que creía.

Me parece un subterfugio para que los catalanes se sigan olvidando de adónde les han llevado los nacionalistas (los que estaban con Montilla y estos tontos del bote). Y para seguir encabronándonos al resto. Y seguir tensando la cuerda, como si ellos no estuvieran al otro lado. Cuánta estupidez.

Me parece que sitúa al nacionalismo exactamente en el lugar que le corresponde: el folclore. No hay racionalidad en la ideología nacionalista. Todo está basado en las tripas, en las vísceras, en la tribu, todo es muy rancio y cavernícola.

Pero sobre todo, me fastidia mucho porque a mí me gusta el fútbol.

Esto es todo lo que puede ofrecer el cretino de Mas, esa esfinge y el nacionalismo, esa ideología para indigentes mentales: joder un clásico del fútbol. Qué gentuza, por dios, qué gentuza.

 

Y también ganaron esta Eurocopa

Supongo que muchos de vds conocerán actitudes parecidas a la de mi sobrino de 16 años. Cuando empezó esta Eurocopa 2012, aún no se había jugado el primer partido del torneo contra Italia y ya especulaba con el rival que nos podría tocar en semifinales. O sea que daba por hecho que llegaríamos a esa ronda y que habría que pasarla. Mi sobrino se ha perdido el partido de ayer porque se ha ido a estudiar a los Estados Unidos, pero antes de marcharse le aconsejé que se aficionara al béisbol. En ese deporte los españoles no somos nadie y no está de más que, aparte del inglés, añada la superación de la decepción continua a su currículum formativo.

Después de esta Eurocopa, y tras el partido que vimos ayer, no sólo la generación de mi sobrino sino todos los españoles podemos dar el pasaporte a esa desconfianza programada por la experiencia de tantas decepciones. Ganar una final de Eurocopa por cuatro a cero a Italia, jugando con alegría y yendo desde el principio a meter más goles; pasar todo el segundo tiempo sin sobresaltos; quedarte sin reproches por hacer – salvo llamar «pesao infinito» a alguno -; todo eso te hace sentir que definitivamente se ha producido un cambio de piñón, y que a partir de ahora la decepción será consecuencia de una alta exigencia y de una ambición racional, y no de esa ilusión furiosa en la que la falta de competitividad se agazapaba detrás de la mala suerte, los pésimos arbitrajes y las injustas tandas de penaltis.

No es la edad de mi sobrino, sino esa emoción de la Eurocopa del 2008, aquella euforia después del mundial o la alegría satisfecha del título merecido ayer de forma casi mecánica lo que ha acabado definitivamente con la referencia de ese pasado temeroso y pasmado en el que el único que ganaba algo de interés era el Real Madrid. No es que nos hagamos mayores, es que la selección española se ha hecho grande. Tan grande que luego, al lado, se nos queda el país muy pequeñito.

Un gran bravo al equipo de Monsieur le Marquis de Dubois, incluido el Sr. Del Bosque. Sólo espero por el bien de todos que después de ennoblecerle y agasajarle no le propongan para ministro de algo y le conviertan, a él también, en un ser muy pequeñito.

 

Cambiar un recuerdo

El Real Madrid no pudo llegar a la final de la Champions League este año porque perdió el partido de vuelta de semifinales en el Bernabéu contra el Bayern. Aquel partido se perdió en la tanda de penaltis, que no es en absoluto una lotería sino un castigo para la tensión arterial de cualquier aficionado, aparte de un buen jarabe de palo para el equipo que pierde y que luego se lamenta de no haber sido capaz de meter el golito de la clasificación durante 120 minutos. Pero yo supongo, y sólo lo supongo, que para los jugadores no debe ser tampoco un plato de gusto…

Sergio Ramos, un jugador de quien la mayoría guarda una primera impresión llegando como el Tony Manero de Camas a la capital para firmar su contrato, mandó en aquella semifinal su disparo a la luna y se convirtió entonces en el pimpampum de todas las bromas y de todos los chascarrillos no ya en Madrid, sino en toda España. Poco importaba que Cristiano y Kaká, uno delantero y otro mediapunta, ambos Balón de oro y ambos FIFA World Player, hubieran fallado en su turno. Ramos, un jugador magnífico a quien todos los graciosos de España ya recordaban por la imagen de una copa del rey descacharrándose a cámara lenta desde un autobús de celebración, ahora iba a ser recordado por aquel penalty que apeaba al Real Madrid de la Décima. La gran mayoría de los jugadores no podrá fallar nunca un penalti como ése por la misma razón que la Reina de España no se podrá romper nunca una uña fregando platos. Una bendita cruz de la que aquí se reía todo el mundo, y algunos hasta babeaban un poco de hiel.

Y ayer Sergio Ramos, con una final de Eurocopa sobre el tapete, se volvió a presentar voluntario para la lista de los penaltis. Y no sólo hizo gol sino que además cambió para siempre el recuerdo que, a partir de ahora, tendrán los españoles de él. Bien hecho, Sergio Ramos, bien hecho.

España-Francia

Luego el señor del Bosque nos regaña, y un sector de la prensa nos dice que somos nuevos ricos y que estamos malcriados. Que ya no nos acordamos de los tiempos de penurias, cuando España caía en la primera eliminatoria, eso contando con que pasara la liguilla previa. Que nunca estamos contentos con nada y que así no hay manera.

Pues ¿Qué quieren que les diga? Pues que lo de ser nueva rica me parece un aburrimiento. A ver si Portugal, esos pobres, nos anima un poco y nos da un par de tortas, para que tengamos que pegarles nosotros tres. Y así habrá algo de emoción.

O sea, casi que prefiero lo de «¡qué manera de perder…!», que cantaba Sabina del Atleti. Les dejo con la canción por si la quieren escuchar, que hay que reconocer que tiene su gracia. Y una sonrisa nunca está de más.

¡Por mis blasones!

Ya se habrán enterado vds de que la selección española de fútbol ha ganado una Eurocopa y un Campeonato del mundo luciendo en sus camisetas un escudo que no es el español, sino otro que se le parece mucho (shhh, que no se enteren los franceses, a ver si se van a venir arriba en cuartos). Yo no creo que sea una falta de respeto a los símbolos del Estado, sino más bien una mezcla de incompetencia y dejadez. Falta de cuidado más que falta de respeto, vaya.

Y aunque la Federación no ha dado ninguna explicación, está clarísimo lo que ha sucedido.

– Oyes, Pepe, que cojas el ejcudo ese que sale en la bandera y que se lo pongan los chicos del furbol en las camisetas pa que luzca el señorío.

– ¿Y de dónde saco yo un ejcudo? ¿Llamo a la Zarzuela?

– No, hombre no, vas a andar molestando, no seas incurto. Mira en el internés ese, que pa eso está.

Así es que Pepe se metió en el internés, puso «EJCUDO DE ESPAÑA» y se topó con la Wikipedia. Lo siguiente fue llamar al taller del chino que trabaja para Adidas y decirle que se lo mandaba por fas. Y envió esto:

El escudo de España es cuartelado y entado en punta. En el primer cuartel, de gules o rojo, un castillo de oro, almenado, aclarado de azur o azul y mazonado de sable o negro. En el segundo, de plata, un león rampante, de púrpura, linguado, uñado, armado de gules y coronado de oro. En el tercero, de oro, cuatro palos, de gules o rojo. En el cuarto, de gules o rojo, una cadena de oro, puesta en cruz, aspa y orla, cargada en el centro de una esmeralda de su color. Entado de plata, una granada al natural, rajada de gules o rojo, tallada y hojada de dos hojas de sinople o verde. Acompañado de dos columnas de plata, con la base y capitel de oro, sobre ondas de azur o azul y plata, superada la corona imperial la diestra, y de una corona real la siniestra, ambas de oro, y rodeando las columnas una cinta de gules o rojo, cargada de letras de oro, en la diestra «Plus» y en la siniestra «Ultra», (del latín Plus Ultra). Al timbre, Corona Real cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesta de ocho florones de hojas de acanto, visible cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en el mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador en oro, sumado de cruz de oro. La corona forrada de gules o rojo. El escudo de España, lleva escusón de azur o azul, tres lises de oro puestas dos y una, la bordura lisa de gules o rojo, propio de la dinastía reinante (Borbón-Anjou).

No crean que es tan fácil hacer bien este encargo. Porque Pepe, aun creyendo que se lo estaba mandando al chino en su propio idioma (en el del chino), todavía tuvo una pizca de sentido común para hacer repetir la primera partida de camisetas, que llevaban esto que ven abajo (1)

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(1) Entiendan esto como una broma. Les ruego que me disculpen por esta EVIDENTE falta de respeto hacia los símbolos del Estado. No he podido evitarlo…