Inside Spain

Después de la aclamada Inside Jobs, en donde se cuenta la maldad de los mercados en el proceso de empobrecimiento de los países acomodados, habría que hacer un Inside Spain. Los telediarios de estas dos últimas semanas se prestan a realizar un buen documental de 90 minutos. Podría competir en los Oscars 2013, y optar también a los mejores efectos especiales, en la categoría de thriller.

Inside Spain sería un documental que podría tomar como hilo conductor las deudas de las Administraciones públicas con empresas privadas, por ejemplo. Unas administraciones que en época de vacas gordas no bajan los impuestos y en época de vacas flacas los suben, y que después, cuando la única vaca posible es la vaca que ríe,  eligen como mantra para sindicatos, izquierda atocinada y derecha incauta que hemos (nótese la persona verbal elegida) vivido por encima de nuestras posibilidades. Nada más falso: Inside Spain mostraría cómo las Administraciones han vivido exactamente conforme a sus posibilidades: falta de rigor, de responsabilidad y de respeto, las 3 erres que se deben garantizar, bajo pena de destierro, cuando se trata con el dinero de los contribuyentes (no del Estado, matiz que suelen olvidar).

En el papel estelar de oso moroso y sin madroño, Don Gallardón, Ministro de Justicia y Notario Mayor del Reino, que podrá explicarnos con gentil verbo cómo la posibilidad de gastarse el dinero que no tenía le permitió llevarse el ayuntamiento al Palacio de Cibeles o cambiar la estatua de Colón de sitio, ejemplos de servicio público básico que cualquier alcalde debe atender aunque deje a deber a unos cuantos. El señor notario dará fe de cómo se endosan esas facturas sin pagar a un pool de bancos, que concede al Estado un generoso crédito a diez años, con dos de carencia. Condiciones que antes han negado al pardillo que realizó la entrega y que cerró la empresa esperando cobrar por su trabajo. La buena noticia es que el pardillo se librará de volver a pagar, vía impuestos de sociedades, la quita, el interés y la carencia del crédito. ¡Y que no se queje tanto, hombre! que ahora tiene wifi en las paradas del autobús y puede entrar en el internete a mirar ofertas de empleo mientras espera el 127, que le lleva derechito a la Oficina del INEM.

El entramado de empresas públicas sin ninguna utilidad no debe ocupar demasiado tiempo en el documental. Con decir 4.000, ya uno se hace cargo del número de paniaguados que tienen un cargo de director general con firma y tarjeta de crédito sin control. En modo flash y adornado con música de sevillanas, los ERES y la cleptocracia generalizada de Andalucía, amparada en una deuda histórica prometida y nunca cobrada (o sea, lo normal) con el folclore añadido de facturas en prostíbulos y gastos en farlopa. Imprescindible también la sucesión de alcaldes y presidentes de la nada clamando por la herencia que nunca les llegó en forma de transferencias de un Estado Central tan inerme como voraz, plagado de buitres repartiéndose a dentelladas el dinero de una Administración Pública que por no tener, ya no tiene ni vergüenza.

El españolito, al fondo, entretenido con televisiones autonómicas anegadas en deuda y partidos de fútbol de clubes con un gasto desquiciado, votando por lo que cree y no por lo que constata, y que no se rebela nunca ante la confiscación permanente de sus bienes. El españolito que añora aquellos tiempos de vacas gordas en los que el Estado, en vez de bajar impuestos, se endeudó para vivir conforme a sus posibilidades de incuria. El españolito que viene al mundo y que pide a gritos que le guarde Dios, porque una de las dos Españas (la pública) ha de helarle el corazón…

La guarra de la paloma

Esta mañana, al salir de casa, me he encontrado con que una paloma ha sufrido un proceso diarréico severo mientras dormitaba, entre retortijones, en lo alto del arbol bajo el cual estaba aparcado mi coche. Mi coche, en vez de azul metalizado, era de un marrón veteado con una gama que transitaba entre el amarillento y el verdoso. He tenido que sacar un clinex para poder asir el tirador y abrir la puerta, porque la porquería chorreaba desde la ventanilla. De camino al trabajo, he parado en un túnel de lavado para que lo limpiaran. Además del ascazo, era la vergüenza de ir metida en ese coche provocando la repugnancia a otras personas. Siete euros, y probablemente multa por correr en la M-30 para llegar a tiempo a una reunión a las 9 y media.

He venido a casa a comer y casualmente, he encontrado sitio en el mismo lugar donde lo dejé aparcado anoche. He pensado que la ley de la probabilidad me favorecía: no iba a estar aquella paloma podrida otra vez en el árbol, sobre todo porque después de haber echado todo aquello de su cuerpo lo normal es que se hubiera desintegrado. Al salir hacia el trabajo, me he encontrado con que la cerda esa todavía tenía rastros de inmundicia en su cuerpo. Mi coche estaba otra vez con cuatro o cinco porquerías en el capó delantero y en el parabrisas.

Y hasta aquí los hechos.

Haciendo uso de mi derecho a mi legítima defensa y aunque no hay segunda enmienda en la constitución que me ampare, he vuelto a subir a casa, he cogido una pistola, he bajado de nuevo, y me he liado a tiros con todas las palomas que he sido capaz de ver por los árboles. El resultado ha sido catorce palomas reventadas, y siete gravemente heridas, que he recogido con mucho asco y he tirado en el cubo de la basura. He dejado los casquillos cuidadosamente repartidos por la acera, como señal inequívoca de mis intenciones en caso de nueva injuria.

Y ahora, a partir de aquí, los hechos.

Me he montado en el coche y, de vuelta al trabajo, he parado en una gasolinera en donde hay un lavado a presión. Y ahí me tenían vds, con mi traje de chaqueta, mi levita de entretiempo, mis gafas de sol de marca y mis zapatos de tacón, con la pistola de agua a presión en mano, disparando a la porquería que la puta paloma me ha dejado en el capó delantero y en el parabrisas. Yo creo que al cuadro le sobraba excentricidad como para ser cómico. Le sobraba excentricidad, y una buena dosis de odio asesino pintado en mi cara.

Siento las palabras gruesas que he usado para describir a la guarra de la paloma.

Loewe

Vaya un lio que se ha organizado con el nuevo anuncio de Loewe. Yo todavía me pregunto por qué. Para que tengan una idea precisa del anuncio, y por si aun no lo han visto, les enlazo el vídeo para que puedan verlo.

El anuncio ha sido Trending Topic durante todo el día en Twitter, y esto significa que habrá millones de tuits y de comentarios de 140 caracteres sobre el tema. Por lo que he podido ver, las críticas se centraban en dos aspectos: A) Los actores dicen imbecilidades y no representan a la juventud actual, con la derivada de que si los de Loewe creen que representan a la juventud actual, los imbéciles son los de Loewe; y B) Cómo es posible que, con la crisis que hay, una empresa anuncie bolsos de 600 euros. ¡Me encantan estas cosas!

Loewe es una marca de lujo, efectivamente, y venden bolsos que cuestan 600 euros. Cuidado con su corazón porque les voy a dar un disgusto: también tienen bolsos de 1.500 €,  venden recambios de agenda por 150 euros,  y pañuelos de 300 euros. Es cierto, hacen eso. ¿Y? ¿Cuál es el problema, exactamente? ¿Que no se lo pueden permitir? Claro, amigos, por eso es una marca de lujo. Si todos nos lo pudiéramos permitir, entonces no sería Loewe, sino Pieles Mariloli, Sedas López, y Bolsos Maricarmen. Ah, ¿ que el problema es que hay ricos podridos que lo compran? Bueno, pues matémoslos por ricos podridos y a la hoguera con Loewe. Pero piénsenlo un momentito antes de dictar sentencia, porque si acabamos con Loewe ¿Qué van a comprar vds en los mercadillos de bragas? O peor ¿A qué van a dedicar la mañana que han dejado libre para pasear por Chinatown en Nueva York? Incluso ¿Cómo decirle al vecino, que se fue de vacaciones a Bangkok, que ya no quieren la maleta de imitación que le encargaron? En fin, si les molesta mucho la publicidad de Loewe, siempre pueden llevar una imitación de Hermès o de Louis Vuitton, que no están nada vistas y son muy originales. Ahora que lo pienso, es una pena que no haya mercadillos de coches en donde se puedan comprar Cayennes de imitación. Negros.

Vayamos a la publicidad. Ciertamente, no representan a la juventud. Desde luego, la juventud está mucho mejor representada en cualquier anuncio de la tele, en donde sale gente de lo más normal. Yo no sé vds, pero en mi oficina veo modelos cada día, y tengo que ponerme gafas de sol para no cegarme con el brillo y la blancura de los dientes de todos los pibones que me rodean. Yo misma, cuando me levanto por las mañanas, me miro en el espejo y me encuentro con un aspecto fresquísimo, y no sólo porque llevo un salto de cama perfectamente planchado, y porque un rayo de tibio sol entra por la ventana. Cojo el coche y, además de limpio reluciente, suena una musica genial, yo voy feliz conduciendo sola siempre por carreteras con unos paisajes que ríete tú de Nueva Zelanda. En mi oficina hacemos cada día asambleas con los clientes y en el supermercado, las cajeras tienen un aire a Cindy Crawford que lo flipas. Luego hay cosas que no debería contar, pero en mi cuarto de baño hay tal cantidad de roña que tengo que echar Cillit Bang a cubos, por no hablarles de mis hemorroides, que sufro en silencio, aunque podría salir en Prime Time a contárselo al mundo…

No llamen tontos a los creativos, por favor. La publicidad sirve para fijar la vista en una marca, crear notoriedad y transmitir valores, en este caso, el lujo, la sofisticación y, por qué no, la superficialidad y algo de tontería. Yo encuentro que Tamara Preysler se verá perfectamente representada. Puede que en el mundo 2.0 hayan dictado sentencia, pero en el mundo 1.0, habrá quien pague 80 euros por una imitación de un monederito en un mercadillo de bragas. ¡Arriba pestañas!

Silencio, se rueda

Cada dos por tres hay un rodaje en mi calle. Y es un rollo, porque no te dejan aparcar. Y si aparcas a pesar de todo, como tienen permiso municipal, llaman a la grúa. Y la grúa viene, doy fe. La grúa nunca viene cuando los “aparcas” de los restaurantes ponen hasta una tercera fila de coches. Y es que los vecinos no tenemos permiso municipal: la tarjetita de residente es sólo un comprobante de pago. Digo yo.

También en la calle de detrás de mi oficina vienen muy a menudo a rodar. En este caso, series de televisión. Yo, como no veo series, pues no veo mi oficina en la tele. Una lástima, porque la perspectiva que me puede ofrecer ver a los policías del CSI acordonar la zona para que  los médicos de House puedan sacar a los heridos del Ala Oeste de la Casa Blanca, mientras Mujeres Desesperadas intercambian trucos domésticos con las chicas de Sexo en Nueva York es todo un ejercicio de ensoñación. Y digo ensoñación porque lo que realmente podría llegar a ver es a los Hombres de Paco acordonar la zona para que los residentes de Hospital Central verifiquen que no hay heridos por una pelotera entre los vecinos de Aquí no hay quien Viva, mientras los de Cuéntame comparten vivencias extra temporales con los Serrano.

Pensarán que me paso el día entre cámaras de televisión y que corro algún riesgo de saltar a la fama. Realmente,el único salto previsible es el que conviene hacer cuando ves un cable, más que nada para no esmoñarse. Por lo demás, ningún peligro.

No querer recordar

No quiero recordar, pero debo hacerlo. Impresiona cómo recordamos de manera precisa algunos acontecimientos de nuestra vida. Más allá del suceso, revivimos con toda nitidez lo que vimos, lo que escuchamos, lo que dijimos. Cuáles nuestras sensaciones, cuáles nuestros sentimientos, cuáles nuestras emociones.

Ya estaba guardando mis cosas en el bolso para salir de casa cuando sonó el teléfono. Parece que son muchos, oí decir a aquella voz. Cuántos son muchos, pregunté, y grité al escuchar aquel primer número brutal. Llamé desde el coche a la oficina para dar señal de mí. Me dijeron que el recuento había empezado. Al llegar al trabajo el silencio, el desconcierto, la gravedad, el miedo. Estábamos todos. Cruces de llamadas con amigos, en un nuevo recuento más temible si cabe. Madrid extrañamente vacío de coches, el silencio en la oficina, el tiempo estaba quieto y sin embargo seguía pasando. ¿Cuántos son muchos? Un golpe en el alma.

La página de Internet se había parado en un número desolador. Cuando el contador se despertó de pronto, el primer salto fue atroz. Y después, cada vez que se refrescaba, cada cinco minutos, un nuevo estremecimiento, un nuevo desgarro, un nuevo límite en el dolor. Silencio, miedo, pesar de lágrimas. No nos mirábamos, no queríamos enfrentarnos a nuestra pena ni al dolor horrorizado de los que nos rodean. El contador sigue subiendo como un puñal aterrador que se hunde en la herida sin poder encontrar el límite. Duele tanto… ¿Cuántos son muchos? Aunque sólo sea uno, el alma se rompe.

Yo recuerdo con nitidez aquella oficina y aquel comedor silencioso. Y también recuerdo perfectamente las miradas extraviadas por la tristeza de los conductores en sus coches. Yo recuerdo con nitidez aquel abrazo sentido al llegar a casa. Y la profunda pena, el profundo dolor, el llanto desconsolado. Nadie en aquel primer recuento, pero alguien en aquel segundo, en aquel tercer recuento. Y el cuánto se convierte en quién: el hermano de aquella vecina, el suegro de aquel compañero, el sobrino de ese conocido. Son las vidas que fueron, son las almas rotas: el marido de aquella mujer, el hijo de aquella madre, la hija de aquel padre, el padre de aquel hijo. Son ellos. Y son nuestros.

Y esto es todo lo que no quiero recordar hoy, pero debo.

Rueda de prensa en español

Leo en el periódico que el Departamento de Estado de EE.UU. ha empezado a usar el castellano en sus comunicaciones. Ayer, se ofreció una rueda de prensa íntegramente en español. El promotor de esta iniciativa es Mike Hammer, subsecretario interino para asuntos de Prensa. No se trata de simples traducciones, sino de ruedas de prensa independientes de las realizadas en lengua inglesa. El interés es que se hacen preguntas distintas, relacionadas con Iberoamérica o con otros asuntos de interés social, y muchos periodistas de medios anglófonos acuden también, por si salta la liebre. Lo que persiguen es encontrar “formas de comunicarnos con una audiencia global“. Y luego dice el Sr. Hammer: “por eso hemos hecho ruedas de prensa en otros idiomas como el árabe o el chino, aunque… el español tiene más tirón.”

Anda, pues claro. ¿Pero cómo no va a tener más tirón el español que el chino o el árabe, alma de cántaro? A los chinos y a los árabes no hay quien les entienda, no hay más que oirles hablar.  Y ya intentar leer algo de lo que escriben, santo cielo… Y además ¿Qué van a preguntar los periodistas sobre China, si está lejísimos? Lo normal es que quieran enterarse de lo que tienen al lado, y que tengan interés en relacionarse mejor, comunicarse mejor y entenderse mejor con aquellos con quienes tienen más fácil comerciar.

Cuando leo estas cosas, no puedo dejar de sentirme una privilegiada. Y vds, que me están leyendo, también lo son.  Nos comunicamos en una lengua que otros tienen que esforzarse por aprender si quieren ser mejores. Nosotros, ese esfuerzo, ya no lo tenemos que hacer.  Y esto solo lo podemos decir nosotros y los ingleses, aquí en Europa. ¿No les parece fantástico? A mí me parece genial.

Sólo el incompetente echa la culpa de su mediocridad a la herramienta que utiliza. Y sólo el que además de incompetente es idiota, elude dotarse de herramientas mejores a aquellas de las que dispone para conseguir sus objetivos. Hammer, en español, significa martillo. Y yo creo que ha dado en el clavo.

 

De machistas y de machotes

Hoy he recordado lo que le dijo un hombre a una mujer que previamente le había recriminado su machismo por cederle el paso en una puerta: “No se equivoque: yo no le cedo el paso porque vd sea una señora, sino porque yo soy un caballero“. Y lo he recordado porque alguien decía que la cortesía era una reminiscencia machista. Yo creo que es justo al contrario: me parece que el machismo es incompatible con la cortesía. Voy a ver si consigo explicarme.

No sé la imagen que tendrán vds del hombre machista. Yo no tengo una imagen física concreta, porque me los he cruzado altos y bajos, morenos y rubios, delgados y gordos, horteras y pijos y feos y guapos. Para mí un machista es un tipo que habla de su esposa sin el menor respeto, se jacta de dominarla y la manda callar en público. En realidad, no hace falta que la pegue, porque la pegaría. Al machista se le reconoce de inmediato porque no te mira a la cara, sino primero de arriba abajo, para luego dejar los ojos a los lados de tu escote con descaro, por si acaso te da por pensar que tú eres algo más que un par de tetas. Raramente te llama por tu nombre: te llama niña, o chica, o mujer, o Tú, siempre con intención de ridiculizarte o haciendo ver que eres tonta perdida con el gesto. Son esos tipos que le llaman a las mujeres chochitos, y que nos cosifican cuando hablan de nosotras entre ellos. Que creen que olemos distinto y pensamos peor cuando tenemos la regla. Que usan la palabra menopáusica para insultar. Que se ríen mucho si nos imaginan llorando. Que disfrutan si les tememos.

Es impensable que esos tipos te cedan el paso, te alcancen el abrigo, esperen a que te sientes para sentarse ellos, o se pongan en el lado exterior de la acera. Esos tipos no tienen cortesía porque no tienen la menor educación cívica. Ni cívica ni de la otra, porque han mamado un ambiente en el que la madre callaba y escondía y el padre gritaba y mostraba. Un machista primero es un bestia y luego un machista. Por ese orden. Como bestia no tiene consideración con el otro, y como machista no tiene consideración con la otra. Creen que su pito les da poder, pero antes creen que su fuerza les da derecho. En una violación, participarían sin duda. Son la parte más casposa, retrógrada, ignorante y garrula de la sociedad, y están a la derecha y a la izquierda, porque esto no tiene que ver con la ideología, sino con la costumbre y la educación. Podrán ir bien vestidos, pero sus ademanes, sus miradas y cómo nos hablan, les delata. Y no se engañen: un machista nunca será un caballero ni se comportará como tal. Ni con mujeres ni con hombres.

El machote es otra cosa. Para mí un machote alardea de su condición de macho, pero quiere que se lo reconozcan las mujeres. Lo que les halaga es que te desmayes del gusto, no del susto. Rudo, basto, ordinario, es de esos que te hablan de otra mujer guapa y no se les olvida decir eso de “mejorando lo presente“. El machote se encara con mucha chulería con el camarero si no te sirve primero a ti, y se pegará con otro si te levanta la voz o te molesta. Por cierto, también se pegará con cualquiera que pase si estás tú delante y cree que eso le dará puntos. Porque el machote es un jugador que cuando habla de mujeres hace como en el parchis, que se come una y cuenta veinte. El machote tiene una cortesía imperfecta, porque no es natural, siempre es excesiva. Y es que él es un hombre excesivo.

Y luego están los hombres normales, con mayor o menor instrucción, más o menos atentos, y con mayor o menor cortesía. O sea, la gran mayoría, que puedo fijar en el 80% por seguir la ley de Pareto, aunque el asunto se presta más a la construcción de una campana de Gauss, pero no sabría yo qué poner en abscisas y en ordenadas.

Yo supongo que un machista estará muy de acuerdo en distinguir a todos de todas. No sabe nada de gramática, ni de sexo, pero sí sabe muy bien dónde está la puta y dónde el cliente.


As Soon As Possible

Hoy he pedido, de manera poco ceremoniosa y con cierta vehemencia, que dejáramos de poner esa imbecilidad de ASAP en los resúmenes de acciones a realizar de las actas. Como se me ha escapado lo de “esa imbecilidad”, he parecido demasiado rotunda, por decirlo fino, y he provocado un poco de disgusto. Pero como tengo razón, al final no se pondrá más y todos contentos. Bueno, al final no se iba a poner más, el matiz está en el todos contentos (EHAC en su acrónimo inglés: Everybody Happy And Convinced…)

ASAP se viene poniendo cuando las cosas corren prisa y se supone que son imprescindibles para tomar una decisión o dar el siguiente paso. Tú pones ASAP y te crees que tendrás lo que sea enseguida, pero no es así. ASAP no contiene ningún plazo, ni ningún compromiso. Y es que la clave de ASAP no es la parte del “soon”, sino la parte del “possible”. Ahí está la trampa. Y te encuentras con que algo que deberías haber recibido hace dos meses, todavía lo estás esperando. ¿Cuándo llegaremos a Marte? Pues ASAP, no tengan ninguna duda. Así es que se acabó la tontería.

– ¿Cuándo me mandarás el archivo?

– ASAP.

– Ya, ¿Pero cuándo?

– Pues cuándo va a ser, ASAP, de inmediato…

– No. Si es de inmediato entonces es que me lo das en el tiempo que tardas en llegar a tu ordenador, encenderlo, encontrar el archivo y enviármelo, y en ese caso ponemos hoy por la mañana. Si es ASAP, mi archivo va a competir con otras prioridades de tu agenda, y yo no estoy aquí para competir según tu criterio, yo quiero un compromiso para mi archivo, porque tu agenda, tus prioridades, tu trabajo y hasta tú mismo, me importáis un comino. ¿Estamos? Así es que me das una fecha límite entre el día de hoy y el viernes de la semana que viene, y así podremos hasta decir que tú y yo hemos llegado a un acuerdo.

– Pues el viernes de la semana que viene.

– Vale, pues ahora me tachas lo de ASAP, que era una mentira podrida por lo que se ve, y me pones el viernes de la semana que viene como fecha límite para cumplir tu compromiso, bajo pena de que, si no lo cumples, subo y te arranco la nariz de un sopapo.

– ¿Pongo también lo del sopapo?

– Bueno, si quieres pon que el sopapo te lo daré ASAP te gires y me dejes la nariz al descubierto.

 

Wilma

No a todos los que siguen este blog les tengo que presentar a Wilma. Su madre biológica, Babunita, y su mamy adoptiva la conocen bien. La han tenido en su casa durante sus primeros dos meses y medio de vida, hasta que hemos ido a recogerla. Mientras tanto la han cuidado, a ella y a sus hermanos, y de qué manera. Nos han regalado una perrita de terciopelo, alegre y confiada, que no llora, ni se queja por nada, a quien nada le asusta porque no sabe ni lo que es el miedo ni lo que es el daño, sólo conoce el cariño y el juego. Que ve otros animales (el gato de mi tía y mi querida Curra, le falta encontrarse con el macarra de Gus) y se lanza a por ellos con tanto descaro como ganas de juerga.

Ayer, además de recibir una preciosa perrita, recibimos una hospitalidad que llevaremos siempre en el corazón. Nos encontramos con una pareja encantadora, divertidos y cultivados, amantes de los animales y del buen vivir, llenos de vitalidad, de generosidad y de sentido común, que nos hicieron pasar una jornada inolvidable y no solo por encontrar a Wilma. En realidad, lo esperábamos, pero al llegar a Madrid nos dijimos que no notábamos ningún cansancio, y que habíamos pasado un sábado maravilloso. Las buenas personas.

Wilma viene de una familia buena y de una buena casa. Su madre y su mamy pueden estar muy tranquilas: con otros protagonistas y en otra ciudad, así seguirá siendo. Wilma nació un 22 de diciembre. En casa solemos decir que hasta para ser perro hay que tener suerte. Ayer, mi tía Pilar (nueva mamy adoptiva de Wilma) me decía, divertida: “Fíjate, ¡y yo que pensaba que no me había tocado nada en la lotería este año!“.

Wilma crecerá feliz. Prometido.

Y ahora os dejo unas fotos, para que digáis oyoyoyoyoyyyyyyy, que es la palabra más repetida desde ayer en esta casa. Aunque si quieres pasar un rato de lo más divertido, os propongo visitar el Blog de Babu despacio y especialmente ver los vídeos (video 1, video 2, video 3). Impagable.

¿Por qué no te callas?

No, no voy a hablar hoy de aquella situación tan hilarante protagonizada por el rey Juan Carlos y Hugo Chávez hace unos años, sino que hablaré del cine. Del cine francés, en concreto.

Entre los Goya y los Oscars nos han pasado desapercibidos los premios César (pronúnciese sesaggg, con acento en la aggg), que son, como a los franceses les gusta publicitar, la antesala de los Oscar. Naturalmente, para ellos los Globos de Oro son la antesala de la antesala, o sea, el descansillo de la escalera aproximadamente. En cuanto a los Goya, su consideración bascula entre el cuarto de la chacha y ese pequeño aseo donde mandamos a lavarse las manos al fontanero.

Los franceses han elegido como nombre para sus premios el del escultor que creó la estatuilla, una especie de tableta de turrón de guirlache. Por supuesto, nada que ver con aquel emperador romano que conquistó Las Galias con el único objetivo de escribir después un libro y que luego se dedicó a desparramar frases ingeniosas del tipo Veni, vidi, vinci o Alea Jacta est por otros pueblos mucho más ignorantes y de menor glamour.  Finalmente, en París ya nadie espera que Vercingetórix levante la cabeza y por otra parte, muerto Goscinny y retirado Uderzo, podemos concluir que toda la Galia está ocupada. Así es que, para sus guirlaches, los franceses hacen películas como la de un tal Philippe Le Guay (del Paraguay), que se llama Les femmes du 6ème étage, y le dan el Sesagg a Carmen Maura (pronúnciese Mogáaa), que estará seguramente excelente en el papel de vecina espangouine del inmueble.

Pero ya pensando en dar el gran paso al salón, los franceses debieron preguntarse ¿Cómo hacer para que nos den un Oscar? Y en un acto heroico que es muy de agradecer, determinaron que lo más práctico era cerrar la boca. Y es que cuando se quedan mudos, los franceses no sólo lo bordan: es que reciben el agradecimiento del mundo entero. Mundo entero que les otorga también el premio a la mejor Banda Sonora, para que no empiecen a quejarse de que no se les escucha, que estos galos son muy resabiados y te montan un Alesia por un quítame allá un purcuá.

Lo que nunca nos reconocerán es que, en el fondo, le han copiado la idea al Rey de España, aquel inolvidable ¿Por qué no te callas? Ay, si sus guiñoles se propusieran salir en los Simpson… Pues eso: que tendrían que echarle talento y salir Dujardin.

PS: Después de esta entrada, espero conservar al menos un amigo francés. Al menos al que me ha dado la idea…