Tedy se expande

Eduardo Bautista, llámenle Tedy, se deja entrevistar por el diario Expansión, pagina 29. Y dice lo siguiente (cito textualmente, o sea, copio):  “Es muy fácil echar la culpa de lo que sucede al cambio de modelo de negocio, cuando en realidad lo que hay ahora es un conjunto de herramientas que no existían y que han pasado a ser de uso común. La verdad es que lo que ha cambiado ha sido el comportamiento del usuario, no el modelo de negocio”. “Se ha perdido el respeto por el formato físico -disco compacto, DVD-. Y si se pierde el respeto por el soporte, se debilita el valor del contenido. Está claro que en algo hemos fallado si no hemos conseguido luchar contra esto”.

Lo que me choca no es lo que dice Tedy, sino leer esto en las páginas de un diario salmón. En el Geo o en Historia de Iberia vieja no me hubiera sorprendido, porque traen cosas interesantes sobre amebas o sobre los habitantes de Atapuerca. Incluso si me encuentro a Tedy haciendo un cameo en un cómic de Anacleto, agente secreto, me hubiera resultado de lo más natural.

Si entiendo bien, este señor considera un problema que los usuarios (o sea, los consumidores) no se adapten a su modelo de negocio (del siglo pasado). Y piensa que para tener respeto a algo hay que venerar un soporte físico, o sea la vuelta a la cartilla del abuelo, sin ir más lejos. Y luego dice, modesto, que no han conseguido luchar contra esto. ¿Cómo que no? Yo creo que luchar, luchan. A ver, al menos están motivados ¿O no?

En el Expansión y a estas horas. No he podido evitar contárselo.

 

Pirateo de libros, modelos de negocio y consumidores corrientes

Ya dije en una entrada anterior que tengo un i-pad. Tenía ya un e-book (me refiero a otro dispositivo), regalo de Navidad de unos estupendos compañeros de trabajo. Son cacharros muy distintos con prestaciones diferentes. A favor del e-book “normal”, es que se ve a la luz del día… el i-pad se lleva mal con el sol. Pero para lo esencial, que es no tener en las manos un libro en papel, me valen el uno tanto como el otro. Este es el arranque para llegar donde quiero. Hoy estoy muy cansada, así es que será largo.

Voy a tomar como ejemplo el libro “Riña de gatos”, de Eduardo Mendoza. Es el último Planeta, de manera que está en promoción, y debe haber mucha demanda. No es un libro raro, es muy fácil de encontrar. Un libro normal, que busca una consumidora normal.

El libro en papel cuesta 21,50 euros, da igual si es un gran distribuidor o una librería de barrio.  Si lo compras por Internet cuesta lo mismo.  Bueno, no: por Internet debes pagar los gastos de envío (6,5 € en el caso de un gran distribuidor muy guay y muy céntrico de Madrid). Yo debo esperar 48 horas a que me llegue el libro y el acto de búsqueda, selección, compra y pago lo realizo yo misma.  Claro que me ahorro ir al centro, el autobús, el parking…. Ah, no, que voy en autobús. Bueno, da igual, acepto que es un fastidio lo de ir de compras. Si vamos por el lado de los costes, nuestro distribuidor se ahorra algo en personal y locales si vende por Internet. Pero tiene que invertir en la web, y eso es caro. Y aunque la eficiencia llega, se necesita volumen y tiempo. Así es que me como la rueda del molino y comprendo que sea el mismo precio. Primera incursión de una consumidora en el mundo mágico de internet, y primer descarte del mundo mágico de internet de la consumidora.

Como estamos en internet, se me ocurre que  igual es buena idea leer Riña de gatos en uno de los dispositivos que tengo. Para el que no lo sepa, un e-book (el libro, me refiero) no es de papel. Uno aprieta un botoncito en una web, espera unos segunditos, y le aparece un ficherito en su ordenador que luego pasa, arrastrándolo de manera muy natural, al dispositivo e-book. Fantástico y comodísimo. Sigamos.

Como no quiero piratear, porque no soy ninguna delincuente (aunque me hayan cobrado el canon siempre que han podido), entro en las webs que venden e-books. Y me encuentro con que bajarme legalmente “Riña de gatos”, me cuesta 15,49 euros. Quince euros con cuarenta y nueve céntimos. Objetivamente es más barato que el papel. Lo que yo me pregunto es si de verdad los costes de producción (fabricar el libro), los costes de distribución (llevarlo al punto de venta y venderlo), los costes de estocaje, y otros gastos generales específicos del punto de venta (locales, personal, mantenimiento) son tan bajos, tan bajos que sólo se puede trasladar al consumidor un 30% de ahorro sobre del precio de venta del libro físico. Del autor no parece la culpa, porque se lleva un 10% del precio de venta. Quizá es que el botoncito cuesta un congo… Un congo adicional a la inversión de la web que ya habían montado para la venta por internet del libro en papel (la de los 6,5 euros de los gastos de envío).

Como no lo termino de entender,  he comprado “Riña de gatos” en la librería de una buena amiga (cuya visita recomiendo vivamente). He sido lista, porque me he pasado a última hora y me ha invitado a una caña. Qué maja. Y además, de este modo se lo puedo pasar a mi hermana, que lo quiere leer también, sin tener que desprenderme de mi i-pad durante dos semanas. Esto, prestárselo a mi hermana, de momento ni me convierte en pirata, ni está tipificado por ninguna ley . De momento…

Estamos gobernados por idiotas que por no saber, no saben ni sumar dos y dos. En cuanto a la industria del libro, debería hacérselo mirar. Y los autores, espabilar un poquito. Los libreros de barrio y especializados… creo que pueden seguir tranquilos un buen rato, al menos por este asunto concreto.

Yo, consumidora, seguiré leyendo y seguiré racionalizando mis compras, no se preocupen por mí. Sobre mis tentaciones de delincuencia electrónica y  lo que leo en esos cacharros ya les hablaré otro día.