Algo va mal, de Tony Judt

Algo va mal unmundoparacurraCambiamos este mes de fecha para comentar el libro del Club de Lectura, que lo pasamos al día 1. En esta ocasión, hemos leído “Algo va mal”, de Tony Judt. Aquejado de una esclerosis lateral terminal, Judt escribe este libro, que quiere ser un diagnóstico pero no acaba de serlo, quiere ser un testamento pero no acaba de serlo, y se queda en un conjunto de reflexiones sin remate, en un ensayo deslavazado con alguna que otra trampa. Sin embargo, en esta época de tanto griterío, se agradece la presencia del intelectual y del estudioso, y creo que se deben leer libros que te hagan pensar, aunque sea para discrepar. En el caso de Judt, tenemos delante la defensa sin fisuras de la socialdemocracia, de la presencia del Estado como bien supremo, de la creencia que éste nos resolverá todos los problemas con su papel benefactor y justo. Sin embargo, Judt, tal vez ya muy impedido por su enfermedad, no acaba de estar a su propia altura, y por momentos me ha recordado al librito basura del tal Hessel, a quien el espíritu de Descartes confunda.

Judt parte de la construcción del Estado del bienestar que tiene su origen en la reconstrucción que se emprendió a partir de la devastación provocada por la Segunda Guerra Mundial. Y razona correctamente cuando dice que nuestros abuelos construyeron un mundo mejor, más justo, más próspero y menos desigual. Atribuye este esfuerzo de reconstrucción a las ideas socialdemócratas, aunque admite que desde De Gaulle en Francia a los republicanos en EEUU impulsaron estas políticas. Y una vez dicho esto, nos dice que como la receta de nuestros abuelos fue fabulosa, que la sigamos aplicando los nietos. Y ésta es la primera de las trampas, porque en una Europa devastada, intervenir los precios, hacer carreteras y ferrocarriles, impulsar la vivienda pública, invertir en infraestructuras y sanidad y educación parece una labor deseable del Estado, entre otras razones porque no queda nadie para hacerlo, está todo arrasado. Pero obvia lo obvio: no estamos ni mucho menos en la misma situación de necesidad que entonces. Pone como ejemplo el ferrocarril y su importante papel en la vertebración de las sociedades, pero si lo desea yo le pongo la proliferación de aeropuertos peatonales en un país que ha salido de una guerra civil hace 75 años como ejemplo de obra pública para vertebrar nacionalidades. Creo que Judt se equivoca de escenario, y trata de aplicar las soluciones que sirvieron a un mundo que hoy ya no existe. Ni para lo bueno (las condiciones de progreso objetivo), ni para lo malo (“politicamente, la nuestra es una época de pigmeos”). Es como querer freir un huevo cocido.

Judt habla del Estado del bienestar como bien supremo al que hay que supeditar todas las cosas. Y vuelve a hacer trampas. Porque aunque nos dice que “En gran medida los dilemas y deficiencias del Estado del bienestar son consecuencia de la pusilanimidad política más que de la incoherencia económica”, achaca todos nuestros males al afán de lucro de “alguien” (debe de ser la mano invisible), y no a la torpeza y a la incuria de unos Estados y instituciones públicas que paralizan y burocratizan cualquier actividad económica. Judt no repara en que en el mundo actual, son los Estados (y hasta los continentes) los que compiten, antes, más y desde luego peor que las empresas. Cuando Judt dice que “los años que van de 1989 a 2009 fueron devorados por las langostas” yo le doy la razón, pero me parece que no me refiero a las mismas langostas que él.

Judt se queja del desmantelamiento del Estado del bienestar. Yo no creo que esté desmantelado, en absoluto. Es más, me parece que además de mantel, los políticos lo han llenado de tapetes de ganchillo por todas partes. Lo que pasa es que una vez que tenemos las necesidades básicas cubiertas, esos mismos Estados-langosta quieren dar más, y más, y más, hasta crear lo que yo llamo el Estado de confort. Al menos es eso lo que se me ocurre cuando equipara tener un ambulatorio con un bonito campo de deportes en un pueblo perdido. Esta incapacidad de priorizar y de distinguir lo necesario de lo que no lo es me resulta muy irritante, y creo que es el origen de todos nuestros males, como Estados y también como sociedad. Yo creo que la sanidad debe garantizar que la enfermedad se trata adecuadamente con todos los medios posibles, pero si alguien quiere una habitación individual con televisión y wifi, que se la pague. Lo mismo opino de los pueblitos perdidos que pretenden que el tren pase 3 veces cada día para recoger un viajero a la semana. Hay otras opciones, pero me temo que Judt añadiría a un chino abanicándonos con un pai-pai al menú básico de servicios tanto del hospital como de la estación de tren. Cuando dice «hoy es como si el siglo XX no hubiera ocurrido nunca» me parece una exageración, si no una boutade.

Nadie desde luego se va a oponer a la lucha contra la injusticia, contra la pobreza, contra la falta de equidad, la desigualdad, y contra lo que el llama, de manera muy acertada, el albur moral. Ese albur moral que se produce cuando una empresa pública es privatizada, pero a la que no se permite quebrar y así tiene que ser indefinidamente mantenida con fondos públicos, permitiendo el beneficio privado pero haciendo públicas las pérdidas. Acierta cuando denuncia estas calamidades, pero no hay que echar la culpa a otro más que al Estado, que es quien tiene el mango de la sartén, pone y quita reglas y nunca se responsabiliza de nada. Judt no conoce nuestras cajas de ahorros, pero si se me permite la broma, de haberlo conocido hubiera muerto igualmente, aunque de una apoplejía.

A Judt no le gusta el mundo en el que vive, pero ese mundo que mira se compone de dos o tres países. Clama contra la desigualdad en ellos, pero obvia que en los últimos 20 años, 1.000 millones de personas han salido de la pobreza. Vale que viven peor que nosotros, pero muchos viven mejor que sus abuelos, que es la base de su tesis. Critica la globalización (nos dice, que “la globalización no es más que una decisión humana”), y no dedica ni una palabra al efecto de la revolución tecnológica, la aceleración de las telecomunicaciones, la explosión de los países emergentes. Judt se queda entre las cuatro paredes de un par de países europeos y se ancla en 1948, y limita el problema de la desigualdad a que mengüen los subsidios en Inglaterra, sin importarle que en El Salvador se estén construyendo carreteras gracias a los programas de Ayuda al Desarrollo, o que los programas de microcréditos (europeos sobre todo) estén sacando de la miseria a tantas mujeres en los países en desarrollo. Su receta es que sigamos subiendo impuestos y construyendo carreteras en Europa. Nos dice: “No se debería recurrir a la eficiencia para justificar la crasa desigualdad”. Y no se le ocurre darle la vuelta: “No se debería recurrir a la desigualdad para justificar la crasa ineficiencia”. Si lo hubiera hecho, habría llegado también al “albur moral”, aunque por un camino inesperado.

En fin, a pesar de todo lo anterior, Judt nos ofrece una crítica muy seria a la izquierda y al socialismo, y también hay momentos con golpes de sentido común que se agradecen mucho. Este hombre tiene mejores libros, yo no les recomiendo que, si van a empezar, lo hagan con éste, aunque es cortito y se deja leer bien. Encontraréis otras reseñas, como siempre, en La mesa cero del Blasco, Lo que pasa en mi cabeza y La originalidad perdida. Y a lo largo de todo el mes de mayo, en vuestro blog preferido: el Club de Lectura.

Imperativos del blog

DSC_0027 recortadaTal vez os hayáis preguntado alguna vez por qué os trato de usted en los post. O tal vez no os lo hayáis preguntado nunca, posibilidad que a mí en estos momentos me trae al fresco porque me dispongo a contároslo. Pues sí, queridos: 569 post después, lo voy a explicar.

Hay tres razones. Siempre hay tres razones. La primera de ellas, es que el imperativo de la tercera persona del plural, si usamos el tuteo, me parece cursilísima. No me sale eso de escribir «pensad», «salid», «reflexionad», «comprad», «usad»… No digamos ya lo de «idos». «¡Idos, y luego volved!» me resulta inquietante, me da la sensación de que os iréis a Marte y que luego os costará mucho volver. Ese «volved» con eco …ed…ed…ed. Muy inquietante, ya digo. Cuando hablo, nunca pronuncio así. Uso el infinitivo y soy muy consciente del error, pero me trae al pairo. Y no estoy presumiendo de nada, en absoluto es una pose. Sencillamente no me sale, me parece falso y un poco cursi. Yo tengo tendencia a pensar que el sujeto que suelta un «escuchadme», luego en su casa dice «oírme». Entre otras razones porque si dice «escuchadme», en el 80% de las ocasiones lo correcto sería decir «oídme», aunque ése es otro tema que está relacionado con la tendencia que tienen todos los memos a elegir la palabra más larga en caso de duda. Pero a lo que iba: digo «pensar», «salir», «reflexionar», «comprar», «usar», e «iros», y uso el infinitivo en vez del imperativo con total tranquilidad. «¡Iros, y luego volver!», y así sé que os iréis cerquita y que volveréis seguro. Ese imperativo que me resulta tan incómodo (una manía, como otra cualquiera), se puede evitar, más o menos. Y así, en vez de «pensad», se puede escribir «yo os pediría que pensarais», o «podríais tomaros la molestia de pensar», pero complica la frase y al final, me acabo liando. Esta es la primera razón, muy vergonzante, como veis. ¡Ved la razón, amigos!

La segunda razón es que el ustedes me resulta simpático, en especial en un ambiente normalmente poco serio como es este blog. Más que simpático, coñón, con perdón de la palabra. O sin perdón, qué coño. Quizá a vosotros os suene lejano, distante, incluso algo remilgado, pero a mí, en según qué frases, según qué post y con según qué tono, me parece divertido. Y me hace reír. Recordad que este blog lo escribo para reírme las más de las veces, aunque me ría yo sola, las más de las veces también.

Y la tercera razón no existe, pero siempre hay tres razones. Así es que pongamos que lo hago porque me da la gana, y todos tan contentos. Enfadaos si queréis, pero sopesad la ventaja de mi franqueza. Convenceos, amigos míos, volved mañana y comprobad que todo ha vuelto a la normalidad. Horrorizaos con ser llamados de usted, pero seguid leyendo, no desfallezcáis o desfalleced, pero sin que se os note, o sea, hacedlo con disimulo. ¿De verdad que esta última frase os resulta cercana?

¡Dudad y perded toda esperanza, hacedme caso!

One fine day, cinco versiones

Ayer, a la hora de la siesta, pusieron la película «Un día inolvidable», película que es una tontería perfectamente olvidable. El título original de esta película es One fine day, que también es el título de una canción muy conocida, que a mí me gusta mucho y que da lugar a un versionado muy interesante de Natalie Merchant. No sé si hizo la canción para la película o la película aprovechó el versionado, pero es igual. Este es el resultado:

NATALIE MERCHANT

Pero esta canción tiene muchos más años que la película. Yo conocí One fine day por Los Carpenters, una pareja de hermanos algo cursi de los años ¿70?, cuyo disco tenía mi hermana. Su versión es algo cursilona y un poco de feria de pueblecito de Ocklahoma. Esta es la versión:

CARPENTERS

El éxito de la canción original, sin embargo, es muy anterior, años 60, por The Chiffons, con una  versión mucho más duduá shubidú shubidú. No he encontrado imágenes, pero sí la versión, muy alegre, muy sesentera. Es esta:

THE CHIFFONS (1)

Se ve que hay 3 de las Chiffons que quedan y he encontrado todavía una versión suya en una actuación reciente. Ya están hechas unas abuelillas, pero tienen su punto de encanto, sigue siendo muy duduá shubidubidú, pero la canción resulta sin duda más marchosa.

THE CHIFFONS (2)

Pero si no me engaño, la canción fue creada por la gran Carole King, que naturalmente se permite versionarla. Les pongo el vídeo en quinto lugar y aunque verán a una Carole King con calambres en los dedos a la que parece que le da asco el teclado, llega a la mejor de las versiones. O si no la mejor, sí al menos la más fresca. Y aunque no fuera la mejor versión, qué más da: Carole King es maravillosa hasta cantando el Porrompompero. Ahí está, tan mona:

CAROLE KING

Y ya, que para un domingo es más que suficiente.

Carta a Hedda y algunos cuentos

Carta a Hedda y otros cuentosNuria Marugán tiene un blog reflexivo, pensado, emotivo, de esos que yo llamo de sentimientos, que no es lo mismo que sentimentales. No sé cómo llegué a ella, supongo que desde algún blog amigo de WordPress, y me recordó a Mónica Fernández Aceytuno: aunque cambia la naturaleza por las emociones, aplica una sensibilidad similar para captar la luz y la vida. Casi siempre se descuelga con unos post que no merecen estar encerrados en una pantalla brillante, sino escritos sobre un sereno papel estucado, esos papeles gruesos que ganan cuando se airean, cuando se pasa la página y se hace volver para ser releída.

Nuria me invitó en Noviembre a la presentación de su primer libro en Madrid, en la Universidad de San Pablo CEU. En aquel momento, el libro sólo lo distribuía una librería en Madrid. Mi idea era ir a la presentación con el libro en la mano, pero después de una aventura un poco kafkiana para conseguir el libro, al final me presenté allí, sin libro y pensando que llegaba tarde. Las dos cosas tuvieron arreglo, porque el editor tenía ejemplares para vender y el acto se retrasó lo suficiente para poder escuchar una presentación deliciosa y con momentos muy divertidos. La autora estuvo como esperaba: abrumada, soñadora, nerviosa, pero sobre todo, emocionada y emocionante. Y de allí me fui, intrigada por leer aquel libro, el cuarto que tengo dedicado en casa, aunque el primero que dedican a Curra, en un lapsus realmente maravilloso de la autora.

Se leen pocos libros así, porque no nos apetece leerlos, o porque no disponemos del tiempo y de la calma y el silencio necesario. Libros en los que la escritura se detiene en crear música, imágenes bonitas y llenas de sencillez, o como le gustará decir a la autora, llenas de belleza. La carta a Hedda (sobrina de la autora) nos enfrenta a un mundo feo, pero real. Un mundo gritón, envidioso, un mundo en donde lo humano se plastifica y se vuelve insensible y superficial, estúpido e incomprensible. Y Nuria no se entretiene en regañar al mundo, sino que prefiere combatirlo explicándole a un recien nacido lo que va a encontrar, con calma, con sabiduría, con dulzura, y con serenidad. Y con afecto. Y ese afecto se llena de consejos valientes para afrontar un mundo feo con valentía, con inteligencia y con cariño hacia el otro, preservándolo del ruido y de la banalidad. El libro contiene también cinco cuentos cortos que esconden, como todos los cuentos, una enseñanza, y que, aunque tristes, se leen con una sonrisa, como todos los cuentos.

En fin, un libro corto, para leer despacito y reflexionar, que leí en Noviembre y del que hice una reseña privada por mail a la autora. Ahora me da noticias de la buena marcha de su libro y yo me alegro, porque ha elegido un camino largo y difícil, pero seguro que es un camino sólido. Aquí está mi reseña, y mis mejores deseos para el futuro del libro y de la pequeña Hedda.

PS: El libro lo podéis conseguir aquí (CLICK)

Ir a Marte para no contarlo

Marte unmundoparacurraMe entero esta mañana de que una empresa holandesa está preparando una misión para colonizar Marte.  La idea es sencillísima: en 2016 envían un satélite de comunicaciones, en 2018 un robot para que elija terreno y vaya preparando la llegada en 2020 de las casitas y las provisiones y ya, con todo preparado, en 2022 mandan para allá a las personas, que podrán instalarse cómodamente en primavera de 2023. Lo de cómodamente es por poner un adverbio en algún sitio.

No llego a entender por qué pasan dos años desde que llega el satélite y mandan el robot, y otros dos hasta que mandan las casitas. Supongo que preverán que hay tres satélites que se estampanan y dos robots que cascan debido a la arena de aquel lugar, tan inhóspito. Pero eso lo supongo yo, que como soy española no aprecio el valor de la previsión. Y oye, que lo que no gastas en test, lo pagas en incidencias, así es que más vale asegurar el tiro, que aquello queda muy lejos y no estarán las cosas para andar llamando al técnico con bobadas.

En cuanto a la colonización, no hay ningún engaño: te vas para no volver. A ver, por mucho que te lo pinten de lugar fascinante, las fotos del sitio no son precisamente como para ponerlas de reclamo en un folleto del Politours. Ni una palmera, ni un mal arbolito, aunque sea despeluchado. Pero es que si encima no vuelves y no lo puedes contar, tampoco me parece un viaje de lo más sexy. Y los que van en 2023 vaya que te tira, pero la segunda tanda del 2025, menudo panorama: lo primero que tendrán que hacer será enterrar a la promoción del 23, y sabe Dios cómo se encontrarán los cuerpos con aquellas atmósferas tan rarunas. Habrá que confirmarlo con Grisom, pero no creo que haya mucho díptero cadavérico.  Ya me figuro que están trabajando en un plan paralelo para que puedan regresar, pero el reclamo es claro y no deja lugar a la duda: one way ticket, my friend.

Me ha intrigado tanto la noticia que he entrado en la página web para ver qué piden para inscribirte. No se emocionen, que no tengo la respuesta: he llegado a un formulario de registro y, francamente, me ha dado cuqui. Bromas las justas, que a ver si se confunden y me mandan a Marte y… en fin, que no, que no, que yo no pinto nada en un sitio sin dípteros ni lepidópteros. Sin embargo, en la página de Mars One hay un sitio en donde se pueden ver vídeos de los que sí se han registrado y es muy curiosa, se aprende mucho de la motivación humana. Por ejemplo, hay un chico, español, que ve una gran ventaja en eso de no volver. Dice textualmente: «No tengo nada particular que me ligue a la Tierra, aparte de mi madre y mis amigos, cosa que hace más fácil que me vaya a vivir a Marte para siempre«. Se comprende: si se tratara de la suegra, rellenaría el formulario para Júpiter.  Y luego otro chaval razona: «si pienso que el primer astronauta fue un perro y luego un mono, me veo con 27 años y me pregunto por qué no me voy a apuntar«. Este cuando cumpla 40 se compra un hámster para meterlo en una ruedecita y observarlo, ya verán. En fin, la mayoría lo que quiere es pasar a la historia. Os dejo el enlace por si queréis ejercer de entomólogos un rato.

La verdad es que yo ahora me río, pero supongo que si en la época de Cristóbal Colón hubiera habido blogs, alguna tontainas habría escrito una entrada con chorradas de este porte. Con todo, no saben cómo me alegro de no estar, en estos momentos, naciendo.

Ya lo creo que la Décima es posible

El fútbol es casi siempre incertidumbre. También es enfado y risa, ironía y sorpresa. A veces es decepción. Pero si el fútbol fuera una ciencia exacta, y los partidos se pudieran solucionar por anticipado con escuadra y cartabón, entonces no tendría la gracia que tiene. El fútbol es emoción, y las emociones mueven el mundo.

El Borussia Dortmund, un equipo con un palmarés tan engañoso como la estética de su entrenador, le metió ayer 4 al Madrid, que sólo pudo marcar 1. Otro gol del Madrid hubiera cambiado la eliminatoria, y así parece muy cuesta arriba. Pero yo estoy de acuerdo con Mou: es remontable. Como son alemanes, tal vez haya que empezar dando argumentos racionales. Y lo racional es que el Madrid puede y sabe jugar mucho mejor que ayer. Ayer vimos un Madrid con una defensa descompuesta (con un Pepe absurdo al que no se le vio el pelo más que para romper el fuera de juego en el 2º gol de los alemanes). En cuanto al resto, todos lo saben hacer mejor, todos lo pueden hacer mejor. Si el Madrid cuaja un buen partido, puede pasar la eliminatoria, no es una locura pensarlo.

Pero luego hay otros factores. Verán: lo importante no es que nosotros creamos que podemos pasar, sino que lo crean los alemanes. No hace falta que lo crean ahora. Tienen que convencerse con un Bernabéu que sea imponente, un Bernabéu que explique, con un sólo golpe de vista, que esto es el Real Madrid y que nosotros jugamos para ganar la Décima Copa de Europa, algo que ellos no pueden ni siquiera soñar en el mejor de sus sueños, ni aunque durmieran todas las noches de todas sus vidas multiplicadas por cien. Que esa copa es nuestra, que la queremos, y que la vamos a ganar al Barça, al Bayern, o a quien se atreva a ponerse delante. Que ellos son sólo once muchachos vestidos de abeja Maya, pequeños, en un club insignificante, y que hoy por hoy, a lo único que pueden aspirar es a decirle esto a sus nietos: «yo jugué en aquel estadio. Yo perdí, pero tuve el honor de contribuir a la leyenda del que siempre será el mejor club del mundo«.

Yo no sé si veremos ese Bernabéu el martes que viene. Si veremos la raza y el corazón del Real Madrid, que tenerlo, lo tiene y bien grande. Pero si pasamos, una de dos: será eso o la Virgen de la Almudena.

¡HALA MADRID!escudo-futbol-madrid

Día del libro

 

Para conmemorar el día de San Jorge, o sea, el Día del Libro, nos pasa Bicheo este meme sobre libros, que a su vez proviene de Sil, y me lanzo a contestarlo (aunque llego de milagro). Es sobre libros. Así es que una lectora de lo más normal se atreve a contestar a 20 preguntas sobre libros. Ahí voy, y ver qué sale.

 

1.- El último libro que he leído.

 

Culpas, de Von Schirach, un libro sobre casos criminales, continuación de otro anterior del mismo autor.

 

2. Un libro que cambió mi forma de pensar.

 

Recientemente, el Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de Etienne de la Boètie. Y en otro orden de cosas, el diario de Ana Frank.

 

3. El último libro que me hizo llorar.

 

Un matrimonio feliz, de Rafael Yglesias. Aunque llorar en serio, de llevarme un sofocón vaya, Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. No soy de mucho llorar. No como otros….

 

4. El último libro que me hizo reír.

 

Soy muy risueña yo, con los libros. Es facil hacerme reír, ésa es la verdad. El último es ese que me dejé a medias del club de lectura, que me hizo reir un par de veces. En Semana Santa leí El curioso accidente de un perro a medianoche, de Mark Haddon, y me hizo reír aunque no es de risa exactamente. Quizá Almas muertas, de Gógol, me pareció muy divertido. Ya digo que soy de risa fácil.

 

5. Un libro prestado que no me han devuelto.

 

La paradoja del interventor, de Hidalgo Bayal. Y ya me he cansado de reclamarlo. Ah, y luego está mi hermana mayor, que no me los devuelve a pesar de no habérselos prestado.

 

6. Un libro prestado que no he devuelto.

 

Invisible, de Paul Auster. Pero no lo he devuelto con permiso de la dueña, que me dijo que me lo quedara.

 

7. Un libro que volvería a leer.

 

Ninguno. Cada libro tiene su oportunidad, y ya está. Con una excepción: releo en las noches de insomnio grave cualquiera del petit Nicolas, o los cuentos de Asterix.

 

8. Un libro para regalar a ciegas.

 

¿Un curso de braille?… A ver, yo regalo los libros que me han dicho algo a mí, los libros que yo quiero por alguna razón y que puedo defender. Es la única razón que nadie me puede discutir. Porque regalar un libro es regalar un sentimiento (si alguien que haga este meme es capaz de superar esta cursilada, le regalo un libro)

 

9. Un libro para colorear.

 

Un libro para colorear.

 

10. Un libro que me sorprendió para bien.

 

Los universos paralelos, de Michiu Kaku. Me pareció fascinante, y eso que había tramos que tenía que leer tres y cuatro veces para entender algo.

 

11. Uno de los primeros libros que leí en la escuela.

 

Ni idea. Pero uno de los primeros libros que leí fue Tocón con Anibal, un cuento sobre la historia de Anibal Barca que me convirtió en fan total de Aníbal.

 

12. Un libro que robé.

 

¿Qué clase de pregunta es ésa?

 

13. Un libro que encontré perdido.

 

Pues cualquiera de los que hay por casa de mi hermana…

 

14. El autor del que tengo más libros.

 

Goscinny, sin duda. Porque entre los que tiene con Sempé y los que tiene con Uderzo, se lleva la palma.

 

15. Un libro valioso.

 

Un libro de aves y otro de cetrería. Eran de mi padre, ése es su valor.

 

16. Un libro que llevo tiempo queriendo leer.

 

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace. Exactamente desde el 8 de Diciembre de 2012…

 

17. Un libro que prohibiría.

 

Pues un libro que no me atrevo a mencionar. Y lo prohibiría precisamente por eso: porque me da miedo decir que lo prohibiría. Muerto el perro, se acabó la rabia.

 

18. El libro que estoy leyendo ahora mismo.

 

Algo va mal, de Tony Judt, aunque lo alterno con Les choses, de Perec que sé que no acabaré.

 

19. El próximo libro que voy a leer.

 

Pues lo que me manden XDD. En mi lista preferente está La librería encantada, que me lo ha regalado por mi cumple mi librera favorita.

 

20. El libro que no leeré jamás.

 

Uno de recetas de cocina. Aunque nunca se sabe: de hecho, iba a poner uno de madres…

 

Reparto de tareas

Imagina que un día, además de trabajar, te pones a estudiar una carrera. Tienes, pongamos, 30 ó 40 años, da igual, y decides empezar a estudiar. Derecho, por ejemplo. O Geografía e Historia. O Matemáticas o un Máster, da lo mismo. Y entonces llega la temporada de exámenes y tú, ni corto ni perezoso,  te llevas los libros a la oficina para estudiar. Y te los llevas porque no te da tiempo a estudiarlo todo en tu casa. ¿Tú te lo imaginas?

¿Qué te parece? Venga, va, te dejo pensar un momentito.

Ya, lo que me esperaba. Nunca lo harías, porque te parece impensable. En el trabajo se está a lo que se está, desde luego, que para eso te pagan. Y por supuesto, tú que tienes equipo, no consentirías que ninguno lo hiciera, faltaría más. Menudo morro.

Y ahora, allez hop, dale la vuelta, hazme el favor. Y piensa en las veces que has tenido que llevarte trabajo a casa el fin de semana. No, no estoy hablando de ese informe interesante sobre el mercado que nunca tienes tiempo de leer, y tampoco te hablo de conectarte a esa página web que habla de tu profesión, que te encanta. No, no. Yo te estoy hablando de esa hoja de cálculo perra, de la preparación de la negociación, de la presentación canalla que no te ha dado tiempo de terminar, de ese informe que si no lo envías el lunes, el cielo se caerá encima de tu cabeza. Ahora mírate a ti mismo en el salón, con tu portátil… ¿tú te lo imaginas?

¿Qué te parece? Venga, va, te dejo pensar un momentito.

Trabajar con fotos

Y pensaréis que tengo abandonado el blog. En absoluto. He pensado muchísimo en él. Procrastinaba, supongo. Desde que ya sé lo que significa ese verbo, estoy encantada con él: lo practico a todas horas. Y es que he pasado una semana con el tiempo libre tasado, haciendo cosas normales, o que a mí me parecen normales y sin el menor interés.

Sin embargo, este fin de semana he tenido tarea, e incluso me he estresado un poco porque debía haber terminado la semana pasada. Y es que tenía que hacer un trabajo para un amigo (no diré el nombre esta vez) que consistía en manipular fotos. Una cuñada suya cumple años y el regalo consiste en un album. La gracia es que cada uno le entregue su foto con ella, dedicada en el momento. El problema es que algunos familiares no tenían fotos en donde aparecieran solos con la homenajeada. Así es que he estado trabajando con fotos de grupo en donde siempre sobraba alguien. Y me dirán «pues se recorta y ya está». Hombre, pues sí, salvo que, en algunos casos, no es tan evidente. Pondré un ejemplo con una foto imaginaria.

foto-manipulada-unmundoparaMiren la foto.  Y ahora imaginen que lo que se pretende es que el chico de la copa del fondo a la derecha se sitúe al lado de la chica con la blusa roja. Y además, hay que pretender que el resto no está. Este caso es relativamente facil, porque el fondo acompaña. A cambio, están situados en planos distintos, y agrandar o empequeñecer es muy peligroso.

Hacer esto sin que se note (o sea, no como la chapuza de la tarjeta de Navidad del Rey, en la que había piernas sin cuerpo y niños sin brazos), no es fácil, y a veces es imposible. Y además, lo que me pedían es que «respetara el acto», es decir, que no cogiera una imagen de una situación distinta.

He entregado 22 fotos para que elijan 7 personas. Hay una muy divertida, en un café, en donde hago «desaparecer» a tres mujeres de la familia. Es como si se hubieran ido al baño. Y otra en donde alargo un sillón, me invento un cojín para tapar una pierna que no debía estar ahí, y desaparecen tres personas que estaban posando de fondo. En otra, un sobrino que está sentado en un poyete cambia de sitio. Con el poyete, claro, porque necesitaba sus piernas colgando para tapar a otro. A veces tienes que bajar un techo, o imaginar cómo continúa el paisaje…

Modificar una foto porque sí es una parida, y más ahora, que se hacen fotos y se pueden ver en el momento, de manera que si no sales bien, la puedes hacer repetir de inmediato. Sin embargo, trabajar con fotos y hacer estas cosas con un fin preciso es muy divertido, casi casi como hacer maquetas. Pero eso ya lo contaré otro día.

Ahora, voy a dar por finalizado el fin de semana. Chin pun.

Adelante hombre del seiscientos…

Leo esta mañana una noticia que no me ha sorprendido en absoluto: más de la mitad de los españoles (un 52%) quiere que la matrícula de su coche vuelva a tener el distintivo provincial. No me choca. La matrícula sin distintivo unifica el mercado de segunda mano y, al hacerlo más grande, lo dinamiza y mejora. Naturalmente, ni me molesto en buscar el respaldo de esto con cifras porque el cambio se hizo en 2000, y después hemos vivido una expansión económica y una recesión de lo más canalla, con lo cual las cifras dirán exactamente lo que se quiera interpretar. No obstante, el argumento racional y económico es inobjetable. Y a él se opone, con ese flamenqueo tan español, más de la mitad de la población que encuentra en el coche el mejor lugar para expresar su sentimiento de pertenencia. Porque un español ante todo es de su pueblo y de ningún otro sitio.

Adelante, hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya…” decía una canción. Y el españolito, con su matrícula provincial, contesta muy ufano:

– No, no, de eso nada. Mía es la parte de carretera que va de Fuentechorro a Tientalasno. Y a partir de la Sierra de Monjapretá… ¡eso es otra provincia!

Es todo tan hispánico que resulta enternecedor. Pero es que luego el estudio sigue, y resulta que hay casi un 54% que quiere personalizar la matrícula. Tunearla, vaya. Y aquí ya pueden vds esperarse cualquier cosa. Desde el muy sentimental «Te quiero, Juani» al rockero «Elvis forever«, pasando por el  protocultureta «muy fan de Chopin» o el indignado «Montoro, cabrón«. No tengan dudas de que el número 69 con todas sus variantes se agotará en hora y media y que, en lo que se refiere a los colores, habrá muchos. Sobre todo si salen baratos. Y saldrán baratos…

Les dejo con la maravillosa canción que da título al post. Para que canturreen e imaginen.

¡Y que viva España y sus 50 provincias!