El otro

– Yo es que soy muy diferente en el trabajo.

Esta frase, o una variación (yo cuando estoy con mis hijos me convierto en una persona muy diferente), se oye mucho por el mundo. Y a mí siempre me ha parecido una perfecta majadería. O quizá no me lo ha parecido siempre, e incluso es posible que yo lo haya dicho alguna vez. Ustedes me lo van a perdonar y si no, aténganse a las consecuencias: yo fuera del blog soy muy recorosa.

Salvo en casos diagnosticados de trastorno de personalidad, cada uno es uno y nada más que uno. Está claro que tú no te vas a emborrachar como un piojo delante de tus hijos o de tus padres, pero esto lo único que me demuestra es que eres una persona cauta, prudente, responsable, o incluso temerosa del bofetón que te puede soltar tu progenitor, pero no que sólo seas juerguista en días alternos. Es como si dices que sólo llevas pijama cuando duermes: anda, pues claro. Pero que no beses amorosamente a tu jefe no te convierte en un ríspido, es sencillamente que no le amas como para eso. Quiero decir que si eres una persona resolutiva, lo serás y lo demostrarás en cualquier circunstancia que te permita ser resolutivo. Un caso práctico: si estás en el zoo mirando cómo rumian los ñus, pues no parece que tengas muchos motivos para resolver nada, pero si tu acompañante lleva un pantalón de color lechuga y de pronto ves que el ñu se le acerca a la pernera con ojos golositos, tu capacidad de resolución se activará al instante y o le pegarás una patada al ñu, o empujarás a tu amigo para que el ñu no lo devore, pero hay que descartar que salgas corriendo. Ñu aparte, si llegados a este punto no me han comprendido, no sigan leyendo porque no creo que esto mejore.

Si no te gusta llamar la atención, no te gustará en ninguna circunstancia y lo evitarás. Si eres una niñata mimada, ñoña y estupidina lo serás en cualquier ambiente, aunque vayas de tía experimentada y capaz de adaptarte a cualquier circunstancia. Si eres tímido, lo serás en todo momento, y no sólo con las personas que no conoces (esto de «Yo sólo soy tímido con las personas que no conozco» es de aurora boreal). Si eres una persona meditabunda, callada y reflexiva lo serás siempre. Y así si eres bromista, o empático, o broncas, o generoso, o desconfiado. Y así también si eres una persona inteligente, o por el contrario te has creído que los demás somos los idiotas, porque al inteligente se lo conoce tanto cuando habla como cuando calla.

Sin embargo, nos encanta decir que en otros ambientes somos distintos. Nos encanta eso y decir lo de «huy, tú no me conoces, no soy como te parece». Pero se nos caza a la legua. Mi madre dice que la falta de dinero y de educación no se pueden ocultar, pero, estando de acuerdo – ya se sabe que las madres tienen la costumbre de llevar la razón siempre -, yo creo que, en general, los rasgos de tu carácter tampoco se pueden disimular.  Ni siquiera por escrito, o quizá mucho menos por escrito. La ilusión de que hay otro, como si fuéramos la luna y tuviéramos una cara siempre oculta, es sólo eso: una ilusión.

O pamplinas.

Y ahora, piénsenlo. Y, salvo que se apelliden Jekyll, dejen de decir tonterías.

Paula, de Isabel Allende

Paula Isabel AllendeEste libro es el que nos hemos leído este mes en el Club de Tortura, digo de Lectura, ese club increíble en el que cinco apasionados (e impenitentes) lectores leemos hasta el final libros que de otro modo dejaríamos para otro ratito. En el caso de Paula, yo tenía en la cabeza que ya lo había leído, pero al empezarlo me di cuenta de que no: ése era un libro que había abandonado.  Una pena, la verdad, porque habría podido incorporar mucho antes a mi limitado vocabulario la palabra bluyines, que me fascina. Leer que la autora miró en el interior de un closet y apenas ve dos bluyines, o que abrió la puerta un hombre en bluyines y que respiró aliviada al ver que llevaba un collarín de sacerdote (sic), y yo voy y me lleno de jolgorio. Y me imagino a mí misma diciéndole a mi sobrino: ¿Tú vas a querer que te compre unos bluyines o prefieres otro regalo? Claro que si a mi sobrino se le ocurre contestarme que sí, y que quiere unos bluyines lavados a la piedra, yo dejo el jolgorio de inmediato y me voy corriendo a buscar el termómetro porque una situación así me parece cercana al delirio.

¿Por dónde iba? Ah, sí, que les quería hablar del libro. Pues bueno, psha, no está mal. ¿Saben qué pasa? Pues que lo he cogido con desgana, no me apetecía ni un pimiento leerlo (se ve que hace años me debió de pasar lo mismo). Se trata de un libro muy conocido, así es que seguramente muchos de vds habrán leído. Es una historia real: Paula, hija de la autora, cae en coma debido a la porfiria (no, yo tampoco tenía ni idea de lo que era, si eso hagan CLICK AQUÍ) y su madre para distraer la espera empieza a escribirle una carta contándole su vida. Si eso lo hago yo me salen cuatro hojas, pero si lo hace Isabel Allende se va liando y liando, y en el batiburrillo le salen 366 exactamente. En fin, iré por partes que tampoco quiero ser injusta.

Isabel Allende nos cuenta su vida, tal cual, y la intercala con la enfermedad de su hija. Pero realmente, la enfermedad de su hija casi es lo de menos. Sí, es muy triste, cómo no, pero sencillamente es el hilo conductor para que la autora nos cuente su vida. O sea, que si a su hija no le hubiera pasado nada pues yo creo que no nos habríamos librado de que I. Allende nos la hubiera contado de todos modos, aunque lo hubiera hecho en otro momento y con otro hilo conductor. Y su vida, pues hombre, está bien, tiene su interés, pero tampoco es como para tirar cohetes. Se trata de una mujer que debido a la profesión de su padrastro, y luego al golpe de Estado en Chile de 1973, y luego a muchas otras cosas, vive en muchos países, pero por lo demás, muchas de las cosas que le pasan le han podido pasar a cualquiera, salvo un episodio de abusos ciertamente desagradable cuando tenía ocho años. Lo que pasa es que esta mujer te convierte en una experiencia intensa, conmovedora y llena de significados esotéricos beberse un vaso de leche y darle las buenas noches a su abuelo. Y claro, ya puestos en ese plan, tus referencias se alteran de tal forma que una cacería de cocodrilos te parece un suceso menor.

Sí me ha resultado interesante la parte del libro en la que cuenta la llegada al poder de Salvador Allende y el golpe militar, con todo lo que vino después. Que ella, por otra parte, sólo puede contar en primera persona por poco espacio de tiempo, porque se exilia a Venezuela un par de años después de la llegada al poder de esos borricos. Con todo, se intuye que sabe más de lo que cuenta y que aunque nos dice que la relación con su tio es lejana, sí debía tener unas relaciones que le han permitido conocer de primera mano muchas cosas. Pero luego hay pasajes que son auténticamente soporíferos, en donde te puedes encontrar de pronto con alguna descripción humorística que te deja pensando si no lo estás leyendo tal vez demasiado rápido.

Pero sobre todo hay algo un poco fastidioso, y es que se empeña en dotar a su vida y a su familia de un halo espiritual, enigmático y un poco sobrenatural que ya nos ha contado en La casa de los espíritus. Vale que nos dice que muchas de los personajes de ese libro fueron inspirados por familiares, pero mira, si a eso vamos, yo también te puedo hablar de la magia de mi abuela (y no digamos de mi madre cuando se pone el respirador) y del carácter recto, tenaz y bondadoso de mi padre. Quiero decir, que de vez en cuando nos presenta situaciones perfectamente normales envueltas en una parafernalia de chorradas pseudomágicas que no es que le quite credibilidad al relato, es que lo llena de frivolidad y de impostura. Pretende el misterio y encuentra el ridículo, porque se supone que está contando algo veraz. Pero bueno, tú te vas tomando la cosa más o menos como una chifladura de escritora hasta que se te descuelga con una reflexión de este pelo sobre un chico del que se enamora: «descubrí que era un Géminis algo inestable… si hubiera estudiado astrología… habría observado su carácter y actuado con más prudencia». Y mira, a partir de ese momento, cada vez que te habla de alguna experiencia sobrenatural de las suyas, tú te la imaginas disfrazada de Mickey Mouse en Fantasía acarreando cubos de agua y bailando con escobas.

Pero bien, se deja leer y distrae si no te tomas demasiado al pie de la letra las aventuras terrenales de Isabel Allende. No obstante, sí hay que respetar y alegrarse por que escriba un libro para fijar la memoria de su hija, algo que no cabe duda que realiza con éxito (Isabel Allende es una autora muy leída, no solamente con este libro, aunque también).

Os dejo con un párrafo que me hizo gracia y os recuerdo los links donde podréis encontrar otras reseñas sobre el libro: La mesa cero del Blasco, Lo que pasa en mi cabeza, La originalidad perdida y, este mes, creo que un nuevo acompañante en Delenda est Carthago.

Madrid me trae malos recuerdos, aquí he pasado penas de amor que prefiero olvidar, pero en esta desgracia tuya me he reconciliado con la ciudad y sus habitantes, he aprendido a moverme por sus anchas avenidas señoriales y sus antiguos barrios de callejuelas torcidas, he aceptado las costumbres españolas de fumar, tomar café y licor a destajo, acostarse al amanecer, ingerir cantidades mortales de grasa, no hacer ejercicio y burlarse del colesterol. Sin embargo aquí la gente vive tanto como los californianos, sólo que mucho más contentos»

De camping en La Vera

Curra-en-el-campingEl caso es que el fin de semana pasado Curra y yo estuvimos con unos amigos del Poblachón en Cuacos de Yuste, un lugar encantador de la Vera, en Extremadura. El motivo, según rezaba el mail de «invitación» era disfrutar de la naturaleza con nuestros hijos. Bien, ya saben vds que yo no tengo hijos, así es que ése «nuestros» me lo tomé como parte de la retórica del email considerando que quien cursaba la invitación iría sin su hija, que ya tiene edad para irse al campo con sus propios amigos. Y en cuanto a mi relación con la Naturaleza… digamos que parece distante, aunque ésta es una apreciación sin duda exagerada porque no soy fan pero tampoco llego a la completa indiferencia. Dejémoslo en que me gusta ver las montañas nevadas, los almendros en flor y el campo en otoño, y que incluso soy capaz de dar algún que otro paseo sin motivo aparente ni destino concreto por un camino sin asfaltar. Pero vamos, interesarme, interesarme, me empieza a interesar la excursión cuando sacan los botellines, para qué vamos a engañarnos. Con todo, lo más inquietante era la parte logística: dormiremos en tiendas en un camping. El razonamiento era… bien, no había razonamiento alguno ni falta que hacía, pero el colage conceptual entre niños, naturaleza, disfrute y tienda de campaña quedaba de lo más armonioso, ésto he de admitirlo.

A pesar de la armonía, mi respuesta fue tajante. Disfrutar, niños y naturaleza me va bien, pero hace ya muchos años que descarté el dormir sobre un hormiguero como experiencia vital imprescindible. Tenía ésa y comer coliflor, pero mira tú por dónde me invitaron a una cena, la dueña de la casa me la sirvió en bechamel y tuve que comérmela. Así es que esto de morirme sin haber dormido bajo las estrellas con ratoncillos y largartijas dándose un garbeo cerca de mi almohada creo que podré conseguirlo si no media una guerra, y aún así creo que puedo evitarlo si cojo un avión a tiempo. Porque verán, yo soy bastante sufrida para lo de dormir, pero nunca me ha interesado la lógica mochilera, ya no digamos la estética. Y eso por no hablar del concepto que tenemos en España de los campings, que es oir la palabra roulotte y empezar rascarnos. Pero esto es por desconocimiento, todo hay que decirlo. Por desconocimiento en mi caso voluntario, eso también hay que decirlo.

Pero lo que casi peor he llevado de esta historia del camping es haber tenido que soportar desde los clásicos «ay, no te pega nada» o «¿Tú a un camping?» hasta un desconcertante «llévate chanclas y gorrilla» que me llegó al fondo de mi sufrido corazón. Porque he de decir que me apunté, pero desde el principio puse como condición dormir en una habitación normal con cama y baño individual. Así es que como había bungalows en el complejo (nótese cómo cuido mi personal branding), el grupo ocupó tres de ellos y el resultado fue 8-5 a favor de los que dormimos en cama, Curra incluida. Y cuanto al colage educativo, ganaron por 3 a 1 los niños que han dejado para la adolescencia eso de conocer la naturaleza por la parte de no pegar ojo.

Por lo demás, ha sido un fin de semana estupendo en el que hemos disfrutado del sol, de la comida extremeña (ah, las migas), de los ríos, del verde campestre, del monasterio de Yuste y de los botellines y los gintonics en dosis serenas. Un fin de semana en el que se puede dormir en un bungalop, en un bungaló, y hasta en un bungalof con tal de no dormir en una tienda.

A mis queridos Tito y Ana C.

Los loros del Congreso

Ayer se destapó la noticia de los precios que pagan los señores diputados y la cofradía de periodistas y políticos que se dejan caer en el Congreso a la hora de la comida o del desayuno. Así es vd y yo con nuestros impuestos les pagamos una subvención, y así un menú de cosas bien ricas les sale por 9 euros. Esto de tener una ayuda por comida no les pasa ni mucho menos a todos los trabajadores, no desde luego en la mayoría de las Pymes españolas, ni es algo que se puedan permitir los autónomos. Y por cierto, que cuando sucede en una empresa privada, eso lo costean los clientes, no los contribuyentes forzados por la ley a pagar este tipo de prebendas. Que les salga el café a 0,85, no sé a vds, pero a mí me parece un chollo, porque a mí me cuesta 1,30, que es lo que cobran en las cafeterías normales.

El colmo es que tienes que escuchar o leer al tertuliano de turno decir que eso es el chocolate del loro. No, no es el chocolate del loro, sino el humo que te dice dónde está el fuego. Estos señores diputados se creen que trabajan en una multinacional en donde pueden aspirar a tener lo que se llaman beneficios sociales, sin tener en cuenta que en la empresa privada esos beneficios sociales se dan para tener contento al trabajador, para que haya un buen clima laboral, para que el empleado no piense en largarse a la competencia y sobre todo, para redondear el sueldo del empleado con algo que cuesta mucho menos que el valor percibido que tiene.

 

¿Y AHORA ME PUEDEN DECIR VDS CUÁL DE ESTAS RAZONES JUSTIFICA QUE LOS CONTRIBUYENTES TENGAMOS QUE PAGAR ESA MAMANDURRIA?

 

La noticia de al lado me cuenta que Rajoy ha conseguido que este año tengamos un objetivo de déficit mayor que… ¡EN 2011!. Y además le pide a Bruselas que las ayudas al desempleo juvenil no computen en el déficit. Supongo que necesita los 3.000 millones para repartirlo entre los caciques de su partido, con los que se ha reunido para repartirse las sobras del expolio que practica el psicópata de Montoro lo más asimétricamente posible y así contentar a todos, lo que significa darles el máximo posible y no el mínimo deseable.  O sea, que siguen a lo suyo. Y a lo nuestro, porque a lo que se ve les molan mucho las ventajas de algunas empresas privadas sin tener que atender a ninguna de las obligaciones, como son que en una multinacional a ningún directivo ni a ningún jefe de medio pelo, ni siquiera a un empleado normal y corriente se le consiente cumplir objetivos con tres años de retraso. A ese empleado se le pone de patitas en la calle o se le quita de en medio y se le lleva a donde estorbe menos, sin más. Ni se permite poner en marcha una reforma o realizar una inversión sin presentar un análisis exhaustivo con datos medidos, objetivos y rigurosamente tasados. Ni saltarse las reuniones permanentemente, como hacen ellos. Ni mentir con los datos, falsificar papeles o recibir comisiones por servicios al margen de la empresa.

Yo creo que, ya puestos, deberían bajar todavía más el precio de las bebidas alcohólicas: así, mientras esta pandilla de zánganos se maza a gin tonics, no nos siguen fastidiando la vida con sus leyes inanes y sus parloteos absurdos. Que se los tomen de buena mañana, después del café y antes de la comida, que para eso les sale bien de precio.

 

tweet congreso

 

Curra mutante

Curra-mutante-2Esta es Curra después de un chute de Urbasón. Un par de horas antes también le habían puesto un chute de antirrábica, que por lo visto no le ha sentado muy bien. Digo yo, porque más que un perro, me he encontrado una vaca al llegar a casa.

No es la primera vez que le pasa esto. Hace unos años también le dio alergia una vacuna (que yo creo que fue también la de la rabia, pero no podría jurarlo). Hubo que salir corriendo a Urgencias con ella, porque nos dimos cuenta a las 12 de la noche. Y aquella vez fue peor porque tenía hinchadas hasta las orejas. Ahora lo recuerdo y me río, pero menudo susto nos llevamos. Desde entonces la vacunamos por la mañana o a primera hora de la tarde, por si acaso tiene alguna reacción y mira, hacía mucho…

Y es que a Curra le pasa de todo. Aparte del atropello, que ya se lo conté en una ocasión, y de tener las patas traseras muy delicadas, siempre tiene algún achaque, eso por no hablar de los porrazos que se pega ella sola porque es muy despistada. A veces se autolesiona como una boba, por rascarse o por chuparse. Ha tenido el culo pelado por los nervios: se chupaba y mordisqueaba, y por detrás parecía la mona chita. Una pasta nos cobraron por llevarla al psicólogo perruno, aunque en realidad se trata más bien de una charla que le dan al dueño, porque lo que hay que hacer cuando se rasca por vicio no es regañarla, sino tirarle una pelota. Ya ven qué cosas. Incluso en una ocasión le pico un mosquito (¡Un mosquito!), y le salió un bulto como una naranja en el lomo. Les contaría cómo se lo reventó la muy bruta, pero mejor no, que este post lo escribo antes de la cena y aquel día ya me dio el desayuno…

En fin, está todo bajo control: está contenta, no tiene fiebre y no le pasa nada de particular, salvo que tiene los belfos todavía algo hinchados. Ha mutado un poco pero no hay que preocuparse, que mugir, no muge.

 

Ay, el chino (II)

DSC_0027 recortadaHacía mucho que no iba al surtidor del chino a echar gasolina. Pues miren, desde noviembre del año pasado, que fue cuando escribí este otro post que les enlazo. Para los que no lo recuerden o no lo hayan leído y no les apetezca leerse el post anterior (hago un inciso para decirles que yo eso lo puedo entender perfectamente: vds entran aquí con tiempo de leerse la entrada del día y ya), les contaré que éste es un chino no muy chino, es como un poco vietnamita o medio camboyano. O lo mismo es de Villaverde Bajo, vaya vd a saber. Pero poco importa: un chino, sea mucho o poco chino, siempre es suficientemente chino como para ponerte en dificultades cuando tienes que establecer comunicación con él. Ya no les digo a vds si hay transacciones, variedad de oferta, tarjetas de crédito y filas a gestionar de por medio. La cuestión es que este chino gasolinero no se entera de nada y un buen día a punto estuvo de echarme sin plomo en vez de diesel por una confusión idiomática inexplicable. O quizás se podía explicar, pero en todo caso era inaudita. Así es que lo evito siempre que puedo. Y siempre puedo cuando me viene bien, porque si me viene mal, pues al surtidor del chino que voy.

Hoy ha cubierto todo el ritual. Gestos excesivos para que avances el coche, un grito  desgarrador para que lo pares (este grito lo tienen que imaginar como algo muy cercano al “soooooo” cowboyano – que no camboyano), grandes aspavientos para que elija la gasolina, y un ir y venir y no parar para colocar al resto de los coches que están en la fila, a ver si puede echar gasolina a dos a la vez y ahorra algo de tiempo. Esto último (lo de tratar de ahorrar tiempo) lo hace rematadamente mal, porque además de no tener criterio se le nota que no se ha parado a pensarlo, que es lo que hay que hacer cuando se tiene prisa y se quieren hacer las cosas rápidamente. O sea, lo que viene siendo seguir la máxima aquella de «vísteme despacio, que llevo prisa». Por eso les digo que de Villaverde Bajo se ve que no es: los de allí habrán estudiado a Fernando VII, que usaba paletó.

Creo que estoy desbarrando, vds me van a perdonar, pero es que hoy es lunes y además me duele un gemelo.

Así es que el chino agarra mi tarjeta de Repsol, se va a la cabina del surtidor y después de gritarme «¿KOLÓMETRO?» y sin esperar a que yo le conteste, empieza con el dedo a dar a todas las teclas de la pantalla, desaforada y vertiginosamente, con una motivación que ya quisieran los inspectores de Hacienda, y me pasa el comprobante para que lo firme «¡UUUUDA FILMA!», y yo que le firmo y entonces la que sale desaforada y vertiginosamente soy yo porque para entonces el chino ya me puesto en el disparadero. Y cuando voy a abrir la puerta del coche me dice:

– ¡¡¡EH, SEÑOLA!!! TÚ PAPEL SIN PLOMO, YO EQUIVOCAR, ¿SI TÚ NECESITAS YO CAMBIO?

A mí la verdad es que me da igual lo que ponga en el recibo de la tarjeta. Sin embargo, he decidido apiadarme del supervisor que iba a tener que echar horas extra no tanto para cuadrar la caja como para entender al gasolinero, si descartamos el improbable supuesto de que sea igual de chino que él. En fin, después de teclear a toda velocidad unas ocho mil veces más la pantalla, aparentemente ha deshecho y rehecho la operación,  y yo he podido por fin marcharme de allí con el depósito lleno, tres justificantes y los nervios desquiciados. Estaré atenta a la factura.

Ya no vuelvo más hasta que no se me olvide, que será ya, calculo, después de verano. Ay el chino…

Arcadi se pone un capirote

Yo tengo mucho trabajo en estos días y por eso apenas miro Twitter. Pero tengo amigos que me avisan de las cosas que vienen siendo interesantes. Y la de hoy no sé si lo era, pero me da para un post. Les cuento. Resulta que Arcadi Espada, periodista de El Mundo, de Onda Cero y si es de algo más no lo sé , escribió el día 9 un artículo en donde comentaba la postura de una diputada en contra del aborto eugenésico, en el que se infería que el periodista estaba a favor del mismo. Yo les dejo el artículo porque la verdad es que no sé qué quería decir Don Arcadi: CLICK. Y no lo sé porque a este señor no siempre se le entiende, aunque se le lea. En fin, con motivo de este artículo se montó algo de lío en las redes sociales y hubo quien le puso a caer de un burro, como me imagino que habría quien le aplaudiría. Pero hoy nuestro Arcadi se descuelga con un artículo en su blog que titula “Auto de fe” en el que empieza citando un tuit de Hughes, periodista de ABC: «Lo de Arcadi de hoy ha dejado claro, por si no lo estaba ya bastante, que en twitter estamos los más tontos de España.» (Hughes @hughes_hu 9 de mayo, 20:20), y enlazado, un pdf en el que hace una compilación de tuits en donde, con mayor o menor gracia, con mayor o menor respeto, le llevaban la contraria con respecto a lo del aborto eugenésico. Y resulta que al final del pdf, en la página ciento y pico, ahí me tienen vds, con mis piececitos, citada con el siguiente tuit:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 19.04.44-1

Por lo visto, este inocente tuit me cataloga como una tonta que participa en autos de fe. Ahí es nada. Les aclaro que el artículo que yo enlazaba y al que hago referencia es del 4 de mayo y hablaba de nacionalismos. Oigan, y que si hay que ir a un juez, se va. Pero el asistente de Arcadi tenía que poner al menos cien páginas (para poder hacer un porcentaje) y por ahí andaba yo, difundiendo los artículos de Arcadi y encima llamándole zumbón, aunque ciertamente no con la intención de decirle mosca sino en alusión a la badana. Ahora siento el equívoco: es que una no habla bien el idioma, no me lo tengan en cuenta.

Espada es un hombre inteligente y supongo que no se hace ilusiones: si hubiera defendido lo contrario también le hubieran puesto quizá no a caer de un burro pero sí de chupa de dómine. Él sin embargo coge el rábano por las hojas y se pone el capirote que le lleva derecho a la hoguera. Y en el camino al cadalso saca un pdf y monta una nueva hoguera, en esta ocasión muy a lo Tom Wolfe, que para eso venimos provocando. Yo supongo que uno de estos sábados explicará su experimento social a todos sus lectores, la mayoría de ellos sin Twitter y entre los que se encuentra mi madre, quien por cierto está encantada con que el asistente de Arcadi me haya encontrado en sus búsquedas. Cree que soy famosa. Ya le he dicho que no se ilusione: Arcadi no da para tanto y además yo, a diferencia de él, no vivo de buscar audiencia.

A mi lector de Filipinas le explicaré que un auto de fe era una ceremonia pública en donde los condenados escuchaban sus sentencias por delitos contra la fe (herejía, blasfemia, apostasía) y no existía arrepentimiento. Arcadi no peca más que de vanidad y a lo que se ve, tampoco existe arrepentimiento. Allá él si además le apetece pasearse por Twitter tocado con el capirote.

Sigue con salud.

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PS: Yo también tengo quien me ayude en el rastreo de tuits. 30 euros le he pagado a mi sobrina para que se dedique, durante un par de horas, a encontrar en mi historial todas las referencias que haya hecho sobre Arcadi. Sólo se pueden encontrar 3 citas. Vaya puntería que tiene el condenado (lo digo por el auto de fe, que no se me ofenda):
El resto de conversación:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 19.04.44-1

Un enlace a su artículo de 26 de Mayo:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 19.30.58

Una pequeña broma con la repostería de AnnieHall:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 20.04.14

Declarar impuestos: ¡CABRONES!

AVISO: EL TONO DE ESTE POST NO ES EL HABITUAL DE ESTE BLOG.

Cuando llega esta época del año y tengo que hacer la declaración de impuestos, siempre acabo con unos rebotes poco normales. Yo no soy de esas personas que se pone contenta porque la declaración le da a devolver. Todo lo contrario. No sólo pagamos unos impuestos disparatados para sostener el despilfarro de todos estos hijos de su madre, sino que además nos estafan por adelantado. Se aprovechan del trabajo de las empresas, a quienes usan como recaudadores de impuestos involuntarios. Cuando nos suben los impuestos, vemos cómo disminuye nuestra nómina, y nos cabreamos mucho, sí, pero al final el sentimiento, dos meses después, es que la empresa nos paga poco. Finalmente, cuando llega el mes de Junio, a casi todos nos devuelven dinero, con lo que el efecto del pillaje al que estamos sometidos queda muy diluido. Debería haber manifestaciones de protesta por el robo a mano armada que suponen los impuestos, pero se produce el efecto contrario: se observan picos en el consumo, la gente aprovecha la devolución para pagar deudas, cosas así. La gente es feliz, yo creo que nadie mira lo que pone en la casilla de retenciones a cuenta, sólo miran la casilla de devolución y se van a celebrarlo. Lo más estupefaciente es que hay quien dice cosas como «Y encima me da a pagar», cuando, efectivamente, se ha librado del robo por adelantado y ha podido tener su dinero en su cuenta corriente, disponiendo libremente de él durante todo el año.

En Francia, tú cobras el sueldo bruto, y cuando llega Junio, te arreglas con el Estado, que para eso eres mayorcito. En España nos han acostumbrado a cambiarnos los pañales. Y somos tan ignorantes y tan brutos que le agradecemos al Estado que ahorre por nosotros, cuando además de anticiparles el dinero siguen endeudándose hasta las cejas y con déficits sobre el PIB escalofriantes.

Este año, como gran novedad, yo tengo que perder parte de mi tiempo en mi trabajo para bajarme el programa y hacer la puñetera declaración. No me mandan el borrador a pesar de tener todos mis datos, y al usar Mac, la descarga del programa no me funciona. Me dicen que se han producido variaciones en mi patrimonio pero es mentira: se han producido variaciones en la ley, cabrones, que sois todos unos cabrones. Trabajo para ellos, produzco impuestos que me roban por adelantado, y cuando quiero recuperar mi dinero, entonces tengo que hacer yo su trabajo y gastar mi tiempo: y más me vale hacerlo, porque si no hago nada, ganan ellos y pierdo yo. Los muy cabrones. Ellos ahorran sólo en la parte de la administración que está cara al público, sólo ahorran en los servicios que dan al ciudadano. Por lo demás, siguen viviendo estupendamente a nuestra costa, pagando sueldos a sus familiares y amiguetes, tocándose ellos los huevos y tocándonos los cojones a los demás . Poniendo Wifis en las plazas (Madrid ya tiene 6), para que sigamos agradeciéndoles que hayan nacido.

Yo maldigo a estos mierdas de gobernantes, a esta gentuza de políticos, maldigo a toda su descendencia. Hijos de su madre, tened por seguro una cosa: si puedo os estafaré, si puedo trataré de evadir impuestos, trataré de engañaros y de defraudar. Cabrones.

Paso hasta de vuestros comentarios, entre otras razones porque seguro que me arrepentiré y acabaré borrando este post.

Eurovisión y el orgullo patrio

Ayer sábado, de vuelta a casa después de un encantador plan de tarde, me encuentro con el Festival de Eurovisión en Twitter. Ahora los programas infames de la tele pueden convertirse en algo divertido si estás conectado a Twitter, porque te encuentras con un desparrame de ingenio que aumenta a tono con la frikada que están retransmitiendo. En el caso del festival de Eurovisión, la frikada además de internacional es de primera categoría.

Mis recuerdos del festival de Eurovisión son muy escasos, porque es algo que no me ha interesado ni siquiera en mi adolescencia atribulada – todas las adolescencias son atribuladas. Recuerdo muy vagamente a Betty Missiego, rodeada de niños (una representación cercana al oxímoron) y a Micky cantando una memez y dejando que su cabeza bailara sola, de un lado a otro, como hacen esos perritos de plástico que llevan los gitanos en los coches. También recuerdo a Mocedades cantando el Eres tú y a mi madre decir que no habían ganado porque Amaya no llevaba minifalda. Y poco más, aparte de una noche de farra viendo a Remedios Amaya cantando descalza en un bar de pueblo (Remedios Amaya cantando descalza, yo en el bar de pueblo y cada una en su noche de farra). O sea, un erial.

Lo primero que me encontré al encender el televisor fue a una tipa metida dentro de una montaña de vestido, una lista interminable y caótica de países y una banderita de España en la cola de las puntuaciones. Y esto último me hizo pensar que, después de todo, este país a lo mejor tiene remedio.

O quizá no lo tiene, si nos atenemos al tuit de Fernando Alonso, ex de la cantante y premio Príncipe de Asturias de los deportes: «Irlanda tiene aun menos amigos que nosotros en Europa :)!, pero muy orgullosos».

Tuit Alonso

Hombre, Fer, el fondo de tu frase no tiene desperdicio, pero utilizarla con ocasión de un festival de Eurovisión sí. Quiero decir que la frase tiene tal envergadura que no chocaría nada en boca de Rajoy a la salida de cualquier Consejo Europeo. Un desperdicio de frase, ya digo. Pero española como la que más, eso también.

Después del Lalalá y del Vivo cantando, dos títulos muy de país de cigarras, España no ha levantado cabeza en Eurovisión. Intentamos describirnos con Chiquilicuatre, con las Ketchup, con David Civera y con esa chica que cantaba lo de la Vuelta a España, pero no damos con el tono adecuado para seducir a ese mejunje de países raros que es el actual festival de Eurovisión. ¿El Sueño de Morfeo? No, hombre, no: ¡allí hay que enviar a La Pesadilla de Baco!

Como es domingo, les dejo con Betty Missiego, que según la Wiki quedó segunda. Por no llevar minifalda, sin duda.

Dedos nacionales

DSC_0027 recortadaHoy he pasado un ratillo de lo más agradable charlando en la oficina sobre los dedos. Unos momentillos de distensión previos esas horas homicidas en las que debo pelear con enrevesadas hojas de cálculo, ininteligibles contratos y endemoniadas presentaciones. Resulta que una compañera ha llegado hoy con muletas porque anteayer se pegó un meneo contra un lavabo y se hizo fosfatina el dedo meñique del pie derecho y de paso la garganta, tal fue el alarido que debió pegar. Qué dolor tan horrible. Se podría versionar aquella canción que seguramente todos vds conocen, la de «no hay dolor más horroroso ni dolor más inhumano…«, pero en vez de terminar el pareado con «…que pillarse los cojones con la tapa de un piano» se puede rematar cantando «…que dejarse el pie olvidado en la base del lavabo, bada badún, badún..

Bueno, a lo que iba. Como saben, yo trabajo en una empresa francesa con franceses dentro. No sé si son muchos o pocos, aunque tengo para mí que los franceses a tu alrededor por lo general siempre son suficientes. Por la suficiencia lo digo, no por otra cosa. La cuestión es que nos hemos preguntado por los nombres de los dedos en los dos idiomas. Así que nosotros tenemos el pulgar (también llamado dedo gordo), índice (indica), corazón (también llamado el mayor), anular (para el anillo) y meñique (preciosa palabra).  Y ellos tienen el pouce, index, majeur, annulaire y… el auriculaire.

Bien, esto del auriculaire ha provocado alguna que otra carcajada. No, no me hagan el gesto de alguien que descuelga el auricular del teléfono porque, en ese caso, al dedo meñique le llamarían le microphone. En fin, que sí, que hace referencia a lo que están pensando y que consiste en ahorrar muchísimo en bastoncillos para las orejas. Hay quien ha dicho que también podrían haberlo llamado el excavateur… Hombre, todavía han tenido la delicadeza de no llamarle el dedo nasal, aunque hasta cierto punto es lógico y si no, hagan la prueba de meterse el dedo meñique en la nariz: aparte de cursilísimo, es muy incómodo y no se llega muy lejos. O muy arriba, según cómo estén sentados.

Y luego le ha llegado el turno a los dedos de los pies. Nosotros decimos el gordo (porque ése sí que es gordo), el segundo, el tercero, el cuarto y el meñique, otra vez la bonita palabra. Y, claro, nos hemos preguntado si ellos también le llamaban auriculaire al dedo pequeño del pie, porque hacer la contorsión para hurgarse en una oreja con un pie es casi tan difícil como imaginárselo. Ahí ya mi querida E. ha puesto pie en pared y ha salido en defensa de la lengua francesa, ah, oui, y nos ha explicado que los franceses no los llaman de ningún modo, que para eso tienen un nombre específico para los dedos de los pies: les orteils. «No como vosotros, que sólo desís dedos. Los dedos por aquí, los dedos por allí… Ah, no, no: nosotros dedos sólo tenemos en las manos. ¡En los pies tenemos orteils!«.

Bueno, psí, la verdad es que los españoles tenemos dedos un poco por todas partes, pero al menos los llamamos de alguna forma. Los personalizamos. Los amamos tanto que hasta les hemos puesto un nombre. Y sobre todo, que es la mejor manera de decir, en corto, dónde tienen que ponerte la escayola si entras deprisa al cuarto de baño. Así que ya, un poco tocada en su amor propio, se ha ido a la Wiquipedie (lean «ouiquipedí») y nos ha dicho esto:

– ¡Pues sí, tenemos nombres para los dedos de los pies! Se dise: hallux, secundus, tertius, quartus et quintus. Pero en lenguaje familiar se les nombra corrientemente bifux, depasus, centrus, pre-exterius y exterius…

Y ahí ya se reía hasta ella…