Farolas de luciferina

Leo que el pasado mes de Abril, unos científicos americanos (el periódico les llama creadores) han tenido una idea brillante: crear unas plantas fluorescentes que brillen mucho en la oscuridad, para así ahorrar luz eléctrica. ¿Ven cómo  es brillante? Glowing plant, se llama el proyecto. Esto no lo hacen porque haga bonito, sino porque así se reduce la cantidad de dióxido de carbono que las lámparas, farolas y, en general, toda la iluminación nocturna, emite a la atmósfera. No crean que me he enterado de mucho más, porque el artículo se ponía luego a hablar de ADN, de biología sintética, de moléculas, de genes, de inyecciones y de mezclas insensatas de sustancias raras, y me he perdido. Pero vaya, créanselo: en un futuro, en vez de farolas, en nuestras calles tendremos acacias inyectadas con una cosa que se llama luciferina, que parece ser la responsable de esta maravilla y con cuyo nombre no voy a hacer ningún chiste, aunque la cercanía con Lucifer sea muy tentadora.

Por supuesto, y como siempre que alguien tiene una idea, sea buena o mala, hay quien se opone, pero los inventores dicen que no hay problema y que van a hacer esas plantas monstruosas con absoluta seguridad. Y se avienen a dos razones: que no serán invasivas y que no les inyectarán ningún gen con ventajas evolutivas. Y yo, después de estas garantías, ya no me opongo, porque me dejan tranquilísima: Ninguna de esas plantas aparecerá de pronto en medio de un pinar, sino que  se quedarán en el lugar donde las han plantado quietecitas, sin capacidad alguna de agredir ni siquiera al pobre geranio del balcón, que no brilla gran cosa pero que decora perfectamente.

Ya les digo que no me he enterado de nada, pero me he leído el artículo completo, no crean, porque sigo teniendo algunas preguntillas que tienen su importancia. Lo primero es si esas plantas serán bien distinguibles de día. Hombre, yo lo digo porque imaginen que las confunden con una lechuga y van y se la comen. Figúrense el espectáculo de luz que puede salir de sus ojos. Bueno, y de su cuerpo. Y otra de las preguntas que me asalta, y que es muy seria, es qué hacemos si queremos apagar la planta. Porque está muy bien poner una glowing plant en la mesilla, pero no veo cómo la podríamos apagar si no es poniéndole un capuchón.

Realmente, los que peor lo van a llevar son los pájaros. En ellos no han pensado. Aunque casi mejor, porque se inventarían un proceso genético para quitarles los párpados, que total pa’ qué, dirán con lógica luciferina. En cuanto a nosotros, humanos, sólo nos queda aprovechar los pocos ratos de oscuridad que nos quedan para tener, si vienen mal dadas, un buen recuerdo de aquellas noches claras de inquietos luceros, y acostumbrarnos a que, bajo la luz de las velas, ya nadie nos dirá eso de «qué bonitos ojos tienes», sino «hay que ver cómo molan tus gafas de sol».

Un príncipe tan rico como lerdo

Prince-Alwaleed-bin-TalalHay un refrán que dice que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo. En el caso de los príncipes saudíes, cuando se cabrean te ponen una fatwa pero si sólo se aburren, entonces te ponen una demanda. Esta vez le ha tocado a la revista Forbes, a la que un príncipe de nombre Alwaleed ha denunciado por libelo por no considerarle suficientemente rico. Y es que la revista ha tasado su fortuna en sólo 15.000 millones de euros y el príncipe del gorro de cuadros dice que no, que él tiene participaciones en no sé cuántos sitios y que tiene 7.300 millones más. Lo que este pobre hombre rico pretende es pasar del puesto 26 del ranking de Forbes al mucho más elitista, dónde va a parar, puesto número 10 del escalafón.

Ni qué decir tiene que la noticia dice mucho más de lo que se lee. Este memo con balcones a la calle está podrido de dinero, y además, como el pescado, la putrefacción le ha empezado por la cabeza. Porque un tiparraco que se hace instalar un trono de oro en su avión, y que es capaz de demandar a una revista por no dejarle aparentar lo suficiente, es tan cretino que, importándole todo lo que le importan las apariencias, ha dejado ocultos 7.300 millones de su fortuna. ¿Cabe una mayor estupidez, señores? Es como si yo quiero aparentar ser graciosa y luego me escondo en el baño para contarme chistes delante del espejo.

Así es que este imbécil sólo quiere el dinero para presumir. Lo amasa sin otro fin particular que luego salir en la revista Forbes en un puesto decente, digamos en el top ten. Por debajo de eso, merece demanda por libelo. Y lo mejor de todo es que teniendo ese único fin, ni siquiera tiene medio gramo de inteligencia para alcanzarlo, con 7.300 millones de músculo en el cajón del escritorio. Me parece evidente que mucho trabajo no le habrá costado ganarlo, como todos esos paletos en camisón que están sentados encima de una bolsa de petróleo. Por cierto ¿Qué dice el Corán y Mahoma de la codicia? ¿Pueden optar al paraíso con las huríes o tienen que resolverlo lapidando a tres o cuatro mujeres?

En fin, supongo que mientras no le llame pobre, este tipo no me demandará. Así es que le llamaré todo lo que, por no venirme a la cabeza, he copiado del diccionario de sinónimos: Imbécil, tonto, lerdo, bobo, memo, estúpido, simple, cretino, inculto, ignorante, cateto, torpe, zopenco, mentecato, majadero, engreído, presuntuoso, petulante, fantasma, pelele, sandio, idiota, zoquete, necio, hueco, cursi, paleto, fantoche, inflado, figurón, pomposo, vacío, fatuo, papanatas…

Ah, y gilipollas, gilipollas también. No venía en el diccionario ¡y casi se me olvida!.

Arcadi se pone un capirote

Yo tengo mucho trabajo en estos días y por eso apenas miro Twitter. Pero tengo amigos que me avisan de las cosas que vienen siendo interesantes. Y la de hoy no sé si lo era, pero me da para un post. Les cuento. Resulta que Arcadi Espada, periodista de El Mundo, de Onda Cero y si es de algo más no lo sé , escribió el día 9 un artículo en donde comentaba la postura de una diputada en contra del aborto eugenésico, en el que se infería que el periodista estaba a favor del mismo. Yo les dejo el artículo porque la verdad es que no sé qué quería decir Don Arcadi: CLICK. Y no lo sé porque a este señor no siempre se le entiende, aunque se le lea. En fin, con motivo de este artículo se montó algo de lío en las redes sociales y hubo quien le puso a caer de un burro, como me imagino que habría quien le aplaudiría. Pero hoy nuestro Arcadi se descuelga con un artículo en su blog que titula “Auto de fe” en el que empieza citando un tuit de Hughes, periodista de ABC: «Lo de Arcadi de hoy ha dejado claro, por si no lo estaba ya bastante, que en twitter estamos los más tontos de España.» (Hughes @hughes_hu 9 de mayo, 20:20), y enlazado, un pdf en el que hace una compilación de tuits en donde, con mayor o menor gracia, con mayor o menor respeto, le llevaban la contraria con respecto a lo del aborto eugenésico. Y resulta que al final del pdf, en la página ciento y pico, ahí me tienen vds, con mis piececitos, citada con el siguiente tuit:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 19.04.44-1

Por lo visto, este inocente tuit me cataloga como una tonta que participa en autos de fe. Ahí es nada. Les aclaro que el artículo que yo enlazaba y al que hago referencia es del 4 de mayo y hablaba de nacionalismos. Oigan, y que si hay que ir a un juez, se va. Pero el asistente de Arcadi tenía que poner al menos cien páginas (para poder hacer un porcentaje) y por ahí andaba yo, difundiendo los artículos de Arcadi y encima llamándole zumbón, aunque ciertamente no con la intención de decirle mosca sino en alusión a la badana. Ahora siento el equívoco: es que una no habla bien el idioma, no me lo tengan en cuenta.

Espada es un hombre inteligente y supongo que no se hace ilusiones: si hubiera defendido lo contrario también le hubieran puesto quizá no a caer de un burro pero sí de chupa de dómine. Él sin embargo coge el rábano por las hojas y se pone el capirote que le lleva derecho a la hoguera. Y en el camino al cadalso saca un pdf y monta una nueva hoguera, en esta ocasión muy a lo Tom Wolfe, que para eso venimos provocando. Yo supongo que uno de estos sábados explicará su experimento social a todos sus lectores, la mayoría de ellos sin Twitter y entre los que se encuentra mi madre, quien por cierto está encantada con que el asistente de Arcadi me haya encontrado en sus búsquedas. Cree que soy famosa. Ya le he dicho que no se ilusione: Arcadi no da para tanto y además yo, a diferencia de él, no vivo de buscar audiencia.

A mi lector de Filipinas le explicaré que un auto de fe era una ceremonia pública en donde los condenados escuchaban sus sentencias por delitos contra la fe (herejía, blasfemia, apostasía) y no existía arrepentimiento. Arcadi no peca más que de vanidad y a lo que se ve, tampoco existe arrepentimiento. Allá él si además le apetece pasearse por Twitter tocado con el capirote.

Sigue con salud.

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PS: Yo también tengo quien me ayude en el rastreo de tuits. 30 euros le he pagado a mi sobrina para que se dedique, durante un par de horas, a encontrar en mi historial todas las referencias que haya hecho sobre Arcadi. Sólo se pueden encontrar 3 citas. Vaya puntería que tiene el condenado (lo digo por el auto de fe, que no se me ofenda):
El resto de conversación:

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Un enlace a su artículo de 26 de Mayo:

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Una pequeña broma con la repostería de AnnieHall:

Captura de pantalla 2013-05-22 a la(s) 20.04.14

Eurovisión y el orgullo patrio

Ayer sábado, de vuelta a casa después de un encantador plan de tarde, me encuentro con el Festival de Eurovisión en Twitter. Ahora los programas infames de la tele pueden convertirse en algo divertido si estás conectado a Twitter, porque te encuentras con un desparrame de ingenio que aumenta a tono con la frikada que están retransmitiendo. En el caso del festival de Eurovisión, la frikada además de internacional es de primera categoría.

Mis recuerdos del festival de Eurovisión son muy escasos, porque es algo que no me ha interesado ni siquiera en mi adolescencia atribulada – todas las adolescencias son atribuladas. Recuerdo muy vagamente a Betty Missiego, rodeada de niños (una representación cercana al oxímoron) y a Micky cantando una memez y dejando que su cabeza bailara sola, de un lado a otro, como hacen esos perritos de plástico que llevan los gitanos en los coches. También recuerdo a Mocedades cantando el Eres tú y a mi madre decir que no habían ganado porque Amaya no llevaba minifalda. Y poco más, aparte de una noche de farra viendo a Remedios Amaya cantando descalza en un bar de pueblo (Remedios Amaya cantando descalza, yo en el bar de pueblo y cada una en su noche de farra). O sea, un erial.

Lo primero que me encontré al encender el televisor fue a una tipa metida dentro de una montaña de vestido, una lista interminable y caótica de países y una banderita de España en la cola de las puntuaciones. Y esto último me hizo pensar que, después de todo, este país a lo mejor tiene remedio.

O quizá no lo tiene, si nos atenemos al tuit de Fernando Alonso, ex de la cantante y premio Príncipe de Asturias de los deportes: «Irlanda tiene aun menos amigos que nosotros en Europa :)!, pero muy orgullosos».

Tuit Alonso

Hombre, Fer, el fondo de tu frase no tiene desperdicio, pero utilizarla con ocasión de un festival de Eurovisión sí. Quiero decir que la frase tiene tal envergadura que no chocaría nada en boca de Rajoy a la salida de cualquier Consejo Europeo. Un desperdicio de frase, ya digo. Pero española como la que más, eso también.

Después del Lalalá y del Vivo cantando, dos títulos muy de país de cigarras, España no ha levantado cabeza en Eurovisión. Intentamos describirnos con Chiquilicuatre, con las Ketchup, con David Civera y con esa chica que cantaba lo de la Vuelta a España, pero no damos con el tono adecuado para seducir a ese mejunje de países raros que es el actual festival de Eurovisión. ¿El Sueño de Morfeo? No, hombre, no: ¡allí hay que enviar a La Pesadilla de Baco!

Como es domingo, les dejo con Betty Missiego, que según la Wiki quedó segunda. Por no llevar minifalda, sin duda.

Dedos nacionales

DSC_0027 recortadaHoy he pasado un ratillo de lo más agradable charlando en la oficina sobre los dedos. Unos momentillos de distensión previos esas horas homicidas en las que debo pelear con enrevesadas hojas de cálculo, ininteligibles contratos y endemoniadas presentaciones. Resulta que una compañera ha llegado hoy con muletas porque anteayer se pegó un meneo contra un lavabo y se hizo fosfatina el dedo meñique del pie derecho y de paso la garganta, tal fue el alarido que debió pegar. Qué dolor tan horrible. Se podría versionar aquella canción que seguramente todos vds conocen, la de «no hay dolor más horroroso ni dolor más inhumano…«, pero en vez de terminar el pareado con «…que pillarse los cojones con la tapa de un piano» se puede rematar cantando «…que dejarse el pie olvidado en la base del lavabo, bada badún, badún..

Bueno, a lo que iba. Como saben, yo trabajo en una empresa francesa con franceses dentro. No sé si son muchos o pocos, aunque tengo para mí que los franceses a tu alrededor por lo general siempre son suficientes. Por la suficiencia lo digo, no por otra cosa. La cuestión es que nos hemos preguntado por los nombres de los dedos en los dos idiomas. Así que nosotros tenemos el pulgar (también llamado dedo gordo), índice (indica), corazón (también llamado el mayor), anular (para el anillo) y meñique (preciosa palabra).  Y ellos tienen el pouce, index, majeur, annulaire y… el auriculaire.

Bien, esto del auriculaire ha provocado alguna que otra carcajada. No, no me hagan el gesto de alguien que descuelga el auricular del teléfono porque, en ese caso, al dedo meñique le llamarían le microphone. En fin, que sí, que hace referencia a lo que están pensando y que consiste en ahorrar muchísimo en bastoncillos para las orejas. Hay quien ha dicho que también podrían haberlo llamado el excavateur… Hombre, todavía han tenido la delicadeza de no llamarle el dedo nasal, aunque hasta cierto punto es lógico y si no, hagan la prueba de meterse el dedo meñique en la nariz: aparte de cursilísimo, es muy incómodo y no se llega muy lejos. O muy arriba, según cómo estén sentados.

Y luego le ha llegado el turno a los dedos de los pies. Nosotros decimos el gordo (porque ése sí que es gordo), el segundo, el tercero, el cuarto y el meñique, otra vez la bonita palabra. Y, claro, nos hemos preguntado si ellos también le llamaban auriculaire al dedo pequeño del pie, porque hacer la contorsión para hurgarse en una oreja con un pie es casi tan difícil como imaginárselo. Ahí ya mi querida E. ha puesto pie en pared y ha salido en defensa de la lengua francesa, ah, oui, y nos ha explicado que los franceses no los llaman de ningún modo, que para eso tienen un nombre específico para los dedos de los pies: les orteils. «No como vosotros, que sólo desís dedos. Los dedos por aquí, los dedos por allí… Ah, no, no: nosotros dedos sólo tenemos en las manos. ¡En los pies tenemos orteils!«.

Bueno, psí, la verdad es que los españoles tenemos dedos un poco por todas partes, pero al menos los llamamos de alguna forma. Los personalizamos. Los amamos tanto que hasta les hemos puesto un nombre. Y sobre todo, que es la mejor manera de decir, en corto, dónde tienen que ponerte la escayola si entras deprisa al cuarto de baño. Así que ya, un poco tocada en su amor propio, se ha ido a la Wiquipedie (lean «ouiquipedí») y nos ha dicho esto:

– ¡Pues sí, tenemos nombres para los dedos de los pies! Se dise: hallux, secundus, tertius, quartus et quintus. Pero en lenguaje familiar se les nombra corrientemente bifux, depasus, centrus, pre-exterius y exterius…

Y ahí ya se reía hasta ella…

Ir a Marte para no contarlo

Marte unmundoparacurraMe entero esta mañana de que una empresa holandesa está preparando una misión para colonizar Marte.  La idea es sencillísima: en 2016 envían un satélite de comunicaciones, en 2018 un robot para que elija terreno y vaya preparando la llegada en 2020 de las casitas y las provisiones y ya, con todo preparado, en 2022 mandan para allá a las personas, que podrán instalarse cómodamente en primavera de 2023. Lo de cómodamente es por poner un adverbio en algún sitio.

No llego a entender por qué pasan dos años desde que llega el satélite y mandan el robot, y otros dos hasta que mandan las casitas. Supongo que preverán que hay tres satélites que se estampanan y dos robots que cascan debido a la arena de aquel lugar, tan inhóspito. Pero eso lo supongo yo, que como soy española no aprecio el valor de la previsión. Y oye, que lo que no gastas en test, lo pagas en incidencias, así es que más vale asegurar el tiro, que aquello queda muy lejos y no estarán las cosas para andar llamando al técnico con bobadas.

En cuanto a la colonización, no hay ningún engaño: te vas para no volver. A ver, por mucho que te lo pinten de lugar fascinante, las fotos del sitio no son precisamente como para ponerlas de reclamo en un folleto del Politours. Ni una palmera, ni un mal arbolito, aunque sea despeluchado. Pero es que si encima no vuelves y no lo puedes contar, tampoco me parece un viaje de lo más sexy. Y los que van en 2023 vaya que te tira, pero la segunda tanda del 2025, menudo panorama: lo primero que tendrán que hacer será enterrar a la promoción del 23, y sabe Dios cómo se encontrarán los cuerpos con aquellas atmósferas tan rarunas. Habrá que confirmarlo con Grisom, pero no creo que haya mucho díptero cadavérico.  Ya me figuro que están trabajando en un plan paralelo para que puedan regresar, pero el reclamo es claro y no deja lugar a la duda: one way ticket, my friend.

Me ha intrigado tanto la noticia que he entrado en la página web para ver qué piden para inscribirte. No se emocionen, que no tengo la respuesta: he llegado a un formulario de registro y, francamente, me ha dado cuqui. Bromas las justas, que a ver si se confunden y me mandan a Marte y… en fin, que no, que no, que yo no pinto nada en un sitio sin dípteros ni lepidópteros. Sin embargo, en la página de Mars One hay un sitio en donde se pueden ver vídeos de los que sí se han registrado y es muy curiosa, se aprende mucho de la motivación humana. Por ejemplo, hay un chico, español, que ve una gran ventaja en eso de no volver. Dice textualmente: «No tengo nada particular que me ligue a la Tierra, aparte de mi madre y mis amigos, cosa que hace más fácil que me vaya a vivir a Marte para siempre«. Se comprende: si se tratara de la suegra, rellenaría el formulario para Júpiter.  Y luego otro chaval razona: «si pienso que el primer astronauta fue un perro y luego un mono, me veo con 27 años y me pregunto por qué no me voy a apuntar«. Este cuando cumpla 40 se compra un hámster para meterlo en una ruedecita y observarlo, ya verán. En fin, la mayoría lo que quiere es pasar a la historia. Os dejo el enlace por si queréis ejercer de entomólogos un rato.

La verdad es que yo ahora me río, pero supongo que si en la época de Cristóbal Colón hubiera habido blogs, alguna tontainas habría escrito una entrada con chorradas de este porte. Con todo, no saben cómo me alegro de no estar, en estos momentos, naciendo.

Adelante hombre del seiscientos…

Leo esta mañana una noticia que no me ha sorprendido en absoluto: más de la mitad de los españoles (un 52%) quiere que la matrícula de su coche vuelva a tener el distintivo provincial. No me choca. La matrícula sin distintivo unifica el mercado de segunda mano y, al hacerlo más grande, lo dinamiza y mejora. Naturalmente, ni me molesto en buscar el respaldo de esto con cifras porque el cambio se hizo en 2000, y después hemos vivido una expansión económica y una recesión de lo más canalla, con lo cual las cifras dirán exactamente lo que se quiera interpretar. No obstante, el argumento racional y económico es inobjetable. Y a él se opone, con ese flamenqueo tan español, más de la mitad de la población que encuentra en el coche el mejor lugar para expresar su sentimiento de pertenencia. Porque un español ante todo es de su pueblo y de ningún otro sitio.

Adelante, hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya…” decía una canción. Y el españolito, con su matrícula provincial, contesta muy ufano:

– No, no, de eso nada. Mía es la parte de carretera que va de Fuentechorro a Tientalasno. Y a partir de la Sierra de Monjapretá… ¡eso es otra provincia!

Es todo tan hispánico que resulta enternecedor. Pero es que luego el estudio sigue, y resulta que hay casi un 54% que quiere personalizar la matrícula. Tunearla, vaya. Y aquí ya pueden vds esperarse cualquier cosa. Desde el muy sentimental «Te quiero, Juani» al rockero «Elvis forever«, pasando por el  protocultureta «muy fan de Chopin» o el indignado «Montoro, cabrón«. No tengan dudas de que el número 69 con todas sus variantes se agotará en hora y media y que, en lo que se refiere a los colores, habrá muchos. Sobre todo si salen baratos. Y saldrán baratos…

Les dejo con la maravillosa canción que da título al post. Para que canturreen e imaginen.

¡Y que viva España y sus 50 provincias!

Ropa tendida

Lo siento, mi amor pero hoy te lo voy a decir aunque pueda faltarme el valor al hablarte a la cara. Lo siento, mi amor, pero ya me cansé de fingir y pretendo acabar de una vez para siempre esta farsa. Lo siento, mi amor, lo siento, mi amor, lo siento, mi amor.

Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo, que mi cuerpo no tiembla de ganas al verte encendido. Y tu cara y tu pecho y tus manos parecen escarchas, y tus besos, que ayer me excitaban, no me dicen nada.

Bien. Llegados a este punto, creo que conviene parar a decir algo. Este último párrafo, más que una ordinariez, que también, es que es algo muy impropio de una señora. Yo no creo que haya necesidad de decir estas cosas a nadie, que la gente tiene su corazoncito. Si no te mola, pues haces la maleta, agarras la puerta y te vas, pero no le digas esas cosas, mujer. Y si ya me parece una bajeza y un detalle muy feo que le sueltes esto al pobre hombre, ya lo último es que encima te pongas a cantarlo por el patio. Y luego ese lenguaje: ¡Verte encendido! Por favor, ¿Qué le decimos a los niños que están en el salón? ¿Que tu marido es un gusiluz?

Y es que existe otro amor que lo tengo callado, callado; escondido y vibrando en mi alma, queriendo gritarlo. Ya no puedo ocultarlo, no puedo callarlo, no puedo y prefiero decirlo y gritarlo a seguirte fingiendo.

¡Amiga, así es que era eso!… ¿O sea, que le pones los cuernos y luego le echas la culpa? Pero, a ver, querida, si estás pensando en el vecino del cuarto ¿cómo no te va a parecer que acostarte con tu marido es como acostarse con una farola? Entonces, primero que la culpa no es suya, y segundo, que no me parece ni medio bien que le pongas pimpando y le dejes de cara al público como si te abrazaras al palo de una escoba, cuando a lo mejor el caballero tiene intacta su capacidad de hacer el salto del tigre un par de veces cada madrugada. O sin llegar a eso, que hace sus esfuerzos por cumplir honrosamente, oye, que el que da lo que tiene no está obligado a más. Pero tú, nada, le sueltas esa coz y encima, ¡hala, a gritarlo por el patio!

Qué cosas hay que oír de vez en cuando.

Rocío Jurado (qepd): un portento de voz y también de mal gusto para elegir canciones.

El dedito de Jordi Alba

alba3--146x110Jordi Alba es un jugador del FCB que quiso celebrar el gol de Messi el pasado sábado con la grada del Bernabéu. Y para ello, sacó su dedito a pasear, tal y como ven en la foto de la izquierda. Como buen meritorio de los valores de la Masia y de su inmaculada beatitud, ha tenido que aclarar qué quería decir, como si no pudiéramos entenderle en Madrid, tierra de chulapos. Y como excusa, nos dice que su dedo no era el corazón, sino el índice, y que lo que quería decir es que Messi es el número 1. Y no sé yo qué es más insultante para la grada del Bernabéu, la verdad, si que le hagan la peseta devaluada o que le señalen a lo tonto (léanme bien, que he dicho a lo tonto, no al tonto).

Ay, el hipocritilla meritorio. Querido Jordi, lo que importa no es el dedo que se use, sino lo que se diga con el dedo. Y con un dedo, aunque sea el índice, se pueden querer decir muchas cosas. A ver, te lo voy a explicar, tú atento:

Esto es decir «tú»:

tu

Esto es decir «te lo advierto»:

Aviso

Esto es decir «Me llamo Bond»:

james 2

Esto es decir «Uno»:

uno o perdon 2

Y esto es un «doigt d’honneur», te pongas como te pongas:

tururu2

Ay, el hipocritilla meritorio.

Indemnizaciones e impedimentas

boe unmundoparacurraLeo el otro día en un suelto del ABC que «Perder la nariz en accidente de trabajo tiene más indemnización que perder los testículos«. Naturalmente, me detuve a leer la noticia completa y me entretuve en consultar el BOE (click a su derecha), no fuera a ser que el periódico me contara alguna milonga, que es algo a lo que tiene mucha afición la prensa. Y no. En efecto, el baremo actualizado dice que por perder la nariz te pagan 7.940 euros y por los testículos (los dos, aclaran), 6.380 euros. Y sin embargo fíjense que por quedarte sin olfato la indemnización es sólo de 1.210 €. Mucha diferencia me parece entre nariz y olfato, lo que me lleva a pensar que, para la Administración, lo grave no es que te quedes sin olfato para los negocios, sino que se note. Y sin duda, ahí tienen vds una explicación para comprender el escaso retorno de las inversiones públicas, y si no piensen en esos aeropuertos, carreteras, auditorios y demás imbecilidades en las que se han gastado nuestros dineros, que dicen «me da en la nariz que esto va a ser un éxito» y allá que vamos, tras la nariz de cualquier político de falanges intactas pero con una anosmia de caballo.

Perder una oreja se cotiza a 1.810 y curiosamente, por perder las dos te pagan más del doble, exactamente 3.830. Que dos orejas son más que una ya lo intuíamos desde la gira de Victor Manuel y Ana Belén en los años 90, no crean que el BOE descubre nada nuevo. Y se podría sospechar que el ministro de turno no sabe sumar de no ser porque el caso se repite con testículos y ovarios, y ya sería excesivo pensar que sumando 1+1 se equivoquen tres veces. Oigan, y que tiene también toda la lógica del mundo que se pague más por dos huevos que por uno, porque hay decisiones que sólo se entienden si se toman con un par.

En el capítulo de apéndices, la pérdida del pene se paga según cómo afecte a la capacidad «coeundi» y de micción, sin entrar en más detalles. Como es natural, ni se les pasa por la cabeza poner una escala de tamaños. Hubiera sido una temeridad. Especialmente porque la prueba que se presenta ya va cercenada y para saber lo que había antes sólo nos queda la palabra del interesado, que es de esperar que exagere un poco. Sí que me extraña que no ponga nada sobre cómo puede afectar a las decisiones que afectan a la «potestas«, y es que se ve que con un latinajo ya llevaba bastante el pobre funcionario que lo redactó, y cuya aprensión es comprensible. En fin, si siguen mirando, sospecharán que el gobierno del PP es insoportablemente sectario cuando discrimina entre los dedos derechos o izquierdos de las manos en favor de aquéllos, hasta que se llega a una anotación final en la que la igualdad triunfa en favor de esa minoría de zurdos que tan nerviosos nos ponen a los diestros cuando enarbolan unas tijeras.

Bien, el asunto no da para más en una tarde de domingo. Voy a leer el periódico de hoy, a ver qué trae para mañana.