Mensajes automáticos

«Mensaje enviado con mi dispositivo móvil». Yo llevaba puesto ese mensaje automático, hace muchos años. En realidad, lo llevaba por puro descuido, aparte de que ni me había molestado en saber si se podía cambiar, cuando había reparado en ello. Por recordar, diría que era en 2006 ó como mucho 2007. Y fue mi amigo GV quien me devolvió uno de mis correos con esta mensaje (o parecido):

Vale, Carmen, pues quedamos como dices.

Ah, y por favor, quita eso de «mensaje enviado desde mi Blackberry». No aporta nada a la firma, porque lo lleva todo el mundo, ni al contenido del mensaje, porque me da igual si estás sentada en tu despacho, en una terminal de aeropuerto o tomándote un café en el bar. Por otra parte, indica que ni te has molestado en cambiarlo y que eres descuidada, o algo peor: que presumes de llevar Blackberry… Uf, quítalo.

Ya os podéis figurar que lo cambié inmediatamente, aunque me pasé media tarde trasteando con el cacharro aquel. Y también os podéis figurar cuáles fueron los argumentos que más pesaron en mi decisión. Aunque yo confío siempre ciegamente en los consejos de mi querido GV, y aunque me hubiera dicho simplemente «creo que lo deberías quitar», lo hubiera hecho sin hacer preguntas.

Esto no me lo creo ni yo.

Es raro ya ver este mensaje en las Blackberrys, aunque esta tarde he recibido uno de una compañera de la oficina con el mensaje de marras. No me había fijado hasta hoy, y me ha venido a la cabeza la anécdota para el post. Sin embargo, es muy frecuente verlo en los i-phones. Sobre todo en los i-phones. Me pregunto por qué, quiero decir, cuál de los argumentos de mi amigo GV es el más certero… Bah, supongo que es que la gente es muy descuidada.

Otra cosa son esos mensajes automáticos del e-mail que se ven en verano sobre todo. Me refiero a ése que dice, más o menos:

Estoy de vacaciones hasta el 15 de agosto. Si no quieres esperar hasta que llegue la Virgen y ardan fiestas en todos los pueblos de España, puedes llamarme al móvil, en el que por cierto recibo tus correos. Si ves que no te contesto, ni lo cojo, ni nada, y es urgente que te mueres, llama a mi secretaria, que ya verá si eso. Ah, y no te preocupes, que a ella sí que le cojo el teléfono. Pero vamos, que estoy de vacaciones.»

Pero este capítulo tal vez merece otro post. Haré una lista el próximo verano con los más divertidos que me vaya encontrando. Pero eso será, en todo caso, el próximo verano.

Nuevo año chino

Se celebra, creo que mañana, el nuevo año chino. El del Caballo, por lo visto. Realmente, yo no tengo ni idea de nada de lo chino, aunque hago constar que tampoco tengo nada en contra. En general, el único defecto que les veo a los chinos es que son muchos y que siempre van como en racimo, aunque esto último parece más una consecuencia de lo primero que una característica en sí mismo.

Hoy decían en la tele que los chinos en España se quejaban de que cuando un chino cometía algún delito o hacía algo malo, les echábamos la culpa a todos. Hombre, las cosas no son exactamente como las interpretan, también deberían comprenderlo. No es que culpabilicemos a todos, es que no sabemos cabalmente a quién echarle la culpa, porque todos los chinos se parecen. Y entre eso y los nombres que se gastan, chiwonchú, chuwenchá, chonchiwán, un juez dicta sentencia a voleo:

– A ver, el tercer chino empezando por la derecha: ¡culpable!

Mi sobrina cuenta una anécdota muy divertida de un campamento, en el que ella trabajaba de monitora hace un par de años. Puso a un montón de niños en fila para hacerles saltar al potro y cuando le llegó el turno a uno de los niños, que era chino, un pequeñín de cuatro años le gritó asustado a mi sobrina:

– Noooo, ¡Espera! ¡¡Chin-lu no puede saltar!!

– ¿Por qué? – preguntó mi sobrina.

– ¡¡Porque no ve!!,

– ¿Cómo que no ve?

– ¡¡¡ QUE NO VEEE!!! – contestó el niño, achinándose los ojos con las manitas.

Esta anécdota no tiene nada que ver con el año del caballo ni con los chinos en general, que tengo para mí que ven todo con mucha nitidez, aunque, eso sí, como en una pantalla de 16 x 9. Pero me ha venido a la cabeza y la comparto con vds, ya que de los años chinos no sé casi nada y lo confundo casi todo. Tanto dragón, tanta culebra, tanto rojo y dorado, tanto chisme barroco, tanta letras picudas y como desarmadas… no me extraña que lleven los ojos entornados para circular por la vida.

He mirado en la Wiki y, si lo interpreto bien, el año en el que estamos es el de la serpiente. Estamos de suerte, porque un año de caballo es mucho más friendly. Por fortuna no sigo el calendario chino, y no me había enterado hasta hoy de que me he pasado 365 días metida en una serpiente, porque lo hubiera llevado a muy mal traer, que viene a ser como traerlo a mal llevar. Porque si este post habla de chinos, lo consecuente es no entender casi nada…

En fin, les dejo un video para celebrarlo y hasta mañana, que toca post de libros.

Más sobre premios

cabrones loteriaMe envía mi amigo Alfredo esta foto que ven a su derecha, sin duda para enfadarme. Lejos de ello, me ha provocado una enorme curiosidad, porque no puedo imaginar dónde la sacó y, sobre todo, cómo consiguió captar a Mariano haciendo algo de relevancia. Amigos míos, sujetar un cartel supone un esfuerzo del que sólo esperan remuneración los sindicalistas abonados al langostino, que por cierto, algo pillarán de ese 20% que tan contento le pone a Montoro, el responsable de la caja, de la llave y del reparto de la mamandurria.

Ya les digo que mi amigo no me enfada con esta foto, más allá de ver a Montoro contento, claro. Desde luego, que nadie espere que me moleste que graven con un 20% los premios de la lotería. A mí lo que me enfada mucho es que confisquen un 24,75% del salario a un tio que curra y que gana 17.000 euros al año. Y también me subleva que estos chorizos graven con un 21% la ropa y el calzado, y lo que te rondaré morena. Pero vamos, que graven el estar sentado y que te caiga un pastizal sólo porque un bombo se ha parado en una bola con el número que llevas, me es indiferente. Es más, si me apuran mucho y tengo que elegir, me parece correcto. El 21 te levantas de la cama sin un floro y el 22 te acuestas con una pasta gansa sin haberla doblado. Así es que me parece bien que aporten algo a la caja común, que hay muchos políticos que alimentar.

Eso sí, a mi Wilma que ni me la toquen. Y es que un 22 de diciembre de hace 2 añitos nos tocó la lotería en casa en forma de perra loca. Y capaz es este ministro vampiro de reclamarme una pata de la perra como Impuesto al Ladrido Añadido. Bueno, de reclamármela y hasta de comérsela cruda, con pelos y todo, que este hombre está pero que muy perturbado. En fin, ya sabremos defenderla del gobierno. De momento, a los perros no les permitimos ver el telediario en casa, a ver si se nos van a grillar, se piensan que todos somos iguales  y nos acaban mordiendo un tobillo. En fin, aquí tienen a Wilma, guapetona y entera, dejándose fotografiar para todos vds en el día de su cumpleaños. Y con la peluquería recién hecha, oigan. Gravada, por supuesto, al 21%.

IMG-20131222-00303

Llega la Navidad

¿Y cuándo hay que empezar a quererse mucho?

Lo digo porque los síntomas de la Navidad ya están por todas partes, aunque ya nos están rondando desde la semana pasada. Tampoco son demasiados síntomas, aunque eso sí, todos son espeluznantes. Empezando por una iluminación a medio camino entre la sopa Juliana y el chisgarabís, y terminando por esos reportajes televisivos en los que podríamos poner el mute a la tele y recitar en voz alta la frase exacta que están diciendo en ese momento, como en un karaoke alienado. Pasando, claro está, por las insufribles comidas y las cenas de empresa obligatorias, o por esa especie de spam moñas tan molesto en el que viajan unos abominables christmas electrónicos.

Pero sin duda lo peor es ese ambiente tan conmovedor en el que todos nos empezamos a querer muchísimo. Amor a raudales. Solidaridad súbita. Deseos desenfrenados de felicidad. Te deseo mucha felicidad, decimos mecánicamente,  como un máquina de vending, su tabaco, gracias, en la versión temblorosa: que seas feliz, mientras con el gesto decimos solemnemente te amo.

Qué pesadez.

Yo les voy a decir lo que es realmente diciembre: un mes larguísimo en el que las vacaciones liberan poco, teniendo en cuenta ese estado de deambulación catatónica que convierte a los paseantes y conductores de la ciudad en auténticos estorbos.

En fin, para que el post no se les haga demasiado ácido en un mes en el que tendemos a que se nos caigan los dientes con tanta azúcar, les dejo un vídeo para que se distraigan un rato…

Compra en Amazón y agáchate que viene el dron

Dron amazon unmundoparacurraLos que ya tenemos cierta edad, debemos estar muy pendientes del futuro y empezar a echar cuentas si queremos vivir nuestros últimos años sin demasiados sobresaltos. Teniendo en cuenta las noticias sobre los nuevos inventos que nos esperan, no sé yo si la esperanza de vida no se va a convertir para algunos en un periodo de tiempo demasiado largo como para no pensar en acortarlo abruptamente.

Pues sí, este mundo se está convirtiendo en un lío. Como si no tuviéramos bastante con las cucarachas teledirigidas, los planes para viajar a Marte (y no volver), o las Google glass, que convierten un coqueto guiño de ojos en un inesperado intro, ahora llega la entrega de paquetería con drones. Ya lo habrán oído o leído. El señor Bezos, dueño de Amazón, ha puesto en marcha un proyecto para realizar la entrega de las mercaderías a través de artefactos teledirigidos que van por el aire. De momento se ha topado con algunas dificultades de orden legal, pero esta clase de extravagancias suele salir adelante, aunque sólo sea por ganar minutos en la tele.

Yo imagino a mis lectores como personas con una cierta madurez, y a ellos me dirijo. Y ahora piensen en una apacible tarde de verano en la terraza de su apartamento en la playa. No hace falta que se hayan jubilado, sino que basta con que hayan decidido tomarse unas tranquilas vacaciones. Vds están en compañía de su familia y llevan en una bandeja unas limonadas. Huy, qué ricas, qué bien tomar una limonada al fresco, piensan. Y de pronto, zas, un dron inesperado pasa rozando la barandilla mientras se aproxima a la casa del vecino. Brrrrrrrrrrr, ruge el motor. Yo no sé vds, pero yo preveo un final bastante accidentado para la bandeja con las limonadas…

Ignoro el número de artículos que se distribuirán con drones, aunque no sé si prefiero que sean pocos o muchos. Porque si son muchos, nos acabaremos acostumbrando, y nos parecerá muy normal tener que agacharnos instintivamente mientras estamos cargando el coche con la compra de la semana en un centro Comercial, ante la presencia de un dron que imaginamos descontrolado. Pero si al final son pocos, y toparse con un dron se convierte en un fenómeno inusual, ya les digo que no vamos a ganar para Lexatin. Eso sin contar con que Iker Jiménez va a tener que bajarse el sueldo para invertir en centralitas, porque ver un dron y pensar en la guerra de los mundos va a ser todo uno.

Los eslóganes de Adidas (impossible is nothing) o de Nike (just do it) vienen que ni pintado para este asunto de los drones de Amazón. Pero una vez hecho realidad, yo me dejaría de chorradas aspiracionales y recomendaría algo más práctico al Señor Bezos: «Compra en Amazón, y agáchate, que viene el dron» puede ser una idea. Y también «si compras en Amazón y tienes prisa, que te lo traiga un dron, verás qué risa«.

Que tengan un buen puente.

Vivérrido

Vivérrido es una palabra que he encontrado entre vivero y viveza.

Un poco más arriba de vivérrido, en el diccionario encontramos vivariense, que es la persona natural de Vivero, en Lugo. También está viveño, que es el natural de Ibahernando, en la provincia de Cáceres. Ya ven qué cosas. Para que se fíen de la etimología.

A la derecha de vivérrimo nos encontramos con vividura, que es el modo de vivir una colectividad dentro de un cierto horizonte de posibilidades e imposibilidades vitales. No hay que confundirlo con vividora, que es la palabra que precede a vividura y que se refiere a la persona que sabe disfrutar de la vida generalmente a expensas de los demás.

Por cierto, que un vivérrido es un mamífero de la familia de carnívoros al que pertenecen la mangosta y la gineta.

Y no me pidan más para un lunes, que con seguir siendo viviente ya llevo bastante.

Un tuit desparramao

Resulta que me acerco a casa al mediodía y después de comer me siento a tomarme un té, mientras hojeo el periódico y oigo el informativo. Y estoy distraída, cuando de pronto levanto la cabeza y veo esto:

Tontada TVE unmundoparacurra

No me pregunten de qué estaban hablando, pero el titular me ha parecido la versión televisiva del «manzanas traigo». Así es que se me ha ocurrido poner este tuit:

 

 

Sí, ya sé: no era eso exactamente, pero qué quieren, yo estaba estupefacta. La cuestión es que ha empezado a bailar la Blackberry con retuiteos por doquier. Oigan, qué éxito. No les digo más que  he tenido que silenciar los mensajes y notificaciones cuando he vuelto a la oficina, con lo que me gusta a mí oir el doble cling del mail, y el clap del whatsapp, y el tutú-tutú del SMS. A mí no me parece tan gracioso el tuit, si les digo la verdad.  Me parecía más imaginativo este que he puesto a continuación:

 

 

 

Para mí esto es nuevo. En primer lugar, no soy capaz de ver ahora quién me contesta a algo cuando miro las menciones, porque hay una fila larguísima con los retuits. Y luego que prefiero no mirar el mail del blog, porque es donde van a parar las notificaciones de RT´s y favoritos, que no sé cómo hacer para que no lleguen. Habrá más de 350 mensajes, y los tendré que limpiar pacientemente. Así es que no me escriban hoy, por favor, que andaré muy ocupada.

¿Cómo se las apañan los tuitstars? Humm…

El gesto y las gafas

Ya les hablé en otro post de mis tribulaciones con las gafas, un elemento decorativo de mi personalidad con el que llevo conviviendo desde los 18 años, aunque he de decir que está pasando de ser una herramienta de descanso a una de supervivencia a pasos agigantados.  El señor oculista tenía razón (CLICK), aunque tal vez demasiada, y ahora ya estoy del todo convencida de que con ellas veo mucho mejor además de evitar tener que comprarme un gadgeto-brazo cualquier día de estos. La cuestión es que esta mañana me he topado con un artículo en la prensa que se titulaba «El lenguaje de las gafas» y me lo he leído, por supuesto. Hasta he tomado notas, no crean, que últimamente no tengo yo mi memoria para otra cosa que no sean números.

Así que he anotado que cada gesto que se hace con las gafas dice algo de nuestra autoestima y de nuestra actitud en una conversación. Si jugueteas con las gafas significa que estás eliminando el estrés y la ansiedad, y ya me figuro yo que si tienes mucho estrés, las gafas pueden salir volando en cualquier momento. Morder una patilla indica seguridad, es un acto de autoafirmación. Nunca hubiera pensado que el estado lamentable de la patilla derecha de mis gafas tuviera nada que ver con mi legendaria seguridad en mí misma. Limpiar las gafas es una forma de ganar tiempo, igual que quitártelas, de manera que si ves a alguien hacer eso, mejor cállate. Luego, cuando te las vuelves a poner, es cuando quieres escuchar, volver a «ver» de nuevo las cosas, así que si hace eso tu interlocutor, aprovecha y lárgale el rollo. Y mirar por encima de las gafas es percibido como un juicio y aunque reconocen que, como yo, muchas personas usan gafas para ver de cerca y se ponen las gafas en la punta de la nariz cuando revisan un documento, recomiendan vivamente no hacerlo si no estás juzgando y no quieres incomodar a tu interlocutor.

Y ahora estamos en el restaurante. ¿Han elegido ya los señores? Quítate las gafas y ponte a limpiarlas. ¿Puedo recomendarles el fuera de carta? Ponte las gafas. ¿Les tomo nota? Quítate las gafas. ¿Qué vino tomarán? Muerde las gafas. ¿Van a tomar algo más? Las gafas en la punta de la nariz.

Y ahora estamos con el jefe en la entrevista de evaluación anual. ¿Cuáles son tus logros del año? Quítate las gafas y ponte a limpiarlas. ¿Revisamos el cumplimiento de objetivos? Ponte las gafas. ¿Cuál es tu balance anual? Quítate las gafas. ¿Qué objetivos esperas al año que viene? Muerde las gafas. ¿Miramos tu bonus? ¡Gafas a la nariz!

Ay, qué tonteridas, que dirían en el Blasco.

PS: No puedo enlazaros el artículo porque hoy ya he llegado al máximo de difusión en el Orbyt y no lo encuentro en la página web del periódico. Sin embargo os enlazo este otro que dice las mismas cosas (yo diría incluso que en el Expansión lo han fusilado, porque algunos párrafos son idénticos). Por si tenéis interés (CLICK).

La relación luz y tiempo: otro punto de vista

¿Pero cómo no te va a saltar la luz, si esa casa tiene la misma instalación desde hace 38 años?  ¿Y cómo no te van a faltar enchufes? Que no es sólo que ahora tengas que encontrar uno para el móvil y otro para la tableta, eso es lo de menos. Que sólo piensas en esas cosas, pero no es eso, no es sólo eso. Hace 38 años no es que no hubiera DVD, es que ni siquiera se había inventado el vídeo. Sí, eso en lo que se ponía una cinta, eso mismo. Y la leche la calentabas en el cazo, no en el microondas, hacías café en una cafetera italiana, no en una melita y tostabas el pan en la sartén. Y el fuego de la cocina iba a gas, que «eléctrico» era para un por si acaso y de la vitrocerámica no se tenían noticias. Y las neveras eran mucho más pequeñas, como más recogidas, sin ese despipote de congelador. Y nada de lavavajillas, que entonces era un lujo.  Y acuérdate de que no podías poner el horno y la lavadora a la vez porque lo siguiente era ir con una vela a apagar uno de los dos. Y no tenías un ordenador, porque entonces no había ordenadores personales. Ya de la impresora ni hablamos. Y ponías un tocadiscos, eso si no te conformabas con oír la radio, que iba a pilas. Y nada de tener dos o tres bases para el inalámbrico por toda la casa. Y el despertador no era radio alarma, sino que le dabas cuerda hasta que compraste aquel de pilas. Sí, aquel que te ponía de los nervios porque sonaba tictac mucho y muy alto. Y las teles aquellas triponas, que cuando las apagabas se apagaban, nada de quedarse en esa mariconada del stand-by, que dicen que no gasta, pero gasta…

Qué resistencia, ni qué contratación, ni qué relatividad, ni qué zarandajas, hombre…

¡Alerta, calor en agosto!

Hoy hará calor. Un 19 de agosto parece normal tenerlo, aunque las televisiones abrirán sus telediarios comunicándonos la noticia. También hay que entenderlo: los periodistas y editores están en los estudios velando para que estemos permanentemente informados, y claro, como tienen puesto el aire acondicionado, se están enterando por los teletipos. Y luego los gobiernos civiles decretarán una alerta, que será amarilla si la temperatura varía respecto a los recomendables 22 grados, naranja si aprieta un poquillo el Manolo y roja si el asunto se aproxima a los 40. Bueno, yo digo el gobierno civil aunque no sé si esto es cosa del gobierno Central, de las autonomías, de las diputaciones o simplemente del funcionario del ayuntamiento encargado de sostener el termómetro, porque yo me imagino la tontería así de chusca:

– Venancio, que la cosa azul ha pasado la rayita roja
– ¿La de 25?
– No la de 30
– Ah, pues mira en el último bando-ley a ver qué alerta les ponemos

Yo no sé cómo es posible que en Sevilla no se les ha derretido la Giralda en todos estos siglos. Y es que los sevillanos, igual que el resto de españoles, en realidad no se habían enterado de lo que es el calor hasta que no han puesto en marcha el sistema de alertas. Sistema que incluye, además del aviso de las condiciones de temperatura, humedad y viento, unos muy aclaratorios consejos sobre la prevención, que consiste en hidratarse (que no es lo mismo que beber agua), ponerse a la sombra cuando se pueda, no llevar puesta la pelliza de piel de vaca en Agosto, y no dejar al abuelo en el coche mientras hacemos la compra en el Mercadona. También insisten en que no se haga deporte en las horas centrales del día, que eso es cosa que yo critico mucho porque no definen exactamente cuáles son las horas centrales del día. Y así no se puede. Nos van a coser a demandas y reclamaciones todos los deportistas al primer síntoma de calentura poco sudorosa, por lo que no descarto un nuevo impuesto al calor añadido. Pero vamos, en Córdoba nunca habían combatido tan bien la caloreta como ahora, una vez que les han explicado en Tele 5 que conviene bajar las persianas si empieza a dar el sol.

Como yo no sé muy bien si el poblachón depende atmosféricamente del cuadrante noroeste, del tercio norte o del centro peninsular, aquí me tienen, sacando una mano por la terraza para ver qué debo ponerme para llevarme el perro al campo. Pero por otra parte, no sé si a la vuelta me pillará ya la alerta naranja, así que voy a pensar en algún disgusto para volver llorando, que eso refresca siempre las mejillas. En cuanto a Curra, creo que le pondré la camiseta de algodón y una viserita muy mona verde de Gatorade que tengo yo por casa.

En cuanto a vds, les aconsejo que busquen una sombrilla para después de leer este post, a ver si además del calor les sobreviene una sugestión y se me marean. Y oigan, puestos a tener un desmayo, mejor a la sombra, dónde va a parar.