Whitney

Cuarenta y ocho años. Una preciosidad de mujer.

Una voz llena de caudal, estruendosa en su potencia, que podía con todo.

Una preciosidad de mujer. Cuarenta y ocho años.

La diferencia entre apetito y hambre

Cómo será mi piel junto a tu piel ¿Cardo o ceniza? Cómo será… Si he de fundir mi espacio frente al tuyo, cómo será tu cuerpo al recorrerme y cómo mi corazón si estoy de muerte.

Se quebrará mi voz cuando se apague, de no poderte hablar en el oido. Se quemara mi boca salivada, de la sed que me queme si me besas.

Cómo sera el gemido y cómo el grito al escapar mi vida entre la tuya, y cómo el letargo al que me entregue, cuando adormezca el sueño entre tus sueños.

Han de ser breves mis siestas, mis esteros despiertan con tus ríos pero… pero… pero cómo serán mis despertares cada vez que despierte avergonzada…

¡Tanto amor y avergonzada!

El apetito

 

Y el hambre

 

Héroes del silencio

Los fines de semana dedico siempre un rato a ordenar mi vida, esa vida que entre semana tiendo a desordenar a pesar de la rutina que imponen los horarios de trabajo. Según el humor que tenga, escojo la música para dejarme acompañar. Y en ocasiones poco frecuentes pero no imposibles, necesito que me resuelvan la apatía y me vuelvan a helar la mirada. De un plumazo, a ser posible.

Héroes del Silencio, desde hace años, tienen la capacidad de henchirme el corazón, de llenarme el carácter de fortaleza, de ponerme de una mala leche positiva y arrancarme todo el humor, el bueno, el malo y el regular y meterlo en un saco de energía que me envalentona para una semana entera. Oigo sus canciones y las canto con ellos, mirando a la pared o a un vaso de cerveza y dirigiéndome a un cabrón imaginario, o no tan imaginario. Y el cuerpo se me llena de razones. De razones y de frases contundentes, de las que uno dice para terminar una conversación nada más iniciarla, esas frases que llevas siempre en la canana por si hace falta recargar el rifle y acabar con los membrillos, o armarte de seguridad si crees que quieren revolverte la vida. Más que frases son bofetadas, bofetadas que te desencuadernan, letras que se encajan en una música explosiva que te golpea y te rellena las entrañas, con pasión y fuerza, casi con honor.

Si no me creen, lean, lean:

–  Qué fácil es
abrir tanto la boca para opinar… Y si te piensas echar atrás,
tienes muchas huellas que borrar. Déjame, que yo no tengo la culpa de verte caer…

– Las estrellas te iluminan y te sirven de guía, te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar.

– Ganar o perder, sé que nunca me importa,
lo que embruja es el riesgo
y no dónde ir.


– Pondré casa en un país
lejano para olvidar
este miedo hacia ti, este miedo hacia ti.


–  Detrás de un disfraz,
tartamudo ante la adversidad,
con un hilillo de voz
se va la poca razón
que nos permite tu escaso valor.
Y he de cruzar,
dar el paso hacia una vida anterior
si hay destellos de magia
entre los besos de la traición. 

–  Pierdo el tiempo pensando en lo esencial
que a veces dejo pasar.
¡Cuántos instantes he ignorado ya,
capaces de haberme cambiado!


– En sus ojos apagados hay un eterno castigo, el héroe de leyenda pertenece al sueño de un destino.

– Y no, quisiera no pensar más de un segundo en ti.

Yo les dejo con esto. Mi consejo es que lo pongan todo lo alto que den de sí los altavoces y que canten como los que están en el concierto, o sea, como si les fuera la vida en ello. Y les prometo que mañana tendrán un magnífico lunes.

Nochebuena y Navidad

Esta entrada es para hoy y para mañana.

Y es para vosotros, aunque hay que llegar al final.

Feliz Navidad.

Realizado con las tarjetas de Navidad de Cáritas España

Fin de la jornada

Y cerrar los ojos cuatro minutos.

Sólo cuatro.

Y dejar que descanse la jornada.

Entrada sin título

Hoy es lunes

Y me apetece oir esto.

Vds se lo pueden saltar si lo ven mañana.

 

 

 

Centrifugados

Teníamos en el poblachón una lavadora a la que una hermana mía le llamaba «la bomba», por sus centrifugados explosivos. Digamos que la lavadora aquella tenía unas extraordinarias dosis de motivación, y se entregaba con toda el alma que pudieran tener sus motores a la muy concienzuda tarea de lavar la ropa, escurrirla y dejarla sin el menor recuerdo de agua y de jabón. Es verdad que lo que salía de allí, después de una de sus portentosas sesiones de lavado, eran guiñapos desfallecidos a los que después teníamos que reanimar nosotras con unas también extraordinarias dosis de motivación en el momento del planchado, entregándonos en cuerpo y alma a camisas de mangas retorcidas y pantalones que no sentían las perneras después de haber estado metidos en aquel tambor endemoniado.

En una ocasión, mi hermana y yo disfrutábamos de una tranquila tarde de domingo mientras la lavadora hacía una performance de las suyas en el tendedero. Oímos de pronto un estruendo, un «braouuuum» terrible. La lavadora, durante un centrifugado más feroz de lo habitual, se había desplazado medio metro desde su posición inicial. De aquella se quedó grogui y llamamos a un técnico.

Es una lavadora estupenda. Ya no se hacen lavadoras así. Pero tienen que cuidar ustedes cómo la cargan. No la han llenado del todo, y sin embargo han metido dos toallas grandes. Las toallas cogen mucho agua y, claro, en un latigazo del centrifugado, las toallas han desplazado la lavadora. 

La temperatura en Madrid es buena todavía y permite las ventanas abiertas. Un ruido atronador me ha hecho levantarme de la mesa en donde ordeno mis papeles de la semana. En el tendedero, la lavadora se sacude como una desquiciada y contagia sus espasmos a todo lo que tiene a su alrededor: una bolsa de patatas, la tabla de la plancha, el pienso de Curra, unos barreños, mientras un ruido similar al de helicópteros de combate convierten el patio de mi casa en una escena de Apocalypse Now. Sólo me ha faltado poner la Cabalgata de las Walkirias como música de fondo.

Qué desasosiego. 

Pero, oiga ¿Y lo que se aprende de las lavadoras? Ya ve: nada mejor que estar hasta arriba de trabajo. Porque como tengas poquita tarea y además se te haga pesada, puedes desplazarte más de medio metro de tu sitio con gran estruendo y sacudiendo a todos los que tengas a tu alrededor.

Cuestión de coger ritmo

…who would dare to go?

On back streets of…

They kill the dream of…

Choose side, or run for your life…

…Y es que hoy es lunes.

Hoy es 16 y estamos en abril

Puedo procurarme un sombrero y un bastón.

La elegancia y el sentido del ritmo me vienen de familia.

Que tengas (tú también) un buen día.

 

….spending every dime, for a wonderful time!