Tiempo de trabajo

– No, si el proyecto tiene todo el sentido, y además yo pienso sinceramente que tiene utilidad hacer esto. No todos los años, pero sí cada tres o cuatro. Lo que pasa es que creo que se debe considerar la etapa en la que estamos, considerar la evolución, la vida pasada, el tiempo anterior. Es la frasecita de «remise à plat» la que me tiene un poco harta, eso de «poner todo a cero». ¿Cómo que a cero? A ver, tú conoces a un chico cuando tienes, no sé, 20 años. Supón que haces un proyecto. Pues incluyes una serie de cosas, imagínate: casarte, comprar una casa, tener hijos… Pero si haces el mismo ejercicio después de 15 años de matrimonio, no se te ocurre poner entre las tareas elegir traje de novia… No sé, es ese tonillo adanista el que me molesta…

– ¿Tonillo qué?

– Adanista. De Adán… el de Eva… Eso de «antes de mí, la nada».

– Si en el principio era la nada entonces yo diría que el que llegó fue Dios. Si partes de cero, partes de cero…

– Bueno, vale, pues dios. Ese tonillo como si ellos fueran dios y el resto estuviera en la nada. Llegan ellos y crean el mundo en siete días. Bueno, no, en seis, que al séptimo Dios descansó.

– No, no, en siete está bien: las vacaciones hay que considerarlas dentro del tiempo de trabajo.

– ¿Tú estás segura de eso?

– Completamente.

A MS, que me regala post

Hija, ¿Qué quieres cenar?

– Hija, ¿Qué vas a querer cenar?

– Pues no sé, mamá, cualquier cosa

– ¿Cualquier cosa? ¿Qué has comido?

– Una ensalada y un filete a la plancha.

– Bueno, pues ¿qué quieres cenar?

– No sé, ¿Una ensalada de tomate?.

– Hija, ¿más ensalada?

– Bueno, pues no sé… ¿Acelgas? ¿Tienes acelgas?

– No. Bueno, sí, pero tendría que hacerlas.

– Bueno, pues otra cosa, mamá, cualquier cosa, de verdad.

– No, que las hago en cinco minutos.

– Que no, mamá, que no te molestes.

– Bueno, pues entonces ¿Qué quieres cenar?

– Pues no sé, cualquier cosa, me da igual. ¿Una tortilla?

– ¿Una tortilla? ¿Cuándo has comido huevos?

– No sé, no me acuerdo…

– ¿ Y no te apetecen unas judías verdes y un poco de pescado?

– Pues no mucho… ¿Tú qué vas a cenar?

– Unas judías verdes y un poco de pescado.

– …

– Si quieres, tengo judías verdes y pescado para las dos.

 

Ah, las madres…

Medidas populares

– ¡Plum!

– Ay…

– ¿Eh?

– Puf

– ¡Oh!

– Ya

– Ten. Suénate…


Uno que cuenta

Mi hijo tendría entonces cinco o seis años, un mocoso. Habíamos salido de casa los dos, y nos disponíamos a coger el metro. Entonces me tiró de la manga y me preguntó:

¿Dónde vamos?

A casa de la abuela, le contesté

¿Sólo nosotros?

Sí, sólo nosotros. ¿Te parece que somos pocos?

Sí.

¿Y si viniera papá?

Ah, si viniera papá entonces seríamos muchos.

Diálogo ofrecido por P.P., tomando un café tranquilamente, mientras hablábamos de organización, liderazgo y gregarismo. Las conclusiones las dejo para cuando escriba un libro. Lo que ya no sé es el tema que deberé abordar en el libro…

As Soon As Possible

Hoy he pedido, de manera poco ceremoniosa y con cierta vehemencia, que dejáramos de poner esa imbecilidad de ASAP en los resúmenes de acciones a realizar de las actas. Como se me ha escapado lo de «esa imbecilidad», he parecido demasiado rotunda, por decirlo fino, y he provocado un poco de disgusto. Pero como tengo razón, al final no se pondrá más y todos contentos. Bueno, al final no se iba a poner más, el matiz está en el todos contentos (EHAC en su acrónimo inglés: Everybody Happy And Convinced…)

ASAP se viene poniendo cuando las cosas corren prisa y se supone que son imprescindibles para tomar una decisión o dar el siguiente paso. Tú pones ASAP y te crees que tendrás lo que sea enseguida, pero no es así. ASAP no contiene ningún plazo, ni ningún compromiso. Y es que la clave de ASAP no es la parte del «soon», sino la parte del «possible». Ahí está la trampa. Y te encuentras con que algo que deberías haber recibido hace dos meses, todavía lo estás esperando. ¿Cuándo llegaremos a Marte? Pues ASAP, no tengan ninguna duda. Así es que se acabó la tontería.

– ¿Cuándo me mandarás el archivo?

– ASAP.

– Ya, ¿Pero cuándo?

– Pues cuándo va a ser, ASAP, de inmediato…

– No. Si es de inmediato entonces es que me lo das en el tiempo que tardas en llegar a tu ordenador, encenderlo, encontrar el archivo y enviármelo, y en ese caso ponemos hoy por la mañana. Si es ASAP, mi archivo va a competir con otras prioridades de tu agenda, y yo no estoy aquí para competir según tu criterio, yo quiero un compromiso para mi archivo, porque tu agenda, tus prioridades, tu trabajo y hasta tú mismo, me importáis un comino. ¿Estamos? Así es que me das una fecha límite entre el día de hoy y el viernes de la semana que viene, y así podremos hasta decir que tú y yo hemos llegado a un acuerdo.

– Pues el viernes de la semana que viene.

– Vale, pues ahora me tachas lo de ASAP, que era una mentira podrida por lo que se ve, y me pones el viernes de la semana que viene como fecha límite para cumplir tu compromiso, bajo pena de que, si no lo cumples, subo y te arranco la nariz de un sopapo.

– ¿Pongo también lo del sopapo?

– Bueno, si quieres pon que el sopapo te lo daré ASAP te gires y me dejes la nariz al descubierto.

 

Emociones.

Hay que aprender a gestionar las emociones, porque el no gestionarlas genera muchos conflictos. Y esos conflictos están generados por las emociones…

– Oye, pero es que yo no tengo conflictos.

– Pero tienes emociones ¿O no?

– Sí, sí, claro que tengo emociones, como todo el mundo, pero no tengo conflictos.

– Conflictos teneis todos. Por eso tienes que gestionar el conflicto que generan tus emociones.

– Ya, ya. Pero lo que yo te digo es que mis emociones no me generan ningún conflicto en estos momentos.

– Bueno, eso es lo que tú te piensas. Tú tienes conflictos desde el momento que no gestionas correctamente tus emociones. La ira, el miedo, la alegría, el amor… todo eso lo tienes que controlar para gestionar adecuadamente todos los conflictos.

– De acuerdo. Pero eso en el caso en que tengas conflictos y que estén generados por las emociones. Y yo no tengo conflictos con nadie, de verdad.

– Sí, sí que los tienes, pero es que no los sabes ver. Tú misma has dicho que tienes emociones ¿no?.

– Sí, tengo emociones, pero no tengo conflictos con nadie, de verdad.

– Te equivocas. El conflicto está escondido y tapado por las emociones. Hasta que no te desprendas de la emocionalidad, no podrás resolver el conflicto.

– Pero ¿Qué conflicto?

– El conflicto, Carmen.

– Pero que no, que no tengo conflictos. De verdad que no tengo conflictos.

– Sí, Carmen, tú tienes un conflicto y lo tienes que resolver.

– ¡ QUE NO! ¡QUE NO TENGO CONFLICTOS, COJONA!

– ¿Ves? Ahora mismo, tu ira está provocandote que tengas un conflicto conmigo.

– ¿Mi ira? ¿MI IRA? Oye, ¿Y no será tu amor desmedido lo que está provocando el conflicto entre tú y yo?

– No, no es mi amor hacia ti, sino el miedo que te provoca la simple posibilidad de dejar al descubierto tus emociones…

Ingestionable. Directamente ingestionable…

El minuto de silencio

Tarde de merienda en familia viendo – algunos – el fútbol. El fútbol del Madrid, of course. Caemos en el inicio del Barça-Racing, y voy a adueñarme del mando a distancia para evitar el aburrimiento que me producen los eternals. Y entonces, en medio del parloteo, un minuto de silencio en el Camp Nou. Por Chus Pereda.

– ¿Chus Pereda? ¿Y quién es Chus Pereda?

– Nu sé.

– Un jugador muy bueno.

– ¿ Del Barça?

– Súbelo.

– Digo yo que será del Barça, no van a guardar un minuto de silencio por uno del Ponferrada.

– Chus Pereda… ¿No fué seleccionador de España?

– Oye, comeros ese trocito de tortilla, no me lo dejéis ahí.

– A ver, Chus Pereda fue un jugador muy bueno del Barça. Pero es que aparte de seleccionador de España, él fue quien dio el pase de gol a Marcelino.

– ….

– ¿Qué pasa?

– ….

– ¿Qué pasa?

– Anda, mira, ahí lo tienes, que me lo andas preguntando todas las noches ¿Quién dio el pase de gol a Marcelino? Ahí está ¿No te tenía tan intrigada? Pues ya lo tienes.

–  ¿Pero tú cómo sabes eso?

– Súbelo, anda.

– Oye, coméroslo, no me lo vais a dejar ahí.

– ¿Y quién es Marcelino?

– Se lo está inventando.

– Chica, así tardaba yo en dormirme, pensando quién le habría dado el pase de gol a Marcelino…

– ¿Para qué lo quieres subir?

– Que no, que no quiero más tortilla, que ya he tomado dos trozos.

– No me lo estoy inventando. Metió el primero y dio el pase del segundo a Marcelino en la final.

– Y venga a dar vueltas en la cama ¿quién se la pasaría a Marcelino, quién se la pasaría a Marcelino…?

– ¿En qué final?

– Porque no oigo, leches.

– Yo lo recordaba de seleccionador, pero no en la selección…

– Yo tampoco quiero

– Que quién es Marcelino.

– Cualquier día nos sale contando quién mató a Kennedy.

– Pero si tú no habías nacido, ¿Cómo lo vas a recordar, hombre?

– El que marcó el gol.

– ¿Y también me vais a dejar ese jamon?

– ¿Que no había nacido yo con Chus Pereda de seleccionador? Vaya que no, me acuerdo perfectamente.

– Pero para qué lo quieres oír, si ya lo estás viendo…

– Que en qué final.

– Anda, dame la tortilla, que no se va a quedar ahí

– Para oír la alineación

– La de la Eurocopa del 64. ¿En el 64 fue, no?

– Ah, bueno, de seleccionador sí, pero de jugador no puedes acordarte.

– Estaba muy buena. La has vuelto a hacer con el aceite ese de Jaen ¿verdad?

– ¿Y qué más te da, la alineación, si no lo vas a ver?

– Es normal que le hagan el homenaje. También se lo han hecho en otros campos, no creas. Era como Iniesta, pero de otra época.

– Sí, como un Iniesta de otra época.

– Quita la tele, si no la estamos viendo… 


Laisse pisser le mérinos

Esta es una expresión que he aprendido hoy. No la conocía. Las circunstancias por las cuales este dicho francés ha llegado a mis bienaventurados oidos no se las voy a contar porque para eso necesitaría yo mucho tiempo y vds mucha paciencia. Pero les aseguro que no trabajo en una granja. Ni siquiera en una selva…

– Yo no sé ya qué nos queda por entregar. Les hemos dado todo tipo de información sobre el asunto.

– Ya, ya… Mira, yo he preguntado a Pepito, que tiene experiencia con ese departamento y me ha dicho textualmente “laisse pisser le mérinos”.

– ¿Cómo has dicho?

Laisse pisser le mérinos

–  ¿Laisse qué?

Pisser le merinos

– ¿ Pisser?

– Sí, pisser, pisser.

– No sé si te entiendo bien ¿Que deje que haga pis quién?

– Le “mérinos”… creo que es un tipo de oveja.

– ¿La oveja merina será?

– Sí, no sé, será la oveja merina. Laisse pisser le mérinos me ha dicho.

– ¿Que deje a la oveja merina que haga pis?

– Sí, sí, que haga pis la merina, que haga pis la merina.

– Bueno, pues nada, que haga pis la merina, no seré yo quien se lo impida…

Así que he dedicado 10 minutos de mi tarde del lunes a aprender que una oveja no puede hacer pis mientras camina, y por eso los pastores deben parar de vez en cuando para que las pobres se alivien y puedan seguir caminando. También he aprendido que a las vacas les pasa algo parecido.

Y del resto de animales no he querido saber nada, la clase de primero de ganadería me ha parecido más que suficiente por hoy. Cuando llegue a tercero de toro de lidia, les prometo volver sobre el asunto.

Tirando a dar… o no

– ¿En la industria de armamento dices? Mal rollo ¿no?

–  Bueno, no, porque yo trabajaba en una empresa que fabrica armamento inteligente. ¿Tú sabes qué es el armamento inteligente?

–  Sí, claro. Te refieres a un pepino que se lanza desde una cueva remota y que no acaba de dar en el blanco por culpa de las acrobacias que hace James Bond entre las nubes con un avioncito robado previamente en un desierto a unos tipos muy sucios que gritan en chino, ruso o árabe…

–  Eso es. Pero ten en cuenta que también hay que fabricar cosas que eviten el daño que puede producir el pepino al avión de los buenos.

–   ¿Como un contra-pepino, quieres decir?

–   Exacto. Lo mejor es lanzar un contra-pepino a tiempo para evitar el pepino de los malos.

–   Pues no sé… Tú imagínate que el malo tira un re-contra-pepino que ataca al contra-pepino y lo deja sin efecto.

–   Pues en ese caso, se fabrica un anti-re-contra-pepino para asegurarnos de que James Bond se salva y ya está.

–  Pero, espera… El anti-re-contra-pepino no se puede poner en el avioncito en el que va James Bond…

–  ¿Y por qué?

–   ¡Pues porque se lo ha robado a los malos!

–    Ahí va, es verdad… Mal rollo ¿no?

(Para MS, que me deja inventar)


La puerta, el artefacto y un pulpo que hace clac

– ¿Está cerrada la puerta del garage?

– Sí, no te preocupes. Esa puerta es como la principal: tiene también un dispositivo que te permite abrirla por dentro sin llave, pero que necesita la llave para hacerlo por fuera.

– ¿Un dispositivo dices?

– Sí, un dispositivo

– ¿Quieres decir un pomo?

– No, no. No, exactamente. Es como… un pulpo. O como una araña grande si prefieres. Se expande automáticamente cuando cierras la puerta y la deja como aprisionada. Luego hay un interruptor que, al bajarlo, hace que el pulpo se contraiga, la puerta entonces hace clac, los tentáculos la liberan y se abre.

– ¿Hace clac…?

– Sí. Y se abre.

– Tentáculos… Vaya. Más que un dispositivo, eso tiene pinta de ser un artefacto.

– Bueno, pinta, pinta, lo que se dice pinta, tiene pinta de pulpo. Pero sí, será un artefacto porque hace clac.

– Bueno, un pulpo que hace clac también puede ser un artefacto.

– Como mínimo,

– Claro, claro, como mínimo…