Blue monday

Ayer fue Blue Monday. Me lo recordó un amigo que me vio sonreir. Y digo que me lo recordó aunque realmente lo que hizo fue avisarme.

Te veo muy sonriente ¿no sabes que hoy es el blue monday? Deberías parecer deprimida.

Charlamos entonces de lo que pueden ustedes encontrar en la Wikipedia por si acaso no están avisados como yo. O no tienen amigos, que todo puede ser. Y es que en este mundo hay gente para todo, incluso para inventarse una fórmula que mida el grado de depresión de la peña. Claro que también hay peña de sobra para creérselo. Por haber, hay incluso blogueros que se animan y se sacan un post sobre el tema.

En fin, a lo que voy. Por lo visto hay dos fórmulas, pero yo les copio la que entiendo un poco mejor para poder comentarla. La fórmula es esta:

[W + D – d] Tº / MNa

que, traducido, viene a ser: Tiempo atmosférico + Deuda – Sueldo mensual multiplicado todo ello por el tiempo transcurrido desde la Navidad elevado al tiempo desde que hemos olvidado nuestros propósitos de año nuevo, y dividido el total entre el nivel de motivación multiplicado por la necesidad de hacer algo.

Toma del frasco, Carrasco.

Yo veo en esta fórmula varias dificultades y alguna que otra putada. Si vamos a las dificultades, la primera que se me ocurre son las unidades de medida, que para empezar no sé cuáles son en la mayoría de los casos y para terminar no veo cómo se pueden convertir para que haya equivalencia. ¿Qué número pongo en tiempo atmosférico para decir que hace un frío del carajo, llueve hace viento? ¿Y cómo hago para ponerlo en euros y poder multiplicarlo por lo que sale de restar el sueldo de las deudas? ¿Pongo lo que me ha costado el abrigo, las botas y el paraguas? ¿Quid de las bragas de cuello vuelto, tan caras como difíciles de encontrar (recordemos que el frío es del-carajo)? En fin, supongo que habrá tablas, o serán factores, en todo caso yo no lo he encontrado. Corrijo: no lo he buscado (si lo busco, no hay post).

En cuanto a las putadas, pues… francamente, hacernos reconocer los propósitos abandonados del año el tercer lunes del mes de enero es para deprimir a cualquiera. Si nos ponemos en este plan, el blue monday se convierte en grey tuesday cuando te subes a la báscula el martes y en black wednesday cuando faltas a tu clase de inglés del miércoles. Y valdría cualquier color estrafalario para definir ese día de marzo en el que caes en la cuenta de que, del coleccionable de miniaturas de coches antiguos que empezaste el 3 de enero, sólo has comprado el Renault Gordini.

En realidad tampoco hay que romperse la cabeza buscando colores para esos días porque como saben todos ustedes, la palabra blue no hace referencia al color, sino a su significado en inglés de triste. Se lo digo porque, en el curso de la conversación con este amigo, también tuvimos tiempo de comentar este punto mientras nos divertíamos inventando un pink thursday, un green friday, un yellow saturday y un purple sunday.

¿Purple sunday? ¿O era brown?

Noche de Reyes

Gabi y yo con ReyesClaro que todos fuimos niños una vez, pero sólo el que tuvo una verdadera infancia la recuerda con cariño. La infancia es esa época de la vida en la que todo es asombro, la realidad es fantasía y llenamos con ingenuidad la parte de la vida que todavía no conocemos.

Hay que nacer con suerte y luego hay que saber agradecerlo. Pasan los años y el tiempo nos hace peores, nos deja la huella de las pequeñas infamias de la vida, pero lo relevante es poder mirar atrás y tener corazón para recordar, aunque sólo sea por un rato, la ilusión de la noche de Reyes.

La fiesta de Reyes es una fiesta de niños y para niños. Es su día, igual que una vez fue el nuestro, y así es como yo creo que hay que entenderla. Nuestra mentalidad de adultos nos tiene que servir únicamente para recordar la ilusión y para honrar nuestra infancia, si es que la tuvimos alguna vez y somos capaces de recordarla. El resto son intereses de adultos, problemas de adultos, amores y odios de adultos, chorradas de adultos, egoísmos de adultos.  No hay que volver a la niñez para recordarla.

Sólo quién no sabe valorar su infancia, y agradecerla como el don que es, intenta racionalizar lo que no se ha inventado para la razón. Claro que los Reyes son los padres, claro que esos señores de las barbas eran unos paisanos con disfraz, claro que todo es un cuento. Claro. Pero eso lo decimos hoy, con la edad que tenemos hoy. En la foto, esas niñas no se retrataban con los empleados de unos grandes almacenes, sino que habían escrito una carta de su puño y letra, con su mejor letra y ortografía, llena de promesas y de deseos y con alguna que otra mentirijilla. Y habían ido a entregarla, en mano, no fuera que el cartero la perdiera por el camino.

Feliz noche de Reyes.

Cristiano, Balón de oro 2013

cristiano-balonoro-reutersSi en 2011 y 2012 dejé escrito en el blog que el premio del Balón de Oro me parecía un concurso más que otra cosa, porque tiene el mismo valor el voto de Nueva Caledonia que el de Brasil, parecería muy ventajista cambiar de opinión en 2013, ahora que lo ha ganado Cristiano Ronaldo.

Capaz soy de desdecirme, no crean… pero no lo haré.

El Balón de Oro se ve que para CR7 era importante, y no es para menos. Lo que está haciendo en el Real Madrid, y lo que hace con su selección (ahí está el roto que le hizo a Suecia hace poco) le han hecho inevitable merecedor este año. En mi opinión, y con los números en la mano, Cristiano también se lo merecía el pasado, pero se lo dieron a Messi, que fue a recogerlo con un esmoquin de faralaes que todavía y de vez en cuando se me aparece en mis peores pesadillas, junto a Torrebruno (yo este año me lo esperaba con un terno a rayas horizontales, o con un estampado de leopardo, pero se ha superado: un traje de color rojo brillante que dice mucho de lo que tiene en la cabeza ese pobre chico, y que hace pensar que está peor aconsejado por su sastre que por sus asesores fiscales, que ya es decir).

Sea, Cristiano Balón de Oro 2013. Para mí que iba sereno y confiado pero, de pronto, ha saltado al escenario su hijo, una monada de criatura. Y entre eso, y que ha estado a punto de escurrirse con los lagrimones que había dejado Pelé por el escenario, pues se nos ha derrumbado. Habrá pensado que sólo los más grandes lloran, y que tratar de evitarlo es tontería. Y así es como ha honrado el premio.

Yo me alegro mucho, naturalmente. Lo que es bueno para Ronaldo, es bueno para el Madrid.

Ahora sólo me queda esperar a que Molinos haga un despelleje en toda regla de la gala. A ver si se anima y en ese caso lloraremos todos, pero de la risa.

Felicidades, Cristiano Ronaldo.

Kinder Tuiter

TW Reyes magosAlgunos ya lo hicimos el año pasado. Se trataba de ponerse como avatar una foto de cuando éramos niños para celebrar la llegada de los Reyes Magos. Pero mientras el año pasado sólo había visto cuatro o cinco fotos, este año medio tuiter andaba con avatares reales de cuando eran niños. Yo puse esta que ven al lado, pero no fui la única, y aquello realmente parecía una guardería. Y había de todo.

Fotos en blanco y negro, en sepia, o en esos tonos amarillentos y de colores desvaídos y apagados tan de los 70. Fotos que quieren ser un daguerrotipo sin serlo. Fotos recortadas de otras fotos, en las que se adivina el barullo, la familia, la escuela, otros niños. Fotos extrañamente ampliadas, fotos borrosas, fotos de estudio con una luz perfecta. Fotos tomadas por sorpresa, fotos cuidadas, fotos casuales, fotos típicas, fotos forzadas.

Alguna mascota, algún juguete asoma. Paisajes de fondo, salones, playas, puertas tras las que imaginas la escuela, o una calle, o una plaza. El campo de fútbol, la feria, la piscina en verano, el zoo, un puerto de mar, la orilla de un río. El medio del campo. El interior de una casa, el salón de fondo o la entrada, el sillón y el perchero. Paredes que limitan el patio del colegio, o un patio con flores, un patio de pueblo, el patio de los abuelos.

Camisetas de rayas, polos abiertos, jersecitos de pico, rebecas abotonadas. Pichis y falditas, vestiditos de tirantes, de nido de abeja. Pantalones cortos, trajes de baño, petos. Rayas horizontales y cuadros grandes de colores, blancos impolutos, o negros en los que se adivina un azul marino, o un verde botella. Rojos, rosas, azulones. Un tutú de bailarina, un traje de flamenca, una equipación de futbolista. Cuellos de puntilla, cuellos voladores de pico, cuellos redondos, cuellos de cisne. Sandalias, zapatitos de hebilla, de cinta, merceditas, calcetinillos de perlé caídos o hasta la rodilla, patucos, botitas. Falditas cortas, cadenitas como todo vestido, pendientes de perlitas. Alguna bufanda con borlas, abriguitos de cuadros y con botones y cuello aterciopelados. La camisetilla donde se lee “había una vez” y el marinerito de comunión.

Dos coletas, o una, rizos rebeldes, pelos locos, flequillos matemáticos, kikis como fontanas, pelos cortos y repeinados, melenitas lamidas o completamente desbocadas, diademas, caperuzas de ganchillo, tocados de organdí, algún verdugo y alguna bufanda con borlas, gorros de invierno con pompón, gorros de paja, gorritas de sol, gorras de marinero y hasta de capitán de barco.

Arrastra ese burrito de juguete, más alto que él, con una muñeca peliroja de trapo; monta la bicicleta, el triciclo, el pony; lleva unos auriculares enormes, y unas gafas más enormes aún, y está al lado de una cadena de música; mira a través del agujerito que le dejan sus dedos, no porque quiere ver el cielo, sino porque estaba en un banco vendiendo hojas; se rodea de lapiceros y presenta dos cubiletes, ni más ni menos; sujeta dos globos, el globo azúl y el globo rojo; acaba de peinar a la muñeca, que es suya y de nadie más; está sobre una colchoneta y terminará por caerse; acaba de recibir una bolsa de caramelos y se los va a comer todos; sentada a la mesa, un brazo la sujeta para que no se caiga ni ella ni el vaso; baila con sus bracitos en alto; rodeada de palomas, espatarrada, y cuando miras se le ven las bragas; está pasando las de Cain comiéndose ese limón; sonríe a cámara mientras sujeta un marco con las manos; duerme con la placidez con la que solo pueden dormir los niños; ¡Tiene una manguera y seguro que la sabe usar!

Está muerto de la risa. Ese aire de gitanillo. El gesto vergonzoso, con las manos en la espalda. Las manos en la espalda, escondiendo algo. La cara de yo no he sido. La mirada de determinación del chaval moreno, la mirada retadora, los labios apretados. La niña buena que esconde a la gamberra. La gamberra. El pose adusto, formal, yo tampoco he sido. La cara de ilusión. El bebetón. La carita angelical, le dijeron que posara. La mueca enseñando los cuatro dientes que tiene. Los dos dientecillos de abajo. Los dientecillos separados. Las encías sin dientecillos. Pucheros que no falten, y hasta alguna que otra pompa con saliva. El gesto enfadado. El gesto soñador. Pero, definitivamente, yo no he sido

Las miradas. Los mofletes.  El descaro. La inocencia. Y la sonrisa.

De dobles y de complejos antiaging

Isabel PreyslerCuando Don Felipe de Borbón y Grecia, o sea, our prince, se casó y volvió de su jonimun con barba, yo imaginé una teoría de la conspiración muy interesante. Según mi teoría, our prince estaba tan enamorado que había decidido cambiar el reino por el amor, y ése que había vuelto de la luna de miel no era él, sino un doble disimulado detrás de la barba. Mi madre me dijo que la teoría era buena, pero me hizo notar que tendría mucho más sentido si Felipe se hubiera casado con Magdalena de Suecia, un suponer. Desde entonces busco un motivo para que ese señor que sale al lado de Leticia sea un doble, o, en su defecto, una explicación para  que el príncipe lleve barba.

A mí las historias con dobles me encantan. Probablemente porque estoy muy influenciada por El prisionero de Zenda, una preciosa novela que seguramente conocerán y que forma parte de mi más queridos recuerdos juveniles. Ahora leo una noticia que habla del método que utiliza Isabel Preysler para conservarse como se conserva a sus 62 años. Y yo pienso inmediatamente que esa señora que sale ahí se llama María de las Mercedes Rodríguez, tiene 42 años recién cumplidos y una naturaleza generosa con su cutis, y que la verdadera Isabel Preysler utiliza una 46, lleva faja y combate la sequedad de la piel con las cremas de Mercadona, que salen a cuenta por las cantidades que una se viene obligada a usar a ciertas edades.

Pero en contra de mi teoría, está el método de la Preysler, que ahora hace público. Este método consiste, básicamente, en montones de pastillas de vitaminas y en no comer carne si no está tratada. O sea, sustituir con astucia el chuletón por las albóndigas. Y pan integral, mucho pan integral. Ah. y un vaso de agua caliente en ayunas “…y mientras hace su efecto depurador, aprovecha para lavarse la cara y peinarse”. Humm… Ese “mientras” va a ser la clave. Quiero decir, que mi “mientras” es un minuto y medio, y a ver cuánto dura el “mientras” que hace falta hasta que se peine la Preysler. Así es que, señores,  yo lo del vaso de agua caliente me lo voy a saltar, no sea que me dé la hora de irme a la oficina y todavía esté, con el estómago estragado, a la espera de la depuración.

En lo que concierne a las pastillas, he decidido que aún estoy a tiempo de engancharme al método. He bajado al herbolario con una copia impresa del artículo y he pedido el mismo complejo vitamínico que ella.

– ¿En pastillas o en jarabe?

– Mire a ver si lo tiene en gel de ducha…

¡Y ahora, a esprintar!

Tres anuncios de chicles

Estoy leyendo un libro de Julio Camba (¡gracias, ND!), y ayer leía un artículo suyo que debe de ser de principios de siglo (XX, se entiende) en el que se asombra por la cantidad de chicle que se come en EEUU. Nos da el dato de que se consumía chicle por valor de 30 millones de dólares, y lo comparaba con todo el consumo de comida en España y era más o menos la misma cifra. Por curiosidad, he buscado por internet a ver si encontraba el dato para poder hacer una comparación actual, pero me he aburrido muy rápido y lo he dejado. Para no mentir, les diré que realmente he dedicado 7 minutos a la tontería.

Pero ya que están aquí, y para que no se vayan con las manos vacías, les dejo con tres anuncios sobre chicles. Y de paso, pruebo las encuestas de WordPress, que es una cosa que no he hecho nunca (y que por lo que veo en otros blogs, es algo en lo que no participa casi nadie…). Ah, si no les funciona, no se alarmen. Y si sé cómo hacerlo, les daré los resultados.

PS: Pueden hacer respuestas múltiples

Anuncio 1:

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Anuncio 3

Ropa tendida

Lo siento, mi amor pero hoy te lo voy a decir aunque pueda faltarme el valor al hablarte a la cara. Lo siento, mi amor, pero ya me cansé de fingir y pretendo acabar de una vez para siempre esta farsa. Lo siento, mi amor, lo siento, mi amor, lo siento, mi amor.

Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo, que mi cuerpo no tiembla de ganas al verte encendido. Y tu cara y tu pecho y tus manos parecen escarchas, y tus besos, que ayer me excitaban, no me dicen nada.

Bien. Llegados a este punto, creo que conviene parar a decir algo. Este último párrafo, más que una ordinariez, que también, es que es algo muy impropio de una señora. Yo no creo que haya necesidad de decir estas cosas a nadie, que la gente tiene su corazoncito. Si no te mola, pues haces la maleta, agarras la puerta y te vas, pero no le digas esas cosas, mujer. Y si ya me parece una bajeza y un detalle muy feo que le sueltes esto al pobre hombre, ya lo último es que encima te pongas a cantarlo por el patio. Y luego ese lenguaje: ¡Verte encendido! Por favor, ¿Qué le decimos a los niños que están en el salón? ¿Que tu marido es un gusiluz?

Y es que existe otro amor que lo tengo callado, callado; escondido y vibrando en mi alma, queriendo gritarlo. Ya no puedo ocultarlo, no puedo callarlo, no puedo y prefiero decirlo y gritarlo a seguirte fingiendo.

¡Amiga, así es que era eso!… ¿O sea, que le pones los cuernos y luego le echas la culpa? Pero, a ver, querida, si estás pensando en el vecino del cuarto ¿cómo no te va a parecer que acostarte con tu marido es como acostarse con una farola? Entonces, primero que la culpa no es suya, y segundo, que no me parece ni medio bien que le pongas pimpando y le dejes de cara al público como si te abrazaras al palo de una escoba, cuando a lo mejor el caballero tiene intacta su capacidad de hacer el salto del tigre un par de veces cada madrugada. O sin llegar a eso, que hace sus esfuerzos por cumplir honrosamente, oye, que el que da lo que tiene no está obligado a más. Pero tú, nada, le sueltas esa coz y encima, ¡hala, a gritarlo por el patio!

Qué cosas hay que oír de vez en cuando.

Rocío Jurado (qepd): un portento de voz y también de mal gusto para elegir canciones.

La piel del mono y de la mona

Calorin unmundoparacurra

Miren esta foto de arriba. Es un sarao de tantos que salen en las revistas del cuore. Bueno, en este caso se trata de una gala en la que se recaudaron fondos para la investigación del SIDA, que es una causa muy honorable y que ha conseguido mucha notoriedad y dinero -que era lo que se pretendía – pero no es lo que me interesa ahora mismo resaltar. Digo que miren la foto. ¿No encuentran algo raro?

No, no me refiero a que la pareja de la derecha es un cañón y la de la izquierda es el agujero por donde sale la bala, y tampoco voy a hacer chistes con la corbata de Mr. Bosé, aunque podría especular con la enfermedad que tenía la serpiente antes de que mudara la piel. No. Lo que me llama la atención es la diferencia de temperatura que debe haber entre el centro del photocall y los extremos. Sólo así se explica que ellos no suden o que, alternativamente, la sonrisa de ellas no quede matizada por la piel de pollo que se te pone cuando tienes frío. Y es que siempre me ha intrigado que para la misma temperatura los hombres vayan con camisa de manga larga y chaqueta, y las mujeres con los brazos desnudos sin que a nadie le parezca incongruente. Y no sólo en los saraos de los famosos,  en las películas o en las oficinas en verano. Para un acto muy vestido en pleno invierno, nosotras nos ponemos trajes de palabra de honor (aunque el honor transmute en heroicidad a partir de cierta edad) mientras que ellos llevan camiseta, camisa, corbata y chaqueta.

Yo sé que nosotras no pasamos demasiado frío, salvo el momentito de salir del coche, pero ¿y ellos? En fin, sólo me cabe deducir que los monos deben tener un pelo mucho más calentito que las monas. Y que la antropología podrá explicar el resto.

Un premio para los amigos

Hoy nos enteramos que han concedido el premio Principe de Asturias de los Deportes a Iker Casillas y Xavi Hernández, el uno portero del Real Madrid y el otro pasador del Fútbol Club Barcelona. No, no es el día de la Marmota, ni estamos teniendo un déjà vu: es que lo de hace dos años fue un premio colectivo y este es personal. Probablemente también les den el de 2014 para celebrar todos los records conseguidos en su carrera futbolística, dado que el de 2013 estará reservado a Don Vicente del Bosque por su contribución a la rebaja del colesterol.

A estos dos ilustres de nuestro fútbol nacional les ha apadrinado Joseph Blatter, quien además de estar condecorado con la Orden de Caballero del Sultanato de Pahang y la Orden de los Dos Nilos de Sudán, es Commandeur de L’Ordre National  de Djibouti y Presidente de la FIFA desde 1998. O sea, que lleva 14 años de dedicación al fútbol en cuerpo, alma y cartera, algo que se explica con dificultad si uno repara en el tiempo que debe emplear en recoger tanta medalla.

Dice Blatter, muy en su papel de commandeur en Djibouti: “No sólo por lo que han ganado en el campo, sino por lo que han demostrado fuera del campo…“. Este ha debido ser un argumento colosal para el jurado, que ha dejado caer por 4 votos al Comité Internacional Paralímpico. Los paralímpicos, además de no merecer reconocimiento alguno (lo de nadar sin brazos está a la altura de cualquiera), no representa en absoluto los valores del Príncipe de Asturias del Deporte fuera de la cancha.

Luego el Sr Blatter, suizo, también se preocupa por las tensiones patrias cuando recalca: “Representan la unidad de España, por encima y más allá de las diferencias entre Madrid y Barça…“. Digo yo que Mr Blatter habrá apreciado alguna división en España y, como conoce bien la diferencia entre los dos Nilos, ni se puede imaginar que nuestros problemillas no son cosa de dos, sino de 17. Tampoco se lo vamos a reprochar, que como buen suizo no querrá meterse en harina de otro costal, no sea cuento que se convierta en ensaimada de Mallorca.

Pero sobre todo, a Xavi y a Casillas les han dado el premio por su gran amistad. Mi corazón se enternece, una lagrimilla brota de mis verdes ojos, y mi silencio se quiebra al preguntarme: ¿Y por qué no les dan también el Príncipe de Asturias de la Concordia?