Preparando el 12 de Octubre

Mañana es la fiesta nacional. Con motivo de tan fausto acontecimiento, la veterinaria ha decidido que Curra está capacitada para ir a cualquier desfile. Veréis cuando llegue Cibeles.

No, si humor no nos falta…

Puntualidad

– ¿ Te parece bien el Café Oliver, que hace mucho que no vamos?

– Vale ¿A qué hora?

– Entre dos y dos y cuarto

– Muy bien.

14:07 horas

– ¡ Hola! ¿Qué tal? (…) No esperaba que estuvieras ya sentado, con una copa de vino a medias y todo…

– ¡No pienso darte argumentos para un post! La última vez que vinimos aquí me retrasé un poquillo y me cayó la del pulpo en tu blog. Así que lo he recordado y he llegado a menos diez.

– Fueron los comentarios, no el post, que iba lleno de cariño y amor verdadero. Verás, en un blog la gente es libre de decir lo que quiera. Yo traté de quitarle hierro, pero, chico ¿no esperarías que se solidarizaran contigo?

– No veo por qué no. Si me conocieran no tengo la menor duda de que se pondrían de mi parte. Y si te conocieran a ti, también se pondrían de mi parte, no creas. Pero lo dicho, que no pienso darte el post hecho. Invéntate tú tus propias historias. ¡Pues ni que yo fuera un hombre objeto!

– Bueno, bueno, está bien. Te garantizo que no volveré a escribir sobre tu impuntualidad. ¿Qué tal es ese vino? Supongo que en 17 minutos habrás tenido tiempo de hacerte una idea…

Para GV. Con una sonrisa (malvada).

Chile en la Constitución

Para que el presidente de Chile, el Sr. Piñeira, soldara a un país bajo la emoción de himno y bandera y todos nos enteráramos de lo que es un país compacto y unido ante la dificultad, un derrumbe tuvo que mantener atrapados a una treintena de mineros en el fondo de la tierra durante dos meses. Ellos, los mineros, tenían poco oxígeno pero a quienes más nos costaba respirar era a los que estábamos fuera, durante un rescate conmovedor hasta las lágrimas y con un final que, aun en el caso en que no hubiera sido feliz, hubiera sido igualmente heroico y en consecuencia, bello.

En España somos más sencillos, que es la forma elegante de decir más simples. Como cantaba Mecano, sólo cuando nos comemos las doce uvas «entre pitos y gritos los españolitos hacemos por una vez algo a la vez«. Al talento de Nacho Cano no le hubiera supuesto dificultad, creo yo, incluir «soplamocos» en el argumento. Bastaría con añadir a la rima que aquí, patriotas, hay pocos.

Y es que después de tanto Madrid-Barça plagado de empujones, tanganas, teatros infantiles y gesticulación macarra, y ante el riesgo de estropear la única alternativa creíble a las doce campanadas en lo que concierne al fomento de la unidad nacional (me refiero a la Selección española de fútbol, claro), ha venido Chile al rescate de la Madre Patria para que podamos superar este nuevo cainismo inventado por un merengue amargado y un culé empalagoso (me refiero a Mou y al Pep, claro). La vida es así, señores: nada mejor que darse de yoyas con un enemigo exterior para que renazca la épica, el orgullo y el sentimiento de pertenencia cuando éste se encuentra en riesgo. Y si el partido es amistoso, mejor para mostrar compromiso con los colores: los españoles cuando nos motivamos, nos motivamos. Además de Mecano, Shakira también nos aportó luz con el Waca-waca: you’re a good soldier, choosing your battles… ¡Porque esto es Africa!

Ahora que van a toquetear la Constitución, tal vez deberían aprovechar para incluir  a Chile como razón, referencia y recuerdo de la unidad y armonía entre españoles. No sé, yo lo propongo para sacar algún provecho a la tangana de ayer, dado que el partido ya estaba ganado. Y también porque nos será difícil encontrar episodios autóctonos para el orgullo nacional, porque aquí ya no hay mineros ni en Rodiezmo. Les dejo con el vídeo, que es muy bonito e instructivo.

Usar internete para cosas serias

 

 

Arden Fiestas

Pues sí, arden fiestas en el poblachón.

Lo primero que debería avisarte es un gran cartel luminoso a la entrada del pueblo, con un “Felices Fiestas” ciertamente rococó. Es el mismo cartel que otros años, y de esto no puede haber dudas puesto que no lo descuelgan después de fiestas. Así ya les vale para la Virgen de Agosto y para las Navidades. No lo quitan en todo el año y no sé por qué lo hacen, si es porque hace frío, porque no tienen dinero, o por pura vagancia. Para mí que se les olvidó el primer año y luego han interiorizado de tal modo la presencia del cartel que ya lo consideran parte del paisaje, como los pinos más o menos. Por cierto, que el cartel se ve mejor de día que de noche, porque no lo encienden y las farolas en el poblachón suelen estar de cuerpo presente y basta. Ahora que lo pienso: tal vez si quitan el cartel se les caen las farolas que lo sujetan. Humm, tengo que investigar este asunto…

El resto de los eventos festivos permanecen también inmutables a lo largo del tiempo, salvo por el florecer del chándal como vestimenta distintiva de psgfdftfhmpuaf(1) desde hace unos años (en fiestas algunos incluso le dan un planchadito y así aprovechan el apresto que sin duda le confieren las pelotillas en rodillas y coderas). Por lo demás, las variaciones las pone cada uno con el devenir de la edad. La salida del Cristo entre sentidos aplausos, los fuegos artificiales, los comentarios sobre los fuegos artificiales de este año, las comparaciones con los fuegos artificiales del año pasado, la tómbola, los puestecillos de imitaciones, el vendedor ambulante que lleva cosas horripilantes que tú consideras inconcebible que nadie pueda comprar (hasta que te encuentras con cinco chavalas con gafas y diademas de lucecitas azules y rojas) e incluso los nombres de las peñas con los anclajes culturales que refieren (informe semental, el ovario de Patricia, Saber y beber, Akuna Cubata).  Y, por supuesto, el Tachunda.

El Tachunda es el evento casi obligatorio en las fiestas del poblachón. Siempre ha hecho frío, de manera que como llegues directo de tu casa (sin meterte media botella de vino y un par de chupitos en la cena) no entras en calor ni aunque te pongas a hacer volteretas laterales en medio de la plaza al ritmo de una ranchera de Rocío Dúrcal. Por supuesto, los calcetines están prohibidos, de manera que tus tobillos quedan preparados para resistir incluso un agradable paseíto por San Petesburgo una tarde de Noviembre. Pero ahí estamos, haciendo los coros a una orquesta por lo general espeluznante: Francisco Alegre (este año nos lo han “interpretado” dos veces), y después de un par de pasodobles y Rocio Jurado (que muera el amor), continúan con un popurrí del Duo Dinámico, el Sarandonga,  Conchita Velasco y, sin solución de continuidad, cuando ven que los niños ya se han ido, se lanzan con Alaska. Con el follow the leader llega el momento en que los “intérpretes” comprenden que los escalofríos provienen de la temperatura y no de que ellos canten peor de lo normal, así es que se ponen a dirigir el baile. Es cuando dicen aquello de “Venga, poblachoneros, esas manos arriba ¡que nos vean los del Meteosaaat!”.

Al día siguiente, una manada de bisontes correteando por tu cabeza te recuerda dónde dijiste el año pasado que no había que ir porque daban garrafón.

Señor…

(1) No tengo palabras

Piscinas

Llegó Julio, y con él empieza la temporada de piscina. Para mi desgracia.

Aprendí en Mexico a llamar alberca a la piscina. Me parece más amable, romántico, próximo, algo menos… clorado. Nadie le llama la alberca, a la piscina. Bueno, yo tampoco. Ha sido una levísima licencia retórica que me he tomado para distraerles a vds. O sea, una chorrada.

Y es que yo detesto profundamente las piscinas. No dejan de ser agua estancada llenas de adultos escupiendo, adolescentes con granos y niños meándose dentro. Con muchísimo cloro para desinfectar y no morirte de cólera, peste o tifus, pero con miles de millones de bacterias esperando agazapadas a colarse en tu organismo. Mejor no pensar.

Y mejor no mirar. Aquella con el pelo sucísimo, aquel que vuelve directamente del footing empapado de sudor, esa rebozada en aceite, o el otro con las uñas de luto riguroso. Todos, ¡TODOS! se tiran a refrescarse, directamente, ante la mirada adormilada del vigilante. Chof, al agua patos. Mejor no mirar. Cuando por fin sacan la cabeza, se acercan al borde y lo primero que hacen es frotarse la nariz, con un sonido parecido al de sorber pero que es difícil de diferenciar al de sonar, ya bien reblandecido todo el contenido. Finalmente, es lógico: al contacto con el agua, todo se reblandece, y muy especialmente los esfínteres de los menores. No, mejor no mirar. Ni pensar. ¡Ni oír!

Sí, ya sé, ya sé, que es obligatorio ducharse antes. Ya sé, ya sé. Yo lo sé. Yo lo sé, pero ¿lo saben los demás? ¿eh? ¿lo saben los demás? Las normas de las piscinas no las sigue nadie, son ciencia ficción. Excepto para los niños, para los cuales, en la piscina todo es ciencia-micción.

Y yo voy. Claro que voy. No me meto en el agua, pero voy. Cuando veo que estoy al borde del desmayo, entonces me ducho. Y vuelvo a la toalla. Paso un frío de cojones, pero mis nervios lo agradecen. Porque, a ver ¿Qué se puede hacer en el poblachón entre la una y media y las tres? A esa hora, la compra está hecha y el periódico más que leído.

Sí, evidentemente hay un bar. Evidentemente.

Drole lundi

Tampoco hay que quejarse de la ola de calor. Hay lunes peores…

 

 

 

Sosa Wagner y la foto universal

No veo nada extraño ni relevante en esta foto.

Casi todos los eurodiputados españoles necesitan cascos.

Algunos, incluso, para caminar.

 

Pequeñas mentiras sin importancia

Ayer estuve en el cine viendo “Pequeñas mentiras sin importancia”, una película francesa muy aclamada por crítica y público. Que conste que yo no fui por la aclamación generalizada, sino porque me la había recomendado una buena amiga, francófona y francófila. O sea, un poco como yo, aunque yo soy más fila y menos fona, aunque igual de franca.

Me dijo: “c’est génial, fantastique, merveilleuse, te partes de la rire, y también tu pleures, no creas, está pleine de enseignements, c’est formidable, c’est magnifique”.

Así que me dije: ¡ Allez ma belle! y me fui a verla.

Y, pshá, bueno, ce n’est pas mal. Pero, a ver ¡tanto como magnifique…!

Si vds no la han visto, tengan cuidado porque les voy a contar el final.  Yo les aviso cuando eso vaya a suceder, no se preocupen.

¡Ya!

Ludo, el que tiene el accidente de moto al principio, se recupera y se casa con la chica.

Inspiración, expiración y duelo

Me envía un buen amigo un mensaje con el siguiente título: Inspiración para tu blog... No voy a describiros las intimidades de mi correo (c’est à dire, le corp du message), pero a lo que vamos: pegado en el mail, un enlace. Pinchas y ves un mapa de la corrupción política:

Así que, una vez inspirada, expiro. Y una vez expirada, paso por las cuatro etapas del duelo:

NEGACIÓN: «No puede ser. Ahí debajo no está España«

IRA: «¿Pero será posible semejante amogollonamiento de sinvergüenzas

DEPRESIÓN: «No tengo ganas de votar a nadie…«

ACEPTACIÓN: «Bueno, a ver, que no puede dar para tanto (clic)»

Y he vuelto a pasar por las cuatro etapas del duelo…

ACEPTACIÓN: «Anda, pues sí: ahí debajo está España»

DEPRESIÓN: «No tengo ganas de votar a nadie…«

IRA: «¿Pero será posible semejante amogollonamiento de sinvergüenzas

NEGACIÓN: En efecto, no nos da para tanto.

Merci pour l’inspiration. Pero, querido amigo, no hay que darle más vueltas.

Os dejo el enlace aqui