La serpiente y la salchicha

Hoy he estado en una conferencia muy interesante sobre gestión de riesgos. Sería muy largo explicarles por qué estaba yo en esa conferencia, pero estaba. Y no les hablaré ni de la gestión de riesgos ni de la razón por la que mis huesos reposaban sobre una silla en la tercera fila del auditorio, mientras mi cabeza seguía erguida sobre mis hombros y mis manos sujetaban un bolígrafo muy majo del que apenas he hecho uso. 

Y verán, yo les voy a decir una verdad absoluta: Un perro fue mordido por una serpiente y desde entonces el perro tiene miedo de las salchichas.

Esto es, ni más ni menos, el resumen sobre la crisis de deuda que aflige a Europa.

 

I saw a real bad blog about you

Esta mañana, antes de empezar mi jornada laboral – que hoy ha sido como para perdérsela – y mientras tomaba mi primer aguachirri del día, he mirado Twitter para después poder sumergirme dulcemente en el apasionante vaivén de números y de planificaciones que me estaba esperando, consciente de que hasta la hora de la comida los pajaritos seguirían piando en su mundo azul, sin que yo pudiera pararme a contemplarlos ni siquiera de camino a una parada técnica. Y entonces veo que me ha llegado el siguiente mensaje directo:

– «I saw a real bad blog about you, you seen this?» y un enlace.

Al leerlo deprisa, mi mente se ha ido directa a Paquita Rico y Vicente Parra, y con enorme consternación he pensado que debería haber eliminado el comentario de Awake de ayer, con su inserción desmelenada de la película ¡entera! de Donde vas Alfonso XII. Que manda narices las ocurrencias de algunas. Como es natural, ni se me ha pasado por la imaginación que nadie pudiera hacer la más leve crítica a la excelsa calidad interpretativa de Doña Concha Piquer, ni al buen gusto que destilan las historias de dos minutos que pergeñaban Rafael de León y Manuel Quiroga.

Ya estaba arrepintiéndome de no haber censurado el comentario de Awake cuando, a pesar de ser las 9 y media de la mañana y de que sólo me muevo a impulsos del cerebro reptiliano hasta las 11, me he acordado de una advertencia que alguien me hizo de pasada sobre ese tipo de mensajes en Twitter. Con más calma, me he dado cuenta de que el envío procedía de un buen amigo que habla español demasiado bien como para escribirlo así y que además es demasiado educado como para enviarme esa clase de escupitajo virtual. He mirado en internet y, voilà, era un virus. Así es que he dedicado media hora de mi jornada en avisarle a él, avisar al resto del mundo, comprobar que no me ha pasado nada y esperar respuesta. Y luego ya sí, ya me he podido zambullir plácidamente en mi honorable trabajo.

En fin, ya están vds avisados de que la jaula puede ser tan peligrosa como la jungla.

Día de la Almudena

Hoy es el día de la Almudena, patrona de Madrid, así que ha sido fiesta en el Foro. Para celebrarlo, les contaré la historia de una violetera y un duque, ambos madrileños. Se la contaré en primera persona, para potenciar el dramatismo.

Yo iba vendiendo violetas una tarde de mayo, por la Plaza de Oriente y me encontré con sus ojos que me dieron la vida y me dieron la muerte.

– ¿Me querrás un poquito? -, él me dijo bajito, con voz de primavera.

Te querré tanto y tanto que a lo mejor un llanto me cueste el que te quiera. 

Y aquella tarde clara no vendí mis violetas en la Plaza de Oriente ni escuché aquel romance que cantaron los niños en redor de la fuente: «Almudena mi Almudena, no te vayas tú de aquí, que él es duque y tú una pobre violetera de Madrid. A ese hombre lo hemos visto con el rey ir y venir, con su sable y su plumero y su capa carmesí. Arroyo claro, fuente serena, si te vas con el duque ¡Pobre Almudena, pobre Almudena!»

Ya no vendí más violetas y viví entre damascos como reina y señora, pero su amor fue cambiando y ahora soy yo quien pide, quien suplica y quien llora.

– ¿ Y papá nunca viene? – me pregunta quien tiene derecho a preguntarme. Y le digo «mañana«, y miro a la ventana para no delatarme.

Y hoy he vuelto de nuevo a pasar como entonces por la Plaza de Oriente y he escuchado el romance que cantaban los niños, en redor de la fuente: «¿Dónde vas, pobre Almudena? ¿Dónde vas triste de ti?» «Voy en busca de mi amante que ayer tarde no lo vi». «Nosotros sí que lo vimos, con su capa carmesí, dando el brazo a una duquesa más bonita que un jazmín». Arroyo claro, fuente serena, olvídate del duque pobre Almudena, pobre Almudena.

El me dijo que vendría antes que llegase abril con un anillo de oro para conmigo cumplir.

No lo esperes Almudena porque nunca ha de venir, que él es duque y tú una pobre violetera de Madrid. Arroyo claro, fuente serena olvídate del duque pobre Almudena, pobre Almudena.

Y ahora, un bonito pasodoble de León y Quiroga para tararear.

El debate

Mañana tenemos debate en todas las cadenas, así es que los empresarios de minicines están de enhorabuena. Todos los periódicos se han dedicado estos días a hablar de la imagen de los dos candidatos que van a debatir, ambos reacios a mostrarse de manera distinta a su natural desgana estética. Este es un mal asunto, tanto para los que se exhiben como para los que tienen que contemplarles, porque, si a eso vamos, el único remedio posible para alguien con un mínimo de sensibilidad es que les pongan una capucha de color berenjena. Una a cada uno, por supuesto.

Y el caso es que, tal vez conscientes de su poco sex-appeal, los dos llevan barba. Es decir, que tienen claro que deben taparse la cara todo lo posible. Eso sí, de manera natural, no sea cuento que parezcan Pat Garrett y Billy the Kid. A fuerza de ser horripilantes, han convertido la telegenia en fantasmagoria.

A Rubi le dijeron que se pusiera fundas en los dientes, todo porque los tiene de un cierto color ala de mosca. Almas de cántaro. Les faltó poco para llevarse una dentellada, y así que comprobaran lo que cunden unos dientes irregulares. En cuanto a Marianín, a nadie se le ocurriría darle ese consejo, porque ya se le entiende bastante poco cuando habla. González decía de él que se le entendería cuando se quitara los fideos de la boca, en un arranque de mala leche que, tendrán que reconocerme vds, no deja de tener gracia. 

En fin, este asunto hoy no da más de sí. Me refiero al debate, aclaro. 

¡Fútbol al mediodía!

Mañana hay fútbol a las 12 de la mañana. Una hora indecente. 

No leen la prensa y no se han enterado de que el truco está en gastar menos, no en encontrar nuevas fuentes de ingresos que terminarán por agotarse y que seguirán alimentando una rueda ya completamente desquiciada. 

En fin, yo les dejo con esto, des jours d’autre temps. Yo me voy a ver si me dan de cenar en algún restaurante prontito, que mañana hay que levantarse de bonne heure.

 

A burro muerto, la cebada al rabo

Después del éxito del post de ayer, he decidido crear una categoría de «Dichos, proverbios y refranes». Y hoy, inicio oficial de esta eterna campaña electoral en la que vivimos, volveré a alimentar la nueva categoría con una cita de ‘La tesis de Nancy’, un libro muy divertido que Ramón J. Sender escribió, según la edición que manejo, en 1969. Este es el extracto que recojo para vds y que ilustra nuestro proverbio de hoy:

Para que veas cómo entro en la vida del país, el otro día fui a llevarle a un zapatero remendón que hay en mi barrio un zapato para que me sujetara el tacón que se había soltado, y estaba con el zapatero un torero. Bueno, no un matador, sino un banderillero o cosa así. Y discutían de política. El zapatero era partidario de un régimen muy avanzado y el otro le preguntaba cómo se iba a regir la economía en ese régimen. El zapatero decía: “Muy fácil. Yo le hago un par de zapatos al vecino que es sastre y él me hace a mí una chaqueta. El panadero me trae a mí el pan durante un mes y yo le remiendo los zapatos de la familia. ¿Comprendes?”

– Sí, pero en mi caso – decía el otro – tú sabes cuál es mi oficio ¿verdad? ¿Tú me haces un par de zapatos y yo te pongo un par de banderillas?

El zapatero se acaloraba, diciendo que aquello era hablar de muy mala fe.

Me preguntaron qué me parecía a mí y yo dije que como extranjera no debía meterme en política. Ando con cuidado en eso. Más tarde, cuando fui a buscar el zapato, el viejo artesano me dijo, refiriéndose al banderillero, que era un torero de invierno. No sé qué quería decir con eso.”

Templar gaitas

Usar de contemplaciones para desenojar a alguno, o para aplacar y satisfacer a unos y a otros. Según Seijas Patiño, en su Comentario al «Cuento de cuentos», de Quevedo, proviene «del modo como en los instrumentos de cuerda y viento se tocan todas las llaves y registros para armonizar los tonos. Es frase familiar de graciosa y exacta formación».

Esto es lo que pone en la página 293 de El porqué de los dichos de José María Irribarren. El Correas es más escueto. Dice así en la página 648 de su Vocabulario de refranes y frases proverbiales:

Templar gaitas – por llevar mal la condición de alguno, siendo molesta.

Y digo yo, en mi paciente contar hasta mil de una jornada de miércoles:

Templar gaitas. Dedicación agotadora y no suficientemente remunerada de la que se obtiene poco beneficio para los nervios. Al gaitero se le ha visto en un bar, acodado en la barra y beodo perdido, gritando «me quiero morir» a pulmones llenos. El bar se encontraba en un municipio de las Islas Feroe.