Nombres

El aeropuerto de Niza se llama Côte d’Azur.

El aeropuerto de Las Vegas se llama McCarran.

Y así, cuando llegas, ya sabes la que te espera en ambos sitios.

Nieves Alvarez, lo normal y lo anormal

Hace algunos años, no sabría precisar cuántos pero bastantes, estaba yo en el aeropuerto de Madrid haciendo cola para pasar el puesto de control. Detrás de mí, esperaban turno unos padres con su hija. Le hacían todas las preguntas y le daban todos los consejos que dan los padres a su niña cuando se va de viaje: ¿Llevas suficiente ropa de abrigo? No dejes de comer ¿Seguro que te van a buscar? Llámanos cuando llegues. Cosas muy normales entre gente normal. Hablaban alternativamente el padre y la madre, serenos y protectores. La hija contestaba, divertida , “que sí, papá”, “que sí, mamá”, paciente, dócil, respetuosa. No pude evitar girarme con disimulo, para ver a “la niña” a quien sus padres iban a despedir al aeropuerto.

Entonces vi unos jeans interminables donde yo pensaba que encontraría un torso. Y donde yo creía que encontraría el techo, ví su cabeza. Era Nieves Alvarez, ya entonces una modelo conocida en España, aunque no todavía la Top que ha llegado a ser. Sus padres esperaron hasta que ella pasó el arco de seguridad mientras le decían adiós con la mano. Ella les correspondía con cariño, hasta que se perdieron de vista, cuando ella se fue caminando hacia las puertas de embarque. Me pareció entrañable. Y también inesperado.

Anoche, tecleando el mando a distancia, me la encontré en la tele entre Judit Mascó y otra top española. Y pensé lo mismo que aquel día en el aeropuerto: que lo único anormal de esta mujer es su belleza.

Un reloj y tres correas

Paso por la relojería de El Corte Inglés a comprarme una nueva correa para el reloj. Compro una buena, negra. Y ya que estoy, me encapricho de una roja, muy barata, «para darle fantasía al reloj«. Pues sí, cuando compro compulsivamente me salen estas frases tan vanity dissipate. Y además, hoy es lunes y ayer leí el «Hoy Corazón» del ABC, que me empija un huevo.

A lo que voy. La dependienta, muy amable, se ofrece a cambiarme la correa. «Ah, qué bien, pues póngame Vd. la roja«, le digo. Coge una navajita, chas-chas, cambiada. Y me dice: «¿No quiere cambiar el broche?».  Coge la navajita, chas-chas, quitado. «Le dejo el broche de la antigua en la bolsa, para cuando decida en qué correa lo pone». Qué maja, la dependienta chas-chas. Llegando a casa me encuentro con mi hermana. Sonriente, le enseño el reloj con la nueva correa roja y me suelta:»¡Qué espanto! Anda, pon la correa negra y da por tirados 10 euros, que pareces tonta».

Los lunes tengo la personalidad poco combativa, y cualquier opinión tajante me deja sin liderazgo. De manera que al llegar a casa he cogido una navajita. Chas-chas y chas-chas y chas-chas y, ¡HARTA!, me he puesto a escribir este post. Mañana me pondré el Bulgari.

El viaje de Curra

Pues contaré el viaje de Curra, que ha estado un par de días en Murcia.

Resulta que una tía mía tenía que ir a Murcia – desde Madrid – para recoger un certificado de defunción. ¿Por qué? Qué pregunta tan tonta: porque hubo un fallecimiento en mi familia, porque éste se produjo en la provincia de Murcia y porque necesitábamos una copia compulsada para solucionar un asunto que no viene al caso. ¿Que por qué se tuvo que ir hasta Murcia personalmente para recoger un papelito, en una época en donde hay fax, internet, correo electrónico y en un país con 2.698.628 funcionarios? Pues porque que en nuestro muy caro Estado de las Autonomías, una Comunidad no es capaz de enviar una copia compulsada de un certificado de defunción a otra administración.

Así es que mi tía se llevó a Currita para que le hiciera compañía, puesto que esa es su misión en la vida aunque no cobre por ello. Me refiero a Curra, naturlich. Correteo por la playa, comió arena, se pinchó con un rosal, hizo un agujero en el césped, ladró a un vecino, le hizo fiestas a otro, y ha vuelto contenta aunque cansada.  Mi tía también ha vuelto cansada, jurando en arameo, con los nervios de punta y considerando seriamente la objeción fiscal.

Cuánta riqueza tiene la lengua española con la que se puede decir, y está bien dicho, que cuantas más competencias tienen más incompetentes son.

Moto-taxi en París

Viajo a París para un asunto de trabajo, llego una mañana y vuelvo al mediodía siguiente. Para ir y volver del aeropuerto suelo coger una moto-taxi. En París es una opción muy práctica, a la vista del caos del tráfico y de las distancias a recorrer. Es verdad que es algo más caro, pero tienes la seguridad de que llegarás a la reunión a la hora prevista y no estarás desesperado en un atasco de duración incierta, con un taxista chino miope mareándote con sus ininteligibles conversaciones por el móvil. Bueno, realmente no eliminas del todo la incertidumbre, pero al menos es binario: o llegas a la reunión, o llegas al hospital.

Desde que empecé en 2007, siempre viene a buscarme el mismo motorista, no hay que fiarse de cualquier motero. Choukri se llama mi “motard”, y es un tunecino muy agradable. Lleva la foto de su preciosa hija en el GPS, y eso me garantiza que no le apetecerá mucho salir volando de la moto. Y no, no se pasa frio, porque lleva calefacción en el asiento y en los guantes, te pone un “blouson” y un casco, y una manta que cubre perfectamente los tobillos poco abrigados de una dama como yo. Y sí, puedes llevar una maleta, un maletín y un bolsazo, la moto de Choukri tiene sitio para todo. En cuanto al miedo, eso es algo más íntimo, aunque hay veces que casi prefiero pasar por un hospital que llegar a según qué reuniones…

La vuelta de vacaciones

Nada es original a la vuelta de vacaciones, excepto la fecha. Y eso gracias a que va cambiando el año, que si no, ni eso.

Al final del día, terminas exhausta de oír y repetir «3 semanas», «en Australia y luego en el pueblo», «me queda algo, pero ya en Navidad», «salvo un par de dias que llovió, el resto bien», «en dos semanas se te quita (el moreno)», «ah, ¿y tú?», «sí, aterrizando»… Y así he contabilizado hasta 112 bobadas similares que no llevan a ningún sitio concreto. ¡Señor!

Aunque la palma se la llevan los que te preguntan «¿Qué? ¿Ya de vuelta?». Mi respuesta, invariable: «No, soy una realidad virtual, yo no he llegado todavía. Fíjate si estoy segura de lo que digo que yo me veo a mí misma desde fuera…». Y no mentía…

Parada ligera en el semáforo

El semáforo se pone en rojo, entre dos hospitales. El Gregorio Marañón a un lado, La Beata al otro. Un hombre con corbata, chaqueta en mano, cruza la calle. Una mujer con un vestido marrón estampado se dirige al hospital. Un anciano con camisa blanca de manga corta pasea al perro. Una madre con su hijo pequeño de la mano baja por la calle. Su paso es rápido y el niño corre. Un joven con vaqueros espera el autobús. A su lado, una chica con un blusón azul de tirantes fuma. Un operario de limpiezas, con su camisola verde fosforito arrastra su carro y su escoba. Más personas, más, todas tan ensimismadas como yo andan por la calle. No hace calor pero lo hará. Ropa ligera, calzado ligero. No hace calor, pero lo hará.

Me pregunto si también sus preocupaciones serán ligeras. ¿Irán pensando, tal vez, en el “estatut”? Eso parece ligero…

Semáforo en verde. Mi coche arranca ligero, entre los dos hospitales. Y mis pensamientos se vuelven a ordenar.

Allez, les bleus…

“Va te faire enculer, sale fils de pute”. Caramba, cuánto genio para tan pocos modales. Lo que hay que reconocerle a la selección de Francia es que, si el fútbol es espectáculo, ellos deberían levantar la copa…

El asunto fue como sigue. Asurancenturix (Anelka) no estaba d’accord con el pescado que le ofreció Ordenalfabetix (Domenech), de manera que le tiró un lenguado al cocotier, éste se agachó y le dió a Esautomatix (Evra), que la pagó con Edadepiedrix (el 2º entrenador) pegándole con un salmonete en el pompon, sin darse cuenta de que estaba presente Detritus (el traidor) que se chivó a les romains (la prensa). Apareció entonces Abraracourcix (Sarkozy) y dijo aquello de “C’est inacceptable”, recibiendo un “merluzazo” en pleno caretuá, mientras cocotte Karlabella (la Bruni) hacía un potage de courgettes para l’apéritif. Jolalá. En Argentina llaman quilombo a este bordel.

Estamos en el año 2010 DC. Toda la Galia está ocupada. ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada de irreductibles galos resiste todavía al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios de las fortificaciones de Mexicum, Sudafricum y Uruguayum…

Si Zizou levantara la cabeza… Bueno, casi no. Eso no, mejor no…

Llega la calor

Mañana es 21 de Junio y empieza el verano. A ver si es verdad, y nos secamos, que vaya primavera…

Entonces, a partir de mañana los telediarios emplearán un 70% de su tiempo en informarnos de que hace calor – algo de lo que estamos ya informados aun sin estar despiertos -, con gran profusión de imágenes de termómetros y entrevistas en la calle a paisanos que no dudan en decir majaderías con tal de tener sus diez segundos de gloria. El año pasado estaba yo comiendo un 27 de Junio con mi sobrino de 13 años y en el noticiario de Telemadrid hacían entrevistas a personas que estaban en la Puerta del Sol a las 2 de la tarde. Por si acaso no bastaba el calendario, la hora y el lugar se prestaban a freir huevos en la acera. La pregunta era si tenían calor (la curiosidad de los periodistas no tiene límites). Recuerdo perfectamente la imagen de un japonés sentado en un banco al sol, con el Marca en las rodillas, diciendo “calol, muto calol, madril, calol”. Lo del Marca me pareció como lo de las Caras de Balmes. Y luego dos macarrillas con los pies metidos en una fuente, chapoteando a pleno sol, diciendo que sí, que tenían mucha calor. Uno de ellos saludaba con la mano – a su madre, supongo – y al levantar el brazo se le veía la pelambrera bajo la axila. Y yo no pude más y le dije a mi sobrino:

– Anda, hijo, pon los Simpson y así vemos algo que le dé sentido a ese aparato.

Generales

Alejandro Magno, en guerra con los persas y entretenido con el Sitio de Tiro, recibió una generosa oferta de paz por parte de Darío: le ofrecía 30.000 talentos, la mitad del Oriente y la mano de su hija por tener la fiesta en paz. Entonces Parmenión, valiente y fiel general de Alejandro (antes lo fue de su padre), le dijo:
– Si yo fuera Alejandro aceptaría esas ventajas antes de exponerme a nuevos peligros.
A lo que respondió Alejandro:
– Y yo también, si fuera Parmenión. Pero soy Alejandro.
Ya entonces Alejandro había cortado el nudo gordiano y estaba convencido de que conquistaría todo el Oriente.
Nada como tener un buen proyecto para dar una respuesta convincente.

PS: Por cierto ¿Cuándo van a pedir perdón los macedonios a los tirios por las barbaridades que hizo Alejandro? Si estás de acuerdo, pincha aquí.