La vuelta de vacaciones

Nada es original a la vuelta de vacaciones, excepto la fecha. Y eso gracias a que va cambiando el año, que si no, ni eso.

Al final del día, terminas exhausta de oír y repetir «3 semanas», «en Australia y luego en el pueblo», «me queda algo, pero ya en Navidad», «salvo un par de dias que llovió, el resto bien», «en dos semanas se te quita (el moreno)», «ah, ¿y tú?», «sí, aterrizando»… Y así he contabilizado hasta 112 bobadas similares que no llevan a ningún sitio concreto. ¡Señor!

Aunque la palma se la llevan los que te preguntan «¿Qué? ¿Ya de vuelta?». Mi respuesta, invariable: «No, soy una realidad virtual, yo no he llegado todavía. Fíjate si estoy segura de lo que digo que yo me veo a mí misma desde fuera…». Y no mentía…

Final feliz

Mi amiga T. me dice en el post anterior que no sabe si está más contenta porque se haya acabado el Mundial o porque lo hayamos ganado. Yo, sin duda alguna, porque se haya acabado y por haber sobrevivido sin que me dé un síncope, o un infarto o cualquier clase de patatús. Creo que el grito más repetido en esta segunda fase del mundial no ha sido “yo soy español, español, español”, sino “¡Árbitro, tiempooo, pita, coño ya!”.

Y me emocionó más el golpe de laca que se dió Puyol con el balón en “semis” que el gol de la final. Cuando marcó Iniesta, en primer lugar me desgarré la garganta con un grito tan racial como liberador y luego, ya más calmada, opté por desmayarme. Cuando recobré el oremus, seguía con los oídos taponados, aunque la mandíbula se había vuelto a encajar. Encantador.

Igual que tras el partido de semifinales, me bajé a dar una vuelta a Curra y a mirar el espectáculo en la Castellana. A mis sobrinos no les costó mucho convencerme para ir a dar una vuelta por Madrid. Así es que me zambullí en la euforia colectiva con el coche, con tres sobrinos, dos banderas y una camiseta roja. Conforme parábamos en los semáforos mis sobrinos se iban encontrando a amigos, y los fui depositando uno tras otro entre la multitud, ante la imposibilidad de acoger a todos en el coche. Dos horas después volvía a casa exhausta y alucinada, sin trofeos nacionales ni tesoros familiares, y con el waka-waka incrustado en mi cerebro reptiliano (you’re a good soldier / choosing your battles…).

Y en fin, un último comentario. Si todas las madres querrían tener un hijo como Casillas, a todas sus hijas nos gustaría ser Sara Carbonero, aunque fuera un ratito. Nada, un par de segundillos: los justos para llegar y besar al santo.

España ha ganado el Mundial de fútbol. Ha sido agotador, pero ¡ Qué bonito ha sido!


Parada ligera en el semáforo

El semáforo se pone en rojo, entre dos hospitales. El Gregorio Marañón a un lado, La Beata al otro. Un hombre con corbata, chaqueta en mano, cruza la calle. Una mujer con un vestido marrón estampado se dirige al hospital. Un anciano con camisa blanca de manga corta pasea al perro. Una madre con su hijo pequeño de la mano baja por la calle. Su paso es rápido y el niño corre. Un joven con vaqueros espera el autobús. A su lado, una chica con un blusón azul de tirantes fuma. Un operario de limpiezas, con su camisola verde fosforito arrastra su carro y su escoba. Más personas, más, todas tan ensimismadas como yo andan por la calle. No hace calor pero lo hará. Ropa ligera, calzado ligero. No hace calor, pero lo hará.

Me pregunto si también sus preocupaciones serán ligeras. ¿Irán pensando, tal vez, en el “estatut”? Eso parece ligero…

Semáforo en verde. Mi coche arranca ligero, entre los dos hospitales. Y mis pensamientos se vuelven a ordenar.

Llega la calor

Mañana es 21 de Junio y empieza el verano. A ver si es verdad, y nos secamos, que vaya primavera…

Entonces, a partir de mañana los telediarios emplearán un 70% de su tiempo en informarnos de que hace calor – algo de lo que estamos ya informados aun sin estar despiertos -, con gran profusión de imágenes de termómetros y entrevistas en la calle a paisanos que no dudan en decir majaderías con tal de tener sus diez segundos de gloria. El año pasado estaba yo comiendo un 27 de Junio con mi sobrino de 13 años y en el noticiario de Telemadrid hacían entrevistas a personas que estaban en la Puerta del Sol a las 2 de la tarde. Por si acaso no bastaba el calendario, la hora y el lugar se prestaban a freir huevos en la acera. La pregunta era si tenían calor (la curiosidad de los periodistas no tiene límites). Recuerdo perfectamente la imagen de un japonés sentado en un banco al sol, con el Marca en las rodillas, diciendo “calol, muto calol, madril, calol”. Lo del Marca me pareció como lo de las Caras de Balmes. Y luego dos macarrillas con los pies metidos en una fuente, chapoteando a pleno sol, diciendo que sí, que tenían mucha calor. Uno de ellos saludaba con la mano – a su madre, supongo – y al levantar el brazo se le veía la pelambrera bajo la axila. Y yo no pude más y le dije a mi sobrino:

– Anda, hijo, pon los Simpson y así vemos algo que le dé sentido a ese aparato.

Empezó el mundial

Yo me pregunto si voy con España, y empiezo a no estar segura. El fútbol es un juego colectivo, es verdad, pero compuesto por jugadores que en otras circunstancias (léase campeonatos), lo que te apetece es que se trastabillen y se pasen en la enfermería un par de semanitas. Pero como es nuestro país y nuestra bandera, pues a ir con España. Y no sé, no sé. Voy a ver si encuentro cómo explicarlo.

Yo no voy con Fernando Alonso en coches, aunque sea español. Y no voy con Lorenzo en motos, me da lo mismo dónde haya nacido. Son dos tipos que me parecen dos repelentes. Del mismo modo, yo iba siempre con Zidane, y me daba un poco igual si jugaba con les bleus. Y voy siempre con Inglaterra, porque sus jugadores no disimulan; y voy con Alemania, porque suelen ganar y es muy práctico. También voy con Camerún, aunque juegue el cretino de Etoo (con ese no voy, que se trastabille). Y puede ser un lío, porque voy con Higuaín y con el Kun, pero no soporto al cara-bobo de Messi y menos al sucio de Maradona. Y nunca, NUNCA, iré con Italia, que son unos tramposos (yo NUNCA perdonaré el pechazo que Mazerati le dió a Zidane en la cabeza).

Entonces, voy con Casillas, con Xabi y Xavi, con Reina, con Iniesta, con Torres, con Ramos, con Piqué, con Arbeloa, con Puyol y con Cesc. Y no voy de ninguna manera con Villa (qué horror de tio), con Valdés (el del chicle) y con Marchena (un macarra). Tampoco con Pedrito hasta que no se arregle el diente. Y el resto me da igual. Bueno, no: está Vicente del Bosque. Hum, ahora sí que voy con España. Oé, oé, oé oéeee.

Maalouf

Mi querida madrina me regaló Le premier siècle après Béatrice hace… un montón de años. No sé por qué eligió este título de Maalouf, pero sí recuerdo que me lo regaló en lengua original para que no se me olvidara el francés… Y lo que ya nunca olvidé es esta interesante novela, en donde Maalouf imagina un mundo en el que se generaliza el aborto y el uso de anticonceptivos selectivos que discriminan a las mujeres antes siquiera de que puedan venir al mundo. Por razones económicas o culturales, en un par de generaciones se rompe el equilibrio y las mujeres dejamos de ser mayoría entre la población. La consecuencia es un mundo que camina hacia el desastre y la violencia: la inútil delicadeza y la despreciable debilidad de la mujer se perderían, pero también su capacidad de resistencia, la compasión, y – por qué no también – ese pacifismo real y práctico que aportan (¿qué madre quiere ver a su hijo en una guerra?).

Dejé un rato a Maalouf hasta después de los atentados de 2001. Mi amigo Stephane (libros cortos), a propósito de mis argumentos en favor de la conveniencia de cambiar las chilabas por camisas de fuerza, me recomendó que leyera Identidades asesinas, un ensayo del que recojo esto: “suele concederse demasiado valor a la influencia de las religiones sobre los pueblos y su historia, y demasiado poco a la influencia de los pueblos y su historia sobre las religiones”. Los de la burka no están lejos de los de la cruz gamada, nos viene a decir, pero el mal no está en el origen de una religión o de una nación, sino en identidades monolíticas y colectivas que niegan al otro. Y es que detrás del miedo, está el miedo…

Maalouf es desde ayer Príncipe de Asturias de las Letras. Desde mi identidad española, me alegro mucho por este libanés y lo siento por la Matute, pero – no puedo evitar la broma – ¿Cómo le van a dar el Príncipe de Asturias a quien escribe tan bien sobre la “competencia”, aunque se trate de un “Olvidado rey…”?

América

Estados Unidos, Perú, Costa Rica, Argentina, Ecuador, Colombia, Cuba, Guatemala, Méjico, Brasil…

San Francisco, Mérida, Antigua, Buenos Aires, San José, Bogotá, Chicago, Cuzco, Quito, La Habana…

Sacsayhuamán, Ingapirca, Tikal, Teotihuacán, Machu Picchu…

Atitlán, Poás, Pacaya, Gran Cañón, Cotopaxi…

En América, escupes y crece un árbol. Asevero.

Madrastronas

Mi amiga Susana es una madrastrona. Se dice (digo) de aquellas madres que no permiten a sus retoños ningún capricho. Por ejemplo, tener un perrito.

Tampoco permiten que el retoño surfee por webs con perrito, por ejemplo, esto que aquí teneis de ‘un mundo para Curra’.

Se inventan alergias que no existen, y ADSL´s que no funcionan si el vecino no se conecta. Madrastronas insensibles tan poco amantes de los perros…

Dirigir y llevar el compás

Estuve en la ópera el jueves viendo Norma, en versión concierto. En estos casos, la orquesta ocupa todo el escenario con el coro al fondo, y los cantantes se sitúan en un atril en primera fila, no estoy segura de si es para que se les oiga mejor o para que se les vea bien. Bueno, si la prima donna es la imponente Violeta Urmana vestida de rojo, no creo que el motivo sea reparar en ella.

En una versión concierto el interés visual es limitado. Así es que yo estuve un buen rato absorta en mis reflexiones observando el trabajo del director, cuyos gestos no son simultáneos al movimiento de la orquesta. Parece evidente que el director debe hacer el gesto un segundo antes de que los músicos intervengan. Pero no es solo anticipar y dar paso al movimiento: dirigir la orquesta también requiere conocer la partitura, tener sentido del ritmo, saber dónde están los músicos, cómo suenan sus instrumentos y ¡no quitarle ojo al del bombo!. Si además sabes de música, tienes personalidad y mucha experiencia, entonces te pueden contratar para dirigir Norma en el Real.

Pensé también en algunos gorilas, que cuando se ponen a dirigir una orquesta solo logran hacer gimnasia. Y mientras, el resto sigue el compás.

La casa de la Calle Franklin

Mi amigo Javi es un arquitecto muy normal: le sobra buen gusto para haber sido ingeniero y le falta empatía para hacerse decorador. Mi amigo Javi dice que hay que retener en la memoria tres plazas de París: la Des Vosques, la Vendôme y la Dauphine. Yo, que no tengo buen gusto de sobra aunque tampoco me falta empatía en el carácter, prefiero la Place de la Contrescarpe. Admito que mi elección no proviene de un “coup de foudre” estético, sino de una “joie de vivre” tan simple como mundana.

Mi amigo Javi me hizo conocer en 2007 la casa de la Rue Franklin, que tiene como particularidad el ingenioso retranqueo para conseguir más fachada. O sea, una solución que satisface a partes iguales la sensibilidad del ingeniero y la practicidad del decorador.