La puerta, el artefacto y un pulpo que hace clac

– ¿Está cerrada la puerta del garage?

– Sí, no te preocupes. Esa puerta es como la principal: tiene también un dispositivo que te permite abrirla por dentro sin llave, pero que necesita la llave para hacerlo por fuera.

– ¿Un dispositivo dices?

– Sí, un dispositivo

– ¿Quieres decir un pomo?

– No, no. No, exactamente. Es como… un pulpo. O como una araña grande si prefieres. Se expande automáticamente cuando cierras la puerta y la deja como aprisionada. Luego hay un interruptor que, al bajarlo, hace que el pulpo se contraiga, la puerta entonces hace clac, los tentáculos la liberan y se abre.

– ¿Hace clac…?

– Sí. Y se abre.

– Tentáculos… Vaya. Más que un dispositivo, eso tiene pinta de ser un artefacto.

– Bueno, pinta, pinta, lo que se dice pinta, tiene pinta de pulpo. Pero sí, será un artefacto porque hace clac.

– Bueno, un pulpo que hace clac también puede ser un artefacto.

– Como mínimo,

– Claro, claro, como mínimo…

Cuestión de coger ritmo

28 de agosto, domingo

 

Hoy he vuelto de vacaciones.

Todo en orden. 

Seguimos.

 

De compras

La operación compra de bikini de este año ha resultado un poco menos traumática que en años anteriores, aunque con resultados similares. El dos piezas no ha logrado superar el veto implacable del espejo, que me devolvía una imagen de mí misma algo desparramada, y yo siempre he asociado la seguridad con la firmeza. También en el carácter. Así es que me he sometido dócilmente a la enorme capacidad de recogimiento que aporta el enterizo, sin menoscabo de su practicidad y discreción.

Una vez dicha esta tontería, paso a describir los colores a los que me he abandonado. He optado por un alegre estampado de florecillas rojas sobre fondo blanco y un mucho más austero aunque poderoso morado que combinará estupendamente con el color de mi piel, si bien para que esto suceda deberemos esperar todavía par de semanas. Con todo, se trata de una elección no desprovista de riesgos, porque sepan vds que, en materia de tonos, mi piel alterna tres: el amarillento del invierno, el negruzco del verano y el verdoso del entretanto. También paso unos tres días al año moteada en blanco, pero es debido a que me escamo cuando la humedad costera se trastoca en sequedad mesetaria. No se inquieten, que se puede arreglar con una buena scrub cream. Y a malas, la recia esponja de crin siempre es una garantía de éxito. En lo que respecta al color rojizo, puedo llegar a sufrirlo momentáneamente a principios de temporada. Y sobre el atractivo doradito… bien, he de reconocer que ese es un color que mi piel no ha conocido jamás. Jamás es nunca, por si acaso les asalta alguna duda.

Y estas son todas las bobadas que se me han ocurrido hoy, miércoles 20 de Julio. Mañana será otro (menudo) día. 

Arden Fiestas

Pues sí, arden fiestas en el poblachón.

Lo primero que debería avisarte es un gran cartel luminoso a la entrada del pueblo, con un “Felices Fiestas” ciertamente rococó. Es el mismo cartel que otros años, y de esto no puede haber dudas puesto que no lo descuelgan después de fiestas. Así ya les vale para la Virgen de Agosto y para las Navidades. No lo quitan en todo el año y no sé por qué lo hacen, si es porque hace frío, porque no tienen dinero, o por pura vagancia. Para mí que se les olvidó el primer año y luego han interiorizado de tal modo la presencia del cartel que ya lo consideran parte del paisaje, como los pinos más o menos. Por cierto, que el cartel se ve mejor de día que de noche, porque no lo encienden y las farolas en el poblachón suelen estar de cuerpo presente y basta. Ahora que lo pienso: tal vez si quitan el cartel se les caen las farolas que lo sujetan. Humm, tengo que investigar este asunto…

El resto de los eventos festivos permanecen también inmutables a lo largo del tiempo, salvo por el florecer del chándal como vestimenta distintiva de psgfdftfhmpuaf(1) desde hace unos años (en fiestas algunos incluso le dan un planchadito y así aprovechan el apresto que sin duda le confieren las pelotillas en rodillas y coderas). Por lo demás, las variaciones las pone cada uno con el devenir de la edad. La salida del Cristo entre sentidos aplausos, los fuegos artificiales, los comentarios sobre los fuegos artificiales de este año, las comparaciones con los fuegos artificiales del año pasado, la tómbola, los puestecillos de imitaciones, el vendedor ambulante que lleva cosas horripilantes que tú consideras inconcebible que nadie pueda comprar (hasta que te encuentras con cinco chavalas con gafas y diademas de lucecitas azules y rojas) e incluso los nombres de las peñas con los anclajes culturales que refieren (informe semental, el ovario de Patricia, Saber y beber, Akuna Cubata).  Y, por supuesto, el Tachunda.

El Tachunda es el evento casi obligatorio en las fiestas del poblachón. Siempre ha hecho frío, de manera que como llegues directo de tu casa (sin meterte media botella de vino y un par de chupitos en la cena) no entras en calor ni aunque te pongas a hacer volteretas laterales en medio de la plaza al ritmo de una ranchera de Rocío Dúrcal. Por supuesto, los calcetines están prohibidos, de manera que tus tobillos quedan preparados para resistir incluso un agradable paseíto por San Petesburgo una tarde de Noviembre. Pero ahí estamos, haciendo los coros a una orquesta por lo general espeluznante: Francisco Alegre (este año nos lo han “interpretado” dos veces), y después de un par de pasodobles y Rocio Jurado (que muera el amor), continúan con un popurrí del Duo Dinámico, el Sarandonga,  Conchita Velasco y, sin solución de continuidad, cuando ven que los niños ya se han ido, se lanzan con Alaska. Con el follow the leader llega el momento en que los “intérpretes” comprenden que los escalofríos provienen de la temperatura y no de que ellos canten peor de lo normal, así es que se ponen a dirigir el baile. Es cuando dicen aquello de “Venga, poblachoneros, esas manos arriba ¡que nos vean los del Meteosaaat!”.

Al día siguiente, una manada de bisontes correteando por tu cabeza te recuerda dónde dijiste el año pasado que no había que ir porque daban garrafón.

Señor…

(1) No tengo palabras

Piscinas

Llegó Julio, y con él empieza la temporada de piscina. Para mi desgracia.

Aprendí en Mexico a llamar alberca a la piscina. Me parece más amable, romántico, próximo, algo menos… clorado. Nadie le llama la alberca, a la piscina. Bueno, yo tampoco. Ha sido una levísima licencia retórica que me he tomado para distraerles a vds. O sea, una chorrada.

Y es que yo detesto profundamente las piscinas. No dejan de ser agua estancada llenas de adultos escupiendo, adolescentes con granos y niños meándose dentro. Con muchísimo cloro para desinfectar y no morirte de cólera, peste o tifus, pero con miles de millones de bacterias esperando agazapadas a colarse en tu organismo. Mejor no pensar.

Y mejor no mirar. Aquella con el pelo sucísimo, aquel que vuelve directamente del footing empapado de sudor, esa rebozada en aceite, o el otro con las uñas de luto riguroso. Todos, ¡TODOS! se tiran a refrescarse, directamente, ante la mirada adormilada del vigilante. Chof, al agua patos. Mejor no mirar. Cuando por fin sacan la cabeza, se acercan al borde y lo primero que hacen es frotarse la nariz, con un sonido parecido al de sorber pero que es difícil de diferenciar al de sonar, ya bien reblandecido todo el contenido. Finalmente, es lógico: al contacto con el agua, todo se reblandece, y muy especialmente los esfínteres de los menores. No, mejor no mirar. Ni pensar. ¡Ni oír!

Sí, ya sé, ya sé, que es obligatorio ducharse antes. Ya sé, ya sé. Yo lo sé. Yo lo sé, pero ¿lo saben los demás? ¿eh? ¿lo saben los demás? Las normas de las piscinas no las sigue nadie, son ciencia ficción. Excepto para los niños, para los cuales, en la piscina todo es ciencia-micción.

Y yo voy. Claro que voy. No me meto en el agua, pero voy. Cuando veo que estoy al borde del desmayo, entonces me ducho. Y vuelvo a la toalla. Paso un frío de cojones, pero mis nervios lo agradecen. Porque, a ver ¿Qué se puede hacer en el poblachón entre la una y media y las tres? A esa hora, la compra está hecha y el periódico más que leído.

Sí, evidentemente hay un bar. Evidentemente.

Desdramatizar

Tengo una buena amiga que a las reuniones les llama saraos y que cuando tiene que hacer una presentación dice que se va a hacer unos bolos.  Cuando son otros los que presentan le llama asistir a una performance. Leer y contestar el correo es literatura (tengo mucha literatura, me espera la literatura, cuando acabe esta literatura). No dice hacer los cálculos, sino echar números: es una expresión muy corriente, pero tiene razón cuando explica que los cálculos los hace el ordenador, ella sólo «echa los números». 

No me sorprende que se cuide mucho de utilizar este vocabulario delante de algunas personas. Yo, que la conozco bien, sé que su intención no es combatir la jerigonza ovejuna – batalla perdida de antemano – sino quitar solemnidad a lo cotidiano, interpretar el trabajo como un juego, amortiguar la gravedad con imágenes sabrosas. Es decir, desnudar el rito y desdramatizar el poder. Podríamos discutir si pone significados a las palabras, o palabras a los significados, pero lo que es seguro es que ignora a Humpty Dumpty: ella tiene el poder de mirar distinto.

Imperdonable.

¿Cultura de empresa?

¿Quién crea la cultura de empresa? ¿Nace sola? ¿Un día llegas a la oficina y, zas, te encuentras con la cultura? ¿Viene entremezclada con las pelusillas del descansillo? ¿Sale de la máquina de café? ¿Se arremolina o camina sinuosa? ¿Llega de pronto o la ves venir de lejos? ¿La buscas o te la encuentras? ¿Habla, canta, susurra, grita? ¿Suena? ¿En qué trozo de mármol está escrita? ¿Ha pasado por la Compliance? ¿Cómo está documentada? ¿Cuál es el retorno? ¿Consolida? ¿La crean entre todos los trabajadores, democráticamente? ¿O es por asamblea? ¿Es una simple sucesión de anécdotas que van pasando sin remedio por la historia de la empresa? ¿Es una responsabilidad compartida? ¿Compartida por quién? ¿Por cuántos? ¿Conscientemente? ¿Votaron o asintieron con la cabeza? ¿Se discutió, se ha discutido, se discute, se está discutiendo? ¿Cuántos balaban?  ¿Quién debe cambiarla? ¿Entre todos? ¿Todos juntos? ¿Cómo de juntos? ¿A la vez? ¿Sucesivamente? ¿En grupitos de tres? ¿Por colectivos? ¿Nos ponemos en fila? ¿India o a mogollón? ¿En qué consiste? ¿De verdad crees que son sólo las costumbres? ¿No serán las formas? ¿No los gestos muy reconocibles y por tantos imitados? ¿No las ideas? ¿No los ejemplos? ¿No la realidad constatable? ¿No las directrices de la central (1)? ¿No las políticas reales frente a las escritas (2)? ¿Te pregunto en globaliceño?  ¿Es una estrategia pull o push? ¿Esto va top-down o bottom-up?

  1. Directrices de la central: entiéndase eso que hay que hacer muy rápido y que luego tardan mucho en pedirte
  2. Políticas reales frente a políticas escritas: entiéndase eso que no te puedes saltar frente a eso que no se suele cumplir

Gus

Señoras y señores: les presento a Gus.

 

…who would dare to go?

On back streets of…

They kill the dream of…

Choose side, or run for your life…

…Y es que hoy es lunes.