Agujeros negros

La velocidad de escape de la Tierra es de 40.000 Km/h: es la velocidad que debe alcanzar un cohete a fin de liberarse de la gravedad. En 1783 el astrónomo John Michell fue el primero en preguntarse qué pasaría si una estrella se volviera tan masiva que su velocidad de escape fuera igual a la velocidad de la luz. Su gravedad sería tan inmensa que nada podría escapar a ella, ni siquiera su propia luz y por lo tanto, el objeto aparecería negro para el mundo exterior y no se podría ver.

Hoy sabemos que esto no es del todo así. El agujero negro está rodeado por un “disco de acrecentamiento” de gas, arremolinado a su alrededor. Hay un límite – el horizonte de sucesos – que es el punto más lejano al que puede viajar la luz. Si se traspasa el horizonte de sucesos, uno cae en el agujero negro en un viaje solo de ida. Pero si el gas que hay en el disco de acrecentamiento evita el horizonte de sucesos, sale lanzado a velocidades enormes y es expulsado hacia el espacio, formando chorros de gas multicolor y haciendo del agujero negro un cuerpo celeste visible enormemente bello.

Se han identificado dos tipos de agujeros negros. El estelar, en el que la gravedad aplasta a una estrella moribunda hasta que implosiona; y los galácticos, algunos tan potentes que pueden consumir estrellas enteras. Utilizando los poderosos telescopios actuales, los astrónomos estiman que hay al menos unos 300 millones de agujeros negros en todo el cielo nocturno. Yo, con mi nueva graduación de gafas, estimo que puede haber dos o tres en un organigrama.

(Michio Kaku, “Universos paralelos”, ediciones Atalanta, pág. 140 y siguientes).

Cosas que pasan en Venecia

En una película de James Bond, un tipo sale de un ataúd que hay en una góndola y entonces 007, desde la góndola de al lado, le tira un cuchillo, acierta y le mata.

Y el tipo cae en el ataúd, muerto. Y se cierra la tapa. Pok.

¿Pero que fumarán los guionistas de estas películas?

La pulserita

Pensarías que además de la pulserita llevarían un mono azul de mecánico, una bata blanca de mozo de almacén o un delantal verde de pescadera. Pero no. Visten un bonito “tailleur”, o una linda corbata de topos, y adviertes que por el puño de su camisa asoma la pulserita. Se trata de una pulserita con un holograma cargado de iones que les permite ser más flexibles, más equilibrados y más energéticos.  Por solo 30 euros consiguen tocarse los dedos de los pies con los dedos de las manos. Ahí está la clave: un chollo así solo lo puede entender un hombre de negocios o alguien bien informado.

Y es que un mecánico solo entiende de carburadores…

Un mundo para Curra

Curra

Título que recuerda – nada vagamente – el libro de Bryce Echenique, Un mundo para Julius.

Y viendo cómo vive Curra, uno puede imaginarla en el Country Club tomando un té inglés con la clase alta limeña y departiendo entre jugosos emparedados. Sobre todo entre jugosos emparedados, darling.