Pegar un catarro

Yo me pregunto muchas veces cómo se genera el primer catarro. Y quién lo porta. Porque el 21.000 está claro: se genera por contagio. Pero ¿y el primero? Me refiero claro al primero de todos en absoluto, no al primero de la familia, o el primero de la oficina, o del colegio o de la pandilla, que a ése lo tenemos más o menos pillado.

Creo que estaría muy bien averiguarlo y hacer algo con esa persona. No sé, colgarlo por los pies y darle una tanda de azotazos en el culo, aunque tal vez lo más aséptico (y útil) fuera enviarlo a una isla desierta y luego rociar la isla con un líquido detergente que evitara que ningún satélite descubriera esa isla por más que la buscara.

Yo creo que cuando empiezan las décimas de fiebre todos sabemos, más o menos, quién nos ha pegado el catarro. Y si no lo sabemos, lo sospechamos. A veces no, porque siempre te lo pueden pegar en el autobús, pero otras lo tenemos clarísimo, sobre todo los que no vamos en autobús.

Lo habrán vivido. Esos sacos de mocos y de flemas que se pasean impunemente por las oficinas, que se meten en tu despacho o se acercan a tu mesa para sorberse, estornudar y toser y que dejan el ambiente lleno de miasmas que luego van a acomodarse en todo aquel que haya compartido mesa de reunión o ascensor con él. Tal vez colgarle de los pulgares…

En algunos centros de trabajo, fábricas o salas de llamadas, tienen planes de contingencia para estas cosas. Pero para las reuniones de directivos no sé yo que existan planes de contingencia para esto, y sin embargo una buena gripe puede descabezar una compañía durante una semana. Y si no descabezarla, sí atontarla lo suficiente como para echar el mes a perder. Y hay quien te dice: “no te acerques, no sea que te contagie”, y te dan ganas de decir “oye, por qué no te quedas en tu casa y, aparte de curarte tú, evitas de paso que tengamos que curarnos los demás”. Pero decir esto parece muy incorrecto, suena a insolidario, cuando no lo es. Tanto que se habla de prevención y no se ponen carteles bien grandes que digan: SI TU COMPAÑERO TIENE CATARRO, HUYE DE ÉL COMO DE UN GUARRO.

Y sobre todo, que nadie se queda en su casa por una simple gripe, con lo que es la pescadilla que, además de morderse la cola, no tiene remedio.

Una simple gripe… Ayer tenía décimas de fiebre y, aunque ya llevo 4 sobres de anticatarrales y dos aspirinas francesas, parece que lo contengo, pero no crean que estoy muy católica. Y sé perfectamente quién fue el saco de mocos que me lo contagió. Y no sólo me lo ha pegado a mí, sino que en mi oficina hay una planta entera con escalofríos. Y esto es circular, porque cuando te curas, siempre hay alguno que no está del todo sano y te lo vuelve a pegar. Los virus son felices en las oficinas y campan a sus anchas por los conductos de la calefacción y suben y bajan en los ascensores. Siempre hay alguien que los acoge en su seno y vuelve con ellos cada día para que se vuelvan a encontrar con sus virus familiares y amigos que habitan en el portador que se sienta en la mesa de al lado. Es terrible.

Creo que voy a empezar a ir a la oficina con mascarilla. Al tiempo.