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Todas las mañanas, Reggie daba un paseo por la calle principal de Climthorpe, donde había siete sociedades de préstamo pero ni un sólo cine: Sic transit Gloria Swanson”

Reginald PerrinLe pedí a mi librera favorita que me diera algún libro que no me hiciera pensar mucho y con el que me pudiera reír un rato, miró la estantería y cogió este libro. “Lee esto, me dijo, te hará reír”. Y sí, El regreso de Reginald Perrin es un libro para sonreír y para reír, a veces con una carcajada, a través del absurdo y de situaciones descabelladas en un entorno de personajes completamente disparatados.

 Este libro es la continuación de Caída y auge de Reginald Perrin. Perrin es un hombre aburrido de su vida y de su trabajo, en una fábrica de postres, que decide simular su suicidio y volver a su anterior vida bajo una identidad distinta. En El regreso…, Reginald se harta de hacer todo lo contrario de lo que quiere y lo que le gusta, y decide volver a su ser, o a su primera identidad. Y como consecuencia de ello, le echan de la fábrica de postres y tiene que emprender una vida nueva.

Esa vida nueva pasa por un breve trabajo en una granja de cerdos, hasta que decide crear su propia empresa, Basura, al principio una simple tienda en la que vende todos los objetos inservibles y desechables que va encontrando a su alrededor y, con el paso del tiempo, una exitosa cadena en la que fabrican expresamente artículos absurdos y que no sirven de nada. Y no crean, que cuando le flojean las ventas aplica una solución infalible: sube los precios, y las ventas vuelven a su ser.

El libro está lleno de diálogos descacharrantes y de personajes estrafalarios, y sus trescientas y pico páginas se leen sin querer, pasando desde luego un muy buen rato.

Por lo visto hubo una serie de televisión hace muchos años basada en estos libros y en este personaje. Yo no conocía la serie, o tal vez no la recordaba, y supongo que ahora nos parecería, como todas las series de los años 70 u 80, un poco anticuada (he visto algún trailer en YouTube y da un poco de pereza, la verdad). Sin embargo, el libro vale la pena. Léanlo si se lo topan.

Este post fue también publicado en El Buscalibros el 3 de diciembre.

Cuba, 1997

“Y yo pensaba que en el control nos harían muchas preguntas: Y usted, ya que pone en el visado que es economista, ¿No opina que el capitalismo es opresor e imperialista? A ver ¿Quién fue José Martí? ¿Cuándo sucedió el asalto al cuartel Moncada? ¿Qué dijo Fidel en su primer discurso al pueblo? ¿Cree usted en la revolución?… Pero no hubo nada de eso. Lo único que me preguntó aquel policía era si yo no tenía sueño, porque él sí…”

“Y la tal Nancy – estos nombres solo se dan en América y en las jugueterías – agarró el transmisor y le dijo a la compañera dos o tres cosas en clave ininteligible que, aproximadamente, debían significar: o dices positivo o te agarro del moño y te arrastro por el malecón”. Así que la compañera dijo positivo compañera, y Nancy le dijo al taxista que la compañera ha dicho positivo compañera así que positivo compañero. Y el taxista aun dudó un par de segundos hasta que por fin arrancó aquel coche del pasado remoto del que deberían bajarse Lauren Bacall y James Cagney, y no unos gallegos despistados, que para colmo no eran gallegos…”

“Ahora llueve. Como en el trópico. El cielo está a punto de caerse sobre nuestras cabezas. Hace un rato, en una callejuela al lado del museo de la revolución, ha estallado un trueno bestial. Y hemos hecho ademán de salir corriendo, como si aquello evitara algo. Un cubanito, que previamente me había pedido “un cigarro de esos que fuman ustedes” se ha echado a reir. Nos decía “corran, corran… estos gallegos…”.

“Pidió un zumo. El camarero sirvió el zumo en el vaso y como sobraba zumo en la botella, hala, se bebió el resto a morro. Así, como si nada. Por fortuna no eructó después. La escasez, sin duda…”

“A la mañana siguiente nos despertó el calor casi de madrugada. Se había apagado el aire acondicionado por un corte de luz. Tampoco había agua corriente. Así es que bajamos a desayunar, pero el desayuno fue de lo más escueto por la falta de luz y de agua. En recepción nos dijeron que no era normal el corte de todo. Y que como no era normal, no podían decirnos a qué hora volvería la normalidad. Nos pareció un razonamiento impecable. Así es que nos fuimos a la Habana Vieja, sin duchar y con el estómago medio vacío. Y nada más salir se nos adosó un cubano para pedirnos que le contáramos cosas. ¿Ves? que se te adose un cubano es de lo más normal…”

“Plaza de Armas por la calle del Obispo. estaban instalando tenderetes para vender libros. Libros viejos, muy viejos. Títulos como “La CIA y el Che”, “Discursos de Fidel”, “El capital” (en tres tomos), algo de García Marquez. El resto, un batiburrillo de libros de biología, de historia, de arquitectura… viejísimos todos”

“La Catedral por dentro está hecha añicos. Aparentemente la están reformando, aunque yo creo que tardarán en terminar la reforma: el encargado, tras su nombramiento, echó a correr y se le ha localizado en un hospital de benedictinos de Bulgaria, a donde ha ido a recuperar el oremus.”

“Por fin dimos esquinazo al cubano, aunque antes me había dado un caramelo. Yo me lo guardé y luego se lo di a una niña que me pidió “caramela”. Y es que es lo único que te piden por la calle: caramelos y chicles.”

“En este palacio tienen la Giraldilla, que sirve también de logo al Havana Club. Y es la estatua de Inés de Bobadilla, que fue la primera gobernadora porque su marido se fue a conquistar la Florida, y ella se quedó esperando, y se le quedó la postura de estar esperando y ya no sabemos si la cogieron como símbolo por esperar, por ser gobernadora o por tener un marido conquistador. “

“Tienen también la estatua que estaba en lo que ahora es la Plaza de la Revolución, representando el aguila imperial americana. Bueno, tienen lo que queda de la estatua. Hombre, a mí no me parece bien que vayan tirando estatuas por ahí, pero viendo lo horrenda que era, y al margen de compromisos políticos, puedo llegar a comprender al pueblo cubano. Puedo hasta solidarizarme y todo. Y en la misma sala tienen una esquela de Batista. Para mí que la han recortado del ABC.”

“Luego fuimos a la Plaza Vieja, que según la guía ya no es vieja. En fin, la guía puede decir lo que quiera. La plaza es un puro escombro. De ahí hacia el Capitolio, pasando por delante del hotel Royal, que parece que le ha caído una bomba encima. Una de la primera guerra mundial, tirando por lo próximo.”

“Y el malecón es más bajo de lo que suponía pero mucho más largo de lo que me imaginaba. O sea, que no tenía ni idea de cómo era el malecón.”

“Al otro lado del malecón está el mar, que los cubanos llaman el mal. En cuanto a cómo dicen malecón… en fin, hay que oir a un cubano decir malecón. Y cuando yo hablo tengo la sensación de que no me entienden. O tal vez se asustan: mi español debe parecerles demasiado austero.”

“La Habana vieja debería llamarse la habana viejísima. Y en algunos tramos, la Habana paupérrima. Sin embargo, en el Vedado, la ruina data de hace menos. ¿Tres siglos?.”

“Sin hotel para la última noche, con un festival de la Juventud y millones de comunistas que vienen a cualquier cosa menos a gastarse el dólar. Qué remedio: al Nacional, según el Trotamundos, “l’hotel encore plus chic”. A 168 dólares la nuit, me pregunto si mi francés es correcto y chic es lo que creo. Pero mola todo dormir allí, esto es verdad.”

“Hacia el convento de la Merced es la parte vieja de la Habana Vieja. Casas vacías por dentro y desconchadas por fuera, habitadas por gente que no es del todo miserable. No del todo. Portalillos oscuros, con escaleras que llevan a otra ruina, la de arriba, en donde supones vigas por paredes y cielo por techo. Niños en la calle que apenas juegan, sólo te miran, serios. Calles levantadas que alguien animó a reparar y que terminan peor de lo que estaban. Amarillos antiguos, rosas antiguos, azulones antiguos. Una torrecilla de campanario desmadejada. La pena de no haber vivido y visto esa maravilla antes del abandono, la maravilla que debió de ser esta ciudad.”

“En lo alto del fuerte, que domina toda la bahía, y sobre los cañones, que apuntan al mar para que no entre nadie. Pero eso era antes. Ahora los cañones los deberían poner apuntando a la Habana Vieja. Ese lugar no se puede dejar de ver si se va a la Habana.”

“La Bodeguita del medio se llama así porque los bares se montaban en las esquinas, menos éste, que se montó en medio. Y a la vista de las fotos, por allí pasó todo Hollywood, salvo la mona Chita y Dumbo, de quien no se tiene constancia. En la mesa de al lado, unos cubanos, sin duda revolucionarios.”

“Ya quisieran en París aprender de los merchandiser de la Habana. Tiene mucho mérito montar un escaparate de seis metros con dos vestidos.”

“El Floridita es completamente kitch y está lleno de extranjeros. Mientras en la Bodeguita no notas a los extranjeros (tal vez por la disposición del local, oscuro, enrevesado, pequeño, laberíntico, lleno de habitaciones), el Floridita es la extranjería decadente en pleno. Humo, daikiris y todo en rojo. Tampoco parece que hayan pasado por allí la mona Chita y Dumbo. No tiene ningún encanto pero eso sí. el daikiri es extraordinario.”

“De camino a Miramar comprendes lo inmenso que es el Malecón. Y que si te toca un hotel allí, es una guarrada de las serias. No tiene el menor interés, y que digan las guías lo que quieran.”

“En Cayo Levisa hay tiburones, peces espada, pulpos gigantes, langostas elefantisíacas, leones, tigres, panteras, cocodrilos, águilas imperiales, cebras, corzos, ballenas, jirafas y hasta algún que otro oso panda. Sin embargo, hasta el momento sólo hemos visto unos caracoles que llevan cangrejos debajo y cangrejos que van con una concha encima. El resto de animalitos no se deja ver, lo que me hace pensar que la fauna cubana es de suyo vergonzosa. También hay franceses, alemanes y algún que otro catalán que viene a pasar el día. Ninguno lleva ni concha ni cangrejo, pero se dejan ver. En cuanto a la flora, no hay crisantemos y esto me hace pensar que no moriremos, a pesar del calor.”

“El Caribe. Manglar al sur, mar al norte, veinte cabañas repartidas en 3 kilómetros de largo por 500 metros de ancho, sólo un teléfono que recibe llamadas, un barco que va y otro que viene al día, y una radio por si hay emergencias. También un puesto militar inocuo. El paraíso en la tierra.”  

Del cuaderno de viaje Cuba 1997

Blogs, bloggers y cansancio

foto blog unmundoparacurraSí es verdad que está el bloguerío algo de capa caída. Yo la primera, que este año he escrito casi menos que el primero, y eso que empecé el blog un mes de abril. Hay blogs con telarañas, y otros que se notan forzados, y tú ves el pobre blog como ese pescado que ha saltado del agua y todavía colea, pero le va faltando el aire, y le va faltando el aire, y le falta el aire.

Naturalmente, hay excepciones. Gloriosas, pero excepciones.

Hay quien dice que la culpa es de Twitter. Yo no lo creo. El año que más actividad tuve en Twitter fue también el año que más escribí. Y viceversa: este año apenas piso Twitter (tengo que contar por qué me aburre algún día). Me parece a mí que lo de los blogs es cansancio, un entusiasmo que se va perdiendo. Del mismo modo que se pierde frescura y se gana técnica, yo creo que la aventura del blog, como aventura, es difícil de mantener. Y al final, aunque blogs hay muchos, nos movemos en círculos pequeños. Y quien más y quien menos ya lleva sus buenos cuatro o cinco años, y eso se nota. Esa es mi teoría, aunque si usted tiene otra, estaré encantada de leerla.

En mi caso, les doy algunos números. El primer año, en 2010, escribí 98 entradas y eso que empecé en abril. Luego, los siguientes años, ya completos, estuve en 190,  213 y 186 en 2013. Este año llevo escritas 149 entradas y no creo que llegue a 160. Los números decaen, decaen.

Molinos contaba hace unos días lo maravilloso que es tener un blog, y la de cosas que le ha dado (igual no fue hace unos días, sino hace unos meses, porque no lo he encontrado para enlazarlo, lo siento) (o igual es que no era Molinos, lo siento más todavía, porque les estoy confundiendo), decía que lo maravilloso que es tener un blog y sí, yo estoy de acuerdo en que es verdad, te da más cosas que te quita. Realmente no te quita nada. Aunque sólo sea por la correspondencia y por las cuatro o cinco personas que conoces, ya lo vale. Pero son más cosas. Es simplemente llegar a casa y descargar la cabeza. Pero tiene que venir el post. Forzarlo es una tortura.

¿Ven? Ahí hay un post. La tortura de escribir un post cuando no viene solo, es un gran tema.  Me estoy dispersando por momentos.

A veces te sientas a escribir y tienes la sensación de que ya has contado esto o aquello. Otras veces, la hoja en blanco acaba contigo. Ya no es aquello de ir rumiando la entrada a lo largo del día. Ahora, si se te pasa por la cabeza la frase mágica (“aquí hay un post”), luego no lo desarrollas, o te da pereza, o llegas a la conclusión de que, tal vez, ahí no había un post. Y es que no es sólo tener la idea. Hay que poner orden, pensar un poco. Lo que yo llamo cocinar el post. Porque realmente el post se cocina en la cabeza. Escribirlo es solo emplatar. Esto es muy de actualidad, Masterchef y eso.

Aquí había un post. Aunque me he dispersado. Eso, o que la cocina nunca ha sido mi fuerte.

 

 

Empieza por que la calle es suya. Y como es suya, puede hacer parcelitas, pintarlas de colores, y alquilarlas al precio que quiera y a quien quiera, que para eso la calle es suya. Los espacios reservados a las embajadas y los de los ministerios no pagan. Ni tampoco esas plazas que dedica a poner contenedores que no se limpian más que un día a la semana.

Si usted es residente en la zona y quiere aparcar, le conviene sacarse una tarjetita con un número que le identifica a usted y a su coche. Lo soluciona con 25 euros al año. Luego ya, cuando vaya a aparcar, debe buscar una parcelita que esté pintada de verde porque si es azul, entonces paga usted por horas como cualquier hijo de vecino. De vecino de otro barrio, se entiende.

Este año, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, conocida por su preparación y experiencia como ama de casa, se ha inventado una nueva norma para los residentes que tengan un coche y quieran aparcar en su barrio. Mire, nos dice, si usted tiene un coche propio, vale. Pero si su coche es de renting, voy a mirar a ver dónde vive esa empresa. Y si esa empresa de renting no tiene su sede social en Madrid, usted no tiene derecho a la tarjeta de residente. Usted vive aquí, pero su coche no nació aquí. Algo así.

¿Por qué hace esto esta señora tan absurda que sufrimos los madrileños? Pues porque quiere obligar a estas empresas a pagar el impuesto de vehículos en Madrid. No comprende esta mema que las empresas de renting me sirven el coche a mí y a un señor de Cuenca, o de Barcelona, o de Sevilla. Ella quiere lo suyo, y si por el camino me fastidia, pues es mi problema.

A ella le importa una higa que usted tenga un contrato con esa empresa de renting en vigor y que no lo pueda cambiar así por las buenas sin perder una pasta. También le importa un comino que a usted le cueste una plaza de garaje por su zona 2.500 euros al año. Usted es un daño colateral, ella va buscando algo y si por el camino le atropella, pues le atropella.

A esto le llamo yo cambiar las reglas del juego en mitad del partido. Unas11.000 personas, según el periódico, estamos en esta situación. Al periódico le parece bien, porque las empresas de renting son malvadas, ya se sabe. Mira que centralizar la gestión en un ayuntamiento distinto al de Madrid, qué canallada. Al resto de partidos políticos también les parece muy bien, por lo mismo que al lerdoperiódico. El pequeño detalle es que a mí nadie me dijo esto antes de coger el coche hace dos años. A la empresa de renting tampoco. Y así estamos, a la espera de que el ayuntamiento decida el día 19 si sigue con esta arbitrariedad o recula. Apuesten…

¿Y la alcaldesa gana algo fastidiándome? No gana nada. Yo le alquilaré una plaza a un señor al que pagaré en negro (que no lo dude nadie) y dejaré de pagar 25 euros al ayuntamiento a partir del 2 de enero. Y la empresa de renting seguirá radicada donde le salga de las pelotas. ¿y usted? ¿Cree usted que se va a librar? No. Mañana decidirá que los coches a partir de determinada cilindrada, o con x años tampoco tienen derecho. Y cállese la boca, hombre ya.

Son peor que una plaga. Son un virus infeccioso imposible de curar. Tipeja.

“…El hilo conductor es siempre la defensa del Estado de derecho. Pensamos que su debilidad en España es la clave de muchos de los despropósitos que están ocurriendo en los últimos tiempos, como el olvido – deliberado – del principio fundamental de que el derecho ha de regir los procedimientos y las actuaciones no sólo del ciudadano normal sino también de los poderosos, y, sobre todo, del poder por antonomasia, que es el del Estado (o el miniestado autonómico). La degradación del Estado de derecho conduce a la injusticia y a la desigualdad, y con el tiempo llegará, si no es que ha llegado ya, la pobreza y la desprotección de los más débiles.”

hay-derecho?Bajo el seudónimo de Sanson Carrasco, cinco juristas (a quienes también se puede encontrar en el blog ¿Hay derecho?) se proponen con este libro explicarnos la degradación de la justicia en España. Un libro interesante, e interesante también el esfuerzo de los autores por hacernos comprender dónde estamos y hacia dónde nos encaminamos, que no por conocido (y sobre todo imaginado), deja de ser algo que haya que conocer algo mejor.

Un país en el que se nos dice que existe igualdad ante la ley y en el que florecen los indultos (unos 600 al año en un alto porcentaje a prevaricadores, delitos contra el medioambiente y malversación de fondos públicos), aforamientos (unos 10.000 privilegiados), amnistías fiscales (una vergüenza, sin más). Un país cuya selva normativa, agravada por el giliestado de las autonomías, hace que se apilen más de 100.000 normas, diez veces más que en Alemania, un país con el doble de población. Un país en el que el poder judicial y los organismos reguladores no son más que tentáculos de los partidos políticos (y cementerios de elefantes en donde colocar a incompetentes y gentuza sin ninguna formación, experiencia ni habilidad), que convierten en ineficaz al que debería controlarlos. Un país en el que, a pesar de todas esas normas, no se cumple la ley. O se modifica para que la irregularidad sea legal.

Al fondo, una hiperregulación y una intervención insoportables que trae esta plaga, pero una intervención con la que la población vive tan feliz (incluso quiere más, ahí están las encuestas para corroborarlo), en donde falta cultura, educación y responsabilidad civil, en la que nos encanta que nos prohiban cosas y que el Estado se meta hasta en la cama de cada uno a regular cuántos botones debe tener el pijama de cada cual.

También analizan el funcionamiento de la justicia, de los jueces, su organización y procedimientos. La foto no es bonita, desde luego. Y tienen un capítulo muy interesante dedicado a la mediación y el arbitraje que serían un buen remedio para desatascar la justicia, y también para resolver conflictos en los que la justicia digamos “normal” no es la mejor de las soluciones (casos de divorcios, herencias, o conflictos entre empresas).

Hay una parte dedicada al capitalismo de amiguetes y las corruptelas, subvenciones a sindicatos y ONG´s opacas o recien inventadas para pillar la pasta, despilfarros diversos en cursos de formación u otras partidas, que se hace algo pesado por conocido. Sin embargo, el último capítulo está dedicado a contar la peripecia de la Caja de Segovia y esto quizá no es un episodio tan conocido. Acabas con un rebote poco normal, y con la sensación de dinero tirado, de injusticia manifiesta, y de asco infinito.

Al final, todo esto tiene un coste económico para usted y para mí, no lo duden. Creemos que la hiperregulación nos traerá seguridad frente a libertad y al final ni tenemos seguridad ni libertad, y además, nos han robado el dinero por el camino. Léanlo, aprenderán cosas.

 

Exposé

Le han dado una hora de exposición y llega pertrechado con 45 transparencias. Muy justo, por no decir que está completamente fuera de escala. Si quitas las slides de cortinilla, que dan entrada a cada tema de la agenda, y la del título, se pone en 38 slides. Sigue yendo muy justo, porque querrá explicar el índice…

Ha leído en algún sitio que hay que enganchar al público con una historia. Así que empieza con aquella que cuenta que dos lobos se encuentran con un conejo y, cuando se lo van a comer, éste les dice que conoce un llano donde pacen descuidadamente unas ovejas. Los lobos le perdonan la vida y, guiados por el conejo, llegan al lugar indicado, cazan a la más despistada y se sacian. Pero para cuando vuelven a tener hambre, las otras ovejas han huido despavoridas. ¿Qué hacer? Los lobos se miran entre ellos, luego miran al conejo y se lo comen. Con algo de remordimiento, entierran sus restos y se preguntan qué poner como epitafio en un madero que usan para señalizar la tumba. Aquí yace un amigo, dice uno. ¿Un amigo? ¡somos lobos! Los lobos no son amigos de los conejos. Bueno, vuelve a proponer, aquí yace un enemigo. ¿Enemigo? Tampoco es eso: el pobre conejo nos llevó al llano de las ovejas. Está bien, dice finalmente el primero: entonces pongamos que aquí yace un socio.

Y esto que han leído ustedes en aproximadamente 30 segundos, nuestro ponente tarda unos siete minutos en contárnoslo. Así es que, satisfecho y al olor inconfundible del éxito, empieza con su exposición en sí. La segunda traspa es la agenda. Nos explica los cinco puntos de los que quiere hablarnos, para darnos una idea de lo que va a tratar a continuación. Ya se ha dejado en el zurrón 15 minutos cuando por fin, aparece la primera transparencia.

Se gusta. Conoce el tema y además hacía mucho que no tenía 15 atentas cabecitas pendiente de él. Cuando quiere recordar, la hora casi ha pasado y sólo ha dejado ver 7 transparencias. Y entonces llega el momento más penoso de toda la exposición, que es cuando trata de recorrer a toda prisa el resto del power point que se ha quedado sin mostrar. Va pasando el documento a toda velocidad, diciéndonos confusamente lo que encontraremos aquí y allá, porque lógicamente, el documento se distribuirá en los próximos días. En algún momento se detiene en un gráfico, y nos dice que es interesantísimo porque demuestra, claramente, su tesis, la antítesis y… ya, porque es evidente que la síntesis no es su fuerte.

Para cuando quiere recordar, y bajo la severa mirada del moderador, ya se ha ventilado diez minutos del siguiente ponente que, levantándose para tomar el relevo, nos dice entre sonrisas:

- Yo no tengo una historia que contar… pero a cambio sólo llevo doce transparencias. 

Un rato en el ascensor

Entro en el ascensor. No es hora punta y a estas horas va vacío. Un tipo entra detrás de mí y marca la planta 14. No sé quién es, ni siquiera me suena su cara, aunque tal vez me lo he cruzado muchas veces. Le doy al 1 porque vengo pensando en pasarme por Recursos Humanos para hablar con Luis. Miro el reloj, veo que son menos cuarto y me doy cuenta de que ya no me da tiempo. Marco la 2 para recoger la tarjeta de red en Informática, ya que estoy. La puerta se abre en la 1. Se cierra. Llegamos a la segunda planta, se abren las puertas y veo al técnico que me ha atendido que me dice no con la cabeza. Sujeto la puerta y pregunto que cuándo estará y me dice que luego me la sube. Se cierran las puertas mientras marco la 3 para ir a ver a Juan Carlos. Y entonces me acuerdo de que Juan Carlos no viene hoy, así que de inmediato marco la 4 para irme a mi despacho. El ascensor se para en la 3. Se abren las puertas. Recuerdo que Iñigo tiene ya el borrador del contrato y que igual le pillo ahora. Se cierran las puertas. Marco la 10. Se abren las puertas en la 4. Suena el móvil y es Mercedes, que está con Paco revisando el planning. Que si puedo subir. Sí. Marco la 11. Se cierran las puertas. De camino a la 10, el ascensor se para en la 8. Se abren las puertas y aparece un chico en el rellano. El chico nos mira, pero no sube al ascensor. Me fijo y veo que tiene un botellín de agua en la mano y me da envidia, así que decido ir a comprar agua antes de pasarme por el despacho de Mercedes. Marco la 12. Llego a la 10. Se abren las puertas. Se cierran. Llego a la 11. Se abren las puertas. Se cierran. Llego a la 12. Se abren las puertas. Me bajo. Detrás de mí oigo un larguísimo suspiro.

C922744.jpgNiall Ferguson se propone en este libro explicarnos por qué lo que conocemos como Occidente se encuentra en lo que Adam Smith consideraba un estado estacionario, es decir, el estado en el que un país se estanca o decrece. Y sigue a Smith en el arranque del libro cuando éste culpaba a las deficientes leyes y encontraba la buena receta en el libre comercio, en el estímulo a la pequeña empresa, en menor buracracia y capitalismo clientelar. Ferguson nos explica por qué nos encontramos frente a la gran degeneración de las instituciones.

Para ello, abre cuatro cajas negras, que deberían permanecer selladas, que son la democracia, el capitalismo, el imperio de la ley y la sociedad civil, y en las que existe un complejo entramado institucional que nos permite vivir en nuestra civilización y en las que está basado nuestro Estado del bienestar, y cómo todas éstas vienen degenerando por efecto del descuido, de la falta de liderazgo, de un manoseo elástico que nos conduce a la decadencia.

Ferguson nos explica con lucidez lo que ha ido mal en occidente desde los años 70 hasta ahora. El Estado extractivo y no inclusivo, que expulsa a tantos de la propiedad legal y los lleva a la economía sumergida; la mala regulación (reformas que por ejemplo pretenden actuar contra el blanqueo de capitales pero que incluyen entre sus miles de artículos cuestiones relativas a la igualdad de género, o al respeto por la biodiversidad), leyes que tratan de controlar riesgos hechas por tipos que no saben nada de riesgos; la irresponsabilidad frente a las finanzas públicas; la opacidad de las cuentas de los Estados; la inexistente lucha contra el déficit público, que no es más que el triunfo de la desigualdad intergeneracional (esta idea me encanta); el impacto del poder discrecional frente al respeto a la norma; la preferencia de la igualdad frente a la libertad.

No son solo los políticos. La sociedad civil participa en esta gran degeneración, debilitada frente a un poder central fuerte e invasivo y alienada y uniformizada en unas redes sociales que no fomentan el intercambio, sino que únicamente reúne a los iguales para… nada. Y que vive tan tranquila, y el que venga detrás, que arree.

No es optimista Ferguson, como no lo es nadie que mire hoy el mundo desde una óptica liberal, aunque lo haga con lucidez y de manera inteligible. Curiosamente, la degeneración del entramado institucional es lo que hace que se desmoronen las instituciones. Ferguson trata de entender y luego de explicar. Y lo explica bien.

El libro no es largo (208 páginas) y se lee con mucho interés. Su publicación, en 2013, permite que su mirada explique también la crisis actual, sus consecuencias de fondo y la crisis institucional que tenemos frente a nosotros. Un buen libro.

Quedar para pegarse

Madrugaron un domingo en Madrid y no precisamente para ir a comprar churros de desayuno.

Habían quedado a las ocho de la mañana para pelearse, para currarse, para darse de hostias, vamos. Los de un bando habían recorrido más de 600 kilómetros para el evento, porque es bien sabido – incluso para mentes elementales como las suyas – que para romperle las piernas al enemigo hay que acercarse. Los del otro bando los esperaban al lado del río, con las bengalas listas para dar la señal de salida. Eh, tíos, cuando suene PUM, ya podemos darnos, pero hasta entonces prohibido tocarse la cara.

Las tribus se diferencian por colores, que a su vez identifican equipos de fútbol. A veces dicen representar una ideología, un partido sin fútbol, y protestan a base de romper mobiliario urbano, acorralar policías o tirar adoquines. Gente que se organiza en manadas, en recuas, en fin todo muy pedestre.

Cabe pensar que si los clubes consiguen sacarlos del Estadio, entonces la montarán fuera, porque esa gentuza se divierte así. Y sin embargo, no es neutral eso de que “si consiguen sacarlos del estadio”. Porque para conseguir una cosa, hay que intentarla. Hay que ponerse a ello. Hay que hacer cosas. Cosas concretas. Cosas contundentes. Cosas útiles. Que ya no estamos en primero de fútbol como para decir que si son cuatro descontrolados, que si no me representan, que el club tomará medidas, y bla, bla, bla y unas palabritas de condena. Si se quiere, se hace, hombre. Pero no se quiere hacer. Por desidia o por algo peor que tiene que ver con la conveniencia.

Coger un autobús y recorrerse 600 kilómetros con 43 tacos para zumbar a unos tíos de Madrid no es una chiquillada, ni un error de juventud. Tirar a un tío al Manzanares después de abrirle la cabeza no es un asunto de cuatro chavales descontrolados. Este espectáculo, sea fuera o dentro de un estadio de futbol, es un asunto de orden público. Y eso es una cosa muy seria como para dejarlo en manos de dirigentes que ya han demostrado sobradamente lo que dan de sí.

Unos no son aficionados sino vulgares delincuentes, de acuerdo. Pero hay otros que no son dirigentes, sino vulgares forofos. Me parece que hemos entendido lo primero, pero conviene tomar conciencia de lo segundo. Y entonces igual se puede arreglar algo.

ImprimirHoy, como día 1 que es, toca reseña del Club de Lectura. La última reseña del año, aunque no el último libro, como es lógico. En esta ocasión, se trata de una novela de Rafael Chirbes, La larga marcha, una novela en mi opinión magnífica que me ha encantado y con la que he descubierto a un Chirbes con una prosa mucho menos brutal, menos contundente, menos seca que la que emplea en los otros libros suyos que he leído, tal vez porque Chirbes no está indignado en este libro y simplemente se dedica a narrar. A narrar una derrota, y después la larga marcha de dos generaciones durante los cuarenta años que van desde la Postguerra hasta los estertores del franquismo.

El libro arranca en el final de los años 40, y nos va contando la historia de seis personajes y de sus familias. Personajes derrotados de los dos bandos, que vivieron el miedo y la tragedia de una guerra que todos perdimos y que sobreviven como pueden en pueblos y ciudades, tratando de salir adelante con profesiones que no tenían y que han debido improvisar. Cada personaje vive en su mundo, desconectados los unos de los otros y son sus hijos, a la vuelta de una generación, los que se encuentran y relacionan en el Madrid de los años 60, procedentes cada uno de una punta del país. Les une la ideología; una ideología que no nace de las referencias que la penuria impuso a sus padres, sino del ambiente intelectual de la época que maman en la universidad.

En la primera parte, Chirbes construye la novela a través de episodios muy cortos, que en sí mismos son una historia independiente y en los que va alternando la peripecia de los seis personajes y de sus familias. Y tú, lector, te preguntas qué tendrán todos esos personajes en común, aparte de un país devastado por la guerra, la penuria y el miedo. Es en la segunda parte cuando Chirbes, sin abandonar la estructura de pequeños capítulos, va acercando a los personajes y relacionándolos y compone la historia. Es decir, que primero presenta la historia descompuesta en historias independientes, hasta que se enlazan en un tronco común.

En realidad, la historia de los padres no explica el devenir de los hijos. La primera parte yo la entiendo como el dibujo de una sociedad que pare a otra, pero que no la explica (o no al menos como yo creo que quiere Chirbes que la explique). Sin embargo, sí me parece brillante el recurso a la hora de contar el origen de los personajes que son los verdaderos protagonistas de la novela y que son al final el tronco de la historia. Curiosamente, las historias secundarias cuentan el origen de los personajes, el tronco del que salen las ramas, pero son al mismo tiempo ramales de la historia.

Todo ello sin un punto y aparte, y sin un diálogo, que esto es muy del autor.  Una novela extraordinaria, aunque creo que mis amigos del club de lectura tienen otras opiniones, algunas muy diferentes. Los podéis leer, como cada mes, en La mesa cero del Blasco, Delenda est Carthago, La originalidad perdida y en Bichejo.com. Y a lo largo del mes, en el blog del club o escuchando nuestra tertulia en nuestro podcast (que tenéis señalado en un apartado en la columna derecha de este blog).

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