Naturales de allá, naturales aquí

Mapamundi_banderitasEstán entre nosotros. Viven con nosotros. Ya casi no nos damos cuenta. No es que se hayan integrado ellos, es que nos hemos integrado todos, también nosotros. Y sin ellos, nos faltarían muchas cosas, pero no precisamente trabajo, que yo no sé si falta, pero que ellos lo aprovechan, y hacen muy bien. Y vienen aquí, y curran, y viven. Y son felices a medias, porque la lejanía impone una nostalgia de la que es difícil despegarse, pero intentan ser felices a tiempo completo.

Y un buen día se van, y ya no vuelven, porque lo que vinieron a hacer aquí ya lo han hecho. Cumplen su etapa, su cometido, y se van. Y siempre nos dejan algo. Algo de su cultura, algo de sus costumbres, algo de su comida, o de su acento, o de su forma de vivir. No pasan en vano, sería imposible.

Una ecuatoriana crió a mis sobrinas hasta que tuvieron cuatro años, y fue reemplazada por una marfileña. Una polaca crió a mi sobrino, y aun se quieren como hermanos, o como se quiere a un familiar cercano con el que se ha convivido y se ha vivido hasta la adolescencia.

Una uruguaya crió a mis otros sobrinos, y después ha cuidado a mi madre como externa durante mucho tiempo, hasta que se volvió a su tierra. Y la quería hasta el punto de llamar en una ocasión a una de mis hermanas para darle el parte de una posible enfermedad que ella creía haber detectado. También de Uruguay eran las dos mujeres que cuidaron a mi abuela, y una de ellas se volvió a su país cuando advirtió el deterioro, cuando nos dijo que no podría soportar verla morir, tanto cariño acabó teniéndola.

Dominicano es el sustituto del conserje los fines de semana, un hombre encantador con una hija que es una muñeca, una preciosidad que me alegra algunas mañanas de sábado cuando la veo. Colombiano es el chico sonriente que me trae el café por las mañanas en el bar de al lado de la oficina y peruana la chica del supermercado nuevo que han abierto frente a mi casa.

Los vemos por la calle aunque ya ni nos fijamos. Los escuchamos hablar desde sus teléfonos móviles en su lengua, o con su acento, mientras esperan como nosotros a que cambie el semáforo. Son ellos, pero son nosotros. Son naturales de allí, pero se han vuelto naturales aquí. Y yo quiero pensar que ésta es una bonita tierra de acogida. Y yo estoy segura de que sin ellos no habríamos crecido como lo hemos hecho, y no creceremos como queremos crecer.

Oficios imprescindibles. Oficios que ellos cubren con la laboriosidad que nos falta a muchos de los nacidos españoles, instalados en el subsidio y en la queja. Oficios que no seremos capaces de recuperar, que hay quien se niega a recuperar porque cree que no se lo merece. Y es verdad que no se lo merece: no merece ese pan quien ni sabe ni se atreve a ganarlo.

La mujer búlgara que viene a mi casa todos los días se ha ido a su tierra a pasar unas vacaciones. En su tierra, en esta época, es el Festival de las rosas, y sacan un montón de productos que luego exportan. Y por si acaso no los exportan a España, ella me ha traído una colonia de rosas y una crema de manos, también hecha con rosas. No tenía por qué hacerlo, pero se ve que la acogida ha funcionado en las dos direcciones y se ha vuelto natural. Y la crema es estupenda, doy fe.

Estoy pensando que mi jefe es francés. Aunque me da que no pinta nada en este post. Sobre todo porque no me lo imagino trayéndome unos macarons de Ladurée de alguno de sus viajes a París. Pero no lo descarto: cuando el paisaje se vuelve cotidiano, casi todo nos resulta natural.

6 pensamientos en “Naturales de allá, naturales aquí

  1. Así es, no hay cosa mejor para los pueblos que la mezcla de culturas, todos aprendemos de todos y enriquecemos nuestra vida.
    Doy fé que las cremas de rosas búlgaras son maravillosas.
    Besazo

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  2. Me encanta.

    En mi casa trabajaron durante años como internas primero una chica boliviana y más tarde una marroquí. Las dos terminaron siendo como de la familia, y primero una y después otra criaron a mi hermana, que todavía se acuerda de las palabras en árabe que le enseñó la segunda.

    Son parte de nuestro día a día aquí… y enriquecen.

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  3. Y cómo no?!, no puede ser de otra manera porque fundamentalmente son personas, como tu, como yo, como el. Su única peculiaridad es que son de otros países, otras culturas y sus circunstancias personales y socioeconómicas distintas. Me encanta tu homenaje hacia ellos/as, todos en el fondo somos de aquí y de allí.
    Ah, soy lupiga, lo digo porque la vez anterior el comentario salió como anónimo.
    Besos

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