El cero y el infinito, de Arthur Koestler

El cero y el infinito unmundoparacurraHoy, día de Año nuevo (¡Feliz 2014!) inauguramos las reseñas del club de lectura de 2014 con un libro extraordinario y muy recomendable: El cero y el infinito, de Arthur Koestler. Un libro que yo copiaría entero, no tanto para ahorrarme el resumen como para ponérselo fácil y que se lo lean. Que después me vienen con el “vale, me lo apunto”, pero luego que si tengo blog y me quita tiempo, que si tengo una cola de libros por leer, que si tengo que cocer unas acelgas… Nada, nada, excusitas. Lo que tienen que hacer vds es ponerse a leer este libro de inmediato y luego reflexionar mucho sobre lo que han leído, así, sentados y con la mano en la frente. Naturalmente, todo esto suponiendo que no se lo hayan leído ya, y en ese caso les autorizo a que me regañen por haber llegado a mi edad sin leerlo.

Los totalitarismos son buenos amigos de la literatura cuando el que escribe disiente y además, le da por denunciarlo. En estos casos, si se libra del Gulag, nos encontramos con libros en los que, además de contar una historia, presentan de manera cruda el horror en el que viven. La historia se enmarca en la Historia y no se comprende sin ella, aunque se haga muy difícil entender cómo el ser humano ha podido construir ésta última, con las excrecencias que aún hoy pululan por el mundo y con fanáticos que son capaces, a estas alturas de la vida, de defenderlas.

Rubachof, un revolucionario ruso de la primera hora, cae en desgracia y es encarcelado y sometido a una nada sutil tortura, hasta reconocer su equivocación. ¿Y cuál es su equivocación? El partido sólo conocía un crimen: apartarse del camino trazado… Rubachof sabe que ha dejado de ser útil al partido, se ha convertido en un individuo molesto, como todos los que llegaron en la primera hora. Sabe que está perdido, como perdidos estaban aquellos a los que él mismo envió a la muerte a su vez. Conoce la maquinaria, sabe que es implacable. Conoce perfectamente cuáles son los métodos, las triquiñuelas, las mentiras, los medios que usa el poder para someter a los hombres.

Y duda. El que se equivoca debe pagar, el que tiene razón será absuelto. Pero ¿Quién tiene la razón? Sólo el tiempo lo dirá, y él no dispone de ese tiempo, porque hoy él está equivocado para el poder, y de todos modos, el poder, el partido, siempre tendrá la razón. “Pagaré”, se dice. “Es mi deber”, se dice. “Muere en silencio”, le dicen. Reconocer la culpa, aunque no exista, por el bien del país, del partido, de la colectividad. Ha dejado de ser útil, como otros lo fueron antes. Muere en silencio, se dice.

Por otra parte, rara vez se hablaba de «muerte», y no se empleaba casi nunca la palabra «ejecución»; la expresión habitual era «liquidación física». Estas palabras no evocaban más que una sola idea concreta: el cese de toda actividad política. El acto de morir no era más que un detalle técnico, sin ninguna pretensión de interesar.”

El partido es un bien superior, y el fin colectivo justifica todos los medios. Lean un par de veces la frase anterior, que tiene su miga. A partir de aquí, el individuo está subordinado a esta verdad. Una verdad, por cierto, que se define como lo que es útil a la Humanidad, siendo la mentira lo que es nocivo. Es una idea tan monstruosa como simple, y como es simple, tiene sus adeptos incluso hoy en día, no crean: la masa, definida más bonitamente como la Humanidad, en la que el individuo se diluye y pierde la importancia que tiene como Hombre, como ser humano. Y es que al final todo esto del bien común y de la Humanidad lo resume y decide un tirano disfrazado de líder, que tiene la razón porque tiene el poder. Se cierra el círculo y a otra cosa.

El libro se lee con mucho interés desde la primera página hasta la última. La vida que recuerda y que cuenta en la prisión, la relación con otros encarcelados, su paso por lo interrogatorios y el combate dialéctico con sus carceleros y con él mismo, sus propias reflexiones sobre el sistema ideal que imaginó en la revolución, y el sistema real, práctico, en el que vive y que ha contribuido a mantener, prolongan la tensión del relato y dejan tiempo para respirar, para pensar y para imaginar un final que hasta casi las últimas páginas se mantiene abierto.

Tienen, como cada primero de mes, otras reseñas de este libro en La mesa cero del Blasco, en La originalidad perdida, en Delenda est Carthago . Y a lo largo del mes seguiremos hablando de él en el blog del  Club de lectura. Este mes serán coincidentes en la buena crítica. No es para menos, porque el libro lo merece.

Os dejo finalmente con una cita que da que pensar.

– No apruebo la mezcla de ideología – prosiguió Ivanof -. No hay más que dos concepciones de la ética humana, y las dos son polos opuestos. Una de ellas es cristiana y humanitaria, declara sagrado al individuo y afirma que las reglas de la aritmética no deben aplicarse a las unidades humanas. La otra concepción arranca fundamentalmente del principio de que un fin colectivo justifica todos los medios, y no sólo permite, sino incluso exige que el individuo esté absolutamente subordinado y sacrificado a la comunidad… Quienquiera que lleve sobre sí el fardo del Poder y de la responsabilidad se da cuenta a primera vista de que es necesario escoger y, fatalmente, es conducido a escoger la segunda concepción. ¿Conoces tú, desde el establecimiento del cristianismo como religión de Estado, un sólo ejemplo de Estado que haya seguido realmente una moral cristiana? No podrás designarme ni uno solo. En los momentos difíciles (y la política es una serie ininterrumpida de momentos difíciles) los gobernantes han podido invocar las circunstancias excepcionales que exigen medidas excepcionales también. Desde que existen naciones y clases, viven en un estado permanente de legítima defensa que les fuerza a remitir para otros tiempos la aplicación práctica del humanitarismo…”

12 pensamientos en “El cero y el infinito, de Arthur Koestler

  1. Buena elección, te postulas para el prestigioso premio Naranja 2014. Esperemos que haya muchos rivales dignos!

    Respecto al libro, todos estamos bastante de acuerdo en que estremece y en lo terrible que es para el individuo, y finalmente para la sociedad, el no poder expresar sus ideas y vivir en un sistema totalitario. El caso es que al final las profecías de Ivanof no se cumplen y a pesar de eliminar a tantísimos inocentes de en medio por mor del guión tampoco se llegó a ese futuro paraíso de la humanidad.

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  2. Pues a principio de año, nome, es un nome total. O sea, no me (apetece, da por, acordaré de …) leer. Está la boca llena de turrón, el archipiélago gulag bien leído de jovencilla y muchas ganas de reírme, al menos esta semana. Los nomes pasan a síme según les llega el tiempo, no hay que forzarse. Ah, y feliz añoñuevo :).

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  3. Es la segunda vez en año y medio del club de lectura que me engancho mucho con el libro del mes, sólo por eso ya tienes un voto para el premio naranja, aunque espero que haya mucha competencia. Aunque no lo creo. Y ya es triste pensar que tenemos el naranja en enero.

    Me ha gustado mucho, hace pensar y no es para nada pesado, porque las reflexiones de Rubachov se hacen muy interesantes de leer. A ver si nos da para lucirnos en el blog del club.

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  4. He pensado mucho en ti al leer este libro, no porque me recuerdes a un carcelero estalinista, Dios me salve, más bien por todo lo contrario, por el horror que te debía dar esos párrafos en los que se trata de justificar la poca (ninguna) importancia del individuo cuando lo comparamos con la humanidad. No me extraña por eso mismo que hayas elegido para cerrar el post justo este texto.

    Por cierto, y no viene muy a cuento, o sí que sé yo, pero una cosa que me impacto hace mil años fue el tema de la psicohistoria de la que Asimov hablaba en los libros de la Fundación que no sé si has leído. Es la negación de la importancia del individuo elevada a la máxima potencia.

    Vete haciendo hueco a tu premio naranja 2014 en la pared, casi que puedes hasta comprar el marco ya.

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    • Gracias , Juanjo. No he leído a Asimov, pero queda apuntado. Sí, me horrorizan los colectivos, incluso cuando parecen inocuos para eal ser humano. Dudé entre este párrafo y otro relativo a dar a la masa ideas simples, mágicas, para que puedan comprender rápidamente. Ese lo guardo para el club.

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  5. Pues yo ya no tengo que sentarme en la silla a pensar, porque
    ese libro me marcó, lo reconozco. Encima lo leí y el siguiente fue “Archipielago Gulag” de Solzhenitsyn.
    Las masas me dan verdadero pavor y sobre todo esos pensamientos generalistas que olvidan al individuo y esas consignas buenistas me ponen los pelos de punta. Muchas veces escuchando a según qué políticos me he acordado de este libro.
    El bien supremo…¡Qué miedo!
    Besazo

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