La maldad

Si una vez nos saltamos las reglas con éxito, ya no vemos muy dañino volver a saltárnoslas, aunque no parezca imprescindible. Simplemente es el camino más eficaz y más corto, del que no hay que dar explicaciones ni rendir cuentas a nadie. Es lo que se suele decir de los asesinos: una vez que han dado el primer paso, una vez que han inyectado el veneno o asestado el primer tajo y descubren que se sigue viviendo con ese peso en la conciencia o que cada día éste es más llevadero; que de hecho no es tan difícil hacerlo y que uno logra medio olvidarse de la vida quitada porque en efecto se está mejor sin ese estorbo, ese obstáculo o esa amenaza, o sencillamente sin esa presencia; que se respira mejor sin esa otra vida en el mundo y se comprueba que eso ayuda a conducir más ligeramente la propia; una vez que todo eso ha pasado, que se ha cruzado la raya y se han experimentado las consecuencias que resultan no ser tan gravosas, entonces el asesino tiene menos inconveniente en reincidir y en cometer un segundo y un tercero y hasta un cuarto asesinato. Es casi un lugar común pensar eso, pero tendrá bastante de verdad, como todos ellos.

Javier Marías, Berta Isla.

La maldad existe. No es un concepto abstracto o teórico, sino que las consecuencias que derivan de la maldad son materiales, son muy concretas. Y la maldad está en la cabeza del malvado, no en el sexo del asesino, no en sus circunstancias, no en su educación o en su origen o nacionalidad. La maldad está en las cabezas y en el cálculo que hacen esas cabezas, otras veces en sus instintos y las más en su locura. Dos personas con el mismo recorrido vital y las mismas oportunidades de cometer una atrocidad y sólo una matará a un niño de ocho años.

La maldad se puede investigar para esclarecerla, la maldad se puede describir y se puede estudiar, se puede imaginar, se puede contabilizar, narrar y lamentar. A veces se puede esquivar si se presiente. En realidad, la maldad no se puede evitar del todo hasta que se muestra. Pero una vez que se muestra, nuestra obligación como sociedad es combatirla y tratar de impedir que se vuelva a producir.

Yo estoy en contra de la prisión perpetua revisable, pero sólo porque es revisable. Ya lo expliqué en este post [CLICK], así que no les entretengo más.

Descanse en paz ese pobre niño.

 

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