Canalejas

CanalejasHoy he estado en la Puerta del Sol, que tenía algo especial que hacer allí. La Puerta del Sol es probablemente la plaza más fea y destartalada de todo Madrid, pero siempre está llena de gente, todos de paso, todos turistas por un rato, incluso los manifestantes. No me gusta ir a esa plaza porque no me gusta la plaza. Siempre la atravieso deprisa, para no mirarla, para verla poco, para no fijarme en su espíritu hortera y en su imagen deslavazada. Sin embargo, un 5 de enero de 2006 a eso de las doce de la mañana, al bajar Alcalá andando, con el edificio de Canalejas a mi izquierda, me pareció una plaza bellísima, castiza, animada y llena de alegría, porque a esa hora y ese día estaba atravesada por la luz serena y fría, anaranjada, que tiene Madrid los días claros de invierno y que me resultan fascinantes.

He dejado el coche en el parking de Sevilla. Llevaba prisa, hacía demasiado calor y sólo pensaba en resolver el trámite que me llevaba a la Puerta del Sol con la mayor rapidez posible. El edificio de Canalejas, en obras, estaba envuelto en una malla gris, como el que envuelve un regalo de manera tosca, un poco a lo bruto. Cuando ya llegaba a Sol, unos obreros han levantado la malla y han descubierto las obras. La imagen que me ha venido a la cabeza es como si coges una cucharilla y vas sacando el helado que hay en un cucurucho. El edificio estaba literalmente destripado, no vacío sino vaciado, solamente sus tres fachadas en pie. Creo que van a convertir el edificio en un hotel, aunque tampoco me hagan mucho caso.

Mi padre trabajó en ese edificio, hace muchísimos años. Yo recuerdo haber ido a buscarle allí. Probablemente fui varias veces, pero sólo recuerdo una. La entrada a su oficina estaba en la Plaza de Canalejas, pero recuerdo bien la impresión que me causó aquel edificio por dentro. Un banco antiguo, como el que sale en las películas antiguas, con su madera y sus dorados en sus barandillas, sus ventanillas, sus bancos para sentarse, con mucha gente que entra y sale, señores que van y vienen, el ajetreo de cualquier oficina en donde se recibe público. Tal vez me lo invento, pero yo diría que había puertas giratorias y que a mí me parecieron pesadas.

Al ver el edificio destripado me he acordado inmediatamente de mi padre. ¿Qué habría pensado él si lo hubiera visto como yo hoy? No puedo saberlo, aunque sí me lo puedo imaginar. Y lo que es seguro es que ahora esa imagen del edificio destripado no se me irá nunca de la cabeza.

Tal vez es un signo de los tiempos dejar intacta sólo la fachada para conservar el patrimonio. Guardar la apariencia de original, pero no el original. Conservar la cáscara y tirar la pulpa. Un signo de los tiempos o un resumen, les dejo elegir.

 

7 pensamientos en “Canalejas

  1. Igual que un decorado. He visto a diario el proceso de vaciarlo y como iba quedando igual que un cascarón. La obra de ingeniería debe ser colosal pero lo que siento al verlo es vacuidad. Lo terminarán y será un hotel de lujo, o lo que quiera que sea pero le han quitado el alma.
    PD.- Uno de mis hermanos ha sacado un perro de un refugio, no sabría decirte cuantas razas pueden estar mezcladas en él pero es muy simpático, y se llama Curro. Me he acordado de tí y de Curra cuando lo he visto .

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