Advertencias y amenazas

Estoy en mi casa y en el patio hay un helicóptero. El ruido es insoportable, suena muchísimo. Estarán vigilando a los de la Juve, o a los del Madrid, o yo qué sé, porque en el patio de mi casa no se juega ningún partido, pero ahí está, dando vueltas y vueltas.

Tal vez no sea uno solo, sino una docena de helicópteros. El ruido es insoportable. ¿Ya he dicho eso? Creo que sí. Este helicóptero que está sobre mi cabeza no es como esos helicópteros que se dedican a cazar conductores, que ni se ven, ni se oyen, ni se entienden. Pero es que esos helicópteros lo que quieren es pillarnos, y estos que yo tengo hoy sobre mi cabeza lo que quieren es disuadirnos, y de ahí el ruido. Eso o que el piloto no ve bien de lejos. O tal vez se trata de un piloto juguetón que se dedica a esquivar antenas en su tiempo libre.

Esto de la disuasión tiene su aquel. Los gorilas se dan golpes en el pecho y los leones rugen para disuadir. Los helicópteros vuelan bajo para que los oigamos. Nos decimos: hay helicópteros, no hagamos gamberradas o nos verán. Pero el efecto disuasorio es un espejismo, porque en realidad el helicóptero no puede hacer nada más que avisar, eh, hay dos pandillas que se están liando a mamporros a las puertas del Bernabéu, y las dos pandillas tienen tiempo para escapar hasta que llegan los polis de a pié. O los polis a caballo, que también disuaden lo suyo, aunque son mucho más silenciosos. Y más románticos, ya puestos.

En realidad, los efectos disuasorios son una advertencia, no una amenaza. El helicóptero que sobrevuela mi casa ahora es una advertencia para que yo no provoque algaradas, pero el helicóptero que espera pillarme cometiendo una infracción de tráfico es una amenaza. Y sin embargo, la percepción es justo la contraria. Probablemente por el ruido. O por la prensa, vaya usted a saber.

Y de todos modos, advertencia, amenaza, disuasión o rugido, detrás siempre encontrará a un gorila administrando la advertencia, la amenaza, la disuasión o el rugido. Naturalmente, por nuestro bien, que es el bien público, un bien que es absoluto por público, no por bien. Pasen una buena tarde.

 

Un pensamiento en “Advertencias y amenazas

  1. Holaa,
    pues yo cuando oigo uno de esos bichos tan escandalosos, la única amenaza que siento es la del dolor de cabeza y la del cabreo, si estoy tratando de hacer algo para lo que necesito silencio o al menos tranquilidad (o si la peque se está echando la siesta). El dolor de cabeza se pasa con un paracetamol, lo otro… bueno, digamos que lo otro no se pasa tan fácil.
    Que te sea leve.

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